¿ORDENÓ FRANCO EL ASESINATO DE UN GENERAL PARA INICIAR LA SUBLEVACIÓN DEL 18 DE JULIO?*

El general Amado Balmes, primer muerto de la Guerra Civil.

EL HISTORIADOR ÁNGEL VIÑAS publicó en julio del 2011 el libro La conspiración del general Franco (Crítica) donde abordó -entre otros aspectos- un tema controvertido desde el inicio de la Guerra Civil: si la supuesta muerte accidental del comandante militar de Canarias Amado Balmes el 16 de julio no fue un accidente o un suicidio (ya que el militar habría dudado sobre a  qué bando debía sumarse), sino un asesinato planificado por los complotados.

Recordemos que Francisco Franco estaba entonces destinado en Santa Cruz de Tenerife y antes de trasladarse a Marruecos a liderar el golpe debía eliminar “toda posibilidad de resistencia en Las Palmas” (un archipiélago leal a la República amenazaría el éxito de la rebelión en el Protectorado), por lo que la muerte de Balmes,  una persona “no segura” para los rebeldes, era decisiva para conseguirlo.

La versión oficial de los hechos

Según la versión oficial de los hechos, la mañana del  jueves 16 de julio Balmes partió al campo de tiro de la Isleta a efectuar prácticas con sus pistolas. Allí disparó con una Astra del calibre del 9 que se encasquilló y para arreglarla la asió con la mano derecha por el cañón, que apoyó en el vientre, y con la izquierda la sujetó por la culata y  un tiro fortuito le causó una gran hemorragia.

“Según Ángel Viñas, Franco ordenó asesinar al general Balmes para garantizar el triunfo del golpe en las Canarias”

Su chófer le llevó a la Casa de Socorro primero y después al Hospital Militar, donde fue imposible salvarle y falleció tras lamentar lo acaecido (“¡Maldita pistola!”, habría exclamado). Esta defunción aparentemente inesperada allanó el camino a los insurrectos, pues eliminó dos problemas de gope: apartó de su camino a un militar en el que no confiaban por su republicanismo y permitió el traslado de Franco desde su destino en Santa Cruz de Tenerife a Las Palmas sin levantar sospechas del gobierno, imprescindible para iniciar el golpe.

El ministerio de la Guerra le autorizó esa misma noche a viajar allí en barco a investigar lo ocurrido y presidir el entierro. Aquella muerte puso en marcha el engranaje del golpe: la mañana del 17 se celebró el sepelio de Balmes en Las Palmas que Franco presidió y esa tarde se sublevaron las guarniciones de Melilla, Tetuán y Ceuta. Al día siguiente Franco alzó las Canarias y partió en el “Dragon Rapide” (un DH89 Dragon Six) hacia el norte de Marruecos para liderar la rebelión en el protectorado.

¿Un asesinato?

Tras diseccionar las circunstancias que rodean la muerte de Balmes, Viñas  consideró que ésta fue en realidad un asesinato, justificándolo con diversos argumentos:

* Franco, al menos desde junio de 1936, había pedido un avión para trasladarse al norte de África y (según los planes de los conspiradores) debía llegar a Marruecos como muy tarde el sábado 18. Balmes “falleció” precisamente cuando el “Dragon Rapide”estaba ya en Las Palmas.

* Los testimonios del suceso tienen problemas de verosimilitud, como lo testimonia el hecho de que el general fallecido quisiera desencasquillar su pistola apoyando el cañón en su estómago y solo hubiera un testimonio relevante para explicarlo.

“Posteriormente Franco denegó una pensión a la viuda de Balmes alegando que el general no había muerto en combate

* El chofer de Balmes se olvidó guardar la pistola con las que el general se hirió y la dejó en el estribo del coche en el que le trasladó, perdiéndose por el camino. Asimismo, pese a la gran hemorragia del herido, le llevó primero a la Casa de Socorro y luego al Hospital, en una clara maniobra dilatoria.

* Los rebeldes se atribuyeron posteriormente simpatías a Balmes por el golpe (incluso afirmaron que debía sublevar las Canarias cuando le sobrevino la muerte), pero ni figuró en el panteón de héroes de “la Cruzada” y Franco negó a su viuda una pensión de guerra alegando que su esposo no pereció en combate, mientras la otorgó a otras mujeres en su misma situación.

Comida de Franco junto a mandos tinerfeños en julio de 1936.

No fue otra “muerte oportuna” de Franco

En definitiva, la muerte de Balmes no pertenece a las llamadas “muertes oportunas” que facilitaron el ascenso militar y político de Franco.

Recordemos que en 1923 el fallecimiento en combate del teniente coronel Rafael de Valenzuela le permitió acceder al mando de la Legión; que los asesinatos de José Calvo Sotelo y José Antonio Primo de Rivera en julio y noviembre de 1936 respectivamente eliminaron sendos liderazgos políticos que podían entorpecer su ascenso; que las muertes de los generales José Sanjurjo y Emilio Mola (la del primero en julio de 1936 y la del segundo en  julio de 1937 en sendos accidentes de aviación) evitaron liderazgos militares alternativos. Finalmente, el fallecimiento por un ataque al corazón del capitán general Juan Bautista Sánchez en 1953 evitó un potencial golpe de Estado monárquico en Barcelona.

La muerte de Balmes se había incluido -aunque de modo dudoso- entre estas defunciones que encumbraron a Franco, unos sucesos luctuosos que se concatenaban debido a la legendaria suerte o baraka del dictador. Tras el estudio de Viñas, ésta se convierte en un homicidio oportuno.

Sobre el 18 de julio de 1936

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* Esta entrada fue publicada originalmente en el blog el 19 de julio del 2011 y hemos decidido reeditarla por el interés que puede revestir al cumplirse cuarenta años de la muerte de Franco.

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