LAS CONEXIONES ENTRE SERVICIOS DE INTELIGENCIA, GLADIO Y EL TERRORISMO DE ULTRADERECHA EN ALEMANIA

Trailer del film alemán Der blinde fleck (El punto ciego), sobre el atentado de la Oktoberfest de Munich de 1980.

EN ESTE BLOG HEMOS SEGUIDO LAS EXTRAÑAS CIRCUNSTANCIAS QUE EN ALEMANIA RODEARON LA ACCIÓN DEL GRUPO TERRORISTA NEONAZI CLANDESTINIDAD NACIONALSOCIALISTA (Nationalsozialistischer Untergrund, NSU) en diversas entradas (1, 2 y 3). image-282340-thumbflex-pvpy

Portada de Der Spiegel dedicada al NSU en noviembre del 2011.

Por esta razón nos ha parecido de interés reproducir el siguiente artículo publicado por www.eldiario.es (26/IX/2014) de Wolfgang Kaleck, abogado fundador en el 2007 del European Center for Constitutional and Human Rights (ECCHR).

El regreso de Gladio a la luz pública

En el texto adjunto (al que hemos añadido epígrafes), Kaleck reclama una investigación sobre las conexiones que han podido existir entre atentados cometidos por extremistas de derecha, los servicios de inteligencia alemanes y la llamada red Gladio. Esta organización fue articulada por la OTAN para fomentar la lucha contra el comunismo durante la Guerra Fría y desarrolló “redes durmientes” en distintos países a través de los respectivos servicios de espionaje. Éstas se nutrieron en buena medida de extremistas de derecha y sus integrantes fueron dotados de armas, lo que habría vinculado las actividades de “gladiadores” con atentados de los llamados “años del plomo” en Europa occidental. Los lectores interesados en esta cuestión pueden consultar el capítulo que le dedicamos en nuestro estudio La tentación neofascista en España (1998) y la reciente investigación Los ejércitos secretos de la OTAN. La Operación Gladio y el terrorismo en Europa occidental (2010), de Daniele Ganser.

La masacre de la Oktoberfest y Gladio

Kaleck reclama que se investiguen tales vínculos para arrojar luz tanto sobre los crímenes de la NSU, como sobre la masacre que conoció Múnich en la Oktoberfest o fiesta de la cerveza del 26 de septiembre de 1980, con 13 muertos y 200 heridos y cuya autoría pronto fue atribuida por las autoridades a un joven ultraderechista, Gundolf Köhler, fallecido en el atentado. Sin embargo, el origen de la masacre habría radicado en redes de inteligencia alemanas. Cartel-de-la-pelicula-Der-Blin_54399674754_51348736062_224_270 Un film estrenado el pasado mes de enero volvió sobre el atentado y mostró sus numerosos puntos oscuros: El punto ciego (Der Blinde Fleck), del director alemán Daniel Harrichs. La película reconstruye la investigación sobre la masacre del periodista Ulrich Chaussy en su obra Oktoberfest. Consideramos que los ciudadanos tienen derecho a saber si esferas de los cuerpos de seguridad del Estado germano han estado realmente implicadas en tales crímenes  y apoyamos desde aquí las demandas de investigación.

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Atentados de la extrema derecha y servicios secretos: hoy como ayer

La solicitud de reapertura de [la investigación de] los atentados cometidos en los años 80 por grupos neonazis en Alemania es una buena oportunidad para empezar a esclarecer la turbia relación entre estos grupos y los servicios secretos de los Estados.

La relación entre los atentados de la extrema derecha y los servicios secretos es una historia interminable. Baste un ejemplo para mostrarlo: el servicio secreto italiano estuvo directamente involucrado cuando, en el transcurso de una operación secreta de la OTAN denominada Gladio, 17 personas perdieron la vida en Milán en 1969 y otras 85 personas fallecieron en Bolonia en 1980 en atentados perpetrados por la extrema derecha.

Sobre el tema no se sabe nada en concreto. Tampoco en Alemania donde la comisión investigadora del Parlamento de Turingia ha presentado su informe final acerca de las actividades de la denominada Clandestinidad Nacionalsocialista (CNS). El informe contiene, además de una dura crítica a las autoridades de Turingia, una gran cantidad de preguntas abiertas. Estas existen también a nivel federal, sobre todo con relación al papel de los informantes de las Oficinas de Protección de la Constitución en las acciones de la CNS y el conocimiento que tuviesen de ello.

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Imagen del atentado de la Oktoberfest que en 1980 dejó 13 muertos y 200 heridos.

La necesidad de reabrir la investigación

Por ello, el Parlamento federal debe crear una segunda comisión investigadora sobre las actividades de la de la CNS. A ver si los partidos se lo toman realmente tan en serio como afirmaron la primera vez. El juicio contra Beate Zschäpe -integrante del grupo neonazi CNS- ante el Tribunal Superior Regional de Múnich, previsto para el verano de 2015, podría proporcionar una buena ocasión para ello. En vista de los indicios, tanto históricos como actuales, que apuntan a una conexión entre la violencia de extrema derecha y los servicios secretos, así como de una cadena de omisiones que no se explica tan solo por los errores cometidos por personas individuales, no comprendo por qué la solicitud de reabrir el caso del atentado de la Oktoberfest de 1980 recibe tan poca atención pública.

El 26 de septiembre de 1980, durante la Oktoberfest (que se vuelve a celebrar esta semana) explotó una bomba que acabó con la vida de trece personas e hirió a otras 200, a algunas de ellas de gravedad. Se identificó con celeridad a Gundolf Köhler, el radical de extrema derecha que colocó la bomba y que perdió la vida durante el atentado. La policía y el ministerio fiscal abrazaron, de forma igualmente rápida, la hipótesis de la autoría individual. Se trata de un modelo explicativo que se repite cada vez que los radicales de derechas cometen actos de violencia: un caso aislado, grave, sí, pero sin ninguna organización reconocible a sus espaldas, con lo que se descarta la exigencia de consecuencias políticas. El abogado de Múnich Werner Dietrich, representante de las víctimas, trabaja desde hace 29 años para desarmar esta tesis de la autoría individual que, en aquel entonces, defendieron las autoridades judiciales y policiales.

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Portada de Oktoberfest. Un atentado, de Ulrich Chaussy.

Los enigmas de la Oktoberfest

Los autores Ulrich Chaussy y Wolfgang Schorlau, quienes en sus libros Oktoberfest. Un atentado. Como comenzó la represión del terrorismo de derechas y El complot de Múnich se esforzaron por pedir la revisión del atentado, apoyan las tesis del abogado Dietrich. Ya en 1980 hubo indicios de vinculaciones entre el terrorista Köhler y grupos neonazis. Los investigadores -entonces, de la República Federal- no siguieron la pista a estos indicios. De hacerlo, habrían tenido que admitir que el grupo “Wehrsportgruppe Hoffmann” y los grupos vinculados al proveedor de armas Heinz Lembke -que presuntamente se quitó la vida después de haber confesado- o al neonazi Odfried Hepp, existían de verdad. También se ignoraron los testimonios de testigos que señalaban que había más personas en el lugar del atentado. Autoría individual, casualidad, omisiones: hoy como ayer.

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Portada de El complot de Múnich, de Wolfgang Schorlau.

En los últimos años el Ayuntamiento de Múnich y el Parlamento de Baviera también han apoyado la reapertura de las investigaciones. No obstante, aunque se volviera a investigar el caso treinta y cuatro años después, la búsqueda de pruebas se convierte, naturalmente, en algo muy difícil. Sin embargo, esto no justifica no intentarlo y abrir los expedientes que se han mantenido en secreto hasta ahora. Hay muchas razones para esclarecer a nivel judicial y parlamentario tanto el atentado de la Oktoberfest como toda la serie de asesinatos y atentados de la CNS con la mayor firmeza posible.

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