CATALUÑA, EL LABORATORIO POPULISTA DE ESPAÑA

CDC

Artur Mas en el acto en el que expuso su propuesta para efectuar una consulta sobre la independencia.

EL BLOG DE QUALITAT DEMOCRÀTICA DE LA GENERALITAT DE CATALUNYA publicó el 17/VI/2013 un post (al que puede accederse en catalán y castellano) que escribimos sobre nuestro estudio El pueblo contra el parlamento. El nuevo populismo en España, que volvemos a reproducir a continuación.

Consideramos que este análisis permite comprender cómo la situación política catalana obedece a distintas dinámicas que ya diagnosticamos en el libro a inicios del 2013, como refleja la propuesta electoral de Artur Mas.

Además, la tendencia a la baja expuesta de los grandes partidos catalanes entonces constatada ha continuado en las elecciones europeas, cuando el voto a los cinco grandes partidos catalanes (CiU, ERC, PSC, PP e ICV) ha caído al 79.9%: más de una quinta parte de los ciudadanos (20.1%) ha dejado de votarles.

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Aunque la política catalana actual aparentemente se vertebra en torno al eje catalanismo vs. españolismo, con la independencia como cuestión central, la realidad es mucho más compleja y hace del territorio un laboratorio populista para el Estado. Lo consideramos así en función de tres aspectos: la irrupción del populismo; la italianización territorial de España, que ha traído consigo el reciente giro del catalanismo hacia el independentismo, y la confluencia de tensiones de carácter muy diverso.

A continuación apuntamos estos tres temas, sobradamente desarrollados en el estudio El pueblo contra el Parlamento.

1. La irrupción del populismo

Desde hace una década, las cinco grandes formaciones catalanas (CiU, ERC, PSC, ICV-EUiA y PP) no dejan de perder apoyo  en las urnas en términos globales en los comicios municipales y autonómicos ante otras opciones políticas, como ha testimoniado la irrupción institucional de Ciutadans, la CUP, SI y la PxC.

Si hacemos un cómputo de votos global desde las elecciones locales de 2003 (cuando empezó este proceso), las cifras son suficientemente elocuentes: la adhesión a las opciones alternativas a los grandes partidos pasa del 7,6% de los sufragios al 18,4%.

EVOLUCIÓN DEL VOTO GLOBAL A LOS PARTIDOS TRADICIONALES (CiU, PSC, PP, ERC, ICV) Y A OTRAS OPCIONES (2003-2012)
AÑO ELECCIONES VOTO A LOS CINCO GRANDES PARTIDOS (%) VOTOS A OTRAS OPCIONES (%)
2003 Locales 92,4 7,6
2003 Autonómicas 97,4 2,6
2006 Autonómicas 92.4 7,6
2007 Locales 87,7 12,3
2010 Autonómicas 83,3 16,7
2011 Locales 82,1 17,9
2012 Autonómicas 81,6 18,4

Los actores emergentes son formaciones populistas que rechazan la etiqueta “partido” para asumir, en cambio, lemas inclusivos, transversales y que apelan a valores: Ciudadanos, Plataforma, Solidaridad Catalana por la Independencia, Candidatura de Unidad Popular. A la vez, aspiran a presentarse como expresión de movimientos cívicos (en buena medida, se presentan como “partidos-anti partido”) y articulan sus discursos por medio de dos banderas: la protesta contra el establishment, y la defensa de una identidad amenazada (ya sea ésta catalana, española o “autóctona” ante la inmigración).

Son formaciones populistas en la medida en que aspiran a una gran movilización social ante unas élites percibidas como lejanas o que se han convertido en una oligarquía (“casta”) que, pretendidamente, han secuestrado —o cuando menos, limitan— los derechos ciudadanos. Se impone, pues, una movilización que acorte la distancia entre representados y representantes políticos.

Cataluña es el lugar de España donde este fenómeno se ha producido primero y desde aquí ha empezado a expandirse a otros territorios, tal y como lo manifiestan siglas como Unión y Progreso y Democracia (UPyD), ocupando el centro del espectro político, y otras siglas que ocupan la periferia: ForoAsturias, Alternativa Galega de Esquerda (AGE), Bildu, España 2000 y Compromiso en Valencia, o la Unión Cordobesa (UCOR), liderada por el empresario Rafael Gómez. El Principado se revela, de esta forma, como el laboratorio político del Estado.

En este marco, el plebiscito por la independencia no se puede separar de las tendencias populistas, en la medida en que sacraliza la democracia plebiscitaria. En consecuencia, disfruta de un amplio consenso catalanista porque asocia la política institucional y la de la calle, que reclama una expresión directa de la voluntad popular y no mediatizada por partidos o instituciones.

2. La italianización territorial

A la par, la mutación de un amplio sector catalanista en independentista plantea en España un problema similar al que ha conocido Italia para articular territorialmente el norte, el centro y el sur.

Si a principios del siglo XX Milán, la capital económica del país, dio a luz al fascismo y éste, instalado en el poder desde 1922, ensayó una modernización autoritaria y nacionalista del país que acabó fracasando, Barcelona generó, a su vez, un fenómeno similar. Así, en 1923 alumbró la primera dictadura militar de Miguel Primo de Rivera, que ensayó igualmente una modernización autoritaria y nacionalista fallida.

Estas tensiones norte-sur plasmadas en la rivalidad Milán-Roma perduraron y se volvieron a manifestar a finales del siglo XX, cuando emergió la Lega Nord, pero en sentido inverso al precedente: dado que un sector no despreciable del norte de Italia no veía solución a la ineficiencia del Estado, se conformó entonces un separatismo “padano” (en alusión al Valle del Po) que preconizó la independencia del norte del país. El líder de la Lega, Umberto Bossi, clamó contra Roma “la ladrona” y contra el “sur asistido”. En Cataluña se ha producido un fenómeno de ruptura similar, pero no homologable en términos ideológicos, dado que el catalanismo no se puede asimilar al discurso de la Lega.

Lega En Cataluña se ha producido un fenómeno de ruptura similar al encarnado por la Lega en Italia, pero no homologable ideológicamente.

El resultado es que España —como Italia— ha entrado en una espiral de tensiones crecientes entre norte, centro y sur. El protagonismo que ha alcanzado al presidente extremeño José Antonio Monago por  su discurso antiseparatista es un gráfico indicador de ello, como  lo serían las declaraciones polémicas de Josep Antoni Duran Lleida sobre el PER en las elecciones catalanas de 2011, cuando  afirmó que “en otros lugares de España, con lo que damos nosotros [los catalanes] de aportación conjunta al Estado, reciben un PER  para pasarse una mañana o toda la jornada en el bar del pueblo”.

El estallido de la “cuestión septentrional” que representa el independentismo catalán en España y su denuncia de un déficit fiscal (o “espolio”) es inseparable, pues, de una creciente “cuestión meridional” que sólo ahora empieza a ser visible.

3. Una confluencia inédita de tensiones

Finalmente, Cataluña conforma hoy un microcosmos populista por razones que ya hemos apuntado y por muchas otras, que podemos resumir en cinco:

* Es donde se ha producido una erosión más acentuada de los grandes partidos y donde han aparecido más actores políticos nuevos.

* Es donde se reproducen, a pequeña escala y en registros diferentes, fenómenos y conflictos europeos, como la irrupción de tendencias islamófobas visibles en diversos países (notablemente en Holanda), polémicas lingüísticas como la que ha conocido Bélgica entre flamencos y valones, o un separatismo plebiscitario como el escocés.

* Es donde se ha desarrollado un populismo plebiscitario más copioso, expresado tanto a través de las consultas populares por la independencia (2009-2011) como por el ascenso de la CUP (una formación asamblearia y sin líderes), el movimiento de los indignados del 15 de mayo de 2011 [15-M] o la creación de entidades alternativas a las institucionales, como la Asamblea Nacional Catalana, cuya denominación la dibuja como un parlamento alternativo al oficial.

* Es donde se ha generalizado la cultura de insumisión cívica, tanto fomentada desde las instituciones (como manifestó el llamamiento de las autoridades catalanas a adherir el distintivo “Cat” en la matrícula) como espontánea (así lo reflejó la oposición a pagar peajes en las autopistas). Además, cuenta con dos arraigadas culturas anti estadistas de larga tradición: una nacionalista catalana y otra libertaria.

* La capital, Barcelona, disfruta de una larga tradición de movilizaciones ciudadanas que en el siglo XXI se ha manifestado de nuevo en las movilizaciones contra la guerra de Irak, el 15-M o las grandes manifestaciones de afirmación catalanista, como fue la contraria a la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto en julio de 2010 [10-J] o la independentista del 11 de septiembre de 2012.

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Portada de El pueblo contra el parlamento.

Conclusión: un escenario propenso a la conflictividad

Consideramos que todo el expuesto convierte a Cataluña en un territorio muy favorable al estallido de conflictos políticos, sociales y territoriales, algunos de los cuales ya se han empezado a visualizar, y que pueden alcanzar una virulencia imprevisible.

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