CONDE Y BERNAD: ¿MORALIZADORES AMORALES?*

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Cartel de Mario Conde como candidato de SCD en las elecciones gallegas de 2012.

EL EXBANQUERO MARIO CONDE Y MIGUEL ÁNGEL BERNAD, SECRETARIO GENERAL DEL SINDICATO MANOS LIMPIAS [ML], TIENEN UNA VERTIENTE POCO CONOCIDA COMO ALECCIONADORES ÉTICOS. El primero la plasmó al liderar el Centro Democrático y Social [CDS] el 2000 y Sociedad Civil y Democracia [SCD] el 2011, que acontecieron portavoces de un populismo protestatario. El segundo, al hacer bandera de la denuncia de todo tipo de delitos, encarnó un populismo judicial. Ahora su detención pone ambos moralizadores públicos bajo sospecha y erosiona la credibilidad que hayan podido lograr, como mostramos a continuación.

Conde: regenerar el “Sistema”

El exbanquero puso los fundamentos del populismo protestatario contra las élites políticas y financieras al ensayo El Sistema (1994). En él afirmó que existía un grupo de poder, el “Sistema”, que gobernaba más allá de coloraciones ideológicas. Dominaba “las áreas político-económicas del Estado” y “los medios de comunicación social”, liquidando la libertad y el dinamismo civil. Así, la intervención el 1993 del banco que dirigía -Banesto- habría sido una respuesta del “Sistema” para “eliminar de un plumazo un poder financiero y mediático que no se mostraba particularmente entusiasmado con la gestión económica y en algunos casos política”.

Conde afirmó también que los partidos atenían a sus intereses por encima de los de la sociedad y para evitarlo quería reducir el Estado y revitalizar la sociedad civil y el sistema representativo. Lo defendió primero al frente del CDS a los comicios legislativos de 2000 (23.576 votos, 0.1%) y el 2002 su incipiente carrera política acabó cuando el Tribunal Supremo le condenó a 20 años de prisión por el caso Banesto. Tras quedar en libertad provisional el 2008, defendió sus tesis con la Fundación Civil y un nuevo rótulo, SCD, que promovía “la regeneración del sistema y de las instituciones” y acuñó un lema de gran éxito posterior: “Juntos podemos”. Participó a las elecciones gallegas de 2012 (15.990 votos, 1.1%) y Conde dejó la presidencia del partido el 2013.

Entonces afirmó haber defendido ideas que ya manifestó el 1992 en un congreso al Vaticano sobre ética y capitalismo, cuando ante Joan Pau II pidió “un Código de Valores en el que la riqueza nunca sea el único patrón de prestigio y consideración social”. Las acusaciones que ahora planean sobre Conde contrastan con estos propósitos.

Bernad: ningún delito impune

Bernad es el rostro visible del sindicado ML, al que ha atribuido 6.000 afiliados y recursos limitados: “Recibimos el dinero de las cuotas […], de donaciones de benefactoras y abanica de lotería. Se una economía de guerra”. Constituido el 1995, el ente se declara “no hipotecado miedo nada ni miedo nadie”, ni adscrito a ninguna ideología (a pesar de tener vínculos con la ultraderecha algunos de sus miembros). Afirma querer defender la orden constitucional “frente a los movimientos separatistas” y hace suya una máxima del juez italiano Antonio Di Pietro (quién lideró la campaña anticorrupción “mani pulite”, “manos limpias”, de aquí el nombre de la entidad): “Allí donde exista un delito, tiene que haber alguien capaz de denunciarlo”.

En este marco, ML ganó proyección por los numerosos procesos que emprendió, que comprendieron desde el juez Baltasar Garzón hasta los Lunnies (para mostrar una boda gay a la audiencia infantil), pasando por la niña Cristina. El sindicato ha plasmado un populismo judicial al confluir dos elementos: por una parte, desea ser “un movimiento de la sociedad civil caracterizado miedo su lucha contra la corrupción y en defensa de la Ley”; por otra parte, considera la judicialización de la política una vía de regeneración para impedir que “la injusticia y los abusos de poder” sepulten el interés general.

En síntesis, ML quiere representar una sociedad civil que denuncia a los poderosos que vulneran la ley, siendo la corrupción “nuestra prioridad dado el expolio al que este cáncer ha sometido a nuestro país”. Hoy la entidad se encuentra en una situación más que incómoda (de hecho, el 2012 Bernad ya fue imputado por estafa y coacción) y el 28 de marzo ya denunció en su web que era víctima de una maniobra de “las cloacas del Estado”.

A los pies de los propios caballos

En suma, los presuntos delitos que han llevado a detener a Conde y Bernad entran en colisión con sus discursos moralizadores. Testimonian una vez más que el populismo puede mostrar contradicciones profundas entre teoría y práctica y para constatarlo es aconsejable aplicar esta máxima del propio Conde: “No crean en las palabras de los hombres, sólo en la conducta continuada a lo largo del tiempo”.

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* Este artículo ha sido publicado originalmente en el diario catalán Ara (20(IV/2016).

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