EL PARLAMENTO CATALÁN CUMPLE 40 AÑOS SIN SER CAPAZ DE APROBAR UNA LEY ELECTORAL

Imagen del hemiciclo catalán (foto del Parlament).

 

EL PARLAMENTO CATALÁN HA CUMPLIDO 40 AÑOS INCAPAZ DE APROBAR UNA LEY ELECTORAL. Este hemiciclo inició sus sesiones el 10 de abril de 1980 y desde entonces Cataluña es la única comunidad que no dispone de ley electoral propia. Por esta razón celebra sus comicios basándose en la disposición transitoria cuarta del primer Estatuto de autonomía aprobado en 1979.

La provisionalidad permanente 

Esta última, explicó el periodista Jaume Pi en La Vanguardia diciembre de 2017, “se limitaba a establecer las cuatro provincias catalanas en circunscripciones electorales y el número de escaños correspondientes para cada una. Para el resto, vale lo dispuesto en la Ley de Régimen Electoral (Loreg) estatal aprobada en 1985” y recordó que de aprobarse “una ley propia, las elecciones en Cataluña seguirían rigiéndose parcialmente por la Loreg, ya que esta dicta normas generales para todas las elecciones en España”.

El estatuto aprobado en 2006 señala en su artículo 56 que “el sistema electoral es de representación proporcional y debe asegurar la representación adecuada de todas las zonas del territorio de Cataluña” y este es el meollo de la cuestión: ¿Cuál es la representación “adecuada”?

Así las cosas, en un parlamento donde el nacionalismo catalán primero y el independentismo después han tenido mayoría salvo durante los gobiernos tripartitos de 2003-2010, formados por PSC, ERC e ICV y presididos por Pascual Maragall (2003-2006) y José Montilla (2006-2010), han perdurado las provincias como elemento territorial decisivo.

Las paradojas de esta situación

Remarcamos este aspecto porque las provincias para el nacionalismo catalán han sido tradicionalmente la plasmación territorial del aborrecido jacobinismo y, sin embargo, son las circunscripciones electorales actuales. Y ello pese a haberse contemplado sin éxito alternativas como la vegueria e inicialmente, cuando se debatía el primer estatuto, la comarca.

Así las cosas, tampoco está de más recordar que se elige a los parlamentarios a partir de la Loreg (aprobada en 1985), que -a su vez- tiene su origen en las disposiciones electorales acordadas por las últimas Cortes franquistas en 1977. Estas lograron imponer criterios que han perdurado hasta hoy, como han señalado José Ramón Montero y Carlos Fernández Esquer: “los dirigentes políticos surgidos del franquismo, destinados a resultar electoralmente irrelevantes tiempo después, fueron capaces de imponer sus criterios para diseñar los componentes del sistema electoral que habrían de mantenerse durante décadas” (ver PDF doc).

La clave: el reparto territorial de escaños

La situación descrita tiene su clave en el actual reparto de escaños, que sobrerrepresenta a Tarragona, Girona y, sobre todo a Lleida, en detrimento de Barcelona. Esta infografía del diario catalán Ara (20/XII/2017) lo explica:

Como esta reparto ha beneficiado a los partidos mejor implantados en todas las provincias (que han sido los nacionalistas primero y hoy independentistas) no ha sido viable un acuerdo electoral, pues este pasa por modificar tal atribución de escaños. El tema no es baladí en absoluto porque una modificación pequeña puede ser determinante. Recordemos al respecto que en 1999 Maragall ganó las elecciones en votos (1.183.299, 37.8%) a Jordi Pujol (1.178.420, 37.7%), pero no en escaños.

La consecuencia de lo expuesto es que el parlamento de Cataluña, donde tanto se exalta la importancia de votar en plebiscitos y elecciones, es incapaz de aprobar una ley electoral que requiere el apoyo de dos tercios de sus 135 diputados.

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