BERLUSCONI Y EL ANTISEMITISMO DE MUSSOLINI

Berlusconi-Mussolini

Berlusconi ha generado una nueva polémica con sus declaraciones sobre Mussolini.

SILVIO BERLUSCONI ha vuelto ha remover las aguas de la política italiana con lo que parece ser una calculada provocación electoral: en plena jornada de conmemoración del genocidio judío ha efectuado declaraciones en las que manifestaba comprensión hacia Benito Mussolini  y relativizaba el antisemitismo de su régimen.

Lo ha hecho en estos términos, según recoge ABC (27/I/2013): «La aprobación de las leyes raciales ha sido la peor cosa que hizo Mussolini, quien por otro lado hizo cosas buenas»; «Italia no tuvo la misma responsabilidad que Alemania, pues hubo una connivencia de la que al principio no se fue completamente consciente»; «este tipo de cosas no se pueden repetir; sólo pensando en los deportados se puede entender la tragedia y la desesperación que vivieron» Berlusconi concluyó que «es difícil ponerse en el lugar de quien decidió entonces. Ciertamente aquel Gobierno por temor ante la potencia alemana prefirió ser aliado de Hitler que oponerse».

Ante el revuelo levantado, posteriormente Berlusconi –recoge La Vanguardia (27/I/2013)– emitió un comunicado en el que aseguraba que es un “amigo de Israel” y condenaba a todas las dictaduras, como la fascista: “Mis análisis históricos se han basado siempre en la condena de las dictaduras, y siento no haber especificado este dato fundamental en una de las tantas respuestas que di esta mañana. No hay ningún equivoco sobre la dictadura fascista”, escribió.

Mussolini no fue un antisemita a su pesar

Pese a lo que puede desprenderse de estas declaraciones, la historia demuestra que Mussolini, en privado (y, por tanto, sin ninguna atadura política), estuvo lejos de manifestarse ajeno al antisemitismo. Todo lo contrario: se afirmó como un antisemita más radical que Adolf Hitler.

Para ilustrarlo reproducimos a continuación información de una anterior entrada de este blog, en la que comentamos  la obra Mussolini segretouna selección de fragmentos de diario que la célebre amante del Duce, Clara –Claretta– Petacci inició en octubre de 1937 y continuó hasta su asesinato por los partisanos en 1945. Como explicábamos en ella, ésta conoció al dictador en 1932 y devino su amante cuatro años después, tras separarse de su esposo.

¿Qué imagen transmitió el Duce a su amante en cuanto a su visión de los judíos?  Éste manifiestó un virulento antisemitismo, hasta el punto de irritarle que le considerasen un imitador del líder nazi: “Soy racista desde el 21. No sé cómo pueden pensar que imitó a Hitler, que no había nacido todavía. […] La raza debe ser defendida” para que los italianos “no engendren mestizos” y “estropeen lo que hay de hermoso en nosotros”. Además, le refirió a Pettacci que ya atacaba “ferozmente” a los judíos en 1923 (el dictador nazi publicó Mi lucha en 1925).

Mussolini detestaba ser considerado un antisemita émulo de Hitler, pues se creía precursor del mismo.

Su antijudaísmo era sólido: “Es terrible que todo esté en manos de los judíos”, afirmó Mussolini. Consideraba que “apestaban” y son una “raza despreciable”. El 18 de abril de 1938 fue categórico sobre su suerte: “Estos sucios judíos, [son] un pueblo destinado a ser completamente eliminado”.

En suma, su antisemitismo nada tuvo que envidiar al del Führer. Pero con las medidas raciales  de su régimen a partir de 1938 -según explicitó a su amada- no quiso su exterminio, sino su aislamiento: “No se les hará ningún daño, pero no deben quitar el pan a nuestra gente. Que hagan su vida, que se dediquen exclusivamente al comercio, sin invadir nuestro terreno. […] El objetivo es purificar la raza y hacer trabajar a los arios en los puestos que ahora ocupan ellos”. La meta sería segregarles: “que vivan su vida lejos de la nuestra [..]. Dentro del Estado, pero por su cuenta, como extranjeros”.

Los límites del berlusconismo

Volvamos ahora al presente: ¿Qué pretende Berlusconi con esta estridente maniobra? La respuesta no parece muy complicada: el líder populista italiano quiere rebañar votos a la derecha radical. En su empresa por sumar apoyos en las urnas el expresidente italiano puede hacer surgir una incomodidad creciente en el Partido Popular Europeo [PPE], al que el Polo de la Libertad -el partido de Il Cavaliere– pertenece, situación de la que se ha hecho eco el filósofo, político y editor Paolo Flores d’Arcais en las páginas de El País (28/I/2013) 

En cualquier caso, el “revisionismo histórico” de Berlusconi es propio de los líderes de los populismos derechistas que buscan la atención mediática y, a la vez, desean realizar un guiño a un electorado que tiende a ocultar sus opiniones en sondeos, en la medida que no sintonizan con el clima de opinión “políticamente correcto”.

En última instancia, el episodio ilustra cómo la derecha populista busca una movilización simbólica de su electorado potencial a través de los medios de comunicación. En este sentido, la jugada de Berlusconi ha tenido éxito mediático. Ahora hace falta comprobar si éste también lo acompaña en las urnas. La solución la veremos el 25 de febrero, cuando concluye el proceso electoral.

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