UN ANÁLISIS INTERESANTE DEL AVANCE DE LA DERECHA POPULISTA ITALIANA ANTE LAS ELECCIONES DE ESTE DOMINGO

marzo 1, 2018

Manifestación de la Lega en Milán en apoyo a su líder Matteo Salvini el 24 de febrero (foto de AFP publicada en www.france24.com).

ESTE DOMINGO SE CELEBRARÁN ELECCIONES LEGISLATIVAS EN ITALIA. Ante la cita electoral la derecha populista y la ultraderecha han impuesto en gran medida su agenda en el debate y -según los sondeos- han avanzado posiciones.

A continuación reproducimos el análisis sobre este tema de Cesáreo Rodríguez Aguilera de Prat (catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona), publicado recientemente en Agenda Pública: “El resurgimiento de la derecha reaccionaria en Italia” (25/II/2018).

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El resurgimiento de la derecha reaccionaria en Italia

La cuestión de la inmigración extracomunitaria se ha convertido en el principal eje de la campaña electoral italiana y lo más inquietante es la generalización del discurso xenófobo de la derecha radical populista. Están calando en significativos sectores de la opinión pública diversos mitos sobre una inmigración supuestamente fuera de todo control: desde este punto de vista, se está alentando una campaña de odio centrada en numerosas falsedades. Así, la ultraderecha italiana sostiene que los inmigrantes quitan puestos de trabajo a los nacionales o son parásitos subsidiados, colapsan los servicios sociales, traen enfermedades erradicadas, desnacionalizan al país con su cultura anti-moderna y han disparado la delincuencia. Aunque las estadísticas rigurosas desmientan absolutamente todos estos tópicos reaccionarios, parece dar lo mismo puesto que una buena parte de los italianos da pábulo a tales falsedades.

Es cierto que Italia ha recibido en los últimos años a unos 600.000 inmigrantes, sin haber tenido prácticamente ayudas de la Unión Europea (UE) y aunque la gran mayoría ha podido ser atendida razonablemente, la ultraderecha está haciendo una eficaz campaña de miedo (frente a una supuesta “avalancha”) y odio ( serían un “peligro” para el país). Por cierto, en 2016 fueron acogidos unos 180.000 inmigrantes y en 2017 unos 120.000: pese al retroceso, la ultraderecha sigue utilizando el alarmismo puesto que da dividendos  electorales. Los sondeos confirman que para el 31% de los italianos la inmigración es el principal problema del país (presentado como una verdadera “emergencia nacional”), para el 64% la gestión gubernamental del asunto ha sido pésima y para el 71% el actual volumen de acogidos es manifiestamente excesivo.

El problema es que este clima de creciente intolerancia xenófoba está alentando actitudes y episodios deleznables: un candidato de la Lega a presidir Lombardía- Attilio Fontana- se descolgó con unas increíbles declaraciones en las que alertó del riesgo para la “raza blanca” (sic) de seguir acogiendo a extracomunitarios. Para rizar el rizo sostuvo que es la propia Constitución italiana la que habla de “raza”, dándole por completo la vuelta ya que la norma suprema prohíbe cualquier discriminación por razón de raza. Mucho más grave fue el ataque racista de otro candidato de la  Lega– Luca Traini- en Macerata que tiroteó e hirió a un grupo de nigerianos haciendo el saludo fascista al ser detenido.

Reportaje de Euronews de este 27 de febrero sobre el impacto de la inmigración en la campaña electoral.

Lo más inquietante es que el discurso ultra está yendo más allá de este estricto espacio ideológico, de tal modo que incluso el Ministro del Interior- Marco Minniti- del Partito Democratico hiciera promesas de mano dura y firme control de la inmigración, en la infortunada estela del ex socialista francés Manuel Valls. Los ultras explotan la crisis económica y social y la decepcionante gestión de los gobiernos del centroizquierda que han recortado servicios sociales, pero no ayudas a los bancos en dificultades, por ejemplo.

Todos lo sondeos apuntan a una victoria de las derechas coaligadas alrededor de Silvio Berlusconi que se ha aliado con dos partidos de la derecha radical: la Lega (13%/14%) y Fratelli d’Italia (4%/ 5%). Debe recordarse que Berlusconi “normalizó” a los postfascistas de Gianfranco Fini en 1994 con los que gobernó e incluso llegó a dar el paso- fallido- de formar un partido unificado (el más bien efímero Popolo della Libertà ) y el hecho de que en 2018 haya repetido alianzas con este espacio muestra sus claras preferencias ideológicas reaccionarias, sin dejar de jugar la carta de la ambigüedad al presentarse como “moderado” y abierto a una eventual “gran coalición” con Matteo Renzi.

La Lega de Matteo Salvini es una típica expresión del populismo reaccionario que ha centrado su campaña en la xenofobia y la eurofobia para intentar convertirse en líder de las derechas. De un lado, critica el supuesto “buenismo” de las izquierdas en materia migratoria (incluso descalificó como “anti italiano” –sic– al sacerdote Massimo Biancalani de Pistoia que invitó a unos inmigrantes a una piscina), y de otro, se opone cada vez más frontalmente a la UE. En este caso, en plena sintonía con los intereses de Vladimir Putin que potencia todos aquellos movimientos políticos que erosionan la integración comunitaria. Esta es, por cierto, una de las razones  por las que la Lega apoya al movimiento secesionista catalán. La Lega de Salvini tiene ya una proyección nacional italiana (ha desaparecido en campaña su tradicional denominación Lega Nord y ha archivado la fantasía de la Padania) para defender un programa  centrado en expulsar a 600.000 inmigrantes, hacer un referéndum sobre el euro, rechazar el ius soli para los hijos de los inmigrantes, reforzar la seguridad policial y recortar impuestos.

De tenor muy similar son las propuestas del socio menor liderado por Giorgia  Meloni (Fratelli d’Italia), cuyo ideario se resume en Prima l’Italia (idéntico al  America first de Donald Trump), expulsión de inmigrantes y rechazo de Bruselas. Finalmente procede mencionar a Casa Pound – que va por libre-, el grupo más claramente neofascista del espectro italiano reaccionario, cuyo programa recuerda al de los neonazis griegos de Aurora Dorada: asistencialismo étnico (sólo para los “nuestros”), feroz xenofobia antiinmigrantes (con diversos episodios de agresiones violentas) y, por supuesto, rechazo frontal de la UE. Es un grupúsculo activista con posibilidades de superar la barrera del 3% y obtener representación parlamentaria.

Que casi uno de cada cuatro potenciales votantes italianos parezca estar dispuesto- a tenor de los sondeos- a otorgar su confianza a estas formaciones es un muy alarmante aviso de que las poliarquías europeas están realmente mal. No sólo los partidos del establishment no saben cómo revertir el crecimiento  de este espacio, sino que algunos parecen asumir algunos de sus “diagnósticos”, aunque parece que- de momento- no todas sus expeditivas “terapias”. El seguidismo- por parcial que sea- es la peor receta que los partidos democráticos europeístas pueden adoptar: es de esperar que no caigan en la trampa de la derecha reaccionaria.


¿EL POPULISMO DE IZQUIERDA ES DISTINTO DEL POPULISMO DE DERECHA? CLAVES PARA UNA RESPUESTA

febrero 8, 2018

Podemos

Podemos, la nueva manifestación del ciberpopulismo.

A RAÍZ DE HABER PLANTEADO ESTA CUESTIÓN RECIENTEMENTE VARIOS LECTORES, reeditamos en esta entrada nuestro artículo publicado en 2014 en el Boletín Ecos de la fundación FUHEM-ecosocial. Se trata del trabajo “El ascenso populista de Europa: ¿cómo interpretarlo?” (Boletín Ecos, 28, sept-nov. 2014). Puede accederse libremente al documento en PDF, reproducido a continuación.

En él analizamos qué se entiende por populismo y señalamos las claves de su ascenso en Europa, incluyendo tanto a formaciones de ultraderecha, como también a fenómenos que encarnan un “ciberpopulismo”, visible en casos como Podemos en España y el M5S que lidera Beppe Grillo en Italia.

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El ascenso populista de Europa: ¿Cómo interpretarlo?

¿Hasta qué punto está presente el populismo en el actual Parlamento Europeo? Es difícil valorarlo, pero anida en el conjunto del espectro político, aunque su ámbito más visible es el de la extrema derecha, aquí analizado. No obstante, antes de continuar la exposición, se impone una mínima aproximación a este concepto, objeto de definiciones y valoraciones muy distintas.

Un concepto discutible y discutido

El populismo, simplificando, denuncia una distancia entre gobernantes y gobernados, los de “arriba” y los de “abajo”: la existencia de unas élites oligárquicas que se han apoderado de la soberanía popular y nacional y la emplean en la defensa de sus propios intereses, constituyendo una “casta” alejada de los verdaderos intereses de los ciudadanos. Para acabar con su poder, las opciones populistas exhortan al “pueblo sano” a movilizarse y recuperar sus derechos, siendo el anti-elitismo el rasgo definitorio de su mensaje.[i]

Complejidad

¿Qué entendemos por populismo? A menude se confunde este concepto con una ideología cuando es una forma de moviliación política.

Este discurso, con tonos más o menos radicales y demagógicos ha cobrado centralidad creciente en la última década en Europa y más allá, como testimonian experiencias tan diferentes como el “chavismo” venezolano o el Tea Party estadounidense. La crisis económica ha favorecido esta dinámica, en la medida que entes como el Fondo Monetario Internacional [FMI] o el Banco Central Europeo [BCE] han tomado decisiones que muchos ciudadanos han percibido como contrarias a sus intereses y favorables a oligarquías lejanas o locales. Sin embargo, sería un error ligar el ascenso de dinámicas populistas a la crisis económica, pues éstas últimas suele ser resultado de múltiples factores, siendo decisivos los locales.

Tres precisiones sobre el populismo

Igualmente, para abarcar las múltiples realidades que pueden incluirse bajo el nebuloso rótulo de populismo, desde nuestra perspectiva es importante efectuar tres precisiones.

En primer lugar, debe subrayarse que no existe un consenso sobre este concepto entre los estudiosos, ya que no designa una ideología concreta, sino una forma de movilización política maleable y que puede adoptar cualquier sector ideológico. Su emergencia constituye una reacción a la pérdida de credibilidad que experimentan los sistemas representativos. Por esta razón, las formaciones populistas se dirigen al ciudadano anónimo (el “hombre de la calle”, la “buena gente” o “el pueblo” genérico) y lo movilizan contra élites que supuestamente se han adueñado de su soberanía o sus derechos. Los discursos de este tipo revisten una gran ambigüedad, en la medida que -como advierte el politólogo Marco Tarchi- los líderes que los emiten pretenden “refundar la democracia, no destruirla, pretensión que a veces desemboca en un riesgo de hiperdemocratismo, es decir, en una idealización de la disponibilidad del hombre de la calle como ciudadano activo” y, como tal, dispuesto a soportar los costes de su afán de “reapropiarse del ejercicio del poder”.[ii]

FN-marinista

Lema del Front National francés: “El pueblo primero”.

En segundo lugar, no hay unanimidad en relación a su pretendido carácter “positivo” o “negativo” en relación al funcionamiento de la democracia, aunque los pronunciamientos desfavorables son más extendidos. El polifacético académico Ralf Dahrendorf, por ejemplo, afirma que el populismo estimula voluntariamente la pérdida de protagonismo de los parlamentos y su debilidad. Como consecuencia de este hecho, la hiperdemocracia que los populistas preconizan se construiría -paradójicamente- sobre la desvalorización de la democracia. De hecho, Dahrendorf estima que el referéndum se habría devaluado al estar hoy “destinado a ser utilizado como un test de popularidad para los políticos y los gobiernos, porque está concebido expresamente para dejar al margen a las instituciones intermedias”.[iii] Aún así, otros estudiosos ofrecen visiones diferentes y el pensador Ernesto Laclau consideró que el populismo tenía una naturaleza democrática y que debía ser rescatado de su posición marginal en el discurso de las ciencias sociales, extrayéndole su estigma de antidemocrático: “Cuando las masas populares que habían estado excluidas se incorporan a la arena política, aparecen formas de liderazgo que no son ortodoxas desde el punto de vista liberal democrático, como el populismo. Pero el populismo, lejos de ser un obstáculo, garantiza la democracia, evitando que ésta se convierta en mera administración”, manifestó.[iv]

En tercer lugar, no puede homologarse el populismo de extrema derecha con el de otros ámbitos políticos, en la medida que su mensaje aúna anti-elitismo y xenofobia. El politólogo y filósofo Pierre-André Taguieff alude a él como “nacional-populismo”. Sus formaciones y líderes, señala, se dirigen al pueblo con un llamamiento centrado en su dimensión “nacional”, partiendo de la premisa de que el pueblo es “homogéneo” (la división de clases sociales no tiene relevancia) y “se confunde con la nación unida, dotada de una unidad sustancial y de una identidad permanente”. De esta forma, aquello que diferencia a los partidos nacional-populistas del resto es que el objeto de su denuncia y crítica prioritaria no son tanto “los de arriba” (las élites), como “los de enfrente” (los extranjeros): “Más exactamente: las élites son rechazadas en la medida que son percibidas como ‘el partido del extranjero’”, subordinando así el anti-elitismo a la xenofobia, destaca Taguieff. Este populismo integrado al nacionalismo proyecta la figura de un enemigo nuevo: la del extranjero-invasor.[v]

Este discurso constituye, en esencia, el eje argumental de la nueva ultraderecha o nueva derecha radical populista, que en Europa reúne formaciones de carácter muy diverso y en su mayoría se desvinculan del fascismo y neofascismo.

La normalización de la derecha populista

El nacional-populismo, por otra parte, conforma un movimiento antiglobalización que no se define ni reconoce como tal, pese a su éxito en las urnas. Lo afirmamos en la medida que sus partidos hacen bandera de la defensa de la “identidad nacional” y de la protesta contra el establishment, a la vez que plasman un repliegue comunitario. Sus líderes se oponen tanto a flujos migratorios como a deslocalizaciones industriales; denuncian la pérdida de soberanía nacional en beneficio de organismos supraestatales (notablemente la UE) y manifiestan defender una identidad que presuntamente peligra por la presencia de etnias o culturas foráneas. En esta última vertiente, destaca su islamofobia creciente: un rechazo al Islam, al ser percibido como una religión de conquista e identificado en bloque con sus sectores más extremistas, sin distinguir tendencias en su seno.

Mapaultraderecha

Mapa de la presencia institucional de la ultraderecha europea publicado por El País en octubre del 2013. ¿Este sector político avanza realmente en todo el continente?

Si observamos la presencia de este espectro el actual Parlamento Europeo a la luz de las pasadas elecciones, constatamos que numerosos partidos de ultraderecha han obtenido buenos resultados. No obstante, ello no debe confundirse con un avance generalizado de este sector ideológico en Europa, ni tampoco la reciente creación de un grupo parlamentario propio configura un hito en su evolución, como han tendido a presentar numerosos medios de comunicación.

De este modo, queremos subrayar que los comicios del pasado mayo rebatieron un tópico muy extendido: la asociación del ascenso de la extrema derecha a la agudización de los efectos de la crisis económica de manera mecánica. Lo ilustra el hecho de que solo uno de los países rescatados, Grecia, ha mostrado un ascenso llamativo de un partido de este signo, Amanecer Dorado [AD], con un 9.3% de los sufragios. Esta cifra es importante y modesta a la vez, ante los devastadores efectos de la crisis en este país. Sin embargo, ni España, Portugal, Irlanda y Chipre han asistido a la emergencia de fuerzas de este signo y en este último país el partido hermanado con AD, el Frente Nacional Popular [ELAM], solo ha cosechado un 2.6% de los votos. En cambio, los mejores resultados de este espectro los han cosechado formaciones de los países “ricos”, como el Partido de la Independencia del Reino Unido [UKIP] (26.7%), el Partido Popular de Dinamarca [DF] (26.6%), el Frente Nacional [FN] francés (24.8%) o el partido de la Libertad de Austria [FPÖ] (19.7%). Por consiguiente, los estereotipos no solo no ofrecen explicaciones de los cambios de este segmento político, sino que también se hallan en contradicción con la realidad.[vi]

Por otra parte, la formación de un grupo parlamentario de este signo en Estrasburgo (llamado Europa de la libertad y de la democracia directa) no es una novedad, pese al ruido mediático que acompañó su gestación, debido a la pugna desatada por su liderazgo entre la francesa Marine Le Pen (FN) y el británico Nigel Farage (UKIP), saldada con la victoria del último. Es importante recordar al respecto que en 1984 la extrema derecha ya formó un primer grupo, el Grupo Técnico de Derechas Europeas, más conocido como Grupo de Derechas Europeas o GDE. Lo lideró Jean-Marie Le Pen (padre de Marine), que en los comicios europeos de ese año hizo su desembarco estelar en la política francesa al obtener 10 escaños. Reunió representantes galos, italianos, helenos y del Ulster. No obstante, los resultados de las elecciones europeas de 1989 alteraron su composición. Los eurodiputados alemanes de los Republicanos [Die Rep] chocaron con los italianos por el contencioso histórico sobre Tirol del Sur. Entonces Le Pen eligió a los germanos como socios (en detrimento de los italianos), pero sufrieron una crisis interna que los dividió y acabó hundiendo al GDE.

UKIP

Finalmente, ha sido el líder del UKIP, Nigel Farage, quien ha formado grupo parlamentario en el parlamento de Estrasburgo y no Marine Le Pen.

Asimismo, tras proyectarse diferentes diseños de alianzas europeas sin resultados (como Euronat), en el 2007 se articuló un nuevo grupo de este espectro en Estrasburgo: Identidad, Tradición y Soberanía [ITS]. ITS unió a una veintena de parlamentarios al ingresar aquel año en el hemiciclo ultraderechistas búlgaros y rumanos que se sumaron -entre otros diputados- a la italiana Alessandra Mussolini (nieta del Duce). Pero la agrupación solo duró de enero a noviembre y acabó con estrépito. Ello se debió a que la nietísima criticó a los rumanos a raíz de un crimen cometido en Italia, ya que afirmó que para ellos “romper la ley” se había convertido en “un modo de vida”. Entonces los cinco eurodiputados de esta nacionalidad abandonaron ITS, que fue inviable al perder escaños.[vii] Así pues, en el 2014 la extrema derecha simplemente ha recuperado el grupo parlamentario que dejó de tener en 1994 e intentó recomponer sin fortuna en el 2007.

En realidad, lo que realmente han demostrado los últimos comicios europeos es que la extrema derecha ya forma parte del paisaje político europeo y es capaz de ser la primera fuerza en países como Francia, Gran Bretaña o Dinamarca, al margen de formaciones de este ámbito ya hayan participado previamente en coaliciones de gobierno o brindado su apoyo parlamentario a ejecutivos. A la vez, la dificultad de unir los esfuerzos de sus rótulos más importantes en Estrasburgo para conformar un único gran grupo ha mostrado las debilidades inherentes a todo intento de conformar lo que podríamos designar como una “internacional de ultranacionalistas”, dados los numerosos elementos de fricción que existen entre sus partidos.[viii] Además, esta dispersión indica que difícilmente podrán obstaculizar decisiones de la Eurocámara.

Desde nuestra perspectiva, pues, el ascenso de los nacional-populismos en las últimas elecciones del europarlamento no es un fenómeno novedoso, en la medida que se ha producido de forma ininterrumpida (aunque con altibajos) desde que en los comicios de 1984 el FN francés cosechó casi un 10.9% de los sufragios y está vinculado sobre todo al desgaste de los partidos tradicionales y sistemas políticos. En suma, los buenos resultados de diversas fuerzas de este ámbito “normalizan” su presencia en la escena política.

¿El futuro es ciberpopulista? Podemos y el M5S

La globalización, además, impulsa el populismo. Por una parte, los cambios que ha comportado “han excavado un surco entre vencedores y perdedores”, generando entre los últimos una situación psicológica “impregnada de resentimiento, desilusión y chasco sobre la cual los partidos populistas capitalizan sus éxitos, capeando y fomentando la protesta contra las clases políticas responsables de la situación”, advierte Tarchi.[ix] A la vez, ganan centralidad las actitudes críticas ante la integración en Europa y ante la inmigración.

BeppeGrillo

Beppe Grillo, líder del M5S.

Por otra parte, la globalización ha tenido una incidencia decisiva al generar la “aldea global” comunicativa que apuntó a los años sesenta el filósofo canadiense Marshall McLuhan. Ahora las redes sociales generan una comunicación inmediata y conforman una “plaza electrónica” que se define por la participación de sus miembros sin jerarquías. Internet permite así proyectar en el mundo virtual la utopía populista por excelencia: construir la “plaza” que reúne el pueblo sin jerarquías y donde todo el mundo participa en función de su afán e interés y abre las puertas a una “democracia electrónica” que puede ser tan imperfecta como la real.[x]

Las experiencias del Movimiento 5 estrellas [M5S] en Italia (con un 21.1% de los votos y 17 escaños) y de Podemos en España (con un 7.9% de los votos y 5 escaños) son sus indicadores más vistosos, más allá de sus obvias diferencias ideológicas, escenificadas en Estrasburgo: mientras Podemos se ha integrado en el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica, el M5S lo ha hecho en el que lidera Nigel Farage antes citado, la Europa de la libertad y de la democracia directa. Actualmente, pues, asistimos a la eclosión de una oleada populista cuyas dinámicas son tan nuevas como desconocidas.

Notas

[i] Véase la respecto F. Panizza (comp.), “Introducción”, en El populismo como espejo de la democracia (Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2009 [1ª ed 2005]), p. 13.

[ii] M. Tarchi, L’Italia populista. Dal qualunquismo ai girotondi (Il Mulino, Bolonia, 2003), p. 32.

[iii] R. Dahrendorf (entrevista d’Antonio Polito), Después de la democracia (Crítica, Barcelona, 2002), p. 91.

[iv] “Ernesto Laclau: ‘El populismo garantiza la democracia’”, http://www.lanacion.com.ar/719992-ernesto-laclau-el-populismo-garantiza-la-democracia (10/VII/2005).

[v] P.-A. Taguieff, L’illusion populiste (Berg International, París, 2002), pp. 132.

[vi] Es interesante al respecto Cas Mudde, “The Far Right and the European Elections” Current History, Volume: 113, Issue: 761 (2014): 98-103. Es accesible on-line en http://works.bepress.com/cas_mudde/75

[vii] “La extrema derecha se queda sin grupo en la Eurocámara”, El País (15/XI/2007).

[viii] Sobre las dificultades de la extrema derecha para formar un grupo propio en Estrasburgo y sus tensiones, véase X. Casals, Ultrapatriotas. Extrema derecha y nacionalismo de la guerra fría a la era de la globalización (Crítica, Barcelona, 2003), pp. 139-156

[ix] M. Tarchi, L’Italia populista, p. 70.

[x] Véase al respecto Véase J. Sànchez, La democràcia electrònica (Barcelona, UOC, 2005).


AUSTRIA O LA NORMALIZACIÓN DE LA ULTRADERECHA

diciembre 24, 2017

El líder del Partido Popular de Austria (ÖVP) y el del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), Heinz-Christian Strache, que han formado un gobierno de coalición (foto de Roland Schlager-AFP).

LA FORMACIÓN DE UN GOBIERNO DE COALICIÓN ENTRE LA DERECHA Y LA ULTRADERECHA EN AUSTRIA ES UN HECHO RELEVANTE por tres razones que detallamos a continuación.

1. Indica que la derecha está dispuesta a modular un discurso cercano a la ultraderecha y a pactar con ella. El ÖVP que lidera Sebastian Kurz (conocido como el “Macron austriaco”) utilizó en la campaña electoral un discurso cercano al del ultraderechista FPÖ, que lidera Heinz-Christian Strache, hasta el extremo de que el último acusó al primero de haberle “robado” su programa. Tras los comicios ambas formaciones han constituido un gobierno de coalición. Tal decisión supone una normalización política de la derecha populista que encarna el FPÖ y de sus mensajes, dotados de “respetabilidad” al difundirse en el conjunto del espectro político de la derecha primero y al acceder al gobierno después.

2. La reacción de oposición ante la entrada del FPÖ en el gobierno ha tenido escaso impacto si la comparamos con la que suscitó su primer gobierno de coalición entre 1999 y 2002. Entonces la UE presionó a Austria y el nuevo ejecutivo, sujeto a tensiones externas e internas, acabó convocando comicios anticipados. Ahora la UE ha dado su beneplácito al gobierno, que se ha comprometido a no convocar ningún referéndum sobre una eventual abandono de la organización por parte de Austria.

Esta escasa oposición a la extrema derecha se advirtió también en las elecciones presidenciales francesas celebradas en mayo de 2017, cuando Marine Le Pen logró pasar a la segunda vuelta. Las reacciones de rechazo hacia la candidata fueron entonces un pálido reflejo en relación a las que produjo el acceso a la segunda vuelta de su padre, Jean-Marie Le Pen, en los comicios presidenciales de 2002. Y si este obtuvo entonces el 17.7% de los votos ahora su hija ha captado el 33.9%. Por consiguiente, el rechazo hacia la ultraderecha institucionalizada se diluye cada vez más.

3. El nuevo ejecutivo está dispuesto a batallar más allá del plano simbólico por la modificación de las fronteras. Lo ha demostrado la intención de Viena de conceder el pasaporte austríaco a la minoría germanófona del Alto Adigio, lo que ha supuesto un choque con Roma ante tal intrusión en sus fronteras. De este modo, el gobierno ÖVP-FPÖ parece no estar dispuesto a andarse con remilgos a la hora de proyectar un desacomplejado nacionalismo expansivo que supone un enfrentamiento con países vecinos, algo inusual en un gobierno de la UE.

En síntesis, el caso de Austria ilustra la progresiva normalización de la ultraderecha: su ingreso en el gobierno no suscita grandes reacciones de inquietud por parte de la UE, abre la puerta a la emulación de una alianza similar en otros países y, además, cuestiona las fronteras entre miembros de la misma organización. Será necesario, pues, seguir con atención su trayectoria.


EL “ASESINO DEL LÁSER” ULTRADERECHISTA JUZGADO DE NUEVO, AHORA EN ALEMANIA

diciembre 17, 2017

John Ausonius (a la derecha) en Frankfurt con su abogado (Boris Roessler / AP).

JOHN AUSONIUS, CONOCIDO COMO EL “ASESINO DEL LÁSER” Y QUE CUMPLE CADENA PERPETUA EN SUECIA, SERÁ JUZGADO AHORA EN ALEMANIA. En un clima de opinión de xenofobia acentuada y marcado por el ascenso de Nueva Democracia [Ny Demokrati, ND, ya analizado en este blog], entre el 3 de agosto de 1991 y el 12 de junio de 1992, este perturbado se lanzó a la “caza de inmigrantes” utilizando un puntero láser para señalar a sus víctimas al dispararles.

Descubrir su identidad requirió la mayor investigación policial del país después del asesinato de Olof Palme y el año pasado se público la reconstrucción de su trayectoria por parte del periodista Gellert Tamas (1 y 2) -que mantuvo diversas conversaciones con el asesino- en El asesino del láser (editado por Debate en castellano y La Campana en catalán).

Ahora será juzgado de nuevo en Alemania por otro asesinato en febrero de 1992, la trabajadora de un restaurante. Pero lo más interesante, según recoge Félix Flores en La Vanguardia (14/XII/2017), es que Ausonius habría podido crear una escuela criminal: “En Alemania -señala Flores- se especula con que inspiró los homicidios del grupúsculo Clandestinidad Nacionalsocialista (Nationalsozialistischer Untergrund), ocho inmigrantes turcos, uno griego y una agente de policía, entre el 2000 y el 2006. En Noruega, el supremacista Anders Breivik, que mató a 77 personas en julio del 2011 en Oslo y la isla de Utøya, afirmó que el asesino del láser era su modelo, pero no quedó claro si se refería a Ausonius o a su verdadero émulo, Peter Mangs, el tirador de la ciudad sueca de Malmö que en el 2010 le imitó, disparando contra una docena de inmigantes. Mató a dos de ellos”.

Portada de Der Spiegel del 2011 dedicada a la neonazi  Clandestinidad Nacionalsocialista. 

Hemos considerado de interés para nuestros lectores reproducir a continuación el artículo que el periodista Antonio Lozano publicó sobre el libro en la revista Qué leer (nº 161), pues ofrece una buena síntesis del contenido de la obra. La reproducimos inicialmente en julio de 2011 a raíz de las masacres de Oslo cometidas por Breivik y que reeditamos de nuevo por su interés.

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“LASERMANN”, el cazador de inmigrantes

“Quería que supieran que aquí no estaban seguros. Quería aterrarles. Simplemente, espantarles tanto que pensaran en marcharse (…) Los quería mandar al infierno. Eran malignos y eran muchos”. Así justificaba John Ausonius que una madrugada de verano apuntara su rifle recortado con mira láser a David Gebremarian, un emigrante de Eritrea a punto de empezar a estudiar antropología en la Universidad de Estocolmo. Los dos hechos que ocurrieron de forma inmediata tras el primer tiroteo se acabarían erigiendo en los símbolos principales del caso. Por un lado, la xenofobia: hasta tres individuos rechazaron socorrer a un Gebremarian que se desangraba en el suelo. Por el otro, el laberinto policial: treinta personas llamaron para notificar que habían sido apuntadas con un haz de láser, a la postre proveniente del bolígrafo con el que un joven se divertía asustando a los viandantes.

El “asesino del láser” iluminaba a sus víctimas -emigrantes- con un puntero láser antes de dispararlas.

El bidón de gasolina

En sintonía con gran parte del norte de Europa, a principios de la década de 1990 Suecia experimentó un crecimiento muy significativo de las fuerzas políticas de extrema derecha, cuyo credo populista y su mensaje de odio caló entre amplias capas de una población enfrentada al paro y a la recesión económica. En las elecciones parlamentarias de 1991, el Ny demokraty, un partido abiertamente racista y xenófobo, fundado por un aristócrata y el dueño de una discográfica, obtuvo un 6,7 por ciento de los votos. Uno de sus miembros declaró que a los negros que vivían en Suecia no había que tenerles lástima porque, total, en África se los comían los leones. Otro se inventó que los inmigrantes estaban detrás del 80 por ciento de actos criminales que sufría el país. Por la misma época, se sentaban en el banquillo Klaus Lund y Christoffer Rangne, líderes del VAM, un movimiento de resistencia aria que tenía como lema “Revolución blanca sin perdón”. Acusados de atracar un banco, ambos no tardaron en convertirse en superestrellas mediáticas.

La escalada de odio fue espeluznante. Los ataques contra campos de refugiados pasaron de 36 en 1990 a 52 (uno por semana) en 1991, se multiplicaron los atentados con explosivos contra negocios regentados por suecos de origen extranjero, se profanaron cementerios judíos… Los medios de comunicación fueron cómplices de la barbarie. Aunque un estudio demostró que la mayoría de inmigrantes suecos no había cometido jamás un delito, la criminalidad que protagonizaban era el segundo tema más tratado en las noticias. En otoño de 1993, el periódico de mayor tirada nacional, Expressen, titulaba su portada en grandes caracteres: “ECHADLES”.

En contraste con la imagen progresista servida al mundo, Suecia poseía en los 1990 una legislación tan débil e intrincada sobre criminalidad por motivos racistas y xenófobos que, por ejemplo, las doscientas denuncias por discriminación étnica en el trabajo presentadas en 1996 acabaron sin condena. En este turbio caldo no es de extrañar que uno de los gritos más coreados en las manifestaciones de la extrema derecha a lo largo de 1992 fuera: “Hombre del láser, ¡tira a matar!”.

La cerilla

El mayor asesino en serie de Suecia era hijo de inmigrantes alemanes. A los 7 años, Wolfgang Alexander Zaugg vio cómo su madre echaba a su padre de casa por mujeriego. Con frecuencia le pegaba y le decía “Todos los hombres son mentirosos y traidores”. En el colegio era el único entre 2.000 alumnos que tenía el pelo oscuro, por lo que se mofaban de él llamándole “negro”. Otra ironía es que, ya de adulto, su ideología conservadora llevaba a que las chicas le espetaran: “Tienes maneras de turco”. Ya de joven desarrolló una obsesión por el orden y el sentido práctico, rechazó todo vicio como el alcohol y el tabaco, moldeó un carácter dominante, tozudo e iracundo, y se le detectó un principio de psicosis y trastorno de personalidad. Condujo un taxi y fue operador de un cine X antes de estudiar química.

La ludopatía le condujo a vivir en la calle, pero el asco que le despertaba la sociedad del bienestar promovida por los socialdemócratas le hizo rechazar toda ayuda social. En dos ocasiones fue internado a la fuerza en un hospital psiquiátrico, pero se le permitió realizar el servicio militar y, durante un tiempo, fue destinado al palacio real, a unos centenares de metros del despacho del monarca.

Sus problemas económicos lo condujeron a estafar bancos y luego a robarlos. Fue condenado a catorce meses de prisión por un total de veinte demandas, pero se escondió seis meses ejerciendo de taxista con un carnet de conducir falso. Lo apresaron, pero esa misma tarde se escapó de la cárcel. Volvieron a detenerle y volvió a escaparse a los pocos meses. Pasó a una prisión de máxima seguridad. Al salir libre y empezar su cacería mortal, había entrado en un círculo vicioso consistente en ahorrar dinero con el taxi e invertirlo en Bolsa de cara a pegarse la buena vida para, acto seguido, perderlo todo en el casino y verse forzado a acudir a la casa de empeños y a desvalijar bancos (llegó a cometer veinte atracos e intentos de atraco, siempre en bicicleta, que le reportaron un botín de más de un millón de coronas suecas).

Portada 

Portada de la obra de Tamas.

Su fijación por ser un perfecto sueco le impulsó a cambiar dos veces de nombre –una ironía más: el último apellido que adoptó, Ausonius, lo tomó prestado de un poeta rumano al que leyó en la cárcel–, a gastarse fortunas en teñirse el pelo de un horrendo color zanahoria, dado que el rubio era imposible de conseguir, y a lucir unas lentillas azul cielo. El asesino del láser fluctuó entre la astucia a la hora de camuflarse y borrar sus huellas –en parte gracias a las enseñanzas de “El Vigilante”, el personaje de Charles Bronson en una de sus películas favoritas, El justiciero de la ciudad– y la chapucería –sólo mató a uno de sus nueve objetivos y fue detenido por un error de lo más inocente, pero es evidente que se aprovechó del despropósito conjunto de la policía y los testigos oculares.

Los bomberos

Al cerrar el caso –Ansonius fue condenado a cadena perpetua por el Tribunal Supremo el 19 de mayo de 1995–, el expediente de la investigación constaba de 20.000 páginas. Se habían realizado 6.000 interrogatorios, anotado 5.200 sucesos, documentado 9.700 nombres. Lo más llamativo es que, de los 6.000 avisos de los ciudadanos, ninguno de ellos acertó con la identidad del responsable, y eso que la difusión del retrato robot había colapsado durante horas las once líneas telefónicas habilitadas.

A medida que los inmigrantes iban entrando en la mirilla láser de Ausonius, el caos y el pánico se apoderaron del país. Carlos Gustavo XVI se dirigió a sus súbditos por tercera vez en su reinado; el primer ministro, Carl Bildt, hizo su primer discurso a la nación por una cuestión particular; por primera vez, una organización no sindical (un conglomerado de asociaciones de extranjeros) convocó una huelga de ámbito nacional; las manifestaciones antirracistas y xenófobas se sucedían en las calles; grupos de inmigrantes amenazaron con formar guerrillas de autodefensa… Ante semejante panorama, centenares de agentes dedicados al asesinato del primer ministro Olof Palme pasaron a trabajar en el caso y se ofreció una recompensa de un millón de coronas por pistas fiables.

Su afición a las casas de empeño y a los videoclubs, y, sobre todo, un desliz al alquilar un coche con su propio nombre acabaron con la trayectoria de un Ausonius que agredió a sus abogados en el juicio y casi completa con éxito una nueva fuga de prisión a los dos días de su ingreso.


ALTERNATIVA PARA ALEMANIA RENUEVA SU DIRECCIÓN Y AFIRMA LA “ALA DURA” DEL PARTIDO

diciembre 10, 2017

 

Alternativa para Alemania (AfD) ha elegido a su nueva dirección en un congreso celebrado en Hanóver. Reportaje de Euronews (3/XII/2017).

 

 ALTERNATIVA PARA ALEMANIA (ALTERNATIVE FÜR DEUTSCHLAND, AfD) ELIGIÓ A SU NUEVA DIRECCIÓN EN UN CONGRESO CELEBRADO EN HANÓVER LOS DÍAS 2 Y 3 DE DICIEMBRE. Los copresidentes que resultaron electos fueron Alexander Gauland y Jörg Meuthen.

Tal opción ha reforzado al ala dura del partido al imponerse el llamado sector etnonacionalista del partido, del que llama la atención su escasa feminización: únicamente cuenta con un 13% de mujeres entre sus votantes. A continuación reproducimos el extenso y muy completo reportaje al respecto de Elizabeth Schumacher publicado por Deutsche Welle (4/XII/2017), del que procede la información citada y también las imágenes empleadas.

Recomendamos a l@s lector@s interesados en la evolución de la derecha populista germana la entrevista en este blog a Andreu Jerez, coautor junto a Franco Delle Donne  de Factor AfD, un ensayo imprescindible para comprender la situación actual de este partido.

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Los nuevos viejos jefes derechistas de AfD

El sector etnonacionalista de AfD logró imponerse con la elección de Alexander Gauland y Jörg Meuthen como copresidentes. Elizabeth Schumacher informa desde Hanóver.

Los nuevos copresidentes de AfD, Jörg Meuthen, a la derecha, y Alexander Gauland, a la izquierda (imagen de picture-alliance-dpa).

“Somos un partido de libertad, de justicia y de democracia directa”, dijo Jörg Meuthen a DW durante la convención de Alternativa para Alemania (AfD) en Hanóver el domingo, un día después de ser reelegido copresidente del partido populista de derecha.

Meuthen respondía así a la crítica de que AfD, como otros partidos europeos de ideología similar, simplemente pretende perturbar la política, en lugar de perseguir cambios específicos.

“No queremos abandonar la Unión Europea, por ejemplo”, añadió Meuthen, trazando una línea diferenciadora respecto a la campaña del Brexit llevada a cabo por el Partido de la Independencia de Reuno Unido, antes liderado por Nigel Farage. “Queremos cambiarla”.

El futuro es el pasado

Los miembros de AfD se sienten cómodos convirtiendo sus posturas en ataques al statu quo, pero para todo ese discurso de estar “preparados para el futuro”, la convención de Hanóver mostró hasta qué punto el partido está anclado en el pasado.Quizás el mayor ejemplo de esta nostalgia fue cuando Beatrix von Storch, quien representa a AfD en el Parlamento Europeo, declaró: “queremos conservar la Alemania en la que crecimos” -ganándose el aplauso de muchos de los presentes.Y, a pesar de lo mucho que se habla de una “nueva dirección” del partido ahora que ha entrado en el Bundestag, AfD eligió el domingo a Alexander Gauland para liderar el partido, además de volver a nombrar copresidente a su firme aliado Meuthem. Antes de la votación del sábado, Gauland había declarado que no se presentaría al puesto, pero posteriormente insistió en que “el destino quería otra cosa”.

Beatrix von Storch (centro) y Alice Weidel en la convención de AfD en Hanóver  (imagen de picture-alliance-dpa).

Por otra parte, se prestó poca atención a los deseos de Alice Weidel, copresidenta junto a Gauland durante la campaña y ahora líder parlamentaria de la formación, de incrementar el número de mujeres que forman parte o apoyan al partido. Solo un 13% de los votantes de AfD en las elecciones generales de septiembre fueron mujeres. De las decenas de ponentes que se dirigieron a los 600 delegados a lo largo del fin de semana, solo dos eran mujeres.

La legisladora del estado federado de Schleswig-Holstein, Doris von Say-Wittgenstein, se vio obligada a dejar a un lado su candidatura, pues Gauland se negó a retirarse. Y solo unas pocas y dispersas mujeres se sentaban entre las filas y filas de participantes masculinos.

“Una rebelión conservadora”

Miembros del ala joven del partido, la Joven Alternativa (representada en el Parlamento solo por hombres), fue la nota disonante al sugerir que AfD es un partido para hombres mayores.

“Ofrecemos un futuro en el que vale la pena vivir”, dijo uno, “ciñéndonos a nuestra manera libre de vivir, a nuestra cultura y a nuestra lengua”.

Al ser preguntado por ejemplos concretos de cómo AfD pretende hacer realidad este “futuro”, otro respondió que hay en marcha una “rebelión conservadora contra la política izquierdista de vieja escuela que ha fracasado a la hora de ofrecer algo concreto a la gente joven”.

Todavía queda por ver si Gauland, de 76 años, y Meuthen, de 56, tienen algo que ofrecer a la juventud alemana en caso de lograr su objetivo de estar “listos para gobernar” el país en un período de cuatro años, cuando se convoquen los siguientes comicios para el Bundestag.

Junto a Höcke

Quizás lo más significativo de la elección de Gauland y Meuthen fue la señal de que el ala más radical de AfD marcará el curso del partido en el Bundestag. Ambos han apoyado los objetivos etnonacionalistas del partido, frente a miembros que pretendían volver a sus raíces euroescépticas y de ideología conservadora en la dimensión financiera.

Meuthen y Gauland han defendido al personaje más controvertido de AfD, Björn Höcke, quien realizó unas polémicas declaraciones sobre el monumento al Holocausto de Berlín, y estuvo en el origen de varios pequeños escándalos.

“Björn Höcke pertenece a nuestro partido”, dijo Meuthen a DW. “Ello no significa que esté de acuerdo con todas y cada una de sus posturas”, añadió.

De hecho, a medida que los candidatos a los escalafones de liderazgo más bajos fueron hablando, todos expresaron un apoyo inequívoco a Höcke.

Björn Höcke en una plenaria del Parlamento regional de Turingia el 2 de diciembre (imagen de imago).

Ataque al islam

Pese a que se habló poco de las políticas en una cita que básicamente consistió en decidir quién jugará qué rol a partir de ahora, la retórica de la convención del domingo puso de manifiesto cuán absoluta es la victoria del sector más derechista de AfD. Uno de los ponentes fue incluso más allá del lema del partido “El islam no forma parte de Alemania” y declaró: “El islam no es una religión”.

A esto se suma el comentario del vicepresidente de AfD, Kay Gottschalk, que señaló que los manifestantes de izquierda que intentaron ponerlo en un apuro el sábado “podrían haber dirigido un campo de concentración” hace 75 años.

“Es el crepúsculo de la era de Merkel”, dijo la colíder parlamentaria Weidel, felicitándose a sí misma y a sus compañeros por los resultados electorales de septiembre. “Estamos recuperando nuestro país de las manos de los políticos que lo han dejado de lado”, expresó.

A pesar de que aún queda por ver si los nacionalistas demuestran ser “hostiles a la democracia”, como argumentan los partidos convencionales, el encuentro de la formación en Hanóver fue una clara demostración del nivel de discurso que Alemania puede esperar de los 92 diputados de AfD que ahora se sientan en el Bundestag.


JAIR BOLSONARO, LA NUEVA ESTRELLA DE LA ULTRADERECHA EN BRASIL: COMPARADO A MENUDO CON TRUMP Y DUTERTE, ES RACISTA, SEXISTA Y MILITARISTA

diciembre 3, 2017

Jair Bolsonaro, el candidato de extrema derecha a la presidencia de Brasil (imagen de EFE en El País).

Jair Bolsonaro es un diputado y capitán del ejército en la reserva de 62 años que lidera el Partido Social Cristão [Partido Social Cristiano, PSC].  Según los sondeos acapara ya el 17% de los votos en vistas a las elecciones presidenciales de 2018.

Considerado el “Trump” o el “Duterte” brasileño, su mensaje es ultraconservador y provocador, sexista y racista. Exalta las bondades de una intervención militar y, como señala María Martín en su sugerente perfil de El País (2/XII/2017), su discurso “defiende la venta libre de armas, la tortura de delincuentes y las ejecuciones extrajudiciales por parte de la policía”.

Asimismo, Martín remarca que “su colección de frases estridentes es interminable: ‘los gais son producto del consumo de drogas’, ‘el error de la dictadura fue torturar y no matar’, ‘los policías que no matan no son policías’ o ‘las mujeres deben ganar menos porque se quedan embarazadas’. Bolsonaro —de segundo nombre Messias— interpreta su propia versión, aunque un tanto suavizada, del presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, conocido por defender la ejecución de consumidores y traficantes de drogas”.

En suma, en Bolsonaro confluyen dos vectores tradicionales de la derecha extremista brasileña -el mesianismo bíblico y una sólida tradición de intervencionismo militar- con un populismo autoritario en sintonía con los nuevos aires de EE.UU. (Trump) y Filipinas (Duterte).

A continuación reproducimos la interesante crónica “Con la bala y la Biblia”, de Andy Robinson, publicada en La Vanguardia (3/XII/2017). En ella se expone la coalición de intereses que apoya a Bolsonaro y sus sucesivas mutaciones para sintonizar con un amplio espectro del electorado (la imagen reproducida procede del mismo artículo).

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Con la bala y la Biblia

El militar ultra Jair Bolsonaro presenta batalla a Lula da Silva por la presidencia de Brasil

Manifestación en Sao Paulo a favor de un golpe militar, el pasado 15 de noviembre, día de la república (Andy Robinson).

Dos encuentros, hace un par de semanas, en la avenida Paulista de São Paulo durante la fiesta anual del día de la República dieron la medida de hasta qué punto la nueva derecha en Brasil está ganando espacio político.

Por un lado, un grupo de cristianos evangélicos levantaban las manos y cantaban con gestos de euforia “¡Brasil es la tierra de la Santa Cruz!” animados por un pastor que despotricaba contra la inmoralidad de las exposiciones en el museo de arte que está en frente. Eran integrantes de una comunidad de protestantes fundamentalistas, socialmente ultraconservadores que crecen como la espuma en Brasil. De los 13 millones que había en 1990, han pasado a 45 millones, más del 20% de la población.

La derecha católica sube también y queda ya muy lejos aquella teología de la liberación que ayudó a llegar al poder el Partido del Trabajo (PT) de Lula Inacio da Silva hace 14 años.

El mismo día, 15 de noviembre pasado, un poco más arriba en misma avenida Paulista, medio millar de personas se congregaban en torno a un enorme monigote hinchable de unos 10 metros de altura que representaba un soldado de uniforme.

Portaban pancartas que rezaban “El comunismo mata, la corrupción también. ¡Intervención militar, ya!”. “El pueblo brasileño esta siendo masacrado por los políticos y los medios de comunicación; si los militares no actúan este país pronto dejará de existir”, dijo Paulo Ferreira da Silva , un parado de 57 años, subido a un taburete y con un cartel en la mano que decía: “ Armed Forces, save Brasil” (“Fuerzas Armadas, salvad Brasil”).

Según un sondeo del instituto Pew, el 38% de los brasileño considera “positiva” una alternativa militar a la democracia. Muchos aún recuerdan con nostalgia los 21 años (1963-1984) de gobiernos militares.

“Bolsonaro, popular entre los jóvenes y los nostálgicos de la dictadura, sube gracias a las redes sociales”

Acercándose las elecciones presidenciales del 2018, el candidato en boca de todos es Jair Bolsonaro, capitán en la reserva del ejército. El año pasado, este diputado ultraconservador de 62 años hizo guiños a una intervención militar antes de la destitución de la presidenta de izquierdas Dilma Rousseff. Nostálgico de los tiempos de los generales, Bolsonaro abarca las dos corrientes de la nueva derecha brasileña: la bala y la Biblia.

Defiende la pena de muerte, el derecho a poseer armas de fuego, una guerra militarizada contra la delincuencia en las favelas y el encarcelamiento de delincuentes menores de edad a pesar del peligro que se vive en las prisiones. Tras la noticia de la muerte de une decena de residentes de una favela en Rio acribillados por la policía la semana pasada, Bolsonaro respondió: “Un policía que no mata no es un policía”. Con el apoyo de los principales líderes de la derecha cristiana, Bolsonaro ha librado una guerra cultural contra el Estado laico y la libertad artística. Arremete contra un supuesto sesgo de izquierdas en la educación. Sostiene que la homosexualidad es el precursor de la pederastia. Es abiertamente racista y agresivamente misógino.

“Ni mereces ser violada”, le espetó a una diputada del PT en el Congreso el año pasado tras dedicar su voto contra Rousseff al general Carlos Alberto Brillhante, el militar que torturó a la ex presidenta durante la dictadura.

Pese a todo esto, Bolsonaro es el número dos en los sondeos con el 18% de la intención de voto (después de Lula que registra el 32%, pero cuya candidatura se ve amenazada por un caso de corrupción).

“Brasil recuerda un poco a España; tuvimos una transición pactada desde arriba; mucho ha cambiado y mucho, no”, opina Jorge Chaloub , analista político de la Universidad Católica de Rio (PUC). Pero quizás lo más chocante es que el 60% los admiradores de Bolsonaro no habían nacido durante aquellos años de gobiernos militares. Tiene 4,5 millones de seguidores en Facebook, la mayoría jóvenes. “Acabo de regresar de Brasilia y en el aeropuerto todo el mundo se hacía selfies con Bolsonaro y gritaba ¡Presidente!”, dijo perplejo el rabino Nilton Bonder, del centro Midrash en Rio.

El ascenso de Bolsonaro, al que hace tres o cuatro años nadie tomaba muy en serio, es el resultado –quizás inesperado– de la gran operación política y mediática para acabar con el poder del PT.

Fue urdida por grupos conservadores como Movimiento Brasil Libre (MBL), Vemprarrua y Cruzada por la Libertad, con el apoyo de las grandes empresas y bancos cuyas sedes en gigantescos rascacielos ensombrecen la avenida Paulista.

Estos grupos, algunos financiados directamente desde los grandes think thanks conservadores de Washington como Atlas, fueron cruciales para la convocatoria de las manifestaciones contra Rousseff en el 2015. Al igual que sus homólogos en la derecha alternativa estadounidense ( alt-right)supieron movilizarse en internet. “Hay que crear foros en la red con posturas anárquicas, iconoclastas, con montajes toscos y groseros”, recomendaron los fundadores del MBL. Así se prendería la mecha para una autentica rebelión popular.

“Lula Da Silva lidera los sondeos pero tiene un proceso pendiente y a la élite económica en contra”

Lo interesante es que los grupos que ahora defienden a Dios y los valores de la familia tradicional hace dos años eran de corte liberal. Defendían las privatizaciones, las reformas laborales, el desmantelamiento del sistema de pensiones, la apertura comercial. No hablaban mucho de la moralidad cristiana. El líder de MBL, Kim Kataguiri, con su melena larga y camiseta, parecía un tertuliano libertario en un seminario patrocinado por The Economist.

Pero estas ideas no sirven para ganar elecciones en un pueblo que puede ser conservador en lo social pero es de izquierdas en lo económico, como sucede en muchas otras partes de América Latina. Sirven todavía menos cuando los estragos de la recesión y la subida del paro, aunque disminuyen, aún no se han superado. La valoración popular del presidente Michel Temer, por ejemplo, está en el 3%.

“MBL hizo un rebranding”, explica el bloguero Gabriel Barceló en la edición brasileña de Le Monde Diplomatique. “Empezaron a atacar escuelas y exposiciones de arte como beatos con antorchas en las manos”.

“¿Ganará las elecciones el ‘Trump brasileño’? Análisis del Club de Prensa El País (11/XI/2017).

Paradójicamente, Bolsonaro ha tenido que hacer justo lo contrario. Tras defender durante años el intervencionismo y el nacionalismo económico, ahora propone privatizaciones y una apertura liberal. La semana pasada hizo un viaje a Nueva York donde fue recibido por Shannon O’Neill del respetable Council on Foreign Relations. Los analistas bursátiles en Sao Paulo ahora dicen que la elección de Bolsonaro podría cotizar al alza.

Pero Bolsonaro será el último recurso para la poderosa elite brasileña, necesario solamente en caso de que los jueces o los otros candidatos no pueden parar los pies a Lula. Geraldo Alckmin, el moderado gobernador del Estado de São Paulo, es el candidato que más elogiado en los grandes medios. Joao Doria, el radical alcalde de la ciudad de São Paulo es otra posibilidad, aunque su popularidad ha caído desde que ganó las elecciones a finales del año pasado.

Una victoria de Lula causa tanto temor que hasta se ha tanteado convencer a Luciano Huck para que se presente. Huck protagoniza un reality show que bate los récords de audiencia con una formula infalible en Brasil: selecciona a un pobre y concédele su deseo; una visita al Vaticano, por ejemplo.

En estos tiempos de rabia y hartazgo con la clase política no se puede descartar que Bolsonaro dé la sorpresa y cambie para siempre la imagen del país de la tolerancia, el buen humor y el placer.


ARNAU GONZÀLEZ I VILALTA: “LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA ESTUVO ENCIMA DE LA MESA DE LOS MINISTERIOS DE EXTERIORES DE EUROPA”

noviembre 26, 2017

 

EL HISTORIADOR ARNAU GONZÁLEZ I VILALTA  (Barcelona, 1980) es profesor del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universitat Autònoma de Barcelona desde 2007. Es autor de una quincena libros sobre el periodo republicano español, la Cataluña de entreguerras, el nacionalismo catalán y la diplomacia europea. Entre otros destacan en el ámbito diplomático Cataluña bajo vigilancia. El Consulado italiano y el Fascio de Barcelona (1930-1943), PUV, 2009; Quan Catalunya preocupava a Europa. Diplomàcia i premsa internacional durant la Guerra Civil, Base, 2014. En estos momentos está preparando una amplia síntesis de las miradas diplomáticas y periodísticas de la Cataluña republicana después de un largo trabajo de archivo alrededor del continente americano y de la mayoría de países europeos.

Ahora ha comisariado la exposición “Une Catalogne Indépendante? Geopolítica y Guerra Civil (1936-1939)”, que explica cómo durante la contienda española las cancillerías europeas y americanas y la prensa internacional valoraron seriamente una eventual proclamación de la independencia de Cataluña. Asimismo, ha coordinado un libro colectivo homónimo –Une Catalogne Indépendante?– en el que han participado destacados académicos (como Enric Ucelay-Da Cal, Xosé Manoel Nuñez Seixas o Josep Sánchez Cervelló). La muestra puede visitarse en Barcelona, en el Memorial Democràtic, hasta el 2 de marzo de 2018.

 

Dado que esta cuestión no había sido abordada hasta ahora con amplitud (si bien existen diversos trabajos al respecto) y la consideramos de interés para nuestr@s lector@ hemos entrevistado a Arnau González. Le agradecemos su amabilidad al responder a nuestras preguntas. Asimismo, las diversas imágenes reproducidas a continuación pueden contemplarse en la exposición.

¿Se planteó seriamente la independencia de Cataluña durante la Guerra Civil?

Ciertamente estuvo encima de la mesa de los ministerios de exteriores de la Europa del 1936-1939, fue objeto de constante análisis en la prensa occidental -democrática y dictatorial-, así como sobrevoló la política catalana y española de ambos bandos de manera evidente. De hecho gran parte de los desacuerdos entre la Generalitat de Cataluña y los gobiernos de Francisco Largo Caballero y Juan Negrín así como con Manuel Azaña, provienen de esa opción. Una posibilidad que estaba ahí, que parecía moverse entre el rumor, la propaganda interesada y la realidad factible. La documentación diplomática y la prensa de todo el mundo lo acredita de manera apabullante.

¿Una Cataluña independiente habría tenido algún apoyo de las grandes potencias? 

Creo que esa no es la pregunta. El principal interrogante y de eso se trataba era: ¿Qué puede sacar de una Cataluña soberana cada potencia? Porque la mirada europea -y americana en menor medida- pondría el ojo en Cataluña por su especial e interesante situación geoestratégica. En una Europa próxima a una nueva conflagración continental, el lugar ocupado por el territorio catalán, al sur de los Pirineos y con una costa muy interesante y próxima a Menorca, podía ser de especial interés para Francia.

De hecho, la ayuda francesa, en forma de protectorado o de ocupación directa por parte de l’Armée, sería lo que se plantearía más seriamente, tanto en 1936 como en diferentes momentos de 1938-1939. Se valoraba ocupar Cataluña segregándola de España para romper el cerco al que Hitler, Mussolini e hipotéticamente Franco acabarían sometiendo al Hexágono. Eso, junto al interés de la Marine Nationale para evitar la conexión marítima mediterránea de Italia con España (este-oeste) para cortar las línias norte-sur (Europa-África Francesa del Norte), decidiría París a planteralo seriamente.

Los británicos no se mojaban, esperaban acontecimientos. Los alemanes estaban en contra, aunque se mostrasen dispuestos a no cerrar su consulado en Barcelona, mientras que la URSS no se mostró nunca favorable a esa opción.

 

Cartel francés de 1936 alertando sobre unos Pirineos convertidos en vía de entrada del enemigo alemán: “¿Francés, quieres que esto sea posible mañana”? Queda patente así la importancia estratégica de Catalunya.

¿Los líderes del bando republicano contemplaron esta posibilidad?

Absolutamente. Tantos los jefes de gobierno como el presidente de la República mantuvieron un constante desencuentro con Lluís Companys y la Generalitat con sus principales líderes Josep Tarradellas o Carles Pi i Sunyer, a tenor de las informaciones sobre sondeos de los delegados de la Generalitat en las principales capitales de Europa.

De hecho, por ejemplo, y en pro de no dar ningúna presencia en la esfera internacional, a finales de 1936 tanto Francisco Franco como Largo Caballero se negaron a firmar un tratado de evacuación de no combatientes de ambas zonas porque el documento llevaba la firma de Companys y el Lehendakari José Anotnio Aguirre. Unos y otros afearon a la Cruz Roja Internacional, promotora del pacto, que hubiera equiparado a una “província” más con el Estado español.

¿Y los del bando franquista?

Sólo deben recogerse los temores de sus aliados italianos y alemanes para entender que la incursión francesa en Cataluña, de haberse producido, hubiera desatado un conflicto de consecuencias impredecibles. De hecho, los ministros de exteriores de Hitler y Mussolini llegarían a explicitar por escrito en un acuerdo más amplio la oposición a “la creación y consolidación de un estado catalán”. Lo firmarían en octubre de 1936 Konstantin von Neurath y Galeazzo Ciano. No obstante, en alguna ocasión el Duce llegaría a pedir a Franco que abandonase Cataluña y se centrara en ganar la guerra en el resto de la Península. Del mismo modo, el Vaticano y el propio Papa se mostrarían alarmados por la posibilidad de la eventual constitución de una Cataluña soviética.

Por su parte, la propaganda rebelde habló de ello en manifiestas ocasiones, especialmente vinculando esta opción a una ayuda soviética que derivaría en la creación de una República Comunista Catalana. Cosa que provocó el pavor, entre real y propagandístico, entre todos los círculos católicos y conservadores europeos y americanos.Por otro lado, a Franco le plantearon en diversas ocasiones esta cuestión ciertos periodistas, mientras que algunos de sus acólitos como Gonzalo Queipo de Llano lanzaban mensajes amenazadores ante en relación a una secesión catalana. Cabe entender la actitud castellanizadora que manifestó el franquismo teniendo en cuenta esta realidad.

 

Propaganda franquista alertando del peligro de separación de Cataluña y el País Vasco durante la contienda.

¿Puede trazarse alguna analogía entre el pasado y la actualidad?

Las analogías las carga el diablo. Los contextos entre 1936-1939 y el presente son tan alejados que sólo podemos especular y plantearnos, diría yo, si hay líneas de continuidad. Especialmente en las actitudes de los movimientos nacionalistas españoles. En ese sentido, más allá de advertir una analogía en la unión de quienes defienden España por encima de ideologías opuestas, lo demás ha cambiado todo.

Así, en los años treinta en Cataluña no había separatistas, ahora los hay; entonces todo el mundo era catalanohablante, ahora sólo lo es la mitad de la población; igualmente, se pretendía que la independencia fuera un gesto de una élite política -como siempre se habían hecho las independencias- y ahora se pretende hacerlo a través del refrendo de los ciudadanos; los pequeños estados no tenían garantizada su supervivencia y en estos momentos no se plantea la solución de conflictos identitarios por la fuerza de las armas, a pesar de lo sucedido en Kosovo o Crimea. 

En último lugar, en los años treinta la comunidad internacional era extremadamente agresiva y no contaba con acuerdos continentales, de modo que la guerra europea podía estallar en cualquier momento. Hoy en día eso es imposible.

La exposición tiene piezas muy curiosas. ¿Hay alguna que quiera destacar?

Sin lugar a dudas. Al margen de crear un producto expositivo que no concede argumentos a nadie en la actualidad, hemos conseguido un muy buen repertorio de piecas. Entre las más curiosas, por poco difundidas, destaca el primer cartel que se puede visualizar al entrar en la exposición y en el que la propaganda franquista explica como Francia quería aprovecharse de la guerra para, con los “traidores” catalanistas y vasquistas, apropiarse de Cataluña y Euskal Herria [es la imagen anterior que ilustra la entrevista].

Y, en segundo lugar, el documento del 21 de noviembre del 1938 redactado por Nicolau Mª Rubió i Tudurí, que no se llegó a enviar y que propone al Gobierno de Francia ayudar a Cataluña a quedar fuera de la guerra de España a cambio de que la Generalitat provoque un golpe de Estado contra el presidente Negrín que facilite la derrota de la República y el fin de la guerra [reproducido a continuación].