CATALUÑA: ¿POLÍTICA SIN POLÍTICOS?*

27-eleccionsLa confección de una lista unitaria independentista ha abierto la posibilidad de crear candidaturas sin políticos en activo. 

EL DEBATE SOBRE UNA LISTA INDEPENDENTISTA UNITARIA Y SIN POLÍTICOS EN ACTIVO ha sido un hito en la desintegración del sistema político catalán surgido de la Transición y ha evidenciado de nuevo una realidad que pasa desapercibida: Catalunya es el laboratorio político de España. Lo consideramos así porque crea dinámicas propias que exporta al resto del Estado, como reflejó la emulación de su nuevo Estatut aprobado el 2006 por otras autonomías. Pero no se percibe de forma tan diáfana que aquí fue donde primero se plasmó la nueva política, al irrumpir nuevos partidos, y ahora asistimos a un fenómeno innovador: la colonización de la política por la sociedad civil. Ambos procesos forman parte de un desguace de la vieja política cada vez más rápido. Veámoslo.

Catalunya fue el primer lugar donde la desafección hacia las grandes formaciones se tradujo en una pérdida creciente de apoyos. Si en las elecciones locales del 2003 el voto a otros partidos distintos a los cinco tradicionales (CiU, PSC, ERC, ICV y PP) fue del 7,6%, en las últimas fue ya un 25,8%. El resultado ha sido la sucesión de rótulos nuevos desde el 2003: la CUP, Plataforma per Catalunya, Reagrupament, Solidaritat Catalana per la Independència, Ciutadans o Guanyem. Pese a sus diferencias ideológicas, las nuevas opciones comparten tres grandes rasgos. En primer lugar, articulan sus propuestas en torno a la identidad (catalana, española o autóctona ante la inmigración) y la denuncia de la política tradicional. De este modo, hacen bandera de la regeneración democrática frente a una clase política supuestamente oligárquica (la casta) y llaman a la rebelión ciudadana.

En segundo lugar, y en consonancia con lo anterior, quieren ser el reflejo de una sociedad civil que desea instaurar una democracia real. De ahí que sus líderes sean outsiders (Josep Anglada, Albert Rivera, Joan Laporta, Ada Colau) o asuman una gestión colectiva (CUP), mientras sus nombres aluden a apiñamientos (ciudadanos, plataforma), valores (solidaridad, unidad popular) o determinación de acción colectiva (podemos, ganemos, construyamos). En tercer lugar, internet es clave al articular una organización virtual del partido (ahorrando la costosa burocracia) y proyectar la democracia participativa que se reclama, pues la red facilita una participación masiva, directa e instantánea.

El control de la ‘subpolítica’

Esta nueva política catalana se ha expandido al resto de España, como testimonian UPD, Foro Asturias Ciudadano, Compromís, Equo, Bildu, Alternativa Galega d’Esquerda (presentada como la Syriza gallega), Podemos o la conversión de C’s en partido estatal. La emergencia de estas fuerzas en Catalunya ha estado asociada a un hecho insólito: la agenda política ya no logran controlarla los partidos ni el Gobierno, sino lo que el politólogo alemán Ulrich Beck define como «subpolítica»: la política ejercida desde abajo por colectivos sociales, desde entidades a grupos de expertos. En consecuencia se suceden iniciativas desde abajo impulsadas por dos motores: la exigencia de democracia plebiscitaria (de ahí la centralidad de la consulta independentista) e insurrección civil.

Este reclamo de democracia fue visible en el movimiento de los indignados surgido el 2011 y en las consultas locales sobre la independencia (convocadas entre el 2009 y el 2011). A la vez, la protesta antiestablishment abarca ámbitos muy distintos, como acreditan la creación de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) en el 2009, las campañas contra el pago de peajes de las autopista en el 2012 o la reacción al desalojo de Can Vies del 2014.

Esta importancia creciente de la subpolítica ha impulsado nuevos liderazgos civiles de gran proyección, como ilustran Laporta, Colau, Santiago Vidal, Arcadi Oliveres, Teresa Forcades, Carme Forcadell, Muriel Casals o Lucía Caram. La cristalización de estos liderazgos había discurrido de forma paralela a la de la nueva política (salvo la breve incursión efectuada por Laporta en el 2010), hasta que las últimas elecciones locales iniciaron su confluencia con la política institucional, siendo el caso de Ada Colau el más vistoso.

En este marco, los próximos comicios catalanes han puesto el turbo a esta tendencia, ya que el centro del debate no ha sido en qué grado se debía sumar figuras de la sociedad civil a candidaturas, sino si se debía reemplazar a políticos profesionales por ciudadanos notorios. El laboratorio catalán, pues, ha puesto en circulación otro producto nuevo de consecuencias imprevisibles: política sin políticos, lo que garantiza una demolición sin precedentes de la vieja política. Finalmente, la propuesta ha capotado, pero ha estado a punto de poner fin a la carrera de Artur Mas y los liderazgos civiles han obtenido la primacía en la lista conjunta de CiU y ERC.

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* Este artículo se publicó originalmente en El Periódico (20/VII/2015).

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