1953: NACE LA UDCA POPULISTA, QUE HARÁ DE LE PEN EL DIPUTADO MÁS JOVEN DE FRANCIA

Poujade

Pierre Poujade en la portada de Time en marzo de 1936.

Hace sesenta años, en 1953, emergió en Francia el segundo gran movimiento populista de la Europa de postguerra, fue el llamado poujadismo (el primero fue el qualunquismo italiano, ya analizado en este blog) y hace una década -en el 2003- falleció su impulsor, Pierre Poujade. Se da la circunstancia de que entre sus parlamentarios electos en 1956 figuró un joven Jean-Marie Le Pen, que devino el diputado más joven de Francia con 27 años.

A continuación reproducimos la trayectoria de este movimiento trazada en nuestro ensayo Ultrapatriotas (2003), donde figuran las remisiones de notas a pie de página..

La UDCA y la protesta fiscal mesocrática

El término “poujadismo”, este término designa al movimiento populista protestatario y antifiscal agrupado en torno a la Unión de Defensa de los Comerciantes y Artesanos [Union de Défense des Commerçants et Artisans, UDCA] que articuló Pierre Poujade (peyorativamente llamado “Poujadolf” por sus rivales), un librero-papelero de Saint-Ceré (Lot) nacido en 1920 y que falleció el 2003.

Definido el poujadismo por el politólogo Maurice Duverger como “un fascismo elemental, grosero y primitivo”, éste consiguió unos notables resultados electorales en 1956: 2.600.000 votos (11.6% del total) y 51 diputados, entre los cuales estaba Le Pen, convertido a sus 27 años en el diputado más joven de Francia.

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Le Pen en 1956, el diputado más joven de Francia.

El poujadismo constituyó un reflejo protestatario de las clases medias, especialmente artesanos, pequeños comerciantes y propietarios de explotaciones agrícolas con beneficios modestos ante los cambios sociales y económicos de la postguerra y el aumento de la presión fiscal debida a las guerras coloniales. El cantón de Saint-Ceré fue un buen espejo de la crisis: en un siglo su población pasó de 12.000 a 7.000 habitantes y aunque se conservaron los 3.000 vecinos de Saint-Ceré, el número de comerciantes fue el mismo pero estos pasaron a enfrentarse a nuevos métodos de distribución comercial masiva (grandes almacenes y venta por correspondencia).

En este marco, el poujadismo emergió en julio de 1953 con el rechazo al control fiscal por parte de un comité de comerciantes de Saint-Ceré que creó la UDCA. Ésta surgió como “un grupo apolítico de encolerizados contribuyentes” y Poujade manifestó en 1954 un claro desapego por las ideologías: “Nosotros, los de la UDCA, no estamos por la política, estamos por el bistec, poco nos importa que éste sea comunista o realista”. El movimiento, sin embargo, se lanzó a la batalla electoral bajo la presión de algunos de sus elementos, Poujade entre ellos.

Poujade, el líder

Éste último se había formado en un ambiente de derecha radical: era uno de los siete hijos de un arquitecto miembro de la ultraderechista Acción Francesa [Action Française, AF], y en su juventud perteneció a las juventudes del fascista Partido Popular Francés [Parti Populaire Français, PPF] y también, brevemente, a una organización juvenil pétainista, los Camaradas de Francia [Compagnons de la France]. Sin embargo, Poujade no fue colaboracionista: en 1942 partió a Argelia y desde allí, a través de España, llegó a Gran Bretaña, donde se alistó en un escuadrón de la RAF. Al acabar la guerra trabajó como vendedor de libros y se estableció en Saint-Ceré, donde fue elegido concejal.

UDCALa UDCA, se dotó en 1955 de un portavoz, Fraternité française, y en su carrera política recurrió a “consignas antiparlamentarias y anticapitalistas que no dejaban de tener cierta relación con el primer fascismo. Incapaz de articular una doctrina coherente, la UDCA se definió sobre todo por su oposición sistemática a todo y a todos”. El resultado fue un tosco pero efectivo discurso antisistema: “[Se trataba de] Un nada anarquizante, estaba contra el Estado burocrático y dirigista, los funcionarios, los cargos públicos, los ‘diputados del canguelo o del odio’, contra los trusts y contra los comunistas, contra ‘los metecos [extranjeros] de cualquier pelaje’ y particularmente los judíos. La Unión reclamaba la fundación de un Estado corporativo que permitiera hacer sentir su voz a los grupos profesionales”.*

Este discurso atrajo a la UDCA un cortejo de nostálgicos del fascismo y la colaboración, defensores de la Argelia francesa (la mujer de Poujade era originaria de Bad el-Oued) y jóvenes extremistas como Le Pen. La campaña electoral de 1956 tuvo como lema “Sortez les sortants” (un juego de palabras intraducible: “Salid los salientes”, en alusión a la necesidad de “vaciar” un Parlamento inservible que acaba de ser disuelto por el presidente) y los diputados de la UDCA formaron el grupo Unión y Fraternidad francesa en el Congreso.

Fraternité française

Fraternité française, portavoz de la UDCA.

La cohesión del grupo fue frágil, pues de entrada ya era difícil establecer vínculos entre el grupo parlamentario de la UDCA y la organización (Poujade no era diputado y no controlaba in situ a sus electos) y en verano de 1956 se consumó la ruptura entre el dirigente de la UDCA y Le Pen, en el seno de un movimiento lleno de rivalidades.

La ruptura Poujade-Le Pen

Al margen de las difíciles relaciones personales (Poujade recelaba del éxito meteórico que había conocido su joven protegido, Le Pen, mientras éste último estaba harto de su tutela), existió una diferencia de fondo entre ambos: Le Pen pretendía convertir la UDCA en un polo de reagrupamiento de la extrema derecha capaz de capitalizar el eventual descontento de las guerras coloniales; Poujade, en cambio, quería mantener su movimiento “apolítico” a cualquier precio.

“En el Congreso –le indicó Poujade a Le Pen-, usted es un comando enviado en paracaidas en territorio enemigo. Usted no tiene que discutir el objetivo. El sistema es malo y hay que romper la barraca. Hay que meter la mierda allá dentro hasta que ésta se descomponga”. Por su parte, Le Pen pronto se decepcionó con Poujade, a quien consideraba el hombre que podía haber capitalizado la crisis del sistema si hubiese sintonizado con la situación, según comentó años más tarde: “[Poujade] Ha huido de sus responsabilidades […]. Tenía que haber sido con toda evidencia el heredero de la IV República agonizante. […] La idea de estar en el poder le horrorizaba y no se sentía a la altura de su destino. Cada vez que intentaba conducirle a él, lo esquivaba. Es por ello que decidí no combatir más por este hombre providencial que huía de la Providencia”.

El fulgor efímero de la UDCA

En su momento álgido la UDCA desarrolló uniones paralelas sectoriales (de juventud, trabajadores, profesionales liberales, agricultores), una escuela de cuadros y un centro de estudios. Incluso en 1957 Poujade pactó con Henri Dorgères, antiguo líder del “fascismo verde” de entreguerras (llamado así por las camisas verdes que portaban sus seguidores).

Poujade-2Poujade en 1988. Ya en el 2002 repudió a Le Pen: “Hubiera sido mejor romperme una pierna que convertirlo entonces en diputado”.

Sin embargo, el éxito poujadista fue fugaz: en junio de 1958 30 de sus diputados se unieron a las filas gaullistas y en las elecciones legislativas de ese año la UDCA perdió 2 millones de votos y se convirtió en extraparlamentaria. Pese a ello, Poujade continuó activo en política en diversos ámbitos y organizaciones.

Significativamente en 1981 dio la consigna a sus seguidores de votar a Mitterrand. En el 2002, tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales, repudió a Le Pen en duros términos: “Hubiera sido mejor romperme una pierna que convertirlo entonces en diputado”. La herida dejada por la ruptura con quien fuera su lugarteniente en 1956 permanecía abierta casi cincuenta años después.

Qualunquismo y poujadismo, un cruce de caminos

Volviendo al punto de partida de nuestra exposición, el qualunquismo y el poujadismo se situan en un cruce de caminos entre el pasado y el presente, entre los erráticos movimientos protestatarios de la postguerra y los nacional-populismos actuales.

Ambos movimientos contienen, aunque toscamente formulados, los elementos que en buena medida definirán la ultraderecha postindustrial de los años ochenta y noventa, notablemente la denuncia de las élites apelando al “pueblo sano”, la capitalización del malestar económico y de la agresividad de “los de abajo” contra “los de arriba” y una acción política basada, paradójicamente, en la antipolítica: desconfianza de los políticos profesionales, cuestionamiento de la representatividad del sistema parlamentario y un lenguaje rudo y directo.

Desde esta perspectiva, qualunquismo y poujadismo dejarían de ser episodios políticos aislados para convertirse en precedentes de un fenómeno relevante y generalizado en Europa, aunque con una salvedad importante: en ambos casos constituyeron movimientos proyectados hacia el pasado y no hacia el futuro, cosa que impide otorgarles la paternidad de la nueva extrema derecha.

* P. Milza, S. Bernstein (dirs.), Dictionnaire historique des fascismes et du nazisme (complexe, Bruselas, 1992), p. 553

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