ARNAU GONZÀLEZ I VILALTA: “LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA ESTUVO ENCIMA DE LA MESA DE LOS MINISTERIOS DE EXTERIORES DE EUROPA”

noviembre 26, 2017

 

EL HISTORIADOR ARNAU GONZÁLEZ I VILALTA  (Barcelona, 1980) es profesor del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universitat Autònoma de Barcelona desde 2007. Es autor de una quincena libros sobre el periodo republicano español, la Cataluña de entreguerras, el nacionalismo catalán y la diplomacia europea. Entre otros destacan en el ámbito diplomático Cataluña bajo vigilancia. El Consulado italiano y el Fascio de Barcelona (1930-1943), PUV, 2009; Quan Catalunya preocupava a Europa. Diplomàcia i premsa internacional durant la Guerra Civil, Base, 2014. En estos momentos está preparando una amplia síntesis de las miradas diplomáticas y periodísticas de la Cataluña republicana después de un largo trabajo de archivo alrededor del continente americano y de la mayoría de países europeos.

Ahora ha comisariado la exposición “Une Catalogne Indépendante? Geopolítica y Guerra Civil (1936-1939)”, que explica cómo durante la contienda española las cancillerías europeas y americanas y la prensa internacional valoraron seriamente una eventual proclamación de la independencia de Cataluña. Asimismo, ha coordinado un libro colectivo homónimo –Une Catalogne Indépendante?– en el que han participado destacados académicos (como Enric Ucelay-Da Cal, Xosé Manoel Nuñez Seixas o Josep Sánchez Cervelló). La muestra puede visitarse en Barcelona, en el Memorial Democràtic, hasta el 2 de marzo de 2018.

 

Dado que esta cuestión no había sido abordada hasta ahora con amplitud (si bien existen diversos trabajos al respecto) y la consideramos de interés para nuestr@s lector@ hemos entrevistado a Arnau González. Le agradecemos su amabilidad al responder a nuestras preguntas. Asimismo, las diversas imágenes reproducidas a continuación pueden contemplarse en la exposición.

¿Se planteó seriamente la independencia de Cataluña durante la Guerra Civil?

Ciertamente estuvo encima de la mesa de los ministerios de exteriores de la Europa del 1936-1939, fue objeto de constante análisis en la prensa occidental -democrática y dictatorial-, así como sobrevoló la política catalana y española de ambos bandos de manera evidente. De hecho gran parte de los desacuerdos entre la Generalitat de Cataluña y los gobiernos de Francisco Largo Caballero y Juan Negrín así como con Manuel Azaña, provienen de esa opción. Una posibilidad que estaba ahí, que parecía moverse entre el rumor, la propaganda interesada y la realidad factible. La documentación diplomática y la prensa de todo el mundo lo acredita de manera apabullante.

¿Una Cataluña independiente habría tenido algún apoyo de las grandes potencias? 

Creo que esa no es la pregunta. El principal interrogante y de eso se trataba era: ¿Qué puede sacar de una Cataluña soberana cada potencia? Porque la mirada europea -y americana en menor medida- pondría el ojo en Cataluña por su especial e interesante situación geoestratégica. En una Europa próxima a una nueva conflagración continental, el lugar ocupado por el territorio catalán, al sur de los Pirineos y con una costa muy interesante y próxima a Menorca, podía ser de especial interés para Francia.

De hecho, la ayuda francesa, en forma de protectorado o de ocupación directa por parte de l’Armée, sería lo que se plantearía más seriamente, tanto en 1936 como en diferentes momentos de 1938-1939. Se valoraba ocupar Cataluña segregándola de España para romper el cerco al que Hitler, Mussolini e hipotéticamente Franco acabarían sometiendo al Hexágono. Eso, junto al interés de la Marine Nationale para evitar la conexión marítima mediterránea de Italia con España (este-oeste) para cortar las línias norte-sur (Europa-África Francesa del Norte), decidiría París a planteralo seriamente.

Los británicos no se mojaban, esperaban acontecimientos. Los alemanes estaban en contra, aunque se mostrasen dispuestos a no cerrar su consulado en Barcelona, mientras que la URSS no se mostró nunca favorable a esa opción.

 

Cartel francés de 1936 alertando sobre unos Pirineos convertidos en vía de entrada del enemigo alemán: “¿Francés, quieres que esto sea posible mañana”? Queda patente así la importancia estratégica de Catalunya.

¿Los líderes del bando republicano contemplaron esta posibilidad?

Absolutamente. Tantos los jefes de gobierno como el presidente de la República mantuvieron un constante desencuentro con Lluís Companys y la Generalitat con sus principales líderes Josep Tarradellas o Carles Pi i Sunyer, a tenor de las informaciones sobre sondeos de los delegados de la Generalitat en las principales capitales de Europa.

De hecho, por ejemplo, y en pro de no dar ningúna presencia en la esfera internacional, a finales de 1936 tanto Francisco Franco como Largo Caballero se negaron a firmar un tratado de evacuación de no combatientes de ambas zonas porque el documento llevaba la firma de Companys y el Lehendakari José Anotnio Aguirre. Unos y otros afearon a la Cruz Roja Internacional, promotora del pacto, que hubiera equiparado a una “província” más con el Estado español.

¿Y los del bando franquista?

Sólo deben recogerse los temores de sus aliados italianos y alemanes para entender que la incursión francesa en Cataluña, de haberse producido, hubiera desatado un conflicto de consecuencias impredecibles. De hecho, los ministros de exteriores de Hitler y Mussolini llegarían a explicitar por escrito en un acuerdo más amplio la oposición a “la creación y consolidación de un estado catalán”. Lo firmarían en octubre de 1936 Konstantin von Neurath y Galeazzo Ciano. No obstante, en alguna ocasión el Duce llegaría a pedir a Franco que abandonase Cataluña y se centrara en ganar la guerra en el resto de la Península. Del mismo modo, el Vaticano y el propio Papa se mostrarían alarmados por la posibilidad de la eventual constitución de una Cataluña soviética.

Por su parte, la propaganda rebelde habló de ello en manifiestas ocasiones, especialmente vinculando esta opción a una ayuda soviética que derivaría en la creación de una República Comunista Catalana. Cosa que provocó el pavor, entre real y propagandístico, entre todos los círculos católicos y conservadores europeos y americanos.Por otro lado, a Franco le plantearon en diversas ocasiones esta cuestión ciertos periodistas, mientras que algunos de sus acólitos como Gonzalo Queipo de Llano lanzaban mensajes amenazadores ante en relación a una secesión catalana. Cabe entender la actitud castellanizadora que manifestó el franquismo teniendo en cuenta esta realidad.

 

Propaganda franquista alertando del peligro de separación de Cataluña y el País Vasco durante la contienda.

¿Puede trazarse alguna analogía entre el pasado y la actualidad?

Las analogías las carga el diablo. Los contextos entre 1936-1939 y el presente son tan alejados que sólo podemos especular y plantearnos, diría yo, si hay líneas de continuidad. Especialmente en las actitudes de los movimientos nacionalistas españoles. En ese sentido, más allá de advertir una analogía en la unión de quienes defienden España por encima de ideologías opuestas, lo demás ha cambiado todo.

Así, en los años treinta en Cataluña no había separatistas, ahora los hay; entonces todo el mundo era catalanohablante, ahora sólo lo es la mitad de la población; igualmente, se pretendía que la independencia fuera un gesto de una élite política -como siempre se habían hecho las independencias- y ahora se pretende hacerlo a través del refrendo de los ciudadanos; los pequeños estados no tenían garantizada su supervivencia y en estos momentos no se plantea la solución de conflictos identitarios por la fuerza de las armas, a pesar de lo sucedido en Kosovo o Crimea. 

En último lugar, en los años treinta la comunidad internacional era extremadamente agresiva y no contaba con acuerdos continentales, de modo que la guerra europea podía estallar en cualquier momento. Hoy en día eso es imposible.

La exposición tiene piezas muy curiosas. ¿Hay alguna que quiera destacar?

Sin lugar a dudas. Al margen de crear un producto expositivo que no concede argumentos a nadie en la actualidad, hemos conseguido un muy buen repertorio de piecas. Entre las más curiosas, por poco difundidas, destaca el primer cartel que se puede visualizar al entrar en la exposición y en el que la propaganda franquista explica como Francia quería aprovecharse de la guerra para, con los “traidores” catalanistas y vasquistas, apropiarse de Cataluña y Euskal Herria [es la imagen anterior que ilustra la entrevista].

Y, en segundo lugar, el documento del 21 de noviembre del 1938 redactado por Nicolau Mª Rubió i Tudurí, que no se llegó a enviar y que propone al Gobierno de Francia ayudar a Cataluña a quedar fuera de la guerra de España a cambio de que la Generalitat provoque un golpe de Estado contra el presidente Negrín que facilite la derrota de la República y el fin de la guerra [reproducido a continuación].

 


INDEPENDENTISMO Y ULTRADERECHA, UN BINOMIO INSEPARABLE*

octubre 29, 2017

Propaganda de la Plataforma Adelante Cataluña (2007).

HECHOS COMO LAS AGRESIONES ULTRADERECHISTAS DE VALENCIA EL 9 DE OCTUBRE o la concentración extremista de Zaragoza el 24 de septiembre contra el encuentro de cargos electos convocado por Podemos proyectan la idea de que el ultranacionalismo español repunta con el secesionismo catalán y puede irrumpir políticamente. ¿Es así? Lo respondemos a continuación a partir de tres reflexiones.

La movilización actual contra la secesión no es una novedad

Al valorar la situación actual se debe tener presente que las manifestaciones agresivas contra la independencia son inherentes al ultrapatriotismo español desde sus orígenes. Este surgió a fines del siglo XIX para oponerse al secesionismo cubano y con la derrota de 1898 arraigó el temor a que el regionalismo convirtiera en Cataluña en una “segunda Cuba”. Ya en 1918 la llamada Liga Patriótica Española [LPE] denunció que había catalanistas deseosos de lograr una independencia “impuesta mediante el mandato de Europa”, aprovechando la conferencia de paz de la Gran Guerra.

Esta idea persistió y en septiembre de 1934 (la vigilia de los “hechos de octubre”) José Antonio Primo de Rivera creía que la Generalitat proclamaría la independencia con apoyo internacional y el Estado se tendría que enfrentar a “la anti–España de las potencias europeas”. El miedo al troceamiento de España reapareció durante la Transición, cuando la ultraderecha vio el catalanismo como el primer paso cabe el separatismo. Hoy, pues, contemplamos la enésima movilización contra la ruptura de España.

Presencia en la calle no quiere decir votos a las urnas

En el marco actual parece difícil que la extrema derecha obtenga réditos en las urnas porque –cómo veremos- no tiene una fuerza vertebrada que aglutine al grueso de su espectro ideológico ni líderes conocidos. Además, hace falta no olvidar que hacer bandera de temas que inquietan a la sociedad (en este caso la unidad de España) no implica un apoyo mecánico a las urnas.

Puede ilustrarlo la ultraderechista Plataforma Adelante Cataluña, que concurrió a los comicios autonómicos de 2006 con el lema “¡Defendemos Cataluña, Defendemos España!” y preconizó derogar el nuevo estatuto y defendió el bilingüismo. Incluso su lema del 12-O del 2007 fue el que se ha impuesto este año: “Orgulloso de ser español”. Pese a ello, sólo captó 2.529 votos por su marginalidad.

El ultraespañolismo puede iniciar un proceso de acumulación de fuerzas

En gran medida el futuro cercano de la extrema derecha depende de cómo Mariano Rajoy afronte el conflicto de Cataluña: si no evita que este se cronifique o decepciona a los sectores ultrapatriotas puede crearse un espacio político a su derecha. Pero ello no implica necesariamente que irrumpa en el Congreso una opción extremista, porque hoy sólo hay dos fuerzas que difícilmente pueden competir con éxito con el PP: Vox y la federación Respeto (que reúne la PxC, España 2000 y el Partido por la Libertad).

¿Qué podemos concluir de lo expuesto? Que el ultranacionalismo español, espoleado por el secesionismo, hoy –más que devenir capaz de vertebrar una alternativa al PP- conforma un potente grupo de presión. Llegados aquí se divisan dos eventuales escenarios: uno es que el mapa político no conozca cambios porque Rajoy es capaz de aglutinar a este electorado belicoso (sin que esto implique que el PP sea de ultraderecha); el otro es que este ultrapatriotismo inicie un proceso de acumulación de fuerzas ideológicamente transversal, como ha hecho el independentismo desde 2012. Si sucede esto último, posiblemente más temprano que tarde se visualizará a la política española por vías ahora difíciles de prever, como pueden ser –entre otras posibles plasmaciones- la eclosión de partidos, asociaciones o una involución autonómica.

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* Este artículo fue publicado originalmente en catalán como Xavier Casals, “Independentisme vs. ultradreta: un binomi inseparable”, Ara (15/X/2017).


¿RESURGE EN ESPAÑA LA ULTRADERECHA?*

octubre 15, 2017

Manifestantes de ultraderecha (foto de EFE en www.eldiario.es).

LAS AGRESIONES ULTRADERECHISTAS QUE TUVIERON LUGAR CONTRA MANIFESTANTES DE IZQUIERDA E INDEPENDENTISTAS EL 9 DE OCTUBRE EN VALENCIA han puesto sobre la mesa una pregunta recurrente: ¿Asistimos finalmente al ascenso de la extrema derecha en España? La cuestión es pertinente en la medida que el episodio citado fue precedido por otros dos llamativos. Uno fue que entre los asistentes a la concentración multitudinaria de Barcelona del 8 de octubre figuraban colectivos extremistas y se profirieron insultos a los Mossos y gritos de “Puigdemont a prisión” (que desautorizó Sociedad Civil Catalana, entidad convocante). Otro sucedió en Zaragoza el 24 de septiembre. Entonces hasta 600 ultraderechistas se agruparon en un pabellón donde se celebraba una asamblea de cargos electos de toda España convocada por Podemos y la presidenta de las Cortes de Aragón fue agredida por los concentrados con una botella de agua.

Aparentemente, pues, la extrema derecha parece rebrotar. Pero tal percepción no se ajusta necesariamente a la realidad, lo que argumentamos mediante las respuestas a tres cuestiones planteadas a continuación.

1. ¿El independentismo hace crecer las filas de la ultraderecha?

Debemos tener en cuenta que una cosa es que el separatismo catalán movilice y galvanice a este sector ideológico y otra muy distinta es que sus partidos logren presencia institucional significativa. En este aspecto es importante destacar que el separatismo ha sido un enemigo esencial de la extrema derecha española desde sus orígenes en el siglo XX. Y -por ejemplo- José Antonio Primo de Rivera en 1934 ya manifestó literalmente que un a “República independiente de Catalunya” no era “nada inverosímil”. Por tanto, no debe sorprender la vistosa combatividad ante el separatismo del ultranacionalismo español.

Ahora bien, que esta última se convierta en votos es harina de otro costal por dos razones. Una es que desconocemos la magnitud de sus seguidores: si bien los incidentes que estos protagonizan generan una cobertura mediática amplia, sus autores pueden reducirse a unos centenares. En este sentido, se da la paradoja de que la ultraderecha es una minoría institucionalmente irrelevante, pero de visibilidad desmedida. La segunda razón es que aunque sus seguidores aumenten no tiene porqué producirse de forma mecánica un salto cualitativo de sus siglas en votos.

2. ¿La crisis actual puede crear un espacio a la derecha del PP?

Es imposible ofrecer una respuesta clara a este interrogante porque ignoramos el desenlace del proceso político abierto en Catalunya. De este modo, ignoramos si el PP podrá presentarse como un gestor exitoso de la crisis ante los sectores ultranacionalistas más beligerantes (aquellos eventualmente identificados con la consigna “¡A por ellos!”). En este sentido, los ultrapatriotas pueden desempeñar un papel destacado en el conflicto al constituir un lobby de presión si el Gobierno, para satisfacer a este electorado más belicoso, opta por una política de dureza en relación al contencioso.

El tema no es baladí porque si el PNV no aprueba los presupuestos el año próximo se deberán convocar comicios y Mariano Rajoy podría presentarse entonces como el adalid de la unidad de España, lo que le podría beneficiar en las urnas. Pero si el problema de Catalunya se cronifica o el ejecutivo estatal es percibido como incapaz de atajarlo puede crearse un espacio de protesta a su derecha que podría ocupar una opción ultranacionalista española. Sin embargo, esta última posibilidad tampoco debe comportar per se la eclosión institucional de la extrema derecha.

3. ¿Quién puede ocupar hoy un espacio a la derecha del PP?

Para que se produzca un despuntar ultraderechista estatal no basta que exista un espacio político. Este es una condición imprescindible para su desarrollo, aunque insuficiente porque es necesario que también exista un partido capaz de ocuparlo, algo que por ahora no se vislumbra.

Por una parte, la Plataforma per Catalunya [PxC] y España 2000 en la Comunidad Valenciana experimentaron un severo varapalo en los comicios locales de 2015 que puso fin a su crecimiento en la esfera municipal. De este modo, España 2000 pasó de 8.066 sufragios (0.3%) y 4 ediles a 5.845 sufragios (0.2%) y 1 edil. El caso de PxC fue más dramático: pasó de 65.905 votos (2.3%) y 65 ediles (dos de ellos en L’Hospitalet, segunda urbe catalana en población) a 27.348 votos (0.8%) y 8 ediles. Así las cosas, la derecha populista española es un yermo en el que destacan la federación Respeto (que aglutina a PxC, España 2000 y el Partido por la Libertad [PxL]) y Vox, que en las elecciones europeas de 2014 cosechó 246.833 votos (1.5 %). Ninguno de ambos rótulos cuenta con presencia institucional relevante, liderazgos conocidos por amplios sectores sociales y capacidad inmediata de erigirse como una oferta competitiva.

En tal sentido, las elecciones europeas de 2014 aportan una enseñanza importante en relación a la extrema derecha y es que esta tuvo una presencia insignificante en los países más afectados por la crisis económica: Portugal, España, Irlanda, Chipre y Grecia. Se objetará que en este último caso se alumbró dos formaciones extremistas (Amanecer Dorado y Griegos Independientes), pero ambas suman el 12.8% de los votos, cifra muy alejada -por ejemplo- del 24.9% del lepenismo o del 26.7% del UKIP “brexiter”. La causa de esta diferencia en el voto es simple: la crisis económica y la de los refugiados beneficiaron a partidos de extrema derecha competitivos y presentes en las instituciones políticas, pero no los crearon donde estaban ausentes.

Conclusión: cualquier pronóstico es arriesgado

Pese a lo expuesto, se impone prudencia al hacer un balance. ¿El motivo? si algo enseña el contencioso de Catalunya es que la política estatal ha devenido una montaña rusa que genera nuevos escenarios con rapidez inusitada y el tablero político experimenta cambios inesperados . En esta situación convulsa es importante recordar que el analista Carles Castro apuntó en enero que una opción de “españolidad radical” tendría una bolsa potencial de un millón de votantes, que podría aumentar si confluía con un mensaje crítico sobre la inmigración ( La Vanguardia, 7/I/2017 ) . Por consiguiente, aunque es improbable una eclosión institucional de la ultraderecha, toda cautela es poca al trazar previsiones a corto y medio plazo.

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* Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “¿Resurge en España la ultraderecha?”, www.eldiario.es (14/X/2017).


¿POR QUÉ DESDE LA ULTRADERECHA EUROPEA SE APOYA AL SECESIONISMO CATALÁN?

octubre 7, 2017

Diputados de la Lega Nord luciendo camisetas con la bandera separatista catalana en el parlamento italiano (foto del blog Terra i Poble).

EL INDEPENDENTISMO CATALÁN HA RECIBIDO APOYO DE SECTORES DE DERECHA POPULISTA EUROPEA. ¿Por qué?

Ha existido un apoyo táctico del eurófobo Partido de la Independencia del Reino Unido, el UKIP [United Kingdom Independence Party]. Este último criticó la represión policial en Cataluña y su exlíder Nigel Farage señaló la pasividad de la Unión Europea ante la represión policial en Cataluña para poner de manifiesto su pretendida inoperancia ante problemas graves y reivindicar al Brexit, del que su partido hizo bandera: “Nunca hubiera pensado que vería a la Policía de un Estado miembro hiriendo a 900 personas en un intento de frenarles para que no votaran, sea legal o no, solo por expresar su opinión”, afirmó. Denunció asimismo que era “increíble que Juncker no diga nada” y exaltó la salida de Gran Bretaña de la UE: “Gracias a Dios que nos vamos, el ‘brexit’ ha sido un acto de liberación”. En esta misma línea de actuación, por ejemplo, se sitúan las denuncias de la represión en Cataluña por parte de Geert Wilders, dirigente del Partido por la Libertad [Partij voor de Vrijheid].

Sin embargo, el apoyo de la extrema derecha se explica también por una cuestión de fondo y de mayor calado. Y es que, por una parte, existen partidos que defienden Estados-nación, como el Frente Nacional [Front National] que lidera Marine Le Pen.  La formación se posicionó de manera clara y frontal contra el independentismo catalán ya en 2016, al ser escogido Carles Puigdemont presidente de la Generalitat.

Pero, por otra parte, existen formaciones que defienden naciones carentes de Estado, como Interés Flamenco [Vlaams Belang, el antiguo Vlaams Blok] o la Liga Norte [Lega Nord]. De ese modo, el apoyo a la independencia catalana ya se plasmó de forma vistosa en 2013 cuando asistieron al parlamento con camisetas que tenían una bandera “estelada” impresa. Precisamente, el actual apoyo de la Liga al separatismo catalán ha provocado tensiones con su socio electoral, Hermanos de Italia [Fratelli d’Italia], que concibe a Italia como un Estado nación.

Asimismo, Heinz-Christian Strache -líder del Partido de la Libertad de Austria, el FPÖ [Freiheitliche Partei Österreichs] empleó la represión policial del 1-O en Cataluña para cuestionar a la UE (“Unas imágenes increíbles que dejan sin palabras. ¿Dónde está la condena de la UE?”). Sin embargo, el líder del FPÖ defiende también la autodeterminación de los pueblos, principio que también suscribió la Plataforma per Catalunya [PxC] en mayo de 2010. De hecho, esta cuestión acabó influyendo en una escisión independentista de la formación, Som catalans.

En suma, en los apoyos de extrema derecha al independentismo confluyen tacticismo para cuestionar a la UE, pero también una concepción ultraderechista de Europa que cuestiona los Estados nación.


EL PROCESO INDEPENDENTISTA CATALÁN: LA ECLOSIÓN DE UN MOVIMIENTO DE PROTESTA “DESDE ABAJO” (2003-2015)

septiembre 24, 2017

Manifestación independentista de septiembre de 2012 (imagen de EFE en ABC)

¿CUANDO EMPEZÓ EL MOVIMIENTO  SECESIONISTA? En general, se sitúa su punto de partida en la sentencia del Tribunal Constitucional [TC] de 2010 sobre el nuevo estatuto catalán, pero en sucesivos trabajos hemos señalado que existía un profundo movimiento que combinaba protesta cívica, desafección política y demanda de democracia directa que empezó a despuntar en los comicios locales de 2003.

De hecho, consideramos que la visión “desde abajo” es la única que permite entender las dinámicas políticas catalanas. De este modo, en nuestro ensayo El oasis catalán (2010) -publicado antes de hacerse pública la sentencia citada del TC-  señalamos ya que se avecinaban importantes movimientos de insumisión cívica como reflejo de una protesta sorda y creciente (p. 265):

[…] Pues bajo la superficie del oasis que Cataluña acaso nunca fue, las aguas andan cada vez más agitadas por discursos populistas de derechas e izquierdas en los que probablemente anida una “secesión ligera”. Y es que -a diferencia del País Vasco- en Cataluña no hay violencia política; ni –hasta el momento- abundan grandes manifestaciones callejeras; ni tampoco se tiende a magnas escenificaciones de política gestual. Pero esto no implica que su sociedad esté resignada. Al contrario, sostenemos que el malestar descrito incuba una sorda irritación que no sería extraño que se manifestara en súbitas explosiones políticas o sociales. De hecho, el título de la obra mencionada de [Paolo] Rumiz describe gráficamente la Cataluña del presenteLa secessione leggera. Dove nasce la rabbia del profondo Nord (La secesión ligera. Donde nace la rabia del norte profundo).

A continuación reproducimos un artículo académico publicado en 2015 que sintetizaba estas tesis y que ofrece una perspectiva para comprender la dinámica independentista. Su referencia es X. Casals, “La Cataluña emergente. Secesionismo y dinámicas populistas europeas”, Tiempo devorado. Revista de historia actual, 3 (diciembre 2015), pp. 18-33.

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La Cataluña emergente. Secesionismo y dinámicas populistas europeas

Las elecciones autonómicas del 27 de septiembre del 2015 han configurado el Parlamento catalán más complejo desde 1980 y han reflejado la pujanza del secesionismo, que suma 72 escaños de un total de 135 y el 47.7% de los votos: casi dos millones de sufragios (1.957.348 exactamente). Este auge del independentismo ha sido súbito, pues su apoyo multitudinario se hizo visible por vez primera en la Diada o fiesta nacional de Cataluña del 11 de septiembre del 2012. Esa jornada tuvo lugar una gigantesca manifestación bajo el lema: “Cataluña, nuevo estado de Europa” que inició una dinámica de grandes movilizaciones en torno a dos elementos esenciales de la retórica populista: la sacralización del “pueblo” como depositario de la soberanía y la exaltación de un plebiscito para decidir si Cataluña debe ser un Estado como acto supremo de plasmación.

Pese a que análisis simplistas han mostrado esta evolución como un giro estratégico de la coalición Convergència i Unió liderada por Artur Mas (presidente catalán desde el 2010) para conservar el poder, las dinámicas que han abocado a la situación actual han sido complejas y, sobre todo, han emanado de abajo a arriba. De este modo, Mas se sumó a la oleada independentista que eclosionó el 2012, pero no la creó ni mucho menos la controla. Así las cosas, este ensayo pretende ofrecer claves para comprender como se incubó y alumbró este “tsunami secesionista” y analizar sus dinámicas relevantes. En este sentido, consideramos que la eclosión del separatismo se enmarca en un proceso que ha convertido a Cataluña en laboratorio político de España, al interactuar aquí la crisis económica con una doble desafección: hacia el Estado y hacia la propia clase política catalana.

Seguir leyendo el texto íntegro aquí

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ABSTRACT

The secessionist process initiated in Catalonia in 2015 is commonly referred to as a struggle between independence supporters and opponents. However, this process sets up a multifaceted phenomenon to the extent that it stems from a double political disaffection (to the state and to the Catalan political class) began in 2003 and has interacted with the impact of the economic crisis. This study analyzes the genesis and development and aims to demonstrate that their political dynamics have turned Catalonia in Spain and political laboratory have created a powerful plebiscitary populism.

Keywords: Catalonia, disaffection, political laboratory, populism, plebiscite, referendum secession

RESUMEN

El proceso secesionista iniciado en Cataluña en el 2015 es contemplado habitualmente como una pugna entre partidarios de la independencia y sus oponentes. Sin embargo, este proceso configura un fenómeno poliédrico en la medida que es fruto de una doble desafección política (hacia el Estado y hacia la propia clase política catalana) iniciada en el 2003 y que ha interactuado con el impacto de la crisis económica. Este estudio analiza su génesis y desarrollo y pretende demostrar que sus dinámicas políticas han convertido a Cataluña en el laboratorio político de España y han originado un poderoso populismo plebiscitario.

Palabras clave: Cataluña, desafección, laboratorio político, populismo, plebiscito, referéndum, secesión.

RESUM

El procés secessionista iniciat a Catalunya el 2015 és contemplat habi-tualment com una pugna entre partidaris de la independència i els seus oponents. No obstant això, aquest procés configura un fenomen polièdric en la mesura que és fruit d’una doble desafecció política (cap a l’Estat i cap a la pròpia classe política catalana) iniciada el 2003 i que ha interactuat amb l’impacte de la crisi econòmica. Aquest estudi analitza la seva gènesi i desenvolupament i pretén demostrar que les seves dinàmiques polítiques han convertit a Catalunya en el laboratori polític d’Espanya i han originat un poderós populisme plebiscitari.

Paraules claus: Catalunya, desafecció, laboratori polític, populisme, plebiscit, referèndum, secessió.

 


EL TRASFONDO DEL REFERÉNDUM CATALÁN: UNA INSUMISIÓN CÍVICA DE MASAS QUE YA ADVERTIMOS EN 2012

septiembre 8, 2017

El parlamento de Cataluña al votar las leyes de transitoriedad jurídica (foto de Toni AlbirEfe).

EL TRASFONDO DEL REFERÉNDUM CATALÁN ESUNA INSUMISIÓN DE MASAS. Tal cosa no debería sorprender: ya hace más de cinco años advertimos que Cataluña se dirigía hacia este horizonte. Lo hicimos en un artículo publicado el 3 de mayo de 2012 en el diario catalán Ara (#novullpagar o l’iceberg de la insubmissió cívica), a raíz de la campaña antipeajes #novullpagar, y que reproducimos a continuación por su renovado interés.

Como podrán apreciar l@s lector@s, sosteníamos ya entonces que Cataluña era el lugar de España donde se hallaba más maduro un gran movimiento de protesta político y social, pues diversas dinámicas así lo anunciaban.

#novullpagar o el iceberg de la insumisión cívica

La protesta antipeaje #novullpagar nació en Cataluña con un vídeo colgado en YouTube el 29 de marzo [de 2012] y ganó adhesiones hasta lograr 2.500 el uno de mayo, a pesar de multar los infractores. ¿Por qué ha tenido tanto eco? Posiblemente porque no es únicamente una protesta fiscal, sino el catalizador de un amplio malestar que se ha plasmado previamente en una gimnasia de insumisión cívica instada por particulares, entidades, partidos y el mismo ejecutivo catalán los últimos tres años amplificada por las redes sociales.

La insumisión cívica como gimnasia

Así, en el plano simbólico deben recordarse las manifestaciones contra la sentencia sobre el Estatuto catalán del Tribunal Constitucional (junio de 2010) y el posicionamiento del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña sobre la inmersión lingüística (septiembre de 2011); el largo ciclo de consultas populares por la independencia emprendido en Arenys de Munt (septiembre de 2009), que se realizó al margen de los partidos, o la campaña de la Generalitat en favor de incorporar el distintivo CAT en la matrícula tapando el de la E (julio de 2011).

En la esfera fiscal, #novullpagar tiene antecedentes no negligibles. El actual líder de ERC, Oriol Junqueras, como alcalde de Sant Vicenç dels Horts se opuso al hecho que el consistorio retornara al Estado el dinero que le avanzó como anticipo del 2009: 470.000 euros (septiembre de 2011). Igualmente, un matrimonio de Siurana de Prades promueve la campaña “Decimos basta” y preconiza no pagar impuestos al Estado, sino a la Generalitat (enero de 2012). De hecho, el lema “España nos roba” lo han difundido ERC, SI y las juventudes de CiU. Además, han menudeado protestas contra el mal funcionamiento de Cercanías, con actuaciones coordinadas entre los usuarios, como la de parar un tren en Sant Celoni un cuarto temprano (marzo del 2009).

La insumisión cívica se ha plasmado también en ámbitos que afectan la calidad de vida, como los desahucios (en 2009 se constituyó la Plataforma de Afectados por la Hipoteca) o las ocupaciones vecinales de los CAP ante el recorte de gasto sanitario (la de Bellvitge, iniciada el octubre de 2011, ya hace seis meses que dura). Finalmente, se reflejó en el movimiento de los indignados, que estalló el mayo de 2011 y convergieron en él la protesta política y la social.

Vídeo colgado en youtube que desató la campaña antipeaje en Cataluña.

Las lecciones de #novullpagar

En consecuencia, debe pensarse que #novullpagar refleja una tendencia creciente a la insumisión cívica de sectores cada vez más amplios y ofrece tres lecciones.

En primer lugar, plasma que estimular la insumisión, más allá de permitir escenificaciones políticas, ya no sale gratis. Puede tener un impacto imprevisto por sus promotores al generar dinámicas fuera de su control, como se ha visto ahora: los partidos se han visto sorprendidos por la campaña y el gobierno ha alegado que la comprendía, pero que debía castigarla.

En segundo lugar, pone de manifiesto que la doble desafección imperante en Cataluña (hacia Madrid como símbolo de un Estado lejano y hacia la misma clase política) genera una actividad política cada vez más alejada de los canales oficiales establecidos (partidos y Parlamentos). Por una parte, aumentan la abstención, el voto nulo o en blanco y el apoyo a nuevas formaciones; por otra parte, se intensifica la actividad en movimientos cívicos y redes sociales.

En tercer lugar, muestra la contradicción cada vez mayor entre el tiempo de los políticos, basado en legislaturas, y el de los ciudadanos, que quieren soluciones inmediatas: hoy aplazar un asunto una legislatura es aplazarlo una eternidad.

Ni Mas, ni Rajoy: Thoreau

A las puertas del aniversario de la eclosión de los indignados (15 de mayo) y de una nueva movilización antipeatge (20 de mayo), el éxito de #novullpagar anuncia futuros actos de insumisión, tan repentinos como difíciles de reprimir por su seguimiento cada vez más masivo. En qué punto nos hallamos ahora? Probablemente en el que el sociólogo Manuel Castells, en un brillante análisis de los movimientos sociales y la red al  Anuario del conflicto social 2011, considera de “acumulación de fuerzas” para un nuevo salto.

Este panorama apunta un rasgo diferencial de Cataluña respecto al resto de España: es el territorio más proclive y maduro para grandes movimientos de insumisión civil. Y es que cada vez es más grande la distancia entre el país oficial -gobernado por Mas y Rajoy- y el real, en el que señorea el fantasma de Henry David Thoreau, puesto que su estrategia de insumisión de La desobediencia civil (1849) la han adoptado miles de catalanes sin saberlo: “Declaro libremente mi guerra en el Estado, a mi manera, a pesar de que seguiré haciendo uso y obteniendo tantas ventajas como pueda”.


¿EL CASO PUJOL HA PERJUDICADO AL PROCESO SECESIONISTA?*

agosto 30, 2017

 

Jordi Pujol en una comparecencia (foto de eldiario.es).

“SI LO CONTASES TODO, SALVARÍAS A ESPAÑA”, le dijo el 20 de noviembre del 2012 Jorge Moragas -entonces jefe de gabinete de Mariano Rajoy- a Victoria Álvarez con un SMS. El mensaje quería animar a la expareja sentimental de Jordi Pujol Ferrusola a explicar lo que sabía de la fortuna de este último, cosa que hizo. Alrededor de un año y medio después, el 25 de julio del 2014, el expresidente Jordi Pujol admitió públicamente que no había regularizado una herencia de su padre, fallecido el 1980.

Los dos escándalos fueron el preludio de una cadena de hechos que acabó con el desfile de la familia Pujol-Ferrusola por los tribunales y el primogénito encarcelado. Así las cosas, a las puertas del 1-O parece importante plantear en qué medida el caso Pujol ha afectado al secesionismo.

Pérdida de votos poco perceptible y radicalización

Si examinamos los resultados de los comicios autonómicos constatamos que el voto global a los partidos que han conformado el bloque secesionista entre las elecciones autonómicas de 2010 y 2015 se ha mantenido casi idéntico (pese a la ruptura de la federación CiU al abandonarla UDC, el partido liderado por J. A. Duran Lleida), como recoge la Tabla 1: en los comicios de 2010 este bloque sumó el 48.7% del total de votos y en los de 2012 y 2015 aglutinó el 47.8%, a pesar de la caída de la abstención. La novedad fue la cuota de radicalidad que aportó la CUP: un 8.2% del voto.

TABLA 1. EL VOTO NACIONALISTA EN COMICIOS AUTONÓMICOS (2010-2015)
Comicios CiU  ERC  Otros  Total  Abst 
2010 1.202.830 (38.4) 219.173 (7.0) 102.921 (3.2) * 1.524.924 (48.7) 41.2
2012 1.116.259 (30.7) 498.124 (13.7) 126.435 (3.4) ** 1.614.383 (47.8) 32.2
2015 1.628.714 (39.5) [JxSÍ] 337.794 (8.2)** 1.966.508 (47.8) 25.0

*  Solidaritat per la Independència ** CUP

Si ahora examinamos el voto a las elecciones legislativas de 2015 y 2016 de la Tabla 2 observamos que en ellas el caso Pujol posiblemente contribuye al declive de CDC y a la pérdida de voto secesionista. Así, CDC pasa de primera fuerza catalana a cuarta, tras los Comunes (la confluencia catalana de la que forma parta Podemos), ERC y el PSC. Pero a la vez el voto independentista, que porcentualmente se mantiene, se radicaliza al desplazarse a ERC.

TABLA 2. EL VOTO NACIONALISTA EN LOS COMICIOS LEGISLATIVOS (2011-2016)
Comicios CiU-DiL-CDC  ERC  Total  Abst 
2011 1.015.691 (29.3) 244.854 (7.0) 1.260.545 (36.4) 34.8
2015  567.253 (15.0) 601.782 (15.9) 1.169.035 (31.0) 31.3
2016  483.488 (13.9) 632.234 (18.1) 1.115.722 (32.0) 36.5

De los resultados de las elecciones legislativas de 2015 y 2016 puede deducirse que el caso Pujol posiblemente ha contribuido al declive de CDC y al descenso del voto secesionista. Así, Convergència pasa de primera a cuarta fuerza catalana, situándose tras la confluencia catalana de Podemos, ERC y el PSC-. Pero a la vez el voto independentista, que porcentualmente se mantiene, se radicaliza desplazándose hacia ERC.

¿Qué conclusiones se pueden extraer de lo expuesto?

Las Tablas 1 y 2 reflejan un cambio del voto en los comicios autonómicos y legislativos. En los autonómicos el secesionismo crece en términos absolutos y se mantiene porcentualmente. Por consiguiente, hasta las elecciones del de 2015 el caso Pujol no se habría traducido en una pérdida significativa de apoyos, pero pudo estimular el voto a la CUP como garante del proceso ante la desconfianza que podía generar CDC.

En cambio, a los comicios legislativos de 2015 y 2016 el bloque secesionista queda muy lejos de los resultados de los comicios autonómicos de 2015: pasa del 47.8% al 32% del voto total (pierde más de 850.000 sufragios). En este resultado influyen varios factores que trascienden el caso Pujol, como el carácter legislativo de los comicios, la irrupción de Podemos, la no participación de la CUP, las dificultades para establecer un pacto entre la CUP y JxSí o los asuntos judiciales de CDC. En este marco CDC-DL pierde el grupo en el Congreso y ERC reúne el grueso del sufragio independentista.

Sin embargo, si observamos los resultados en relación a los comicios de 2011 constatamos que el bloque CDC-ERC retrocede en voto absoluto de forma matizada: los 1.260.545 votos de 2011 pasan a 1.115.722 en 2016. Aparentemente el bloque pierde 144.823, pero si tenemos en cuenta que UDC captó 65.388 en 2015, vemos que -en términos absolutos- entre 2011 y 2016 la pérdida global del bloque es de 79.435 votos.

Un caso costoso para el proceso y para el Estado

En síntesis, el caso Pujol ha podido tener un doble efecto en el secesionismo. Por una parte, ha podido limitar el voto independentista a los comicios legislativos en un grado difícil de determinar (en los autonómicos no lo parece). Por otra parte, ha contribuido a radicalizar el secesionismo, en la medida que CDC decae, ERC deviene el actor mayoritario y la CUP adquiere un protagonismo decisivo.

Esta dinámica podría estar influida tanto por el afán de hacer tabla rasa del autonomismo (al asociar la erradicación de la corrupción con la creación de un Estado nuevo), como por el hecho que el asunto Pujol emerge con un trasfondo de operación de Estado. Posiblemente Oriol Junqueras recogió este clima de opinión en septiembre de 2014 al afirmar que “el régimen autonómico ha contaminado la casta política catalana” y apuntó que se podía hacer una regeneración con “la construcción de un nuevo país”.

El escándalo, pues, reforzaría el escenario del “choque de trenes” sin -en expresión de Moragas- “salvar en España”, como plasma la convocatoria del 1-O.

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* Versión en castellano de nuestro artículo publicado en catalán “El cas Pujol ha perjudicat el Procés?”, Ara (24/VII/2017).