¿QUÉ IMPORTANCIA TUVO EL CONSUMO DE DROGAS EN EL NAZISMO? UNA HISTORIA DEL “NACIONALSOCIALISMO EN PASTILLAS”*

julio 27, 2017

Portada de la edición inglesa del ensayo de  Norman Ohler sobre el consumo de drogas en el III Reich, que muestra a un Hitler demacrado por el consumo de estupefacientes.

EL NAZISMO HA GENERADO UN ALUD DE ESTUDIOS Y SE ESTIMA QUE EN 2007 TENÍA YA 37.000 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS. En ellas Adolf Hitler ocupa un lugar relevante y su prestigiosa nómina de biógrafos (Alan Bullock, Joachim Fest o Ian Kershaw entre otros) parecía haber diseccionado al dictador hasta en detalles nimios. Sin embargo, El gran delirio. Hitler, drogas y III Reich (Crítica, Barcelona, 2016), ofrece una visión innovadora del personaje al centrarse en su ignorada adicción a las drogas, que compartieron amplios sectores del aparato nazi, hasta el extremo de aludir el libro a un “nacionalsocialismo en pastillas”.

Su autor, Norman Ohler, no es historiador, sino periodista y guionista. De hecho, quiso hacer un film sobre este tema, lo investigó en distintos archivos y finalmente no lo plasmó en un documental, sino en este ensayo ágil, cuyas 260 páginas se leen de un tirón sin necesitar grandes conocimientos previos del tema.

Hitler, un politoxicómano

Alemania contó con una potente industria química que en los años veinte la convirtió en el primer productor mundial de cocaína y morfina, a la vez que lideró la exportación de heroína. En este marco, cuando el nazismo llegó al poder en 1933 efectuó una política contra las drogas, pero no impidió que su máximo jerarca ni sus tropas recurrieran a ellas para mejorar su rendimiento.

La relación de Hitler con los psicótropos se inició en 1936. Entonces un médico berlinés célebre por sus hábiles pinchazos para inyectar vitaminas y otras substancias, Theodor Morell, se ganó su confianza al curarle problemas digestivos. Desde entonces doctor y paciente no volvieron a separarse y Morell fue la única persona que desde 1936 vio a Hitler casi diariamente hasta su muerte. El resultado fue que el dictador llegó a tomar 28 comprimidos distintos al día y consumió 90 substancias distintas durante la guerra.

Es más, entre 1941 y 1945, a lo largo de 1.349 días, Morell le recetó medicamentos en 1.100 ocasiones y le puso casi 800 inyecciones, lo que convirtió a Hitler en politoxicómano. Incluso le administró testosterona para crearle deseo sexual y a su amante, Eva Braun, la medicó para cortarle el período y así poder tener ambos relaciones afectivas. Según Ohler, este consumo desaforado de drogas (que incluyó Eukodal, una mezcla de cocaína y morfina) explica tanto la decrepitud progresiva del líder nazi (en su última etapa temblaba y tenía el cerebro dañado) como su incapacidad de dirigir la contienda.

Pero no solo fue el autócrata quién recurrió a psicotropos para estar hiperactivo. El espectacular avance de sus tropas al inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939 no se comprende sin una metanfetamina que gozó de consumo masivo: el pervitin. Descubierta en 1937 y comercializada en 1938, fue presentada como un poderoso estimulante al que recurrieron todos los estratos sociales hasta devenir un producto de primera necesidad. En este escenario, los Ejércitos hitlerianos recurrieron a 35 millones de unidades de pervitin, cuya ingesta permitía una actividad continuada cerca de 40 horas, sin que hicieran mella el cansancio y el sueño.

Portada de la edición española.

Una aportación relevante

El gran delirio es importante para comprender el nazismo. Como afirma en su epílogo el reputado historiador Hans Mommsen, la obra presenta “sin miramientos la otra cara de la estrategia militar alemana” y “cambia la visión de conjunto” del Tercer Reich. Estamos, pues, ante una lectura indispensable para adentrarse en este ámbito desconocido del hitlerismo y entender la desconexión de la realidad que experimentó su máximo dirigente durante la contienda y que -en buena medida- explicaría su suicidio.

Clicando aquí puede leerse un fragmento de la obra en PDF.

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* Esta reseña ha sido publicada originalmente en la revista Librújula correspondiente al mes de julio.


TRES LECTURAS PARA COMPRENDER EL FRENTE NACIONAL Y EL LEPENISMO

marzo 12, 2017

Marine Le Pen con el lema y símbolo de su campaña presidencial.

LA BIBLIOGRAFÍA DISPONIBLE SOBRE EL LEPENISMO Y LA ULTRADERECHA FRANCESA ES MÁS QUE ABUNDANTE. En este blog ya apuntamos en 2012 una primera sugerencia bibliográfica sobre el Front National marinista. A continuación sugerimos al lector otros tres títulos para aproximarse a este espectro ideológico cuando Francia se halla a las puertas de las elecciones presidenciales.

Joël Gombin, Le Front National. Va-t-elle diviser la France? 

La obra constituye una síntesis histórica sobre el FN lepenista interesante, sólidamente documentada y bien escrita.

El ensayo muestra la evolución de este partido desde sus orígenes en 1972 hasta el presente. Publicado en octubre de 2016, ofrece una panorámica muy actualizada del partido, que permite comprender cómo el marinismo se ha convertido en una importante oferta electoral. Muestra sus tensiones internas, fortalezas y debilidades. Lo hace con una prosa ágil y mínimas referencias bibliográficas para facilitar la lectura. Debe destacarse que el autor es un politólogo que realiza estudios de sociología electoral y el lepenismo ha sido uno de sus temas de investigación.

Todo lo expuesto la convierte en una síntesis idónea para obtener una panorámica histórica actualizada de esta formación.

Valérie Igounet, Les français d’abord: slogans et viralité du discours Front National (1972-2017)

A diferencia de la aproximación anterior al FN, Igounet ofrece aquí un muy sugerente estudio de la historia de este partido a partir de su propaganda: una selección de lemas, temas y carteles de la formación que permiten comprender su evolución. El reciente ensayo (se publicó en enero), bien ilustrado, ágil y breve, es una aportación interesante para comprender el éxito del lepenismo y la evolución de su ideario a través del tiempo: valora sus innovaciones y, a la vez, señala aparentes novedades propagandísticas que reciclan viejas temáticas del partido. Es especialmente interesante su análisis de cómo la fraseología e ideas-fuerza del FN han sido asumidas por otras fuerzas de derecha.

Como en el caso anterior, la autora es una historiadora solvente y buena conocedora de este espectro político, pues destacó por su estudio sobre el negacionismo del genocidio judío en Francia y es autora también de una historia del FN lepenista.

Dominique Albertini y David Doucet, La Fachosphère. Comment l’extrême droite remporte la bataille du net.

Extenso reportaje periodístico sobre la relevante presencia de la extrema derecha francesa en Internet.

Los autores, ambos periodistas, han realizado un extenso trabajo de documentación que traza la historia de los sitios web más significativos e incluye entrevistas con la mayoría de sus administradores. Como ya hemos señalado en un artículo sobre la extrema derecha e Internet, Albertini y Doucet examinan –entre otros temas– la plasmación del lepenismo (el Frente Nacional fue el primer partido francés en disponer de web y Marine Le Pen supera hoy el millón de seguidores en Facebook) o  los vídeos virales de Dieudonné M’Bala, un cómico denunciado por antisemitismo, algunos de ellos con más de tres millones de visionados y cuya popularidad habría inquietado a François Hollande.


“EL CAMPAMENTO DE LOS SANTOS”, UN LIBRO DE CULTO DE LA ULTRADERECHA SOBRE LA “INVASIÓN MIGRATORIA”*

diciembre 17, 2016

migrantesMigrantes que intentan llegar a Europa desde Libia (foto de Hispan TV). Imágenes como ésta ilustrarían el supuesto cumplimiento de las tesis de Jean Raspail.

EL TEMOR A LA SOCIEDAD MULTICULTURAL CUENTA CON UNA OBRA DE FICCIÓN DE ANTICIPACIÓN, El campamento de los santos (Le Camp des Saints), publicada en 1973 por el escritor francés Jean Raspail (nacido en 1925), próximo a la llamada Nueva Derecha (el GRECE y el Partido de las Fuerzas Nuevas) y a ámbitos monárquicos.

El texto francés fue traducido a diversos idiomas y ha sido objeto numerosas reimpresiones. Fue editado en castellano en 1975 y se reeditó el 2003 con el explícito título El campamento de los santos: el fin del hombre blanco ante la invasión del mundo subdesarrollado (Ediciones Ojeda).

raspail-campamento-de-los-santosPortada de la obra y foto del autor.

La odisea de “la flota de la última esperanza”

Esta novela recrea el ocaso de Europa como civilización tras sufrir una  invasión pacífica del Tercer Mundo. El relato transcurre en un futuro indeterminado (sin cronología concreta) y empieza con la marcha de un convoy de navíos de la India que transporta a un millón de indigentes. La expedición, que parte por sorpresa, ha sido orquestada por lo que se intuye como una especie de complot “mundialista”.

La famélica expedición, bautizada por la prensa progresista como la “flota de la última esperanza”, es rechazada por Australia, Egipto y Sudáfrica; por fin, logra desembarcar en Francia. En este país la opinión pública ha sido adormecida, víctima del clima de opinión -que hoy calificaríamos como “políticamente correcto”- generado por medios “progresistas” en sentido amplio (sectores de izquierda, grandes medios de comunicación) y por la Iglesia católica (gobernada por un Papa brasileño que ha vendido las riquezas del Vaticano para dar testimonio de pobreza).

Al aproximarse la hora del desembarco de la flota en la costa francesa se multiplican por todo el mundo iniciativas migratorias similares a las del convoy formado en la India, hecho que constituye el preludio del ocaso de Occidente ante el asalto del Tercer Mundo. El clima social de tolerancia que existe en Francia ante la aproximación de los navíos es sustituido por otro de aceptación resignada del millón de recién llegados cuando la expedición se halla frente a sus costas.

El fin de la sociedad blanca y de la propia Europa

Ante la inminencia del desembarco, se extienden el pánico y el miedo entre la población. Ni siquiera una llamada del mismo presidente de la República francesa a la movilización del Ejército impide la llegada de la flota a las playas del Midi.

Los recién llegados se imponen a la población autóctona (con la ayuda de sectores de la misma) y se establece un gobierno multirracial. El relato concluye describiendo cómo el último reducto de defensores de Occidente en el Hexágono -atrincherado en una finca- es aniquilado por gendarmes a las órdenes del nuevo ejecutivo. La obra da a entender que este hecho constituye el preludio del fin de la raza blanca y la propia Europa.

El título de la novela procede del Apocalipsis (“Y subieron sobre la anchura de la tierra, y circundaron el campo de los santos, y la ciudad amada”) y, según afirmó el autor en 1985, la parábola que presenta será una realidad plausible “en los primeros decenios del tercer milenio”. Raspail lo argumentaba en función del desequilibrio demográfico:

[…] Cercados en medio de siete mil millones de hombres, setecientos millones de blancos solamente, de los cuales sólo un tercio es apenas vigoroso y se halla muy envejecido, sobre nuestra pequeña Europa, frente a una vanguardia de cerca de cuatrocientos millones de magrebíes y musulmanes, de los cuales un cincuenta por ciento tiene menos de veinte años, sobre las orillas opuestas del Mediterráneo […] ¿Puede imaginarse alguien en un segundo y en nombre de qué ceguera de avestruz es posible la supervivencia de este desequilibrio?

Raspail señaló asimismo que había evitado explícitamente identificar a la multitud inmigrante invasora con la inmigración magrebí para no entrar en el debate sobre racismo y antirracismo que entonces empezaba a desarrollarse en Francia.

El escritor era pesimista sobre el destino de Occidente: “Occidente está vacío, aunque él aún no tenga conciencia verdaderamente de ello. Civilización extraordinariamente inventiva, ciertamente la única que ha sido capaz de contestar a los insuperables desafíos del tercer milenio, Occidente ya no tiene más alma”.

La obra reúne los tópicos populistas sobre la inmigración

En síntesis, la narración de Raspail articula todos los elementos que hoy configuran la mitología de la nueva extrema derecha denominada “postindustrial” -que, simplificando, ha abandonado el anticomunismo por la oposición a la globalización-, en la medida que refleja el eclipse de la civilización occidental en función de sus temores.

De este modo, auténticas hordas de inmigrantes procedentes del Tercer Mundo se dirigen al asalto pacífico de Europa, obedeciendo planes de lobbies indeterminados y socialmente invisibles (en sintonía con visiones conspirativas que atribuyen la evolución del mundo a la actuación de poderes ocultos) y que hallan ante sí una sociedad aletargada por discursos “bienpensantes” que elogian el multirracialismo y el multiculturalismo.

La suma de estos elementos permite considerar la obra de Raspail como una distopía -o antiutopía- que sintetiza los temores, obsesiones y fantasías de la extrema derecha postindustrial en los albores del siglo XXI.

jean-marie-le-pen-and-marine-le-penJean-Marie Le Pen la considera una obra profética y su hija la recomienda.

Un libro de cabecera de los Le Pen, padre e hija

En tal sentido fue explícita una intervención de Jean-Marie Le Pen en enero de 2002 en el marco de un coloquio sobre “Inmigración y soberanía” que organizó el Frente Nacional:

Se puede estimar que la población de origen extranjero reciente [en Francia] en el año 2000 es del orden de 8 millones, 4 millones de los cuales africanos y turcos, casi todos musulmanes, para una población francesa global de 58.5 millones. La asimilación no es desde ese momento ya posible, pues es la cultura de acogida la que peligra de ser asimilada. Uno piensa entonces en la profecía de Jean Raspail en su famosa obra, El campamento de los santos.

Asimismo, más de una década después, en septiembre de 2015, su hija Marine recomendó su lectura a través de su cuenta oficial de Twitter, presentándolo como una profecía cumplida. Lo leyó a los 18 años y lo releyó de nuevo dos o tres años antes de recomendarlo, calificándolo de relato “visionario”.

En definitiva, lejos de perder actualidad para la extrema derecha, esta obra de Raspail es más vigente que nunca.

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* Artículo publicado en la revista Lateral, 101 (mayo 2003), p. 14, recuperado en este blog en febrero de 2010 y actualizado ahora por una petición de información. Nuestras citas de las palabras de Raspail proceden de Le Camp des Saints, Robert Laffont ed. (París), reimpresión de 2001 de la 3ª ed. de 1985, con prólogo del autor.

 


FEROCIDADES DE LA TRANSICIÓN: CÓMO LA VIOLENCIA POLÍTICA ESTABILIZÓ DESESTABILIZANDO

agosto 13, 2016

yolanda-gonzalez-

Cadáver de Yolanda González, cuyo asesinato en 1980 fue reivindicado en nombre del BVE.

¿CUÁL FUE LA IMPORTANCIA DE LA VIOLENCIA POLÍTICA DURANTE LA TRANSICIÓN? El periodista Carles Geli publicó al respecto en El País (6/VIII/1985) la siguiente reflexión sobre nuestro último libro, La transición española. El voto ignorado de las armas, que reproducimos a continuación por considerarla de interés para nuestros lectores.

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Ferocidades de la Transición

El historiador Xavier Casals disecciona la paradoja de la violencia que buscaba radicalizar la situación entre 1975 y 1982 y acabó alejando a los extremismos de uno y otro lado.

¿Qué es eso del Batallón Vasco Español?”, inquirió el rey Juan Carlos al líder de Fuerza Nueva, Blas Piñar. Podía haber sido una pregunta capciosa, pero más bien era así: la cúpula del Estado no tenía mucha información sobre la guerra sucia en plena Transición. En paralelo, el ministro de la Presidencia, José Manuel Otero Novas, alertaba a Adolfo Suárez de la resistencia de las organizaciones paramilitares contraterroristas a someterse al Gobierno y el temor a que se creara un Estado dentro del Estado. Suárez le decía que estaba en ello, intentando eliminar una que se conocía como Batallón Vasco Español.

PortadaHabía de todo: aparatos parapoliciales, paramilitares, el Ejército, la ultraderecha, la extrema izquierda anarquista y comunista, el independentismo vasco, catalán y canario… Silenciada la mayoría de las veces o usada como espantapájaros, la violencia política se cobró unos 700 muertos entre 1975 y 1982, en unas 3.200 acciones conflictivas. ¿No influyó todo ello en los resultados políticos? Esa es la pregunta que plantea en La Transición española: el voto ignorado de las armas(Pasado & Presente) el historiador Xavier Casals. Y una de las primeras respuestas es de las que solo se dan en España: sí, el temor a una involución rebajó las expectativas de la reforma política y moderó la oposición, pero la desestabilización que buscaba la violencia acabó, mutatis mutandis, estabilizando el país.

“La violencia generó una gran paradoja: buscaba radicalizar la situación pero acabo alejando a los extremismos de uno y otro bando, los dejó fuera del proceso, por lo que se apostó por los partidos que daban estabilidad; y, por otro lado, los partidarios de la reforma exageraron esa realidad violenta para jugar a su favor, lo que facilitó la consolidación de Suárez”, resume Casals. Su trayectoria (es autor, entre otros títulos, de La tentación neofascista en España) y la bibliografía empleada ahora (más de 500 referencias y 133 páginas de notas) le llevan a afirmar que “la Transición tuvo un punto de azarosa, pero no hubo una teoría conspirativa, un gran diseño de todo desde las alcantarillas del Estado: cada episodio tuvo su dinámica propia”.

La matanza de Atocha

Quizá no hubo conspiración, pero lo parece: cada acción violenta acabó beneficiando el proceso democrático. El paradigma quizá fue, en el caso de la ultraderecha, la matanza de Atocha (1977), que solo aceleró lo que se quería impedir: la legalización del Partido Comunista de España. El carlismo quedó tocado y hundido con el episodio sangriento de Montejurra (mayo de 1976): se les vetó concurrir a las primeras elecciones de 1977 y llegaron muy afectados y divididos a las de 1979. El atentado anarquista en la sala Scala de Barcelona en 1978 aceleró la implosión del movimiento. Aquel mismo año, el intento de asesinato (con visos de ser orquestado desde el aparato policial del Estado) del líder del movimiento independentista canario, Antonio Cubillo, evitó que el proceso de autodeterminación de las islas saltara al panorama internacional de la ONU. El Grapo quedó bajo sospecha como “grupo raro” con el secuestro del político Antonio María de Oriol y el militar Emilio Villaescusa, pero más criminalizado y residual acabó el independentismo catalán violento, con los sangrientos secuestros del empresario Josep Maria Bultó (1977) y del exalcalde de Barcelona Joaquim Viola y su esposa (1978). El golpe de Estado del 23-F resultó también una vacuna contra la deriva pretoriana del Ejército: tras él aguantó sin más sobresaltos un Gobierno tan débil de la UCD como el de Calvo Sotelo, cuando hasta entonces el ruido de sables permanente más el golpismo de papel de la ultraderecha hacían irrespirable la situación, según Casals. Para el historiador, eso pesaba más que la llamada “estrategia de la tensión” ultraderechista. Solo el terrorismo de ETA fue una excepción a todo ello.

“Mayormente, son casualidades: el Gobierno no controlaba todo esto porque los hechos así lo demuestran, pero sí revela que había una autonomía importante de determinados aparatos del Estado, difíciles de perfilar y con elementos oscuros que permitieron desde extorsiones a atentados fabricados desde las entrañas del poder”, resume Casals, que lo achaca a “querer hacerse una Transición democrática manteniendo todo el antiguo aparato policial del Estado franquista”. El paradigma de ello sería la figura del comisario Roberto Conesa, turbia estrella de la lucha antiterrorista de la época.

La traducción política de esa violencia puede incluso entreverse en la Constitución. Así, la actitud pretoriana del Ejército explicaría su presencia garante en los artículos 2 y 8.1 de la Ley Fundamental, mientras que ETA generó, en particular, el 55.2 (la suspensión de derechos fundamentales por temas de terrorismo). También parecen evidentes los réditos en lo económico: Canarias, Euskadi y Navarra, conflictiva cartografía durante la Transición, gozan hoy de un trato fiscal distinto, y se deja una puerta abierta a la unión entre Navarra y el País Vasco, que contrasta con el cerrojo para Cataluña, Valencia y Baleares, como constata el artículo 145.1. “No se puede documentar una causa-efecto, pero sin duda abre una reflexión sobre el peso del voto violento”, cree Casals.

Son muchos los aspectos a estudiar porque la violencia en la Transición ha quedado un poco en la cuneta historiográfica. “La Transición tiene su mito fundacional en la propia Transición, por lo que no puede darse protagonismo a la violencia: como tal mito, ha de ser ejemplar y exportable”. Hay hoy más documentación, pero aun así falta “poder acceder a archivos de los Servicios de Información del Estado o recuperar papeles como el sumario sobre Montejurra, perdido, o tener una buena biografía de Conesa”.

Acabadas las 800 páginas del libro, uno no sabe qué vertiente refuerza de la actual discusión sobre si la Transición fue la única posible o un lamentable pacto a la baja. “¿Cómo se podía hacer una ruptura democrática teniendo un Ejército que ya en 1971 tenía planes secretos para tomar el poder y frenar la subversión? Creo que el resultado fue francamente estimable; visto lo visto, la Transición salió bien de precio”.

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Dinero para un ejército independentista catalán

El independentismo armado catalán es uno de los episodios más chocantes de la Transición. El misterioso grupo EPOCA (Exèrcit Popular Català), nacido en 1969 en el entorno del Front Nacional de Cataluña, no afloró hasta mayo de 1977, cuando intentó extorsionar al empresario Josep Maria Bultó colocándole una bomba lapa en el pecho que acabó estallando. 10 meses después colocó sendas bombas al último alcalde franquista de Barcelona, Joaquim Viola, y a su esposa. También explotaron. En ambos casos, fueron atentados con poco sentido político, lo que acentuó el rechazo de una sociedad catalana ya escarmentada con el atentado ultra a la revista satírica El Papusy otro anarquista a la sala Scala. El grupo EPOCA fue desarticulado en 1980, coincidiendo con un supuesto plan para atentar contra Jordi Pujol. Quedan enigmas, como la aparición de un agente secreto del Mossad israelí muerto en casa de unos familiares de un miembro del grupo; o para qué pedir la friolera de 500 millones de 1977 como rescate a Bultó. Esa cifra solo engarza con la idea de crear “una fuerza armada a disposición de una futura autoridad catalana legítima”, como dijeron algunos componentes que era su función. Solo cuatro miembros fueron a Terra Lliure, que en 1981 tuvo su caso más mediático con el atentado al periodista Federico Jiménez Losantos. En 1992 se disolvió.


UN LIBRO IMPRESCINDIBLE PARA COMPRENDER EL FRENTE NACIONAL, SU HISTORIA, FORTALEZAS Y DEBILIDADES

diciembre 11, 2015

Primer partido

EL ESPECTACULAR RESULTADO DEL FRENTE NACIONAL EN LAS ELECCIONES REGIONALES INVITA A UNA SERIA REFLEXIÓN. En este aspecto, dos expertos en el estudio de la extrema derecha francesa, Jean-Yves Camus y Nicolas Lebourg, han exhortado recientemente a abandonar la “pereza intelectual” para analizar el ascenso lepenista e intentar comprender sus dinámicas profundas, límites, éxitos y fracasos.

En tal sentido, recomendamos la lectura de Les fauxsemblants du Front national, de aparición reciente e imprescindible para comprender esta formación en múltiples vertientes, como sus votantes, historia, liderazgos, implantación, “desdiabolización” o proyección en la red. Se trata de una obra colectiva en la que numerosos expertos han analizado distintas facetas del lepenismo y ofrecen una versión rigurosa, documentada y actualizada de cada tema abordado.

La importancia de este trabajo no es menor por dos razones. Por una parte, ofrece una síntesis de la bibliografía caudalosa sobre lepenismo, con excelentes estados de la cuestión. Por otra parte, en un contexto en el que el FN parece consolidarse como un actor político cada vez más decisivo es importante tener una visión documentada del mismo, evitando simplificaciones y estereotipos.

Sin ir más lejos, la propaganda lepenista presume de que el FN es “el primer partido de Francia”, como muestra el cartel reproducido. Pero los editores de la obra apuntan que también es el más aislado y rechazado (lo que dificulta su acceso a las instituciones en un sistema de escrutinio a dos vueltas). Es, pues, una obra de referencia para los lectores interesados en el tema que lean francés.

A continuación reproducimos la entrada que el muy recomendable blog Temps presents le dedica, pues muestra su sumario y contiene enlaces a fragmentos del mismo.

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Faux-semblants

Sylvain Crépon, Alexandre Dézé, Nonna Mayer dir., Les fauxsemblants du Front national, Presses de Sciences Po, Paris, 2015, 608 p.

Avec Cécile Alduy, Dominique Andolfatto, Sylvain Barone, Julien Boyadjian, Gaël Brustier, Jean-Yves Camus, Thierry Choffat, Fabien Escalona, Delphine Espagno, JérômeFourquet, Stéphane François, Joël Gombin, Florent Gougou, Valérie Igounet, Gilles Ivaldi, Nicolas Lebourg, Christèle Marchand-Lagier, Abel Mestre,Caroline Monnot, EmmanuelNégrier, Emmanuelle Reungoat.

Présentation de l’éditeur : Depuis que Marine Le Pen a été élue à sa présidence en 2011, jamais le Front national n’a réalisé de tels scores électoraux, attiré tant de militants, compté tant d’élus. A-t-il changé pour autant ? Fondamentalement, non. Le « nouveau » FN est une illusion, entretenue par des médias qu’il fascine. Telle est la conclusion de la minutieuse enquête menée par les auteurs de ce livre, qui comparent l’électorat, lesmilitants, les réseaux, les programmes et la rhétorique du père et de la fille.

Si la nouvelle présidente a infléchi son discours, notamment sur l’antisémitisme, si son programme inclut des éléments empruntés à la gauche (questions économiques, laïcité, mœurs), son fonds de commerce principal reste l’immigration. Elle gagne des voix dans des catégories jusqu’ici réticentes (femmes, juifs…), mais les grands traits de l’électorat frontiste et son implantation géographique n’ont pas varié. Le FN reste un parti « anti-système », tant par les valeurs inégalitaires qu’il défend que par son refus du pluralisme. Un positionnement qui explique en partie son succès, tout en le condamnant, pour l’heure, à l’isolement politique.

La normalisation du FN est donc loin d’être achevée, malgré la stratégie de « dédiabolisation » affichée. Il n’est toujours pas un parti « comme les autres », pas plus qu’il n’est encore « le premier parti de France » ou « aux portes du pouvoir ».

Introduction / REDÉCOUVRIR LE FRONT NATIONAL

Sylvain Crépon, Alexandre Dézé, Nonna Mayer

LA RECONSTRUCTION DU PARTI

Chapitre 1 / LA « DÉDIABOLISATION »

UNE NOUVELLE STRATÉGIE ?

Alexandre Dézé

De quoi la « dédiabolisation » est-elle le nom ?

Une stratégie ordinaire du répertoire frontiste

La dédiabolisation mariniste : une nouveauté illusoire

Conclusion : la « dédiabolisation » a‑t‑elle une fin ?

Chapitre 2 / LES RÉSEAUX DU FRONT NATIONAL

Abel Mestre, Caroline Monnot

Les réseaux internes

La diplomatie mariniste

Conclusion : une cheffe, un parti, mais deux lignes

Chapitre 3 / LE FRONT NATIONAL ET LES SYNDICATS

UNE STRATÉGIE D’ENTRISME ?

Dominique Andolfatto, Thierry Choffat

L’expérience des syndicats frontistes des années 1990

Des parcours plus individuels

Une nouvelle stratégie syndicale pour la direction du « nouveau » FN ?

Un cercle secret de syndicalistes frontistes ?

Conclusion : une stratégie ambiguë

Chapitre 4 / LE FRONT NATIONAL ET LA NOUVELLE DROITE

Jean-Yves Camus

La Nouvelle droite : quelques questions de méthode

Les années 1970 : la séparation du GRECE et du Club de l’Horloge

1986-1999 : un FN sous influence néodroitière ?

Les rapports entre FN et Nouvelle droite après la scission mégretiste de 1998-1999

Conclusion : des voies divergentes

Chapitre 5 / LE FRONT NATIONAL ET LA GALAXIE DES EXTRÊMES DROITES RADICALES

Nicolas Lebourg

Le compromis nationaliste sous Jean-Marie Le Pen

La prise en main du parti par Marine Le Pen

Le « nouveau » FN et l’extrême droite radicale

Conclusion : « Marcher ensemble, frapper séparément »

Chapitre 6 / LES USAGES FRONTISTES DU WEB

Julien Boyadjian

Internet comme outil de mobilisation : la nouvelle « force du nombre »

Internet comme vecteur et comme vitrine de l’entreprise de normalisation

Internet comme chambre d’écho du double discours frontiste

Conclusion : investir le net comme objet d’étude du FN

II — L’ÉBAUCHE D’UNE RÉNOVATION PROGRAMMATIQUE ET DISCURSIVE

Chapitre 7 / DU NÉOLIBÉRALISME AU SOCIAL-POPULISME ?

LA TRANSFORMATION DU PROGRAMME ÉCONOMIQUE DU FRONT NATIONAL (1986-2012)

Gilles Ivaldi

Des enjeux économiques plus saillants

Continuités et ruptures dans la doctrine économique frontiste

Populisme économique, antiglobalisation

Conclusion : une nouvelle formule gagnante ?

Chapitre 8 / LA POLITIQUE DES MŒURS AU FRONT NATIONAL

Sylvain Crépon

L’éternel masculin de l’extrême droite

La nouvelle politique des moeurs du FN

Conclusion : le nationalisme sexuel du FN

Chapitre 9 / LE FRONT NATIONAL ET LES SERVICES PUBLICS

UN RENOUVEAU PROGRAMMATIQUE ?

Delphine Espagno, Stéphane François

L’extrême droite, le Front national et les services publics

Les usages marinistes de la notion de service public : une stratégie de normalisation juridique ?

Conclusion : une inflexion en trompe-l’oeil ?

Chapitre 10 / LE FRONT NATIONAL ET L’UNION EUROPÉENNE

LA RADICALISATION COMME CONTINUITÉ

Emmanuelle Reungoat

Construire une opposition doctrinale à l’Europe

Comprendre la mobilisation de l’Europe dans les discours des acteurs FN

Conclusion : l’UE comme ressource politique

Chapitre 11 / MOTS, MYTHES, MÉDIAS

MUTATIONS ET INVARIANTS DU DISCOURS FRONTISTE

Cécile Alduy

Mythologies

Sémiologie des figures

Les mots

L’auteur comme signe

Conclusion : « Plus ça change… », rénovations stylistiques et permanences idéologiques

Chapitre 12 / LA FORMATION AU FRONT NATIONAL (1972-2015)

SON HISTOIRE, SES ENJEUX ET TECHNIQUES

Valérie Igounet

Les premières formations FN

L’apogée de la formation militante

Campus Bleu Marine : de nouvelles perspectives ?

Conclusion : la formation, une priorité constante du FN

III — LA RECONQUÊTE ÉLECTORALE ET MILITANTE

Chapitre 13 / LE PLAFOND DE VERRE ÉLECTORAL ENTAMÉ, MAIS PAS BRISÉ

Nonna Mayer

La barrière gauche-droite

Un ancrage avant tout populaire

Une percée chez les femmes

Conclusion : vers la fin du radical right gender gap ?

Chapitre 14 / LES OUVRIERS ET LE VOTE FRONT NATIONAL

LES LOGIQUES D’UN RÉALIGNEMENT ÉLECTORAL

Florent Gougou

Comprendre les votes ouvriers pour le FN : les enjeux du débat

Données et variables : un usage raisonné des enquêtes électorales nationales

Résultats : la poursuite d’un réalignement électoral

Conclusion : un dilemme stratégique

Chapitre 15 / LES RESSORTS PRIVÉS DU VOTE FRONT NATIONAL

UNE APPROCHE LONGITUDINALE

Christèle Marchand-Lagier

Une large gamme de rapports au FN

La préférence FN, une monnaie d’échange dans la sphère domestique

Conclusion : votes FN et trajectoires biographiques

Chapitre 16 / LE VOTE FRONT NATIONAL DANS LES ÉLECTORATS MUSULMAN ET JUIF

Jérôme Fourquet

Le vote FN dans l’électorat juif : un verrou qui a partiellement sauté

L’électorat musulman demeure très réfractaire au vote frontiste

Présence arabo-musulmane et vote FN

Conclusion : le poids des fondamentaux

Chapitre 17 / LE CHANGEMENT DANS LA CONTINUITÉ

GÉOGRAPHIES ÉLECTORALES DU FRONT NATIONAL DEPUIS 1992

Joël Gombin

La hausse du niveau électoral

Les points cardinaux du vote FN

Front des villes et Front des champs

Conclusion : un discours frontiste qui s’adapte aux évolutions électorales

Chapitre 18 / VOTER FRONT NATIONAL EN MILIEU RURAL

UNE PERSPECTIVE ETHNOGRAPHIQUE

Sylvain Barone, Emmanuel Négrier

Une enquête sur le vote FN à « Carignan »

Le vote Le Pen en profils

Les six leçons de l’enquête

Quelle est la spécificité rurale du vote FN ?

Conclusion : pour une analyse en trois dimensions

Chapitre 19 / LE RENOUVELLEMENT DU MILITANTISME FRONTISTE

Sylvain Crépon, Nicolas Lebourg

Le FN, combien de divisions ?

La structuration du corps militant

Ce que disent les congrès des lignes idéologiques internes

Conclusion : le FN dans ses contradictions

IV — LA POLARISATION DU CHAMP POLITIQUE ET MÉDIATIQUE

Chapitre 20 / LA CONSTRUCTION MÉDIATIQUE DE LA « NOUVEAUTÉ » FN

Alexandre Dézé

La « nouveauté » FN : une construction sondagière

Le traitement médiatique du FN en question

Conclusion : un mirage politique

Chapitre 21 / LA GAUCHE ET LA DROITE FACE AU FRONT NATIONAL

Gaël Brustier, Fabien Escalona

La gauche face au FN

La droite face au FN

Conclusion : face au FN, changer pour que rien ne change

Conclusion / QUELLES PERSPECTIVES POUR LE FRONT NATIONAL ?

Sylvain Crépon, Alexandre Dézé, Nonna Mayer

Le FN n’est (toujours) pas le « premier parti de France »

Le FN n’est pas (encore) « aux portes du pouvoir »

Forces et faiblesses d’une organisation partisane comme les autres

REPÈRES CHRONOLOGIQUES

BIBLIOGRAPHIE

INDEX

TABLE DES DOCUMENTS


¿UNA PREFIGURACIÓN DE LAS SS EN 1895?*

agosto 20, 2015

ss alemanas

Desfile de las SS el 20 abril de 1939 en conmemoración del 50 cumpleaños de Adolf Hitler (foto de Wikipedia).

EL ESCRITOR BRITÁNICO M. P. SHIEL (Matthew Phipps Shiel, 1865-1947) publicó en 1865 un relato dedicado a una fantasiosa entidad: The Spartan Society (la Sociedad Espartana), que tituló con las siglas de esta entidad, The SS.

Su trama gira en torno al asesinato simultáneo de miles de personas en Europa. Zaleski, el protagonista que indaga este crimen, apunta que su causa última radica en los peligros que habían supuesto para los Estados los avances de la medicina, pues habían permitido sobrevivir a seres débiles y enfermizos que eran una carga social. Y se hace esta reflexión: “¿Puede estar escrito que la civilización más avanzada del futuro necesitará tener como principal y primer elemento de su gloria, el más bárbaro de todos los rituales del barbarismo: la inmolación de hecatombes que gimen con el más obstinado gemido humano”.

Hopliat espartanoUn antecedente de tal proceder, según Zaleski, se hallaba en la antigua Esparta, donde el Estado impedía prosperar a los débiles, que perecían abandonados (en la imagen de la derecha puede verse la escultura de un hóplita espartano procedente de Wikipedia).

Así las cosas, Zaleski intuye que los asesinos constituyen “un ejército de hombres” nada comunes, sino “infernales (o celestiales) en astucia, recursos, en fuerza y unidad de propósito; hombres que se mofan hasta el desdén de las pobres medidas de seguridad de la sociedad, diferenciados del típico criminal tan fácil de atrapar de nuestros días por una seguridad en sí mismos y una integridad espiritual infinitas”.

Finalmente, Zaleski averigua que la entidad responsable de los homicidios es la citada SS, que desea desembarazar a la humanidad del lastre que constituyen los individuos menos fuertes.  ¿Hasta qué punto Shiel anticipó en su SS a las asesinas SS históricas?

Júzguelo por su cuenta el lector, que dispone de la versión en castellano del relato, publicada por Edhasa en El príncipe Zaleski (2007). Según la editorial, el volumen recoge los seis cuentos que se conocen protagonizados por el misterioso príncipe Zaleski, “una de las creaciones más afortunadas de Shiel”: éste “es un personaje singular entre los detectives litearios: un aristócrata decadentista, de quien se insinúa apenas la homoxesualidad, que pasa buena parte de su existencia en una habitación en la penumbra fumando opio o hachís; sin embargo, cuando se le plantea un enigma pone en marcha toda su erudición y sus excepcionales dotes deductivas y, para sorpresa del lector, llega a conclusiones de una lógica aplastante”. La edición se complementa con un estudio introductorio de Brian Stableford.
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* Hemos decidido recuperar esta entrada editada el 18 de junio del 2010 porque era un complemento de nuestro artículo “Un mundo peor”, Qué leer, 121 (mayo 2007), p. 46, reproducido en el post anterior.


UN MUNDO PEOR O CÓMO LA CIENCIA FICCIÓN HA ANTICIPADO SOCIEDADES TOTALITARIAS*

agosto 13, 2015

1984Imagen del film 1984, dirigido por Michael Radford, basado en la novela homónima de George Orwell y estrenado ese año.

LA LITERATURA DE ANTICIPACIÓN TIENE EN JULIO VERNE SU FIGURA ESTELAR, pero muchos otros escritores han imaginado también el futuro, en ocasiones con tintes apocalípticos. ¿Quiénes han sido estos “visionarios” y hasta qué punto se han cumplido sus profecías?

Han pasado casi quinientos años desde que en 1516 Tomás Moro imaginó una sociedad ideal en Utopía. El título aludía a una isla ubicada en América y regida por una organización social a sus ojos ideal. Su nombre fue resultado de unir los términos griegos ou (“no”) y topos (“lugar”): un ”no-lugar”. Al diseño de un mundo mejor trazado por Moro siguieron muchos otros en distintas épocas. El último de cierto eco fue la novela Ecotopía (1975), de Ernest Callenbach, que describe un paraíso ecológico.

En cambio, hasta inicios del siglo XX no aparecieron las primeras antiutopías, llamadas distopías (del griego dus, “malo”), un término acuñado en 1688 por el economista inglés John Stuart Mill. Aunque suele contarse entre ellas La Máquina del tiempo de H.G. Wells de 1895, la primera del siglo XX fue obra del soviético Yevgueni Zamiatín. Este imaginó, en su novela Nosotros (1924), una sociedad totalitaria a partir del control ejercido por el pujante bolchevismo. La obra fue publicada fuera de la URSS y fue la base del célebre 1984 de George Orwell.

Pero aparecieron otras distopías destacadas. EI británico Aldous HuxIey percibió las amenazas de la biotecnología en Un mundo feliz (1932), donde dibujó una comunidad uniforme a causa de las clonaciones. Ya en r953, el norteamericano Ray Bradbury describió otra sociedad totalitaria en Fahrenheit 451, cuyo eje era un férreo control cultural basado en la destrucción de libros.

En este aspecto, si Zamiatín y Orweil diseñaron sociedades totalitarias sustentadas en la represión, Huxley y Braibury las recrearon a través de la adhesión ciega al poder de sus miembros. Finalmente incluimos una antiutopía menos relevante, pero que cobra cierta actualidad: El campamento de los santos (1973), del francés Jean Raspail, que describe la “invasión” de la “Europa blanca” por parte de inmigrante llegados en barcos desde el Tercer Mundo.

Varias décadas después de su aparición hemos analizado si estas obras acertaron con su visión pesimista. Este es el balance.

Del paraíso comunista al infierno

NosotrosEn Nosotros, Yevgueni Zamiatín (1884- 1937) expuso el potencial desarrollo totalitario de la entonces emergente sociedad soviética. La trama se desarrolla en un futuro indeterminado y presenta un llamado “Estado Único” gobernado por un dictador, “El Bienhechor”. Los habitantes son seres despersonalizados, designados con guarismos y cuya vida está regulada por el Estado en todos sus detalles, lo que les garantiza supuestamente su felicidad. La novela está construida a partir de las anotaciones del protagonista, D-503, un matemático que se enamora de I-330, una disidente del Estado Único.  Su idilio imposible se resuelve con el lavado de cerebro de D-503 (que denuncia a I-330) y su reinserción en el sistema.

Nosotros retrata así a una sociedad en la que imperan la tecnología y la racionalidad, con seres que carecen de derecho e intimidad (tienen vivienda de cristal) y cuyos sentimientos son reprimidos (el mal diagnosticado a D-503 consiste en que se la ha formado un alma), mientras El Bienhechor es reelegido en un simulacro de elecciones.

¿De qué fuentes bebió Zamiatín para escribir su obra? Se inspiró en H. G. Wells (a quien dedicó su ensayo), pero sobre todo –como explica el gran experto en cultura soviética Orlando Figes, autor de El baile de Natasha, 2006- en los rasgos más avanzados de la Unión Soviética de los años 20 del pasado siglo, como sus viviendas comunales; estas impedían la privacidad en todos los ámbitos; contaban con un gran dormitorio único y cuartos aislados para mantener relaciones sexuales: “Se construyeron pocos edificios de esa clase aunque tuvieron mucho peso en […] novelas futuristas como Nosotros”, advierte Figes. Remarca que Zamiatín conoció las ideas del ingeniero Alexei Gastey que en aras de la eficacia previó considerar a las personas como unidades proletarias identificadas con números, anunció la desaparición de las emociones y señaló que el alma no se mediría “por un grito o una sonrisa, sino con una válvula de presión o un velocímetro”.

En suma, este escritor, que murió en el exilio, advirtió pronto la pavorosa dictadura que anidaba bajo diseños de felicidad proletaria y la plasmó en un texto de indudable fuerza que inspiró el 1984 de Orwell influyó en Un mundo feliz de Huxley.

Del Padrecito al Gran Hermano

1984-dosLo que, en Zamiatín, era intuición sobre la dictadura soviética, en 1984 (1949) de George Orwell (pseudónimo de Eric Blair, 1903 1950), era en gran medida realidad. 1984 está basada en el relato de Zamiatín. Muestra una sociedad totalitaria identificada con la Unión Soviética de Stalin, cuyo alter ego en la novela es el Gran Hermano que supervisa toda la actividad de los ciudadanos gracias a grandes pantallas.

En el mundo existen tres superpotencias aparentemente en guerra continua: Oceanía −donde transcurre la acción−, Eurasia y Asia Oriental. El dictador, objeto de un desmedido culto a la personalidad, ejerce un control total de los individuos. Para ello cuenta con múltiples medios, como la reescritura de la historia, una brutal represión de la que se encarga, paradójicamente, por el Ministerio del Amor- y la tergiversación sistemática de la verdad: “La guerra es paz; la libertad es esclavitud; la ignorancia es fuerza”, rezan las máximas de esta sociedad.

Como en la obra de Zamiatín, el amor de1 protagonista, Winston Smith, por una mujer, |julia, hace entrar en crisis su fe en el Gran Hermano. Se 1o acusa entonces de ser seguidor del gran enemigo Goldstein (en realidad Lev Trotski) y de formar parte de su supuesta Hermandad, que conspira contra el Gran Hermano.

La fábula de Orwell, desde nuestra óptica actual, no constituyó tanto una novela de anticipación sino un reflejo hiperbólico del boyante estalinismo, consolidado tras la Segunda Guerra Mundial: el desmedido culto al Padrecito Stalin: la dictadura represiva que ejercía un control extraordinario sobre la población; el poder omnímodo del Partido Comunista; la justificación del sistema en la supuesta felicidad que aportaba a la sociedad; la invención de un enemigo imaginario -el trotskismo- al que se atribuían múltiples complots, o la reescritura del pasado según las conveniencias.

Orwell, pues, proyectó en 1984 una pesadilla que ya era real cuando fue publicada la obra, en 1949.Para constatar hasta qué punto acertó al diseñar su retrato de la Unión Soviética, basta leer las novedades aparecidas en los últimos años sobre Stalin y su era: desde las sucesivas biografías del dictador (D. Rayfield, S. Sebag, R. Service) hasta la descripción de la brutal censura que conocieron los escritores (V. Shentalinsky).

Merece subrayarse que entre Zamiatín y Orwell existe un claro nexo, el nosotros frente al yo. Nosotros viene de Dios y yo del Diablo esa es la idea imperante en el universo de Zamiatín: “nosotros controlamos la vida en cada uno de sus aspectos”, explica un dirigente del Partido al protagonista de 1984. En ambos casos el individuo no existe, solo un impersonal y diluido nosotros.

EI ADN y la clonación

UnmundofelizEn Un mundo feliz (1932), Aldous Huxley (1894-1963)  mostró una sociedad totalitaria organizada en torno a dos ejes: el culto a 1a producción -la máxima deidad se llama Ford- y la meticulosa vigilancia técnica y científica de la reproducción humana (los individuos ya nacen dentro de una suerte de sistema de castas que los predestina a sus futuros menesteres) y de las emociones gracias al consumo de una droga, el soma.

Las personas pierden así su individualidad en una sociedad amorfa de fácil control social. Pero en este mundo existen reservas de humanos -los salvajes- que viven a la antigua usanza. Cuando un miembro de la comunidad la abandona junto con su madre, emergen las con tradiciones: la madre fallece y el salvaje intenta sin éxito vivir como un humano de antaño. Asediado por la prensa y por miles de curiosos, se suicida.

El libro fue una ácida y temprana reflexión sobre las amenazas de la biotecnología. Ya en 1946, Huxley señaló que un rasgo de 1as sociedades totalitarias futuras sería que sus jerarcas gobernarían “una población de esclavos” mediante “un dominio tecnológico y científico”. Por consiguiente, centró la novela en “la aplicación en los seres humanos de los resultados de la futura investigación biológica, psicológica y fisiológica. Apuntó que en su relato la “uniformidad del producto humano ha sido llevada a un extremo sorprendente, aunque quizás no imposible pues consideraba que esa sociedad podía hacerse realidad” en el plazo de un solo siglo

¿Hasta qué punto Huxley dio en el blanco? Él mismo lo analizó en Nueva visita a un mundo feliz (1958), pero era pronto para vislumbrar sus aciertos. Hoy sabemos que los avances biotecnológicos refrendaron parte de sus fantasías, como señaló un gran divulgador de la ciencia, Michio Kaku, en Vísiones (1998): “Las predicciones de Huxley fueron proféticas. Escribió en una época en que las leyes del desarrollo embrionario eran, en gran medida, desconocidas. Menos de cuarenta años después, sin embargo, nació Louise Brown, la primera bebé probeta […]. Y con la llegada de la revolución biomolecular, muchas de sus otras predicciones podrían estar también al alcance”.

En cuanto a si Huxley tenía razón al considerar que tales avances pueden comportar una amenaza para nuestra libertad, creemos que si, en la medida en que planteó un debate hoy candente: el uso de información genética contra los individuos, como advierte Kaku. Por ejemplo, ante el aumento creciente de costes sanitarios, no se puede descartar “que alguien, desde el Gobierno, sienta la tentación de exigir 1a obligación de someterse a pruebas para detectar enfermedades genéticas y negarse simplemente a pagar los costes sanitarios de un niño cuya enfermedad habría sido evitable en caso de haberse realizado pruebas”. Es más, en un futuro, “las personas que tengan hijos sin someterse a pruebas genéticas podrían ser tratadas como parias”. En suma, es muy posible que e1 Estado acabe disponiendo, en el porvenir, de bancos de información genética de cada individuo, con todo lo que ello comportaría.

La destrucción de libros

Farenheit 451Ray Bradbury (1920) escribió Fahrenheit 451 en 1953 con el telón de fondo de la Caza de Brujas anticomunista desatada por el senador Joseph McCarthv. Su obra plantea un problema recurrente en la historia: cómo ejercer el control social mediante 1a censura.

El título de su fábula alude a los grados de temperatura que ha de alcanzar el papel para arder. Su trama se basa en la evolución que experimenta su protagonista, Guy Montag, un bombero pirómano: su labor -como la de todos los bomberos de su sociedad no es apagar fuegos, sino actuar policialmente quemando los libros prohibidos y las casas que los almacenan, incluyendo a sus moradores si se resisten a dejarlas.

En la novela, Montag se cuestiona su labor y las normas de su sociedad. Deviene así enemigo del sistema y su mujer acaba denunciándolo a los bomberos-policías. Ella vive subyugada por un mecanismo de control audiovisual: grandes pantallas de televisión situadas en las paredes del hogar que permiten interactuar a los espectadores con los programas, en lo que parece constituir una suerte de Gran Hermano televisivo: “Es mi familia”, dice la mujer de Montag al referirse a ellos. En esta sociedad, quienes leen inquietan al poder que ve en los libros “fusiles cargados”. Así las cosas, Montag se une a los proscritos que conservan en su memoria diferentes obras para salvaguardarlas, convertidos en libros vivientes.

Bradbury explicitó viejos problemas con mimbres nuevos. Por una parte, recordó que un mecanismo esencial del totalitarismo es la censura de libros, como refleja Fernando Báez en su Historia universal de la destrucción de libros (2004). Pero, además, planteó otras cuestiones hoy vigentes: ¿Hasta qué punto puede sucumbir la cultura escrita ante la audiovisual?, ¿Pueden los grandes hermanos televisivos regir nuestras vidas, como en el film El show de Truman (Peter Weir, 1997)? Y si nos preguntamos si son un ensueño las pantallas televisivas domésticas de Bradbury gigantes e interactivas, Kaku -en su mencionado ensayo Visiones– vislumbra algo de cierto parecido en 1a vivienda inteligente del futuro: “Los tableros, de aproximadamente un metro de longitud, son enormes pantallas informatizadas que se cuelgan en la pared. En casa […] pueden funcionar como pantallas de vídeo de tamaño mural para la televisión interactiva o la web explica.

La “invasión” del Tercer Mundo

campamento de los santosEl temor a la sociedad multicultural cuenta asimismo con una antiutopía: El campamento de los santos, publicada en 1973 por el escritor francés Jean Raspail (1925) y traducida a diversos idiomas (el español entre ellos). La novela recrea el ocaso de Europa debido a una invasión pacífica del Tercer Mundo, iniciada con un convoy de navíos que sale de la India con un millón de indigentes. La expedición parte por sorpresa y es orquestada por un poder oculto.

La prensa progresista bautiza el convoy como “la flota de la última esperanza”, que es rechazada por Australia, Egipto y Sudáfrica, hasta desembarcar en las costas de Francia. En este país las conciencias han sido adormecidas por un clima de opinión políticamente correcto generado por los medios de comunicación y la Iglesia (gobernada por un papa brasileño que ha vendido 1as riquezas del Vaticano para dar testimonio de pobreza). Al aproximarse la flota a la costa, se multiplican en todo el mundo iniciativas migratorias similares, un asalto pacífico por parte de1 Tercer Mundo que constituye e1 preludio del ocaso de Occidente. La llegada de la flota al Midi genera una revolución multirracial y el último reducto de defensores de Occidente es aniquilado. Sucumbe así la raza blanca y la propia Europa. El título de la novela procede del Apocalipsis y, según afirmó Raspail en 1985, su parábola se haría realidad en los primeros decenios del tercer milenio. Lo argumentó en función del desequilibrio demográfico: “Cercados en medio de 7.000 millones de hombres, 700 millones de blancos solamente […], frente a una vanguardia de cerca de 400 millones de magrebíes y musulmanes. ¿Puede imaginarse alguien en un segundo y en nombre de qué ceguera de avestruz es posible la supervivencia de este desequilibrio?

En suma, la obra articula toda la mitología ultrapatriota sobre el eclipse de nuestra civilización: hordas procedentes del Tercer Mundo asaltan pacíficamente Europa, obedeciendo planes ocultos, y hallan una sociedad aletargada.

Ello permite considerarla como una antiutopía que sintetiza los temores y obsesiones propios de la ultraderecha, que denuncia los peligros de la inmigración concebida como invasión. Así 1o reflejó Jean-Marie Le Pen en el 2002: “Se puede estimar que la población de origen extranjero reciente [en Francia] en el año 2000 es del orden de 8 millones, […] en una población francesa global de 58,5 millones. La asimilación no es ya posible. Uno piensa entonces en la profecía de Jean Raspail”.

Trailer del film Fahrenheit 451, dirigido por François Truffaut (1966) y basado en la novela homónima de Ray Bradbury.

Espejo de nuestros temores

E1 siglo XXI parece haber arrinconado en e1 baúl de la historia las esperanzas de utopías relacionadas con una humanidad libre de desigualdades, armónica con su medio natural, sin dictaduras y dotada de instrumentos para dirimir conflictos sin guerras. En cambio, las pesadillas plasmadas por algunos de estos escritores –visionarios aún estremecen.

E1lo se comprende en la medida en que las sociedades que imaginaron han reflejado los terrores obsesivos de inicios y fines del siglo XX: miedo a los sistemas totalitarios, a los peligros de la biotecnología, a los de la censura, a la invasión migratoria. Vistas sus fábulas en perspectiva, se han alejado de la realidad por su carácter apocalíptico, pero se han acercado extraordinariamente a ella por su capacidad de enfatizar los grandes temores del siglo pasado y del nuevo milenio

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* Este artículo fue publicado originalmente con el título “Un mundo peor. El futuro más negro imaginado por la literatura clásica”, Qué leer, 121 (mayo 2007), pp. 44-48. Posteriormente, lo reprodujo la revista Minatura, 123 (julio del 2013) accesible en PDF aquí.

 

 

 

Publicado en la revista Que leer (mayo #121, 2007)