CLAVES SOBRE EL ASCENSO POPULISTA EN EUROPA*

 

DissolutionEl populismo quiere devolver al pueblo su soberanía, supuestamente secuestrada por élites políticas y económicas (cartel del Front National francés).

EL POPULISMO NO ES UN FENÓMENO MARGINAL O DE PROTESTA Y BASTA, SINO UN VECTOR POLÍTICO QUE ESTÁ AFECTANDO EL CORAZÓN MISMO DEL ORDEN POLÍTICO DE LA POSGUERRA”, sostiene el politólogo holandés René Cuperus.[1] Y es que este término ha devenido omnipresente y habitualmente es empleado como un término descalificador.

¿Es fundada la afirmación de Cuperus? Este breve ensayo pretenden exponerlo. No obstante, antes de continuar la exposición, se impone una mínima aproximación al concepto de populismo, que ha sido objeto de definiciones y valoraciones muy distintas.[2]

Un concepto ambiguo y polémico

PopulismoEl populismo denuncia una distancia entre gobernantes y gobernados, los de “arriba” y los de “abajo”: la existencia de élites oligárquicas que se adueñan de la soberanía popular y nacional en beneficio de sus intereses, conformando una “casta” alejada de los intereses ciudadanos. Para acabar con su poder, las opciones populistas exhortan al “pueblo sano” a movilizarse y recuperar sus derechos, de modo que su mensaje se define por el anti-elitismo.[3]   Ahora bien, no existe un consenso sobre este concepto entre los estudiosos, ya que designa una forma de movilización política maleable y que puede adoptar cualquier sector ideológico. Sus mensajes revisten una gran ambigüedad, ya que -como advierte el politólogo Marco Tarchi- pretenden “refundar la democracia, no destruirla, pretensión que a veces desemboca en un riesgo de hiperdemocratismo, es decir, en una idealización de la disponibilidad del hombre de la calle como ciudadano activo”.[4]

Tampoco hay unanimidad sobre su carácter positivo o negativo sobre la democracia, aunque abundan los juicios desfavorables. Así, el académico Ralf Dahrendorf sostiene que el populismo estimula la pérdida de protagonismo y la debilidad de los parlamentos,[5] mientras el pensador Ernesto Laclau consideró que garantizaba la vigencia de democracia, al evitar que se limitara a una “mera administración”.[6]

“El otro”: la frontera entre izquierda y derecha populista

AfficheRequinImmigrationNo obstante, no puede homologarse el populismo de extrema derecha con el de otros ámbitos, ya que su mensaje aúna anti-elitismo y xenofobia. El politólogo y filósofo Pierre-André Taguieff alude a él como “nacional-populismo”. Sus formaciones y líderes, señala, se dirigen al pueblo con un llamamiento centrado en su dimensión “nacional”, partiendo de la premisa de que el pueblo es “homogéneo” (su división de clases sociales es irrelevante) y “se confunde con la nación unida, dotada de una unidad sustancial y de una identidad permanente”. En consecuencia, lo que diferencia a los partidos nacional-populistas del resto es que el objeto de su denuncia y crítica prioritaria no son tanto “los de arriba” (las élites), como “los de enfrente” (los extranjeros): “Más exactamente: las élites son rechazadas en la medida que son percibidas como ‘el partido del extranjero’”, subordinando así el anti-elitismo a la xenofobia, destaca Taguieff. Este populismo integrado al nacionalismo proyecta la figura de un enemigo nuevo: la del “otro”, el extranjero-invasor.[7]

El ascenso del nacional-populismo obedece a que sus partidos conforman un movimiento antiglobalización, aunque no se define ni reconoce como tal. De este modo, sus formaciones enarbolan la bandera de la “identidad nacional” y la protesta contra el establishment: se oponen a flujos migratorios o deslocalizaciones industriales; denuncian la pérdida de soberanía nacional en beneficio de organismos supraestatales (la UE es su diana predilecta) y afirman que la identidad peligra ante etnias o culturas foráneas, identificando al Islam como principal amenaza.[8]

Los comicios europeos del 2014 demostraron que la extrema derecha se ha normalizado en el paisaje político y es capaz de ser primera fuerza. Destacaron especialmente los resultados del Partido de la Independencia del Reino Unido [UKIP] (26.7% de los votos), del Partido Popular de Dinamarca [DF] (26.6%), del Frente Nacional [FN] francés (24.8%) y del partido de la Libertad de Austria [FPÖ] (19.7%). Además, sus formaciones ya han participado o participan en gobierno de coalición o brindado apoyo parlamentario a ejecutivos.

Cinco fracturas que favorecen el ascenso nacional-populista

FranceaufrontUn análisis del ascenso del lepenismo en Francia realizado por el politólogo Pascal Perrineau retrata las distintas tendencias que generan su crecimiento y que, desde nuestra óptica, consideramos en buena medida extrapolables al conjunto de nacional-populismos. De este modo, alude a cinco “fracturas”.[9]

La fractura económica, que en una Europa en crisis severamente afectada por la globalización, opone a los “perdedores de la mundialización” y a quienes se benefician de ella o la valoran de forma positiva. Se trata de una nueva línea divisoria entre estatistas y liberales, pero dotada de distinto sentido: “la posición estatista es cada vez más proteccionista y defensiva, mientras que la posición liberal se vincula cada vez más a la competitividad nacional en los mercados mundiales”.[10]

La fractura en torno a una sociedad abierta o cerrada, que opone a quienes desean y pretenden ampliar el movimiento de obertura internacional de la sociedad y quienes desean el retorno a “orientaciones más nacionales y proteccionistas” o, si se quiere, una sociedad más cerrada. Este “clivaje” no es solo económico (mayor apertura a los mercados), sino también político (mayor integración en Europa, en la Organización Mundial de Comercio o en las misiones de la ONU) o social (el debate sobre los costes y beneficios de la inmigración).

La fractura cultural, que opone a los partidarios de avanzar en el llamado “liberalismo cultural” (concepto acuñado por los politólogos Gérard Grunberg y Étienne Schweisguth que alude al desarrollo de normas y valores hedonistas y antiautoritarios siguiendo la tendencia conformada en el periodo posterior a mayo de 1968)[11] y los que desean lo contrario: frenar esta dinámica y retornar a los valores tradicionales, en lo que configura una “contrarevolución silenciosa”, en términos del politólogo Piero Ignazi.[12] Esta oposición sería inseparable de una “renacionalización” de la política en la que se insertan los valores tradicionales que defienden “valores nacionales” ante las amenazas foráneas. Ello no impide una tolerancia de valores adscritos al “liberalismo cultural” en la esfera privada, como la libertad sexual, el laicismo o el aborto. La derecha populista encarna, sobre todo, “una demanda de orden público ligada a la importancia de la autoridad en la agenda pública.[13]

La fractura geográfica, vinculada a los cambios que experimenta el territorio. De esta forma, la derecha populista arraiga en las zonas  en las que los cambios económicos han comportado una desindustrialización y han generado fenómenos de “periurbanidad” o “neo-ruralidad” en la medida que los espacios se ruralizan, argumenta el economista Laurent Davezies. Mientras la ciudad es una “máquina de modernización”, los habitantes de espacios urbanos conocen una deriva hacia valores rurales: propiedad, casas unifamiliares, colectividades culturalemnte homogéneas). En definitiva, los polos de centralidad urbana se oponen a los territorios periféricos “más o menos desclasados”.[14] Es decir, grandes ciudades dinámicas y emprendedoras, insertas en los circuitos internacionales, y una periferia de ciudades medianas o pequeñas excluidas de esta economía, con clases medias erosionadas y dependientes de beneficios sociales.

La fractura política, hoy quizá la más visible, y que ante la desconfianza hacia la política crea dos grandes polos: el de quienes defienden “culturas de gobierno” ante esta situación y quienes apuestan por “culturas antisistema”. Son los decepcionados de la política los que nutren las filas populistas.

Las redes sociales o el “ciberpopulismo” que viene

grilloNo obstante, consideramos que a estas cinco dinámicas hay que añadir otra: el impacto político de las redes sociales, que pueden constituir la base de proyectos populistas de signo opuesto. En los últimos comicios europeos lo reflejaron el Movimiento 5 Estrellas [M5S], orquestado por Beppe Grillo (21.1% de los votos), y Podemos, liderado por Pablo Iglesias (7.9%). Ambos rótulos, más allá de diferencias ideológicas, plasman cómo Internet altera la política.

Grillo, un popular humorista y actor nacido en 1948, formó su partido el 2009 a través del éxito de su blog.[15] Ganó celebridad al convocar una exitosa iniciativa de protesta el 8 de septiembre del 2007, el “Vaffanculo-Day” o V-Day: congregó a cien mil personas en la plaza Maggiore de Bolonia por un “parlamento limpio” (límite máximo de dos mandatos e imposibilidad de concurrir al parlamento quienes hubieran sido condenados). Asumió, como Podemos, la denuncia de las élites. Según su programa, el Parlamento no representa a la mayoría de ciudadanos, que no pueden elegir al candidato, sólo el símbolo del partido. Asimismo, los partidos han suplantado la voluntad popular y se han sustraído a su control. En los comicios legislativos del 2013 fue la lista más votada (25.5%) y exploró un acuerdo fallido con el líder del Partido Democrático, Pier Luigi Bersani. Entonces Grillo tildó de “padres puteros” a los líderes rivales y afirmó que gobernaban “dándonos por el culo” desde hacía años. Tras los citados comicios europeos clarificó su ideología al unirse al grupo parlamentario eurófobo que lidera Nigel Farage (dirigente del UKIP). Tomó esta decisión se a través de un referéndum on-line con 29.584 participantes y un 78.1% de votos favorables.[16]

Podemos surgió también como un movimiento de protesta contra el establishment y tomó como eje de su discurso el concepto “casta”, empleado previamente por otros políticos en Cataluña,[17] para designar a una clase política supuestamente oligárquica (según Iglesias, “señala a los ladrones que construyen dispositivos políticos para robar la democracia a la gente”).[18] Tras lograr un gran éxito en breve tiempo (pues se constituyó en enero del 2014 y se registró en marzo) ese ha emplazado en una órbita opuesta, pues en Estrasburgo se integró en el grupo de la Izquierda Unitaria y su antecedente es el movimiento indignado, surgido el 15 de mayo del 2011 [15-M] con el eslogan “No nos representan”.

Estas formaciones desean hacer realidad la “plaza electrónica” que proyecta Internet: una democracia horizontal, inmediata y sin liderazgos verticales. Podemos lo refleja en su círculo, símbolo y forma de organización a la vez. Escenificó este afán el 21 de agosto, cuando estrenó su canal de comunicación por móvil y casi 11.000 personas participaron en las votaciones.[19] Cristalizó así un partido “15-M”, portador de un populismo crítico con la política de austeridad, aunque su retórica agresiva -como reconoce Iglesias- envuelve un programa que hubieran podido asumir partidos socialdemócratas hace tres o cuatro décadas.[20]

En suma, Podemos y el M5S quieren trasladar la democracia de Internet a la política institucional. Reflejan así lo que el sociólogo Guy Hermet considera ciberpopulismo, al desear articular una democracia directa, “desprofesionalizada” y participativa en tiempo real.[21] Tal tendencia entraña una ruptura espectacular con la vieja política porqu e aúna cambio tecnológico, relevo generacional e hiperdemocracia. Esta política, además, ha venido para quedarse, como anunció el candidato grillino a la alcaldía de Parma, Federico Pizzarotti: “No somos antipolítica. Ahora somos nueva política”.[22]

¿El futuro es populista?

lavoixdupeupleA partir de lo que expuesto, el populismo parece cada vez más presente en el horizonte político europeo, tanto en la derecha como en la izquierda, en gran medida como resultado de un doble efecto de la globalización.

Por una parte, porque los cambios que ha comportado “han excavado un surco entre vencedores y perdedores”, generando entre los últimos una situación psicológica “impregnada de resentimiento, desilusión y chasco sobre la cual los partidos populistas capitalizan sus éxitos, capeando y fomentando la protesta contra las clases políticas responsables de la situación”, advierte Tarchi.[23]

Hoy los partidos tradicionales se reposicionan tanto en la dimensión económica y social (en la que se ha reforzado la oposición clásica entre defensores del Estado y partidarios del libre mercado), como en la cultural (en la que la oposición al liberalismo se ha traducido en una “etnización” de la política, al adoptar ésta un carácter nacional). A la vez, ganan centralidad actitudes que son críticas ante la integración en Europa y defensivas frente a la inmigración.

En el contexto descrito, las expresiones políticas populistas tienden a expandirse porque en la era de la globalización permiten expresar mejor las inquietudes que ésta genera en una gran parte de la ciudadanía, sobre todo porque las “élites” denostadas adquieren a la vez un carácter concreto (son la “casta” política local, regional o estatal) e indeterminado (son la burocracia europea o “Eurocracia” o entes como el FMI). Todo ello crea desconcierto en una población enfrentada en “un mundo sin rumbo”, en expresión del periodista Ignacio Ramonet.[24]

Por otra parte, la globalización ha tenido una incidencia decisiva al generar la “aldea global” comunicativa que apuntó a los años sesenta el filósofo canadiense Marshall McLuhan. Ahora las redes sociales generan una comunicación inmediata y conforman un ágora virtual que se define por la participación de sus miembros sin jerarquías. Internet, pues, abre las puertas a una “democracia electrónica” que puede ser tan imperfecta como la real y -como subraya Taguieff- deviene “de manera inmediata como la forma natural de populismo de nuestra época”.[25]

Notas

[1] R. Cuperus, “La revolta populista contra la Globalització. Reflexions basades en el ‘laboratori populista d’Holanda’”, L’espill, 38 (otoño 2011), p. 73. Véase también W. T. Bau, Populisme de droite en Europe: Phénomène passager ou transition vers un courant polítique dominant?  (Friedrich Ebert Stiftung-Bureau de Paris, abril 2011).

[2] Lo hemos examinado ampliamente en X. Casals, El pueblo contra el parlamento (Pasado & Presente, Barcelona, 2013). Véase el apéndice dedicado a las definiciones del concepto de populismo, pp. 287-300.

[3] Véase al respecto F. Panizza (comp.), “Introducción”, en El populismo como espejo de la democracia (Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2009 [1ª ed 2005]), p. 13.

[4] M. Tarchi, L’Italia populista. Dal qualunquismo ai girotondi (Il Mulino, Bolonia, 2003), p. 32.

[5] R. Dahrendorf (entrevista d’Antonio Polito), Después de la democracia (Crítica, Barcelona, 2002), p. 108.

[6]Ernesto Laclau: ‘El populismo garantiza la democracia‘”, www.lanacion.com.ar (10/VII/2005).

[7] P.-A. Taguieff, L’illusion populiste (Berg International, París, 2002), pp. 132.

[8] Véase al respecto los trabajos de J. P. Zúquete, “The European extreme-right and Islam: New directions?”, Journal of Political Ideologies (octubre 2008), 13(3), pp.321–344; J. P. Zúquete, “Novos tempos, novos ventos? A extrema-direita europeia e o Islão”, Análise Social, vol. XLVI (201), 2011, 653-677.

[9] Véase P. Perrineau, La France au Front. Essai sur l’avenir du Front National (Fayard, París, 2014), pp. 103-171.

[10] P. Perrineau, Ibídem, p. 114.

[11] Citado por P. Perrineau, Id, p. 106, nota 1. Sobre el concepto, véase É. Schweisguth, Le libéralisme culturel aujourd’hui (Baromètre politique français, 1ère vague, CEVIPOF, printemps 2006), 26 p.

[12] P. Ignazi, “The silent counter-revolution. Hypothesis on the emergence of extreme right-wing parties in Europe”, European Journal of Political Research, vol. 22, n. 1 (julio 1992), pp. 3-34.

[13] P. Perrineau, La France au Front, p. 145.

[14] Ibíd., pp. 106-107.

[15] Véase una visión favorable a su movimiento en E. Greblo, Filosofia di Beppe Grillo. Il movimento 5 stelle (Mimesis, Milán, 2011). Sobre la importancia de Internet en el M5S, véase pp. 48-53 y 70-74.

[16] “Alleanze in Europa, il M5S sceglie l’Ukip di Farage. Ma la base accusa: votazione pilotata”, http://www.repubblica.it (12/VI/2014).

[17] Iglesias sitúa el origen del término en el ensayo de los periodistas italianos S. Rizzo y G. A. Stella, La casta (2007). Véase P. Iglesias, Disputar la democracia. Política para tiempos de crisis (Akal, Madrid, 2014), p. 154. No obstante, tanto la ultraderechista Plataforma per Catalunya [PxC], liderada por Josep Anglada, y el partido independentista Solidaritat Catalana per la Independencia [SI], bajo la dirección de Alfons López Tena, lo habían empleado previamente. Véase una aproximación histórica al uso del término en A. Maestre, “El concepto ‘casta’, de Manuel Azaña a Hermann Terstch”, La Marea (19/VIII/2014).

[18] P. Iglesias, Disputar la democracia, p. 21.

[19] “Podemos suma casi 11.000 personas en el estreno de su aplicación para debatir y votar vía móvil”, La Vanguardia (22/VIII/2015).

[20] P. Iglesias, Disputar la democracia, p. 173.

[21] G. Hermet, Les populismes dans le monde. Une histoire sociologique XIX-XX siècle (Fayard, París, 2001), p. 399.

[22] “Italia cambia de color”, El País (22/V/2014).

[23] M. Tarchi, L’Italia populista. Dal qualunquismo ai girotondi (Il Mulino, Bolonia, 2003), p. 70.

[24] I. Ramonet, Un mundo sin rumbo. Crisis fin de siglo (Temas de Debate, Madrid, 1997 [2ª ed.]).

[25] P. A. Taguieff, L’illusion populiste, p. 120.

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* Artículo publicado en SOS racismo, Informe anual 2015 Sobre el racismo en el estado español (Tercera prensa-Hirugarren prentsa s.l., Donostia/San Sebastiá, 2015), pp.  261-267. Puede descargarse aquí el PDF de este artículo Casals-clavespopulismo

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