¿EXISTIÓ UN COMPLOT DE LA CIA CONTRA CARRERO?

Secuencia de Operación Ogro, de Gillo Pontecorvo (1979), film que recrea el atentado de ETA contra Carrero.

EL ALMIRANTE LUIS CARRERO BLANCO -hace ahora cuarenta años- manifestó querer “morir de un infarto al salir de misa y tras haber comulgado, todo ello antes de que llegase a plantearse el tema de la sucesión del Generalísimo”. Nombrado jefe de gobierno en junio de 1973, el deseo fue profético en parte, pues ETA lo asesinó después de asistir a misa el 20 de diciembre de aquel año.

Cuatro décadas después perduran aún incógnitas en torno al asesinato del almirante. Una es sobre la acción terrorista: ¿actuó ETA en solitario o lo ayudó la CIA?  Hemos abordado este tema en un artículo en el diario catalán Ara titulado “L’enigma Carrero fa quaranta anys” (17/X/2013)  del que reproducimos a continuación una parte y cuyo texto puede consultarse íntegramente clicando aquí y registrándose.

¿La CIA contra Carrero?

La implicación de la CIA en el magnicidio ha sido recurrente para explicar la llamativa impunidad de los terroristas en Madrid cuando existía un control férreo de la oposición al régimen. Los etarras –que ya el noviembre de 1972 habían asaltado allí una comisaria para robar impresos de DNI- perforaron un túnel sin inquietar al vecindario; alquilaron 4 coches y 9 viviendas cuando estaban fichados; robaron una armería y una ametralladora a un centinela de Capitanía general.

carrero-y-henryHenry Kissinger entrevistándose con Carrero, un encuentro que alientó toda suerte de especulaciones.

De aquí que se señale una hipotética ayuda de la CIA a ETA. Se aduce varios factores para justificarlo. Por un lado, los terroristas actuaron muy cerca de la embajada de EE.UU. y sus movimientos no podían pasar inadvertidos. Por otro lado, Carrero no complacería al presidente Richard Nixon y al secretario de Estado Henry Kissinger (quién se entrevistó con el almirante el día antes del atentado) porque había sido un duro negociador del acuerdo de renovación de las bases de EE.UU y se oponía a una apertura política.

A pesar de que la implicación de la CIA tiene defensores recientes como Pilar Urbano (El precio del Trono, 2011), ésta se cuestiona al no existir documentos probatorios en los archivos, como muestran las investigaciones del 2011 de Charles Powell (El amigo americano) y Anna Grau (De cómo la CIA eliminó a Carrero), y a los papeles filtrados por Wikileaks. Además, la desaparición de Carrero no beneficiaba per se a Nixon porque el sucesor era desconocido y matarlo podía desestabilizar el país y las relaciones con EE.UU..

¿Un complot en el seno del régimen?

La exoneración de la CIA asocia el éxito terrorista a la incompetencia del Estado y al providencialismo de Carrero (reacio a reforzar su seguridad al dejarla en manos de Dios), pero también a un eventual complot en el seno del régimen para eliminarlo.

La existencia de éste se fundamenta en una inexplicable pasividad al seguir pistas de los terroristas antes del crimen y en que el fin de Carrero fue muy recibido en algunos círculos. Su viuda lo pensó (“lo han matado porque estorbaba”) y el entonces ministro de educación, Julio Rodríguez, reprodujo un gráfico testimonio no identificado: “Ha sido un crimen terrible, horroroso… pero qué a gusto nos hemos quedado sin él”.

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