ARNAU GONZÀLEZ I VILALTA: “LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA ESTUVO ENCIMA DE LA MESA DE LOS MINISTERIOS DE EXTERIORES DE EUROPA”

 

EL HISTORIADOR ARNAU GONZÁLEZ I VILALTA  (Barcelona, 1980) es profesor del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universitat Autònoma de Barcelona desde 2007. Es autor de una quincena libros sobre el periodo republicano español, la Cataluña de entreguerras, el nacionalismo catalán y la diplomacia europea. Entre otros destacan en el ámbito diplomático Cataluña bajo vigilancia. El Consulado italiano y el Fascio de Barcelona (1930-1943), PUV, 2009; Quan Catalunya preocupava a Europa. Diplomàcia i premsa internacional durant la Guerra Civil, Base, 2014. En estos momentos está preparando una amplia síntesis de las miradas diplomáticas y periodísticas de la Cataluña republicana después de un largo trabajo de archivo alrededor del continente americano y de la mayoría de países europeos.

Ahora ha comisariado la exposición “Une Catalogne Indépendante? Geopolítica y Guerra Civil (1936-1939)”, que explica cómo durante la contienda española las cancillerías europeas y americanas y la prensa internacional valoraron seriamente una eventual proclamación de la independencia de Cataluña. Asimismo, ha coordinado un libro colectivo homónimo –Une Catalogne Indépendante?– en el que han participado destacados académicos (como Enric Ucelay-Da Cal, Xosé Manoel Nuñez Seixas o Josep Sánchez Cervelló). La muestra puede visitarse en Barcelona, en el Memorial Democràtic, hasta el 2 de marzo de 2018.

 

Dado que esta cuestión no había sido abordada hasta ahora con amplitud (si bien existen diversos trabajos al respecto) y la consideramos de interés para nuestr@s lector@ hemos entrevistado a Arnau González. Le agradecemos su amabilidad al responder a nuestras preguntas. Asimismo, las diversas imágenes reproducidas a continuación pueden contemplarse en la exposición.

¿Se planteó seriamente la independencia de Cataluña durante la Guerra Civil?

Ciertamente estuvo encima de la mesa de los ministerios de exteriores de la Europa del 1936-1939, fue objeto de constante análisis en la prensa occidental -democrática y dictatorial-, así como sobrevoló la política catalana y española de ambos bandos de manera evidente. De hecho gran parte de los desacuerdos entre la Generalitat de Cataluña y los gobiernos de Francisco Largo Caballero y Juan Negrín así como con Manuel Azaña, provienen de esa opción. Una posibilidad que estaba ahí, que parecía moverse entre el rumor, la propaganda interesada y la realidad factible. La documentación diplomática y la prensa de todo el mundo lo acredita de manera apabullante.

¿Una Cataluña independiente habría tenido algún apoyo de las grandes potencias? 

Creo que esa no es la pregunta. El principal interrogante y de eso se trataba era: ¿Qué puede sacar de una Cataluña soberana cada potencia? Porque la mirada europea -y americana en menor medida- pondría el ojo en Cataluña por su especial e interesante situación geoestratégica. En una Europa próxima a una nueva conflagración continental, el lugar ocupado por el territorio catalán, al sur de los Pirineos y con una costa muy interesante y próxima a Menorca, podía ser de especial interés para Francia.

De hecho, la ayuda francesa, en forma de protectorado o de ocupación directa por parte de l’Armée, sería lo que se plantearía más seriamente, tanto en 1936 como en diferentes momentos de 1938-1939. Se valoraba ocupar Cataluña segregándola de España para romper el cerco al que Hitler, Mussolini e hipotéticamente Franco acabarían sometiendo al Hexágono. Eso, junto al interés de la Marine Nationale para evitar la conexión marítima mediterránea de Italia con España (este-oeste) para cortar las línias norte-sur (Europa-África Francesa del Norte), decidiría París a planteralo seriamente.

Los británicos no se mojaban, esperaban acontecimientos. Los alemanes estaban en contra, aunque se mostrasen dispuestos a no cerrar su consulado en Barcelona, mientras que la URSS no se mostró nunca favorable a esa opción.

 

Cartel francés de 1936 alertando sobre unos Pirineos convertidos en vía de entrada del enemigo alemán: “¿Francés, quieres que esto sea posible mañana”? Queda patente así la importancia estratégica de Catalunya.

¿Los líderes del bando republicano contemplaron esta posibilidad?

Absolutamente. Tantos los jefes de gobierno como el presidente de la República mantuvieron un constante desencuentro con Lluís Companys y la Generalitat con sus principales líderes Josep Tarradellas o Carles Pi i Sunyer, a tenor de las informaciones sobre sondeos de los delegados de la Generalitat en las principales capitales de Europa.

De hecho, por ejemplo, y en pro de no dar ningúna presencia en la esfera internacional, a finales de 1936 tanto Francisco Franco como Largo Caballero se negaron a firmar un tratado de evacuación de no combatientes de ambas zonas porque el documento llevaba la firma de Companys y el Lehendakari José Anotnio Aguirre. Unos y otros afearon a la Cruz Roja Internacional, promotora del pacto, que hubiera equiparado a una “província” más con el Estado español.

¿Y los del bando franquista?

Sólo deben recogerse los temores de sus aliados italianos y alemanes para entender que la incursión francesa en Cataluña, de haberse producido, hubiera desatado un conflicto de consecuencias impredecibles. De hecho, los ministros de exteriores de Hitler y Mussolini llegarían a explicitar por escrito en un acuerdo más amplio la oposición a “la creación y consolidación de un estado catalán”. Lo firmarían en octubre de 1936 Konstantin von Neurath y Galeazzo Ciano. No obstante, en alguna ocasión el Duce llegaría a pedir a Franco que abandonase Cataluña y se centrara en ganar la guerra en el resto de la Península. Del mismo modo, el Vaticano y el propio Papa se mostrarían alarmados por la posibilidad de la eventual constitución de una Cataluña soviética.

Por su parte, la propaganda rebelde habló de ello en manifiestas ocasiones, especialmente vinculando esta opción a una ayuda soviética que derivaría en la creación de una República Comunista Catalana. Cosa que provocó el pavor, entre real y propagandístico, entre todos los círculos católicos y conservadores europeos y americanos.Por otro lado, a Franco le plantearon en diversas ocasiones esta cuestión ciertos periodistas, mientras que algunos de sus acólitos como Gonzalo Queipo de Llano lanzaban mensajes amenazadores ante en relación a una secesión catalana. Cabe entender la actitud castellanizadora que manifestó el franquismo teniendo en cuenta esta realidad.

 

Propaganda franquista alertando del peligro de separación de Cataluña y el País Vasco durante la contienda.

¿Puede trazarse alguna analogía entre el pasado y la actualidad?

Las analogías las carga el diablo. Los contextos entre 1936-1939 y el presente son tan alejados que sólo podemos especular y plantearnos, diría yo, si hay líneas de continuidad. Especialmente en las actitudes de los movimientos nacionalistas españoles. En ese sentido, más allá de advertir una analogía en la unión de quienes defienden España por encima de ideologías opuestas, lo demás ha cambiado todo.

Así, en los años treinta en Cataluña no había separatistas, ahora los hay; entonces todo el mundo era catalanohablante, ahora sólo lo es la mitad de la población; igualmente, se pretendía que la independencia fuera un gesto de una élite política -como siempre se habían hecho las independencias- y ahora se pretende hacerlo a través del refrendo de los ciudadanos; los pequeños estados no tenían garantizada su supervivencia y en estos momentos no se plantea la solución de conflictos identitarios por la fuerza de las armas, a pesar de lo sucedido en Kosovo o Crimea. 

En último lugar, en los años treinta la comunidad internacional era extremadamente agresiva y no contaba con acuerdos continentales, de modo que la guerra europea podía estallar en cualquier momento. Hoy en día eso es imposible.

La exposición tiene piezas muy curiosas. ¿Hay alguna que quiera destacar?

Sin lugar a dudas. Al margen de crear un producto expositivo que no concede argumentos a nadie en la actualidad, hemos conseguido un muy buen repertorio de piecas. Entre las más curiosas, por poco difundidas, destaca el primer cartel que se puede visualizar al entrar en la exposición y en el que la propaganda franquista explica como Francia quería aprovecharse de la guerra para, con los “traidores” catalanistas y vasquistas, apropiarse de Cataluña y Euskal Herria [es la imagen anterior que ilustra la entrevista].

Y, en segundo lugar, el documento del 21 de noviembre del 1938 redactado por Nicolau Mª Rubió i Tudurí, que no se llegó a enviar y que propone al Gobierno de Francia ayudar a Cataluña a quedar fuera de la guerra de España a cambio de que la Generalitat provoque un golpe de Estado contra el presidente Negrín que facilite la derrota de la República y el fin de la guerra [reproducido a continuación].

 

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