BLAS PIÑAR: ¿FUE MÁS FRANQUISTA QUE FRANCO?

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Imagen, durante un mitin en Valladolid en 1975 (foto de ABC).

CUANDO HA TRANSCURRIDO POCO MÁS DE UN AÑO DEL FALLECIMIENTO DE BLAS PIÑAR, se echa en falta un análisis de la relevancia política que tuvo este líder de la ultraderecha, especialmente en relación a la ultraderecha. Por esta razón, nos ha parecido interesante hacer un balance de su importancia.*

La política de la nostalgia

“La Guerra Civil de España fue […] una Cruzada miedo la Fe, quizá la última Cruzada de la Historia”, afirmó el 20-N del 2000. Y es que este notario fue el gran defensor político de aquella victoria hasta su traspaso el 28 de enero del 2014, a los 95 años de edad. En este sentido, manifestó una defensa radical del franquismo que ocasionalmente fue más allá del que quería el propio Franco. Incluso el dictador le desautorizó en tal aspecto en enero de 1972, como Piñar narró a sus memorias Escrito para la historia.

Entonces participó en un acto en Barcelona para conmemorar su ocupación el 1939 y el dictador le dijo que “era un momento de moderación”, borró la audiencia que le concedió del comunicado de visitas recibidas dirigido a la prensa y “hasta soltó uno ‘taco’”. Visto el episodio, hay que plantear la importancia que tuvo este franquismo radical de Piñar, pues su ideario marcó la evolución de la ultraderecha desde los años sesenta hasta hoy.

El peso de la Guerra Civil

Piñar destacó al liderar Fuerza Nueva [FN], un “movimiento político nacionalista y cristiano” creado el 1966 para afrontar tres revoluciones, “la liberal, la marxista y la erótica”, y editó una revista homónima de especial eco en círculos militares. Su dirigente contempló la política como una cruzada permanente contra la “anti-España” que conoció en su juventud.

Nacido en Toledo el 1918, fue hijo de un militar que luchó en el Marruecos. De joven se vinculó a Acción Católica y fue muy próximo a Falange (su esposa, Mª de Carmen Gutiérrez, fundó la Sección Femenina local). Al estallar la guerra su padre defendió el Alcázar y Piñar se refugió a las embajadas de Finlandia y Paraguay en Madrid. En 1939, integrado en la “quinta columna”, participó al asalto de la emisora de la Marina de la Ciudad Lineal. En la postguerra hizo carrera notarial y fue activo en el publicismo católico (le influyó el jesuita José Mª Llanos antes de su giro comunista).

Según afirmó, sus referentes fueron José Antonio Primo de Rivera; Corneliu Zelea Codreanu, líder de la Guardia de Hierro rumana (que configuró un fascismo católico singular); y Antonio Rivera, joven dedicado al apostolado seglar que murió al asedio del Alcázar en 1936 al querer recuperar una ametralladora (junto a Jaime Milans de Bosch, futuro protagonista del 23-F de 1981). Piñar conoció a Rivera y presidió el primer secretariado para beatificarle. Con tales perspectivas conformó un poso fascista de matriz ultracatólica y carácter rural.

Las razones del fracaso

Al morir Franco el 1975, la ultraderecha fue incapaz de concurrir unida a las elecciones. FN se convirtió en un partido y Piñar en su líder carismático. Si bien en los comicios de 1977 sólo obtuvo 65.000 votos, en los de 1979 logró 379.463 (2.1%) y un escaño. Aun así, la formación no cuajó y se disolvió el 20-N de 1982 por sus malos resultados electorales (108.564 votos). Sin embargo, Piñar la reavivó como Frente Nacional en 1986, bajo el impacto del gran ascenso del Frente National de Jean-Marie Le Pen en los comicios europeos del 1984 (11% de los sufragios). Sin embargo, el FN se estrelló también en las urnas y fue disuelto el 1994.

Imágenes de Blas Piñar y Fuerza Nueva durante la Transición emitidas por Intereconomía.

El fracaso de FN obedeció a una suma de factores. En primer lugar, porque política y religión fueron inseparables (Piñar contempló sus partidos “a la manera de las órdenes religioso-militantes de la Edad Media”). En segundo lugar, articuló su ideario sobre la fidelidad a los ideales del 18 de julio y a la obra de Franco, algo que sintonizaba poco con el España de los años setenta y ochenta. Según Piñar, Le Pen le alertó sin éxito en este aspecto: “debíamos marginar el recuerdo y la obra de Franco”, le dijo. En tercer lugar, FN nunca elaboró un programa, no consolidó una organización, ni desarrolló una táctica y estrategia claras, lo que comportó una importante indefinición: ¿Era un “partido de orden” o “antisistema”? La consecuencia fue que la formación quedó asociada a actos violentos y perdió votos en beneficio de la AP de Manuel Fraga. Finalmente, FN no fue el “piedra angular” de su ámbito político, que ha continuado fragmentado hasta hoy.

Un espejo de fortalezas y debilidades de este sector

En general, Piñar y su legado hipotecaron la modernización ideológica de su espacio ideológico, tanto por el peso de la nostalgia (inherente a su guerracivilismo y neofranquismo), como por su ultracatolicismo y exaltación de la Hispanidad, que dificultaron la eclosión de mensajes xenófobos (al comportar una cosmovisión igualitaria y el hermanamiento con América latina). Su liderazgo, pues, encarnó a la vez las fortalezas y debilidades de este sector político y su influjo no es menospreciable en la actualidad, cuando este sector no ha conocido un dirigente capaz de agrupar a sus distintos sectores.

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* Las tesis de este artículo fueron publicadas en el diario catalán Ara (7/II/2014).

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