ENTREVISTA A MIGUEL ÁNGEL AGUILAR Y ÓSCAR HERNÁNDEZ: “EL PESO DE LOS RITUALES FRANQUISTAS HA SIDO SUSTANCIAL EN EL DESARROLLO DE LA MONARQUÍA”

JUAN-CARLOS-IEl Rey bromea con Adolfo Suárez. Su “campechanía” se ha valorado como un activo de la Corona, cuando habría sido contraproducente.

¿LA “CAMPECHANÍA” DEL REY JUAN CARLOS I ES UNA MERA CUESTIÓN DE CARÁCTER O TIENE UN TRASFONDO INSTITUCIONAL? En este sentido, los historiadores tinerfeños Miguel Ángel Aguilar Rancel y Óscar Hernández Guadalupe han escrito un extenso ensayo sobre la monarquía juancarlista, que analiza su proyección pública y muestra que más allá de la proximidad personal de la que hace gala el monarca existe un diseño institucional populista, que apuesta por la sencillez de la Corona. Se trata del estudio  Juan Carlos Rex. La monarquía prosaica, que lleva por subtítulo El perfil cerimonial y público de la monarquía reinstaurada (Artemisa Ediciones, Tenerife, 2012), 798 pp.

En un período en el que la era juancarlista parece llegar a un fin de ciclo por el elevado desgaste de la institución y proliferan los libros sobre el monarca y la familia real, el que nos ocupa llena un vacío importante, pues analiza con detalle cómo se conformó la Corona a través de su protocolo y sus ceremoniales públicos; señala hasta qué punto ésta puede homologarse a otras europeas; y, sobre todo, valora si la apuesta por la llaneza de la monarquía española en su imagen pública ha sido un elemento desfavorable.

¿Una monarquía para no monárquicos?

Los autores demuestran un conocimiento profundo del ceremonial monárquico en el ámbito europeo y han manejado una amplia bibliografía para elaborar su análisis solvente. Si bien en la introducción del libro muestran un alineamiento favorable a la institución (“valoramos firmemente la utilidad y validez presente y futura de la institución monárquica”) y se definen “emocional y constitucionalmente leales a la dinastía reinante”, evitan el halago cortesano y no escatiman la crítica a la apuesta populista del juancarlismo al “pretender construir una monarquía sólida prescindiendo de todos los símbolos y características de la realeza”.

Juan carlos rexPortada de Juan Carlos Rex.

En este sentido, los autores consideran que Sabino Fernández Campo y otros influyentes responsables en la conformación de la Corona “estaban construyendo una monarquía que no ofendiese a los republicanos”, lo que tendría como consecuencia que “nunca se crearía entre la población española un auténtico sentimiento monárquico” y la fidelidad a la institución “se limitó a la figura del Rey” o de “su familia más cercana” (p. 210). Esta opcion habría configurado la imagen “de una familia de la alta burguesía acomodada. ‘pija’, como tal familia en su conjunto, aparentemente perezosa -tal vez por falta de cobertura a sus actividades de poco relieve-, y de escasa sofisticación cultural”. De este modo, el caso español probablemente sería “único en el  panorama de monarquías tradicionales occidentales” (p. 733).

En este marco, la “campechanía” regia ofrece un potencial flanco de desprestigio si no está “dimensionada y bajo control”, como actualmente sucedería, al transmitir la imagen de que “los miembros de la Institución no acaban de tomarse completamente en serio su posición y su función” (p. 753). En suma, el populismo monárquico, en su búsqueda de sencillez y llaneza, habría supuesto un menoscabo para la Corona.

AguilarRancelMiguel Ángel Aguilar Rancel (arriba), coautor de la obra, es natural de Santa Cruz de Tenerife y licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Leyó su tesina sobre Historia de la Música en la Universidad de La Laguna y actualmente finaliza su tesis doctoral en Ciencias Humanas y Sociales (Área de Musicología) en la Universidad de La Rioja. Sus especialidades y pasiones académicas son, entre otras, el canto clásico occidental, las monarquías, las representaciones y rituales de poder y la arquitectura palatina.

OscarÓscar Hernández Guadalupe, también coautor de la obra, ha trabajado en diversos proyectos culturales para instituciones de Santa Cruz de Tenerife (como el Museo Municipal de Bellas Artes y el Ayuntamiento) y ha completado su formación realizando cursos en materias como Historia, Protocolo, Arte, Música y Religión. Actualmente es profesor de enseñanza secundaria.

A continuación les hemos entrevistado para nuestro blog por considerar sus tesis de interés para nuestros lectores, agradeciéndoles su generosa colaboración.

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En su libro aluden a la monarquía actual como “prosaica”. ¿Qué significa esta expresión?

Con el calificativo “prosaico” pretendemos aludir a una naturaleza representacional y simbólica caracterizada por la asepsia, una visualidad de carácter uniformemente plano y pedestre, alejado del relieve y formalidad connaturales con una institución histórica como esta. En suma, prosaico denota de forma respetuosa una sustancial “vulgarización” de las señas de identidad de la Monarquía, tal y como conviene en términos de protocolo, ritual, así como los elementos físicos que la materializan: residencias, indumentaria, otros accesorios suntuarios, medios de transporte…

¿Qué peso ha tenido el legado de Franco en la Corona en términos de rituales e imagen?

El peso de los rituales franquistas ha sido muy sustancial en el desarrollo, al menos inicial, de nuestra Monarquía. Como hemos mostrado en nuestro libro, los hitos ceremoniales de la Monarquía “reinstaurada” constituyeron una continuación, constantemente adaptada a la evolución sociopolítica y constitucional de nuestro país, de unos hitos ceremoniales, que habían sido creados o recuperados durante el régimen franquista.

Franco y el Rey

El origen franquista de la Corona se ha reflejado en sus rituales.

La nueva Casa Real no miró a la Corte de la Restauración o a sus homólogas europeas contemporáneas ‒monarquías impecablemente “democráticas‒ a la hora de inspirarse y reinventar rituales monárquicos adaptados a nuestro tiempo y a la nueva realidad de la sociedad española. Creemos evidente a la vista de la realidad europea que el esplendor y la formalidad, dimensionados y ajustados a su fin, no sólo no son incompatibles con la democracia, sino que tienen un alto poder de cohesión social y de evocación de comunidad política e histórica. Esto puede ser más necesario en un país, al que como el nuestro, algunos pretenden plurinacional.

En términos de imagen, la mayor influencia franquista tal vez haya cristalizado en un tono cuartelero, especialmente evidente en la propia estructura de la Casa de SM El Rey y en ciertas manifestaciones marciales, muy especialmente de los primeros tiempos de la Monarquía. También puede haber influido en un modelo de Jefatura de Estado, que en contra de la naturaleza familiar de la institución monárquica occidental, tiende a lo nuclear, lo dual, o incluso a lo individual. La imagen actual de una Familia Real virtualmente reducida al Soberano, el Heredero y sus respectivas consortes no deja de retrotraernos a la imagen del Caudillo y su esposa junto con los entonces Príncipe y Princesa de España. Esta imagen es virtualmente inédita en el resto de las monarquías occidentales.

La Casa Real afirma que su presupuesto es de apenas 8 millones de euros y ustedes consideran que la cifra no se ciñe a la realidad. ¿Por qué? 

Los ocho millones de euros teóricamente dan cuenta de los sueldos del Rey y del Príncipe de Asturias, gastos de representación para la Reina, la Princesa de Asturias y las Infantas Elena y Cristina, así como personal y gastos corrientes.

Según la web de la Casa del Rey: “Retribuciones, cuotas y prestaciones sociales del personal de alta dirección, de dirección y laboral a cargo de la Casa; gastos de funcionamiento, como material de oficina; determinados suministros; gastos de protocolo y de representación -almuerzos, cenas, recepciones-; dietas y gastos de transporte; adquisiciones de material diverso para el funcionamiento de los servicios, etc. retribuciones, cuotas y prestaciones sociales del personal de alta dirección, de dirección y laboral a cargo de la Casa; gastos de funcionamiento, como material de oficina; determinados suministros; gastos de protocolo y de representación -almuerzos, cenas, recepciones-; dietas y gastos de transporte; adquisiciones de material diverso para el funcionamiento de los servicios, etc.”

MariventEl presupuesto de la Casa Real no incluye partidas significativas, como las del mantenimiento de sus residencias (imagen de la familia real en Marivent).

Evidentemente no se incluye el coste y mantenimiento de las residencias efectivas, Zarzuela y Marivent, como tampoco del Palacio Real de Madrid por cuanto alberga numerosos actos de estado. Tampoco se incluirían la seguridad y Guardia Real, parte del servicio doméstico que atiende las residencias, etc.

El problema de nuestra Casa del Rey y de cualquier Corte Real o Casa Presidencial es discernir exactamente que costes devienen de las actividades públicas y privadas del Soberano o Presidente, y de la Familia Reinante. Evidentemente, el coste en residencias, gastos suntuarios, transportes o seguridad puede ser muy similares entre una república o una monarquía. El mantenimiento de los palacios reales es de coste similar, sean vividos o no, y la única diferencia sustancial estribaría en si los montantes corren a cargo del Ministerio de Cultura, como en Francia, de una entidad autónoma como en España, o de la propia Corte, como en Gran Bretaña y Japón. El patrimonio cultural se preserva en cualquier país civilizado y su coste es bastante independiente de la forma de Estado.

A título comparativo para el año 2011 la Casa Presidencial Francesa declaraba en la web del Elíseo un coste anual de unos 112 millones de euros; la Casa Presidencial Italiana estaba en torno a los 76 millones y la Corte Real Británica en torno a los cincuenta millones de euros. Parece evidente que todo depende de los conceptos incluidos dentro de los montantes totales.

El problema es que estas realidades han sido tan escamoteadas o soslayadas que la presentación en un momento tan crítico de las cifras reales en España puede suponer una conmoción pese a estar dimensionadas dentro de los países de nuestro entorno cultural y económico. Una tarea pedagógica que muestre los gastos mínimos medios de la casa de un jefe de estado de un país occidental como el nuestro es más necesaria que en ningún otro momento, y albergamos la esperanza de que la Casa del Rey muestre la inteligencia de la que se ha mostrado tan escasa hasta el momento presente.

¿Cuáles consideran que han sido los mayores desaciertos de la Casa Real ante sus últimas crisis (Botswana y caso Nóos) en relación a su imagen pública? 

El caso Bostwana se ha sobredimensionado por la coyuntura económico-social, calentada por el mayor problema que afecta a la Monarquía española y que son las actividades presuntas de Iñaqui Urdangarín y la Infanta Cristina. El tema también tuvo tintes no sólo de mala previsión sino de mala suerte, pues el accidente destapó el aparente precario estado de relaciones entre la Reina y el Rey, y las presuntas relaciones de éste. Esta falta de sintonía con el sentir social en la mayor crisis económica de todo su reinado no obsta para que el tono de sus disculpas, sin duda mal aconsejado, fueran recibidas con simpatía, escepticismo, pero también con estupor y a coste de una mayor pérdida de respeto personal e institucional.

BotswanaEl accidente de Botswana supuso una pérdida de respeto personal e institucional.

El tema Nóos revistió desde el comienzo unos tintes tan preocupantes, como para requerir lo que en diciembre de 2011 y en compañía de otros once firmantes exigimos en carta privada al Jefe de la Casa de Su Majestad El Rey: el apartamiento de la Infanta Cristina y su renuncia al nombre y consideración de Infanta de España. Una discreta salida del país y una apartada vida privada hubieran evitado muchas polémicas, debates y editoriales que no han hecho más que erosionar el crédito de la institución.

En este contexto, el apartamiento de la Infanta Elena con la excusa de destacar al Príncipe y la Princesa, de agendas ya sobredimensionadas, no es sólo un error cara a la estabilidad familiar y la capacidad representativa de la institución, sino también una ofensa a la inteligencia de cierta parte de la ciudadanía. La deriva de los acontecimientos eventualmente podría enajenar a la Corona de la lealtad del PSOE y UPyD y sujetarla, en una medida nada conveniente, a una “protección condicionada” del gobierno del PP, restándole independencia.

¿Hasta qué punto falta transparencia en las finanzas y el funcionamiento de la institución? ¿Contribuyen a esta opacidad las actividades privadas de las infantas y sus cónyuges?

Como hemos esbozado en la primera pregunta, no consideramos sustancial una práctica que ha estado irregularmente implantada en las monarquías de nuestro entorno y que sólo ha venido a implementarse sistemáticamente a raíz de la reciente crisis económica. Otra cuestión es que en el panorama presente, y pese a sus eventuales efectos negativos, sea la salida más higiénica para la Institución.

El origen del problema, avivado por el contexto económico, son las actividades económicas, presuntamente oscuras, de un consorte de un miembro de la Familia Real, o incluso de esta. Este es, si no necesariamente el origen último del problema, sí su detonante y catalizador. Y este escándalo a su vez responde a varios factores: matrimonios probablemente inadecuados, falta de control por parte de una inoperante Casa de SM El Rey, pero también la relativa privatización de miembros que lo son de la Familia Real de España.

Este fenómeno, por el que príncipes de la Casa Reinante, pretenden vivir y tener vidas laborales de ciudadanos particulares, pretendiendo una anormal “normalización”, se permitió por impotencia o por una mal entendida “popularización”. Los riesgos de ésta se han manifestado en toda su plenitud cuando alguna persona real parecen comportarse como particulares de conducta cuestionable y la prensa ha levantado el círculo sanitario mantenido durante lustros. Por añadidura no cabe obviar la posibilidad de que ciertos medios hayan destacado el caso, justo cuando nos hayamos inmersos en escándalos que afectan a un amplio espectro particulares, partidos e instituciones sociales.

Se ha dicho que el Rey debería abdicar. ¿Qué costes y beneficios tendría ello para la Corona?

No creemos que la abdicación traiga beneficios realmente sustanciales para la Institución. Por un lado colocarían al Príncipe y a la Princesa de Asturias en la primera línea de un escándalo familiar y de una fuerte crisis económica que algunos comienzan a interpretar como crisis del sistema. Por otro lado, la “modernización” de la Monarquía debe tener límites y estar dimensionada dentro de su propia naturaleza, y la abdicación ‒los casos neerlandés y luxemburgués no se pueden convertir en norma‒es un recurso para casos de excepción, al que en nuestra opinión en modo alguno se ha llegado.

abdicaciónLa abdicación del Rey no comportaría beneficios sustanciales para la Corona.

La dignidad regia es histórica y tradicionalmente vitalicia y hereditaria, características de la que extrae su continuidad, carisma y potencial para la estabilidad. España no ha conocido una sucesión normalizada ‒sin interregno‒ desde la muerte de Carlos III, mientras, por otro lado, hay una preocupante tendencia presente a obviar los logros de treinta y ocho años de reinado, con considerable progreso, paz, estabilidad y libertad, los mayores de la historia de España.

Tampoco cabe desdeñar tan alegremente, en un momento de crisis global, el capital personal e institucional del Rey, tras décadas de servicio al país, desde que llegó a él, sin certidumbres algunas, siendo apenas un adolescente. Una abdicación no sólo deteriora la naturaleza de la Institución, sino que significa un implícito reconocimiento de un fracaso personal y colectivo, lo que a todas luces, y pese al contexto presente, está lejos de la realidad.

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