LA ULTRADERECHA CONTRA LA GLOBALIZACIÓN*

Imagne reportatgeLa ultraderecha actual, un movimiento contra la globalización (imagen de la revista Blanquerna).

EL PASADO MES DE MARZO EL FRENTE NACIONAL [FN], liderado por Marine Le Pen, alcanzó un apoyo elevado en los comicios departamentales: el 25% de los votos en la primera vuelta y el 22% en la segunda. Este ascenso plantea una cuestión importante: ¿Por qué crece la extrema derecha?

¿La crisis hace crecer la extrema derecha?

La respuesta a la pregunta ha generado un alud informativo, sobre todo desde las elecciones europeas del 2014, que ha codificado un mensaje erróneo al apuntar a la crisis y al paro como vectores de su impulso.

En este sentido, aquellos comicios demostraron lo contrario porque la extrema derecha fue marginal en los países “rescatados” (España, Portugal, Irlanda y Chipre), excepto Grecia. Aquí Alba Dorada [AD] (9.3%) y Griegos Independientes [ANEL] (3.4%) sumaron el 12.7% de votos, cifra importante pero modesta dada la situación helénica. Paradójicamente, sus formaciones obtuvieron los mejores resultados en países “ricos”, como acreditaron el Partido de la Independencia del Reino Unido (26.7%), el Partit Popular de Dinamarca (26.6%), el FN (24.8%) o el Partido de la Libertad de Austria (19.7%). Es erróneo, pues, asociar mecánicamente crisis y ascenso ultraderechista. ¿A qué factores, pues, obedece este último?

Cinco fracturas clave

En realidad responde a dinámicas interrelacionadas. El politólogo Pascal Perrineau, en su ensayo La France au Front (2014), explica el crecimiento del FN en función de cinco “fracturas” que apuntamos a continuación porque consideramos que se pueden extrapolar en buena medida al conjunto de este espectro ideológico.

La fractura económica. La Europa en crisis y afectada por la globalización opone a “perdedores de la mundialización” y a quienes se benefician de ella.

Franceaufront

Perrineau expone en este ensayo cinco fracturas decisivas para comprender el crecimiento de la ultraderecha.

La fractura en torno a una sociedad abierta o cerrada. Opone a quienes quieren ampliar el movimiento de apertura internacional de la sociedad y a quien quiere retornar a orientaciones nacionales y proteccionistas. No solo en el plano económico (apertura a los mercados), sino también en el político (integración a la UE) o social (limitación de la inmigración).

La fractura cultural. Opone a partidarios de avanzar en el “liberalismo cultural” (las normas y valores hedonistas y antiautoritarios surgidos desde el mayo de 1968) y los que desean retornar a valores tradicionales de orden y seguridad. Sin embargo, ello no impide que los partidos ultraderechistas sean tolerantes con valores como el “liberalismo cultural” en la esfera privada, como la libertad sexual, el laicismo o el aborto.

La fractura geográfica. Contrapone urbes dinámicas insertas en circuitos internacionales con periferias de ciudades medianas o pequeñas excluidas de esta economía. La derecha populista arraiga en zonas que han sufrido una desindustrialización y se han convertido en periféricas.

La fractura política. Crea dos grandes polos: el de aquellos que defienden “culturas de gobierno” y el de aquellos que apuestan por “culturas antisistema” y nutren las filas populistas.

La importancia de la Islamofobia

La aproximación a los factores que facilitan el crecimiento de la ultraderecha sería incompleta sin tener en cuenta que el rechazo al Islam (denunciado como una religión de conquista) es actualmente un componente cada vez más relevante de su discurso. El origen de este hecho radica en el impacto del atentado cometido por al-Qaeda en Nueva York en el 2001, que despertó grandes recelos hacia los musulmanes. Además, este rechazo al Islam, señala el politólogo José Pedro Zúquete, está asociado a la creencia de que Europa conoce una “decadencia” que la extrema derecha quiere impedir.

Islamofobia

La islamofobia es un componente de la ultraderecha.

¿Por qué es relevante esta islamofobia? Porque permite captar a un electorado ideológicamente transversal, al atraer a sectores ultraderechistas y a colectivos como feministas y homosexuales que asocian el Islam a un retroceso del laicismo y de los derechos civiles. Así, la ultraderecha ha hecho un “giro liberal” y ahora se dirige a una audiencia tradicionalmente adscrita a un universo de izquierdas.

Una antiglobalización de derecha

En definitiva, entenderemos el ascenso de la extrema derecha si la consideramos un movimiento antiglobalización, aunque este ámbito ideológico no es define como tal. Sus partidos enarbolan la bandera de la “identidad nacional” y la protesta contra el establishment: se oponen a flujos migratorios o deslocalizaciones; denuncian la pérdida de soberanía en beneficio de organismos supraestatales o elites lejanas y afirman que la identidad peligra antes etnias o culturas foráneas. Este cúmulo de factores hacen que este sector político gane una centralidad inquietante: este ano la revista Time ha incluido por segunda vez a Marine Le Pen entre los cien líderes políticos más influyentes.

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* Este artículo ha sido publicado originalmente en catalán La revista de Blanquerna-URL, 33 (junio de 2015), pp. 14-15. Puede descargarse íntegramente aquí la versión original Opinio – XCM- Blanquerna

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