LA TERCERA ESPAÑA DE LA GUERRA CIVIL*

Picture dated1936 showing thousands of Republicans demonstrating in the streets of Madrid against Franco s attempt to overthrow the Spanish Republic Spain marked 70 years since the outbreak of the Spanish Civil War 18 July 2006 as opinion polls acknowledged divisions still run deep over the legacy of a conflict which left half a million dead Traditionally since General Francisco Franco s Nationalist forces triumphed and disbanded the elected institutions of the Second Republic replacing them with a military dictatorship Spaniards have marked the date in low-key fashion maintaining a so-called pact of silence AFP PHOTO

Miles de republicanos se manifiestan en Madrid contra el golpe de Estado, en 1936 (foto de AFP reproducida  por El Periódico).

“ESPAÑOLITO QUE VIENES / AL MUNDO TE GUARDE DIOS. / UNA DE LAS DOS ESPAÑAS / HA DE HELARTE EL CORAZÓN”. Estos famosos versos deAntonio Machado han servido para ilustrar la supuesta existencia de “dos Españas” cuyo enfrentamiento secular desembocó fatalmente en la guerra civil. Sin embargo, la realidad es más complicada y el historiador Santos Juliá observó que esta idea dedos Españas originalmente fue “una figura retórica para invitar a nuevas generaciones llegadas a su primera madurez en los años 10 [del siglo XX] a romper con la vieja política”, pero como la guerra civil “escindió inevitablemente a España en dos” se consideró que tal división “fue la causa inevitable de la guerra civil”. Se codificó así un relato que el franquismo alimentó al justificar que la sublevación de 1936 fue una cruzada de la verdadera España contra la anti-España, una pretendida alianza de masones, izquierdistas y separatistas.

¿Solo hubo “dos Españas”?

De hecho, en el conflicto iniciado en julio de 1936 hubo más de “dos Españas” enfrentadas: en el bando sublevado convergieron falangistas (que eran antimonárquicos) con monárquicos carlistas y alfonsinos (que rivalizaban entre sí) y un amplio conglomerado derechista y católico, que pese a su diversidad ideológica luchó de forma eficaz gracias al mando unificado asumido por Franco. A la vez, el bando republicano conformó una coalición más heterogénea aún, con marxistas estalinistas (PCE-PSUC) y antiestalinistas (POUM), socialistas, anarquistas, republicanos y nacionalistas vascos y catalanes. La ausencia de una dirección militar eficiente y la desunión interna determinaron en buena medida su fracaso. Y es que la contienda no solo fue una pugna entre fascismo y antifascismo, sino también entre proyectos contradictorios de Estado autoritario y republicano. Pero el fragor de la batalla puso sordina a estas importantes diferencias.

“2,5 millones de hombres lucharon en alguno de los dos bandos pero otros 2,5 millones evitaron hacerlo”

Es más, después de 1939 perduraron las tensiones. De este modo, durante el franquismo, desde laFalange se aludió a una “revolución pendiente” (porque supuestamente Franco no cumplió el ideario de José Antonio Primo de Rivera), mientras los monárquicos alfonsinos quisieron entronizar a don Juan de Borbón y el carlismo intensificó su presión política al final de la dictadura, cuando Carlos Hugo de Borbón-Parma lideró este movimiento. A la vez, afloraron grandes tensiones entre los republicanos vencidos, con acusaciones cruzadas sobre la responsabilidad de la derrota sufrida. En síntesis, reducir las complejas fuerzas enfrentadas en ambos bandos a la lucha entre “dos Españas” arroja escasa luz sobre la naturaleza y dinámica de la guerra civil.

¿Hubo una “Tercera España”?

En este aspecto, no han faltado los intentos de erigir una “tercera España” que se sintió ajena al conflicto fratricida. Este concepto lo sugirió Salvador de Madariaga en Spain (1955) al aludir a “tres Españas” mediante “tres Franciscos” de claras connotaciones ideológicas: el dictador Franco; el líder socialista Largo Caballero y el pedagogo y político republicano Giner de los Ríos.

No obstante, más allá de esta idea planteada por Madariaga y que ha tenido continuidad posterior en el plano intelectual (como ilustró la obra Las tres Españas del 36 de Paul Preston), hay un hecho que testimoniaría la existencia de una “tercera España”. Según estima Pedro Corral en Desertores (2006), quienes evitaron acudir a filas durante la contienda habrían sido tantos como los combatientes. Estima que pudo haber 2,5 millones de hombres que lucharon encuadrados en ambos bandos y otros 2,5 millones que evitaron hacerlo, formando un verdadero “Ejército invisible” nutrido de prófugos (cerca de 1,8 millones) y “recomendados o falsos inútiles, que explotaron los más variados recursos para no pisar el frente y ni siquiera pasar por un centro de instrucción”. Automutilarse o contraer enfermedades venéreas fueron algunos de los medios empleados con tal fin.

“Automutilarse o contraer enfermedades venéreas fueron algunos de los medios empleados para no pisar el frente”

Esta tesis pone de manifiesto la endeblez del mito de las “dos Españas”, pues la mitad de los españoles evitó coger el fusil ante la llamada de los clarines bélicos. En suma, la “tercera España” existió, pero fue invisible.

El fin del mito

El mito persistió incólume hasta el fin del franquismo y solo empezó a quebrarse con la restauración de la democracia entre 1976 y 1978, a la que contribuyó de modo decisivo el gravoso recuerdo de la contienda por su elevado coste humano. Las estimaciones recogidas por el historiador Stanley G. Payne al respecto son impresionantes: los soldados muertos de ambos bandos sumaron unos 150.000, mientras las víctimas de la represión fueron igualmente elevadas, si bien no superaron las 120.000. Se exiliaron casi 480.000 personas, de las que unas 162.000 no retornaron. La derrota llenó las cárceles (en 1939 habría 270.719 presos) y entre 1939 y 1942 hubo 28.000 ejecuciones, mientras la penuria, el hambre y las enfermedades pudieron causar otras 200.000 muertes en la posguerra.

Este legado siniestro marcó a la sociedad y en la transición favoreció, por una parte, el aislamiento de sectores violentos y, por otra, la existencia de grandes consensos, ya que la mayoría de ciudadanos no quería repetir un enfrentamiento fratricida. Y es que para la politóloga Paloma Aguilar, entonces se quisieron “olvidar los rencores del pasado y hacer borrón y cuenta nueva para todos”. Lo ilustró la canción más famosa de 1976, del grupo Jarcha: ‘Libertad sin ira’. Empezó de este modo el lento ocaso del mito de dos Españas cainitas.

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* Este artículo fue publicado originalmente en El Periódico (18/VII/2016).

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