EL TRIPLE ASESINATO DE ETA MÁS OSCURO (1973): FERNANDO QUIROGA, JORGE GARCÍA Y HUMBERTO FOUZ

De izquierda a derecha, Fernando Quiroga, Jorge García y Humberto Fouz (foto de El Español).

 

EL 24 DE MAYO DE 1973 FUERON SECUESTRADOS Y DESAPARECIERON TRES JÓVENES GALLEGOS EN EL SUR DE FRANCIA: FERNANDO QUIROGA, JORGE GARCÍA Y HUMBERTO FOUZ. ETA fue la responsable de su desaparición y asesinato, pero hasta el presente la organización y sus exintegrantes han mantenido silencio en torno a este triple homicidio, pese a los 47 años transcurridos. Así, los familiares de las víctimas no han podido enterrarlas, pues ignoran el paradero de sus cuerpos.

Desaparición, torturas y asesinato

Este episodio es uno de los más siniestros que ha protagonizado dicha organización y dimos cuenta del mismo en nuestro ensayo La Transición española, el voto ignorado de las armas. Esta fue la reconstrucción de los hechos.

Cuando la noche del 24 de marzo de 1973 los tres jóvenes día volvían de Francia tras ver el film El último tango en París (censurado en España), toparon con un grupo de ETA y su rastró se perdió. “Todo lo que se supo fue que habían sido capturados por un comando de ETA en las afueras de Bidart y llevados a algún lugar donde fueron torturados y asesinados”, explicó el general Sáenz de Santa María. ¿La razón? Fueron confundidos con policías.

El trato al que les sometió un comando liderado por Tomás Pérez Revilla habría sido de gran violencia, llegando a introducir un destornillador en el ojo de uno de los jóvenes. ETA pasó página del episodio con un silencio ominoso: cuando un etarra preguntó lo sucedido a Pérez Revilla, éste replicó que “cuanto menos supiera, mejor”. En octubre de 1975 el juzgado de Irún archivó el caso por falta de pruebas.

La investigación del escritor Adolfo García Ortega

En 2019 el escritor Adolfo García Ortega publicó una novela que reconstruyó la odisea de las tres víctimas (Quiroga, García y Fouz), Una tumba en el aire (puede leerse aquí su capítulo inicial). Para escribirla se documentó de forma profusa y habló con ex-integrantes de ETA y antiguos agentes y trazó un relató verosímil de lo que pudo suceder. Florencio Domínguez (director del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo) ha afirmado al respecto que el escritor “ha hecho el trabajo que tenían que haber realizado las instituciones”.

Ahora el Centro Memorial ha publicado el proceso que siguió García Ortega al informarse para escribir su novela con motivo de su presentación en Vitoria en mayo de 2019 y lo consideramos de sumo interés. Lo recoge el Cuaderno número 8 de la entidad, Notas sobre una investigación (para escribir Una tumba en el aire), publicado en marzo de 2020. Puede descargarse el documento en PDF clicando aquí.

El lector podrá hallar en sus páginas un relato interesante de la peripecia del autor para documentarse, formado por silencios, recelos y también -obviamente- por las aportaciones de quienes decidieron hablar. Entre los datos que aporta hay información llamativa. Así García explica lo siguiente:

En un remoto pueblo de Aragón me cito con W., expolicía relevante en la lucha contra ETA. Me recibe en el reservado de un restaurante. Me da información sobre la verosimilitud de lo de la playa (que yo dudaba). Tuvo información sobre el caso, hasta donde pudo averiguar, que me vale para la novela. Me da nombres útiles. Me pasa dosieres. Una de las cosas que me cuenta es que la persona que en el 2000 le proporcionó información sobre el caso, y que luego se echó a atrás, era un etarra que trabajaba para la policía y que en la época de los hechos estuvo en la cúpula de ETA. Le pido el nombre. Me lo dice, pero me pide que lo mantenga en secreto. Acepto. Alucinante. Guardaré el secreto. Le doy el nombre ficticio de Víctor (pp. 18-19).

Más adelante García habló con Víctor y este le contó “que Wilson, en diciembre del 73, ya no tenía peso y que la decisión de matar a Carrero en realidad la tomo él, el propio Víctor, después de que siguiera habiendo dudas e indecisiones” (p. 20).

En definitiva, todo lo expuesto hace más que aconsejable la lectura del cuaderno y la novela.

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