VOX SÍ, PACMA NO: UN GRAVE ERROR*

noviembre 17, 2018

 

Cartel del Pacma en las elecciones autonómicas y municipales de 2015.

VOX HA LOGRADO HACERSE MUY PRESENTE EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, a diferencia del Partido Animalista Contra el Maltrato Animal [PACMA], que lidera Silvia Barquero, ha merecido una atención informativa limitada. Y ello pese a que su estimación de voto según el CIS (1.6%) es mayor que la de Vox (1.4%).  ¿Por qué se ha produce esta situación? Desde nuestra óptica se explica por tres dinámicas que interactúan entre sí y que comentamos a continuación.

Infografía de El País (26/X/2018)

Las dinámicas que favorecen el influjo mediático de Vox

Por una parte, el hecho de constituir Vox la acusación particular del proceso secesionista catalán le ha brindado notable protagonismo informativo. Por otra parte, hay una marcada competencia entre PP, C’s y Vox por su potencial electorado. Desde esta óptica, también es lógico aludir a Vox en términos informativos, especialmente cuando sondeos como el del CIS le otorgan presencia institucional. Finalmente, una tercera dinámica actúa como trampolín mediático de Vox: el progreso de la ultraderecha europea. Cada vez que se produce un ascenso de partidos de este espectro ideológico en algún país se hace una referencia al caso español, en el que Vox es el aparente rótulo emergente.

Sin embargo, otro elemento estimula la información continuada sobre Vox: la asociación de la ultraderecha a la amenaza por excelencia de la democracia. Al proyectar este enfoque aquí, el “enemigo de la democracia” que tanto progresa en Europa parece hallarse ahora en ciernes de realizar el asalto a las instituciones en España. Y ello es novedoso después de los 36 años transcurridos desde que el partido neofranquista Fuerza Nueva [FN] se disolvió al perder su escaño en el Congreso en 1982. Este factor hace que Vox merezca una atención sobredimensionada y sea noticia sin generar novedad alguna. Logra así una cuota de visibilidad que puede estimular su apoyo en las urnas (al proyectarse como una marca de “voto útil”) y cumplir una autoprofecía: los medios de comunicación anunciaron que podía entrar en las instituciones y lograrlo finalmente.

El apagón informativo del Pacma

La proyección de Vox contrasta con el eclipse informativo del Pacma. Ciertamente, es un partido monotemático (centrado en defender los derechos de los animales) y su leitmotiv ya es conocido, por lo que suscita limitado interés. No obstante, hay dos elementos que deberían mover a la reflexión sobre su falta de visibilidad en contraste a la de Vox.

Por una parte, como hemos visto, el CIS le otorga mayor intención de voto que a Vox. Por otra parte, si bien es cierto que Vox logró mejores resultados en los comicios europeos de 2014 (244.929 votos, 1.5%) que el Pacma (176.237 votos, 1.1%), esta última formación obtuvo grandes apoyos en las urnas en los últimos comicios legislativos: 1.199.759 sufragios en el Senado (1.9%) y 284.848 en el Congreso (1.2%). Es más, en Cataluña, pese a la situación política de máxima polarización, sus apoyos no han cesado de crecer en los comicios autonómicos: 20.861 votos (0.5%) en 2012; 30.157 (0.7%) en 2015; y 38.743 (0.8%) en 2017. Pese a ello, el Pacma aparece poco en foros mediáticos y su liderazgo e ideario casi no se comenta, por lo que resulta prácticamente desconocido (¿alguien sabe algo de las políticas de empleo de su programa electoral?).

Pero, sobre todo, no se tiene en cuenta que Vox y el Pacma plasman un fenómeno importante y que pasa desapercibido: muestran la insatisfacción de la ciudadanía con la política tradicional no ha terminado con el tetrapartidismo actual (PP, PSOE, C’s y Podemos) y puede configurar un mapa político aún más fragmentado.

En este sentido, la comparación de sus supuestos apoyos ofrece datos de interés innegable, pues -según un artículo de El Confidencial (6/X/2018)– “los perfiles de sus votantes […] son prácticamente lo contrario. Si el votante medio de Vox es un varón de 55 años de derechas, el del Pacma es una mujer de 33 de izquierdas”.

Conclusión: un error importante

En suma, hoy se sobredimensiona la importancia de Vox y se infravalora la del Pacma. Ello no solo es una equivocación al calibrar su respectiva relevancia, sino también un error de calado. Ambos rótulos son el anverso y el reverso de un mismo fenómeno: la persistencia de la insatisfacción del electorado ante los partidos actuales, sean tradicionales o nuevos. Prestar atención a solo una de sus caras (Vox) deforma la realidad política emergente y amputa una de sus dinámicas, ya que solo parece crecer la ultraderecha cuando no sucede así, como testimonia el Pacma.

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Artículo publicado originalmente en El Periódico (15/XI/2018): Xavier Casals, “Vox, sí; PACMA, no: un grave error”.


EL ENIGMA DE LAS MEMORIAS DE FRANCO*

septiembre 30, 2018

Franco en su despacho de El Pardo en los años cincuenta (imagen de EFE).

AHORA QUE LA EXHUMACIÓN DE FRANCO REAVIVA CONTROVERSIAS SOBRE SU FIGURA, se impone plantear una cuestión importante: ¿El dictador dejó unas memorias? De ser así, ¿dónde están? Responder a estas cuestiones no es fácil, al hallarnos ante un tema vidrioso.

Conversaciones grabadas y apuntes

Según expertos conocedores de la vida del autócrata, como Ricardo de la Cierva y Stanley G. Payne, no hay constancia de tales memorias. De la Cierva abordó así la cuestión el 13 de mayo de 1976 en El País: “Se ha discutido mucho […] sobre la existencia de unas memorias del general Franco. Hay quien afirma que las ha visto. Se dice que existen unas cintas de conversaciones grabadas en la penúltima hora; algún cuaderno de apuntes, algunas notas dispersas”, escribió. Pero señaló que “en 1972 no existía nada parecido a unas memorias”. En el 2008, Payne y Jesús Palacios, en la edición de sus conversaciones con Carmen Franco (tituladas Franco, mi padre), señalaron que el dictador “no dejó redactadas ni dictadas sus memorias (que sepamos hasta ahora)”.

“Es verosímil la existencia de documentos dispersos de Franco, algunos esbozados y otros más desarrollados siguiendo un guion de su vida”.

Sin embargo, sendos testimonios acreditan que Franco concibió sus memorias o que su familia atesoró material en vista a las mismas. Uno de los testimonios es el de Joaquín Giménez-Arnau en Yo, Jimmy (1981). El libro se centra en su matrimonio con una nieta del dictador, María del Mar, y aporta información relevante sobre el tema. Según el autor, el marqués de Villaverde (entonces su suegro) le enseñó más de 40 cajas repletas de papeles, la mayoría manuscritos, que definió como “las memorias del Generalísimo”. No obstante, eran fondos heterogéneos, pues reunían “todos los resúmenes de cientos de Consejos” de Ministros con acotaciones de Franco. Villaverde le comentó también que el dictador “todos los días escribía sus pensamientos, una, dos y hasta tres horas por día. Escribió mucho”. Villaverde le informó asimismo de que estaba sacando de España aquella documentación de forma clandestina y le propuso a Giménez-Arnau editarla para no ponerla en manos de terceras personas: “En estos papeles se cuentan muchas cosas de amigos nuestros y no se pueden enseñar”, advirtió el marqués. También le contó que había 13 o 14 cajas de fotos del dictador “que no se han visto nunca”.

En este sentido, cabe pensar que Villaverde hizo un acopio importante de material documental de su suegro. Según el testimonio de Juan Cobos, empleado de El Pardo en vida del autócrata (La vida privada de Franco, 2010), cuando el dictador murió, el marqués dirigió una brigada que recogió toda la documentación de su despacho y se la llevó.

El otro testimonio que constata la existencia de unas memorias de Franco es el de Vicente Pozuelo (el doctor que cuidó al autócrata en su último año de vida) en Los últimos 476 días de Franco (1980). En esta obra, Pozuelo explicó que instigó al dictador a hacer sus memorias y le preparó un sumario. Franco las dictó en cintas tras una meticulosa preparación y confió su transcripción a la mujer del médico, Consuelo Ortueta. El material resultante lo guardó Carmen Franco, aunque Pozuelo reprodujo fragmentos del mismo en su obra.

Parece plausible que otras anotaciones del dictador destinadas a estas memorias fueron editadas en 1987 por el historiador Luis Suárez como “Apuntes” personales sobre la República y la guerra civil de Franco. Las publicó la Fundación Nacional Francisco Franco [FNFF], que custodia el archivo personal del dictador, en unas 40 páginas. Según indicó entonces Suárez, estas notas estaban en el despacho del dictador al fallecer y parecían el índice de unas memorias. Pero en 1990, Suárez cambió de idea y, en Manuscritos de Franco, las consideró “guiones” para conversar con algunos biógrafos suyos y sin fines autobiográficos. Por nuestra parte, consideramos discutible esta apreciación, pues en esas notas Franco pareció plasmar un plan para sus memorias.

En definitiva, ateniéndonos a lo expuesto es verosímil la existencia de textos autobiográficos de Franco dispersos, algunos esbozados y otros más desarrollados siguiendo un guion. Dado que en el archivo de la FNFF no constan los documentos del dictador a los que aluden Pozuelo, Giménez-Arnau y Cobos, cabe pensar que podría tenerlos su familia. Esta, pues, debería clarificar en qué medida existen tales fondos y hacerlos accesibles. De lo contrario, asistiremos a una ironía de la historia: el dictador que tanto censuró en vida, ahora podría ser censurado de forma póstuma por sus descendientes, al no ver la luz sus textos autobiográficos.

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* Este artículo fue publicado originalmente como Xavier Casals, “El enigma de las memorias de Franco”, El Periódico (24/IX/2018).


UN GUARDIA CIVIL CONOCEDOR DE LA LUCHA CONTRA ETA, CREE QUE EL ETARRA PERTUR FUE ASESINADO POR UN GRUPO DEDICADO A LA “GUERRA SUCIA”

septiembre 17, 2018

Pertur

Pertur (imagen de EFE, publicada por eitb.ews).

¿FUE UN GRUPO PARAPOLICIAL EL AUTOR DE LA MUERTE DE PERTUR? En julio de 2016 pasado, cuando se cumplieron 40 años de la desaparición del dirigente de ETA-político militar Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, hicimos una entrada en el blog que reprodujo una crónica de Luis R. Aizpolea en El País (23/VII/2016). En ella se exponía la controversa existente sobre la autoría de su muerte.

Una desaparición sobre la que circulan versiones opuestas

De este modo, una hipótesis apunta que su desaparición fue obra de los propios etarras por las posiciones ideológicas que Pertur sostenía, mientras otra la atribuye a la actuación de un grupo de ultraderecha de carácter parapolicial dedicado a la llamada “guerra sucia” contra ETA. Por nuestra parte, tras analizar el tema en nuestro último estudio La transición española. El voto ignorado de las armas, apuntamos que la hipótesis más verosímil sobre su desaparición fue su asesinato por parte de miembros de la propia ETA.

Sin embargo, este año se ha publicado el testimonio de un agente de la Guardia Civil, Manuel Pastrana (Pastrana, en el nombre de la guerra sucia), que sostiene la versión opuesta de los hechos

Así, expone su opinión sobre la muerte de Pertur a partir de su conocimiento de la lucha contra ETA, que es substancialmente diferente a la que nosotros hemos argumentado. La reproducimos a continuación por su interés sobre el tema:

“[…] Las teorías son innumerables para explicar su muerte [de Pertur]. Alguna alude incluso a un ajuste de cuentas entre facciones de ETA. Yo no soy quién para desmentir ninguna, pero creo que las cosas fueron diferentes. La Armada había montado un equipo de inteligencia naval. Más que un equipo eran unos juramentados, con el objetivo de no descansar hasta que dieran venganza a la muerte del almirante Carrero Blanco. Más tarde hice amistad fuerte con uno de los de ese equipo. Conocido como ‘Pedro el marino’, realmente Juan Manuel Rivera Urruti, capitán de fragata. Todos o casi todos los miembros del comando de ETA de la Operación Ogro [nombre que ETA empleó para aludir al operativo que asesinó a Carrero el 20 de diciembre de 1973] cayeron tarde o temprano por la tenacidad de este equipo. Pertur, estoy convencido de que entregado por su propio primo a cambio de dinero, también cayó. Y creo que literalmente cayó desde la borda de un patrullero en alta mar. Jamás se encontró su cadáver” (p. 158).

La polémica sigue

Así pues, según el punto de vista de Pastrana, Pertur fue víctima de la “guerra sucia”. Por consiguiente, la controversia sobre su muerte dista de estar cerrada. El apunte  de este guardia civil no puede ser echado en saco roto por su conocimiento sobre la lucha del Estado contra ETA. De ahí que nos hagamos eco del mismo, sin que ello suponga que el caso está cerrado.


LA ULTRADERECHA Y LOS LÍMITES PROBLEMÁTICOS DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN: EL CASO ALEX JONES

agosto 27, 2018

Infografía sobre la censura en Internet (imagen de tecnolocura.es). 

 

¿QUIÉN DEBE EJERCER LA CENSURA EN LA RED Y CÓMO DEBE LLEVARSE A CABO? El “caso Alex Jones”, el veto de las grandes plataformas de la red a un extremista de derecha, plantea esta cuestión importante.

Habitualmente, se considera que el “discurso del odio” debe erradicarse de las redes. Pero llevarlo a la práctica plantea aspectos éticos (¿dónde está el límite de la libertad de expresión?) y también políticos (¿deben ser las grandes corporaciones de Internet -unos entes lucrativos privados- los censores?).

El tema no es menor porque, al margen de que ahora la extrema derecha pueda enarbolar la bandera de la libertad de expresión, al final pueden quedar limitadas las libertades de todo el mundo.

A continuación reproducimos el texto y las imágenes de un más que interesante artículo que expone el caso de Alex Jones y refleja el debate que plantea en los términos antes apuntados. Su autor es Pablo Ximénez de Sandoval y lo público en El País (15/VIII/2018).

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Facebook, Apple, Google y Twitter vetan a la ultraderecha paranoica. ¿Es una buena noticia?

Las redes sociales expulsan al incendiario y ofensivo Alex Jones, abriendo el debate sobre el poder de las grandes tecnológicas para imponer los límites de la conversación.

Alex Jones, en la convención republicana de Cleveland en 2016.
Alex Jones, en la convención republicana de Cleveland en 2016 (Foto: Lucas Jackson-Reuters).
 

DE PRONTO, ALGUIEN PUSO UN LÍMITE. La línea roja de lo que se puede decir en las redes sociales parece estar trazada en Alex Jones, conductor de Infowars, un informativo que hace honor a su nombre. El pasado 6 de agosto, Youtube, Apple, Facebook y Spotify purgaron de sus servicios todo el contenido producido por Jones, un enloquecido y jadeante locutor que lleva años propagando las teorías más tóxicas de la ultraderecha de Estados Unidos. La decisión fue celebrada por un lado, pero por otro abrió en canal uno de los debates más trascendentes de la era de la política digital. Quién decide qué se puede decir y dónde.

La decisión pareció partir en un principio de Apple, que borró cinco podcasts de Jones el día anterior. “Apple no tolera el discurso de odio”, dijo la compañía en un comunicado. Facebookdijo que las páginas de Jones violaban sus condiciones de servicio. “Lo hemos quitado porque glorifica la violencia, lo cual viola nuestra política sobre violencia gráfica, y utiliza un lenguaje deshumanizante para describir a personas transgénero, musulmanes e inmigrantes, lo que viola nuestra política sobre expresiones de odio”. Facebook ya había retirado algunos vídeos específicos de Jones, pero en esta ocasión eliminó cuatro páginas completas de Infowars. Les siguieron YoutubeSpotify y Vimeo. No es el primer veto de este tipo, pero Jones es un símbolo para ese submundo político.

Twitter, sin embargo, no vetó a Jones. Lo explicó el presidente de la empresa en persona, Jack Dorsey, en un tuit: “Sabemos que es duro para muchos pero la razón es simple: no ha violado nuestras normas. Las aplicaremos si lo hace. Y vamos a continuar promoviendo un entorno de conversación sano asegurándonos de que los tuits no son amplificados artificialmente”. La decisión ha sido tan criticada como permitir que Donald Trump mantenga su cuenta.

Esta situación duró hasta el martes 14, cuando Twitter anunció que también quedaba suspendida la cuenta de Jones. Su último tuit (en defensa de Trump) salió a las 18:54 del Este. La cuenta está congelada durante siete días. Jones puede acceder a Twitter, pero no enviar mensajes o retuitearlos. La razón es una violación de las condiciones del servicio por tuitear un enlace que, según la empresa, incita a la violencia.

Alex Jones, en los juzgados de Austin, Texas.
Alex Jones, en los juzgados de Austin, Texas (Foto: Jay Janner-AP).

No hay perfil de Jones, tejano de 44 años, que no lo presente como el mayor conspiracionista de Estados Unidos. El más disparatado. El líder (quizá también el más entretenido y mejor comunicador) de una banda de autoproclamados libertarios con una visión paranoide del Estado y los poderes multinacionales. Un submundo de teorías estrambóticas que en el último lustro fueron pasando de los rincones de Internet, poco a poco, a contaminar al público general.

Ese camino acabó por cuajar políticamente en Donald Trump. En diciembre de 2015, el ya candidato apareció en el programa de Jones y dijo: “Tu reputación es increíble. No te defraudaré”. Esta relación terminó de rociar a Jones con cierto aroma de credibilidad entre una parte de la derecha. En agosto de 2016, en plena campaña electoral, llegó a decir: “Es alucinante hablar de cosas aquí y luego oír a Trump decirlas palabra por palabra dos días después”. Jones ha asegurado en entrevistas que ha seguido en frecuente contacto con Trump ya como presidente.

La clase de desinformación que ha difundido Jones por Internet durante la última década es irreproducible. Una recopilación somera, sin entrar en detalles: el Gobierno controla el tiempo atmosférico; el entorno de Hillary Clinton tenía una red de pedofilia en el sótano de una pizzería de Washington; los demócratas están planeando un “genocidio blanco”; y los padres de los niños asesinados en la escuela Sandy Hook en 2012 son actores, nadie murió allí y todo es una campaña para promover el control de armas. Actualmente tiene presentadas contra él seis demandas por difamación, tres de ellas de padres de niños asesinados en Sandy Hook.

jack

@jack

We didn’t suspend Alex Jones or Infowars yesterday. We know that’s hard for many but the reason is simple: he hasn’t violated our rules. We’ll enforce if he does. And we’ll continue to promote a healthy conversational environment by ensuring tweets aren’t artificially amplified.

El afectado, Jones, denunció “la purga total de Infowars” y la censura por parte de “los globalistas”. Lleva una semana advirtiendo de que los poderes oscuros, la izquierda y el Estado profundo van también a por su página web, y que después irán a por todos los presentadores de Fox News. A pocos importa. Pero en al menos de sus tuits acertó con el debate: “Puede que no te guste, puede que desprecies mis ideas políticas, pero yo soy el canario en la mina. Quieren sentar un horrible precedente que estrangulará la libertad de expresión online para siempre. ¿Deben los millonarios y las grandes corporaciones decidir lo que podemos decir y leer? ¡No les dejes ganar!”.

Porque, en contra de lo que pudiera parecer, la reacción al veto de Infowars no ha sido de celebración unánime. Condenar su discurso es una cosa. Vetarlo, otra distinta. Todos los expertos coinciden en que Jones no puede invocar la Primera Enmienda (la libertad de expresión es intocable), porque no le ha censurado el Gobierno. Pero la Unión Americana por los Derechos Civiles (ACLU), una organización nada sospechosa de contemporizar con Alex Jones y muy combativa en causas sociales, reaccionó con una advertencia sobre la censura.

Alex Jones

@RealAlexJones

This is a political assassination of my character.

I am never allowed on CNN to defend myself.

Things are constantly attributed to me that I never said.

Alex Jones

@RealAlexJones

You may not like me, you may despise my politics, but I am the canary in the coal mine.

They want to set a horrendous precedent which will strangle free speech online, FOREVER.

Should billionaires & huge corporations get to decide what we can say and read?

Don’t let them win!

“El hecho de que las plataformas de redes sociales como Facebook se hayan convertido en indispensables para la expresión de miles de millones de personas debería hacerles resistirse a las peticiones para censurar ofensas”, responde en un email Vera Eidelman, especialista de ACLU en libertad de expresión en Internet. “Animar a estas compañías a silenciar individuos de esta manera se volverá en contra. Ya sea porque no les guste el discurso de odio o por contenido inapropiado, se equivocarán”, dice Eidelman. ACLU pone el ejemplo de mujeres de color que han sido censuradas cuando ponían en Facebook comentarios racistas que les habían hecho a ellas.

Una opinión parecida expresa David Greene, de la Electronic Frontier Foundation, una organización que promueve los derechos civiles en el mundo digital. “Deberíamos ser extremadamente cautelosos antes de abrazar un Internet que está moderado por defecto por compañías privadas”, dice Greene en un email. “Las plataformas que decidan moderar deben ser transparentes y responsables de sus decisiones de moderación, sus normas de decisión deben ser claras y aplicadas con coherencia, y deben disponer de un medio para reclamar”.

Para el abogado Ryan E. Long, especializado en casos de propiedad intelectual en Internet, plataformas como Facebook no puede justificar el veto a personajes escandalosos de la derecha y no hacerlo con los que sigue la izquierda. Pone como ejemplo al predicador Louis Farrakhan, cuyos discursos incendiarios son fáciles de encontrar. “Creo que están impulsando la agenda de la izquierda”, dice Long por teléfono. “Me molesta como americano. No estoy de acuerdo con Alex Jones, pero defiendo su derecho a hablar. Esto (el veto) muestra que tienen una agenda”.

Como solución, cree que las empresas “podrían poner una advertencia sobre el contenido”, de Jones y de “cualquiera que diga cosas ofensivas”, algo así como la pegatina de los discos advirtiendo de que las letras son malsonantes.

“Cuando controlas la herramienta imprescindible para competir en el mercado estás obligado, en ciertas circunstancias legales, obligado a otorgar un acceso razonable a esa herramienta a los competidores”. Long cree que no hay lugar a invocar la Primera Enmienda, porque estas empresas no son el gobierno, “pero los competidores no pueden generalmente ponerse de acuerdo para boicotear o bloquear a un competidor, según las leyes antitrust”. La queja de Long es más amplia: “Ahora si no eres políticamente correcto se te considera un fascista. No es bueno callar a la gente en vez de debatir”.

Richard Forno, experto en ciberseguridad de la Universidad de Maryland, coincide en que no hay protección de la Primera Enmienda en este caso. “Somos una empresa privada, tenemos unas condiciones de servicio, tus acciones violan esas condiciones, tenemos derecho a suspenderte la cuenta. Para mí, es una pura transacción comercial”. Forno cree estas compañías están mandando un mensaje: “Si hemos quitado a este trol, podemos quitarte a ti”.

La razón, opina, no es que se hayan dado cuenta de pronto de los disparates que se dicen en su plataforma. “Mi opinión personal es que el nivel de toxicidad del discurso público les ha llevado a hacer algo que podían haber hecho hace cinco años. Quizá han decidido ahora poner de su parte para influir en un ambiente que está afectando a los fundamentos mismos de la sociedad”. Al mismo tiempo, reconoce que esta vigilancia “nos deja a merced de estas compañías”. “Esa es la pregunta sin contestar. ¿Vamos a permitirles que sean los guardianes del debate público? No tengo respuesta”.

Scott Shackenfold, profesor de ciberseguridad y gobernanza de Internet en la Universidad de Indiana, cree que esta forma de actuar de plataformas como Facebook está influido por el hecho de que “la mayoría de su crecimiento está fuera de Estados Unidos, donde las reglas del discurso político son distintas”. “Estos nuevos mercados no tienen la visión estadounidense de la libertad de expresión, que hay que reconocer que es bastante única”, añade Shackenfold en una entrevista telefónica. “Solo sorprende si estás en EE UU”.

Estas plataformas de información “tienen más poder del que ha tenido nunca ningún consejo editorial y deben admitirlo”, dice Shackenfold. “Es bueno que cada vez más reconozcan su papel y tengan una responsabilidad social. Espero que amplíen esa visión a otras cosas. Por ejemplo, que apliquen las normas sobre protección de datos de la Unión Europea en todo el mundo”.

Mientras, los seguidores de Infowars están buscando la manera de escuchar a Jones. Aparte de su hiperactiva cuenta de Twitter, que en teoría recuperará en una semana, sigue teniendo su página web. La aplicación de Infowars sigue disponible en la tienda Apple. Dos días después del veto, era la aplicación número uno en tendencia en la tienda Google Play y la tercera en Apple. Cuando el usuario muestra interés en la aplicación de Infowars, Apple Podcasts ofrece las aplicaciones de todo el espectro mediático ultra, como Rush LimbaughRebel MediaBreitbart y The Daily Caller.

El profesor Shackenfold se pregunta dónde van a poner estas plataformas de expresión la línea roja. Si se va a quedar en Alex Jones o se va a seguir moviendo. “Eventualmente, se acabarán expresando en otros sitios. No necesariamente en el Internet profundo, sino en otras redes. Puede que incluso crezcan competidores. Puede que algún día echemos de menos la época en que el discurso era más transparente y se veía qué opinaba cada uno y quién interactuaba con quién”.


EL VALLE DE LOS CAÍDOS, LA RECONCILIACIÓN IMPOSIBLE*

julio 19, 2018

Manifestación en el Valle de los Caídos del 15 de julio de este año para protestar contra el eventual traslado de los restos dde Francisco Franco (foto de EFE/ Juan Carlos Hidalgo).

 

EL PRÓXIMO ABRIL EL VALLE DE LOS CAÍDOS CUMPLIRÁ 60 AÑOS DE SU APERTURA. Su historia es conocida: Franco decretó su construcción en 1940 e intervinieron presos republicanos en las obras, concluidas en 1958. El dictador, según su hija Carmen, “quizá quería que [el conjunto] fuera como lo de Felipe II después de la batalla de San Quintín, que había hecho el monasterio de El Escorial”. Franco, en apariencia conciliador, decidió que el lugar acogiera a difuntos de ambos bandos de la contienda, reuniendo allí los restos de 34.000 víctimas.

Pero pronto se constató que el Valle de los Caídos difícilmente sería un lugar de confraternización, pues en el discurso de inauguración el dictador recordó su triunfo en la contienda: lo efectuó el 1 de abril de 1959 (vigésimo aniversario  de su victoria) y recordó que su lucha seguía: “La anti-España fue vencida y derrotada, pero no está muerta”, afirmó.

A la vez, los restos humanos depositados en el mausoleo llegaron por vías azarosas. La politóloga Paloma Aguilar señaló que su procedencia “no ha sido investigada” (hubo “traslados masivos de algunas fosas comunes que no fueron consultados con nadie”) y no todos los caídos republicanos pudieron ser enterrados en el lugar al tener que acreditar su fe católica los familiares.

Tampoco reinó la satisfacción entre vencedores: en junio de 1958 el primo del dictador, Francisco Franco Salgado-Araujo, anotó que había quienes veían mal “que se pudieran enterrar en la cripta lo mismo los que cayeron defendiendo la Cruzada que los rojos, que para eso aquellos están bien donde están”.

El traslado del cuerpo de José Antonio Primo de Rivera

Además, el traslado del cuerpo de José Antonio Primo de Rivera (fundador de la Falange) al Valle respondió a intereses políticos. Primo fue ejecutado en Alicante en 1936 y en noviembre de 1939 sus restos fueron llevados al monasterio de El Escorial, donde están enterrados los reyes españoles, lo que solo podía irritar a los monárquicos. Según la socióloga Zira Box, Franco lo decidió porque aquel sitio era “el signo glorioso de la resurrección de la Patria”. El traslado del cuerpo fue el ritual más espectacular del régimen: un cortejo iluminado con antorchas portó el ataúd relevándose cada 10 kilómetros. Sin embargo, en marzo de 1959 el dictador ordenó depositar el cadáver de Primo en el Valle para dar cancha a los monárquicos en detrimento de la Falange y se ausentó del acto (le representó Luis Carrero Blanco).

Como puede apreciarse, el conjunto monumental ya no fue un ámbito de concordia desde sus inicios. En tal escenario, el entierro del autócrata en la basílica en 1975, junto a la tumba de José Antonio, selló la identificación del lugar con la dictadura. Sin embargo, Franco no decidió sus exequias allí, sino que habría sido el presidente Carlos Arias Navarro. El primero solo hizo un lacónico comentario al respecto el día de inauguración del conjunto a su arquitecto, Diego Méndez: “Bueno, Méndez, y en su día yo aquí, ¿eh?”, dijo. Es más: el dictador ni siquiera transmitió su voluntad a la familia: “Yo no tenía ni idea de dónde quería ser enterrado”, comentó su hija.

Juan Mª de Peñaranda, participante de la ‘Operación Lucero’ (nombre del dispositivo organizado por el servicio de información -el SECED- para el sepelio de Franco), dio esta explicación: “Fue una decisión de presidencia, a sugerencia nuestra”, para evitar enterrar el cadáver en la ciudad. Con esta decisión el Valle se convirtió en un centro de peregrinaje político de devotos del falangismo y nostálgicos del franquismo.

La ley de memoria histórica del 2007

La llamada ley de memoria histórica del 2007, que promovió José Luis Rodríguez Zapatero, quiso despolitizar el complejo y prohibió realizar en él “actos de naturaleza política”. Sin embargo, la medida fue de escasa mella en un imaginario que vincula el conjunto arquitectónico con la glorificación de la dictadura. Por esta razón, no parece que el traslado del cadáver de Franco (dejando el de José Antonio en la basílica) llegue a alterar de forma sustancial esta percepción.

Este panorama tiene un triste corolario: España carece hoy de un espacio de reconciliación de la Guerra Civil socialmente asumido como tal. En 1985 se quiso remediar este vacío y el Rey Juan Carlos inauguró en Madrid la plaza de la Lealtad un monumento a todos los caídos de la conflagración de 1936: una antorcha cuya llama debía arder en “honor a todos los que dieron su vida por España”. Pero la iniciativa no cuajó y hoy el Valle de los Caídos constituye un legado envenenado del franquismo, que encarna la vigencia de las “dos Españas” machadianas ocho décadas después de la Guerra Civil.

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* Artículo originalmente como Xavier Casals, “El Valle de los Caídos, la reconicliación imposible”, El Periódico (17/VII/2018).

 


¿QUIÉN DECIDIÓ QUE FRANCO FUESE ENTERRADO EN EL VALLE DE LOS CAÍDOS? EL PAPEL DESCONOCIDO DE LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA

junio 28, 2018

 

La cruz del Valle de los Caídos (foto de El País).

 

EL VALLE DE LOS CAÍDOS ES UN POLÉMICO MAUSOLEO y en él se hallan sepultados tras el altar mayor tanto el fundador de la falange, José Antonio Primo de Rivera, como Franco. Actualmente se plantea retirar su cadáver del conjunto monumental. El entierro de José Antonio en este lugar lo decidió Franco en el marco de una compleja política de equilibrios del régimen. ¿Pero quien decidió que el dictador fuera sepultado al lado del líder falangista?

La “Operación Lucero” y los servicios de inteligencia

La respuesta es un tanto sorprendente: en última instancia no lo hizo ni el dictador (que había hecho erigir el conjunto como mausoleo propio) ni su familia, sino el gobierno de Carlos Arias Navarro siguiendo una sugerencia del personal del Servicio Central de Documentación [SECED].

Este servicio de información dependía de presidencia del Gobierno y le fue encargado planificar con antelación el dispositivo oficial que tendría lugar al fallecer Franco, designado como “Operación Lucero”.

memoriaocultadelejército

Portada de Memoria oculta del Ejército, de Francisco Medina.

A continuación reproducimos el testimonio de uno de los responsables de esta misión, Juan Peñaranda, recogido por el ensayista y periodista Francisco Medina en su más que recomendable estudio sobre el Ejército y los servicios de inteligencia en la política española: Memoria Oculta del Ejército. Los militares se confiesan (1970-2004) (Espasa, Madrid, 2004). Esta es la citación textual de las páginas 229-230:

 “¿Por qué [se escoge] el Valle de los Caídos al final? Pues no fue una decisión de Franco. No. Fue una decisión de Presidencia, a sugerencia nuestra. Pero, claro, ¿dónde ibas a enterrarle una vez que se decide que iba a ser aquí, en Madrid? La ventaja del Valle de los Caídos es que lo sacas de la ciudad, pues no había un sitio permanente en Madrid donde poder enterrarle. El Valle de los Caídos, en ese sentido, parecía un sitio estupendo; la basílica se había hecho para conmemorar a los caídos, aunque pocos del bando republicano quisieron enterrar allí a sus familiares. Algunos incluso lo prohibían. En fin, nosotros hicimos la sugerencia, explícamos los pros y los contras, y luego lo aprobaron quienes lo tenían que aprobar. ¿Se consultó con la familia? No lo sé… Aunque claro, Arias tenía buena relación con la familia del Generalísimo… Llega luego un momento en el que se ve que la salud del Caudillo decae rápidamente. Yo creo que eso es a la vuelta del verano del 75. Al iniico del otoño quizá Arias se lo dice a la familia… Y Doña Carmen [Polo] debió decirle: “Haced lo que os parezca más oportuno”. Pero no era un tema de consulta, sino tener la cortesía de anunciarles lo que íbamos a hacer… Para la Operación Lucero, el Valle de los Caídos era un asunto firme. Esa clase de decisiones tan importantes tardaron en tomarse, pero eran básicas para poder continuar… Tenías que decidir dónde enterrabas a Franco, dónde se ponía el féretro para que lo visitara la población… Y eso no lo dejabas al albur para, cuando llegue el momento… Porque todos los dispositivos de seguridad, de tráfico, de autoridades, de viajes…, todos estaban relacionados con esos puntos. Y ya se dijo: Valle de los Caídos y Palacio Real. 

En suma, una decisión que se ha mostrado tan controvertida y polémica con el paso del tiempo no solo fue ajena al dictador, sino quizá hasta a su familia.

Entierro Franco

Entierro de Franco en el Valle de los Caídos.

El episodio, por lo demás, refleja un elemento que suele pasar desapercibido en las crónicas de la Transición: la creciente importancia que adquirieron los servicios de inteligencia en nuestro país.

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* Entrada publicada en septiembre de 2013, reproducida en noviembre de 2015 (al cumplirse 40 años de la muerte de Franco) y ahora actualizado por su interés.


CÓMO LA ULTRADERECHA OBTIENE PROVECHO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: EL CASO DEL KU KLUX KLAN

marzo 31, 2018

Mujeres del KKK en Indiana en 1924 (imagen del blog agente provocador).

EL TRATAMIENTO INFORMATIVO DE LA EXTREMA DERECHA HA SIDO OBJETO DE ANÁLISIS ACADÉMICO LAS DOS ÚLTIMAS DÉCADAS. ¿La razón? El eco mediático de sus tesis y temas puede contribuir a darle proyección y normalizarla, lo que es objeto de controversia, como ya lo plasmamos en nuestra obra Ultrapatriotas (2003).

De este modo, por ejemplo, el politólogo Patrick Moreau señaló en 2001 que ésta no era una cuestión menor, pues estos “tienen una parte de responsabilidad” en su éxito “porque divulgan los temas populistas”: “las informaciones presentadas son, esencialmente, de contenido negativo, porque evidentemente, los contenidos negativos dan más que hablar. Los incontables talk-show que presentan las consecuencias sociales y morales de la crisis, la multiplicación de las revistas de información que sólo buscan imágenes de impacto, acaban por influir negativamente en una población a priori ya profundamente inquieta y desorientada”.

Asimismo, los también politólogos Yves Mény e Yves Surel en el 2000 señalaron en este sentido que los líderes de de los nuevos populismos de derechas “han sabido utilizar de maravilla el talón de Aquiles de la sociedad mediática; es decir, su interés casi patológico por el escándalo”.

En síntesis, el eco mediático que obtiene la ultraderecha no es un tema menor para comprender su ascenso. Por esta razón, nos ha parecido interesante reproducir una entrevista a Felix Harcourt (profesor asistente visitante de historia del Austin College), autor del ensayo histórico Ku Klux Kultureque analiza el caso del Ku-Klux-Klan en la década de los años veinte del pasado siglo. Realizada por Louis Beckeet para The Guardian, en España ha sido traducida por Emma Reverter y publicada por eldiario.es (9/III/2018), de donde la hemos reproducido al considerarla de interés para nuestr@s lector@s.

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En los años veinte, la cifra de miembros del Ku Klux Klan se disparó a lo largo y ancho de todo Estados Unidos, en parte gracias a la cobertura mediática. Una serie de reportajes de un diario pudo haber atraído a cientos de miles de nuevos miembros.

Felix Harcourt, profesor de Historia en Austin College y el autor del libro  Ku Klux Kulture, ha analizado la relación “de conveniencia” entre el Ku Klux Klan y los diarios, y las similitudes entre la discusión en torno a la atención mediática que recibió el Klan en los años veinte y algunos debates actuales.

Estamos observando el  debate en los medios de comunicación en estos momentos sobre cómo tratar con los movimientos racistas y neonazis blancos. Usted ha analizado el mismo debate que se producía hace casi 100 años. ¿Puede describirnos aquel momento?

En 1921, el periódico New York World publicó durante tres semanas una serie de reportajes en portada sobre el Klan: denunciaba a diario su ideología, sus actividades, su secretismo y su propensión a la violencia. Consiguió que todas las instituciones de la ciudad criticaran públicamente a la organización.

De hecho, al final consiguió que el Congreso de Estados Unidos celebrara una sesión sobre el creciente poder del Ku Klux Klan. Algunos calculan que The World ganó más de 100.000 lectores con esta cobertura. Sus reportajes se publicaron en otros 17 periódicos y propició que otros medios publicaran reportajes parecidos.

Según algunos cálculos, si por un lado The World ganó más de 100.000 lectores, por el otro, el Klan consiguió cientos de miles de nuevos miembros. Incluso pudo darse el caso de que se dieran de baja como suscriptores del periódico que los informaba sobre el Klan para darse de alta en la organización.

Portada de Ku Klux Kulture.

Así que pensaban: “Este es el formulario secreto de solicitud de entrada en el Klan. ¿No es horrible que se manifieste así el odio en Estados Unidos?”. Y recortaban el anuncio del periódico y decían: “Me voy a hacer miembro del Klan”.

Así era.

¿Por qué no pasó algo similar en etapas anteriores del Klan?

En cierto modo, tiene que ver un cambio de estilo de los periódicos. En los años veinte, se dio un giro de 180 grados hacia el periodismo sensacionalista y el formato tabloide. Y, sin lugar a dudas, la cobertura que dieron los periódicos sobre el Klan encaja con esta tendencia. Les permitía publicar fotos impactantes en portada y atraer mucha atención.

El Klan era perfectamente consciente de ello y añadía un aire teatral a sus actos para captar la máxima atención. Hizo un esfuerzo para invitar a periodistas, pero al mismo tiempo evitó que se acercaran demasiado ya que quería “proteger los secretos”, para proteger el mito. Era su táctica. Necesitaban la atención de los medios de comunicación y al mismo tiempo no perder su mística.

Imagen de Felix Harcourt de su cuenta de Twitter (@FelixHistory).

¿Entonces el Klan era consciente del contexto mediático en el que se movía?

Perfectamente consciente. Sabía que muchos periódicos querían fotos del Klan, nítidas y desde cerca. Así que contrató a un fotógrafo y vendía las imágenes a los periódicos locales. También sabía que un cierto tipo de actos conseguía atraer una mayor atención mediática y es por este motivo que cada vez se organizaban actos con cruces de fuego de mayor tamaño o hacían volar avionetas de las que colgaban cruces iluminadas. Hubo un esfuerzo por alimentar el espectáculo.

¿Cómo fueron en un inicio los debates en torno a la cobertura mediática y cómo cambiaron más tarde?

La tendencia inicial de los medios fue seguir el modelo de denuncia exagerada del New York World. Sin embargo, cada vez fueron más conscientes de que el Klan tenía sus estrategias para conseguir que se hablara de la organización. A veces a través de amenazas físicas. Los editores del Messenger [una revista afroamericana] recibieron un sobre con una mano amputada. Pero más a menudo, ya que crecieron en poder e influencia, vieron que el boicot era una herramienta muy efectiva, y cada vez más la publicidad, lo que les llevó a prometer ingresos por anuncios de propaganda a aquellos medios con una cobertura al menos neutral de la organización.

¿Centrarse en la publicidad les fue rentable?

Es muy probable. En los años veinte contrató a conocidas agencias de publicidad. Vemos anuncios con mucha difusión que afirman: “Esta es la verdad sobre el Klan. No escuches lo que dice la prensa”. Muchos de los principales diarios empiezan a ser conscientes de que si bien denunciar la actividad del Klan les puede proporcionar algunos nuevos lectores también pueden perder a otros.

Llegan a la conclusión de que lo que les conviene es dar una cobertura lo más neutral posible. El problema con eso, por supuesto, es que al tratar de ser imparcial lo que realmente estás haciendo es presentar al Klan como una organización normalizada y aséptica; polémica, eso sí, pero popular y ampliamente aceptada.

¿Qué organizaciones y grupos se mostraron críticos con la forma en la que el KKK era presentado en los medios de comunicación?

Los periódicos católicos, judíos y afroamericanos. Algunos periódicos afroamericanos creen que era mejor no conceder al Klan ningún tipo de publicidad en los medios, lo que en ese momento se llamó “silencio digno”. Otros, sin embargo, comparan al Klan con un incendio forestal. Cortar el oxígeno terminará por matarlo, pero mientras eso no ocurra hará muchísimo daño. Es por este motivo que algunos periódicos eran partidarios de dar una cobertura mucho más agresiva.

El Pittsburg Courier, por ejemplo, en vez de publicar un reportaje sobre una popular jornada sobre el Klan en la Feria Estatal de Texas, optó por hablar de actos que desembocaron en disturbios y violencia, con el objetivo de terminar con la percepción, alimentada por algunos de los grandes periódicos blancos, de que a la organización, a pesar de generar polémica, le iba bien.

¿Los periodistas se reían o burlaban de la organización?

Se publicaron muchas caricaturas políticas que se burlaban del Klan pero, como señaló un destacado crítico teatral de la época, la organización era capaz de seguir adelante si le tiraban pasteles a la cara. A los miembros del Klan no les afectaban este tipo de burlas. Pensaban que simplemente eran una buena muestra de que tenían los enemigos correctos y de que estaban en la dirección correcta. Así que al final estas críticas resultaron ser contraproducentes.

Usted comenta que al final el Klan optó por centrarse en sus propios medios en vez de esforzarse con los medios ajenos que hacían una cobertura que les beneficiaba.

La dirección nacional del Klan creó su propio periódico llamado el Kourier, con una K, que, a principios de 1925, afirmaba tener más de un millón y medio de lectores. Es muy probable que se trate de una cifra exagerada, como ocurre con muchas otras cifras que el Klan proporcionaba.

Sin embargo, en el supuesto de que llegáramos a la conclusión de que tenía medio millón de lectores seguiría siendo una de las publicaciones más leídas de esa época en Estados Unidos. Era una gran estrategia de propaganda y ocupaba el lugar de otros medios de comunicación, tanto a nivel local como nacional, y al mismo tiempo permitía presentar la información desde el punto de vista ideológico de la organización.

¿Qué tipo de noticias de repercusión nacional se publicaban en el periódico del Klan?

La relación entre Estados Unidos y México. Noticias sobre el presidente. Todo ello impregnado por la noción de que se trata de una publicación familiar, con lo cual podías encontrarte con una larga crítica sobre la influencia de la Iglesia católica en Estados Unidos en una página y en la siguiente una receta de tostada con pimientos o una página para los lectores más jóvenes con un chiste. También tenía crucigramas y puzles, que tenían el ridículo nombre “cruz-igrama en llamas”.

Usted ha descrito una organización cada vez más influyente que tenía su propio periódico y cada vez más socios. ¿Qué pasó? ¿Por qué no se mantuvo?

Predomina la versión de que la presión que recibía y especialmente un escándalo de uno de los líderes más importantes de la organización en Indiana, que agredió sexualmente una mujer que luego se suicidó, [desempeñaron un papel en su declive]. Estos escándalos le dieron mala imagen ante la opinión pública y propiciaron su caída. Por otra parte, hay otra versión que señala que tras la aprobación de la ley de inmigración de 1924, el Ku Klux Klan perdió en cierta medida su razón de ser y se disolvió.

Todas estas versiones plantean un problema; no tienen en cuenta el hecho de que si bien el Ku Klux Klan es una organización que desaparece, el movimiento sigue presente ya que las personas que integraban la organización, millones de miembros y millones de simpatizantes, mantienen su ideología. Así que más que decir que el Klan desaparece sería más preciso decir que evoluciona.

¿El debate en torno a la cobertura mediática que se dio en su momento sobre el Ku Klux Klan ha tenido algún impacto sobre los medios de comunicación? ¿La cobertura ha cambiado?

El impacto ha sido significativamente escaso. Es bastante triste. En los años veinte los periódicos llevaron a cabo una cruzada, con una cobertura inteligente contra el Klan, incluso cuando con este tipo de cobertura no consiguieron acabar con la organización. El hecho de que los medios que libraron esta batalla ganaran premios Pulitzer hizo que a partir de los años treinta miraran atrás y se felicitaran por haber terminado con la organización.

Entonces, los periódicos vieron que su periodismo de investigación había sido merecedor de un premio Pulitzer e ignoraron el hecho de que su cobertura había propiciado que aumentaran los miembros de la organización.

Así es. Hay muy poca conciencia histórica de la verdad sobre la relación entre el Klan y la prensa, que fue, ante todo, una relación de provecho mutuo.