FALLECE JACQUES VERGÈS, EL ABOGADO DEL TERROR: DEFENDIÓ AL NAZI KLAUS BARBIE Y A “CARLOS”

Elabogadodelterror

Cartel del documental sobre Jacques Vergès.

EL PASADO 16 DE AGOSTO FALLECIÓ EL CONTROVERTIDO ABOGADO FRANCÉS  JACQUES VERGÈS (1924/1925-2013), que alcanzó notoriedad por defender a extremistas de signo opuesto -del nazi Klaus Barbie al terrorista venezolano “Carlos”- en el marco de una evolución ideológica sinuosa y con lagunas biográficas que han creado un auténtico mito en torno a su figura.

A continuación reproducimos la biografía que Óscar Caballero publicó en La Vanguardia (17/VIII/2013 ), ya que aborda las múltiples facetas que conformaron una aura mítica en torno a Vergès.

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Una vida de cine: Jacques Vergès

Abogado de ruptura, resistente francés y funcionario argelino.

Personaje de novela, Jacques Vergès, de quien no se puede afirmar siquiera en qué año nació verdaderamente, tuvo una muerte digna de su vida: convaleciente de una bronquitis, una amiga le invitó a su piso del Quai Voltaire, frente al Sena y al Louvre, allí donde habitara precisamente Voltaire. Y el infarto sorprendió a Vergès en la misma habitación en la que Voltaire murió el 30 de mayo de 1778.

Vergès se llevó a la tumba la trama secreta de más de medio siglo de violencia revolucionaria, guerras, arreglos políticos y negociaciones. Y, sobre todo, el misterio de su biografía en la que, por sorprendente que pueda parecer a los coetáneos de Google, hay un hueco de ocho años, desde 1970, cuando deja su domicilio de Argel en donde residiera, convertido al islam, nacionalizado y alto funcionario del ministerio de asuntos extranjeros, y 1978, cuando reaparece en París.

Hombre mediático, enrolado como él decía en “el culto a la personalidad, pero a la mía”, autor de dos autobiografías entre su veintena de títulos, sujeto de mil reportajes y hasta personaje central del documental de Barbet Schroeder El abogado del terror, logró sin embargo marear la perdiz durante los últimos 35 años.

Sin desmentir los más diversos rumores. Sin confirmarlos. El ex presidente de los abogados franceses, Charrière-Bournazel, cree que “Vergès no era persona para coexistir con tiranos o torturadores”. Diez días antes de su muerte vio a “un Vergès disminuido por una caída, pero intelectualmente intacto”. Y sobre el colega: “Un abogado muy brillante; independiente. Un abogado no es un mercenario. Es un caballero. Y eso fue Vergès”.

Jqcues VergèsTodo comienza con un padre francés, pero de La Reunión, que deja pasar un año antes de inscribir, de un golpe, a los dos hijos que ha tenido con una vietnamita, causa de que no se pueda determinar hoy si Jacques Vergès nació en 1924 o 1925. Tampoco está claro si el nacimiento se produjo en Savanna-Jet (actual Laos) o en Ubon Ratchathani (hoy Tailandia). ¿Se puede soñar mejor comienzo para una vida novelesca y, por fuerza, cosmopolita? Contribuye el crecimiento en esa isla de La Reunión, en la que han confluido franceses e ingleses, indios y chinos. De hecho, en el mundo parisino de tribunales, Vergès era el Chino. Ojos rasgados tras gafas de aro redondo y pequeño, sonrisa pícara, un Robusto presto siempre a ser encendido, la polémica como un arma arrojadiza, Vergès fue un gigante de tribunales. Aunque más que a sus defendidos mediáticos haya protegido lo que él consideraba la verdad. Y que partía de una premisa: la culpabilidad asumida.

Es decir que este hombre que defendió a Magdalena Kopp, terrorista alemana de extrema izquierda y a la familia de Robert Boulin (el ministro de Giscard d’Estaing que se ahogó en 20 centímetros de agua, un suicidio que Vergès consideró asesinato); al nazi Klaus Barbie juzgado por crimen contra la humanidad y al terrorista Carlos, nunca se hubiera puesto la toga, pongamos por caso, para ocuparse de un presidente gallego que no sabe si ha estado en Andorra o en los Picos de Europa.

Cuando Carlos dijo al juez que había escogido a Vergès como defensor porque “es más peligroso que yo”, el abogado lo tomó como un cumplido. “Pienso que se trata de un homenaje: el combate de las ideas es tan peligroso como el de las bombas”.

Vergès libró el combate de las ideas a cara descubierta y tal vez, en las carreteras secundarias de la guerra fría, el de las bombas. De hecho, según la Stasi alemana del este, habría estado en contacto con Carlos desde 1982. Sobre su desaparición de ocho años decía que fueron “unas largas vacaciones, al Este, muy al Este de Francia”. Pero hubo quienes supusieron que los vivió en la Camboya ensangrentada por su condiscípulo de la Sorbona, Pol Pot.

En cualquier caso, su zigzag ideológico será el de una generación. En 1942 es uno de los más jóvenes y precoces soldados de De Gaulle en Londres. En 1945 se adhiere al partido comunista francés y al frente de la asociación de estudiantes de La Reunión se alía con su compañero Pol Pot. De 1951 a 1954 tiene domicilio en Praga pero viaja mucho, sobre todo por China, y se convierte en secretario de la internacional comunista de estudiantes. En 1955 presta juramento de abogado en París y dos años más tarde deja el partido, al que juzga tibio, y se incorpora al colectivo de abogados del FLN que lucha por la independencia de Argelia. Inventor de un sistema extremo de defensa que consiste en una sólida proclama ideológica contra el colonialismo y “el sistema, representado en el tribunal por jueces y fiscales”, en 1961 es suspendido de ejercicio profesional y, por haber reclamado la autonomía de La Reunión, acusado de atentar contra la seguridad del Estado.

Es una de las razones de su instalación en Argel en 1962. El año siguiente funda Révolution, diario maoista y se casa en segundas nupcias con Djamila Bouhired, la terrorista del FLN torturada por Francia con la técnica de antiguerrilla urbana que los franceses transmitirán más tarde a las dictaduras latinoamericanas, y a la que salvó de la pena de muerte. Mao lo recibe en Pekín y en Beirut participa de las reuniones de la OLP, antes de desaparecer. Por primera vez. Su muerte es, entonces, la segunda desaparición -¿definitiva?- de quien se quería reencarnación de Voltaire y consiguió desencarnarse en su lecho.

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