LA “LEYENDA NEGRA” DE ANDORRA DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL: ¿SE ASESINÓ A JUDÍOS FUGITIVOS PARA ROBARLES?

Rosasalarose

Rosa Sala Rose en la imagen de su blog.

LA INVESTIGADORA ROSA SALA ROSE RECABA INFORMACIÓN SOBRE LA “LEYENDA NEGRA” DE ANDORRA MEDIANTE UN POST EN SU BLOG AL LLEVAR A CABO UNA INVESTIGACIÓN SOBRE LA MISMA Y SE DIRIGE A LOS LECTORES EN BUSCA DE INFORMACIÓN.

Reproducimos a continuación al ifnormación por si alguno de nuestr@s lector@s puede colaborar en su estudio mediante la dirección de correo que figura al final del texto,

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La leyenda negra de Andorra

Tropecé por primera vez con la leyenda andorrana cuando investigaba los pasos de fugitivos del nazismo por los Pirineos. La nutrían alusiones veladas que nunca se concretaban en un nombre. Circulaban sotto voce, a veces con cierto morbo cómplice, como cuando una chica andorrana le susurró a un amigo mío que se deslizaba con sus esquís por el espejo blanco del Pas de la Casa:

“Oye… ¿sabes que estás esquiando sobre huesos?”.

Todos los rumores sugerían lo mismo: que durante los trágicos años de la Segunda Guerra Mundial, cuando miles de perseguidos por el nazismo desafiaron los elementos cruzando los Pirineos, algunos se encontraron en Andorra con algo que interrumpió bruscamente su huida. Algo muy turbio. Se hablaba de asesinatos, de masacres. De fosas olvidadas. De muertos que aún hoy yacerían bajo las rocas y la nieve. De judíos. De oro y de joyas arrebatadas a los desesperados. De guías sin escrúpulos que asesinaban o abandonaban a quienes les habían confiado su vida.

Andorra foto antigua

En aquellos tiempos la vida de muchos no tenía más valor que la suela de sus zapatos. Guías sin escrúpulos debió de haberlos a lo largo de toda la cordillera pirenaica. Pero por algún motivo la leyenda negra parece cebarse especialmente en el pequeño territorio andorrano.

Sin prensa y aislada por la nieve la mayor parte del año, las ideologías extremas que marcaron el siglo XX, ya fueran de izquierdas o de derechas, no  tuvieron ocasión de arraigar en Andorra, que durante la contienda defendió su neutralidad. Eran los forasteros de lenguas extrañas  que bajaban de vez en cuando de la montaña, exhaustos, asustados y hambrientos, quienes mejor recordarían a los andorranos que al otro lado de la imponente pared de roca había una guerra salvaje que estaba desmembrando Europa.

En Andorra el contrabando, ya fuera de bienes o de personas, no era delito y contaba con una larga tradición.  Pero esa actividad no impidió que antes de la guerra fuera un territorio de notoria pobreza, salvo para algún hereu o pubilla que tuviera la suerte de heredar rebaños o un buen campo de tabaco. Aquello no tenía nada que ver con la Andorra turística y comercial que surgió después y que hoy determina la imagen del Principado. De hecho, el súbito ascenso económico del país ha contribuido a alimentar la Leyenda, que en gran parte se nutre de las fabulosas fortunas que algunas familias andorranas amasaron precisamente durante la guerra. Fortunas que, según los persistentes rumores, habrían surgido del saqueo de los judíos a los que debían guiar.

Andorra

La publicación en 1977 en la revista Reporter –antecesora de Interviu—del largo y escabroso artículo de Eliseo Bayo “Matanza de judíos en la frontera española” contribuyó a alimentar la leyenda.

Sin prensa y aislada por la nieve la mayor parte del año, las ideologías extremas que marcaron el siglo XX, ya fueran de izquierdas o de derechas, no  tuvieron ocasión de arraigar en Andorra, que durante la guerra defendió su neutralidad. Eran los forasteros de lenguas extrañas  que bajaban de vez en cuando de la montaña, exhaustos, asustados y hambrientos, quienes mejor recordarían a los andorranos que al otro lado de la imponente pared de roca había una contienda salvaje  que estaba desmembrando Europa.

En su extenso artículo, Bayo afirmaba haber encontrado algunos de los pozos en los que habrían sido enterrados los fugitivos, indicando lugares, dando nombres, mostrando esqueletos y levantando una gran polvareda que sacudió toda Andorra. Hasta el punto de que la policía andorrana inició una vasta operación de recogida de ejemplares por el Principado y todo el territorio español. Fue la única medida que adoptaron entonces las autoridades andorranas. No fueron a buscar las fosas ni a comprobar la veracidad del artículo, aunque solo fuera a fin de desmentirlo.

En su artículo, Bayo afirmaba que “el miedo a las represalias cierra la boca de los que saben algo”. Según varias fuentes, el guía que les mostró las fosas a él y a su equipo en 1977 apareció muerto poco después, despeñado en la montaña.

Andorra fue uno de los pocos territorios europeos por los que la guerra pasó de largo. ¿Es posible que precisamente allí se sistematizara el asesinato de civiles inocentes? Y de ser así, ¿de cuántos muertos estaríamos hablando? ¿De dos matrimonios belgas, como dijo recientemente en el documental del Canal 33 Boira negra el antiguo pasador Quim Baldrich, que habrían sido asesinados cerca del Estany Negre? “Les jodimos a las mujeres y los matamos”, le admitió entonces el guía asesino. En el mismo programa otros dos ex pasadores, Enric Mélich y Joan Català, aportaron testimonios similares.

A pesar del tiempo transcurrido, la leyenda negra sigue proyectando su tenebrosa sombra sobre los valles de Andorra. Y eso a pesar de que el historiador andorrano Claude Benet hace años que clama por que se investiguen a fondo estos rumores, aunque sólo sea para acallarlos de una vez:

Ha pasado la época de buscar culpables, pero quizá sí que la historia debería desenterrar algunas verdades. Casi todos los países democráticos han hecho o están haciendo un esfuerzo importante de conciencia a través de programas de recuperación de la memoria histórica, y a pesar de susceptibilidades todavía muy fuertes y miedos aún vigentes, el silencio sobre estos hechos ya es intolerable.

Guíes, fugitius i espíes. Claude Benet

Intolerable entre otras cosas porque la tenebrosa leyenda negra también acaba manchando sin querer a quienes de ningún modo lo merecen, como los extraordinarios héroes que también hubo en en Principado: personas que arriesgaron su vida pasando fugitivos por la montaña por convicción ideológica o por pura humanidad, como Francesc Viadiu, Francesc Areny Naudi, los citados Baldrich, Mélich y Català u otros menos conocidos como Josep Ibern, Salvador Calvet o Joan Peremiquel.

Se impone la necesidad de investigar más a fondo. Si la leyenda es cierta, aún hoy quedarán en las montañas sepulturas anónimas que merecen un destino más digno. Y si es falsa, la verdad nos ayudará a acabar por fin con ella.

¿Conocía usted todo esto? ¿Tiene algún dato que aportar? De ser así, puede hacerlo añadiendo un comentario o bien escribiéndome directamente aquí.

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