LA ULTRADERECHA ANTE EL 12-O: VUELVE EL TEMOR AL “TROCEAMIENTO” DE ESPAÑA

reconquista de EspañaCartel de Coalición Nacional convocando a la manifestación del 12-O en Barcelona.

DE LAS DIVERSAS CONVOCATORIAS QUE ESTE AÑO SE ORGANIZAN EN BARCELONA EL 12-O nos ha llamado la atención este cartel de Coalición Nacional por su lema: “Nueva reconquista para defender nuestro futuro”. La consigan escogida implica que una parte de España, en este caso Cataluña, ya no está en manos de quienes son considerados genuinos españoles y, en consecuencia, se impone “reconquistarla”.

El temor al “troceamiento” de España

En realidad, este discurso no es nuevo, pues el pánico al “troceamiento” de España tiene más de un siglo de existencia y remite, sobre todo, a la crisis que tuvo lugar en 1898, en la medida que el catalanismo surgió afirmándose ante un nacionalismo español aparentemente fracasado. Las concomitancias entre el pasado y el presente (cuando ha tenido lugar la gran crisis del 2008) se advierten en este exhorto de 1899 del dramaturgo catalán Àngel Guimerà a alejarse de una España que se hunde:

Pensamos que [España] es un barco podrido y abierto por todas partes y no tenemos nosotros la culpa […] de que se hunda […]. Y ya que las naciones forasteras se preparan para tirarse encima, siguiendo al barco como tiburones, […] preparémonos también nosotros que vamos en su interior para salvarnos cuando se estrelle contra los bajos de la costa.

Tales soflamas merecieron reprensiones similares a las actuales, como refleja la que formuló en octubre de 1898 el líder conservador en Cataluña, Josep Planas Casals, reproducidas en octubre de aquel año en La Vanguardia:

Espíritus indoctos y exaltados quieren la autonomía absoluta para Cataluña: aún más, la independencia del poder central; aspiración utópica, porque Cataluña necesita de las demás provincias.

 Además, todo tiende en la época presente a la formación de grandes nacionalidades, soñando, aún los más importantes Estados, con engrandecerse, adquiriendo dominios coloniales.

Pero hay caracteres insensatos que todavía van más allá y se muestran partidarios de la separación, renegando de la patria común.

Éstos afortunadamente son pocos.

Los verdaderos catalanes son al propio tiempo buenos españoles.

En tales discursos subyacía el temor a la división de España, que emergió con fuerza en 1898, pues la pérdida de las colonias instaló en sectores políticos y militares el temor a que el regionalismo hiciera de Cataluña una “segunda Cuba”. Y en febrero de 1906 la publicación castrense El Ejército Español consideró que para acabar con el problema catalán se debía recurrir a una política de mano dura: “por no atacar el mal desde el principio, sufrimos en 1898 el desastre que padecimos […]. ¡Pan y Palo! He aquí la política que aconsejamos, seguros de sus buenos resultados”.

España abandonadaEspaña abandonada por las potencias europeas ante la crisis de Cuba (La Campana de Gràcia).

El temor de José Antonio a la independencia de Cataluña

El miedo a la división del Estado persistió y se acentuó en los años treinta, cuando se afianzaron los nacionalismos periféricos. Para ilustrarlo, hemos recuperado una carta de José Antonio Primo de Rivera (que dimos a conocer en el blog en septiembre del 2012) dirigida al general Franco el 24 de septiembre de 1934, poco antes de la revolución de octubre en Asturias y de que el presidente de la Generalitat Lluís Companys proclamase el Estado Catalán de la República Federal Española.

Lo más llamativo de la misiva, desde nuestra óptica, es que el líder de la Falange, al preveer una proclamación de la independencia catalana, consideraba una dificultad significativa para “recobrar por la fuerza” a Cataluña, dada la oposición que tal intento podía generar en Europa.

El alcalde ‘popular’ de Horcajo de Santiago recupera una calle para “José Antonio Primo de Rivera”José Antonio Primo de Rivera, fundador e ideólogo de la Falange.

A continuación reproducimos el fragmento de la misiva de una web con las obras completas de José Antonio Primo de Rivera, que suponemos que reproduce fielmente el texto original y donde nuestros lectores y lectoras disponen del documento completo.

*****

Madrid, 24 de septiembre de 1934.

Excelentísimo Sr.D. Francisco Franco.

Mi general: Tal vez estos momentos que empleo en escribirle sean la última oportunidad de comunicación que nos quede; la última oportunidad que me queda de prestar a España el servicio de escribirle. Por eso no vacilo en aprovecharla con todo lo que, en apariencia, pudiera ella tener de osadía. Estoy seguro de que usted, en la gravedad del instante, mide desde los primeros renglones el verdadero sentido de mi intención y no tiene que esforzarse para disculpar la libertad que me tomo.

[…]

Una victoria socialista, ¿puede considerarse como mera peripecia de política interior? Sólo una mirada superficial apreciará la cuestión así. Una victoria socialista tiene el valor de invasión extranjera, no sólo porque las esencias del socialismo, de arriba abajo, contradicen el espíritu permanente de España; no sólo porque la idea de patria, en régimen socialista, se menosprecia, sino porque de modo concreto el socialismo recibe sus instrucciones de una Internacional. Toda nación ganada por el socialismo desciende a la calidad de colonia o de protectorado.

Pero además, en el peligro inminente hay un elemento decisivo que lo equipara a una guerra exterior; éste: el alzamiento socialista va a ir acompañado de la separación, probablemente irremediable, de Cataluña. El Estado español ha entregado a la Generalidad casi todos los instrumentos de defensa y le ha dejado mano libre para preparar los de ataque. Son conocidas las concomitancias entre el socialismo y la Generalidad. Así, pues, en Cataluña la revolución no tendría que adueñarse del poder: lo tiene ya. Y piensa usarlo, en primer término, para proclamar la independencia de Cataluña. Irremediablemente, por lo que voy a decir. Ya que, salvo una catástrofe completa, el Estado español podría recobrar por la fuerza el territorio catalán. Pero aquí viene lo grande: es seguro que la Generalidad, cauta, no se habrá embarcado en el proyecto de revolución sin previas exploraciones internacionales. Son conocidas sus concomitancias con cierta potencia próxima. Pues bien: si se proclama la República independiente de Cataluña, no es nada inverosímil, sino al contrario, que la nueva República sea reconocida por alguna potencia. Después de eso, ¿cómo recuperarla?. El invadirla se presentaría ya ante Europa como agresión contra un pueblo que, por acto de autodeterminación, se había declarado libre. España tendría frente a sí no a Cataluña, sino a toda la anti–España de las potencias europeas.

Todas estas sombrías posibilidades, descarga normal de un momento caótico, deprimente, absurdo, en el que España ha perdido toda noción de destino histórico y toda ilusión por cumplirlo, me ha llevado a romper el silencio hacia usted con esta larga carta.

El gobierno de la Generalitat en la cárcel tras la rebelión fallida de octubre de 1934. Companys está en el centro.

Los comentarios están cerrados.