ENTREVISTA JOSÉ FERNANDO MOTA: “EL ESPAÑA CLUB FUE LA TAPADERA DE LA ULTRADERECHA ESPAÑOLA EN LA BARCELONA DE 1935”

JoseFernandoMota¿ERA DISTINTA YA EN LOS AÑOS TREINTA LA ULTRADERECHA BARCELONESA DE LA MADRILEÑA? El historiador José Fernando Mota ha publicado un extenso trabajo sobre el tema:Precursores de la unificación: el España Club y el Voluntariado Español, una experiencia unitaria de la extrema derecha barcelonesa (1935-1936)” en la revista académica Historia y política.

Mota,  que es igualmente diplomado en Biblioteconomía y Documentación,  es autor de La República, la guerra i el primer franquisme a Sant Cugat del Vallès, 1931-1941 (2001) y “Mis manos, mi capital”: els treballadors de la construcció, les CCOO i l’organització de la protesta a la Gran Barcelona, 1964-1978 (2010), así como de diferentes estudios sobre historia del movimiento obrero bajo el Franquismo, además de sobre cuestiones archivísticas.

Ello que nos ha motivado a entrevistarle, pues consideramos que su contenido puede ser interesante para nuestros lectores, ya que aborda un tema recurrente en este blog, que es el de las diferencias entre la ultraderecha española de Barcelona y la de Madrid.  En este aspecto le agradecemos su amabilidad y atención al responder a nuestro cuestionario.

¿Era distinta la extrema derecha barcelonesa de la madrileña antes de julio de 1936?

A pesar de que mis investigaciones en este campo hace poco que han comenzado, trataré de esbozar algunas ideas sobre esta cuestión. La principal diferencia, desde mi punto de vista, es la composición de éste espacio político en Madrid y Barcelona. La fuerza política de la extrema derecha barcelonesa hegemónica durante los años treinta será el carlismo, muy minoritario en el caso de Madrid. Los tradicionalistas tienen un arraigo histórico en Barcelona del que carecen en la capital española. En cambio los alfonsinos, con mayor presencia en Madrid, no pasan de ser en la ciudad condal más que un partido de cuadros. También es diferente el falangismo barcelonés, más fraccionado y muy inferior en número a sus camaradas madrileños.


albinana2En Barcelona la fuerza principal de extrema derecha hasta 1934 -carlistas a parte-, será el Partido Nacionalista Español (PNE). Este es un partido creado en 1930 y dirigido por el excéntrico doctor José Mª Albiñana (imagen de esta web), es una organización que rápidamente será marginal entre los ultras madrileños, a diferencia de lo que ocurre en Barcelona. Y es que el discurso nacionalista español siempre tendrá mucho peso entre los ultras barceloneses. Estos grupos harán gala de un españolismo exacerbado y de un anticatalanismo visceral, muchas veces más virulento que el que se expresa desde Madrid. El PNE se convertirá en el vivero que nutra de un discurso españolista y de una cultura de violencia -otra característica de los albiñistas- a buena parte de la extrema derecha barcelonesa.

PNEEncontraremos antiguos militantes del PNE en casi todos los proyectos ultras barceloneses, donde
hay una tendencia a la atomización, con la presencia de un conglomerado de grupos y grupúsculos divididos entre sí por personalismos, a los que une su antirrepublicanismo, su antiparlamentarismo, su anticomunismo, antimasonismo, antisemitismo. Y, por encima de todo, su anticatalanismo, su oposición al Estatut y la defensa de un españolismo esencialista en terreno hostil, en una Cataluña con ERC en el gobierno autonómico y una hegemonía catalanista en la sociedad. Si en Madrid los grandes enemigos de la extrema derecha serán los socialistas y comunistas, en Barcelona, donde las organizaciones marxistas por entonces son marginales, los enfrentamientos violentos se producirán básicamente con nacionalistas catalanes y especialmente los grupos independentistas, naturalmente inexistentes en Madrid.

Tanto en Madrid como en Barcelona el uso de la violencia política será una de las características de la extrema derecha. En la capital catalana, los ultras, ante su poca militancia y nula incidencia social, harán de la provocación y la pelea callejera su principal forma de hacer política. Acciones que muchas veces serán amplificadas por la prensa catalanista, dándoles un protagonismo que no corresponde a su número. En Barcelona siempre tendrá más peso la acción que la reflexión ideológica. Será en Madrid donde se publiquen las revistas teóricas de la extrema derecha y desde donde irradien las consignas al resto de España.

Seguramente los ultras barceloneses son los primeros en España en utilizar políticamente el nuevo deporte de masas, el fútbol. En ese espacio encontrarán otro campo de batalla política -simbólico y a la vez real- con los catalanistas. El R.C.D. Español se convirtió para los nacionalistas españoles en Barcelona en el equipo “que sostenía la bandera españolista en Barcelona” frente a un F.C. Barcelona identificado con el odiado catalanismo.

Un última característica que destacaría de la extrema derecha barcelonesa es la presencia de militares retirados por la ley Azaña, situados en las direcciones de varios de estos grupos, y la connivencia de un grupo de policías españolistas, que en su día se opusieron ferozmente al traspaso de las competencias en orden público a la Generalitat, con los grupos ultras más violentos.

La extrema derecha barcelonesa no saldrá nunca de su marginalidad política y social. Sólo los carlistas tendrán una militancia nutrida y mantendrán una cabecera de prensa,  El Correo Catalán; el resto de grupos, a pesar de las múltiples siglas utilizadas, no pasarán de ser cuatro o cinco centenares de militantes que pasaran por diferentes organizaciones. Siempre serán pocos y divididos.

¿Cuáles eran sus principales organizaciones?

La fuerza mayoritaria era el tradicionalismo. Tras la unificación de jaimistas, mellistas e integristas, el carlismo catalán basculó entre la participación electoral -con la Lliga o los alfonsinos- , y las actividades conspirativas, con el reforzamiento de su fuerza paramilitar, el requeté. Es una fuerza ultracatólica y antiliberal con una militancia, en muchos casos, hereditaria, que pasa de padres a hijos, de ahí que también tenga una composición más interclasista que las otras fuerzas ultras barcelonesas.

logo_PNEDentro de lo que podemos llamar españolismo reaccionario, la fuerza principal hasta 1934, como hemos visto, es el PNE. Será la cantera de un españolismo esencialista y violento en la ciudad, ya que más de 400 barceloneses pasarán por sus filas en un momento u otro entre 1930 y 1934.

Mientras, los alfonsinos eran pocos en Barcelona, algunos aristócratas, “gente bien” y profesionales. Primero funcionaron como Peña Blanca, pero tras participar en 1932 en Dreta de Catalunya, una candidatura electoral conjunta con los carlistas, tomaron ese nombre, asociándose en 1933 a Renovación Española. Tras los hechos de octubre de 1934 aglutinarán a algunos miembros de la extrema derecha provenientes de otros grupos. También dentro de los partidos que forman la CEDA, barcelonesa, creada también a partir de 1934, se agruparán sectores que participaran en las conspiraciones antirrepublicanas, especialmente en las Joventuts d’Acció Popular y en Acción Obrerista. Además, en Barcelona funcionarán otros grupúsculos reaccionarios marginales como el Partido Agrario Español, la Juventud de Acción Española, el Frente Españolista,…

Por otro lado, tenemos los grupos fascistas. Seguramente es en Barcelona donde por primera vez aparecen en España grupos que podríamos denominar protofascista, como la Liga Patriótica Española en 1919 o La Traza en 1923. Estos son grupos con una breve pero ruidosa existencia, constituyendo un semillero de militantes ultras a lo largo de los treinta. A pesar de estos precedentes, los grupos que se reclaman fascistas en la ciudad condal no tendrán más allá de dos centenares de militantes.

En 1932 se había creado un grupo de las JONS en Barcelona, formado por una docena de miembros. El grupo se unirá a la Falange de Barcelona en 1934, fundada en la ciudad a finales del año anterior, tras un viaje de José Antonio Primo de Rivera. Dentro de la FE de las JONS de Barcelona siempre funcionaron diferentes facciones internas. En 1935 será expulsada la encabezada por Fernández Ramírez y abandonarán la formación los jonsistas, que crearán un efímero Partido Español Nacional-Sindicalista (PENS). Sólo a partir de la primavera de 1936, cuando vuelvan a reunificarse, se puede considerar que son el grupo más importante de la extrema derecha, al margen de los siempre mayoritarios carlistas. A pesar de ello, en aquellas fechas no reunirían más allá de 250 militantes.

Existían además pequeños grupos de acción españolistas, los ultras broncos y camorristas. Se trata de las diminutas milicias de los partidos o colectivos autónomos como la Peña Ibérica, originariamente un grupo de hooligans del RCD Español. Militantes de estos grupos participan en peleas callejeras, asaltos a sedes independentistas, actúan como servicio de orden en mítines de oradores de la extrema derecha y colaboran en todas las conspiraciones militares. A partir de 1935 serán financiados por los alfonsinos y controlados directamente por la Unión Militar Española (UME), que propiciará la creación de nuevos grupos como los Sindicatos Libres, reconstituidos en 1934, o un grupo de acción nacido de su seno, la Agrupación de Juventudes Antimarxistas (AJA). Además de su actividad como provocadores, los golpistas les encargaron “trabajos especiales”. Miembros de estos grupos de acción serán los que estén detrás de los atentados a militares antifascistas que se producen en Barcelona en la primavera de 1936.

¿Qué papel tuvieron los civiles en la preparación del golpe?

Estuvieron siempre supeditados a los militares. Era la UME la que tomaba las decisiones y la que en buena parte los financiaba, a través, sobre todo, de fondos provenientes del mundo alfonsino madrileño. A partir de 1934, los militares golpistas fueron contactando con los diferentes grupos afines a sus objetivos en la ciudad condal. Aprovecharon la creación del España Club en 1935, una asociación creada por escindidos del PNE y policías españolistas, para utilizarla de tapadera de su Voluntariado Español. Éste reunía a las milicias o grupos de choque de los carlistas, Sindicatos Libres, falangistas disidentes, JAP, los jonsistas del PENS, las diminutas juventudes alfonsinas y la AJA.

logo_ECEstos grupos eran autónomos políticamente, pero se supeditaban en lo militar a la UME. Los únicos que no participan inicialmente en la conspiración son un PNE en decadencia y enfrentado a los fundadores del España Club, y la mayoría de Falange, que busca su propio espacio político. Cuando los militares constataron que era imposible mantener unidos a unos grupúsculos tan enfrentados entre sí, acabó con la breve experiencia unitaria. A partir de entonces cada grupo pasó a depender directamente de la UME -excepto los carlistas que siempre mantuvieron cierta autonomía- y con militantes provenientes de la Agrupación de Acción Ciudadana Armada de Barcelona,una milicia cívica creada tras los hechos de octubre de 1934 a imitación del Somatén en la que habían participado muchos ultras de la ciudad, se refundó un nuevo Voluntariado Español.

carnetaccionciudadanoarmadaEstos grupos participaron en los diferentes intentos de golpe de Estado que se produjeron en 1935 y 1936. Así, estuvieron acuartelados en sus locales en diciembre de 1935,  tras la salida de Gil Robles del Ministerio de la Guerra, y en febrero de 1936, coincidiendo con las elecciones generales a Cortes, pero en ambas ocasiones no llegó la orden de actuar.

Tras la victoria del Front d’Esquerres y el retorno de ERC al gobierno de la Generalitat, algunos de los grupos se disolvieron y el resto se concentraron sus esfuerzos en la vía golpista. En junio de 1936, ilegalizada Falange, se unieron a la conspiración los falangistas, autorizados a participar en el golpe por José Antonio Primo de Rivera ya desde la prisión. Finalmente, cuando el 19 de julio salgan a la calle para reforzar a los militares, lo harán menos de 400 civiles, la mayoría de ellos carlistas

¿Qué aspectos quedan por investigar de la ultraderecha barcelonesa de la época?

La extrema derecha barcelonesa ha sido poco estudiada. Disponemos de los trabajos de Enric Ucelay Da-Cal, centrados en los orígenes del fascismo y el españolismo en Barcelona; las obras de Joan Maria Thomàs dedicadas a la Falange y los falangistas catalanes, algún artículo de Josep Maria Solé i Sabaté y referencias en algunas obras del autor de este blog. Sobre los Sindicatos Libres tenemos la obra clásica de Colin M. Winston. El grupo más estudiado han sido los carlistas.

Autores como Pere Anguera, Jordi Canal o Robert Vallverdú han investigado el devenir de los tradicionalistas en los años treinta. Son muchos los aspectos pendientes de estudio, pero también hemos de tener en cuenta que estamos hablando de un fenómeno marginal en el panorama político y social barcelonés de los años treinta. No podemos tampoco sobredimensionar el tema, aunque sí recordar que buena parte de estos ultras formarán parte de los cuadros políticos y sindicales del Franquismo en la ciudad condal tras la guerra civil.

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