EL DEBATE RECURRENTE: LA ILEGALIZACIÓN DE LOS NEONAZIS ALEMANES

invasioPropaganda del NPD contra una supuesta invasión migratoria que debe frenarse.

¿DEBEN ILEGALIZARSE LOS PARTIDOS DE EXTREMA DERECHA? Este es un debate recurrente en Europa occidental y este mes de mayo se ha vuelto a plantear de nuevo en Alemania con el neonazi Partido Nacional Democrático de Alemania [NPD, Nationaldemokratische Partei Deutschlands], fundado en 1964.

Esta formación no está presente en el parlamento federal, pero si en el europeo, ya que en los comicios del pasado año supero los 300.000 sufragios y obtuvo un escaño.

Un debate circular y arriesgado para el Estado

Recordemos, en este sentido, que la última controversia sobre la conveniencia de ilegalizar a este partido tuvo lugar en el 2013 y previamente en el 2003. El problema es que no hay criterios claros sobre cuál es el mejor camino a seguir ante este tipo de formaciones en el marco de una democracia. En este blog hemos publicado una entrada al respecto, analizando las distintas opciones que se han configurado desde los años ochenta.

De hecho, el NPD habría estado notablemente tutelado por los servicios de información, como se constató en el 2003, pues durante el proceso para ilegalizarlo, “el Tribunal pudo establecer que la Oficina para la Protección de la Constitución, servicios de inteligencia internos, tenía infiltrados a al menos 30 de los 200 miembros de la cúpula del partido, lo que daba la impresión de que estaba controlado precisamente por aquellos interesados en prohibirlo”.

CD-NPD-

CD obsequiado por el NPD desde 2004 a menores de 18 años hasta que fue prohibido en el 2013.

Esta situación posiblemente indica que a los cuerpos de seguridad, por razones prácticas, les interesa mantener una formación legal de este espectro ideológico, con el fin de valorar su fuerza en las urnas y efectuar un seguimiento que sería mucho más difícil de llevar a cabo en un grupo clandestino.

En cualquier caso, en el 2011 el presidente de la comisión parlamentaria germana para asuntos de Interior, Wolfgang Bosbach, hizo esta incisiva observación sobre los riesgos que entraña el debate reiterado sobre la prohibición de un partido sin llevarla finalmente a cabo:  “Si comenzamos a pedir la prohibición del NPD con cada vez mayor frecuencia y dicha prohibición no se consuma, el Estado termina dando la impresión de ser impotente”.

El debate -lejos de estar zanjado- continúa, como muestra la información que reproducimos de La Vanguardia, elaborada por su corresponsal en Berlín, Maria-Paz López (16/V/2015).

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El espectro neonazi

Los länder de Alemania presentan nuevas pruebas al Tribunal Constitucional para que ilegalice el partido NPD | Los estados federados ven en el programa del NPD ideas del “nacionalsocialismo histórico alemán”

Sus siglas rezan NPD (Partido Nacionaldemocrático de Alemania), su lema es “Trabajo, familia, patria”, tiene 330 concejales en ayuntamientos y cinco diputados en el parlamento regional de Mecklemburgo-Antepomerania, y en 2014 logró un eurodiputado. Las instituciones públicas, los demás partidos políticos, y la mayor parte de la sociedad, detestan –o como mínimo miran con descon­fianza– a esta formación de extrema derecha, fundada en 1964, cuyos postulados les recuerdan demasiado a los vigentes en tiempos nefastos de la historia contemporánea del país. Su eurodiputado y rostro más conocido, Udo Voigt, dijo en 2004 que Adolf Hitler fue, “sin lugar a dudas, un gran estadista alemán”.

Aunque hay controversia sobre la conveniencia de tan drástica medida, muchas voces en Alemania reclaman hace años la ilegalización de un partido que consideran claramente neonazi. El pasado miércoles, los dieciséis estados federados alemanes presentaron ante el Tribunal Constitucional Federal, con sede en Karlsruhe, cientos de pruebas para apoyar su petición de que el NPD sea declarado inconstitucional. El plazo para la entrega vencía ayer viernes, y el TC, con sede en Karlsruhe, en el land occidental de Baden Württemberg, tomará una decisión al respecto cuando lo juzgue oportuno.

NPD

 Polémica propaganda del NPD: Udo Voigt con el lema “Gas geben” (dar gas), considerado una alusión al genocidio cometido con los judíos.

“Tenemos la gran esperanza de que sea prohibido”, dijo Holger Stahlknecht, ministro de Interior del land de Sajonia, en cuyo parlamento regional tenía el NPD representación hasta el año pasado, en que la perdió en las urnas. En 2003 hubo ya un intento de prohibir el partido, pero fracasó porque había gran cantidad de infiltrados de los servicios secretos y fuerzas de seguridad en el NPD. Los jueces de Karlsruhe estimaron que esos ­infiltrados podían haber alterado las pruebas presentadas en contra del partido, pruebas que por lo tanto carecían de valor jurídico.

Por ello, las ocho cajas entregadas al TC el miércoles por los länder contienen cientos de pruebas nuevas que, a juicio de los impulsores de la prohibición, demuestran “una actitud agresiva y combativa contra el orden existente” por parte del NPD, tal como les reclamó el Tribunal Constitucional. Los jueces constitucionales también pusieron como condi­ción la retirada de todos los informantes de las fuerzas de seguridad infiltrados en el partido. Esos requisitos fueron indicados por el TC cuando, a finales de 2013, el Bundesrat (es decir, la Cámara Alta, que representa a los länder) presentó una nueva solicitud para ilegalizar el partido, alegando que el programa político y la vi­sión del NPD “son en parte iguales a las doctrinas del nacionalsocialismo alemán histórico”.

La Constitución alemana de 1949 estipula en su artículo 21, punto 2, que “los partidos que, en virtud de sus objetivos o del comportamiento de sus afiliados, se propongan menoscabar o eliminar el orden básico democrático y liberal, o poner en peligro la existencia de la República Federal de Alemania, son inconstitucionales”. Para verificar si ese es el caso del NPD, el Tribunal Constitu­cional espera de los denunciantes “evidencias concretas” de vulneración de principios que figuran en la Constitución, como la soberanía popular, el Estado de derecho o la separación de poderes. La vulnerarían, por ejemplo, comentarios racistas o demandas de abolición de la democracia.

La posible ilegalización de este partido provoca brechas en la clase política alemana. La condena al NPD es casi unánime; Steffen Seibert, portavoz de la canciller, la democristiana Angela Merkel, afirmó hace un año que el NPD “es un partido antidemocrático, xenófobo, antisemita e inconstitucional”. Sin embargo, muchos se oponen a su prohibición por temer que eso lo radicalizaría más, y dificultaría el escrutinio de sus actividades. Quienes están a favor de su ilegalización, sostienen que prohibirlo permitiría frenar su financiación con dinero del contribuyente alemán. Por ley, el NPD recibe más de un millón de euros públicos al año.

Manifestantes

Seguidores del NPD manifestándose contra su intento de prohibición en el 2013 (imagen de www.informador.com)

Aunque tuvo problemas con la justicia por su loa a Hitler, el ahora eurodiputado Udo Voigt, que dirigió la formación entre 1996 y 2011, logró triplicar la militancia, y pulió la imagen pública del partido al exigir a los skin heads que se comportaran mejor. Pero el propio ­Voigt, de 63 años, no pudo resistirse a protagonizar un polémico cartel electoral: se le veía en moto con el lema “Gas geben”, es decir, acelerar, pero literalmente dar gas, lo cual indignó como una burla al exterminio de judíos en las cámaras de gas nazis.

Contra albergues de refugiados

De los siete mil alemanes afiliados a formaciones de extrema derecha, la mayoría (5.500) están en el NPD. Este partido –que nunca ha logrado entrar en el Bundestag, el parlamento federal– se autodefine como “una fuerza patriótica”, y en su página web niega defender ideas xenófobas, racistas, antisemitas y revisionistas. Pero de un modo u otro está siempre cerca cuando en algún lugar arde un albergue destinado a alojar a refugiados; y en su entorno revolotean grupúsculos neonazis, algunos de ellos violentos. El pasado 8 de mayo, cuando se cumplían 70 años de la capitulación de la Alemania nazi, el NPD dijo abiertamente: “No tenemos nada que celebrar”.

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