EL 15-M DOS AÑOS DESPUÉS: ¿EL PRIMER GRAN ASALTO DEL “PUEBLO” CONTRA EL PARLAMENTO?

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Cartel de convocatoria del 15-M del 2011.

DOS AÑOS DESPUÉS DE LA ECLOSIÓN DEL MOVIMIENTO DE LOS INDIGNADOS, puede considerarse que éste marcó el inicio de una protesta contra la clase política cada vez más amplia y sostenida, como muestra el ensayo El pueblo contra el parlamento.

A continuación reproducimos un análisis sobre el mismo que hemos publicado en el último número de Qué leer, “España: ¿La rebelión de las masas? El 15-M y la lucha contra las élites”, pp. 52-53.

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“España: ¿La rebelión de las masas?El 15-M y la lucha contra las élites”

A los dos años de la eclosión del movimiento de los Indignados, puede considerarse que este marcó el inicio de una protesta contra la clase política cada vez más amplia y sostenida, como nos cuenta el autor de “El pueblo contra el Parlamento” (Pasado & Presente)

El 15 de mayo del 2011 [15-M] fueron convocadas movilizaciones ciudadanas a través de las redes sociales bajo el lema “No nos representan” y por un colectivo denominado ¡Democracia real ya!, que originaron el movimiento de los “indignados”. Miles de personas se congregaron en plazas de toda España con amplias simpatías de la población (un 66% de la misma según las encuestas).

Desde entonces internet ha sido el canal empleado para generar  movilizaciones contra la clase política o abiertamente antiparlamentarias. Así, el 25 de septiembre del 2012 [25-S] se convocó otra con la consigna “ocupa el Congreso” para denunciar “un secuestro de la soberanía popular llevado a cabo por la Troika y los mercados financieros y ejecutado con el consentimiento y la colaboración de la mayoría de los partidos”. También el pasado abril se efectuó una nueva llamada contra las Cortes con el eslogan “Asedia el Congreso” para conseguir “la caída del régimen (dimisión del gobierno, disolución de las Cortes y de la Jefatura del Estado) y la […] transición hacia un nuevo modelo de organización política, económica y social, verdaderamente justo y solidario”.

Tales convocatorias son paradójicas por dos razones. Por una parte, sus promotores y seguidores afirman representar al “pueblo” cuando nadie les ha elegido y –como apunta el historiador Jesús Casquete- ello conforma su gran ventaja y principal inconveniente, pues facilita que expongan con gran libertad sus propuestas y críticas pero “resulta problemático saber exactamente a quién representan”. Por otra parte, pretenden instaurar una “democracia real” considerando al parlamento, símbolo máximo de la soberanía popular, un obstáculo para lograrlo. ¿Cómo interpretar este fenómeno? Nuestro estudio El pueblo contra el parlamento ofrece claves al respecto que resumimos a continuación.

El fin de la vieja política

En la génesis de estas movilizaciones convergen la crisis política y la económica. Ello obedece a que la opción del PSOE y del PP por las políticas de austeridad les ha asociado con las élites financieras y ha facilitado su desprestigio. De este modo, su apoyo se desploma en los sondeos a niveles nunca vistos: hoy sumarían el 62% del voto total según el CIS o el 42.7% según El País (11/V/2012). Ello refleja una caída persistente: en las elecciones del 2011 sumaron el 73.3% y en las del 2009 el 83.8%.

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Portada de El pueblo contra el parlamento.

Ante su hundimiento emergen partidos que cuestionan la política tradicional. Cataluña es el lugar donde este fenómeno se ha producido primero, ya que desde el 2003 han surgido nuevas formaciones en el ámbito local y autonómico que evitan la denominación “partido” para asumir nombres inclusivos o de valores: Ciudadanos [C’s], Plataforma per Catalunya [PxC], Solidaritat Catalana per la Independència [SI] y Candidatura d’Unitat Popular [CUP]. Desde aquí se han expandido por España, como testimonian Unión, Progreso y Democracia [UPyD], Foro Asturias [Foro], Alternativa Galega de Esquerda [AGE], Bildu en el País Vasco, Compromís en Valencia o Unión Cordobesa [UCOR] en Andalucía.

Pese a sus diferentes idearios, todas estas siglas aspiran a presentarse como expresión de movimientos cívicos y articulan su discurso sobre dos banderas: la protesta contra el Establishment y la defensa de una identidad amenazada. Son populistas en la medida que aspiran a movilizar a la población contra unas élites que supuestamente limitan los derechos ciudadanos. Con ello pretenden acortar la distancia entre representantes (los “de arriba”) y representados (los “de abajo”).

La plaza contra el palacio

En este panorama, movilizaciones de las redes sociales como la del 15-M simbolizan el afán más radical de hacer tabla rasa de la vieja política. ¿En qué sentido? En que contraponen de forma real y metafórica “la plaza”, lugar por excelencia donde el pueblo expresa su voluntad sin mediar líderes ni partidos, con “el palacio”, el parlamento que representa a las élites. Esta dualidad plaza/palacio la plasmó ya en 1975 el cineasta e intelectual Pier Paolo Pasolini en un artículo de Il Corriere della Sera titulado “Fuera de Palacio”. En él censuró el interés de la prensa y la intelectualidad por lo que sucedía “dentro de Palacio” (los poderosos) y su poca atención por lo que acaecía fuera (la gente corriente), cuando a sus ojos ello era “infinitamente más nuevo, espantosamente más avanzado”.

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El cineasta Pasolini –que habría podido ser asesinado por neofascistas– asoció las élites al “palacio”.

Esta oposición entre “la plaza” y el “palacio” es precisamente la que han materializado los indignados y las movilizaciones posteriores surgidas a través de la red. No por azar la plaza ha sido el espacio elegido para clamar contra la falta de democracia, instaurar un sistema de decisión asambleario y reclamar un cambio del sistema político y económico. De este modo, tales movimientos ponen de manifiesto que la esfera de la política desborda los canales institucionales y que Internet permite creer que otra democracia mucho más representativa que la vigente es posible, pues crea foros de debate horizntales, inmediatos y participan quienes lo desean. En última instancia, los indignados trataron de trasladar esta “plaza electrónica” a la pública.

El populismo que viene

En todo caso, el 15-M marcó una etapa en la protesta contra el Establishment político y económico. Mostró que parte de la ciudadanía había empezado a quemar las naves en sus vínculos con los grandes partidos e indicó que asistimos al ocaso de la vieja política surgida en la Transición, que se cierra de modo lento y cada vez más convulso.

¿Qué porvenir nos aguarda? Posiblemente asistiremos a insurrecciones cívicas crecientes ante la política tradicional, visibles en el crecimiento o la eclosión de nuevos partidos y el aumento de las protestas. El cantautor islandés Hördur Torfason, promotor en el 2008 de la revolución cívica que permitió juzgar a su presidente por su actuación en la crisis económica que devastó aquel país, expresó gráficamente esta idea: “La ciudadanía tiene que levantarse cuando los políticos pierden el rumbo”.

No obstante, el futuro que se otea en España no parece tan propicio a una revolución como la islandesa. Aquí, el colapso político que conoce la Grecia rescatada o la Italia en la que señorea Beppe Grillo ofrecen pistas de la inquietante ruta que puede haberse emprendido. En este sentido, no está de más recordar el grito de guerra del controvertido cómico italiano lanzó a los políticos: “¡Rendíos!”. Y es que la lucha del pueblo contra el parlamento ha empezado igualmente en España.

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