EL VOTO OBRERO A LA ULTRADERECHA: ¿MUTACIÓN POLÍTICA O REAJUSTE ENTRE DEMANDA Y OFERTA POLÍTICA?*

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Marine Le Pen en una intervención el primero de mayo (foto de AFP/Getty Images).

ES FÁCIL ATRIBUIR A UN APARENTE GIRO IDEOLÓGICO EL CAMBIO DE SIGNO POLÍTICO DEL VOTO EN FEUDOS ELECTORALES QUE HABÍAN SIDO DE IZQUIERDA. Sin embargo, la realidad que reflejan investigaciones y sondeos es mucho más compleja, especialmente de los sectores más castigados del mercado laboral, como los parados y los trabajadores no cualificados.

En este aspecto, la ultraderecha constituye un receptáculo de todas las protestas y capta votos de quienes ven amenazado su estatus o lo pierden, pero también de quienes ven frenada su ascensión social. Así, a finales de los años noventa se señaló que los  “perdedores de la modernización” (los desfavorecidos sociales, los grupos marginados, el “cuarto mundo” y los parados) no constituían de inmediato una clientela privilegiada para estas formaciones.

Un nuevo realineamiento político

En 2001, el historiador y politólogo Patrick Moreau ya advirtió que “el análisis de los casos alemán, francés, austríaco y valón demuestra que, en una primera fase, los parados más bien tienen tendencia a retirarse de la vida política y de la participación en la gestión de la ciudad. Su radicalización es lenta. En cambio, es evidente que los partidos populistas prosperan electoralmente gracias a los votos de los electores que, con razón o no, sienten que su estatus está amenazado”.[i]

Desde esta óptica, la extrema derecha, pues, sería más la manifestación de la creación de un nuevo medio político y social “que la expresión de sectores desclasados o en fase de desclasamiento”.[ii] De hecho, en las elecciones presidenciales francesas del 2012, Marine Le Pen captó un mayor apoyo de votantes clasificados como “no precarios” (37%) que de los “precarios” (23%).[iii]

Igualmente, a principios de este siglo también se constató que el nacional-populismo atrae inicialmente a obreros que comparten sus valores políticos y sociales. El apoyo proletario inicial a estas formaciones, pues, no reflejaba tanto una mutación súbita del electorado como un ajuste entre oferta y demanda en las urnas.

Por consiguiente, los votantes de la ultraderecha no procederían tanto de antiguos electores de izquierda, sino que serían electores que poseerían ya los valores ideológicos que tal voto requiere.[iv]

Un debate lleno de matices

Aunque todavía perdura este debate sobre si el sufragio obrero de la ultraderecha es resultado de un giro ideológico o de un ajuste entre oferta y demanda,[v] el caso francés parece reflejar un realineamiento electoral lento y lleno de matices. Así, el sociólogo Laurent Bonelli destaca que el abstencionismo ha sido importante en medios obreros porque los trabajadores no han acudido a las urnas al no sentirse capaces de “ocuparse” de la política en términos de conocimiento y de falta de competencia en este dominio.[vi]

Advierte que su conducta afecta de modo prioritario a los partidos de izquierda y crece de forma progresiva a causa de diversos factores, como “el efecto de la profesionalización política, del tránsito a una sociedad posfordista y del hundimiento de los modelos de referencia”.[vii] Bonelli destaca que el lepenismo se nutrió inicialmente de obreros que apoyaban a la Agrupación por la República [RPR] o que eran de derechas y se habían instalado en la abstención.

Al hacer eclosión el FN, derecha e izquierda centraron su discurso en torno a la seguridad ciudadana, lo que confirió mayor centralidad a esta temática y obtuvo un eco mediático tan amplio como influyente.[viii] Este escenario, subraya Bonelli, abrió un campo de oportunidades a candidatos de circunscripciones populares capaces de traducir políticamente las tensiones de quienes se sentían socialmente marginales, como fue el caso del FN.[ix]

En un reciente estudio, el politólogo Florent Gougou ha destacado que Francia no ha asistido tanto a una mutación del electorado como a la configuración de una tendencia de larga duración, iniciada con la eclosión política del FN en los comicios europeos de 1984, en los que obtuvo el 11% de los sufragios.

El voto obrero a este partido muestra un incremento prácticamente continuo en el primer turno de las sucesivas elecciones presidenciales celebradas desde entonces: 17.6% en 1988; 21.1% en 1995; 25.6% en el 2002; 15.6% en el 2007; 30.9% en el 2012. Además, recibe el apoyo de los obreros más jóvenes, que han crecido cuando Le Pen ya era un referente electoral, han asistido a los fracasos de los gobiernos de derecha e izquierda para acabar con el paro y se ubican a la derecha o se definen como “ninistas”, esto es, quienes no se sienten ni de derechas ni de izquierdas y votan contra los otros partidos, la clase política y el sistema.

La clave: perdedores y ganadores de la globalización

Tales datos ponen de manifiesto que el clivage derecha-izquierda ha sido sustituido por otra nueva línea de conflicto dominante: la que separa a los ganadores y los perdedores de la globalización. Para Gougou, pues, la irrupción institucional del FN inició un realineamiento del electorado obrero hacia la extrema derecha (algo común a numerosas democracias europeas) y conformó una dinámica de crecimiento progresivo y que ha conocido una renovación generacional.[x]

NOTAS

[i] Moreau, Patrick. 2001.  La temptació populista de dreta a Europa vista a través del cas de l’FPÖ: estat de cada lloc i interpretació sistèmica, Barcelona: Fundació Rafael Campalans, Papers de la FRC 127, p. 8.

[ii] Véase Minkenberg, Michael. 2001. “La nouvelle droite radicale, ses électeurs et ses milieux partisans: vote protestataire, phénomène xénophobe ou ‘modernization losers’?”. A Pascal Perrineau, dir. Les croisés de la société fermée. L’Europe des extrêmes droites. La Tour d’Aigues: Éditions de l’Aube, p. 398.

[iii] Mayer, Nonna. 2015. “Le plafond de verre électoral entamé, mais pas brisé” A Sylvain Crépon, Alexandre Dézé y Nonna Mayer dirs. Les faux-semblants du Front National. Sociologie d’un parti politique, París: Presses de Sciences Po: pp. 311-312.

[iv] Evans, Jocelyn. 2001. “Les bases sociales et psychologiques du passage gauche-extrême droite. Exception française ou mutation européenne?”. A Pascal Perrineau, dir. Les croisés de la société fermée. L’Europe des extrêmes droites. La Tour d’Aigues: Éditions de l’Aube, pp. 216-218.

[v] Sobre este debate, véase Gougou, Florent. 2015. “Les ouvriers et le vote Front National. les logiques d’un réalignement électoral”. A Sylvain Crépon, Alexandre Dézé y Nonna Mayer dirs. Les faux-semblants du Front National. Sociologie d’un parti politique, París: Presses de Sciences Po: pp. 323-328. Véase también Bonelli, Laurent. 2008. La France a peur. Une histoire sociale de l'”insecurité”. París: La Découverte, pp. 372-375.

[vi] Bonelli, Laurent. 2008. La France a peur. Une histoire sociale de l'”insecurité”. París: La Découverte, pp. 367-368.

[vii] Ibídem, pp. 368-369.

[viii] Id, pp. 372-376.

[ix] Id, pp. 370-371.

[x] Véase Gougou, Florent. 2015. “Les ouvriers et le vote Front National. les logiques d’un réalignement électoral”. A Sylvain Crépon, Alexandre Dézé y Nonna Mayer dirs. Les faux-semblants du Front National. Sociologie d’un parti politique, París: Presses de Sciences Po: pp. 335-343. La definición de votante “ninista” procede de Mayer, Nonna. 1999. Ces Français qui votent FN. París: Flammarion, p. 302.

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* Fragmento de nuestro estudio  ¿Por qué los obreros apoyan a la ultraderecha? Diez reflexiones para elaborar una respuesta, accesible en PDF clicando aquí.

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