EL INDEPENDENTISMO CATALÁN: ¿SOLO DESAFECCIÓN HACIA ESPAÑA?

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Cartel de l’Assemblea Nacional Catalana [ANC] llamando a participar en la cadena humana del 11 de septiembre.

¿EL INDEPENDENTISMO SOLO REFLEJA DESAFECCIÓN HACIA ESPAÑA? Los analistas y comentaristas catalanes y del resto de España ofrecen una única lectura del independentismo catalán, que es la de una desafección hacia un Estado percibido por amplios sectores de población como alejado de sus inquietudes, ineficiente y en el que es difícil hallar un encaje satisfactorio para Cataluña.

Sin embargo, como ya planteamos en nuestro ensayo El oasis catalán (2010) y luego en El nuevo populismo en España (2013), consideramos que en el nuevo secesionismo subyace una doble desafección: una, clara y explícita, hacia el Estado y otra, implícita, hacia la propia clase política catalana.

La doble desafección: hacia los políticos catalanes y hacia el Estado

Consideramos que esta doble desafección tiene su punto de partida en el 2003, ya que ese año se inició el proceso de reforma estautaria que generó desafección hacia el Estado por su resultado final y, a la vez, en las elecciones locales de mayo emergieron dos nuevas formaciones -la Plataforma per Catalunya [PxC] y la Candidatura d’Unitat Popular [CUP]- que fueron el primer síntoma de desafección hacia la política tradicional encarnada por los grandes partidos (CiU, PSC, ERC, ICV y PP).

Testimoniaron la continuidad de esta desafección dos rótulos más que se añadieron a los ya apuntados: Ciutadans [C’s] en los comicios autonómicos del 2006 y Solidaritat Catalana per la Independència [SI] en los del 2010 (aunque quedó extraparlamentaria en los del últimos del 2012).

Esta doble desafección volvió a manifestarse en las llamadas consultas populares por la independencia, unos referendos locales sobre la independencia sin validez legal que organizaron entidades cívicas. Bajo el lema “Catalunya decideix” [“Cataluña decide”] se realizaron en 554 municipios (de un total de 947) entre septiembre de 2009 y abril de 2011.

Los votantes fueron convocados a las urnas con esta pregunta: “¿Está usted de acuerdo en que Cataluña sea un Estado de Derecho, independiente, democrático y social, integrado en la Unión Europea?”. Los gestionó una apartidista Coordinadora Nacional per la consulta sobre la independència y participó en ellos casi el 19% del censo previsto por los organizadores: la nada despreciable cifra de 884.508 personas.

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Bajo el lema “Catalunya decideix” cerca de 900.000 personas votaron la independencia.

Estos plebiscitos devinieron un gran ejercicio de democracia directa y escenificaron la doble desafección citada, pues se votó al margen de los partidos para rechazar al Estado. Las votaciones tuvieron un doble impacto: instalaron la independencia en la agenda política catalana e internacional (dado su eco mediático) y extendieron un afán de democracia participativa que sintonizó con el cuestionamiento de la “vieja política” representada por los grandes partidos.

De este modo, la demanda de soberanía “nacional” catalana que se reclamaba en la calle devino paralela a una exigencia de devolución de soberanía al “pueblo”. Por esta razón el lema “Cataluña decide” que enarbolan desde entonces las entidades independentistas permite una doble lectura: no sólo “la nación” tiene derecho a decidir, como ethnos o comunidad nacional, sino que también lo tienen los ciudadanos individuales, como démos.

En estos plebiscitos, pues, no sólo se expresó de forma simbólica una demanda de cambio de relaciones entre Cataluña y España, sino también del juego político imperante a través de un populismo plebiscitario.

La Assemblea Nacional Catalana [ANC] como símbolo

En este marco, es interesante centrarnos en la Assemblea Nacional Catalana [ANC], organización asamblearia que tuvo sus inicios en abril del 2011 y se constituyó en abril del 2012 y que se define como una “organización popular, unitaria, plural y democrática”. Tiene como objetivo conseguir la independencia de Cataluña “mediante la constitución de un Estado de derecho, integrado en Europa, democrático y social”. La ANC, liderada por Carme Forcadell, se ha convertido -junto a Òmium Cultural– en el principal aglutinador del independentismo civil.

Ciertamente el nombre no hace a las cosas, pero puede indicar bastante sobre ellas. Al menos en lo que respecta a la ANC. Así, es significativo de lo expuesto hasta aquí que su denominación plasma la doble desafección política apuntada.

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El parlamento catalán debería ser la asamblea de la nación catalana, sin embargo una entidad asamblearia -la ANC- se reclama como tal.

Por una parte, es obvio en la ANC su carácter de respuesta a la desafección hacia el Estado con su independentismo rotundo. Por otra parte, la denominación asumida por la entidad de Asamblea Nacional Catalana proyecta a este colectivo nolens volens como un contrapoder del parlamento catalán, que es la asamblea elegida de modo genuíno en las urnas por la “nación” catalana. El consecuencia, la ANC con su denominación, contrapone su legitimidad emanada de la sociedad civil a la de los votos que representa el parlamento catalán.

De nuevo, pues, podemos constatar como el independentismo catalán encarna una doble desafección: hacia la política institucional catalana en sentido amplio (partidos y clase política) y hacia el Estado.

La solidez de la consulta sobre la independencia

A tenor de lo expuesto, la demanda de referéndum sobre la independencia posee gran consistencia al conformar un anclaje entre una política institucional desprestigiada y una demanda de democracia plebiscitaria.

Mas&Forcadell

Artur Mas, presidente de la Generalitat, y Carme Forcadell, presidenta de la ANC: la consulta catalana une la política institucional y la política antiestablishment.

Por consiguiente, la exigencia del plebiscito persistirá, ya que canaliza tanto la desafección ciudadana hacia Madrid como las ansias de construir una democracia más participativa y directa.

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Hemos expresado esta tesis de manera más extensa en el artículo del diario Ara en catalán, al que puede accederse gratuitamente previo registro:  X. Casals, “Catalunya: Només independència?”, Ara (14/IX/2013).

También puede ser de interés, en esta línea, nuestro análisis en  X. Casals, “Del populismo al independentismo”, Tintalibre, 6 (setembre 2013), pp. 4-7.

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