“EN ESPAÑA LOS MEDIOS OFICIALES RUSOS HAN CONSEGUIDO TENER UNA CIERTA INFLUENCIA EN DOS POLOS IDEOLÓGICOS: LA EXTREMA DERECHA Y LA EXTREMA IZQUIERDA”

De izquierda a derecha, Miguel Vázquez, Marta Ter y Adrián Tarín.

¿CÓMO FUNCIONA EL UNIVERSO MEDIÁTICO EN LA RUSIA DE PUTIN?  Los investigadores Adrián Tarín, Marta Ter y Miguel Vázquez son miembros editores del libro colectivo Sistema mediático y propaganda en la Rusia de PutinCinco de sus autores -incluyendo a los editores- son miembros del Observatorio Eurasia (adscrito al Grupo de Investigación Compolíticas de la Universidad de Sevilla).

El trabajo ofrece una aproximación amplia al tema, motivo de gran interés en el presente por la influencia que se atribuye a los medios oficiales del Kremlin. Por esta razón hemos entrevistado a los editores, a quienes agradecemos que hayan accedido a contestar a nuestras preguntas.

¿Qué grado de control ejerce Putin en el universo mediático ruso? 

En términos formales, el sistema mediático ruso es tan imperfecto como en tantos otros países, con leyes, por un lado, garantistas y, por otro, lesivas con la libertad de expresión y tendentes a la concentración de la propiedad. En Rusia existen medios estatales controlados por el gobierno de turno y medios privados que responden más a sus intereses comerciales que a la responsabilidad social del ejercicio periodístico.

Sin embargo, existe una particularidad en el sistema ruso que tratamos de esclarecer en el libro. Si en Occidente los medios actúan como aparatos ideológicos del Estado, marcando agendas mediáticas inofensivas para la democracia liberal, en Rusia actúan como aparatos ideológicos de Rusia Unida, protegiendo al presidente y al partido.

En la Federación Rusa existe, sobre todo desde la llegada de Putin al poder, una trama político-empresarial que penetra los propios cimientos del sistema: por un lado, existen medios netamente públicos o cuyos accionistas mayoritarios son empresas de otros sectores, pero de titularidad estatal, sobre los que el gobierno ruso ejerce un control directo; pero también existen medios privados cuyos propietarios forman parte de una oligarquía económica muy cercana al Kremlin. Esta cercanía está basada en una especie de pacto tácito en el que, mientras no se produzcan críticas al gobierno, se les permitirá hacer y deshacer comercialmente sin mayores presiones legales. Quienes, en su momento, no entraron en este pacto y trataron de mantener una línea editorial distinta, sufrieron las consecuencias y fueron perseguidos penalmente.

Además de un sistema copado de medios afines -sin importar si son estatales o no- otra diferencia respecto a Occidente es la intensidad y arbitrariedad con la que se aplican las leyes, ya sea en sentido garantistas hacia los aliados, y punitivas hacia los pocos adversarios existentes. Por tanto, puede afirmarse que el grado de control que se ejerce es alto.

Portada del libro. Clicando aquí puede accederse al sumario y a la introducción.

Afirman que el periodismo de investigación puede ser considerado “delito de alta traición”. ¿Por qué?

El delito de alta traición está descrito en el Código Penal de una manera lo suficientemente difusa como para que el periodismo de investigación pueda ser considerado espionaje. Ya antes de que comenzara el conflicto con Ucrania, se juzgaban entre tres y cuatro personas al año. En 2015 hubo más de 20 casos. Entre ellos, los más sonados fueron los de Svetlana Davídova, una ama de casa que transmitió a la embajada ucraniana una información que había escuchado en el autobús sobre el despliegue de tropas especiales rusas; este tipo de casos pueden llevar a muchos periodistas a autocensurarse.

Según la International Federation of Journalists (IFP), Rusia es el quinto país más peligroso del mundo (solo tras Iraq, Filipinas, México y Pakistán) para ejercer el periodismo, con 109 profesionales asesinados entre 1990 y 2015.

Las principales víctimas son periodistas que trabajan para medios independientes que denuncian la corrupción de las administraciones locales, regionales y/o federales. Algunos de estos periodistas han sufrido reiteradas amenazas, palizas y algunos han sido asesinados por sus publicaciones. Además, rara vez se han aclarado judicialmente estos casos, lo que aumenta el sentimiento de impunidad entre quienes cometen estos delitos. En algunas ocasiones se llega a juzgar a quien ejecutó el crimen, pero la persona que lo encargó rara vez acaba encausada. Esta situación se agrava cuando nos referimos al periodismo en el Cáucaso Norte, calificado por Reporteros sin Fronteras como un “agujero negro para los derechos humanos”.

¿Qué imagen y mensajes transmiten al exterior los medios oficiales rusos? 

Los principales medios de comunicación rusos subvencionados por el Kremlin y destinados a audiencias extranjeras son el canal de noticias Russia Today (RT) y la agencia Sputnik, ambos dirigidos por Margarita Simonián.

El slogan de RT, al igual que el de Sputnik, es proporcionar un punto de vista alternativo al mainstream de los medios occidentales, pero para ello a menudo utilizan técnicas de desinformación, como el uso de fake news y teorías conspirativas con el objetivo de confundir a la audiencia y propiciar una percepción determinada. RT dedica la mayor parte de su parrilla informativa a desacreditar las instituciones y gobiernos occidentales, especialmente en lo que respecta a Estados Unidos y la UE.

En España, estos medios han conseguido tener una cierta influencia en dos polos ideológicos: la extrema derecha y la extrema izquierda. El antiamericanismo y la visión de Rusia como contrapoder es, posiblemente, el principal denominador común que une a estos dos grupos y el Kremlin se ha postulado como el país que, en un mundo multipolar, podría hacer de contrapeso a la potencia hegemónica que hoy día es EEUU y, en menor grado, la UE.

Y así en España se da la paradoja de que personajes públicos próximos tanto a la Falange como a Izquierda Unida, a la hora de abordar temas relacionados con Rusia, se manifiesten de forma muy parecida. Por ejemplo, uno de los comentaristas habituales en Sputnik y RT, llegando incluso a confeccionar resúmenes anuales en política internacional es Juan Antonio Aguilar, fundador de Bases Autónomas, exmilitante de Falange y antiguo secretario general del Movimiento Social Republicano (MSR). Y en el otro lado de la moneda encontramos al eurodiputado Javier Couso que, en sus entrevistas a RT, acostumbra a estar en línea con los postulados del Kremlin en materia de política exterior, coincidiendo a menudo con Aguilar en el diagnóstico sobre conflictos como el de Siria o Ucrania, así como sobre la participación de Estados Unidos en estos escenarios.

 

La influencia de las falsas noticias rusas ha sido magnificada en Europa (imagen de La Razón).

¿Los medios de comunicación privados están fuera de la tutela del Estado y la oposición puede hacerse oír?

Sí y no. Sí están fuera de la tutela del Estado en el plano económico y, en ese aspecto, los periodistas no tienen sus opiniones constreñidas. Pero igualmente trabajan dentro de Rusia y, por lo tanto, sus periodistas pueden autocensurarse ante temores de ser víctimas tanto de la la represión legal (a través del Código Penal, con penas por extremismo y alta traición, por ejemplo) como de la ilegal (amenazas, palizas y asesinatos).

Aluden en la obra a la difusión por el gobierno de un “propaganda del miedo y del odio”. ¿En qué consiste?

En el libro, Miguel Vázquez entiende que el tradicionalismo es la idea principal que vertebra el proyecto político de Putin: la protección de la familia nuclear y la crítica a las diversas opciones sexuales, alianzas con la Iglesia Ortodoxa, liderazgos fuertes y críticas a la democracia liberal, patriotismo y nostalgia del periodo imperial, etcétera. Su tesis es que este tradicionalismo, en los medios, se encuadra en lo que define como el “marco de la guerra”, un frame según el cual Rusia se encontraría en constante peligro por las presiones políticas e ideológicas de Occidente y la necesidad de defenderse de ellas.

Aquí entrarían tanto las alianzas expansionistas de la OTAN y la UE en la esfera de influencia rusa -antiguos países de la URSS- como la difusión de la libertad sexual, el feminismo, el laicismo, y otras ideas progresistas que son entendidas como estrategias discursivas que corrompen la moral rusa.

La propaganda del miedo y del odio es, por tanto y en este “marco de la guerra”, el énfasis, por un lado, del peligro que corren los valores tradicionales rusos ante el avance imparable de la hegemonía cultural occidental (miedo) y la caracterización de Occidente como el adversario que quiere destrozar todo lo que representa históricamente Rusia (odio).

Al mismo tiempo, el miedo a la intervención exterior sirve de pretexto para justificar el ataque a la oposición interna, tachada a menudo de quintacolumnista, es decir, de apoyar desde dentro del país a aquellos que, desde el exterior, quieren acabar con su unidad cultural y territorial. La identificación entre el opositor y el “traidor a la patria” es una conocida forma de propaganda utilizada para desprestigiar al adversario político. Cuando a alguien, como ha sido el caso a menudo de los gobiernos de Putin, carga demasiado las tintas en esta identificación, puede generar odio hacia los “traidores”, una emoción ya difícil de controlar y que acaba, en ocasiones, con la aparición de grupos violentos que pretendan tomarse la justicia por su mano.

 

Logos de RT y Sputnik.

¿Cómo controla el gobierno Internet? ¿Se exagera el peso de las injerencias rusas en Europa?

Durante muchos años, Internet fue un espacio de libertad de expresión y democratización del acceso a la información. Sin embargo, como ha ocurrido en otros países occidentales, en 2012 fueron aprobadas en Rusia distintas leyes que tratan de limitar este potencial libertario de la red de redes, llegando a plantearse, incluso, el bloqueo de páginas web extranjeras. Al tiempo que esto ocurre, el Kremlin ha entendido la capacidad de influencia del espacio digital, creando toda una red de troles, hackers y blogueros funcionales a los intereses del presidente.

Por otro lado, sí se ha exagerado el peso de las injerencias rusas en Europa, sin negar que éstas se hayan podido producir. Un ejemplo de ello es el caso de la supuesta injerencia rusa en la independencia de Catalunya, que analizaron con solvencia los compañeros en El Temps. Allí se demostraba que, frente a lo que algunos medios de comunicación y analistas difundieron, no existen datos fiables que confirmen que Rusia haya tenido un papel decisivo en Catalunya. Así, por ejemplo, no se encontró un número significativo de fake news difundidas por los medios subvencionados por el Kremlin sobre la crisis en Catalunya, como sí ha ocurrido vastamente en la propaganda rusa respecto a Ucrania, Georgia o Siria, por ejemplo.

En la misma línea, algunos medios españoles utilizaron indiscriminadamente el término “ciberguerra” para referirse a un supuesto ataque que Rusia habría realizado contra España, hecho que implicaría ataques informáticos efectuados por hackers para dañar o sustraer información sensible o para destruir sistemas de comunicación, tal y como ocurrió en Estados Unidos en la campaña electoral o en Ucrania con el apagón de dos centrales eléctricas. El propio CNI desmintió que esto hubiera ocurrido.

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