¿POR QUÉ SE HA ECLIPSADO PLATAFORMA POR CATALUÑA [PxC]?*

mayo 11, 2017

Josep Anglada, impulsor y líder de la PxC hasta su expulsión de la misma (imagen de directa.cat).

MIENTRAS QUE EN EUROPA LA EXTREMA DERECHA CONOCE UN ASCENSO, la derecha populista que representa Plataforma por Cataluña [PxC] se ha eclipsado desde los comicios locales del 2015. Entonces los 65.905 votos que consiguió en el 2011 cayeron a 27.348 y sus 67 regidores a 8. ¿Qué explica este declive del partido fundado y liderato por el vicense Josep Anglada? Consideramos que la respuesta se halla en la confluencia de tres factores: la crisis interna de la formación, el peso político del secesionismo y la irrupción de nuevas siglas críticas con las élites.

La crisis de liderazgo

En febrero de 2014 la cúpula del partido expulsó Anglada. Entonces Robert Hernando devino nuevo responsable de PxC y empezó una pugna entre el fundador y la nueva dirección. El resultado fue que PxC se quedó sin líder conocido cuando había empezado un lento descenso electoral. Llegó a obtener 75.134 votos (2,4%) en los comicios autonómicos del 2010, pero en los municipales del 2011 captó 65.905 (2.3%); en los legislativos de aquel año, 59.781 (1.7%); y 60.107 (1.2%) en las elecciones del parlamento catalán de 2012. Además, el plataformismo se fragmentó, dado que Anglada -que en 2015 obtuvo un escaño en Vic con la nueva marca Plataforma Vigatana (PLVI)- impulsó el partido Som Identitaris (SOMI).

La agenda política marcada por el independentismo

El protagonismo del secesionismo complicó más el escenario a PxC. El partido había superado de forma limitada la agrieta catalanismo-españolismo con el lema “Primero los de casa”, que proyectó un eje ideológico que contrapuso “autóctonos” (ya se sintieran estos catalanes o españoles) y foráneos (inmigrantes). Pero el auge del separatismo devolvió al primer plano la dicotomía Cataluña-España y quedaron arrinconados del debate temas estelares del partido, como la inmigración y la seguridad ciudadana. Además, el independentismo ha conformado una dinámica inclusiva: tanto partidarios de la secesión como los opositores quieren una movilización amplia, cosa que comporta desterrar discursos de “prioridad nacional” como los de PxC.

La irrupción de nuevas marcas antiestablishment

Para concluir, debemos recordar que este partido hizo eclosión en los comicios locales del 2003 y se expandió en los del 2007 y 2011 haciendo bandera no sólo de su oposición a la inmigración, sino también de un discurso contra la “casta política”. Aludía así a un Establishment supuestamente corrupto y “antinacional” que favorecía los inmigrantes en detrimento de los autóctonos. Pero de forma progresiva el mensaje contra las élites lo enarbolaron con éxito otras fuerzas emergentes ajenas a la ultraderecha. Hernando -el sustituto de Anglada- ya detectó esta competencia política tras obtener Podemos el 8% de los votos de los comicios europeos el 2014: “Nosotros ya habíamos acuñado el concepto de casta política cuando Pablo Iglesias todavía ni se recogía la cola”, explicó.

¿Ha muerto políticamente el “plataformismo”?

Este panorama dificulta la recuperación de PxC o el ascenso de una formación similar. Pese a ello, no deben perderse de vista dos factores. Uno es que Badalona -tercera urbe catalana en población- demuestra que en ciertos lugares del área metropolitana puede tener impacto un discurso sobre la immigración y el orden público como el esgrimido por Xavier García Albiol. Sus votos no han parado de crecer en los comicios municipales: 21,8% en 2007, 33.4% en 2011 y 34.3% en 2015. El otro factor lo destacó el analista Carles Castro en La Vanguardia (7/Y/2017): según sondeos del CIS, el 40% de ciudadanos estatales consideran “excesivo” el número de extranjeros.

Por consiguiente, no se puede descartar, a medio o largo plazo, la recuperación de una PxC que conoce horas bajas e impulsa la federación estatal Respeto (junto al Partido por la Libertad [PxL] y España 2000). Si fracasa puede surgir una nueva marca que recupere su discurso y vuelva a obtener apoyo a las urnas.

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* Este artículo lo publicamos originalmente en catalán en el diario Ara. Véase X. Casals, “Per què s’ha eclipsat Plataforma per Catalunya?”, Ara (7/V/2017)


BARCELONA 1957: ¿ORDENÓ FRANCO ASESINAR AL CAPITÁN GENERAL POR PREPARAR UN GOLPE DE ESTADO?

febrero 11, 2017

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Imagen del capitán general de Cataluña, Juan Bautista Sánchez (Hemeroteca del buitre)

LA NOCHE DEL 29 DE ENERO DE 1957 FALLECIÓ EL CAPITÁN GENERAL DE CATALUÑA, Juan Bautista Sánchez González. En el momento de su muerte, este militar se hallaba en el punto de mira de los servicios de información del régimen, al considerarle dsafecto al régimen. Y ello a pesar de que éste pudo ser el “primer alzado” de la rebelión militar que desencadenó la Guerra Civil, pues -según su Hoja de servicios– “la noche del 16 de julio, inició el Movimiento Nacional en el Rif, sublevando en Torres de Alcalá el Tercer Tabor de Regulares de Alhucemas”.

¿Por qué Sánchez se distanció del régimen que contribuyó a instaurar? Debido, sobre todo, a sus crecientes simpatías monárquicas: convencido partidario de Don Juan de Borbón, discrepó de modo cada vez más abierto de la dictadura de Franco.

Un sublevado de 1936 distanciado de la victoria de 1939

¿Pero quién era este general? Su hijo Juan Bautista Sánchez Bilbao (a quien entrevistamos antes de fallecer el 2005 y que por su brillante carrera militar pudo disponer de información relativa a los hechos aquí analizados) definió a su padre como “un hombre del 18 de julio [de 1936], no del 1 de abril [de 1939]”. Es decir, no se identificó con el régimen surgido de la victoria franquista.

En 1943 su padre fue ascendido a teniente general. En abril de 1945 fue nombrado capitán general de Zaragoza, tras manifestar su apoyo a Franco en marzo, cuando el dictador reunió al Consejo Superior del Ejército. En 1949 fue nombrado capitán general de Cataluña y en diciembre de 1955 procurador en Cortes.

Como otros muchos sublevados en 1936, en los años cincuenta Sánchez González experimentó un progresivo desacuerdo con el régimen. Siguiendo el testimonio de su hijo, tuvo hasta un mínimo de tres encuentros –en solitario o acompañado- con Franco para pedirle que restableciera la Monarquía.

Sánchez no se recató de manifestar su oposición a la Falange ante sus subordinados, como explicó un soldado a su servicio cuando Franco visitó a Barcelona al celebrarse el Congreso Eucarístico el 28 de mayo de 1952. Entonces Sánchez oyó música del exterior y se asomó al balcón, viendo como pasaba un grupo de falangistas uniformados desfilando hizo esta afirmación: “Es una vergüenza que aún se tenga que presenciar esto”.

Franco trasladó su inquietud por Sánchez a su primo y confidente Francisco Franco Salgado-Araujo, Pacón. Éste constató en sus anotaciones que el Generalísimo estaba “preocupado” por la “actitud pasiva” del capitán general en Barcelona. Consideraba que “se inhibió por completo” de la llamada huelga de tranvías que tuvo lugar entre el 14 y el 25 de enero de 1957 “y no fue a visitar ni a ofrecerse a la autoridad civil hasta seis días después de haberse iniciado la huelga”.

Asimismo, Franco sabía que Sánchez “alardeaba de antifranquista y de monárquico partidario de Don Juan de Borbón” y había dicho al presidente de la Diputación “que ya era hora que el Caudillo trajese la monarquía con Don Juan”.

Se disparan los rumores de un asesinato ordenado por Franco

En este contexto se produjo la muerte inesperada de Sánche la noche del 29 de enero de 1957. Fue hallado sin vida en su habitación del Hotel del Prado de Puigcerdà, donde se había alojado durante su viaje de inspección de la línea de fortificaciones pirenaicas.

Oficialmente falleció a causa de una angina de pecho (padecía una afección cardiaca), pero pronto surgieron versiones alternativas de gran arraigo que atribuyeron su óbito a un asesinato o a la tensión que le causaron enviados de Franco, bien para disuadirle de sus propósitos golpistas, bien para anunciarle su cese.  Rafael Calvo Serer -un intelectual del Opus Dei de compleja trayectoria- incluso afirmó que su muerte frustró un levantamiento en ciernes de Sánchez con tres objetivos: establecer la regencia de Franco, nombrar jefe de Gobierno e incluso convocar elecciones libres.

El monárquico Pedro Sainz Rodríguez, ya en 1981, atribuyó a Franco un gráfico comentario sobre Sánchez: “La muerte ha sido piadosa con él. Ya no tendrá que luchar con las tentaciones que tanto le atormentaban en los últimos tiempos. Tuvimos mucha paciencia, ayudándole a evitar el escándalo que estuvo a punto de cometer”.

Según otras versiones, Franco fue más radical en su valoración y habría hecho una escueta y contundente manifestación sobre Sánchez en un Consejo de Ministros: “Era un traidor”. Incluso el historiador Ricardo de la Cierva –nada sospechoso de antifranquismo- aludió a otra supuesta frase del dictador en el citado Consejo que le fue revelada por uno de los allí presentes: “Mi general, te has ganado el derecho a morir”, habría dicho Franco repitiendo la frase que en 1932 dirigió al general José Sanjurjo cuando rechazó defenderle por su fallido golpe de Estado.

De lo expuesto se desprende –como mínimo- que Sánchez murió cuando Franco se disponía a relevarle al frente de Capitanía. En todo caso, como señaló el exministró Laureano López Rodó, con este óbito “la imaginación de muchos se desbordó”. El dictador fue consciente de ello, pues su primo Pacón lo recogió lacónicamente en sus notas: “Se dice que Franco mandó matar al capitán general de Cataluña Sánchez González”.

Por su parte, Franco fue explícito con Pacón: “Siento su muerte, pues era un gran soldado, pero al mismo tiempo se me ha quitado la preocupación de tenerlo que relevar, pues no convenía ni mucho menos que continuara ejerciendo el cargo de capitán general de Cataluña, dada su manera de pensar en relación con la política del régimen”, le dijo.

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Crónica del entierro de Sánchez González en La Vanguardia.

Los bulos del supuesto crimen benefician al dictador

Aunque sea paradójico, cabe pensar que estos rumores que circularon sobre el supuesto asesinato de Sánchez redundaron en favor del dictador, pues sólo podían tener una lectura: toda disidencia acarreaba fatales consecuencias para quien la protagonizara o secundara.

Esta percepción intimidó no sólo a los monárquicos, sino a todos los compañeros de armas del Generalísimo con sentimientos hostiles a su liderazgo. La “oportuna” muerte de Sánchez, pues, conjuró definitivamente maniobras pretorianas en su contra surgidas del descontento militar.

Sesenta años después de los hechos, consideramos interesante rememorar aquel episodio. De este modo, los lectores interesados en los mismos pueden acceder a nuestro exhaustivo estudio sobre el tema clicando aquí. 

Este texto en PDF publicadop en una revista académica reune toda la información dispersa publicada al respecto, incorpora testimonios orales y la consulta de diversos archivos (Archivo General Militar de Segovia, Archivo de las Cortes, Archivo General de la Guerra Civil Española y Archivo de la Fundación Nacional Francisco Franco). Asimismo, en él constan en notas a pie de página las distintas fuentes de las afirmaciones realizadas en esta entrada del blog.

 


EL ESCRITOR JAVIER CERCAS RECOMIENDA NUESTRO LIBRO “LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA. EL VOTO IGNORADO DE LAS ARMAS”

enero 21, 2017

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EL ESCRITOR JAVIER CERCAS RECOMIENDA EN EL PAÍS SEMANAL (15/I/2017) nuestro reciente estudio La transición española. El voto ignorado de las armas. Lo hace en un artículo crítico con los posicionamientos políticos partidistas vigentes sobre la democratización española, tanto de aquellos que sostienen los detractores de aquel proceso político, como los de sus apologetas.

Reproducimos el texto a continuación por considerarlo de interés para nuestros lectores y lectoras. Puede accederse al artículo original clicando aquí.

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El combate del siglo

En una esquina, los Grandes Odiadores de la Transición; en otra, los Grandes Apologetas de la Transición. Y en medio, los historiadores serios.

Hay gente que hace un uso personal de la Transición. O más bien un abuso. Los abusones se dividen en dos tipos: los Grandes Odiadores de la Transición (GOT) y los Grandes Apologetas de la Transición (GAT). En una esquina del ring están los primeros, que de un tiempo a esta parte arman bastante ruido. No son sólo jóvenes en teoría izquierdistas que no vivieron la Transición, sino también viejos en teoría izquierdistas que vivieron la Transición como jóvenes y creen que podrán seguir siendo jóvenes y de izquierdas gracias a su pertenencia a los GOT. Unos y otros sostienen que la Transición fue un tongo, una sucia treta urdida con el fin de que el franquismo pareciera cambiar cuando nada cambiaba (y aquí citan siempre, mal, a Lampedusa), de modo que la democracia española no es más que una democracia fraudulenta o una versión maquillada del franquismo, la culpa de todos nuestros males públicos la tiene la Transición y nosotros no somos responsables de ninguno, aunque no escasean los GOT con un elevado concepto de sí mismos que también le echan la culpa a la Transición de sus males privados, de la injusticia clamorosa de que este país no haya reconocido sus méritos excepcionales. Los GOT, en fin, son bastante inofensivos, algunos incluso entrañables; en cuanto a sus argumentos, no precisan refutación, de hecho ni siquiera son argumentos, sino desahogos de frustraciones personales o palancas de ambiciones políticas, y a menudo delatan un conocimiento de la Transición comparable al que un servidor posee de la cría de la oveja merina australiana.

En la otra esquina del ring están los GAT. Son más escasos que los anteriores, pero mucho más poderosos. Todos son suficientemente viejos para haber vivido la Transición en primer plano, o en un segundo o tercer o cuarto plano lo bastante próximo al primero para permitirles fingir que fue el primero y afirmar que nadie conoce la Transición como ellos, lo que viene a ser más o menos igual que si Fabrizio del Dongo, el protagonista de La Cartuja de Parma, afirmara que nadie conoce Waterloo como él, que vivió la batalla, pero no entendió una palabra de lo que ocurría a su alrededor. La razón de la existencia de los GAT es obvia: como sabe cualquiera un poco leído y en sus cabales, la Transición salió razonablemente bien, así que tiene mil padres. Los GAT sostienen en lo esencial que aquél fue un periodo histórico ejemplar en el que, guiados por la grandeza de miras de una clase dirigente ejemplar, los españoles crearon una democracia ejemplar y bla, bla, bla. En suma: otro timo. Pero es que, en cuanto te descuidas, los GAT te aseguran que le dictaban los discursos al Rey, le daban collejas al badulaque de Suárez y frenaban los ímpetus preseniles de Carrillo. Y, como algunos obtienen réditos notables de defender la Transición, venga a cuento o no la defienden, si es menester inventándole enemigos temibles, lo que explica que cualquier nadería de la inefable Pilar Urbano provoque respuestas tan estridentes como superfluas de notorios GAT. Aunque, claro, también entre ellos hay personas sinceras y bienintencionadas. Pero la mayoría de los GAT parecen convencidos de que les ha ido tan bien por sus propios méritos y no porque nunca se hayan beneficiado de las insuficiencias de la democracia que alumbró la Transición.

Y en esas estamos. ¿Hay alguien en medio del combate entre GOT y GAT? ¿Hay árbitro en el ring? Sí: los historiadores. Hablo de los historiadores serios, claro está. No es que ellos tengan la verdad (la verdad sólo la tiene Dios, que no existe), pero son los que con más ahínco la buscan. El último que he leído es Xavier Casals, autor de La transición española, un grueso volumen donde discute el papel de la violencia en aquellos años, según él mucho más relevante de lo que se suele decir porque contribuyó de manera involuntaria a estabilizar la democracia que pretendía desestabilizar. No es un libro inobjetable –si lo fuera, no sería bueno–, pero sí el tipo de libro capaz de coger de la oreja a los GOT y los GAT y mandarlos a sus respectivas esquinas del ring. Y desde allí a su casa, de donde nunca debieron salir.


LA ENTRADA MÁS VISITADA DEL BLOG EN 2016: ¿POR QUÉ A LOS CATALANES LES LLAMAN POLACOS?

diciembre 31, 2016

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Esta entrada ha sido este año la más visitada del blog. Publicada en el 2012 y reeditada el 2014, solo este año ha tenido más de 5.700 visitas.

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CATALUÑA HA SIDO EL PIAMONTE DE ESPAÑA PRIMERO, POLONIA DESPUÉS Y HOY ES SU ESCOCIA. Así lo hemos analizado en un artículo en el diario catalán Ara (30/XI/2012), cuya lectura recomendamos para entender la diferente percepción de Cataluña en España. Su acceso es gratuito previo registro clicando aquí.

De los calificativos señalados en el artículo el más llamativo y menos conocido es el de “polacos”. ¿Pero cuál es su origen?

España: “la Polonia del mediodía”

El origen de su carga peyorativa en relación a los catalanes es incierto y posiblemente remite a su uso político iniciado en la España del siglo XIX, que conoció un largo y cambiante recorrido. Según un brillante y documentado estudio del historiador Juan Fernández-Mayoralas ( “La Polonia del mediodía: un tópico polaco en la historia española”, 2002), la identificación de España con Polonia se difundió durante el Sexenio Democrático (1868-1874), cuando el país temió convertirse en la “Polonia del mediodía” ante la combinación de inestabilidad política, injerencia de potencias extranjeras en los asuntos internos y la amenaza de ruptura de su integridad territorial.

El Sexenio Democrático y el miedo a ser Polonia

Independencia de Cuba, revista la flaca,1873_Ésta última llegó a su cenit tras proclamarse la Primera República en 1873 y sus gobiernos se vieron obligados a combatir en tres frentes: una nueva contienda carlista,  una insurrección cantonal y un levantamiento en Cuba (arriba, caricatura sobre el mismo de La Flaca).

Fernández-Mayoralas describe cómo cuajó el temor a que España deviniera una nueva Polonia trazando un amplio y sugerente fresco internacional. Reproducimos una larga cita de su argumentación por su interés ilustrativo:

[…] Si Francia, “vanguardia de la raza latina”, se sentía insegura ante su futuro tras la amputación de Alsacia-Lorena [tras la victoria prusiana], ¿qué podía esperar España, pobre, atrasada e inestable, agitada por la revolución y asolada por la guerra civil? Tan generalizada estaba entonces la creencia en su irremediable decadencia, tan aceptada la idea fatalista de que las naciones estaban sujetas ciclos inexorables, que mientras los españoles temían ser la “Polonia del Mediodía”, el estado mayor prusiano, eufórico por la victoria, soñaba con que Francia sería pronto una “segunda España”.

Para los observadores del siglo XIX, resultaba evidente que la España de 1872 se parecía mucho a la Polonia de 1772. Cuando ejercía la hegemonía en la marca oriental de Europa, Polonia tuteló la infancia de las potencias que habrían de acabar con ella. Los reyes polacos concedieron un título real a sus vasallos, los marqueses de Brandenburgo; los dominios polacos llegaban al mar Negro cuando el señor de Moscú era un régulo oriental; en 1683 un polaco salvó la capital de los Habsburgo de la suerte de Constantinopla. Sólo una decadencia biológica o una degeneración moral podía explicar que un siglo después pereciese desmembrada, minada por los vicios de la monarquía electiva y víctima del egoísmo de sus notables, siempre dispuestos a solicitar ayuda extranjera para solventar sus diferencias. También aquí se achacaban los males de España a la división interna, a la incapacidad de los partidos para sacrificar los intereses de su facción al bien común; también aquí se temía la intervención extranjera.

La búsqueda de un candidato para el trono español recordaba las intrigas que habían sentado a un sajón sobre el polaco, comienzo de su rápida decadencia. En muchos aspectos, los españoles de 1872 se sentían tan humillados como los polacos de 1772: tras dominar Italia durante siglos, tendrían ahora por rey al vástago de una casa ducal despreciada por la aristocracia hispana; después de haber sido por largo tiempo una potencia de primer orden, veían que ahora otras naciones intervenían con descaro en sus asuntos internos, lanzaban vetos y amenazaban con “poner orden”. Aquellas ex-colonias inglesas que un día se emanciparan con ayuda de Carlos III pretendían ahora arrebatar a España, descubridora y conquistadora de las Americas, los últimos jirones del que un día fuera el mayor de los imperios. Lejanos, olvidados los esplendores de antaño, los españoles del siglo XIX se sentían atrasados e ignorantes respecto a las “naciones cultas”. A finales del siglo XVIII los poderosos pronunciaron una terrible sentencia: Finis Poloniae ¿Había llegado el momento del Finis Hispaniae? En esta crucial encrucijada, en esta hora decisiva de la evolución del nacionalismo español, un espectro recorría la Península: era el fantasma de los repartos de Polonia.

El catalanismo mira hacia Polonia con admiración

PratDespués de que España superara este momento crítico, la referencia a Polonia persistió y marcó a los nacionalismos periféricos emergentes, en la medida que era un modelo a seguir por estos: se trataba de “una nación vital, con una cultura floreciente, capaz de suplir con patriotismo la carencia de un Estado”. 

En el caso del catalanismo, señala Fernández-Mayoralas, Polonia fue asumida como referente explícito por Enric Prat de la Riba (en la imagen) “como demostración de la eternidad y santidad de las patrias”, tal como reflejó ya en 1894 su Compendi de doctrina catalanista:

¿Qué diferencia existe entre el Estado y la patria? El Estado es una entidad política artificial, voluntaria; la Patria es una comunidad histórica, natural, necesaria. Lo primero es obra de los hombres; la segunda es fruto de las leyes a las que Dios ha sujetado la vida de las generaciones humanas. ¿Qué ejemplo de la historia contemporánea hace palpables estas diferencias? El de Polonia. El Estado polaco murió cuando los ejércitos de Austria, Rusia y Prusia la descuartizaron; pero Polonia continuó y continua siendo la única patria de los polacos.

La posguerra: ¿Cataluña ocupada como Polonia?

En este contexto, ignoramos cuando la identificación positiva entre Cataluña y Polonia devino peyorativa en el ámbito español, pues la investigación mencionada no aborda esta cuestión. No obstante, dado que el uso despreciativo del término “polaco” aplicado a los catalanes se difundió bajo el franquismo no se puede descartar que en medios castrenses se equiparase a la Cataluña ocupada por las fuerzas sublevadas en enero de 1939, cuando era cercano el fin de la Guerra Civil, con la Polonia ocupada y dividida entre rusos y alemanes en septiembre del mismo año.

El antropólogo Roger Costa así lo ha planteado en la revista Sàpiens, aunque es una mera hipótesis. Lo formula en estos términos: “ambos hechos [la ocupación de Cataluña y la de Polonia] se habrían equiparado en ambientes militares durante la posguerra y ello habría dado pie a este uso estigmatizador de la palabra polaco aplicada a los catalanes”.

caída de barcelona

Las autoridades franquistas despliegan una bandera española en la Generalitat.

Sin embargo, debe remarcarse que el uso de esta palabra [polaco] como insulto no se generalizó fuera de los cuarteles hasta la década de los setenta, quizás de forma paralela a la extensión de las manifestaciones populares y sin ambigüedades de afirmación catalanista en escenarios públicos”.

Tenemos pues, una cierta idea de cómo los polacos se convirtieron en “polacos” primero por voluntad propia y luego a su pesar, aunque no cesaron de ser vistos como unos potenciales regeneradores de España.

De Polonia como estigma a Polonia como identidad

La asociación de Cataluña con Polonia dio un nuevo giro en febrero del 2006, cuando comenzó a emitirse en TV3 un programa semanal de sátira política titulado Polònia (en inequívoca referencia a la alusión peyorativa de los catalanes como “polacos”), cuya parodia de líderes y partidos obtuvo un enorme éxito de audiencia.

Grafismo del programa de sátira política “Polonia”.

Hoy este programa es un referente y permite pensar que Polonia vuelve a ser un espejo de Cataluña, pero ahora muy distinto del que imaginó Prat, pues conforma una visión crítica e irónica de la realidad política catalana y la española. Es una reapropiación más del gentilicio que -visto lo hasta aquí expuesto- probablemente no será la única, como apunta el gag de este programa que reproducimos a continuación.

Gag de “Polònia” del 2007 en el que Franco muestra simpatías por la Polonia gobernada por los gemelos derechistas Jaroslaw y Lech Kaczynski.


“JUAN DE CATALUÑA”: UN SOCIALISTA ANTICATALANISTA EXPULSADO DEL PSOE POR CATALANISTA*

diciembre 10, 2016

 

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JOAN CODINA VIVET FUE UN DESTACADO COOPERATIVISTA Y SOCIALISTA DE MANLLEU (en la comarca barcelonesa de Osona) que tuvo un final trágico –fue fusilado- y una trayectoria paradójica: significado anticatalanista desde la década de 1910 por sus artículos firmados como “Juan de Cataluña” en El Socialista, fue expulsado de la UGT por catalanista.

Cooperativista y socialista

Nació el 13 de febrero de 1873 en una familia humilde (el padre era bracero) y fue el menor de cuatro hermanos que pronto quedaron huérfanos. Los mayores le buscaron trabajo en una empresa de hilados y se preocuparon de que aprendiera a leer y escribir cuando ya era adolescente.

Con 16 años se sintió atraído por el cooperativismo y lo consideró una vía para instaurar el socialismo, como señaló en 1935: “La cooperación […] socializará toda la producción a fin de que nadie pueda especular con ella y hará del mundo una vasta cooperativa con todas sus ramas, producción, distribución y consumo” y “en su empeño de transformar el mundo […] hará que todos los seres humanos tengan asegurado el plato correspondiente en el banquete de la vida, y por lo tanto no habrá paro forzoso ni un mundo en ruinas”. Así cooperativismo y socialismo fueron inseparables en su actuación, que desarrolló en estrecha relación su gran amigo Josep Lladó Quintana (1880-1963).

Según su elogiosa biografía publicada en Acción Cooperativista (el órgano de la Federación de Cooperativas de Cataluña en el que Codina colaboró), era de carácter “un poco áspero, directo” y “poco diplomático en táctica psicológica”, lo que implicó “que su actuación no se reflejara con la intensidad que se merecía”. Protagonizó intervenciones públicas de manera habitual, pero fue un orador de “escasa elocuencia” y “sencillez de expresión”. En cambio, tuvo relativa facilidad para escribir, como testimoniaron sus numerosas colaboraciones de prensa.

Como cooperativista desplegó una intensa actividad en la Mútua de Pa i Queviures, una cooperativa de consumo fundada en Manlleu en 1903 de rápido crecimiento que constituyó una destacada institución local. Fue su primer secretario y siempre permaneció vinculado a ella: la presidió entre 1922 y 1924, veló por la aplicación estricta de su reglamento y escribió su historia.

Según el historiador Josep Casanovas, ejerció en este centro “una constante influencia desde diferentes cargos”, a la vez que llevó a cabo una importante tarea de articulación del cooperativismo comarcal de Osona al impulsar una Federació Comarcal de Cooperatives de Vic desde los años veinte. Esta iniciativa se situó en la vanguardia de un cooperativismo catalán hasta entonces organizado en federaciones provinciales.

La militancia en un socialismo entre dos aguas

Codina inició su compromiso socialista también en su juventud y cuando en 1889 se constituyó la sección de la UGT en Manlleu fue su tesorero. Afiliado al PSOE, desde 1903 participó como delegado en varias conferencias regionales de agrupaciones socialistas de Cataluña y congresos de la Federació Socialista Catalana. Conoció a las primeras figuras del partido (como Pablo Iglesias, Andrés Saborit o Francisco Largo Caballero) y escribió en El Socialista, La Justicia Social y La Internacional.

Concejal de Manlleu el bienio 1912-1913, en 1931 le faltaron 8 votos para volver a serlo y en 1934 fou edil suplente. A pesar de creer en la lucha de clases, confió en el advenimiento de un cambio de sistema no traumático, como afirmó en 1930: “el socialismo que triunfará en el presente siglo no viene a matar fabricantes, ni a comer curas, sino a cumplir el precepto bíblico que manda: ganarás el pan con el sudor de tu frente y a hacer que no existan parásitos y a garantizar que el trabajador, cuando no tenga fuerzas, no vaya a parar en el hospital”.

Adquirió notoriedad en el movimiento socialista por su anticatalanismo radical, hasta el punto que los historiadores lo han definido como un “antinacionalista visceral” (David Ballester) o un “destacado enemigo del catalanismo o cualquier cosa que se le asemejara” (Ricard Alcaraz). Pese a ello, Codina llegó a censurar el centralismo “brutal” imperante en España y no parece haber construido su crítica inicial al catalanismo tanto desde apriorismos ideológicos (que  existieron), como desde su experiencia de obrero autodidacta.

Merece destacarse que contempló la reforma lingüística de Pompeu Fabra como una diferenciación artificiosa del catalán hacia al castellano, lo que seguramente le predispuso a ver en el catalanismo un factor de división del obrerismo. Pero fue su trabajo de operario textil lo que le influyó de forma decisiva al identificar a la Lliga con la patronal intransigente con la que trataba. En consecuencia, asoció a los lligaires a todos los males, desde el caciquismo hasta el fomento del anarquismo (en detrimento del socialismo), y denunció que “aman mucho al terrer català, porque es rico y próspero para ellos; pero odian, desprecian y matan al pueblo obrero catalán”. De todo lo expuesto extrajo una rotunda conclusión: “los directores del catalanismo no cesan de laborar para crear un pueblo de castrados y soplones”.

Crítico con los intentos de hacer converger socialismo y catalanismo, polemizó con Josep Recasens i Mercadé y Joaquim Bueso el 1916 y con Rafael Campalans en 1923, cuando se creó la Unió Socialista de Catalunya (USC). Codina consideró que esta entidad era impulsada “por un grupo de intelectuales muy desocupados, ayudados por algunos señoritos de bolsillo proletario” y apuntó que no tenía futuro, dado el precedente que ofrecía en este sentido la fracasada Unió Federal Nacionalista Republicana de 1910. Por consiguiente, aplaudió al veterano Josep Comaposada cuando en 1925 dejó la USC y se reintegró al PSOE. El discurso anticatalanista de Codina se radicalizó y en 1931 consideró a la USC una variante del nazismo.

La expulsión de la UGT

Tales posicionamientos no le impidieron tener buenas relaciones con Manuel Serra i Moret y en julio de 1933 parece haber aceptado disciplinadamente la fusión de la Federació Catalana del PSOE y la USC. Sin embargo, esta decisión fue rechazada por la dirección del PSOE y las tensiones entre ambas organizaciones afloraron en abril de 1934, en el II Congreso del secretariado de la UGT celebrado en Barcelona. Entonces las secciones de la USC lo abandonaron y cuando Codina propuso en el cónclave que el secretariado del sindicato fuese ampliado y se reuniera semanalmente, los dirigentes ugetistas lo denunciaron como una maniobra “catalanista” y le expulsaron. Largo Caballero lo lamentó y Codina quedó desmoralizado: “Se me tiene por un indeseable sospechoso de catalanismo, ¡qué le vamos a hacer!”, escribió.

En este marco, cuando aquel año se rompió la rasgada unidad socialista, la agrupación de Manlleu decidió por unanimidad no volver al PSOE. A pesar de que desconocemos las razones que llevaron a Codina a permanecer en la USC, en ella posiblemente influyeron tanto su expulsión de la UGT como su pesimismo sobre el éxito del socialismo en el movimiento obrero catalán, pues en 1930 valoró que al cabo de 40 años de hacer política “si no está peor, en nada ha cambiado”.

Iniciada la Guerra Civil, formó parte del consistorio de Manlleu en representación del PSUC como edil de Abastos desde noviembre de 1936, al disolverse el comité local de milicias antifascistas. Del 20 al 29 de octubre de 1937 fue un efímero alcalde interino (por ser el concejal de más edad) y le sucedió en el cargo hasta el fin del conflicto su amigo Lladó, también del PSUC. Al acercarse las tropas franquistas Codina huyó en Francia con Lladó, pero a medio camino regresó convencido de no merecer represalias: “Estoy cansado y no me veo con fuerzas para huir. No he hecho nada”, explicó.

La ejecución

Los franquistas ocuparon Manlleu el 4 de febrero de 1939 y la delación de un vecino comportó su detención el día 21. El 5 de marzo fue trasladado a la prisión Modelo de Barcelona y se le instruyó un juicio sumarísimo, acusado de no haber impedido varios asesinatos durante la contienda en razón de su cargo de edil.

Codina lo negó con fundamento, puesto que en su expediente no figuró ningún hecho de sangre ni delito. Juzgado en la primera gran oleada represora franquista, su línea de defensa resultó inútil: cuando a alegó haber salvado a un carlista, un informe falangista manifestó que ello demostraba que “sabía anticipadamente los que se iban a asesinar”.

El día 13 se celebró su consejo de guerra y el fiscal le pidió “30 años de reclusión perpetua” [sic], pero el tribunal le condenó a muerte “como uno de los elementos más significados y responsables […] de Manlleu”. En un último acto de rebeldía se negó a firmar la notificación de la sentencia. Fusilado el día 29 de aquel marzo en el Campo de la Bota, los franquistas hicieron correr la voz de que antes de ejecutarle le obligaron a cantar el “Cara al sol”. Lo cierto es que Codina se desmayó al ser entregado al piquete de ejecución y murió inconsciente. Aunque se casó, no dejó descendencia. Casi 60 años después, en septiembre de 1997, recibió un homenaje póstumo al serle dedicada una calle en Manlleu.

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* Esta biografía fue publicada inicialmente como Full suplement 19 del butlletí de l’arxiu històric de la Fundació Rafael Campalans (diciembre 2008) con el título “Joan Codina Vivet, cooperativista i socialista”. ISSN: 1578-5718. Puede accederse a la versión original clicando aquí


LA DIADA Y EL CATALANISMO: HISTORIA DE LA FIESTA NACIONAL DE CATALUÑA*

septiembre 9, 2016

Via Lliure MeridianaPropaganda de la Assemblea Nacional Catalana de la concentración en la Meridiana.

¿CUÁL ES EL SIGNIFICADO DE LA DIADA? ¿Cuando se empezó a conmemorar? ¿Por qué en el Fossar de les Moreres se reúne el catalanismo más radical? ¿Qué cambios ha experimentado con el tiempo? Lo exponemos en este artículo publicado inicialmente en La Vanguardia

BarcelonaGrabado del asedio deBarcelona en 1714.

La fiesta nacional catalana -la Diada- conmemora la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 ante las tropas de Felipe de Borbón durante la guerra de Sucesión. El conflicto se originó al fallecer sin descendencia en 1700 el monarca Carlos II y extinguirse la línea dinástica de los Habsburgo. Entonces chocaron las pretensiones a la Corona hispánica de franceses y austriacos, encarnadas respectivamente por Felipe de Borbón y el archiduque Carlos de Austria. La mayoría de los catalanes se sumaron al segundo candidato y fueron vencidos.

Casanovas, unitario y oficial

Rafael_Casanova-11SPero la derrota no se conmemoró hasta finales del siglo XIX, cuando la Renaixença (el proceso de recuperación de las letras catalanas) rememoró gestas épicas como el Corpus de Sangre de 1640 o el sitio de 1714. Tal recuperación del pasado -destaca el historiador David Martínez Fiol- no fue una operación catalanista, pues resaltó la especificidad del Principado como elemento “enriquecedor de la nueva España liberal y nacional”.

La Diada inició su andadura en 1886, cuando el Centre Català organizó el 11 de septiembre una misa en Santa Maria del Mar por los muertos de 1714 “en defensa de las libertades catalanas”, aunque el sermón fue prohibido por presiones militares. “El templo no debe ser un club político”, se arguyó. En 1888 Rossend Nobas erigió la estatua a Rafael Casanova, quien en 1714 era conseller en cap de la ciudad y fue herido en su asalto final. Su monumento fue uno de los ocho dedicados a catalanes ilustres que entonces se ubicaron en el actual paseo Lluís Companys con motivo de la Exposición Universal de aquel año. El 7 de abril de 1889 la efigie ya congregó una protesta contra un nuevo Código Civil que amenazaba al derecho civil catalán.

Así las cosas, el 11 de septiembre de 1891 el Foment Catalanista organizó una velada patriótica otorgando un carácter reivindicativo al acto e inició la tradición de publicar esquelas de los “mártires de 1714” en la prensa. En 1894 empezaron las ofrendas florales y en 1905 varias entidades catalanistas organizaron la celebración de forma unitaria. En 1914 la estatua de Casanova se trasladó a su emplazamiento actual (donde supuestamente fue herido), siendo muy concurrida aquella Diada al cumplirse el bicentenario de los hechos.

De modo paralelo, en 1913 tuvo lugar la primera concentración catalanista en el fossar de les Moreres (un camposanto que acogía restos de defensores de 1714), impulsada por el colectivo catalanista Néts dels Almogàvars. Ese año se colocó allí una lápida con los populares versos que Frederic Soler escribió en 1882: “Al fossar de les moreres /no s’hi enterra cap traïdor /fins perdent nostres banderes /serà l’urna de l’honor”.

El Fossar, radical y combativo

FossarEn este marco, la escultura de Casanova devino un símbolo oficialista y el fossar el lugar de cita de sectores que se reclamaban “puros” y combativos ante los moderados. Era lógico, pues allí -señaló el historiador Pere Anguera- se homenajeaba al “combatiente anónimo” y “privado del derecho de pasar a la historia”.

La Diada, en síntesis, se configuró a finales del siglo XIX y -como subrayó Anguera- es “la festa nacional més antiga i de més llarga tradició a Espanya”. Por el camino quedaron otras opciones: en 1905 una entidad catalanista propuso conmemorar el Corpus de Sangre; en 1910 Enric Prat de la Riba cuestionó celebrar una derrota en lugar de evocar a reyes como Jaime I o Pere el Gran; y en 1917 el republicanismo catalán descontento con la Lliga rindió culto a la estatua de Pau Claris (quien en 1641 proclamó una República Catalana).

Un barómetro político

1714-1938La festividad arraigó y retuvo fidelidades cuando se prohibió bajo la dictadura de Miguel Primo de Rivera, vigente entre 1923 y 1930. Instaurada la Segunda República en 1931, la Diada cobró un perfil institucional alto, pues intervino en ella el presidente de la Generalitat y su alocución se radió. El estallido de la Guerra Civil en 1936 la potenció como ejemplo de resistencia heroica y le confirió carácter bélico: participó la CNT, desfilaron milicias y se efectuaron colectas contra el fascismo.

Su nueva prohibición por la dictadura de Franco entre 1939 y 1975 no evitó las convocatorias clandestinas (pese a ser retirada la estatua de Casanova). En 1967 el sindicato CC.OO. se sumó al comité organizador y reflejó que los sectores sociales surgidos de la inmigración no quedaban al margen de la efeméride. Fallecido el dictador, la Diada resurgió espectacularmente: en 1976 fue convocada en Sant Boi de Llobregat (donde estaba enterrado Casanova) y acudieron cien mil personas y el año siguiente, cuando la escultura de Casanova fue devuelta a su lugar, lo hicieron un millón en Barcelona. La democracia la institucionalizó, ya que el 12 de junio de 1980 el Parlament catalán declaró Fiesta Nacional el 11 de septiembre.

Este panorama cambió con la Diada del 2012, al reflejar un giro independentis-ta súbito y masivo, visible en convocatorias posteriores de eco internacional gracias a las redes sociales y a coreografías visi-bles desde el aire. La festividad parece así reinventarse como un acto reivindicativo presidido por la señera estelada y adaptado a la espectacularidad mediática de la era global.

BARCELONA. 11.09.2014 Onze de setembre Diada v Via Catalana. FOTO FERRAN SENDRA

Diada de Barcelona del 11 de septiembre de 2014 (foto de Ferran Sendra)

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* X. Casals, “La Diada y el catalanismo”, La Vanguardia (11/IX/2015). Este artículo fue publicado originalmente en septiembre de 2015 en el blog, pero peticiones de nuestr@s lector@s nos han llevado a reeditarlo.

 


LAS CONTRADICCIONES DE LA CUP*

agosto 26, 2016

Asamblea de elección del nuevo secretariado de la cup

Elección del nuevo secretariado de la CUP (imagen de la web de la CUP)

¿SE RESOLVERÁ LA CRISIS DE LA CUP CON SU NUEVO SECRETARIADO NACIONAL? Lo vemos improbable y posiblemente la formación está abocada a la inestabilidad permanente por varias razones que exponemos a continuación.

Entre el gobierno y la protesta

Sobre la CUP existen dos planteamientos muy extendidos. Uno apunta que en ella conviven “dos almas”: la social y la nacional. De este modo, el exdiputado de la CUP Josep Manel Busqueta ha afirmado que la formación tiene una militancia metropolitana “netamente anticapitalista” y una rural de planteamientos “más patrióticos”. El otro enfoque contrapone un dogmatismo de su organización Endavant con un talante más abierto de Poble Lliure. La historiadora y miembro de la CUP Blanca Serra lo ha formulado así: “el sector Endavant […] son muy sectarios… Y […] el sector del Poble Lliure […] tiene una visión más reflexiva sobre el proceso”.

Desde nuestra óptica, los problemas de la CUP no surgen sólo de estas tensiones, sino también de un problema estructural: el hecho que en su seno coexista una cultura de gobierno y otra de protesta. La primera, pragmática, es muy visible en la política local, como ilustra el caso de Berga (el municipio más grande que gobierna el partido con más de 16.000 habitantes), donde la necesidad de sanear la hacienda ha hecho aplazar propuestas rupturistas. En cambio, los vaivenes del partido ante la investidura de Artur Mas y su veto en los presupuestos de Carles Puigdemont plasman la cultura de la protesta. Este conjunto de tensiones hace imprevisible la acción de la CUP y parece difícil que traslade al parlamento su experiencia de gestión adquirida en el mundo local con buenos resultados.

El coste de crecer

A la vez, estas contradicciones han sido los síntomas más visibles de los dos riesgos que amenazaban al partido antes de crecer electoralmente y que Julià de Jòdar y David Fernàndez indicaron a Cop de Cup (2012, traducido al castellano con el título CUP): “[la CUP] tiene miedo de ganar y le hace pánico verse subsumida dentro del sistema”. Igualmente, el blog El pati descobert (Ara, 5/I/2015) señaló que la CUP debía optar entre la lógica previa a su crecimiento, de movimiento social, y la nueva, de presencia institucional. Sin un equilibrio entre ambas podía romperse o devenir marginal. Estas observaciones subrayan la dificultad de la CUP para hallar un encaje entre la Realpolitik (que conduce a pactos poco gratificantes) y la oposición afilada que preserva intacta su radicalidad.

Contra el statu quo?

Curiosamente, tras los comicios del 27-S de 2015 toda la negociación postelectoral de la CUP, la formación “anti-líderes” por excelencia, giró en torno a una persona (Artur Mas) y no sobre aquello que sería propio de una formación tan ideologizada: las políticas del futuro gobierno catalán. Su veto a los presupuestos corroboró que la decisión inicial de apoyar a Puigdemont no clarificó la apuesta de gobierno que etsa formación hizo por Junts pel Sí. Visto el episodio con distancia, parece que entonces la CUP estuvo más preocupada por elegir al nuevo presidente que por la acción de su futuro gabinete.

En este aspecto, si bien la CUP pretende enfrentarse con el statu quo, no está claro que sus decisiones estratégicas la hagan avanzar en esta dirección. Lo ilustran dos consecuencias importantes del mencionado veto a los presupuestos. Por una parte, ha hecho que estos sean los “más obedientes” del Estado, ya que al prorrogar los del 2015 debe destinar automáticamente los ingresos extraordinarios de este año a enjugar el déficit público. Por otra parte, según la profesora de Derecho Constitucional Isabel Giménez (agendapublica.es, 9/VI/2016), este veto no permitirá financiar las disposiciones de las leyes de transitoriedad jurídica que deben marcar la ruptura con el Estado y que paradójicamente la CUP considera prioritarias.

El riesgo de encogerse

El partido, con sólo 10 escaños, logró el 27-S una posición privilegiada. Pero si bien es consciente de su fuerza, no parece serlo bastante de sus límites: representa únicamente el 8.2% del voto independentista y como actor minoritario difícilmente podrá marcar la hoja de ruta a los mayoritarios (39.6%), y este tema no es menor para comprender sus relaciones con Junts pel Sí. En este marco, la formación anticapitalista no parece capaz de obtener réditos de su rol arbitral.

En definitiva, la CUP se ha hecho grande sin saber qué quiere ser, conoce tensiones y contradicciones por este hecho y el precio que puede pagar es el regreso a la marginalidad: un sondeo de junio le atribuyó sólo tres escaños de celebrarse ahora nuevas elecciones (La Vanguardia, 19/VI). Y es que, empleando una conocida metáfora de la CUP, la sombra de la “papelera de la historia puede ser peligrosamente alargada.

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* Este artículo se publicó originalmente en catalán con el título “Les contradiccions de la CUP” en el diario Ara (3/VII/2016)