EL USO DEL REFERÉNDUM COMO INSTRUMENTO DE LA DERECHA POPULISTA EN EUROPA

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“En nombre del pueblo”, nuevo lema del Frente Nacional (foto de AFP).

EL ÉXITO DE LA DERECHA POPULISTA RADICA EN QUE HA CONFORMADO UN VIGOROSO MOVIMIENTO CONTRA LA GLOBALIZACIÓN,  que no se define como tal y que es muy diferente al de los fascismos.

No asistimos al retorno de los nazifascismos

Estos últimos emergieron en los años de entreguerras, en un marco de industrialización y de clases sociales nítidas, manifestaron una vocación totalitaria y su eje aglutinador fue el anticomunismo. En cambio, la nueva derecha populista irrumpe en la era postindustrial, de clases sociales desdibujadas y con el comunismo extinto. Rechaza oficialmente el racismo y enfatiza la diversidad cultural, que en casos como el de los musulmanes supuestamente impide su integración.

Asimismo, a diferencia del fascismo, esta derecha no desea un individuo pasivo, sino que le exhorta a movilizarse en las urnas y exalta el referéndum para manifestar la voluntad popular. Tal apuesta puede legitimar la exclusión, como testimonió un plebiscito que promovió la Unión Democrática de Centro [UDC/SVP] suiza el 2000 en Emmen: sus habitantes decidieron si naturalizaban a 52 residentes extranjeros, rechazando a 48.

Una derecha populista plebiscitaria

Y es que la derecha populista actual es plebiscitaria: anima a los ciudadanos a acudir a las urnas para pronunciarse de modo directo evitando la mediatización de instancias como el parlamento. Así, Marine Le Pen, que abogó ya por la disolución de la Asamblea Nacional para convocar otra supuestamente “verdadera”, ha asumido este mes un explícito lema: “En nombre del pueblo”.

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En este contexto, el plebiscito británico sobre el Brexit se reveló como un gran altavoz de las tesis del Partido de la Independencia del Reino Unido [UKIP] y del conjunto de la derecha populista, como ya analizamos en este blog. A la vez, abrió la puerta a eventuales consultas similares en otros países: Le Pen quiere autoerigirse en “madame Freexit” y Geert Wilders, el líder del Partido de la Libertad holandés [PVV], preconiza el Nexit. Ahora, el 2 de octubre Hungría acudirá a las urnas para pronunciarse sobre esa cuestión: “¿Quiere Vd. que la Unión Europea pueda estipular la instalación obligatoria en Hungría de ciudadanos no húngaros sin la aprobación de la Asamblea Nacional?”

Tal panorama, en síntesis, refleja cómo el referéndum se ha convertido en un arma política para extender y legitimar los posicionamientos de la derecha populista. A continuación reproducimos un artículo de Albert Branchadell (profesor de la Facultad de Traducción y de Interpretación de la UAB), que reflexiona sobre la convocatoria de referéndums previstos en Europa que reforzarán las posiciones de la derecha populista y fue publicado en El Periódico (27/IX/2016).

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El primer ministro magiar, Viktor Orbán (foto de AFP).

El referéndum que se avecina

La próxima consulta en Hungría sobre cuotas de refugiados se inscribe en la creciente ola de xenofobia

El 5 de julio el presidente de Hungría, János Áder, formalizó la convocatoria del referéndum que había anunciado el primer ministro Víktor Orbán sobre las cuotas de refugiados en los países de la Unión Europea. El día 2 de octubre los ciudadanos húngaros deberán pronunciarse sobre la pregunta siguiente: «¿Quiere Vd. que la Unión Europea pueda estipular la instalación obligatoria en Hungría de ciudadanos no húngaros sin la aprobación de la Asamblea Nacional?».

El referéndum húngaro del 2 de octubre se inscribe en la ola xenófoba que asola Europa. En una controvertida votación promovida por el Partido Popular Suizo (SVP), en el 2009 los ciudadanos suizos decidieron prohibir la construcción de nuevos minaretes; y en el 2010 votaron a favor de la «deportación» de los criminales extranjeros. En abril de este año, los holandeses votaron en contra del acuerdo de asociación entre la UE y Ucrania para evitar el levantamiento del requisito de visado para los ciudadanos ucranios y la llegada de más inmigrantes de ese país a Holanda. El ingrediente xenófobo en el referéndum británico del 23 de junio es de sobras conocido.

La tentación de organizar más consultas

Lamentablemente, el referéndum del 2 de octubre puede no ser el último de la serie. Después de la previsible victoria del no en Hungría, otros países de Europa central y oriental pueden sucumbir a la tentación de organizar sus propios referéndums. En febrero de este año el ministro de Asuntos Europeos polaco, Konrad Szymánski, no tuvo ningún reparo en declarar que el plan para asentar refugiados en los países de la UE estaba «muerto». Su primer ministro, Jaroslaw Kaczyski, tuvo su minuto de gloria al sugerir que los refugiados traerían «enfermedades y parásitos» a Polonia.

Los dirigentes del partido Ley y Justica polaco (PiS) están en la onda del SVP suizo y de la extrema derecha holandesa. Pero la prueba de que la xenofobia es un credo transversal nos los ofrece Eslovaquia, donde el primer ministro socialdemócrata Robert Fico se ha hecho famoso por su retórica antinmigratoria en general y antimusulmana en particular. Bajo el lema ‘Es imposible integrar a los musulmanes’, Fico también se opone ferozmente al sistema de cuotas y en octubre del 2015 incluso sugirió la posibilidad de abandonar la Unión por este motivo. En cualquier momento Fico puede optar también por la vía del referéndum.

La pregunta del millón es: ¿existe alguna posibilidad de parar estos referéndums que solo sirven para afianzar la xenofobia europea? Posibilidades domésticas pocas: en Hungría la Constitución prohíbe someter a referéndum las obligaciones que se derivan de tratados internacionales, pero el pasado mayo el Tribunal Supremo concluyó que la consulta propuesta por Orbán era legítima con el argumento de que no persigue una modificación del tratado de adhesión sino simplemente cuestionar una decisión puntual del Consejo Europeo. En este conflicto de soberanías entre la Unión y los estados nacionales resulta difícil que los tribunales nacionales fallen en detrimento de la soberanía de los estados. Por razones obvias, la UE no puede ser el árbitro que dictamine sobre qué pueden votar los ciudadanos de los estados miembros: hacerlo sería invadir de nuevo la soberanía nacional de los estados nacionales.

Reportaje de Euronews sobre el plebiscito magiar (7/IX/2016).

El código de buenas prácticas del Consejo de Europa

¿Y el Consejo de Europa? ¿Podría hacer algo? El Consejo de Europa tiene un «código de buenas prácticas» sobre referéndums que solo se ocupa de cuestiones formales y nunca discute las materias que pueden someterse a referéndum. Y los requisitos formales que establece este código tampoco ayudan a bloquear consultas xenófobas, sino todo lo contrario. Según el Consejo de Europa, no es «recomendable» establecer un quórum de participación (un porcentaje mínimo), porque hacerlo supone asimilar a los votantes que se abstienen con los que votan no.

Según el Consejo de Europa, tampoco es recomendable establecer un quórum de aprobación (por un porcentaje mínimo del censo), por las dificultades políticas que entraña una victoria por mayoría simple que no supere ese umbral. Imaginemos que el 2 de octubre el 32% de los ciudadanos húngaros acuden a votar (fue el porcentaje de votantes en el referéndum holandés). Para el Consejo de Europa, el referéndum será válido, sea cual sea el resultado. E imaginemos que el 80% de los participantes se oponen al sistema de cuotas (es lo que pronostican los sondeos). Para el Consejo de Europa, la victoria del no será válida. El 80% del 32% quiere decir que apenas el 25% del censo electoral de un estado miembro apuntillará el sistema de cuotas de refugiados, desencadenará una nueva crisis en la Unión y pondrá gravemente en peligro el proyecto político europeo. Preocupante.

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