OTTO RAHN: LAS CONEXIONES ENTRE CATARISMO Y NAZISMO

julio 10, 2011

Otto Rhan.

UNA DE LAS FIGURAS  que más fascinación ha ejercido en relación al mundo “neocátaro” es Otto Rahn, que buscó el Santo Grial en la fortaleza de Montségur. Miembro de las SS que acabó expulsado de sus filas, dejó una obra escrita breve pero influyente en el entorno hitleriano al amalgamar nazismo y catarismo. Sabemos muy poco de él, pues su trayectoria está rodeada de toda suerte de especulaciones. Y es que su personalidad fue harto chocante: francófilo y al parecer homosexual, se desenvolvió en un universo nazi pangermánico y exaltador de la virilidad.

Así las cosas, los interrogantes sobre Rahn son numerosos, abarcan todos los órdenes de su vida y tienen difícil respuesta con las fuentes disponibles: ¿Fue un estudioso del catarismo o lo empleó como pretexto para labores de espionaje? ¿Actuó como un nazi convencido o su condición de homosexual y la falta de medios le llevaron a las filas de las SS? ¿Murió en 1939 o se orquestó una farsa para “blanquear” sus supuestos ancestros judíos? Al margen de sus móviles, sabemos con certeza que nazificó el catarismo y mereció la atención y la complacencia del máximo dirigente de las SS, Heinrich Himmler.

De Monsalvat a Montségur

Rahn nació en Michelstadt en 1904, en el seno de una familia provinciana muy religiosa. Desde su primera juventud ambicionó ser un gran escritor y en 1930 viajó a París, en busca de fortuna en el mundo del cine y para continuar su tesis doctoral sobre el poeta Wolfram von Eschenbach (¿1170-1220?). Fue su curiosidad por su obra Perceval la que le llevó al mundo cátaro, al aludir a la existencia del Grial en un lugar llamado Mountsalvatsche, bajo la influencia de El cuento del Grial, del escritor francés del siglo XII Chrètien de Troyes. A su vez, Richard Wagner (1813-1883) se inspiró en Perceval al escribir su drama Parsifal, que situó la leyenda del Grial en Montsalvat, en los Pirineos. Se abrió así una brecha que condujo a Rahn a identificar Mountsalvatsche y Montsalvat con el Montségur occitano y a los cátaros con los custodios del Grial.

Instalado en la capital francesa con pocos recursos, Rahn frecuentó medios bohemios esotéricos que avivaron su interés por el catarismo. Y en 1931, viajó por el sur de Francia y contactó con Antonin Gadal, que poseía un museo cátaro y una extensa librería sobre el tema y era miembro de una sociedad de Amigos de Montségur y el Grial. Esta entidad -expone Peter Levenda en su estudio sobre nazismo y ocultismo Unholy Alliance (1995)- estaba convencida de que existía una conexión entre el movimiento cátaro y los romances sobre el Grial. Asimismo, el joven germano trabó estrecha relación con la condesa Myrianne de Pujol-Murat, descendiente de la condesa cátara Esclarmunda de Foie (1155-1240).

Obra en la que Rhan germanizó al catarismo.

Rahn, sin embargo, tuvo que regresar a su país al ser sospechoso de practicar espionaje (aunque sus erráticas andanzas no parecen cooroborarlo) y en 1933 plasmó sus tesis sobre los cátaros en Cruzada contra el Grial. Conoció entonces una lenta aproximación al entorno de Himmler que le animó a seguir sus indagaciones. Una vez más, es difícil dilucidar las claves de la carrera de Rahn en medios hitlerianos, aunque sabemos que contó con el beneplácito del influyente Karl Maria Wiligut (considerado como el “Rasputín” de Himmler). Éste pertenecía a la galaxia de los “ariosofistas” (exaltados nacionalistas que preconizaban la existencia de una antigua raza aria) y manifestaba tener una “memoria ancestral” que le permitía captar las andanzas de sus antepasados teutones miles de años atrás. Afirmaba que la Cristiandad había sido invención germánica, incluyendo la Biblia. Sus teorías le ganaron la confianza de un crédulo Himmler, que le convirtió en asesor áulico al organizar la Anhenerbe (“Memoria ancestral”), una entidad de las SS que debía rastrear huellas arias a través del planeta en la que convergieron expertos y lunáticos.

La germanización de los cátaros

Rahn formó parte de este tinglado en el que sus teorías sobre el Grial –como era de preveer- hallaron un campo fértil para arraigar y dar un paso adelante: “germanizar” el catarismo. En 1937 Rahn lo hizo en La corte de Lucífer, complaciendo a Himmler hasta el punto de que éste regaló a Adolf Hitler una lujosa edición de la obra por su cumpleaños.

En ella Rahn exponía que los cátaros no consideraban a Lucífer el maligno, sino todo lo contrario. Le percibían como Luzbel, el portador de la Luz, y le asimilaban con el Norte, diferenciándole del maligno Satán, identificado con el Sur. En esta cosmovisión, el Grial era una piedra preciosa caída de la Corona de Lucífer de la que la Iglesia se había apropiado y convertido en símbolo cristiano (el cáliz que sostiene Jesús). Asimismo hizo al monasterio benedictino de Montserrat depositario del Santo Grial. Ateniéndonos a lo expuesto, no es de extrañar la célebre visita que Himmler y su séquito realizaron al cenobio catalán en octubre de 1940.

Castillo cátaro de Montsegur.

El resultado de esta lectura cátara de Rahn era una mutación de papeles: ahora los herejes encarnaban una rebelión espiritual contra Roma y Jerusalén, y los cruzados eran servidores de un Satán identificado con la Iglesia católica y, en sentido amplio, con la cultura judeocristiana, señala su biógrafo Mario Baudino (Il mito che uccide, 2004). En este aspecto, la visión de los “perfectos” de Rahn sintonizaba con las teorías raciales hitlerianas, ya que la cruzada anticátara se insertaba en un intento de los hombres del Sur por asaltar al Norte y acabar con los cátaros, que conservaban una memoria ancestral de sus orígenes nórdicos.

¿Asesinato, suicidio o… resurrección?

En marzo de 1939 Rahn fue expulsado de las SS y, siguiendo a la germanista Roser Sala Rose (Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, 2003), ello obedeció a su homosexualidad, a problemas con la bebida y a sus dudas sobre el sistema nazi. Se especula al respecto que el buscador del Grial pasó un cuatrimestre en el campo de Dachau en 1937 como guardián en sanción por su adicción al alcohol, y quizá reflexionó sobre las similitudes entre el sistema punitivo nazi y el que conocieron los herejes occitanos, aunque ello es pura especulación. Igualmente, el 9 de noviembre de 1938 se desencadenó la “noche de los cristales rotos”, que marcó el inicio de los pogromos antisemitas. ¿Cobró conciencia Rahn de haber obrado al servicio de un Estado criminal? También llama la atención de que fue apartado de las SS al mismo tiempo que Wiligut: ¿Compartieron ambos algún secreto?

En todo caso, poco sabemos de sus últimos días y el mes de mayo de ese año fue hallado su cadáver en los Alpes austriacos, en el monte Kufstein. Aparentemente se suicidó por sobredosis de somníferos, pero su muerte –como todo lo que rodea a Rhan- ha merecido teorías imaginativas y se han disparado las especulaciones. De este modo, su fallecimiento se ha atribuido a la intervención de oficiales de la Wehrmacht o a una orden de suicidio. Por otra parte, se ha apuntado que Rahn habría tenido antecedentes familiares judíos y para “blanquearlos” las SS urdieron una “falsa muerte”. Después de ésta, Otto Rahn adoptó la identidad de Rudolf Rahn, último embajador plenipotenciario alemán en Italia. Ernesto Milá, en Nazismo y esoterismo (s. a.; versión francesa de 1990), apunta que tal tesis es verosímil.

Karl Maria Wiligut, el “Rasputín” de Himmler.

En definitiva, Rahn y su catarismo nazi han acabado por conformar un juego de muñecas rusas: si abrimos la mayor con su efigie, en su interior hallamos otras más pequeñas de Himmler y Wiligut, dramaturgos y trovadores atraídos por Grial, estudiosos y bohemios del mundo cátaro. Las figurillas explican la obra de Rahn a la vez que le rodean de un halo enigmático que le convierte en “héroe del ocultismo”, en expresión de su biógrafo Baudino. Rhan contribuyó a ello en la medida que se forjó una identidad heterodoxa: “Mis antepasados más remotos fueron paganos; los más recientes, herejes”, escribió en La Corte de Lucífer.

Publicado en su versión inicial como “¿Qué se esconde tras el catarismo nazi?”, Especial Clío, 1 (marzo 2009), pp. 100-101.


EL ABANDERADO DEL HITLERISMO ESOTÉRICO: MIGUEL SERRANO

diciembre 25, 2009

 

Hitler, el abanderado, de Hubert Lanzinger. El nazismo cuenta con una larga tradición esotérica.

EL 29 DE FEBRERO DEL AÑO QUE ACABA falleció a los 91 años de edad un relevante nazi chileno, el escritor Miguel Serrano. Éste destacó por conformar un nazismo esotérico que entre finales de la década de los ochenta e inicios de la de los noventa cobró una notable proyección en el seno de un neonazismo español que se hallaba en crisis y estaba desconcertado por su falta de perspectivas políticas. En este contexto, Serrano ofreció a sus seguidores una teleología nazi mística y mágica.

Sus textos -junto a los de la publicista nacionalsocialista de origen francés (nacionalizada hindú) Savitri Devi- describían el ocultismo nazi en términos de un movimiento redentor de la humanidad, cuando la literatura sobre el tema presentaba el nazismo como un fenómeno vinculado a potencias maléficas e incluso de naturaleza satánica. A continuación nos aproximamos a la figura de Serrano a partir de la información publicada en nuestro ensayo Neonazis en España (1995). Pese a que ésta no está actualizada, presenta una sucinta biografía del mismo y contextualiza las razones de su proyección.

La producción de Serrano

Serrano nació en 1917. Durante la Segunda Guerra Mundial llevó a cabo una activa campaña de opinión en favor del nazismo y fue diplómatico chileno. Ya en 1947 viajó a la Antártida y ejerció de embajador de Chile en la India (1953-1962), posteriormente en Yugoslavia (1962-1964, estando acreditado a la vez en Rumanía y Bulgaria) y, finalmente, entre 1964 y 1970, en Austria. También fue representante diplomático de Chile en el Organismo Internacional de Energía Atómica en Viena (Austria) y en el Organismo de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial. Mantuvo correspondencia con Carl Gustav Jung y Herman Hesse, a quienes conoció personalmente y les dedicó su libro El círculo hermético (Conversaciones, correspondencia, y recuerdos de Herman Hesse y C. G, Jung) (1965).

Asimismo, publicó obras de carácter diverso, algunas traducidas a varios idiomas: Antología del Verdadero Cuento en Chile (1938), Un Discurso de la América del Sur (1939), La Época Más Oscura (1941), La Antártida y otros mitos (1948), Ni por Mar ni por Tierra (1950), Quien llama en Los Hielos (1957), Las visitas de la Reina de Saba (prólogo de C. G. Jung, 1960), Los Misterios (1960), La Serpiente del Paraíso (1963), La Flor Inexistente (1969), ELELLA, Libro del Amor Mágico (1973), Trilogía de la Búsqueda en el Mundo Exterior (1974), El ciclo racial chileno (1985) y La resurrección del héroe (1986), Nacionalsocialismo, única solución para los Pueblos de América del Sur [¿1986?].

Sobrino del poeta chileno Vicente Huidobro, conoció personalmente a Ezra Pound, Indira Ghandi, Pandit Nehru y estableció una relación de amistad con el Dalai Lama tras el exilio de éste en la India, donde Serrano le recibió como embajador chileno. No fue de extrañar, pues, que en 1992, en un viaje oficial a Chile, el Dalai Lama saludara emotivamente a Serrano, ante la estupefacción de las autoridades oficiales. Serrano, al margen de su actividad publicística, también fue un orador en concentraciones de nacionalsocialistas chilenos, los “nazistas”.

Recordatorio en memoria de Serrano editado por sus seguidores neonazis

Hitler, el último profeta

Sus obras más conocidas en círculos neonazis han sido Hitler, el último avatara y El cordón dorado, hitlerismo esotérico, donde se incluyen supuestas e impactantes revelaciones sobre Hitler. Si nos atenemos a su narración de los hechos en El cordón dorado, Serrano (que en la elaboración de sus teorías citaba las fuentes más diversas, como sus propios sueños) habría conocido el verdadero destino de Hitler. Éste -en realidad- no estaría muerto, sino que se hallaría en una dimensión singular de la tierra, situada en la Antártida y designada como la “tierra hueca”: un lugar donde perdura “una fauna y flora desaparecidos hace milenios en el exterior” (Serrano afirmó haber viajado a la Antártida en 1947 por este motivo). Igualmente, siguiendo a Serrano, Hitler habría descubierto la bomba atómica, pero los llamados “Guías del mundo subterráneo” le vetaron el uso de esta arma. También apuntaba la posible vinculación entre los OVNI y la supuesta existencia de Hitler en la Antártida.

Para el escritor chileno, que partía de una visión cíclica de la historia, Hitler era el último profeta o avatara de la fase decadente del ciclo histórico actual, que intentó el retorno a una Edad Dorada pretérita. A pesar de su fracaso en este tentativa, Hitler retornará cuando el ciclo presente se haya agotado, pues los dirigentes nacionalsocialistas consiguieron penetrar en la “tierra hueca” y esperan el momento de regresar nuevamente al final del período -con Hitler al frente-, “juzgando a sus opositores y cerrando todo un Manvantara [ciclo histórico]”.

En esta cosmovisión esotérica de Serrano, los judíos están estrechamente vinculados a las fuerzas del mal. Existe un complot judío, pero dirigido por una “entidad suprahumana”, extraterrestre, “una especie de Golem o entidad vampírica (Yahvé, Jehová), alimentada por la energía psíquica de sus acólitos, el pueblo judío”. Serrano considera a los judíos como ejecutores de un plan para hacer olvidar la memoria racial aria. Según este autor, los judíos viajaron a América persiguiendo un doble objetivo: buscar las tribus perdidas de Israel y seguir las huellas de los “Dioses Blancos” para borrar sus vestigios en este continente. De este modo pudieron “cumplir con el plan, a escala mundial, pactado con el demiurgo, dentro de esta gran guerra cósmica”.

 

En nuestra obra Neonazis en España analizamos el neonazismo esotérico en España

Las razones del éxito

Desde nuestra perspectiva, esta cosmovisión nazi, con su teleologismo inmanente, en un período de crisis del neonazismo invitó a sus seguidores al aislamiento de la realidad y a recrear un mundo propio hecho a medida, a semejanza de una nueva orden guerrera heredera del nacionalsocialismo. Ernesto Milá, en un ensayo entonces inédito (Teosofía, Ariosofía, Nazismo. El ocultismo hitleriano restituido), formuló con claridad las claves de su éxito:

Los círculos neo-nazis separados de cualquier posibilidad de acción política efectiva, tienden a refugiarse en actividades pseudo-culturales nostálgicas. Las obras de Serrano inicialmente les parecen ‘productos culturales’ -si bien la calificación es dudosa. A partir de ahí, los neo-nazis que las leen ven una visión nueva del nazismo, una visión que está más allá del bien y el mal, que les da fuerza en la derrota y les explica que el movimiento político nacional-socialista fue algo más que un movimiento político, fue un movimiento cosmológico que, finalmente, triunfará porque así está escrito en las doctrinas ocultistas: […] Hitler, finalmente triunfará, volverá de su refugio bajo los hielos del Polo y se pondrá al frente de sus huestes…

Esta teleología, sin embargo, no fue una particularidad del nazismo, sino que es históricamente frecuente, como demostró el ensayista y crítico de arte Juan- Eduardo Cirlot en la voz “Rey” de su Diccionario de símbolos:

En el rey se concentran muchas veces los rasgos del padre y del héroe, con carácteres mesiánicos; por una inversión del orden temporal, lo que pasó deviene “lo que sucederá” y el rey muerto es investido por sus súbditos de una extraña vida fantasmal de la que habrá de retornar cuando grandes peligros amenacena la patria. En los casos de monarcas históricos fallecidos en circunstancias extrañas o muy adversas, suele formarse esa leyenda, cual en los casos del portugués don Sebastián o de don Rodrigo, el último rey godo. Máximo exponente del tipo es el mítico rey Artuto, a quien denominó sir Thomas Malory “Arthurus, rex quondam, rex futurus”.

En resumen, este esoterismo nazi se caracterizó por su voluntad de profundizar en supuestos mecanismos invisibles y ahistóricos que regían el devenir de la humanidad. Desde esta perspectiva, el “hitlerismo esotérico” constituyó una aparente salida pseudo-filosófica e introspectiva a la crisis del neonazismo español.

Bibliografía especializada: Rosa Sala Rose, Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, El acantilado, Barcelona, 2003.