LA ULTRADERECHA DANESA SE CONVIERTE EN UN ACTOR POLÍTICO DECISIVO

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EL DF denuncia la supuesta amenaza musulmana.

LAS ELECCIONES LEGISLATIVAS DANESAS HAN OTORGADO UN PODER EXTRAORDINARIO AL PARTIDO POPULAR DE DINAMARCA, el Dansk Folkeparti [DF], que ha obtenido el 21.1% de los votos y 37 de los 179 escaños en liza. Sin embargo, el aspecto más importante de su crecimiento es que la aritmética parlamentaria le confiere un papel arbitral decisivo en el bloque de la derecha y le permitirá condicionar al nuevo ejecutivo.

La crónica de Pedro Poza Maupain publicada en El Mundo (19/VI/2015), que reproducimos a continuación, describe la situación política creada y, sobre todo, subraya el giro social que ha efectuado este partido.

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Un partido anti-inmigración y anti-UE llevará las riendas de Dinamarca

El nuevo primer ministro de Dinamarca será un liberal, Lars Løkke Rasmussen, pero el nuevo jefe de Gobierno, el verdadero jefe de Gobierno, será un nacionalista, Kristian Thulesen Dahl, que recela sobremanera tanto de la Unión Europea (UE) como de la inmigración, y que quizá ni siquiera necesite formar parte del Ejecutivo para detentar el poder.

El Partido Popular Danés (DF) de Thulesen Dahl obtuvo el 21,1% de los votos en las legislativas del jueves, con lo cual resultó la formación más votada del ganador bloque de centro-derecha (los liberales lograron el 19,5%), superada sólo en el total por los socialdemócratas de la primera ministra saliente, Helle Thorning-Schmidt, que alcanzaron el 26,3%. Se trata de la primera vez que el DF supera el 20%, aunque en las pasadas europeas, con una participación bastante menor, llegó hasta un 26%.

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Propaganda antieuropeista del DF.

Løkke formará probablemente un Ejecutivo exclusivamente liberal, o quizá con conservadores o ultraliberales como socios menores, pero estará en minoría y necesitará a Thulesen Dahl para formar mayorías. El líder del DF prefiere no formar parte del Gobierno. Estima que, de ese modo, su poder es el mismo y así además evita el desgaste ante los electores: “Preferimos influir y que otros ocupen los cargos, a ocupar los cargos y que otros dicten nuestra política”. Quedar por encima de los liberales, sin embargo, podría ser un factor de presión para que entre en el Ejecutivo. Un Gobierno monopartidista con sólo el 19,5% de los votantes tras él corre riesgo de que se cuestione su legitimidad moral.

Pragmatismo

En cualquier caso, Løkke deberá plegarse a la voluntad de Thulesen Dahl. Si no le complace, éste no dudaría en aliarse con la izquierda para sacar adelante su programa. Al fin y al cabo, es un pragmático que en la recién acabada legislatura ha colaborado incluso con la extrema izquierda y que tiene más en común, en lo que al estado de bienestar se refiere, con el denominado bloque rojo que con el de Løkke.

La clave del crecimiento electoral del DF es que ahora, además de por su tradicional postura antiinmigración y anti-UE, buena parte de los votantes también lo identifican como defensor de los sectores más vulnerables de la sociedad: ancianos, desempleados, enfermos, trabajadores no cualificados… Como defensor, en suma, del estado de bienestar. Más aún, de un estado de bienestar de y para los daneses.

Løkke se verá obligado a adoptar políticas prácticamente dictadas por el DF. Para empezar, un endurecimiento de las leyes de inmigración, aunque precisamente en ese área las diferencias entre liberales y nacionalistas (e incluso socialdemócratas) son hoy en día mínimas.

Más problemático resultará para Løkke tener que renunciar tanto a un descenso de los impuestos como al mencionado “crecimiento cero” del sector público. Thulesen Dahl prefiere invertir en el estado de bienestar, o sea, que crezca el gasto público. Y lo dejó perfectamente claro durante la campaña electoral: “Los liberales saben bien que, con nosotros, el crecimiento cero no es ni siquiera una opción”.

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