LOS PLANES DEL MINISTRO WERT: ¿VASQUIZAR CATALUÑA?

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Wert impulsa una reforma educativa de gran impacto en Cataluña.

LA REFORMA EDUCATIVA DE JOSÉ IGNACIO WERT, aparentemente, tendría que ser contraproducente en Cataluña para el gobierno de Rajoy al provocar más desafección hacia Madrid. Pero la iniciativa, como expusimos en un artículo que publicamos al diario catalán Ara (14/XII/2012) y reproducimos aquí parcialmente, busca una movilización que apoye al ejecutivo en un asunto en el que nada es improvisado y menos por parte de Wert, experto en demoscopia y buen conocedor del pálpito de la opinión pública.

¿Qué beneficios obtiene Rajoy de esta reforma? Habiendo perdido éste último buena parte de su capital político, enterrado su programa electoral y desplomándose en las encuestas, en el ámbito estatal las metas que buscaría con esta reforma serían claras. El politólogo Oriol Bartomeus, en su blog, las acotó así: “enmarcar el conflicto con los socialistas” en términos de valores; pasar de puntillas “por el fondo del escenario las terribles últimas cifras del paro” y galvanizar a la opinión pública porque al PP “la polarización entre el centro y Cataluña le da excelentes réditos”.

En síntesis, cuando la Moncloa conocería las horas más bajas,  Wert habría puesto sobre la mesa napalm puro: una iniciativa para “españolizar a los niños catalanes” con una reforma educativa de eventual apoyo transversal (al sumar anticatalanismo a su enfoque ideológico conservador) que descolocaría al PSOE y lideraría un difuso populismo nacionalista español.

Inflamar tensión identitaria

En Cataluña, el escenario que dejaron las elecciones catalanas del pasado 25-N del 2011 dejó una fragmentación política que beneficia más a Rajoy que a Artur Mas. El analista Carles Castro lo apuntó así en La Vanguardia (2/XII/2012) aportando varios datos al respeto.

Por un lado, constató que si bien el electorado nacionalista catalán creció (era el 34% del censo total y superó el 49% de votos emitidos), ello no comportó “un despegue significativo del nacionalismo sobre sus registros históricos”, ni garantizaba “un triunfo del sí en un eventual referéndum independentista” de participación superior al 68%. Por otro lado, se activó “un españolismo combativo” representado por el PP y C’s de “proporciones nunca vistas: más de 700.000 papeletas”, 28 escaños y casi el 21% del voto emitido, ocho puntos por encima del recuerdo de Aleix Vidal-Quadras el 1995.

Castro apuntó que el PP ha comprobado que su carencia de desgaste por la crisis “obedece en gran medida a una inflamación territorial e identitaria que toca la fibra íntima de su electorado. Y espoleado por la competencia directa de Ciutadans, difícilmente se resistirá a contribuir a una tensión que tantos réditos le ha proporcionado”. Esta sería la diana a la que Wert apuntaría: movilizar un electorado que -atención- entre los comicios del 2010 y los del 2012 creció casi un 5% y del cual se ignora el techo. Además, lo haría reforzando al PP ante C’s. Por lo tanto, Rajoy también tendría réditos en Cataluña.

¿Hacia la “vasquización” de Cataluña?

En este sentido, por nuestra parte observamos que la reforma también puede querer romper consensos en un catalanismo transversal que ha facilitado lograr acuerdos amplios. Rajoy podría buscar una fractura entre partidarios de la reforma educativa (y de la lectura de la Constitución que hace el PP) y el resto. La finalidad sería acabar con medias tintas políticas catalanas que complican la vida a La Moncloa (soberanistas, federalistas, catalanistas) y crear una topografía política como la vasca, más fácil de gestionar: ante la transversalidad buscaría la fractura; ante la uniformidad escolar, la dualidad. Rajoy querría vencer en Cataluña y no lo preocuparía convencer.

A partir de aquí, se dibuja un potencial escenario de desestabilización permanente de la política catalana desde La Moncloa que combine de forma calculada el bastón (la reforma de Wert) y la zanahoria (una mejora de la financiación) para movilizar a los propios y desmovilizar a los tibios. Si se cumple este escenario, asistiremos a una gran paradoja: después de que el independentismo radical haya ensayado sin éxito durante décadas “vasquizar” Cataluña, ahora lo podría intentar Rajoy.

El foco de tensión política se desplaza: de Ajuria Enea al palacio de la Generalitat

Esta paradoja se sumaría a otra: que el antaño admirado nacionalismo del PNV desde círculos catalanes ha optado por sumarse al frente de “barones” del PP que reclaman igualdad de trato de Cataluña en relación al resto de comunidades en una estudiada maniobra política del lehendakari para mantener su excepcional régimen fiscal, como ha demostrado el analista Enric Juliana también en La Vanguardia (19/V/2013).

Ello conforma un contradictorio frente de partidarios de la “solidaridad fiscal”, ya que suma a quienes se oponen al concierto económico de Cataluña desde el PP y a quienes defienden el concierto económico vigente en el País Vasco. Tal situación pone de manifiesto tanto la endeblez de quienes sostienen que existe una igualdad entre españoles como el hecho de que la agenda política estatal ha cambiado en relación a las tres últimas décadas: el “norte” problemático del Estado ha dejado de ser el País Vasco para ocupar Cataluña su lugar. Y ello no es un detalle menor.

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