CATALUÑA: UNA TRANSICIÓN VIOLENTA POCO CONOCIDA: LOS CASOS PAPUS, SCALA Y BULTÓ Y VIOLA*

 

Portada de la revista El Papus dedicada a la extrema derecha.

HACE AHORA POCO MÁS DE 40 AÑOS, EL 5 DE ABRIL DE 1978 DESDE EL APARATO POLICIAL ESPAÑOL SE QUISO ASESINAR AL LÍDER INDEPENDENTISTA CANARIO ANTONI CUBILLO en Argel. El atentado nos recuerda que la violencia política fue muy importante durante la Transición, a pesar de concentrarse en el País Vasco, Madrid y Cataluña. Estos lugares, según la historiadora Sophie Baby, entre 1975 y 1982 concentran las tres cuartas parte de las acciones [violentas] y el 85% de las víctimas”: el País Vasco concentró 1.135 y 390 muertos, Madrid 558 y 108 muertos, y Cataluña 258 y 60 muertos.

En este último lugar confluyeron una cultura libertaria insurreccional, afanes emuladores de ETA de círculos nacionalistas catalanes y una ultraderecha combativa. La violencia de estas dinámicas logró el clímax entre 1977 y 1978, que hicieron patente los casos Papus, Scala, Bultó y Viola, que todavía conservan aspectos oscuros.

El Papus y el eclipse de la ultraderecha

El 20 de septiembre de 1977 un desconocido entregó un maletín al conserje del semanario El Papus (con más de 200.000 ejemplares de tirada), a quien explotó y mató, a la vez que dejó varios heridos. La causa del ataque habrían sido las sátiras publicadas sobre la ultraderecha.

Pese a ello, el atentado nunca fue clarificado por la deficiente investigación y el proceso judicial no  estableció la autoría, a pesar de ser condenados varios ultraderechistas por tenencia ilegal de armas y explosivos. Además, el Tribunal Supremo falló que no se tenía que indemnizar al semanario (la ley preveía hacerlo para personas físicas y no jurídicas) y El Papus cerró por los gastos en abogados y seguridad y su salida del grupo editor. El documental El caso Papus (2011) indicó, además, que eran inaccesibles los archivos policiales y del gobierno civil sobre el tema. Sin embargo, la represión policial de la ultraderecha que motivó el episodio acabó con las acciones de los llamados “incontrolados”.

El caso Scala y el declive ácrata

El 15 de enero del 1978 un grupo de jóvenes tiró cócteles molotov a la entrada de la sala de fiestas Scala de Barcelona, originando un incendio que mató a cuatro trabajadores. Poco antes la CNT había liderado una manifestación contra los Pactos de la Moncloa, en un marco de ascenso de un movimiento libertario heterogéneo, que incluía grupos de acción y partidarios de recrear la FAI. El día 16 fueran detenidos los supuestos autores del atentado y el 17 un comunicado policial los presentó como un comando de la FAI integrado a la CNT, afirmando que la primera era su brazo armado. El episodio estigmatizó al sindicato y le creó graves tensiones internas a la hora de elegir la estrategia judicial, que se sumaron a las existentes por un debate en torno a si se debía concurrir a los comicios sindicales. Todo ello condujo al declive ácrata, del que este episodio fue el gran catalizador.

El juicio por el caso se cerró en 1980 con cuatro condenas, sin la de un implicado fugado, Joaquín Gambín. Este era un confidente policial con un oscuro papel en los hechos, pues habría podido ser instigador del atentado. Condenado el 1983 a 7 años de prisión, el 1986 quedó en libertad provisional.

Nuestro estudio La Transición española. El voto ignorado de las armas (2016), donde analizamos el impacto de la violencia política en la época.

Los casos Bultó y Viola y el fin de Epoca

El 9 de mayo de 1977 un comando de una organización que sería conocida como Epoca (acrónimo de Ejército Popular Catalán) colocó un artefacto explosivo en el pecho a Josep Mª Bultó, presidente de la empresa Cros, y le dio una nota que le exigía 500 millones de pesetas en 25 días para sacarlo. Bultó, sin embargo, quiso arrancarlo por su cuenta y murió al estallarle. Diez meses después, el 25 de enero de 1978 otro pelotón repitió la experiencia con Joaquim Viola, último alcalde franquista de Barcelona. El artefacto también explotó y mató a Viola y a su esposa. Este crimen, sumado a los anteriores, provocó un rechazo generalizado de la sociedad catalana al terrorismo.

El marzo de 1979 fue detenido Jaume Martínez Vendrell, el organizador de Epoca (que había sido articulada entre 1969 y 1972 en el entorno del Frente Nacional de Cataluña). Según la policía, este afirmó que el difunto líder nacionalista Josep Mª Batista y Roca le había encomendado el 1967 crear un grupo armado para lograr la independencia de los Países Catalanes y se desató una polémica (la familia de Batista desmintió el papel atribuido), a la hora que el nacionalismo radical quedó asociado a la violencia. Los procesos judiciales que originaron las muertes de Bultó y de los Viola marcaron el eclipse de Epoca, sin clarificar quién lo fundó ni con qué objetivos, ni porque un grupo que nunca actuó el 1978 quería 500 millones de pesetas.

El fin de Epoca marcó también la de la violencia política en la Cataluña de la Transición. Esta última dejó un rosario de víctimas olvidadas y hechos políticos graves, a menudo consideradas secundarias cuando causaron verdaderas conmociones sociales.

El asesinato de Bultó creó una gran conmoción política y fue asociado al intento de crear una “ETA catalana”.

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* La versión original de este artículo fue publicada en Xavier Casals, “La Transició violenta”, Ara (4/IV/2018).

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