¿CUÁLES FUERON LOS CONDICIONANTES DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA A LA DEMOCRACIA?*

Transición

¿Cuáles fueron los condicionantes de la Transición española?

HOY ASISTIMOS A LA CRISIS DEL SISTEMA POLÍTICO SURGIDO DE LA TRANSICIÓN y se extiende la percepción de que es necesario cambiar la Constitución. ¿Ahora bien, en qué se diferencia la situación actual de la de 1975-1978 a la hora de rediseñar el marco institucional? A continuación analizamos los elementos que entonces fueron decisivos.

El peso de la Guerra Civil

muerteEl 1975 era muy presente el recuerdo del conflicto de 1936-1939 y fue beneficioso por el éxito de la Transición porque esta no fue pacífica. Ignacio Sánchez-Cuenca y Paloma Aguilar exponen que la violencia política causó 504 muertos entre 1975 y 1982 y nuestra democratización fue la más sangrienta de Europa. Sophie Baby va más allá y computa 3.200 acciones violentas y más de 700 muertos.

Este clima, según Aguilar, hizo rebrotar el recuerdo del pasado y el miedo a una radicalización peligrosa moderó las demandas de todos los grupos. De hecho, no fue casual que los sectores que hicieron bandera militante del recuerdo de la Guerra Civil, la ultraderecha y parte de la izquierda radical, fueron excluidos del juego político, como destaca Enric Ucelay-Da Cal.

Las lecciones exteriores

revoluci clavelesA la vez, la Transición fue favorecida por dos experiencias externas. Una lejana y de impacto poco -o nada- estudiado: el golpe de estado del general Pinochet en Chile el 1973. En España el episodio hizo patente a la izquierda lo fácil que era que los militares desmenuzaran vías rupturistas. La otra experiencia fue tan cercana como decisiva: la revolución zurda de los claveles en Portugal el 1974 que lideró el Ejército.

Como muestra Josep Sànchez Cervelló, el acontecimiento patentizó a los franquistas reformistas la necesidad de preparar una salida a la dictadura “desde arriba” para evitar un final traumático “desde bajo”. Pero el caso de Portugal no sólo facilitó la aceptación de una oposición, sino que también favoreció el abandono del Sáhara sin lucha, dado que el golpe de estado al país vecino se había cocinado en buena parte a las guerras coloniales de África.

Por lo tanto, al morir Franco, derecha e izquierda sabían que tenían que ir con pies de plomo por los riesgos de ruptura en un sentido u otro, lo que favoreció el consenso.

El legado franquista

antonio_tejeroHoy se comenta que a la época no interesó “hacer limpieza” del franquismo y que de ahí venden todos los males. Pero esta percepción es errónea porque entonces esto era sencillamente inconcebible.

Por un lado, los cuerpos de seguridad se habían forjado bajo la dictadura y cambiar cúpulas e ideología era muy complicado, sobre todo bajo una intensa violencia política.

En cuanto al Ejército, desde 1971 cada guarnición -según Juli Busquets- había empezado a hacer planes secretos por si debía ocupar las ciudades, contemplando incomunicar barrios obreros. Y ya desde el gobierno de Carlos Arias de 1976 el rumor de sables fue la banda sonora de la Transición. De hecho, un mes antes de legalizar el PCE el abril de 1977 Suárez menguó la capacidad de movilización del Ejército y limitó carburante a la División Acorazada Brunete. ¿En este marco qué podía depurar la oposición?

Por otro lado, el Rey y el gobierno llevaron la agenda política y la oposición presionó, pero no negoció el marco previo a los primeros comicios de 1977. Así, el sistema electoral hoy vigente fue diseñado con voluntad de adelgazar a la izquierda y favorecer a la derecha. Cómo destaca Carles Castro, al priorizar el territorio por encima del censo y elegir la ley d’Hondt para atribuir escaños, el España conservadora quedó sobrerrepresentada al precio de existir una enorme desproporción entre votos y escaños.

La improvisación como método

TarradellasEn este escenario, el nuevo marco institucional se erigió con grandes dosis de improvisación porque tenía un punto de partida claro, pero había un horizonte de llegada nebuloso: ¿La nueva democracia incluiría al PCE? ¿Debería instaurarse una autonomía o una descentralización? ¿Y si había autonomía… ésta sólo sería para catalanes y vascos?

Entonces gobierno y oposición actuaron con sentido práctico y para avanzar crearon artefactos políticos como el Estado de las autonomías o el concepto de “nacionalidad”. A la vez, se hizo excepciones legales cuando fue conveniente y Josep Tarradellas, un presidente legitimado por la II República, fue incrustado en la flamante monarquía sin quebraderos de cabeza.

Este modus operandi engendró un régimen funcional durante treinta años, pero hoy parece inaplazable una reforma para afrontar problemas que manifiesta, como -entre otros- el sistema electoral, la financiación de los partidos, las tensiones autonómicas o la utilidad de la Corona. Por lo tanto, hay campo para actuar.

Aun así, el 1975 había un programa asumido por derecha e izquierda que era lograr una democratización, satisfacer a catalanes y vascos y la integración en Europa. Pero hoy no hay un denominador común transversal como aquel (fuera de denunciar la corrupción y exaltar la “regeneración política”) y en una Transición es esencial una hoja de ruta de mínimos de amplio apoyo.

_____

* Este texto es la base del artículo publicado en el diario catalán Ara con el título “Condicionants, límits, referents i incentius d’un període molt concret” (31/I/2016).

Los comentarios están cerrados.