LAS CONTRADICCIONES DE LA CUP*

Asamblea de elección del nuevo secretariado de la cup

Elección del nuevo secretariado de la CUP (imagen de la web de la CUP)

¿SE RESOLVERÁ LA CRISIS DE LA CUP CON SU NUEVO SECRETARIADO NACIONAL? Lo vemos improbable y posiblemente la formación está abocada a la inestabilidad permanente por varias razones que exponemos a continuación.

Entre el gobierno y la protesta

Sobre la CUP existen dos planteamientos muy extendidos. Uno apunta que en ella conviven “dos almas”: la social y la nacional. De este modo, el exdiputado de la CUP Josep Manel Busqueta ha afirmado que la formación tiene una militancia metropolitana “netamente anticapitalista” y una rural de planteamientos “más patrióticos”. El otro enfoque contrapone un dogmatismo de su organización Endavant con un talante más abierto de Poble Lliure. La historiadora y miembro de la CUP Blanca Serra lo ha formulado así: “el sector Endavant […] son muy sectarios… Y […] el sector del Poble Lliure […] tiene una visión más reflexiva sobre el proceso”.

Desde nuestra óptica, los problemas de la CUP no surgen sólo de estas tensiones, sino también de un problema estructural: el hecho que en su seno coexista una cultura de gobierno y otra de protesta. La primera, pragmática, es muy visible en la política local, como ilustra el caso de Berga (el municipio más grande que gobierna el partido con más de 16.000 habitantes), donde la necesidad de sanear la hacienda ha hecho aplazar propuestas rupturistas. En cambio, los vaivenes del partido ante la investidura de Artur Mas y su veto en los presupuestos de Carles Puigdemont plasman la cultura de la protesta. Este conjunto de tensiones hace imprevisible la acción de la CUP y parece difícil que traslade al parlamento su experiencia de gestión adquirida en el mundo local con buenos resultados.

El coste de crecer

A la vez, estas contradicciones han sido los síntomas más visibles de los dos riesgos que amenazaban al partido antes de crecer electoralmente y que Julià de Jòdar y David Fernàndez indicaron a Cop de Cup (2012, traducido al castellano con el título CUP): “[la CUP] tiene miedo de ganar y le hace pánico verse subsumida dentro del sistema”. Igualmente, el blog El pati descobert (Ara, 5/I/2015) señaló que la CUP debía optar entre la lógica previa a su crecimiento, de movimiento social, y la nueva, de presencia institucional. Sin un equilibrio entre ambas podía romperse o devenir marginal. Estas observaciones subrayan la dificultad de la CUP para hallar un encaje entre la Realpolitik (que conduce a pactos poco gratificantes) y la oposición afilada que preserva intacta su radicalidad.

Contra el statu quo?

Curiosamente, tras los comicios del 27-S de 2015 toda la negociación postelectoral de la CUP, la formación “anti-líderes” por excelencia, giró en torno a una persona (Artur Mas) y no sobre aquello que sería propio de una formación tan ideologizada: las políticas del futuro gobierno catalán. Su veto a los presupuestos corroboró que la decisión inicial de apoyar a Puigdemont no clarificó la apuesta de gobierno que etsa formación hizo por Junts pel Sí. Visto el episodio con distancia, parece que entonces la CUP estuvo más preocupada por elegir al nuevo presidente que por la acción de su futuro gabinete.

En este aspecto, si bien la CUP pretende enfrentarse con el statu quo, no está claro que sus decisiones estratégicas la hagan avanzar en esta dirección. Lo ilustran dos consecuencias importantes del mencionado veto a los presupuestos. Por una parte, ha hecho que estos sean los “más obedientes” del Estado, ya que al prorrogar los del 2015 debe destinar automáticamente los ingresos extraordinarios de este año a enjugar el déficit público. Por otra parte, según la profesora de Derecho Constitucional Isabel Giménez (agendapublica.es, 9/VI/2016), este veto no permitirá financiar las disposiciones de las leyes de transitoriedad jurídica que deben marcar la ruptura con el Estado y que paradójicamente la CUP considera prioritarias.

El riesgo de encogerse

El partido, con sólo 10 escaños, logró el 27-S una posición privilegiada. Pero si bien es consciente de su fuerza, no parece serlo bastante de sus límites: representa únicamente el 8.2% del voto independentista y como actor minoritario difícilmente podrá marcar la hoja de ruta a los mayoritarios (39.6%), y este tema no es menor para comprender sus relaciones con Junts pel Sí. En este marco, la formación anticapitalista no parece capaz de obtener réditos de su rol arbitral.

En definitiva, la CUP se ha hecho grande sin saber qué quiere ser, conoce tensiones y contradicciones por este hecho y el precio que puede pagar es el regreso a la marginalidad: un sondeo de junio le atribuyó sólo tres escaños de celebrarse ahora nuevas elecciones (La Vanguardia, 19/VI). Y es que, empleando una conocida metáfora de la CUP, la sombra de la “papelera de la historia puede ser peligrosamente alargada.

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* Este artículo se publicó originalmente en catalán con el título “Les contradiccions de la CUP” en el diario Ara (3/VII/2016)

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