LOS ATENTADOS DE NUEVA ZELANDA: ¿UN NUEVO CASO DEL TERRORISMO DE “RESISTENCIA SIN LIDERAZGO”?

marzo 17, 2019

Vídeo elaborado por El País sobre el atentado de Nueva Zelanda.

LOS ATENTADOS ISLAMÓFOBOS COMETIDOS EN NUEVA ZELANDA ESTE VIERNES TIENEN APARENTEMENTE EL MISMO PATRÓN QUE OTROS QUE SON OBRA DE EXTREMISTAS DE DERECHA E ISLAMISTAS RADICALES. Los cometen individuos (los llamados “lobos solitarios”) o células reducidas que actúan de modo autónomo en nombre de una entidad, como sucedió en el múltiple atentado de Barcelona el 17 de agosto de 2017 [17-A].

Las ventajas de esta estrategia

Ello minimiza riesgos de detección policial (no hay cadenas claras de mando tras los autores que lleven a organizaciones), otorga gran margen de maniobra a los terroristas y permite perpetrar acciones mortíferas ‘low cost’ en cualquier lugar. Paradójicamente, esta estrategia conocida como “resistencia sin liderazgo” la desarrollaron originalmente ultraderechistas estadounidenses supremacistas u opuestos a un Estado denunciado como opresor.

El origen (1974): el Frente de Liberación Nacional Socialista

Su embrión, según el historiador Jeffrey Kaplan, radicó en el minúsculo Frente de Liberación Nacional Socialista. Constituido en 1974, quiso contrarrestar el ascendente de la “nueva izquierda” y sus grupos armados en campus universitarios. Así, intentó imitar a las guerrillas urbanas de izquierda y consideró que las acciones contra el Estado debía promoverlas una reducida vanguardia activa (el cartel de la izquierda se considera la plasmación plástica de tal intento).

Sin embargo, solo 4 de sus 43 miembros perpetraron actos individuales violentos irrelevantes y el grupo acabó su andadura al ser asesinado en 1975 su líder, Joseph Tommasi. Pero para Kaplan plasmó por vez primera el concepto de “resistencia sin liderazgo” sin recibir tal nombre.

Los años 80: la difusión de la “resistencia sin líderes”

A inicios de los 80 otro colectivo supremacista y antisemita violento marcó un hito en la radicalización de la ultraderecha: La Hermandad Silenciosa, llamada también La Orden. Liderada por Robert J. Mathews, efectuó sus crímenes con individuos o células que -según un exmiembro- debían hacer los “esfuerzos de resistencia […] que se sientan capaces de instituir”. Para el FBI fue la amenaza terrorista interna más peligrosa, desarticulada al morir Mathews en 1984 en un enfrentamiento.

Los sectores extremistas impactados por su acción fueron galvanizados por lo que -a sus ojos- devinieron sucesivas afrentas de un Estado opresor: en 1989 se celebró un juicio por sedición en Arkansas contra figuras prominentes de la ultraderecha; en 1992 el FBI mató en un enfrentamiento a la mujer y al hijo de un radical, Randy Weaver; y en 1993 las tropas federales asaltaron un rancho de la secta de Adventistas del Séptimo Día en Waco (Texas) con 80 muertes. En este marco, advierte Kaplan, se difundió el concepto de “resistencia sin liderazgo”, que el supremacista Louis R. Beam ya había plasmado en 1983. Este adoptó las tesis que un coronel de inteligencia -Ulius Louis Amoss- concibió en 1962 para luchar con guerrillas ante una eventual invasión comunista de EE.UU. De este modo, arguyó que se debía combatir con iniciativas individuales o “células fantasma” ajenas a organizaciones, siempre infiltrables.

“Hunter” (1989): la novela que la popularizó en las milicias

Contribuyeron a popularizar esta estrategia novelas como Hunter (Cazador, 1989), de William L. Pierce, que narra la actuación de un “lobo solitario”. Aparentemente la adoptaron activistas de este espectro político, aunque es difícil establecer hasta qué punto lo hicieron conscientemente.

Lo reflejan casos como los de Timothy McVeigh al atentar en 1995 contra el edificio del Gobierno Federal en Oklahoma y matar a 168 personas (en respuesta “al ataque estadounidense contra un edificio gubernamental en Serbia, Irak u otras naciones”) o el del noruego Anders Behring Breivik, autor de la masacre de Utoya en 2011 con 69 muertes de jóvenes socialistas.

El gran salto de 2005: de la extrema derecha al islamismo radical

1426882959_369084_1426885760_noticia_normalNo obstante, el criminólogo Travis Morris remarca que también lo hicieron sendas organizaciones de extrema izquierda: el Frente de Liberación de la Tierra y el Frente de Liberación Animal. Finalmente, la habría incorporado el yihadismo posiblemente a través de Abu Musab al Suri en 2005, asumiéndola Al Qaeda primero y luego el ISIS (en la foto, Abu Musab al Suri con Osama Ben Laden; imagen de US Attorney’s Office – Southern District of New York).

En suma, la “resistencia sin liderazgo” surgida en la ultraderecha estadounidense ha sido ampliamente difundida y asumida por diversos antagonistas conformando un terrorismo difícil de prever y desarticular, con gran capacidad destructora.

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* Esta entrada recupera el contenido esencial de nuestro artículo publicado originalmente en agosto de 2017: Xavier Casals, “Resistencia sin liderazgo, el nuevo terror”, El Periódico (18/VIII/2017).


ENTREVISTA: “FRANCO FUE ENGAÑADO CON FALSOS INFORMES SOBRE LA MASONERÍA EN LOS QUE CREYÓ”*

marzo 10, 2019

EL HISTORIADOR JAVIER DOMÍNGUEZ ARRIBAS (Madrid, 1975)  ha publicado un estudio ya imprescindible sobre el componente antisemita y antimasónico de la cosmovisión franquista. Se trata de una obra  tan voluminosa y densa como rigurosa, legible y de ideas claras: El enemigo judeo-masónico en la propaganda franquista (1936-1945) (Marcial Pons, Madrid, 2009).

Doctor en historia por l’École des Hautes Études en Sciences Sociales [EHSS], Domínguez es profesor de la Universidad de París XIII y en su meritoria investigación demuestra cómo  antimasonismo y antisemitismo no tuvieron el mismo peso para Franco. Subraya que la antimasonería siempre tuvo un gran influjo en el dictador, a la vez que expone como la existencia de un complot de la “Anti-España” tuvo un carácter instrumental para él, por lo que cambió su discurso al compás de la derrota del Eje.  Asimismo, relata el engaño del que fue objeto el Caudillo por alguien de su entorno cercano (¿el propio Carrero?), que le intoxicó con falsos informes sobre la masonería. 

En suma, estamos ante un libro de referencia sobre el tema y agradecemos al autor que haya accedido a ser entrevistado y a la editorial Marcial Pons que haya facilitado las imágenes que acompañan el texto.

¿Cuando y por qué surgió en España la idea de un contubernio judeomásonico?

La idea de una alianza conspirativa entre judíos y masones surgió por primera vez en la Francia de principios del siglo XIX, aunque podemos encontrar unos cuantos precedentes del siglo XVIII. No es extraño que, esencialmente desde las filas católicas, se identificara a los enemigos seculares de la cristiandad, los judíos, con una nueva amenaza contra la Iglesia, la masonería. Ese mito judeo-masónico se difundió en la Europa católica sobre todo a finales del siglo XIX, en la época de la “cuestión romana” [la disputa política creada en torno a la anexión de Roma por Italia , que acaba con el poder temporal del Papa] y llegó con fuerza a España. Es decir, no es ni mucho menos algo exclusivamente español ni franquista. De hecho, los sublevados de 1936 no hicieron más que actualizar los viejos temas que los propagandistas católicos reaccionarios llevaban difundiendo desde hacía décadas.

Como curiosidad, hay que añadir que la expresión concreta “contubernio judeo-masónico” no fue apenas utilizada en los primeros tiempos del franquismo, a pesar de lo que comúnmente se cree. Contubernio significa alianza contra natura, y durante los años treinta y cuarenta se prefirió hablar de “conjura”, “complot” o “consorcio” para asociar a los judíos y los masones, guardando el término contubernio para la unión de entidades consideradas antitéticas (como las izquierdas y los católicos, por ejemplo), y no para la natural alianza judeo-masónica. De hecho, la expresión “contubernio judeo-masónico” no fue popularizada hasta el final de la dictadura, y más por sus detractores (con el objetivo de ridiculizarla) que por sus partidarios. Que yo sepa, Franco no la utilizó ni una sola vez. Sí que se refirió a los judíos, a los masones y a diversos contubernios, pero no en la misma frase.

El semanario falangista El Español (1943) denuncia al comunismo como aliado de la masonería

¿Por qué Franco recurrió a tal supuesta conspiración?

En realidad no fue tanto Franco como sus propagandistas quienes recurrieron al mito judeo-masónico, pues el Caudillo no parece haber creído seriamente en la supuesta unión entre judíos y masones. En todo caso, los responsables de la propaganda franquista sí que utilizaron profusamente ese mito entre 1936 y 1945, debido a que podían sacarle provecho; dicho de otra forma, el enemigo judeo-masónico desempeñó varias funciones diferentes.

Por ejemplo, sirvió como un arma arrojadiza para atacar a las facciones rivales dentro del conglomerado franquista (por ejemplo acusándolas de tener lazos con la masonería); unas facciones que se enfrentaban de forma más o menos abierta por imponer su ideario y por sacar la mejor parte en el reparto de parcelas de poder. Curiosamente, en ese contexto de enfrentamientos dentro del propio régimen, también se presentó al monstruo judeo-masónico como el enemigo común contra el que había que unirse para superar la división. Es decir, ese enemigo sirvió al mismo tiempo para atacar y para unir. 

¿Qué fue la red APIS y quien quiso engañar a Franco con ella?

APIS fue una red de espionaje que suministró a Franco decenas y decenas de informes, por lo general centrados en la masonería, entre comienzos de los años cuarenta y mediados de los años sesenta. Lo curioso es que a pesar de que la mayoría de esos informes eran falsificaciones bastante burdas, Franco se las creyó y llegó a actuar en función de lo que leía. Por ejemplo, remitió al papa Pío XII uno de esos documentos; hizo publicar otros en la prensa, y así sucesivamente.

En realidad, detrás de las siglas APIS (cuyo significado desconocemos) debía de ocultarse un grupo muy reducido de personas próximas al integrismo. Estaban dirigidas por una monja teresiana que mantenía contacto con Carrero Blanco, y parecen haber actuado con el objetivo de desprestigiar ante Franco a los falangistas y a los juanistas. Desde luego lo consiguieron, al menos en lo que se refiere a estos últimos.

Cartel de 1942 (AGA, C., 21/119), donde aparece un capitalista masón antifalangista.

¿Franco fue tan antimasón como antisemita?

No, tenía dos visiones muy diferentes de los masones y de los judíos. Franco no era especialmente antisemita, hasta expresó alguna simpatía por los sefardíes, como puede verse en varios de sus escritos, incluso en Raza. Pero ello no le impidió utilizar los temas antisemitas con un objetivo propagandístico en determinados momentos, como en alguna consigna redactada durante la guerra civil, o en los artículos que escribió para Arriba a fines de los años cuarenta. En cambio, puede afirmarse que Franco tenía una auténtica obsesión antimasónica.

Consideraba a la masonería su peor enemigo, peor incluso que el comunismo, por el carácter artero que atribuía a la “secta”. Eso le llevó a escribir innumerables textos de propaganda antimasónica y a referirse a la cuestión en numerosos discursos. Probablemente, su manía se explique por todo un conjunto de razones entre las que cabe destacar una de carácter personal: la simpatía que sentían por la masonería en su propia familia. En cambio, no está tan claro que haya pedido su ingreso en la sociedad secreta, como se ha dicho a menudo.

¿Experimenta cambios la idea del enemigo judeo-masónico en la prensa franquista con la derrota del Eje?

A partir de 1945 el antisemitismo dejó de ser presentable en la propaganda oficial, como consecuencia de la derrota nazi. Mientras tanto, la propaganda antimasónica todavía siguió siendo utilizada ocasionalmente por el régimen, pero sin la virulencia que antes. Eso no quiere decir que el antisemitismo o el antimasonismo hubiesen desaparecido, sino solamente que ya no eran temas tan adecuados para la propaganda oficial. En el nuevo clima de guerra fría se podía sacar mucho más partido del enemigo comunista, de los “rojos”, que ya ocupaban un lugar central en la propaganda franquista desde 1936, por delante de los judíos y los masones. 

* Esta entrevista fue publicada originalmente en junio de 2010. La reeditamos ahora a petición de algunos lectores. 


ESPECIAL 23-F (Y 5): EL 23-F, UN EJEMPLO DE CÓMO EN ESPAÑA LOS SECRETOS DE ESTADO SON ETERNOS

febrero 25, 2019

Antonio Tejero el 23-F (imagen de Manuel Hernández de León).

Especial 23-F: ante Esta fecha, reeditamos las entradas publicadas en el blog sobre el fallido golpe de Estado. Esta es la quinta y última entrega de la serie. La información presentada en ellas, la hemos ampliado, matizado o revisado en nuestra obra La Transición española. El voto ignorado de las armas.

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MÁS DE 37 AÑOS DESPUÉS DEL 23-F AÚN NO SE PUEDE ACCEDER A DOCUMENTOS OFICIALES SOBRE EL TEMA y no parece que este escenario vaya a cambiar, según expone Irene Castro en www.el diario.es (23/III/2018). Esta periodista analiza la enmienda presentada por el PNV sobre desclasificación de secretos oficiales, que permitiría “la publicación inmediata de cientos de páginas oficiales sobre la historia de España”, pero advierte que ello genera reticencias en el PP.

Esta última formación solo quiere “desvelar de forma automática los papeles anteriores a 1968”, de modo que a partir del 1 de enero de 2023 “se darían a conocer todas las materias secretas de 1968”. El PSOE, aunque parece sintonizar con la propuesta del PNV, “da un margen de 10 años al Gobierno para que publicite las materias clasificadas, pese a que hayan pasado más de 25 años sin ver la luz”. El resultado, de prosperar su enmienda, sería que “los documentos elaborados durante el golpe de 1981 podrían quedarse en el cajón hasta 2028”.

No hay prisa alguna, pues, por desclasificar secretos y abunda la inquietud por ocultarlos.

La dificultad de adentrarse en el 23-F

Esta obstrucción -tan injustificada como injustificable impide adentrarse en el conocimiento del fallido golpe de Estado del 23-F y conocer mejor sus dinámicas y entresijos. Ahora que el episodio casi ha cumplido cuatro décadas… ¿qué sentido tiene no poder acceder a documentación oficial del mismo? ¿Acaso el secuestro del Congreso en el marco de un diseño golpista no atañe a toda la ciudadanía y forma parte de nuestra historia?

De hacerse accesibles los secretos oficiales al respecto ignoramos hasta qué punto variaría el conocimiento de los hechos, expuesto por nuestra parte en La transición española. El voto ignorado de las armas (2016). Intuimos que sus grandes dinámicas y protagonistas esenciales posiblemente permanecerían inalterados, pero podríamos entender mejor lo sucedido. Asimismo, al no ser accesibles los documentos oficiales se alimenta toda suerte de especulaciones vertidas sobre el golpe (que no son pocas), facilitando que la rumorología existente tenga visos de verosimilitud aunque carezca de fundamento.

En suma, vetar el acceso a los papeles del 23-F alimenta los rumores, confunde a los investigadores y priva a la ciudadanía de conocer un acontecimiento de primera magnitud.

“Spain is different” también en secretos oficiales

El problema abordado tiene otra dimensión relevante. Y es que el 23-F no es un hecho aislado en el oscurantismo que impera en los archivos oficiales. Lo testimonian los esfuerzos de la difunta ministra socialista Carme Chacón por desclasificar 10.000 documentos de Defensa, que finalmente quedaron en nada.  Y ello pese a que se trataba de cuestiones -según recogía Fernando García en La Vanguardia (21/II/2018)– como “’detención de extranjeros, censura, destierros, claves, cifrados’ o nombres de ‘protegidos y agentes franceses’ en la Guerra Civil; datos sobre ‘campos de trabajo, batallones de soldados trabajadores, arrestos, denuncias, deserciones, sospechos y sabotajes’ antes de 1968, o notas acerca de ‘desembarcos alemanes, memorias de la defensa de Melilla y contabilidad del servicio secreto’”.

La Fundación Nacional Francisco Franco posee secretos de Estado.

El lamentable caso español, además, tiene visos de esperpento, en la medida que el ministerio de Defensa incluso ha pretendido ocultar documentos ya publicados y el gobierno ha reconocido que la Fundación Nacional Francisco Franco -un ente privado que enaltece la figura de este dictador- posee “secretos oficiales” que debe entregar al Estado siguiendo lo estipulado por la ley, pero permanecen en su custodia. A la vez, esta fundación ha desclasificado “de facto” documentos que debían permanecer secretos. Como apunta la historiadora y experta en archivos Remei Perpinyà, “el resultado final de esta actuación es que los ciudadanos no podemos acceder a los documentos, cuando -al fin y al cabo- somos en última instancia los auténticos propietarios”.

Secretos de Estado “eternos”

En definitiva, lo que podría ser el argumento de una comedia de enredo genera un manto de secretismo a menudo acéfalo, amparado de modo inexplicable por quienes supuestamente pretenden garantizar mayor calidad democrática en un derecho tan básico como el de la información (especialmente en la era de la transparencia). De nada sirven los periódicos manifiestos de los historiadores denunciando este triste panorama.

Ahora el tema ha cobrado nueva visibilidad al incluir el 23-F. Pero que nadie se haga muchas ilusiones, ya que -como señaló Carmen Rengel en El Huffington Post (8/XII/2015)- “Los secretos de Estado son ‘eternos’ en España”. Y parece que el grueso de la clase política se empeña en perpetuar este estado de cosas con obvio menosprecio hacia la ciudadanía que representa.


ESPECIAL ANIVERSARIO 23-F (3): ENTREVISTA A HERNÁNDEZ DE LEÓN: “DEBEN DEVOLVERSE AL PUEBLO ESPAÑOL LAS FOTOS REQUISADAS EL 23-F”*

febrero 21, 2019

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Montaje gráfico. Cuando Antonio Tejero entró en el Congreso,  éste conocía  al fotógrafo Manuel Hernández de León, quien captó la mirada que el militar le dirigió desde la tribuna de oradores.

Especial 23-F: ante la cercanía de esta fecha, reeditamos las entradas publicadas en el blog sobre el fallido golpe de Estado. La información presentada en ellas, la hemos ampliado, matizado o revisado en nuestra obra La Transición española. El voto ignorado de las armas.

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MANUEL HERNÁNDEZ DE LEÓN (Madrid, 1949) es un cronista excepcional de la historia reciente de España. Su carrera profesional ha discurrido en la Agencia EFE, en la que ingresó en 1977 y en la que desempeñó el cargo de redactor jefe de fotografía. Como reportero ha hecho un seguimiento gráfico de la Casa Real durante más de tres décadas y ha sido docente universitario de periodismo

Aunque su gran proyección inicial se debió a sus imágenes del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 [23-F], que ese año le valieron el Premio Nacional de Periodismo, ha obtenido numerosos galardones, como el World Press Photo en 1984, el Premio Libertad de Expresión o el Fotopress -por citar algunos- y sus fotografías se han expuesto en múltiples exposiciones (fue uno de los cien mejores fotógrafos del mundo seleccionados en el libro Un día en la vida de España, 1987). La obra Crónica de un tiempo (2008) recorre su trayectoria profesional en imágenes.

Como el 23-F es un tema de interés para nuestros lectores, le hemos pedido que explique cómo lo inmortalizó en imágenes y ha contestado a nuestra entrevista por email. Le agradecemos su generosidad por atender a nuestra petición. Consideramos que el gran interés de sus declaraciones no radica solo en su testimonio, sino también en la denuncia sobre las fotos requisadas el 23-F que aquí formula.

Usted fue el fotógrafo del 23-F en el Congreso. ¿Cómo logró hacer las fotos?

Pues con mucho miedo, ya que en principio creía que había entrado al Congreso de diputados un comando de ETA. Sin embargo, al oír “¡¡¡Viva España y Viva el Rey !!!”, tenía una tremenda confusión y de inmediato empecé a “disparar” mi cámara de fotos a todo lo que veía extraño en el hemiciclo durante la sesión de investidura del presidente Leopoldo Calvo Sotelo que tenía lugar. En este caso vi que eran guardias civiles armados y pegando tiros a diestro y siniestro, encabezados por un teniente coronel pistola en mano y de tremendos bigotes.

¿Conocía usted a Antonio Tejero antes del asalto?

Pues sí…, ya que una semana antes del golpe estuve en su domicilio haciéndole fotos y una entrevista. En ella me negó todo tipo de vinculación con ninguna “trama” golpista, llámese en la época “Operación Galaxia” o Colectivo Almendros, que firmaba artículos del desaparecido periódico de la ultraderecha El Alcázar, y de los ruidos de sables que había en los cuarteles. Me posó en uniforme y con sus hijos. Por ese motivo, cuanto apareció por la tribuna de oradores del parlamento me dije…¡¡¡ Ostias Tejero !!! Y me clavó fijamente la mirada con el dedo en el gatillo del arma. Del pánico que me entró, me tapé el rostro con la cámara y empecé a hacerle fotos.

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En la imagen, Hernández de León explica su experiencia en el Congreso.

¿Cómo vivió el golpe en el interior del Congreso?

Pues insisto: con miedo y mucha tensión, viendo a los diputados esconderse detrás de los escaños,  excepto al presidente  Adolfo Suarez,  al vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo, a escasos metros de mi. Y viendo la chulería con la que se movían los militares armados. En fin, era una tremenda pena ver lo que pasaba en mi país, con todo lo que se estaba luchando por la naciente democracia y parecía que todo se iba al traste otra vez, al Túnel del Tiempo.

¿Qué pasó con las fotografías de sus compañeros que la Guardia Civil requisó?

¡Pues no se sabe ! En honor a la verdad, el resto de compañeros estaban sacando fotos como yo, pero cuando los guardias civiles, metralleta en mano, nos pidieron los carretes, ellos los entregaron y yo les engañé dándoles uno mío en blanco sin utilizar y el bueno conseguí sacarlo en los calzoncillos. Lo hice previo permiso para ir al baño acompañado de un guardia civil para poder esconderlo. Y ahora estoy investigando dónde pueden estar esas fotos de mis compañeros, que entiendo que se deben al pueblo español.

¿Sus imágenes del 23-F marcaron su carrera profesional? 

Pues en parte sí en lo profesional, por el reconocimiento a nivel mundial de mi trabajo (premios, conferencias, etc) y el respeto de los compañeros de profesión, que hoy en día, después de casi 33 años, me siguen teniendo. Y económicamente… nada de nada, ya que en este país el copyright lamentablemente no existe. La Agencia EFE (para la que yo trabajaba entonces) sigue vendiendo ese material del “23-F”, que es lo más importante que ha ocurrido -informativamente hablando- en toda la historia de la empresa, como ha sido reconocido por  varios de sus presidentes. El resto de mi trabajo ha estado dedicado a cubrir la información gráfica de la Casa Real durante 33 años.

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* Esta entrevista fue publicada en este blog originalmente el 22 febrero de 2014 la recuperamos ahora al cumplirse 37 años del 23-F.


ESPECIAL ANIVERSARIO 23-F (1): ¿QUÉ PASÓ EL 23-F DE 1981?*

febrero 17, 2019

general-armadaEl general Alfonso Armada en el Congreso de los diputados.

 

Especial 23-F: ante la cercanía de esta fecha, reeditamos las entradas publicadas en el blog sobre el fallido golpe de Estado. La información presentada en ellas, la hemos ampliado, matizado o revisado en nuestra obra La Transición española. El voto ignorado de las armas.

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¿QUÉ PASÓ EL 23-F DE 1981? PARA ENTENDERLO HAY QUE RETROCEDER AL 1980. Suárez había ganado los comicios del año anterior, pero vivía el peor momento político. El presidente perdía la confianza del monarca, la UCD se hacía añicos y el PSOE hacía una dura oposición con ansia de tocar poder, mientras la crisis económica y un pretendido desbarajuste autonómico creaban inquietud por todas partes. A la vez, se tejían tramas golpistas y ETA alcanzaba el récord criminal con 215 acciones y 97 muertos, cosa que exacerbaba tensiones en el seno de los cuerpos armados.

En este marco, Alfonso Armada, un general conservador y monárquico, tuvo éxito en unir las diversas tramas golpistas y políticas contra Suárez bajo su amparo para presidir un gobierno de unidad de los grandes partidos, militares y miembros del mundo empresarial. Los promotores de esta solución la justificaron haciendo un símil con la Francia de 1958, cuando un alzamiento militar partidario de la Argelia francesa exigió el retorno al poder de Charles de Gaulle con poderes excepcionales, de forma que Armada sería un “De Gaulle español”. Para conseguirlo, el general articuló una vía constitucional de acceso a la presidencia, mediante una moción de censura, y otra “pseudoconstitucional”, que pasaba por crear un hecho excepcional para que los diputados lo invistieran presidente.

¿Y si Armada hubiera sido investido presidente?

Pero Suárez frustró la vía constitucional de Armada en dimitir de forma repentina el 29 de enero de 1981 y designar a un sucesor, Leopoldo Calvo-Sotelo. Entonces el general activó la otra, que pasó por la ocupación del Congreso el 23 de febrero por Antonio Tejero y la salida de los tanques en Valencia por orden de Jaime Milans del Bosch. Pero cuando Armada fue a las Cortes a proponerse como presidente, Tejero se negó al ver que quería hacer gobierno con socialistas y comunistas y el proyecto fracasó. Cuando el rey compareció aquella noche por televisión y se opuso al putsch, remachó el clavo. Estas son las coordenadas del golpe fallido, bien explicadas en la tesis doctoral de Roberto Muñoz, que expurgó el sumario del caso y lo contrastó con las fuentes disponibles: 23-F (2015).

Sin embargo, no se ha meditado para nada sobre qué habría pasado si ese día Armada hubiera sido investido presidente: ¿el Congreso y el monarca lo habrían podido revocar al día siguiente fácilmente?, ¿la democracia no habría quedado tutelada por los pretorianos y la vida política hibernada? Posiblemente falta interés en plantear estas cuestiones porque el rey vio con buenos ojos la vía constitucional de Armada, como también lo hicieron figuras de UCD, del PSOE, de AP y de ámbitos mediáticos y empresariales. Pero después todos callaron como muertos y el 23-F quedó codificado como una “militarada” condenada al fracaso de antemano y Armada como el gran malo de la película. Ya sabemos que la memoria es selectiva, pero la del 23-F es amnésica. ¿Por qué será?

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* Artículo publicado en el diario catalán Ara (23/II/2016). Fue publicada inicialmente en este blog el 23-F de 2016.


ASÍ FUE EL ENTIERRO DE FRANCO: EL 23-N Y LA “OPERACIÓN LUCERO”*

noviembre 24, 2018

Entierro de Franco en el Valle de los Caídos, el 23 de noviembre de 1975 (imagen de EFE).

 

EL DOMINGO 23 DE NOVIEMBRE TUVO LUGAR EL ENTIERRO DE FRANCISCO FRANCO, que se desarrolló según un minucioso plan del Servicio Central de Documentación [SECED], dependiente del presidente Carlos Arias. Fue la “Operación Lucero”, que un exmiembro de ese ente, Juan Mª de Peñaranda, expuso en un ensayo homónimo (Operación Lucero, 2017). Este operativo quiso garantizar que el entierro de Franco transcurriera con normalidad y elaboró un protocolo que cubrió todos los aspectos de la muerte del dictador, desde su uniforme mortuorio hasta la jura del príncipe Juan Carlos como sucesor. Tal diseño tuvo su origen en el asesinato de Luis Carrero Blanco en diciembre de 1973, pues entonces el régimen improvisó las honras fúnebres, lo que se quiso evitar al fallecer el dictador.

Temor a alborotos y aislamiento internacional

Así, para evitar problemas de orden público se hizo un seguimiento de la oposición y se detuvo a los líderes del PCE del interior. A la vez, se observó las movilizaciones ultraderechistas al temer incidentes, pues circuló el rumor de que un núcleo de excombatientes quería presionar al Rey para que hiciera un juramento público de lealtad al régimen y al Movimiento.

En este marco, a las 7 de la mañana del día 23 se cerró la capilla ardiente de Franco en el Palacio de El Pardo y le velaron los miembros del Consejo de Regencia y del gobierno. A las 10 se celebró un multitudinario funeral de córpore insepulto en la plaza de Oriente que presidieron los flamantes monarcas. El cardenal primado de España, Marcelo González, hizo la elegía del dictador. Le asoció a la cruz y la espada, símbolos en los que “se encierra medio siglo de nuestra historia patria”, pero señaló que “recordar y agradecer no será nunca inmovilismo rechazable”. También se constató el aislamiento del país (en septiembre habían tenido lugar las últimas ejecuciones de la dictadura), pues la presencia de mandatarios extranjeros se limitó al rey Hussein de Jordania, el príncipe Rainiero de Mónaco, el vicepresidente norteamericano Nelson Rockefeller, la primera dama de Filipinas, Imelda Marcos, y el dictador chileno Augusto Pinochet (que quedó fascinado por el Valle de los Caídos y comentó que le gustaría uno similar).

Tras la ceremonia, un camión militar Pegaso modelo 3050 acogió el cuerpo de Franco y partió hacia el Valle de los Caídos, en cuya fachada se colocaron 400 coronas mortuorias. El convoy funerario llegó allí poco después de las 13 horas y el abad de la basílica, Luis Mª de Lojendio, quiso ver el cuerpo de Franco, pero el ataúd estaba soldado.

 

Gentío en Cuelgamuros que aguarda la llegada de los restos de Franco (imagen de EFE).

El Valle de los Caídos entra en escena

Paradójicamente, el entierro de Franco en Cuelgamuros no obedeció a una decisión previa de Franco, sino de Arias. Según Peñaranda, el cadáver se llevó allí porqué “no había un sitio permanente en Madrid donde poder enterrarle”. Y apuntó que la familia del dictador fue informada, más que consultada: “Al inicio del otoño [de 1975] quizá Arias se lo dice a la familia… Y Doña Carmen [Polo] debió decirle: ‘Haced lo que os parezca más oportuno'”. De hecho, la hija de Franco afirmó que “no tenía ni idea de dónde quería ser enterrado” su padre.

En el Valle de los Caídos el féretro fue transportado por ayudantes de Franco y miembros de la familia (Alfonso de Borbón, el marqués de Villaverde y nietos) hasta el umbral de la basílica. Mientras tanto, en la explanada, que reunía a miles de congregados (se estimó que hasta 100.000 personas), se oyeron gritos rituales de “¡Franco, Franco, Franco!”, así como cánticos del himno falangista “Cara al Sol”, del carlista “Oriamendi” y del de la Legión.

Luego el ataúd fue trasladado hasta el altar mayor, donde el abad lo bendijo e hizo jurar a los jefes de las Casa Civil y Militar del autócrata que el difunto estaba en su interior. Allí se había excavado una fosa de tres metros revestida de bronce con relieves de cuatro escudos: de jefe del Movimiento, de Capitán General de los Ejércitos, de su Casa y del Estado. Cubrir aquel gran vacío (2.25 metros de largo y 1 de ancho) requirió una lápida de 1.500 kilos de granito que solo tenía la lacónica inscripción “Francisco Franco” y una cruz. Hacia las 14.15 la pesada losa cubrió el sepulcro. Un Rey emocionado oró brevemente y partió.

Cuando dejó el lugar empezó a cerrarse la historia de la dictadura, a la vez que el mausoleo adquirió un profundo simbolismo político al acoger a Franco junto a José Antonio Primo de Rivera. Y es que enterrado el hombre, empezó a tejerse el mito que exaltarían hasta hoy sus devotos admiradores.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (23/XI/2018): Xavier Casals, “23-N: La operación Lucero”. La imagen del inicio de este post procede del mismo.


ENTREVISTA A CARLOS FONSECA: “CONOCEMOS SOLO UNA PARTE DE LA TRASTIENDA DEL ASESINATO DE YOLANDA GONZÁLEZ”

octubre 7, 2018

Carlos Fonseca.

 

EL PERIODISTA Y ESCRITOR CARLOS FONSECA (MADRID, 1959) HA PUBLICADO UN MÁS QUE INTERESANTE LIBRO SOBRE EL ASESINATO DE YOLANDA GOZÁLEZ, militante del extraparlamentario Partido Socialista de los Trabajadores [PST]: No te olvides de mí. Yolanda González, el crimen más brutal de la Transición. Su homicidio fue cometido el 1 de febrero de 1980 por dos ultraderechistas, Emilio Hellín e Ignacio Abad. Ambos formaban parte de un grupo organizado que reivindicó la muerte en nombre del Batallón Vasco Español [BVE] y cuyas conexiones con ámbitos de la Seguridad del Estado no se aclararon.

Fonseca es autor -entre otras obras- del bestseller Trece rosas rojas (2004, llevado al cine); Mañana cuando me maten (2015), que reconstruye las últimas ejecuciones del franquismo; y Garrote vil para dos inocentes (1998), sobre dos anarquistas ejecutados en 1963 por un crimen que no cometieron. Ahora se ha aproximado al caso de Yolanda González, que ha reconstruido en un ensayo bien documentado, pues cuenta con testimonios de familiares, abogados y compañeros de militancia. Escrito con prosa ágil, lo recomendamos a quienes estén interesados por la violencia durante la Transición (puede accederse a un fragmento de la obra aquí).

Dado el tema del ensayo, hemos entrevistado a Fonseca en nuestro blog y le agradecemos que haya accedido a contestar a nuestras preguntas.

¿Por qué considera que el asesinato de Yolanda González fue “el crimen más brutal de la transición”?

Estamos hablando de una época, la transición, muy compleja y conflictiva, en la que muchos jóvenes estudiantes como Yolanda perdieron la vida por disparos “al aire” de la Policía o a manos de grupos de ultraderecha. Estoy hablando de José Luis Montañés, de 23 años, y Emilio Martínez, de 20, que perdieron la vida el 13 de diciembre de 1979 en la Ronda de Valencia (Madrid) alcanzados por disparos de la Policía al concluir una manifestación de protesta contra las reformas educativas del Gobierno de Adolfo Suárez. Hablo también de Carlos González, de 21 años, asesinado en septiembre de 1976 por un comando ultraderechista al término de una protesta al cumplirse el primer aniversario de los últimos fusilamientos del franquismo. O de Arturo Ruiz, de 19 años, a quien un ultraderechista atravesó el corazón de un disparo en enero de 1977 cuando se manifestaba a favor de la amnistía, o de Mari Luz Nájera, que resultó muerta al día siguiente tras ser alcanzada en la cabeza por un bote de humo lanzado por la Policía cuando protestaba por la muerte de Arturo.

La lista de víctimas de aquel tiempo es enorme, pero el caso de Yolanda tiene para mí unas connotaciones especiales que le convierten en el más brutal de la transición. En su caso, fue vigilada previamente, secuestrada en su casa y conducida a un descampado de San Martín de Valdeiglesias, donde le descerrajaron dos tiros en la cabeza.

Yolanda González, asesinada con 19 años.

¿Qué novedades aporta su libro sobre este asesinato?

No soy tan pretencioso como para pensar que iba a resolver un crimen perpetrado hace ya 38 años, pero la historia que se contó en los periódicos está deshilachada, le falta un hilo conductor que explique lo ocurrido. Quería también desmitificar una etapa de nuestra historia reciente, la transición, de la que nos han “vendido” una imagen demasiado edulcorada en la que todo eran acuerdos y consenso, cuando la realidad es que fue un periodo tremendamente convulso en el que las libertades estuvieron a punto de irse por el garete de la historia con dos intentonas golpistas afortunadamente fallidas (la Operación Galaxia y el 23-F).  Es mentira que la transición sea obra de unos pocos personajes como el Rey Juan Carlos I o el presidente Adolfo Suárez. La transición fue una obra colectiva en la que se implicaron numerosas personas anónimas, algunas de las cuales se dejaron la vida en el intento, y una de ellas fue Yolanda.

“Estamos ante una investigación incompleta y muy controvertida, que impidió llegar hasta el fondo en las implicaciones políticas del caso”.

Sirviéndome de abundante documentación, parte de ella inédita, y del testimonio de quienes vivieron los hechos, he intentado armar un puzzle cuyas piezas estaban sueltas para, a partir de la imagen obtenida, llegar a la conclusión aproximada de lo que ocurrió, por qué ocurrió y quienes fueron los responsables. Sin olvidarme tampoco del lado humano, de la Yolanda mujer que añora a su familia, que se viene a vivir a Madrid porque se ha enamorado de un joven nueve años mayor que ella, que trabaja y estudia, y a la que sus inquietudes políticas llevan a implicarse en la lucha por la recuperación de las libertades. El libro contiene cartas personales cruzadas con sus padres y hermanos, diligencias policiales inéditas, las declaraciones de los asesinos… que me llevan a la convicción de que estamos ante una investigación incompleta y muy controvertida, que impidió llegar hasta el fondo en las implicaciones políticas del caso.

¿Se pudo saber qué ramificaciones tenían los asesinos con las fuerzas y los cuerpos de seguridad del Estado?

No. Sabemos que un policía nacional acompañó a los integrantes del comando que asesinó a Yolanda hasta su domicilio la noche del crimen. Sabemos que Emilio Hellín, el autor material de los disparos que acabaron con la vida de la joven, alardeaba de sus excelentes contactos con miembros de los cuerpos de seguridad y del Ejército. Sabemos que varios días después del asesinato viajó a Vitoria y se entrevistó con tres policías en la capital alavesa. Sabemos que Hellín tenía cintas grabadas con datos de miembros de ETA dictados por una persona que, por la información facilitada, solo podía ser policía. Sabemos que el propio Hellín implica en el crimen a un policía de los servicios de información de nombre Antonio, al que nunca se identificó. Hay datos, indicios, hilos de los que tirar, de los que nunca se tiró.

Emilio Hellín, uno de los condenados por el secuestro y asesinato de González (imagen de Público).

¿Por qué el comando asesino se autodenominó Grupo 41?

El comando estaba integrado por cuatro militantes del partido ultraderechista Fuerza Nueva del distrito de Arganzuela (Madrid) que decidieron autodenominarse Grupo 41, pero desconozco si el nombre tiene alguna connotación. Lo cierto es que se dedicaban a labores de seguridad tales como prestar protección en los actos públicos del partido o recabar información sobre las personas que pretendían afiliarse a FN para asegurarse de su lealtad a la causa. Estaban al mando de un exguardia civil, David Martínez Loza, jefe nacional de Seguridad de FN, que les encargaba también otros “trabajos”. De hecho, el día que asesinaron a Yolanda tenían previsto inicialmente colocar una bomba en las oficinas de la Agencia Cinco Cero, distribuidora de la revista Interviú, contra la que el partido había iniciado una campaña por varios artículos sobre la ultraderecha.

¿Qué cabos han quedado sueltos sobre aquel crimen cuando han transcurrido casi 40 años?

Muchos. Te cito algunos. Por ejemplo, los investigadores recuperaron las dos pistolas utilizadas en el crimen. Ambas tenían el número de serie borrado, pero consiguieron reconstruir el de una de ellas, lo que abría la posibilidad de seguir la pista al arma, localizar a su último poseedor y descubrir cómo había llegado a manos de los asesinos. El juez se limitó a comprobar si estaba registrada por algún particular en la Intervención de Armas de la Guardia Civil, pero se negó, pese a la insistencia de los abogados de la acusación, a indagar si formaba parte de la dotación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, lo que impidió conocer si había policías o guardias civiles relacionados con los hechos.

“No tengo ninguna duda de que las seis personas que fueron condenadas estaban implicadas en el caso, pero estoy convencido también de que hay más personas que consiguieron eludir la acción de la justicia”.

Otro ejemplo más. Los investigadores encontraron un arsenal de armas y explosivos en la academia que Emilio Hellín regentaba en los aledaños de la Gran Vía de Madrid. La academia se precintó y allí quedaron depositados elementos de convicción, como un terminal de ordenador que los abogados de la acusación sospechaban podía estar conectado con algún servicio de información policial. Cuando, más de un año después, el juez envió a dos peritos para analizar las pruebas resulta que había desaparecido todo. Nunca más se supo su paradero.

Estado en el que fue halldo el cuerpo de Yolanda González.

Y otro ejemplo más: Hellín escapó de la prisión de Alcalá de Henares seis meses después del crimen, en agosto de 1980. Una fuga rocambolesca, a punta de pistola, que se frustró esa misma tarde. Un juzgado abrió una investigación para conocer los pormenores de la fuga y si el ultraderechista había recibido ayuda del exterior. Se llegó a procesar a su hermana y…. la causa desapareció durante años. Cuando por fin se recuperó los hechos habían prescrito y fue archivada.

Son muchos detalles, unos más relevantes y otros menos, que llevan a pensar que conocemos solo una parte de la trastienda del caso. Es probable que Hellín tenga la respuesta a muchas preguntas, pero no ha querido colaborar en el libro. Estuve con él en su despacho y me dijo que no se había contado toda la verdad del caso, que ni siquiera él conocía. ¿Miente? Francamente, no lo sé. Lo que sí sé es que durante la instrucción del caso cambió su versión de los hechos, es decir, que mintió. Personalmente, no tengo ninguna duda de que las seis personas que fueron condenadas estaban implicadas en el caso, pero estoy convencido también de que hay más personas que consiguieron eludir la acción de la justicia.