“22 JULY”: UN FILM INTERESANTE SOBRE LOS ATENTADOS ULTRADERECHISTAS DE NORUEGA DE 2011

Tráiler subtitulado del film de Netflix titulado 22 July.

LOS ATENTADOS DEL ULTRADERECHISTA ANDERS BEHRING BREIVIK COMETIDOS EL 22 DE JULIO DE 2011 EN OSLO Y UTØYA DEJARON 70 MUERTOS Y 319 HERIDOS. Este octubre un film de Paul Greengrass producido para Netflix, 22 July, ha reconstruido aquellos tristes acontecimientos, en una cinta que desde nuestra óptica reviste notable interés.

Breivik, un “lobo solitario” que conmovió Noruega

Como es conocido, Breivik esa jornada detonó primero explosivos en Oslo, en la zona de los edificios del gobierno. Entonces, aprovechando la confusión creada, se desplazó al islote de Utøya vestido de policía. Allí se desarrollaba un campamento de las juventudes del socialdemócrata Partido Laborista. Breivik disparó de modo reiterado sobre los indefensos jóvenes y adolescentes, dejando una estela de muertes y desolación hasta que llegó allí la policía y se entregó.

Con la detención de Breivik trascendió su filiación extremista. Había experimentado un proceso de radicalización años antes, que le condujo a militar primero en el ultraderechista Partido del Progreso entre 2000 y 2007 y luego a abandonarlo. Las tesis de Breivik, que amalgamaban conspiracionismo, xenofobia y mística guerrera (muy influidas por el movimiento contrayihad), le llevaron a aprender a crear explosivos y, finalmente, a cometer los actos criminales reseñados. En Internet plasmó su cosmovisión conspiranoica en un voluminoso manifiesto que superó las 1.500 páginas titulado 2083: Una Declaración Europea de la Independencia.

Breivik causó conmoción pública durante su juicio al asumir abiertamente sus crímenes y considerarlos legitimados por sus tesis políticas. Durante el proceso incluso lamentó “no haber matado a más gente”. Fue condenado a 21 años de cárcel que pueden prorrogarse si su conducta hace temer que sea un peligro para la sociedad. Desde entonces Breivik no ha manifestado cambio alguno y escribe sus memorias. Pretendió ser, según comentó en Facebook, “el monstruo más grande desde la Segunda Guerra Mundial”.

Lo más llamativo de sus crímenes execrables, como explicamos en este blog, es que Breivik actuó como un “lobo solitario” (Lone Wolf), un patrón terrorista surgido en medios neonazis estadounidenses de los años setenta que luego adoptó el yihadismo radical. Únicamente él preparo los explosivos y organizó los crímenes, autoproclamándose miembro de un fantasmagórico ejército ultraderechista.

 

Breivik realiza el saludo fascista al iniciar el juicio de apelacion del proceso civil contra el Estado en enero 2017 (foto EFE-Lise Aaserud).

22 July, una mirada recomendable de los hechos

Ahora el cineasta Paul Greengrass aborda en la cinta 22 July, de 143 minutos, aquellos hechos: cómo Breivik cometió los crímenes, su impacto político y social y el proceso judicial. La película ha sido objeto de controversia, especialmente por su minuciosa y larga reconstrucción inicial de los asesinatos, que conmueve al lector por la violencia que desplegó Breivik, a la par que ha tenido un impacto desigual entre la crítica cinematográfica.

Por nuestra parte, consideramos que la cinta es interesante por tres razones. En primer lugar, y haciéndonos eco del análisis de Ishaan Tharoor en The Washington Post, la película permite comprobar en cierto modo cómo las ideas que Breivik manifestó entonces han tendido a integrarse más en el mainstream del pensamiento ultraderechista. En segundo lugar, porque muestra la acción terrorista de los “lobos solitarios”, indisociable de su discurso radical. Por último, porque su crimen puso a prueba el funcionamiento del Estado noruego en diversos ámbitos, desde el que comprende las responsabilidades y negligencias del gobierno ante los crímenes (¿Hubo negligencia y pudieron evitarse?) hasta las tensiones sociales que desató el proceso judicial al aprovecharlo Breivik para hacer apología de sus ideas.

En última instancia, 22 July plasma la difícil lucha que supone combatir el terrorismo, especialmente el de los “lobos solitarios”, desde los ordenamientos jurídicos democráticos.

 

 

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