INDEPENDENTISMO Y ULTRADERECHA, UN BINOMIO INSEPARABLE*

Propaganda de la Plataforma Adelante Cataluña (2007).

HECHOS COMO LAS AGRESIONES ULTRADERECHISTAS DE VALENCIA EL 9 DE OCTUBRE o la concentración extremista de Zaragoza el 24 de septiembre contra el encuentro de cargos electos convocado por Podemos proyectan la idea de que el ultranacionalismo español repunta con el secesionismo catalán y puede irrumpir políticamente. ¿Es así? Lo respondemos a continuación a partir de tres reflexiones.

La movilización actual contra la secesión no es una novedad

Al valorar la situación actual se debe tener presente que las manifestaciones agresivas contra la independencia son inherentes al ultrapatriotismo español desde sus orígenes. Este surgió a fines del siglo XIX para oponerse al secesionismo cubano y con la derrota de 1898 arraigó el temor a que el regionalismo convirtiera en Cataluña en una “segunda Cuba”. Ya en 1918 la llamada Liga Patriótica Española [LPE] denunció que había catalanistas deseosos de lograr una independencia “impuesta mediante el mandato de Europa”, aprovechando la conferencia de paz de la Gran Guerra.

Esta idea persistió y en septiembre de 1934 (la vigilia de los “hechos de octubre”) José Antonio Primo de Rivera creía que la Generalitat proclamaría la independencia con apoyo internacional y el Estado se tendría que enfrentar a “la anti–España de las potencias europeas”. El miedo al troceamiento de España reapareció durante la Transición, cuando la ultraderecha vio el catalanismo como el primer paso cabe el separatismo. Hoy, pues, contemplamos la enésima movilización contra la ruptura de España.

Presencia en la calle no quiere decir votos a las urnas

En el marco actual parece difícil que la extrema derecha obtenga réditos en las urnas porque –cómo veremos- no tiene una fuerza vertebrada que aglutine al grueso de su espectro ideológico ni líderes conocidos. Además, hace falta no olvidar que hacer bandera de temas que inquietan a la sociedad (en este caso la unidad de España) no implica un apoyo mecánico a las urnas.

Puede ilustrarlo la ultraderechista Plataforma Adelante Cataluña, que concurrió a los comicios autonómicos de 2006 con el lema “¡Defendemos Cataluña, Defendemos España!” y preconizó derogar el nuevo estatuto y defendió el bilingüismo. Incluso su lema del 12-O del 2007 fue el que se ha impuesto este año: “Orgulloso de ser español”. Pese a ello, sólo captó 2.529 votos por su marginalidad.

El ultraespañolismo puede iniciar un proceso de acumulación de fuerzas

En gran medida el futuro cercano de la extrema derecha depende de cómo Mariano Rajoy afronte el conflicto de Cataluña: si no evita que este se cronifique o decepciona a los sectores ultrapatriotas puede crearse un espacio político a su derecha. Pero ello no implica necesariamente que irrumpa en el Congreso una opción extremista, porque hoy sólo hay dos fuerzas que difícilmente pueden competir con éxito con el PP: Vox y la federación Respeto (que reúne la PxC, España 2000 y el Partido por la Libertad).

¿Qué podemos concluir de lo expuesto? Que el ultranacionalismo español, espoleado por el secesionismo, hoy –más que devenir capaz de vertebrar una alternativa al PP- conforma un potente grupo de presión. Llegados aquí se divisan dos eventuales escenarios: uno es que el mapa político no conozca cambios porque Rajoy es capaz de aglutinar a este electorado belicoso (sin que esto implique que el PP sea de ultraderecha); el otro es que este ultrapatriotismo inicie un proceso de acumulación de fuerzas ideológicamente transversal, como ha hecho el independentismo desde 2012. Si sucede esto último, posiblemente más temprano que tarde se visualizará a la política española por vías ahora difíciles de prever, como pueden ser –entre otras posibles plasmaciones- la eclosión de partidos, asociaciones o una involución autonómica.

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* Este artículo fue publicado originalmente en catalán como Xavier Casals, “Independentisme vs. ultradreta: un binomi inseparable”, Ara (15/X/2017).

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