CIPRIANO MARTOS: UN ASESINATO OLVIDADO

junio 16, 2018


Portada de Caso Cipriano Martos, de Roger Mateos.

¿QUIÉN FUE CIPRIANO MARTOS? El periodista Roger Mateos ha escrito la biografía de este sindicalista y militante franquista que murió entre torturas en Reus. A continuación reproducimos el reportaje elaborado por Javier Coria para la revista R@mbla y publicado el 14 de mayo,  con imágenes que también son de esta publicación on-line. Está elaborado a partir de la presentación del libro, en la que formulamos preguntas al autor. Agradecemos a Javier Coria y a R@mbla la autorización para reproducir su trabajo.

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Cipriano Martos: un asesinato olvidado

El sindicalista Cipriano Martos fue torturado hasta la muerte el 17 de septiembre de 1973, en un cuartel de la Guardia Civil de Reus (Tarragona). Aunque la versión oficial dice que se suicidó al ingerir el contenido de una botella de ácido sulfúrico, unos de los componentes del cóctel molotov, es bastante raro que la prueba en una causa judicial estuviera en la sala de interrogatorio al alcance del reo. El periodista de la agencia EFE, Roger Mateos, presentó en la librería Documenta de Barcelona su ensayo: Caso Cipriano Martos. Vida y muerte de un militante antifranquista, publicado por la Editorial Anagrama.

Roger Mateos (fotografía de Francesc Sans/Rambla).

Cipriano Martos, obrero de la construcción, pertenecía a CC.OO. y a la OSO, ésta última la organización sindical del Partido Comunista de España (marxista-leninista) y del FRAP, organizaciones en las que militaba el joven. Trabajó como jornalero en Morón de la Frontera (Sevilla), minero en Teruel, obrero textil en Sabadell y Terrassa; y en la construcción en Reus. Fue detenido en última ciudad en una redada tras un reparto de propaganda en Igualada y realizar pintadas contra la monarquía, Franco y por una República Popular y Federativa. Ningún delito de sangre, como vemos.

Presente en el registro de su domicilio, donde se encontró propaganda del FRAP y líquidos inflamables, fue llevado a las dependencias de la Casa Cuartel de la Guardia Civil, donde sucedieron los fatídicos hechos. Fue torturado durante 50 horas para que delatara a los dirigentes de la huelga de la construcción y a sus camaradas. En uno de los interrogatorios, el ácido sulfúrico encontrado en su casa fue a parar a la garganta del detenido. Nada se investigó, nadie fue a la cárcel. Aunque no está recogido por ninguna ley, las fuerzas de seguridad del Estado tienen presunción de verdad, por lo que la versión de la Guardia Civil de que se trató de un suicidio, se aceptó sin más. Ante la gravedad del estado del preso, el 27 de agosto fue llevado a la sala de beneficencia del Hospital San Juan de Reus (hoy Hospital Sant Joan). Posteriormente sucedió otro hecho extraño, el 29 de agosto fue llevado ante el juez para presentar declaración, cosa que no pudo hacer por tener la garganta abrasada por el ácido. Ante la gravedad de las heridas, Cipriano Martos fallecía el 17 de septiembre de 1973, a la edad de 30 años. El acta de defunción ponía un lacónico: “causa de la muerte, hemorragia interna”.

Su caso, forma parte de la Querella Argentina que pretende juzgar los crímenes del franquismo. Roger Mateos hace un amplio recorrido por la vida de este joven que, lleno de idealismo, militó en una de las organizaciones más duras del antifranquismo. La temida Brigada Político Social (BPS) de la policía llegó a formar un grupo especial para perseguirlos. El libro, muy bien escrito, se basa en su mayoría en testimonios orales, con la dificultad que ello acarrea por la dificultosa y larga búsqueda de protagonistas que vivieron de cerca los hechos. También es importante de que al autor le fuera facilitada una copia del sumario sin censurar. No es una biografía épica, ni una hagiografía, se humaniza al personaje y no falta la crítica con cierta ironía.

Roger, que ya publicó numerosos reportajes sobre las actividades clandestinas del PCE (m-l) y el FRAP, declara que no siente ningún: “apego por sus postulados, y menos por sus métodos de lucha”, pero siempre le atrajo la “originalidad” y “exotismo” de la organización, y se siente perplejo sobre el grado de entrega y sacrificio de su militancia.

Con una sala llena, donde abundaban viejos militantes y amigos, pudimos ver a Antonio Martos, hermano mayor de Cipriano y personado en la Querella Argentina, a Felipe Moreno, portavoz de la Mesa de Catalunya d’Entitats Memorialistes y miembro de la Red Catalana y Balear de Apoyo a la Querella. Felipe Moreno pasó por las siniestras manos de Juan Carlos González Pacheco, “Billy el Niño”. Reclamado por la jueza argentina María Servini De Cubría, la justicia española no lo extradita ni lo juzga en España, como sería preceptivo. Pero al amparo de la Ley de Amnistía, verdadera ley de punto final, se protege a torturadores y ministros que firmaron penas muerte, y que nunca pisaron una cárcel ni fueron juzgados. Hoy nos enteramos que el torturador “Billy el Niño” cobra un 15% más de pensión vitalicia desde 1977 por estar condecorado como policía.

Para la presentación, Roger Mateos contó con la colaboración del historiador Xavier Casals, que conversó con el autor. Aquí les resumimos dicha conversación.

Xavier Casals: ¿Qué crees que puede aportar la biografía de Ciprino Martos a los que lo conocieron y a los que no sabemos nada?

 Roger Mateos: Para los que lo conocieron, hay una cosa que puede aportar. Como sabéis los que habéis militado en la clandestinidad, es muy estricta. Esto consistía en no saber nada de quien tenías al lado, o conocer muy poco por motivos de seguridad. Vosotros sólo sabéis unas piezas del puzle de aquel momento, conocimientos que tenéis en exclusiva, pero desconocéis otras piezas del puzle. Tenía que ser así, porque entonces sería peligroso. Por lo tanto el libro sirve para que los compañeros de militancia de Cipriano tengan toda la información; y respuestas a muchas preguntas que se hacían.

 Para los que no conocían nada del caso, puede servir como un nuevo episodio a añadir a la memoria histórica, del que hasta ahora no tenían conocimiento. No es un caso único de brutalidad y silencio, pero combina las dos características.

Cipriano Martos.

¿De la búsqueda cuáles fueron los momentos más complicados?

 Sin duda encontrar los testimonios. La parte más complicada es la del medio. El libro se justifica solo con la pregunta capital: si fue asesinado o se suicidó, y que pasó en ese cuartel de Reus. Aunque los testimonios son limitados, no fue difícil, tenemos la sentencia –allí aparecen los nombre de los agentes presentes-. Conocemos los nombres de las personas que estaban militando con Cipriano en Reus. De los orígenes en Andalucía tuve que desplazarme allí, hablar con los familiares y ver el entorno donde nació y vivió durante un tiempo Cipriano. Del momento que él emigra a Sabadell y se politiza, partía de cero. Los testimonios de las militantes del FRAP, Paqui y Sacramento, fueron cruciales. Me costó encontrarlas. Curiosamente fueron militantes del PSUC los que me pusieron en la pista.

Solemos imaginarnos a los que se organizan como personas muy politizadas. En el libro descubrimos que Cipriano es un caso de autodidactismo. ¿El caso de Cipriano Martos era excepcional? ¿Era un perfil de la militancia de la época?

Justamente antes de venir aquí lo estaba hablando con una militante si era un caso excepcional, y ella me decía que no. Que ella conoció a militantes que podían venir de un perfil social parecido, y que se habían politizado. Cosa natural en una dictadura y con una clase social oprimida. Cipriano llegó de un pueblo donde había sufrido lo indecible por la pobreza en que se vivía en aquellos años en muchas zonas rurales.

Educación la mínima, ya que él y sus hermanos fueron poco a la escuela, ya que desde pequeños trabajaron cuidando gallinas y de peones en el campo. Llegó a un Sabadell -en 1969 con su hermano Antonio- en ebullición, cada vez más organizado en las organizaciones obreras, con luchas en las calles, luchas vecinales, políticas, laborales… Cipriano no entró a militar desde una fábrica, sino, y eso me hace mucha ilusión, desde un centro cultural, de los muchos que había en los barrios periféricos de Sabadell, en este caso en Can Oriac (Ca n’Oriac, en catalán), donde había una célula del PCE (m-l) muy numerosa. Siendo un grupúsculo a principios de los años setenta, en 1973 el partido creció y comenzaba a ser un grupo que tenía una relevancia notable y a ser un actor a tener en cuenta.

Hacia el final, con la detención y muerte de Cipriano: ¿Cómo fuiste encajando las piezas, poniendo orden?… Es que todo chirria, por ejemplo la documentación de pompas fúnebre consta el nombre del padre pero no está firmada. En la declaración, el juez hace como una abstracción de la realidad, lo mismo pasa con la declaración de los guardias civiles. Todo es muy disperso.

Pues el trabajo es analizar y encontrar hasta la mínima pista que tenía en la documentación. En el libro me recreo en la declaración del teniente de la Guardia Civil que estaba al mando de aquel cuartel. Y la del juez que atendió a Cipriano cuando la guardia civil te trajo a Cipriano Martos descoyuntado, justo había bebido el líquido. Analizo las frases del juez que supuestamente había de investigar esa muerte y de los autores directos dl caso. El libro tiene un vacío. Los libros que a mí me gustan, no tienen un final cerrado o no tienen una respuesta cien por cien clara a la pregunta central. Me acerco todo el que puedo, pero hasta ahora tenemos muchas dudas porque nos faltan unas piezas básicas. De lo que pasó en aquel cuartel, sólo tenemos un tipo de testimonio. Los demás sólo podemos hacer suposiciones más o menos fundadas. Quienes podían explicarlo, tienen cero interés de hacerlo. Yo no puedo hacer de juez y llevar a los testigos que aún viven antes un tribunal, pero la pregunta que a mí me interesa es otra, la vida y proceso de politización de Cipriano.

Si después de 50 horas de torturas y malos tratos, no sólo de él, sino de otros detenidos días antes; si en ese contexto Cipriano se hubiera suicidado… ¿Eso eximiría de culpa a sus captores? Yo creo que no.

Certificado de defunción de Cipriano Martos.

¿Por qué el régimen no dejó ver el cuerpo a la familia y no quiso que transcendiese el episodio?

 Me da vergüenza responder a esta pregunta junto a ti, que eres historiador. Yo puedo dar alguna posible razón. Veníamos del caso de Enrique Ruano (se refiere Roger Moreno al estudiante antifranquista precipitado por una ventana el 20 de enero de 1969 por la policía secreta franquista, la BPS), que había desencadenado protestan nacionales s e internacionales. Hubo más casos de muertos que cuando se supieron generaron una reacción en la calle y una reacción en el exterior de precisión internacional al régimen franquista. Una muerte como la del Cipriano, después de una larga sesión de torturas, ninguno se hubiera creído la versión oficial del suicidio.

¿Por qué no dejaron ver a la familia el cuerpo?: A saber que marcas físicas habían dejado las 50 horas de interrogatorio en aquel cuerpo. De hecho, creo que era una práctica habitual no dejar ver el cuerpo de los detenidos muertos a las familias y a los abogados. En el caso de Cipriano es especialmente sangrante, porque si no lo sabéis, el estuvo 21 días convaleciente tras ingerir el ácido, no murió inmediatamente. Durante ese tiempo, ninguno avisó a la familia. Su hermano Antonio estaba en Sabadell, y no supo ni si quiera que su hermano esta en Reus, ya que se había introducido en la militancia clandestina a su familia no sabía dónde estaba. Pero la policía no avisó a la familia que estaba detenido, ni si quiera que estaba hospitalizado. Su abogado, Rafael Nadal, tampoco lo pudo ver.

Con el importante y necesario libro de Roger Moreno conocemos unos de los casos más oscuros de la represión franquista. Fuere cómo fuero, para muchos, de una forma u otra Cipriano Martos fue asesinado por la guardia civil.

Fue uno de tantos casos de tortura y asesinato, y en la España de hoy, a pesar del tiempo transcurrido, la impunidad y la negativa del Estado de investigar y juzgar a los responsables políticos y materiales de aquella represión, los hace cómplices. No podemos hablar de una España democrática hasta que se juzgue a los culpables y se repare a las víctimas.


ENTREVISTA A LOS AUTORES DE “VERDUGOS IMPUNES”: “LAS VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN FRANQUISTA ENTERRADAS EN FOSAS COMUNES SOLO LA SUPERA LA CAMBOYA QUE GOBERNÓ POL POT”

junio 3, 2018

De arriba a abajo y de izquierda a derecha:  Antonio Miguez, Gutmaro Gómez, José Babiano y Javier Tébar, autores de Verdugos impunes.

 

¿SE HA ESCRITO “TODO” YA SOBRE LA REPRESIÓN DESARROLLADA POR EL FRANQUISMO? Ciertamente, esta cada vez es más y mejor conocida. Ahora cuatro historiadores académicos –Antonio Miguez, Gutmaro Gómez, José Babiano y Javier Tébar– han realizado una aproximación al tema en la obra Verdugos impunes. El franquismo y la violación sistémica de los derechos humanos (2018).

El ensayo ofrece una visión panorámica y actualizada de la cuestión que procede de la bibliografía más destacada sobre el tema, en un trabajo de innegable interés, más allá de la actualidad del tema que aborda y las controversias que este genera. A continuación entrevistamos a los autores, a quiénes agradecemos que hayan accedido a responder a nuestras preguntas.

Portada de Verdugos Impunes.

¿Qué relación tiene este ensayo con la Coordinadora estatal de apoyo a la Querella Argentina (CEAQUA)?

El origen de este libro está en un informe pericial de contexto que fue elaborado a petición del equipo jurídico de la Coordinadora de Apoyo a la Querella Argentina contra los Crímenes del Franquismo (CEAQUA). La CEAQUA a partir de un determinado momento consideró necesario dar un giro en su estrategia judicial. Este giro consiste en mantener abierta la querella en el juzgado número 1 de Buenos Aires y paralelamente presentar querellas en España contra los crímenes franquistas, tanto por parte de víctimas como de instituciones; en este caso, se trata fundamentalmente de ayuntamientos. Es precisamente la presentación de estas querellas ante juzgados españoles la que ha requerido que junto a las mismas se presente un informe sobre el  contexto en el que se produjeron los crímenes que denuncian los querellantes. Se entiende que el informe es de carácter pericial en la medida en que ha sido redactado por expertos.

Por otra parte, la elaboración del informe nos exigió un doble diálogo. Por un lado con los juristas, pues se nos exigía un documento técnico que tiene características diferentes a los trabajos de orden académico, por ejemplo. En segundo lugar, la redacción del informe se gracias al diálogo  con las víctimas que estuvieron muy pendientes a la hora de que el catálogo de crímenes y víctimas no quedara con vacíos. De este modo la idea de que el tratamiento de la memoria y de los derechos humanos constituye un campo interdisciplinar ha quedado completamente corroborada.

Una vez que concluimos la redacción del informe pericial de contexto, tanto los autores como la gente de la CEAQUA convinimos en que sería oportuno convertirlo en un libro de carácter divulgativo y al mismo tiempo de carácter riguroso. Un libro que permitiese dar a conocer a un público más amplio el franquismo desde el punto de vista de los Derechos Humanos, desde sus orígenes en 1936 hasta su desaparición como régimen.

En suma, desde sus orígenes, este ensayo se halla muy vinculado a la CEAQUA. En el bien entendido de que a los autores nos vincula como expertos.

¿Por qué consideran que la vulneración de los derechos humanos durante el franquismo fue un “fenómeno sistémico”?

El franquismo fue una dictadura tan larga que analíticamente suele dividirse en dos grandes periodos. Esto también sucede por lo que respecta a la represión y a la violación de los derechos humanos. De manera que existe un número importante de investigaciones de lo que podríamos llamar el terror inaugural, que iría hasta 1945. Sin embargo, no sucede lo mismo con relación al  llamado tardofranquismo. Así, puede parecer que el periodo final del franquismo fuera una etapa hasta cierto punto “apacible”, como llegó a declarar Mayor Oreja.

Sin embargo hay que decir que el aparato de represión se constituyó en los orígenes de la dictadura, operando a lo largo de toda su existencia. Además, la persecución de la disidencia fue una constante. De modo que la tortura, por ejemplo, se practicó de una manera organizada y sistemática por parte de una policía política de origen militar y contra un grupo de población bien definido, como era el antifranquismo militante. No se trataba de casos aislados. La tortura, como tantos otros crímenes, se practicaba en un contexto de violencia estatal.

Evidentemente sabemos que la dictadura gozó de apoyos sociales y que logró diversos grados de consentimiento y consenso entre la sociedad. Pero el consentimiento también se forjó con el miedo y  para lo que aquí importa, el miedo era producto del recuerdo de la violencia masiva inaugural y de la represión sistemática de la disidencia, tal y como hemos indicado. Por eso decimos que la violación de los derechos humanos fue sistémica; es decir, consustancial al régimen.

Familiares de víctimas del franquismo y portavoces de la oposición en el Congreso, en un acto  de 2013 (imagen de EFE/Paco Campos reproducida en La memoria viva).

¿Por qué aluden a un “peculiar modelo dual” de represión en el tardofranquismo?

En el caso de la dictadura española, concluida la fase álgida de la represión durante los años de guerra y postguerra, la jurisdicción militar siguió teniendo atribuciones no solo de seguridad, sino sobre cualquier acto «contra la armonía social». Se fue consolidando así una división de competencias entre una administración civil, que sancionaba los deli- tos más numerosos, y otra militar que castigaba los más graves. Su línea principal fue el Decreto-Ley sobre Bandidaje y Terrorismo de 18 de abril de 1947, que sustituía la Ley de Seguridad de 1941. Esto fraguó un modelo dual que se mantuvo en esencia durante toda la dictadura, modulando la intensidad en función de cada contexto. Pero, es importante resaltarlo, la justicia militar mantuvo siempre la dirección del mismo, ya que los capitanes generales de cada región militar conservaron intacta su capacidad de valorar la grave- dad de los hechos considerados «delitos políticos» y, por tanto, de decidir a qué instancia judicial pasaban a ser juzgados.

Este modelo dual adquiere especial relevancia al final del franquismo porque se alterna cada vez más los mecanismos ordinarios del orden público con los estados de excepción. La justicia militar intervine activando uno u otro, y en ocasiones incluso combina elementos de los dos, en función de su análisis de la gravedad de la situación. El endurecimiento de las medidas de orden público de los años sesenta, por tanto, seguía la misma línea de bifurcación marcada desde finales de los años cuarenta. Se revitalizaban las funciones represivas del Ejército en materia de orden público, empleándose con la dureza que le caracterizaba contra obreros y estudiantes. Los consejos de guerra, por otro lado, funcionaban con toda normalidad para atajar cualquier disidencia política o laboral, por tanto las amplias competencias de la jurisdicción militar en materia política y laboral no venían determinadas.

En su etapa final, la dictadura se vio obligada a introducir una serie de variaciones contundentes en este modelo que, a pesar de todo, siguió reutilizando con éxito a lo largo de toda su existencia. Sin embargo, los militares nunca se fueron del todo del terreno de la represión política. Así pues, a lo largo de sus cuatro décadas de existencia, el franquismo había perfeccionado un aspecto por encima de todos: la integración del sistema represivo en las funciones de orden público. La defensa del papel político del Ejército apareció siempre como un factor clave en la continuidad de la dictadura. Eso sí, coexistiendo con una jurisdicción especial como la del TOP, cuya desaparición se iba a producir el 5 de enero de 1977, fecha que coincide con la publicación de la Ley de Reforma Política y la creación de la Audiencia Nacional a la que fue traspasada la competencia jurisdiccional en materia de terrorismo.

¿Qué importancia tuvo en la represión la Brigada Político Social y su vínculo con el Tribunal de Orden Público [TOP]?

La creación de la nueva jurisdicción especial que representó el TOP concedió un papel muy importante, hasta cierto punto decisivo, a la actuación de la Brigada Político Social, el organismo policial especializado en los delitos juzgados por aquel tribunal. La BPS, heredera de los servicios de información militar transformados a lo largo de la guerra civil, mantuvo siempre su carácter militar y reservado, con atribuciones como policía gubernativa y policía judicial en todo el territorio estatal por encima de cualquier otra administración, salvo la propiamente castrense. Su continuidad fue esencial en la consolidación del altísimo perfil represivo del franquismo a lo largo de cuatro décadas. De hecho, este aspecto reforzó el carácter de sistema de justicia política propio de la dictadura. Para los miembros de la BPS cualquier conducta que pudiera afectar al orden público, tal y como lo concebía el Régimen, convertía al ciudadano en un sujeto sospechoso.

Esta condición permitiría que todo individuo identificado como tal pudiera ser detenido preventivamente —a pesar de no estar regulado en ninguna norma— en dependencias policiales para su posterior puesta en libertad o disposición judicial. Aunque el plazo máximo de detención no podía superar las 72 horas, de acuerdo con el Fuero de los Españoles y con la Ley de Orden Público, el hecho de que aquel triplicara la du- ración establecida por la Ley de Enjuiciamiento Criminal es una muestra más de la importancia que el Régimen otorgaba a la represión de estas conductas «políticamente desviadas». De la importancia que para el Régimen tuvo el Cuerpo General de Policía daba cuenta la Ley de 13 de febrero de 1974, por la que se modificaron las normas procesales preexistentes con las que se enjuiciaba a sus funcionaros por hechos cometidos en el ejercicio de su función y cargo. De acuerdo con esta ley, el procesamiento de los miembros de la policía judicial pasó a ser competencia de las Audiencias Provinciales, en detrimento de los jueces de instrucción del lugar de los hechos.

Lo relevante de esta ley es que aforaba a los miembros de la policía equiparándolos a los alcaldes, concejales, presidentes de diputaciones y diputado. En resumen, una vez más el término “Orden Público” servía de amparo a los potenciales abusos de los funcionarios policiales que, a menudo, se extralimitaban en sus facultades legales. Las autoridades trataron de solucionar el descontento y la protesta de la población incrementando las detenciones y la contundencia de las fuerzas de orden público, Policía Armada, Guardia Civil, antidisturbios, y la presencia de la propia Brigada Político Social, la policía política de la dictadura.

 

Manifestación contra el Tribunal de Orden Público (imagen de Canal Sur).

Afirman que en España las víctimas de la represión franquista enterradas en fosas comunes (cercana a las 100.000) solo la supera la Camboya que gobernó Pol Pot en todo el mundo. ¿Cómo ha sido posible tal situación?

Es una idea muy potente porque vincula lo sucedido en España con otros fenómenos de violencia masiva a nivel global, con otros fenómenos de violaciones sistémicas de los derechos humanos sucedidos en el siglo XX. Para explicar brevemente el porqué de esta situación, primero habría que remitirse al proceso violento en sí que arranca con el golpe de Estado de julio de 1936. Desde el minuto uno en que los golpistas se hacen con el control efectivo de un territorio, lo que afecta en los primeros días y semanas a regiones enteras del Estado y acaba siendo generalizado tras el final de la guerra civil, comienzan un accionar sistemático de eliminación de personas: los asesinados no siempre son enterrados de formas convencionales. De un volumen de asesinados que alcanza y sobrepasa la cifra de 150.000 entre 1936 y 1945 y de una práctica de enterramientos irregulares surge el fenómeno de las fosas comunes.

Desde el mismo momento en que tienen lugar estos enterramientos, también se producen exhumaciones: clandestinas, llevadas a cabo por los propios familiares, sin mayores medios. Se hizo durante el franquismo, se hizo en los años de la Transición y aun después. Las instituciones públicas, sin embargo, no se implicaron en este proceso en ningún momento. Para ser exactos, fue el régimen franquista el que más cadáveres movió, pero como parte del proceso de nutrir la gran cripta del Valle de los Caídos: los cuerpos se exhumaban de fosas comunes a lo largo de España para ser trasladados a Cuelgamuros, a lo que no es más que una gran fosa común.

La democracia del 78 dimitió de sus funciones y deberes a este respecto, y solo acertó, tardía y acotadamente, a una política de subvenciones para que fuera la sociedad civil la que asumiese un proceso que por su complejidad y su volumen solo podría afrontar parcialmente. Creemos que estos factores ayudan a entender la situación que refiere su pregunta, pero también habría que añadir la especial responsabilidad del poder judicial: la falta de amparo a las víctimas, que es un bien sabida, ha sido proporcional a la falta de implicación en la exhumación de los restos.

Fosa común de Estépar (Burgos) que dataría de agosto-septiembre de 1936 (imagen de Wikipedia).

¿Qué quieren plantear cuando afirman que “los actos impunes del pasado quedan como un vacío ético en el presente”?

En la publicación de la obra hubo muchos momentos de debate entre los autores, no en vano es el producto de un esfuerzo colectivo en el sentido estricto de la palabra. En un momento dado se discutió el título y convenimos, con el editor, en la idea de presentar la obra bajo el paraguas de esta idea: “verdugos impunes”. Creemos que este es el rasgo más significativo del legado de la historia de golpe, guerra y dictadura franquista en la España actual. Y el libro, no se olvide, se escribe desde el presente, con preguntas e inquietudes de nuestros días.

La impunidad de los verdugos de la violación sistémica de los derechos humanos bajo el franquismo es un hecho que es, al mismo tiempo, incontrovertible y difícilmente comparable. Incontrovertible porque se puede constatar que ni una sola persona, ni una sola institución, organización o entidad pública y privada de las múltiples que estuvieron implicadas en el ejercicio y promoción de la violencia golpista y franquista, ni una sola repetimos, fue nunca perseguida por haber cometido tales actos. No solo  no lo fue en el pasado, sino que además continúa siéndolo en el presente: es decir, la impunidad no es un fenómeno de la Transición, sino que es un acto que se preserva y sostiene en el presente. Pero además, la impunidad de los verdugos en España es difícilmente comparable porque no existen tantos casos a nivel global donde la impunidad absoluta sea la norma.

Es cierto que los procesos de revisión del pasado, en términos de justicia transicional, son casi siempre insatisfactorios en términos de respuesta ética: desde que se inventaron en Núremberg hasta las últimas y más sofisticadas manifestaciones en forma de Tribunal Penal Internacional. Sin embargo, no dejan de dar una repuesta al menos parcial al problema de la impunidad. Incluso allí donde las puertas de la justicia se cierran por “leyes de punto final” y autoamnistías, siempre existen iniciativas en al ámbito judicial que las reabren (véase los ejemplos de América Latina en las últimas décadas). No en el caso español. El vacío ético por el que nos pregunta se refleja aquí en una absoluta falta de implicación pública con los principios de justicia, verdad y reparación, esto es, la impunidad como sistema.

Puede accederse al sumario y a la introducción de la obra en PDF aquí por cortesía del editor o bajar el documento en PDF: Introducción vi-pdf


ENTREVISTA A GAIZKA FERNÁNDEZ: “ETA TARDÓ UNA DÉCADA EN MATAR POR FALTA DE DETERMINACIÓN HUMANA PARA ASESINAR”

mayo 26, 2018

Gaizka Fernández Soldevilla.

GAIZKA FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, DOCTOR EN HISTORIA CONTEMPORÁNEA, es autor de diversos trabajos sobre la violencia terrorista y la historia del nacionalismo vasco, como Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994). Actualmente es responsable del área de Archivo, Investigación y Documentación delCentro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo. Ahora acaba de coordinar con Florencio Domínguez la obra colectiva Pardines. Cuando ETA empezó a matar, en alusión a a primera víctima mortal de ETA en 1968, el agente de la Guardia Civil José Pardines. Hoy aquel asesinato es apenas recordado en España por el medio siglo transcurrido. Le agradecemos que haya aceptado contestar a nuestras preguntas.

¿Quién era José Antonio Pardines y por qué fue la primera víctima de ETA?

José Antonio Pardines Arcay era un joven guardia civil de Tráfico, natural de Malpica de Bergantiños (La Coruña). El 2 de junio de 1968 la dirección de ETA decidió empezar a matar. Cinco días después, el 7 de junio, Pardines estaba regulando el tráfico en una desviación de la carretera N-I, debido a unas obras en un puente. A las 17:30 paró el coche en el que iban dos miembros de ETA, Txabi Echebarrieta e Iñaki Sarasketa. Pardines les pidió el permiso de circulación. Con él en la mano derecha, pudo comprobar que los datos no coincidían con el número del bastidor. Expresó su extrañeza en voz alta. Fueron sus últimas palabras antes de ser asesinado. Recibió cinco tiros en el torso. Las pruebas indican que tres balas salieron de la pistola de Echebarrieta y dos de la de Sarasketa, pero este último jamás admitió haber disparado.

 

El agente José Pardines (imagen de El Mundo).

¿Por qué ETA tardó prácticamente una década en cometer asesinatos? ¿Qué cambió desde su creación en 1959?

El dirigente etarra Juan José Etxabe confesó que él había visto la “necesidad” de emplear la violencia “desde un principio”. No fue el único. Exceptuando alguna crisis pasajera y su inactividad desde 2011, la organización siempre ha apostado por la “lucha armada”. Apenas había pasado un año desde su nacimiento, acontecido a finales de 1958, cuando ETA puso artefactos explosivos en el Gobierno Civil de Vitoria, en un periódico de Santander y en una comisaría de Bilbao. Ahora bien, el asesinato era un paso que le costó dar a ETA. Hay que tener en cuenta la ausencia de una tradición insurreccional en el nacionalismo vasco, los escrúpulos religiosos y morales de parte de la militancia etarra, las dificultades de orden material (entrenamiento, información, dinero, armamento, etc.) y un elemento clave: la voluntad humana. En 1958 no existía la determinación de matar. En 1968, sí.

 

La escena del crimen.

¿Por qué es importante el homicidio de Pardines para comprender el terrorismo etarra?

Fue la primera víctima mortal de ETA. Y, en cierto sentido, las circunstancia de su muerte, un asesinato a sangre fría, sintetizan a las del resto. También es significativo el olvido que cayó sobre Pardines, similar al que han sufrido cientos de víctimas del terrorismo. Solo el 1,2% de la ciudadanía vasca sabe quién fue la primera víctima de ETA. Sin embargo, su asesino, Txabi Echebarrieta, es un personaje bien conocido, al que el nacionalismo vasco radical homenajea cada año.

¿Las víctimas iniciales de ETA fueron solo miembros de los cuerpos de seguridad?

No, por ejemplo, la tercera víctima mortal de la banda fue Fermín Monasterio, un taxista asesinado en abril de 1969.

¿La actuación de la dictadura ante los primeros asesinatos de ETA favoreció a este colectivo?

En su IV Asamblea, ETA  adoptó como estrategia la espiral de acción-reacción o, sencillamente, la provocación de la represión. Sus atentados iban a tratar de instigar unas represalias desproporcionadas por parte de la dictadura. No las sufrirían los militantes del grupo, sino los vascos en su conjunto, por lo que inevitablemente estos aplaudirían cualquier acto de venganza contra los opresores “españoles” que los maltrataban. Tarde o temprano la sojuzgada (y demasiado acomodaticia) población rompería sus cadenas para sumarse a la “guerra revolucionaria”. La dictadura cayó en la trampa y recrudeció la represión, que durante los años sesenta se había mitigado, al menos en sus aspectos más brutales. Y precisamente esa violencia institucional ayudó a que ETA ganase popularidad. No obstante, no hubo ninguna “guerra revolucionaria”. Al final, ETA se conformó con el sucedáneo del terrorismo.

 

Portada de Pardines.

¿Sabemos realmente el número de víctimas de ETA hasta su disolución?

Existen listas diferentes, pero solo contamos con una oficial, la del Ministerio del Interior, que reconoce a 853 víctimas mortales y casi 2.600 heridos a consecuencia de la actividad terrorista de ETA. No se trata de una cifra definitiva, porque hay trabajos de investigación en curso que probablemente nos permitan afinar más.

Este libro lo ha publicado el Memorial de las Víctimas del Terrorismo. ¿Cuál es su labor?

El libro lo ha publicado la editorial Tecnos, aunque con el impulso del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. Se trata de una fundación del sector público estatal, resultado del mandato contenido en el artículo 57 de la Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección Integral de las Víctimas del Terrorismo. Sus fines son preservar y difundir los valores democráticos y éticos que encarnan las víctimas del terrorismo, construir la memoria colectiva de las víctimas y concienciar al conjunto de la población para la defensa de la libertad y de los derechos humanos y contra el terrorismo. Para su consecución, organizamos exposiciones, actividades educativas  y proyectos de investigación y divulgación, como este libro.

 

 


ENTREVISTA A DAVID BALLESTER: “LA DEMOCRACIA PROMOCIONÓ A POLICÍAS RESPONSABLES DE NUMEROSAS VIOLACIONES DE LOS DERECHOS HUMANOS DE LA DICTADURA”

mayo 5, 2018

DAVID BALLESTER HA PUBLICADO LA HISTORIA DE 20 VÍCTIMAS MORTALES DE LA VIOLENCIA INSTITUCIONAL Y PARAINSTITUCIONAL ENTRE FINALES  DEL FRANQUISMO Y E INICIOS DE LA TRANSICIÓN: Vides truncades. Repressió, víctimes i impunitat a Catalunya (1964-1980) (PUV, 2018). Ballester (Barcelona, 1960)  es doctor en historia y profesor en la UAB y el Institut de Seguretat Pública de Catalunya. Ha publicado diversos estudios sobre la historia del socialismo catalán, pero también ha abordado el franquismo y la Transición en Temps d’amnistia  El triomf de la memòria. La manifestació de l’11 de setembre de 1977.

Su nuevo trabajo reconstruye una veintena de casos poco conocidos de muertes causadas por violencia institucional que han quedado relegadas a un segundo plano en las crónicas políticas y que, en algunos casos, nada tuvieron que ver con al política. En este sentido, es una aportación de interés, ya que en el período que analiza su obra este tipo de violencia suele ser considerada poco relevante. Por nuestra parte, le agradecemos que haya aceptado contestar las preguntas para los lectores y lectoras de nuestro blog.

¿Por qué ha escogido un período de análisis a caballo del franquismo y el fin de la Transición (1964-1980)? 

Las fechas me fueron definidas por el primer y último de los casos tratados de forma monográfica en el libro. Las mismas se adecuaban a mi idea de poner de manifiesto que ni el tardofranquismo fue una época de autoritarismo “light”, ni la Transición fue ese producto edulcorado y mitificado que desde determinados ámbitos y de forma claramente manipuladora e interesada se intenta “vender”.

¿De la veintena de casos analizados cuáles considera más ilustrativos de la violencia política de fines del franquismo?

Es difícil hacer matizaciones ante tanta brutalidad e impunidad. El caso de Lluís Benito es extraordinariamente complejo a pesar de su simple trama: una discusión banal con un taxista, aparece un policía de paisano, todos a comisaria…y al cabo de unas pocas horas, un empleado de banca, padre de dos niñas pequeñas, era ingresado en un centro psiquiátrico con un golpe en la cabeza, hecho con un objeto “duro y flexible” (¿hacen falta más datos….?). Cuando fue llevado a un centro hospitalario ya era demasiado tarde y moriría pocos días después. Sus hijas no averiguaron la verdad de un hecho acaecido en 1964…hasta el 2012!.

Otro caso que tampoco puede dejar indiferente a nadie es la muerte del militante del PCEm-l Cipriano Martos en Reus. La Guardia Civil le obligó a injerir una botella de ácido sulfúrico, que le provocó heridas irreversibles en el estómago. Cuando su madre llegó a Reus al ser avisada de los hechos, los guardias no le dejaron acercarse a su hijo, siendo apartada por los “beneméritos” a puntapiés.

Portada de Vides truncades.

¿Y de la Transición?

En esta etapa, las cifras que emanan del análisis de la práctica del “gatillo fácil” por parte de los diferentes cuerpos policiales, son de una gran contundencia. Entendemos por “gatillo fácil” la utilización abusiva de las armas de fuego por parte de miembros de los cuerpos de seguridad, ya fuera estando de servicio, o bien, francos del mismo. Casi la mitad  de las víctimas por este motivo se produjeron en controles de carretera, y una cuarta parte en el curso de riñas entre un policía y un civil, normalmente en el marco de lugares de ocio y a altas horas de la noche.

En toda España fallecieron 105 ciudadanos por este motivo entre noviembre de 1975 y la llegada al gobierno de los socialistas. En el libro, por ejemplo, trato el caso de tres jóvenes (entre los tres no sumaban ni 70 años) que fueron víctimas de la Guardia Civil en tres localidades del interior de Cataluña donde no existía ninguna conflictividad política ni social. Con motivos bien absurdos se podía perder la vida en aquellos años.

Los casos de Adolfo Bárcena y Roque Peralta, en Hostalric y Súria respectivamente, tuvieron un amplio eco en la sociedad. En un momento de especial politización/movilización como fueron las fechas inmediatamente anteriores y posteriores a las primeras elecciones democráticas. En cambio, el caso del joven francés Jean Michel Clabeq pasó de largo desde el primer momento.

También  es ilustrativo de cómo funcionaban determinados estamentos en aquellos años, el caso de la muerte debido a una paliza de Agustín Rueda en la prisión de Carabanchel, cuando ya se habían realizado las mencionadas elecciones y la aprobación de la Constitución ya estaba en el horizonte.

¿Qué son los “vacíos de la memoria” a los que alude?

Esta frase hace referencia a la nula presencia en determinada historiografía de los protagonistas de Vides truncades. Y, en consecuencia, en la memoria de nuestra sociedad. Incluso me atrevería a afirmar que de forma mayoritaria, las víctimas de la violencia institucional, ya se trate de muertos por la represión policial en el curso de manifestaciones, bien de víctimas del explicitado “Gatillo fácil” o de torturas en comisarías, cuarteles de la Guardia Civil o prisiones, son marginados del relato. Sus casos son poco estudiados y, en consecuencia, poco conocidos.

El  nivel de olvido de estas víctimas es variable, aunque mayoritariamente, al igual que no se ha hecho justicia, tampoco muchos años después han conseguido el debido reconocimiento como tales. Algunas han recibido y reciben homenajes, impulsados por familiares y asociaciones memorialísticas, pueden tener una calle, pero mayoritariamente la palabra olvido es la que mejor refleja la situación en que se encuentran sus respectivas historias.

¿Los casos que estudia reflejan incidentes aislados o problemas de orden público relevantes?

Es evidente que en una dictadura como la Franquista el mantenimiento del orden público, que no de la seguridad ciudadana, era uno de sus objetivos fundamentales. A su vez, durante la Transición, al no producirse la debida depuración del aparato del Estado, los mismos policías que formaban parte de los cuerpos represivos del Franquismo se convirtieron, de la noche a la mañana, en defensores del nuevo orden democrático. Pero los viejos hábitos constaron mucho de erradicar.

Así, si entre 1969 y la muerte del dictador la policía provocó la muerte de 14 ciudadanos en el curso de la represión de manifestaciones, durante la Transición perderían la vida por el mismo motivo 41 personas. Una cuarta parte de ellos no participaban en las mismas, pero la represión era tan indiscriminada y la policía estaba tan poco preparada, acostumbrada a que con la mera brutalidad ya se conseguían los objetivos represivos. Esta problemática se enquistaría en la naciente democracia.

La llegada del PSOE no comportó el cambio profundo de las estructuras policiales (la ley de Martín Villa de 1978, al margen de ser preconstitucional, se limitó a la hora de la verdad en un cambio cromático en los uniformes –del gris al marrón- y terminológico –de Policía Armada a Policía Nacional), y la proyectada ley policial no fue aprobada hasta el fin de la legislatura. De forma paralela, decrecieron de forma muy notable las víctimas en manifestaciones y por “gatillo fácil” (aunque se produjeron todavía 22 muertes más hasta 1987), pero se mantuvo en sus puestos y se promocionó a policías responsables de numerosas violaciones de los derechos humanos durante la dictadura y los años anteriores.

Recordatorio de Cipriano Martos (imagen de loquesomos.org).

¿Dejó desprotegidas a víctimas del franquismo a Ley de Memoria Histórica?

Se trata de una ley tardía, bienintencionada, pero limitada en sus efectos. El hecho mismo de poner una fecha límite inadecuada, comportó dejar al margen a varias víctimas de la violencia institucional.

Dos ejemplos, que enmarcan perfectamente el contexto en el cual era tratada la memoria histórica en aquellos años. Marc Muñoz, hermano de Gustau Muñoz, muerto por un disparo policial en una manifestación el 11 de septiembre de 1978, al hacerle ver al diputado de CiU encargado de la mencionada ley en la correspondiente comisión de las Cortes, que su hermano quedaba cronológicamente del ámbito de aplicación de la ley, le contestó: “¿Me has de decir tu cuando acabó la Transición?.

El segundo. Cuando Robert Manrique recordó a la Directora General de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, que las familias de las dos víctimas del atentado fascista, con clara connivencia policial, del 20 de noviembre de 1980 en Cabrera de Mar (los últimos cronológicamente tratados en “Vides truncades”), no habían sido todavía localizadas y tenían derecho a una indemnización, aquella le contestó: “Si quieren algo, que lo vengan a pedir”.

Es obvio que la adecuación del aparto policial heredado de la dictadura comportó unas graves consecuencias. Que hasta la fecha no ha habido una clara voluntad política de reconocer y reparar.


ORIOL BARTOMEUS: “LA POLÍTICA CATALANA EXPERIMENTA UN TERREMOTO SILENCIOSO”

abril 21, 2018

El polítólogo Oriol Bartomeus.

ORIOL BARTOMEUS ACABA DE PUBLICAR UN ESTUDIO IMPRESCINDIBLE SOBRE EL CAMBIO POLÍTICO EN CATALUÑA: El terratrèmol silenciós. Relleu generacional i transformació del comportament electoral a Catalunya. Bartomeus (Barcelona, 1971)  es politólogo y se formó como investigador en el Institut de Ciències Polítiques i Socials [ICPS].  Profesor de Política española en la Universitat Autònoma de Barcelona, se ha especializado en el comportamiento electoral en Cataluña de los últimos años. Ha publicado diversos estudios sobre este ámbito, colabora habitualmente en diversos medios de comunicación y tiene un blog de análisis político.

El presente ensayo permite comprender mejor la evolución de la Cataluña sumida en el proceso secesionista y los cambios de gran calado que esta refleja. Por esta razón le agradecemos que haya accedido a responder a las cuestiones planteadas a continuación para los lectores y lectoras de este blog.

¿Qué implica aludir a “relevo generacional y cambio del comportamiento electoral”?

El cambio electoral en Cataluña se empieza a gestar a finales del siglo XX, cuando los elementos fundamentales del modelo de voto catalán, que se habían mantenido estables en los primeros veinte años de autogobierno, empiezan a dar síntomas de agotamiento. Este elemento coincide con un cambio profundo en el equilibrio generacional en el electorado catalán, que va a tener su culminación a principios de siglo, cuando los nacidos a partir de 1961 superarán a los nacidos antes de esa fecha.

Mi idea es que la aparición de ambos fenómenos no es una mera coincidencia temporal. La transformación del modelo de voto en Cataluña y el relevo generacional están relacionados. El uno de alguna manera es producto del otro, puesto que las generaciones se diferencian en muchas cosas, y una de ellas es la manera de ejercer el voto y las fuerzas a las que dan ese voto.

¿Por qué emplea la metáfora de “terremoto silencioso”?

Por las características del relevo generacional, aparentemente contradictorias. Por un lado es un fenómeno continuo que actúa como un ruido de fondo al cual no prestamos atención. Las personas mueren y nacen continuamente, es parte del ciclo de la vida y se acepta como tal, casi no se le da importancia (más allá de las muertes o de los nacimientos cercanos). En este sentido, es un fenómeno silencioso. Ahora bien, cuando vemos el relevo generacional en perspectiva, en el plazo de varias décadas, observamos que este fenómeno silencioso es capaz de producir un seísmo de enorme intensidad, es capaz de modificar la faz de una población entera.

Si tomamos el caso catalán, en los últimos años se han producido una media de 150 muertes al día. Si consideramos el periodo que va desde las primeras elecciones autonómicas, se habrán producido en Cataluña unos 2,2 millones de fallecimientos, o lo que es lo mismo, más de una tercera parte de la población catalana de 1981 ha fallecido entre esa fecha y hoy. Visto así, es espectacular, es un auténtico terremoto en la sociedad catalana.

Si se tiene en cuenta que la gran mayoría de los difuntos pertenecen a una generación concreta, la que vivió la guerra civil, y que la gran mayoría de los que los han reemplazado han nacido a partir de la transición a la democracia, tenemos delante de nuestros ojos una transformación de gran envergadura de la población catalana en términos generacionales. Este es el terremoto silencioso del que habla el título.

Portada de El terratrèmol silenciós.

¿Cómo es el “nuevo elector” que emerge en Cataluña?

Es un elector que ha nacido y ha crecido en una sociedad “moderna”, es decir en una sociedad de consumo, con disponibilidad de productos y una capacidad de compra muy superior a la de las generaciones anteriores (los que vivieron la guerra o los que nacieron en los primeros veinte años del régimen franquista). Este hecho les predispone a la elección como una característica básica de su mundo y de su carácter. Son individuos acostumbrados a escoger entre diferentes productos de un modo normal. Han nacido en un mundo en el que, a diferencia de sus padres y abuelos, el cambio es un patrón de conducta loable y positiva.

Si nos fijamos en el mundo en el que nacen los nuevos electores, es un mundo dominado por el cambio más que por la estabilidad: el nuevo elector es el hijo del divorcio, del supermercado, de la televisión, de la libertad de costumbres y de la libertad sexual (son los hijos de los que hacen el mayo del 68). Su mundo es un mundo de opciones sin fin, y que van creciendo con cada nueva generación. Si nos fijamos en la televisión, por ejemplo, la generación del baby boom (los nacidos entre 1961 y 1975) es la primera que nace con la televisión, pero durante su infancia dispone de a lo sumo dos canales. La siguiente generación va a vivir un progresivo aumento de la oferta televisiva hasta llegar a la generación más nueva (la que surge de la crisis), que va a disponer desde el nacimiento de una oferta casi ilimitada de canales de televisión e internet.

Otro elemento importante de este nuevo elector será su alejamiento sentimental del sistema político actual, lo que le aleja de los actores de este sistema, es decir de los partidos que han dominado la escena electoral des de 1977. De aquí que el apoyo a estas fuerzas se vaya diluyendo a medida que vamos pasando de las generaciones más antiguas a las más nuevas, y por el contrario va aumentado en estas últimas el voto a las formaciones nuevas.

¿Volverá la estabilidad política o estamos inmersos en un proceso de cambio permanente?

Si consideramos el voto como un reflejo del patrón dominante de la sociedad, todo parece indicar que estamos entrando en un período largo de volatilidad estructural. El votante nuevo ha crecido en un entorno donde el cambio es el patrón dominante, además con una aceleración de este patrón de cambio en la última década, gracias a la aparición de nuevas tecnologías.

Este votante es diferente del anterior, criado en un mundo donde la estabilidad y la fidelidad eran los patrones sociales dominantes. En cierto modo los primeros treinta años de democracia se corresponderían al periodo de dominio de la generación de la postguerra, que es la generación que hizo la transición. Este grupo está dejando paso a las generaciones posteriores, que tienen en el cambio contante su patrón definitorio.

Si consideramos que las generaciones llevan impresa la marca que les deja el tiempo en el que han nacido y crecido, el relevo generacional y la consolidación de la generación de la democracia (los nacidos a partir de 1976) en los años a venir es muy probable que conlleve este escenario de mayor volatilidad del voto.

¿El resto de España experimenta un cambio parecido?

Los datos de las encuestas indican que lo que se observa en Cataluña es totalmente válido para España. De hecho, el cambio ya se está produciendo en España, con la aparición y consolidación de nuevos actores, como Podemos o Ciudadanos, que en parte responden a este nuevo elector que no tiene en la transición y sus protagonistas su anclaje político-sentimental, sino precisamente en la crítica a ese periodo y al sistema político nacido de aquel proceso. El terremoto silencioso también se ha producido en España. Y ya estamos empezando a ver sus consecuencias.

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* En este PDF cortesía del editor puede accederse al sumario y a la introducción de la obra El_terratremol_silencios


CÓMO LA ULTRADERECHA OBTIENE PROVECHO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: EL CASO DEL KU KLUX KLAN

marzo 31, 2018

Mujeres del KKK en Indiana en 1924 (imagen del blog agente provocador).

EL TRATAMIENTO INFORMATIVO DE LA EXTREMA DERECHA HA SIDO OBJETO DE ANÁLISIS ACADÉMICO LAS DOS ÚLTIMAS DÉCADAS. ¿La razón? El eco mediático de sus tesis y temas puede contribuir a darle proyección y normalizarla, lo que es objeto de controversia, como ya lo plasmamos en nuestra obra Ultrapatriotas (2003).

De este modo, por ejemplo, el politólogo Patrick Moreau señaló en 2001 que ésta no era una cuestión menor, pues estos “tienen una parte de responsabilidad” en su éxito “porque divulgan los temas populistas”: “las informaciones presentadas son, esencialmente, de contenido negativo, porque evidentemente, los contenidos negativos dan más que hablar. Los incontables talk-show que presentan las consecuencias sociales y morales de la crisis, la multiplicación de las revistas de información que sólo buscan imágenes de impacto, acaban por influir negativamente en una población a priori ya profundamente inquieta y desorientada”.

Asimismo, los también politólogos Yves Mény e Yves Surel en el 2000 señalaron en este sentido que los líderes de de los nuevos populismos de derechas “han sabido utilizar de maravilla el talón de Aquiles de la sociedad mediática; es decir, su interés casi patológico por el escándalo”.

En síntesis, el eco mediático que obtiene la ultraderecha no es un tema menor para comprender su ascenso. Por esta razón, nos ha parecido interesante reproducir una entrevista a Felix Harcourt (profesor asistente visitante de historia del Austin College), autor del ensayo histórico Ku Klux Kultureque analiza el caso del Ku-Klux-Klan en la década de los años veinte del pasado siglo. Realizada por Louis Beckeet para The Guardian, en España ha sido traducida por Emma Reverter y publicada por eldiario.es (9/III/2018), de donde la hemos reproducido al considerarla de interés para nuestr@s lector@s.

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En los años veinte, la cifra de miembros del Ku Klux Klan se disparó a lo largo y ancho de todo Estados Unidos, en parte gracias a la cobertura mediática. Una serie de reportajes de un diario pudo haber atraído a cientos de miles de nuevos miembros.

Felix Harcourt, profesor de Historia en Austin College y el autor del libro  Ku Klux Kulture, ha analizado la relación “de conveniencia” entre el Ku Klux Klan y los diarios, y las similitudes entre la discusión en torno a la atención mediática que recibió el Klan en los años veinte y algunos debates actuales.

Estamos observando el  debate en los medios de comunicación en estos momentos sobre cómo tratar con los movimientos racistas y neonazis blancos. Usted ha analizado el mismo debate que se producía hace casi 100 años. ¿Puede describirnos aquel momento?

En 1921, el periódico New York World publicó durante tres semanas una serie de reportajes en portada sobre el Klan: denunciaba a diario su ideología, sus actividades, su secretismo y su propensión a la violencia. Consiguió que todas las instituciones de la ciudad criticaran públicamente a la organización.

De hecho, al final consiguió que el Congreso de Estados Unidos celebrara una sesión sobre el creciente poder del Ku Klux Klan. Algunos calculan que The World ganó más de 100.000 lectores con esta cobertura. Sus reportajes se publicaron en otros 17 periódicos y propició que otros medios publicaran reportajes parecidos.

Según algunos cálculos, si por un lado The World ganó más de 100.000 lectores, por el otro, el Klan consiguió cientos de miles de nuevos miembros. Incluso pudo darse el caso de que se dieran de baja como suscriptores del periódico que los informaba sobre el Klan para darse de alta en la organización.

Portada de Ku Klux Kulture.

Así que pensaban: “Este es el formulario secreto de solicitud de entrada en el Klan. ¿No es horrible que se manifieste así el odio en Estados Unidos?”. Y recortaban el anuncio del periódico y decían: “Me voy a hacer miembro del Klan”.

Así era.

¿Por qué no pasó algo similar en etapas anteriores del Klan?

En cierto modo, tiene que ver un cambio de estilo de los periódicos. En los años veinte, se dio un giro de 180 grados hacia el periodismo sensacionalista y el formato tabloide. Y, sin lugar a dudas, la cobertura que dieron los periódicos sobre el Klan encaja con esta tendencia. Les permitía publicar fotos impactantes en portada y atraer mucha atención.

El Klan era perfectamente consciente de ello y añadía un aire teatral a sus actos para captar la máxima atención. Hizo un esfuerzo para invitar a periodistas, pero al mismo tiempo evitó que se acercaran demasiado ya que quería “proteger los secretos”, para proteger el mito. Era su táctica. Necesitaban la atención de los medios de comunicación y al mismo tiempo no perder su mística.

Imagen de Felix Harcourt de su cuenta de Twitter (@FelixHistory).

¿Entonces el Klan era consciente del contexto mediático en el que se movía?

Perfectamente consciente. Sabía que muchos periódicos querían fotos del Klan, nítidas y desde cerca. Así que contrató a un fotógrafo y vendía las imágenes a los periódicos locales. También sabía que un cierto tipo de actos conseguía atraer una mayor atención mediática y es por este motivo que cada vez se organizaban actos con cruces de fuego de mayor tamaño o hacían volar avionetas de las que colgaban cruces iluminadas. Hubo un esfuerzo por alimentar el espectáculo.

¿Cómo fueron en un inicio los debates en torno a la cobertura mediática y cómo cambiaron más tarde?

La tendencia inicial de los medios fue seguir el modelo de denuncia exagerada del New York World. Sin embargo, cada vez fueron más conscientes de que el Klan tenía sus estrategias para conseguir que se hablara de la organización. A veces a través de amenazas físicas. Los editores del Messenger [una revista afroamericana] recibieron un sobre con una mano amputada. Pero más a menudo, ya que crecieron en poder e influencia, vieron que el boicot era una herramienta muy efectiva, y cada vez más la publicidad, lo que les llevó a prometer ingresos por anuncios de propaganda a aquellos medios con una cobertura al menos neutral de la organización.

¿Centrarse en la publicidad les fue rentable?

Es muy probable. En los años veinte contrató a conocidas agencias de publicidad. Vemos anuncios con mucha difusión que afirman: “Esta es la verdad sobre el Klan. No escuches lo que dice la prensa”. Muchos de los principales diarios empiezan a ser conscientes de que si bien denunciar la actividad del Klan les puede proporcionar algunos nuevos lectores también pueden perder a otros.

Llegan a la conclusión de que lo que les conviene es dar una cobertura lo más neutral posible. El problema con eso, por supuesto, es que al tratar de ser imparcial lo que realmente estás haciendo es presentar al Klan como una organización normalizada y aséptica; polémica, eso sí, pero popular y ampliamente aceptada.

¿Qué organizaciones y grupos se mostraron críticos con la forma en la que el KKK era presentado en los medios de comunicación?

Los periódicos católicos, judíos y afroamericanos. Algunos periódicos afroamericanos creen que era mejor no conceder al Klan ningún tipo de publicidad en los medios, lo que en ese momento se llamó “silencio digno”. Otros, sin embargo, comparan al Klan con un incendio forestal. Cortar el oxígeno terminará por matarlo, pero mientras eso no ocurra hará muchísimo daño. Es por este motivo que algunos periódicos eran partidarios de dar una cobertura mucho más agresiva.

El Pittsburg Courier, por ejemplo, en vez de publicar un reportaje sobre una popular jornada sobre el Klan en la Feria Estatal de Texas, optó por hablar de actos que desembocaron en disturbios y violencia, con el objetivo de terminar con la percepción, alimentada por algunos de los grandes periódicos blancos, de que a la organización, a pesar de generar polémica, le iba bien.

¿Los periodistas se reían o burlaban de la organización?

Se publicaron muchas caricaturas políticas que se burlaban del Klan pero, como señaló un destacado crítico teatral de la época, la organización era capaz de seguir adelante si le tiraban pasteles a la cara. A los miembros del Klan no les afectaban este tipo de burlas. Pensaban que simplemente eran una buena muestra de que tenían los enemigos correctos y de que estaban en la dirección correcta. Así que al final estas críticas resultaron ser contraproducentes.

Usted comenta que al final el Klan optó por centrarse en sus propios medios en vez de esforzarse con los medios ajenos que hacían una cobertura que les beneficiaba.

La dirección nacional del Klan creó su propio periódico llamado el Kourier, con una K, que, a principios de 1925, afirmaba tener más de un millón y medio de lectores. Es muy probable que se trate de una cifra exagerada, como ocurre con muchas otras cifras que el Klan proporcionaba.

Sin embargo, en el supuesto de que llegáramos a la conclusión de que tenía medio millón de lectores seguiría siendo una de las publicaciones más leídas de esa época en Estados Unidos. Era una gran estrategia de propaganda y ocupaba el lugar de otros medios de comunicación, tanto a nivel local como nacional, y al mismo tiempo permitía presentar la información desde el punto de vista ideológico de la organización.

¿Qué tipo de noticias de repercusión nacional se publicaban en el periódico del Klan?

La relación entre Estados Unidos y México. Noticias sobre el presidente. Todo ello impregnado por la noción de que se trata de una publicación familiar, con lo cual podías encontrarte con una larga crítica sobre la influencia de la Iglesia católica en Estados Unidos en una página y en la siguiente una receta de tostada con pimientos o una página para los lectores más jóvenes con un chiste. También tenía crucigramas y puzles, que tenían el ridículo nombre “cruz-igrama en llamas”.

Usted ha descrito una organización cada vez más influyente que tenía su propio periódico y cada vez más socios. ¿Qué pasó? ¿Por qué no se mantuvo?

Predomina la versión de que la presión que recibía y especialmente un escándalo de uno de los líderes más importantes de la organización en Indiana, que agredió sexualmente una mujer que luego se suicidó, [desempeñaron un papel en su declive]. Estos escándalos le dieron mala imagen ante la opinión pública y propiciaron su caída. Por otra parte, hay otra versión que señala que tras la aprobación de la ley de inmigración de 1924, el Ku Klux Klan perdió en cierta medida su razón de ser y se disolvió.

Todas estas versiones plantean un problema; no tienen en cuenta el hecho de que si bien el Ku Klux Klan es una organización que desaparece, el movimiento sigue presente ya que las personas que integraban la organización, millones de miembros y millones de simpatizantes, mantienen su ideología. Así que más que decir que el Klan desaparece sería más preciso decir que evoluciona.

¿El debate en torno a la cobertura mediática que se dio en su momento sobre el Ku Klux Klan ha tenido algún impacto sobre los medios de comunicación? ¿La cobertura ha cambiado?

El impacto ha sido significativamente escaso. Es bastante triste. En los años veinte los periódicos llevaron a cabo una cruzada, con una cobertura inteligente contra el Klan, incluso cuando con este tipo de cobertura no consiguieron acabar con la organización. El hecho de que los medios que libraron esta batalla ganaran premios Pulitzer hizo que a partir de los años treinta miraran atrás y se felicitaran por haber terminado con la organización.

Entonces, los periódicos vieron que su periodismo de investigación había sido merecedor de un premio Pulitzer e ignoraron el hecho de que su cobertura había propiciado que aumentaran los miembros de la organización.

Así es. Hay muy poca conciencia histórica de la verdad sobre la relación entre el Klan y la prensa, que fue, ante todo, una relación de provecho mutuo.


ENTREVISTA A HERNÁNDEZ DE LEÓN: “DEBEN DEVOLVERSE AL PUEBLO ESPAÑOL LAS FOTOS REQUISADAS EL 23-F”*

febrero 22, 2018

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Montaje gráfico. Cuando Antonio Tejero entró en el Congreso,  éste conocía  al fotógrafo Manuel Hernández de León, quien captó la mirada que el militar le dirigió desde la tribuna de oradores.

MANUEL HERNÁNDEZ DE LEÓN (Madrid, 1949) es un cronista excepcional de la historia reciente de España. Su carrera profesional ha discurrido en la Agencia EFE, en la que ingresó en 1977 y en la que desempeñó el cargo de redactor jefe de fotografía. Como reportero ha hecho un seguimiento gráfico de la Casa Real durante más de tres décadas y ha sido docente universitario de periodismo

Aunque su gran proyección inicial se debió a sus imágenes del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 [23-F], que ese año le valieron el Premio Nacional de Periodismo, ha obtenido numerosos galardones, como el World Press Photo en 1984, el Premio Libertad de Expresión o el Fotopress -por citar algunos- y sus fotografías se han expuesto en múltiples exposiciones (fue uno de los cien mejores fotógrafos del mundo seleccionados en el libro Un día en la vida de España, 1987). La obra Crónica de un tiempo (2008) recorre su trayectoria profesional en imágenes.

Como el 23-F es un tema de interés para nuestros lectores, le hemos pedido que explique cómo lo inmortalizó en imágenes y ha contestado a nuestra entrevista por email. Le agradecemos su generosidad por atender a nuestra petición. Consideramos que el gran interés de sus declaraciones no radica solo en su testimonio, sino también en la denuncia sobre las fotos requisadas el 23-F que aquí formula.

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Usted fue el fotógrafo del 23-F en el Congreso. ¿Cómo logró hacer las fotos?

Pues con mucho miedo, ya que en principio creía que había entrado al Congreso de diputados un comando de ETA. Sin embargo, al oír “¡¡¡Viva España y Viva el Rey !!!”, tenía una tremenda confusión y de inmediato empecé a “disparar” mi cámara de fotos a todo lo que veía extraño en el hemiciclo durante la sesión de investidura del presidente Leopoldo Calvo Sotelo que tenía lugar. En este caso vi que eran guardias civiles armados y pegando tiros a diestro y siniestro, encabezados por un teniente coronel pistola en mano y de tremendos bigotes.

¿Conocía usted a Antonio Tejero antes del asalto?

Pues sí…, ya que una semana antes del golpe estuve en su domicilio haciéndole fotos y una entrevista. En ella me negó todo tipo de vinculación con ninguna “trama” golpista, llámese en la época “Operación Galaxia” o Colectivo Almendros, que firmaba artículos del desaparecido periódico de la ultraderecha El Alcázar, y de los ruidos de sables que había en los cuarteles. Me posó en uniforme y con sus hijos. Por ese motivo, cuanto apareció por la tribuna de oradores del parlamento me dije…¡¡¡ Ostias Tejero !!! Y me clavó fijamente la mirada con el dedo en el gatillo del arma. Del pánico que me entró, me tapé el rostro con la cámara y empecé a hacerle fotos.

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¿Cómo vivió el golpe en el interior del Congreso?

Pues insisto: con miedo y mucha tensión, viendo a los diputados esconderse detrás de los escaños,  excepto al presidente  Adolfo Suarez,  al vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo, a escasos metros de mi. Y viendo la chulería con la que se movían los militares armados. En fin, era una tremenda pena ver lo que pasaba en mi país, con todo lo que se estaba luchando por la naciente democracia y parecía que todo se iba al traste otra vez, al Túnel del Tiempo.

En la imagen, Hernández de León explica su experiencia en el Congreso.

¿Qué pasó con las fotografías de sus compañeros que la Guardia Civil requisó?

¡Pues no se sabe ! En honor a la verdad, el resto de compañeros estaban sacando fotos como yo, pero cuando los guardias civiles, metralleta en mano, nos pidieron los carretes, ellos los entregaron y yo les engañé dándoles uno mío en blanco sin utilizar y el bueno conseguí sacarlo en los calzoncillos. Lo hice previo permiso para ir al baño acompañado de un guardia civil para poder esconderlo. Y ahora estoy investigando dónde pueden estar esas fotos de mis compañeros, que entiendo que se deben al pueblo español.

¿Sus imágenes del 23-F marcaron su carrera profesional? 

Pues en parte sí en lo profesional, por el reconocimiento a nivel mundial de mi trabajo (premios, conferencias, etc) y el respeto de los compañeros de profesión, que hoy en día, después de casi 33 años, me siguen teniendo. Y económicamente… nada de nada, ya que en este país el copyright lamentablemente no existe. La Agencia EFE (para la que yo trabajaba entonces) sigue vendiendo ese material del “23-F”, que es lo más importante que ha ocurrido -informativamente hablando- en toda la historia de la empresa, como ha sido reconocido por  varios de sus presidentes. El resto de mi trabajo ha estado dedicado a cubrir la información grafica de la Casa Real durante 33 años.

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* Esta entrevista fue publicada en este blog originalmente el 22 febrero de 2014 la recuperamos ahora al cumplirse 37 años del 23-F.