AUSTRIA O LA NORMALIZACIÓN DE LA ULTRADERECHA

El líder del Partido Popular de Austria (ÖVP) y el del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), Heinz-Christian Strache, que han formado un gobierno de coalición (foto de Roland Schlager-AFP).

LA FORMACIÓN DE UN GOBIERNO DE COALICIÓN ENTRE LA DERECHA Y LA ULTRADERECHA EN AUSTRIA ES UN HECHO RELEVANTE por tres razones que detallamos a continuación.

1. Indica que la derecha está dispuesta a modular un discurso cercano a la ultraderecha y a pactar con ella. El ÖVP que lidera Sebastian Kurz (conocido como el “Macron austriaco”) utilizó en la campaña electoral un discurso cercano al del ultraderechista FPÖ, que lidera Heinz-Christian Strache, hasta el extremo de que el último acusó al primero de haberle “robado” su programa. Tras los comicios ambas formaciones han constituido un gobierno de coalición. Tal decisión supone una normalización política de la derecha populista que encarna el FPÖ y de sus mensajes, dotados de “respetabilidad” al difundirse en el conjunto del espectro político de la derecha primero y al acceder al gobierno después.

2. La reacción de oposición ante la entrada del FPÖ en el gobierno ha tenido escaso impacto si la comparamos con la que suscitó su primer gobierno de coalición entre 1999 y 2002. Entonces la UE presionó a Austria y el nuevo ejecutivo, sujeto a tensiones externas e internas, acabó convocando comicios anticipados. Ahora la UE ha dado su beneplácito al gobierno, que se ha comprometido a no convocar ningún referéndum sobre una eventual abandono de la organización por parte de Austria.

Esta escasa oposición a la extrema derecha se advirtió también en las elecciones presidenciales francesas celebradas en mayo de 2017, cuando Marine Le Pen logró pasar a la segunda vuelta. Las reacciones de rechazo hacia la candidata fueron entonces un pálido reflejo en relación a las que produjo el acceso a la segunda vuelta de su padre, Jean-Marie Le Pen, en los comicios presidenciales de 2002. Y si este obtuvo entonces el 17.7% de los votos ahora su hija ha captado el 33.9%. Por consiguiente, el rechazo hacia la ultraderecha institucionalizada se diluye cada vez más.

3. El nuevo ejecutivo está dispuesto a batallar más allá del plano simbólico por la modificación de las fronteras. Lo ha demostrado la intención de Viena de conceder el pasaporte austríaco a la minoría germanófona del Alto Adigio, lo que ha supuesto un choque con Roma ante tal intrusión en sus fronteras. De este modo, el gobierno ÖVP-FPÖ parece no estar dispuesto a andarse con remilgos a la hora de proyectar un desacomplejado nacionalismo expansivo que supone un enfrentamiento con países vecinos, algo inusual en un gobierno de la UE.

En síntesis, el caso de Austria ilustra la progresiva normalización de la ultraderecha: su ingreso en el gobierno no suscita grandes reacciones de inquietud por parte de la UE, abre la puerta a la emulación de una alianza similar en otros países y, además, cuestiona las fronteras entre miembros de la misma organización. Será necesario, pues, seguir con atención su trayectoria.

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