UN ENIGMA DEL FRAP QUE PERDURA: ¿CÓMO MURIÓ SU MILITANTE CIPRIANO MARTOS EN 1973? SEGÚN LA VERSIÓN OFICIAL SE SUICIDÓ CUANDO ESTABA DETENIDO POR LA GUARDIA CIVIL E INGIRIÓ ÁCIDO SULFÚRICO

mayo 31, 2020


Portada de Caso Cipriano Martos, de Roger Mateos.

 

ESTA SEMANA LA PORTAVOZ DEL PP EN EL CONGRESO, CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO, ha aludido al FRAP al acusar al padre del vicepresidente Pablo Iglesias de “terrorista” por haber militado en esta organización. En este marco, nos parece oportuno recuperar la oscura historia de Cipriano Martos, que abordamos en esta entrada del blog de junio de 2018, por el posible interés que puede tener para nuestros lectores.

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¿QUIÉN FUE CIPRIANO MARTOS? El periodista Roger Mateos ha escrito la biografía de este sindicalista y militante franquista que murió entre torturas en Reus. A continuación reproducimos el reportaje elaborado por Javier Coria para la revista R@mbla y publicado el 14 de mayo,  con imágenes que también son de esta publicación on-line. Está elaborado a partir de la presentación del libro, en la que formulamos preguntas al autor. Agradecemos a Javier Coria y a R@mbla la autorización para reproducir su trabajo.

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Cipriano Martos: un asesinato olvidado

El sindicalista Cipriano Martos fue torturado hasta la muerte el 17 de septiembre de 1973, en un cuartel de la Guardia Civil de Reus (Tarragona). Aunque la versión oficial dice que se suicidó al ingerir el contenido de una botella de ácido sulfúrico, unos de los componentes del cóctel molotov, es bastante raro que la prueba en una causa judicial estuviera en la sala de interrogatorio al alcance del reo. El periodista de la agencia EFE, Roger Mateos, presentó en la librería Documenta de Barcelona su ensayo: Caso Cipriano Martos. Vida y muerte de un militante antifranquista, publicado por la Editorial Anagrama.

Roger Mateos (fotografía de Francesc Sans/Rambla).

Cipriano Martos, obrero de la construcción, pertenecía a CC.OO. y a la OSO, ésta última la organización sindical del Partido Comunista de España (marxista-leninista) y del FRAP, organizaciones en las que militaba el joven. Trabajó como jornalero en Morón de la Frontera (Sevilla), minero en Teruel, obrero textil en Sabadell y Terrassa; y en la construcción en Reus. Fue detenido en última ciudad en una redada tras un reparto de propaganda en Igualada y realizar pintadas contra la monarquía, Franco y por una República Popular y Federativa. Ningún delito de sangre, como vemos.

Presente en el registro de su domicilio, donde se encontró propaganda del FRAP y líquidos inflamables, fue llevado a las dependencias de la Casa Cuartel de la Guardia Civil, donde sucedieron los fatídicos hechos. Fue torturado durante 50 horas para que delatara a los dirigentes de la huelga de la construcción y a sus camaradas. En uno de los interrogatorios, el ácido sulfúrico encontrado en su casa fue a parar a la garganta del detenido. Nada se investigó, nadie fue a la cárcel. Aunque no está recogido por ninguna ley, las fuerzas de seguridad del Estado tienen presunción de verdad, por lo que la versión de la Guardia Civil de que se trató de un suicidio, se aceptó sin más. Ante la gravedad del estado del preso, el 27 de agosto fue llevado a la sala de beneficencia del Hospital San Juan de Reus (hoy Hospital Sant Joan). Posteriormente sucedió otro hecho extraño, el 29 de agosto fue llevado ante el juez para presentar declaración, cosa que no pudo hacer por tener la garganta abrasada por el ácido. Ante la gravedad de las heridas, Cipriano Martos fallecía el 17 de septiembre de 1973, a la edad de 30 años. El acta de defunción ponía un lacónico: “causa de la muerte, hemorragia interna”.

Su caso, forma parte de la Querella Argentina que pretende juzgar los crímenes del franquismo. Roger Mateos hace un amplio recorrido por la vida de este joven que, lleno de idealismo, militó en una de las organizaciones más duras del antifranquismo. La temida Brigada Político Social (BPS) de la policía llegó a formar un grupo especial para perseguirlos. El libro, muy bien escrito, se basa en su mayoría en testimonios orales, con la dificultad que ello acarrea por la dificultosa y larga búsqueda de protagonistas que vivieron de cerca los hechos. También es importante de que al autor le fuera facilitada una copia del sumario sin censurar. No es una biografía épica, ni una hagiografía, se humaniza al personaje y no falta la crítica con cierta ironía.

Roger, que ya publicó numerosos reportajes sobre las actividades clandestinas del PCE (m-l) y el FRAP, declara que no siente ningún: “apego por sus postulados, y menos por sus métodos de lucha”, pero siempre le atrajo la “originalidad” y “exotismo” de la organización, y se siente perplejo sobre el grado de entrega y sacrificio de su militancia.

Con una sala llena, donde abundaban viejos militantes y amigos, pudimos ver a Antonio Martos, hermano mayor de Cipriano y personado en la Querella Argentina, a Felipe Moreno, portavoz de la Mesa de Catalunya d’Entitats Memorialistes y miembro de la Red Catalana y Balear de Apoyo a la Querella. Felipe Moreno pasó por las siniestras manos de Juan Carlos González Pacheco, “Billy el Niño”. Reclamado por la jueza argentina María Servini De Cubría, la justicia española no lo extradita ni lo juzga en España, como sería preceptivo. Pero al amparo de la Ley de Amnistía, verdadera ley de punto final, se protege a torturadores y ministros que firmaron penas muerte, y que nunca pisaron una cárcel ni fueron juzgados. Hoy nos enteramos que el torturador “Billy el Niño” cobra un 15% más de pensión vitalicia desde 1977 por estar condecorado como policía.

Para la presentación, Roger Mateos contó con la colaboración del historiador Xavier Casals, que conversó con el autor. Aquí les resumimos dicha conversación.

Xavier Casals: ¿Qué crees que puede aportar la biografía de Ciprino Martos a los que lo conocieron y a los que no sabemos nada?

 Roger Mateos: Para los que lo conocieron, hay una cosa que puede aportar. Como sabéis los que habéis militado en la clandestinidad, es muy estricta. Esto consistía en no saber nada de quien tenías al lado, o conocer muy poco por motivos de seguridad. Vosotros sólo sabéis unas piezas del puzle de aquel momento, conocimientos que tenéis en exclusiva, pero desconocéis otras piezas del puzle. Tenía que ser así, porque entonces sería peligroso. Por lo tanto el libro sirve para que los compañeros de militancia de Cipriano tengan toda la información; y respuestas a muchas preguntas que se hacían.

 Para los que no conocían nada del caso, puede servir como un nuevo episodio a añadir a la memoria histórica, del que hasta ahora no tenían conocimiento. No es un caso único de brutalidad y silencio, pero combina las dos características.

Cipriano Martos.

¿De la búsqueda cuáles fueron los momentos más complicados?

 Sin duda encontrar los testimonios. La parte más complicada es la del medio. El libro se justifica solo con la pregunta capital: si fue asesinado o se suicidó, y que pasó en ese cuartel de Reus. Aunque los testimonios son limitados, no fue difícil, tenemos la sentencia –allí aparecen los nombre de los agentes presentes-. Conocemos los nombres de las personas que estaban militando con Cipriano en Reus. De los orígenes en Andalucía tuve que desplazarme allí, hablar con los familiares y ver el entorno donde nació y vivió durante un tiempo Cipriano. Del momento que él emigra a Sabadell y se politiza, partía de cero. Los testimonios de las militantes del FRAP, Paqui y Sacramento, fueron cruciales. Me costó encontrarlas. Curiosamente fueron militantes del PSUC los que me pusieron en la pista.

Solemos imaginarnos a los que se organizan como personas muy politizadas. En el libro descubrimos que Cipriano es un caso de autodidactismo. ¿El caso de Cipriano Martos era excepcional? ¿Era un perfil de la militancia de la época?

Justamente antes de venir aquí lo estaba hablando con una militante si era un caso excepcional, y ella me decía que no. Que ella conoció a militantes que podían venir de un perfil social parecido, y que se habían politizado. Cosa natural en una dictadura y con una clase social oprimida. Cipriano llegó de un pueblo donde había sufrido lo indecible por la pobreza en que se vivía en aquellos años en muchas zonas rurales.

Educación la mínima, ya que él y sus hermanos fueron poco a la escuela, ya que desde pequeños trabajaron cuidando gallinas y de peones en el campo. Llegó a un Sabadell -en 1969 con su hermano Antonio- en ebullición, cada vez más organizado en las organizaciones obreras, con luchas en las calles, luchas vecinales, políticas, laborales… Cipriano no entró a militar desde una fábrica, sino, y eso me hace mucha ilusión, desde un centro cultural, de los muchos que había en los barrios periféricos de Sabadell, en este caso en Can Oriac (Ca n’Oriac, en catalán), donde había una célula del PCE (m-l) muy numerosa. Siendo un grupúsculo a principios de los años setenta, en 1973 el partido creció y comenzaba a ser un grupo que tenía una relevancia notable y a ser un actor a tener en cuenta.

Hacia el final, con la detención y muerte de Cipriano: ¿Cómo fuiste encajando las piezas, poniendo orden?… Es que todo chirria, por ejemplo la documentación de pompas fúnebre consta el nombre del padre pero no está firmada. En la declaración, el juez hace como una abstracción de la realidad, lo mismo pasa con la declaración de los guardias civiles. Todo es muy disperso.

Pues el trabajo es analizar y encontrar hasta la mínima pista que tenía en la documentación. En el libro me recreo en la declaración del teniente de la Guardia Civil que estaba al mando de aquel cuartel. Y la del juez que atendió a Cipriano cuando la guardia civil te trajo a Cipriano Martos descoyuntado, justo había bebido el líquido. Analizo las frases del juez que supuestamente había de investigar esa muerte y de los autores directos dl caso. El libro tiene un vacío. Los libros que a mí me gustan, no tienen un final cerrado o no tienen una respuesta cien por cien clara a la pregunta central. Me acerco todo el que puedo, pero hasta ahora tenemos muchas dudas porque nos faltan unas piezas básicas. De lo que pasó en aquel cuartel, sólo tenemos un tipo de testimonio. Los demás sólo podemos hacer suposiciones más o menos fundadas. Quienes podían explicarlo, tienen cero interés de hacerlo. Yo no puedo hacer de juez y llevar a los testigos que aún viven antes un tribunal, pero la pregunta que a mí me interesa es otra, la vida y proceso de politización de Cipriano.

Si después de 50 horas de torturas y malos tratos, no sólo de él, sino de otros detenidos días antes; si en ese contexto Cipriano se hubiera suicidado… ¿Eso eximiría de culpa a sus captores? Yo creo que no.

Certificado de defunción de Cipriano Martos.

¿Por qué el régimen no dejó ver el cuerpo a la familia y no quiso que transcendiese el episodio?

 Me da vergüenza responder a esta pregunta junto a ti, que eres historiador. Yo puedo dar alguna posible razón. Veníamos del caso de Enrique Ruano (se refiere Roger Moreno al estudiante antifranquista precipitado por una ventana el 20 de enero de 1969 por la policía secreta franquista, la BPS), que había desencadenado protestan nacionales s e internacionales. Hubo más casos de muertos que cuando se supieron generaron una reacción en la calle y una reacción en el exterior de precisión internacional al régimen franquista. Una muerte como la del Cipriano, después de una larga sesión de torturas, ninguno se hubiera creído la versión oficial del suicidio.

¿Por qué no dejaron ver a la familia el cuerpo?: A saber que marcas físicas habían dejado las 50 horas de interrogatorio en aquel cuerpo. De hecho, creo que era una práctica habitual no dejar ver el cuerpo de los detenidos muertos a las familias y a los abogados. En el caso de Cipriano es especialmente sangrante, porque si no lo sabéis, el estuvo 21 días convaleciente tras ingerir el ácido, no murió inmediatamente. Durante ese tiempo, ninguno avisó a la familia. Su hermano Antonio estaba en Sabadell, y no supo ni si quiera que su hermano esta en Reus, ya que se había introducido en la militancia clandestina a su familia no sabía dónde estaba. Pero la policía no avisó a la familia que estaba detenido, ni si quiera que estaba hospitalizado. Su abogado, Rafael Nadal, tampoco lo pudo ver.

Con el importante y necesario libro de Roger Moreno conocemos unos de los casos más oscuros de la represión franquista. Fuere cómo fuero, para muchos, de una forma u otra Cipriano Martos fue asesinado por la guardia civil.

Fue uno de tantos casos de tortura y asesinato, y en la España de hoy, a pesar del tiempo transcurrido, la impunidad y la negativa del Estado de investigar y juzgar a los responsables políticos y materiales de aquella represión, los hace cómplices. No podemos hablar de una España democrática hasta que se juzgue a los culpables y se repare a las víctimas.


ENTREVISTA A MANUEL GALLEGO SOBRE EL CRIMEN DE ATOCHA DE 1977: “AÚN IGNORAMOS EL ORIGEN DE LAS ARMAS Y MUNICIONES EMPLEADAS EN LA MASACRE”

mayo 19, 2020

Nacido en Madrid, se doctoró en Historia Contemporánea por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en 2016. Tras publicar su primer artículo acerca del paso del Tribunal de Orden Público a la Audiencia Nacional centró su investigación en la violencia política durante la Transición.

Los abogados de Atocha es su primera obra y es la plasmación de su tesis doctoral. Pese a que se han publicado ya algunas obras sobre este crimen que en enero de 1977 marcó el rumbo de la Transición, su estudio aporta novedades interesantes al respecto y hemos pensado que esta entrevista podía ser de interés para nuestros lectores. Le agradecemos por esta razón que haya aceptado contestar a nuestras preguntas. Puede accederse al sumario y a la introducción en este PDF Sumario-Intro-Atocha

¿Por qué decidió dedicar a este tema su tesis doctoral?

Como he comentado en otras ocasiones, el tema de la investigación se presentó por casualidad, mientras miraba un programa de televisión. Sin embargo, la principal razón para que eligiese la masacre de Atocha como tema de mi tesis doctoral fue la falta de estudios analíticos sobre ella, pues la mayoría de los autores que la habían tratado lo hacían de manera superficial y la utilizaban como un argumento más para la defensa de sus propias tesis acerca de la Transición.

En esos estudios no hallé respuestas a preguntas que me parecen fundamentales como: ¿Por qué una huelga de transporte se convirtió en antecedente directo de una masacre de esta magnitud? ¿Cómo se llevó a cabo la organización del entierro? ¿De qué manera se realizó la investigación y detención de los procesados? O, lo que es más importante ¿Cuáles pudieron ser las razones para que la instrucción sumarial se alargase durante tres años, llegando incluso a tener que sustituirse al juez instructor en medio del proceso?

¿Cuáles son las fuentes que ha consultado? 

Las principales fuentes para esta investigación han sido la prensa, los testimonios personales y el sumario, y cada una ha aportado una información muy valiosa a la investigación.

La prensa ha sido fundamental tanto para describir los antecedentes de la masacre como los sucesos de la llamada “Semana Negra” (del 23 al 30 de enero de 1977), así como para trasmitir los antagonismos ideológicos existentes en la sociedad española, un aspecto que me hubiera gustado tratar a través de las entrevistas personales, pero que me ha sido imposible.

Por su parte, los testimonios me han aportado una visión más amplia y concreta de lo que significaron las movilizaciones obreras de aquellos años, especialmente sobre las huelgas del sector de comunicación y transporte de 1976 y enero de 1977, la importancia de los despachos laboralistas en este proceso y la organización del cortejo fúnebre. Entre todos ellos, me gusta destacar el de Virgilio Heras Calvo, secretario general del Sindicato Provincial de Comunicación y Transporte de Comisiones Obreras de Madrid, ya que por primera vez se da voz al principal responsable del conflicto del transporte.

Por último, la principal novedad de este libro es la inclusión del sumario, que para la historiografía y una parte importante de las personas que dicen conocer Atocha ha pasado prácticamente inadvertido, pero que para mí tiene un valor incalculable, ya que en su interior encierra actuaciones y complicidades que nos ayudan a comprender el sentimiento de impunidad con el que creían actuar los grupos de ultraderecha durante los primeros años de la Transición.

Reportaje de El Confidencial de enero de 2017 al cumplirse 40 años del crimen de Atocha.

¿Ha tenido problemas para investigar los hechos?

Los principales obstáculos que he tenido que superar han sido dos.

En primer lugar, el acceso al sumario de Atocha, ya que por mis propios medios solo pude acceder a la parte conservada en el Tribunal Supremo y tras más de un año de intercambio de correos electrónicos y llamadas. En cuanto a la parte archivada en la Audiencia Nacional, realicé tres o cuatro peticiones oficiales, pero nunca recibí respuesta. Finalmente, pude acceder al sumario gracias a la ayuda del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo.

El segundo obstáculo ha tenido que ver con las dificultades inherentes al tratar de analizar un suceso que forma parte de la Historia del presente, ya no tanto en el momento de recoger experiencias, sino a la hora de hacer frente a los criterios y vivencias que, en ocasiones, se convertían en críticas hacia mi trabajo por parte de personas que creen conocer “la verdad” sobre Atocha y que, además, tratan de imponerla sobre el resto.

¿Cuáles son las novedades que aporta al conocimiento del crimen?

Creo que lo ocurrido en el interior del despacho de Atocha 55 está muy bien documentado en el sumario y la prensa con los testimonios de los supervivientes. En aquel momento, el único aspecto que pasó desapercibido fue la aparición de casquillos de bala con la inscripción SPC. Estos fueron fabricados entre los años 1936 y 1940 por la Sociedad Portuguesa de Cartuchería, filial de la DWN alemana, y distribuidos al bando sublevado durante la Guerra Civil. Conocer esta información hubiera servido de argumento para demostrar la hipótesis de los abogados de la acusación, quienes defendían que las armas y munición empleadas provenían de parques de artillería españoles y no del deshecho de armas de la base de Torrejón de Ardoz, como testificó el condenado Leocadio Jiménez Caravaca.

El aporte fundamental de este libro es que por primera vez se ha convertido a la masacre de Atocha en protagonista principal de su periodo histórico. Además, y esto también es bastante novedoso, se ponen en relación las huelgas de 1976 y enero de 1977 en los sectores de la comunicación y el transporte con la masacre. En el libro se explica cómo se llevaron a cabo las negociaciones entre el gobierno y el PCE para la organización del cortejo fúnebre por las calles de Madrid. También se describe la investigación y la detención de los procesados, así como las desavenencias entre los abogados de la acusación particular y el juez Rafael Gómez Chaparro durante los tres años que duró la instrucción sumarial. Por último, en la parte en que la investigación se centra en el desarrollo de las sesiones del juicio se puede percibir el sentimiento de impunidad con el que operaban los grupos ultraderechistas en los primeros años de la Transición, algo en lo que coincidimos gran parte de los historiadores que analizamos la violencia de extrema derecha. Ese sentimiento se hizo patente en los argumentos de los abogados defensores.

 

Imagen del multitudinario entierro de los abogados de Atocha (EFE).

En La Transición española citamos informaciones relativas a que la noche del asesinato se quiso asaltar también otros locales. ¿Ha podido corroborarlo?

Durante aquellos días aparecieron numerosas noticias de ataques ultraderechistas no solo en Madrid, sino a lo largo de toda España. La mayoría de estas aportaban datos ambiguos difíciles de poder ser contrastados, así que decidí no hacerme eco de ellos.

Creo que durante la “Semana Negra” en las oficinas de los periódicos se amontonaban informaciones y noticias a un ritmo incontenible y creo que estas, en ocasiones, las publicaron sin verificarlas debidamente. Un ejemplo de esta afirmación fue la publicación de una noticia en la que se afirmaba que un grupo de ultraderechistas había intentado acceder al hospital Francisco Franco con la intención de rematar al abogado superviviente Luis Pardo Ramos. Sin embargo, la noticia fue desmentida por la mujer del letrado y varios trabajadores del hospital.

¿Qué es lo que aún no sabemos de este episodio?

Alguno de los aspectos que queda por esclarecer sería el origen de las armas y municiones empleadas en la masacre, su posible financiación con dinero proveniente de una cuota ilegal cobrada a los transportistas por el Sindicato Vertical de Transporte y si la forma de actuar de determinados funcionarios públicos permitió a otras personas ocultar complicidades y eludir responsabilidades. La falta de una respuesta a estas cuestiones despertó y despierta la sensación de que se han detenido a los autores materiales, pero que no se ha hecho justicia con las víctimas.

Como con todo suceso de la historia del presente, para arrojar nueva luz sobre los hechos de Atocha tendremos que esperar a la posible aparición de futuras fuentes documentales y testimonios. Un rayo de esperanza se nos ha presentado con la extradición a España de Carlos García Juliá, uno de los autores de la masacre, fugado desde 1994. Esperemos que no se desvanezca prematuramente.

 

 


EL 68: REFLEXIONES HISTÓRICAS DE INTERÉS

abril 27, 2020

 

Blindado del Ejército en México D.F. el 26 de julio de 1968 en una concentración de estudiantes (foto de Wikipedia).

 

EL RECUERDO DE LOS 40 AÑOS DE 1968 HA DEJADO UNA ESTELA DE PUBLICACIONES, de las que se hizo eco la prensa.

Por nuestra parte, colaboramos en un estudio colectivo sobre extremismo y violencia política que recomendamos por la diversidad de sus temas y trabajos: Juan Avilés, José Manuel Azcona y Matteo Re (eds.), Después del 68: la deriva terrorista en Occidente (Sílex ediciones, Madrid, 2019), 634 pp.. Nuestra aportación fue “Redes y dinámicas transnacionales de contrainsurgencia en la América Latina de los años del plomo: ‘Terror import/export’“. Puede accederse al sumario e introducción de la obra en PDF aquí.

 

En esta entrada incorporamos el PDF completo (68s – Coloquio) de las actas de un interesante congreso internacional al respecto, celebrado en Barcelona los días 29 y 30 de noviembre de 2018. Su referencia bibliográfica es la siguiente: Carme Molinero, Ricard Martínez i Muntada y Brice Chamouleau (eds). 68s. Congrés Internacional. Actes. Barcelona (CEDID-UAB, 2019), 185 pp. Se puede acceder al conjunto de información sobre la obra aquí, de donde hemos descargado el PDF.

El contenido de las actas es el siguiente:

  • “El 68 y su proyección violenta: los años 70, ‘años de plomo'”, Victor Aparicio Rodríguez.
  • “Recepción e influencia del mayo francés del 68 en España. El caso catalán”, Patricia Badenes Salazar.
  • “La transcendència dels anys 68 a la comarca de la Safor (País Valencià) repercussions i conseqüencies posteriors”, Vicent Cremades.
  • “La deriva más radical de los 68’s: Die Rote Armee Fraktion. Die Generation ‘K'”, Laura García Fernández.
  • “De la Renaixença al 68. Nacimiento y construcción del nacionalismo de liberación en la Cataluña del Tardofranquismo”, Andrea Geniola.
  • “1968 com a transició narrativa i cultural a Catalunya”, Mariona Lladonosa Latorre.
  • “The agitators of today and the leaders of tomorrow”. La política exterior de Estados Unidos y los estudiantes españoles en el contexto del 68″, Óscar J. Martín García.
  • “Letters from ‘Glaucos’: Guy Debord during the Portuguese Revolution”, Ricardo Noronha.
  • “Origen, trayectoria y resistencia en la nueva izquierda en Chile. El discurso de la violencia y la justicia en la reconfiguración estratégica del Movimiento de Izquierda Revolucionaria [MIR]”, José Antonio Palma Ramos.
  • “Calles, suburbios y fábricas. La crítica a la producción del espacio en el cine del Mayo francés”, Irene Valle Corpas.
  • “De las aulas a las armas. Radicalización del estudiantado universitario santafesino en la segunda mitad de la década de 1960”, Natalia Vega.
  • “El 68 invers. Sorgiment i èxit d’una cultura ‘troll’ de dretes, 50 anys després”, Francesc Veiga.

 

 


NUEVAS APORTACIONES SOBRE LA “GUERRA SUCIA” CONTRA ETA, LA REPRESIÓN POLICIAL DEL FRANQUISMO, LA VIOLENCIA POLÍTICA EN LA TRANSICIÓN Y LAS VÍCTIMAS OLVIDADAS DEL TERRORISMO

junio 22, 2019

A CONTINUACIÓN, PRESENTAMOS CUATRO ENSAYOS SOBRE VIOLENCIA POLÍTICA cuya lectura recomendamos y que complementan o desarrollan temas de nuestro estudio La transición española. El voto ignorado de las armas (2016).

Javier Padilla, A finales de enero. La historia de amor más trágica de la Transición, Tusquets, Barcelona, 2019

Reconstrucción de los trágicos vínculos de tres amigos: Enrique Ruano, Dolores González y Francisco Javier Sauquillo, estudiantes de derecho. González y Ruano se convirtieron en pareja y la relación acabó truncada por la muerte de Ruano en enero de 1969 en el curso de un interrogatorio policial nunca aclarado. Entonces este estudiante de 21 años cayó desde un séptimo piso. Posteriormente, González se casó con Sauquillo y trabajaron como abogados en el bufete laboralista que fue asaltado en enero de 1977 por tres ultraderechistas, causando la muerte a Sauquillo. González quedó traumatizada por ambos episodios. Padilla realiza una más que interesante y cuidada reconstrucción de este drama personal y político, bien documentada y de prosa ágil que constituye una lectura obligada sobre los últimos años del franquismo y la Transición. Su trabajo ha merecido el XXXI premio Comillas.

Ana María Pascual y Teresa Rilo, Cherid. Un sicario en las cloacas del Estado, El Garaje ediciones, Madrid, 2019.

Reconstrucción de la peripecia vital de Jean Pierre Cherid (1940-1984). Este exmiembro de la Organización del Ejército Secreto [OAS] y mercenario en la guerra de Biafra. Cherid fue uno de los mercenarios más conocidos de la “guerra sucia” contra ETA y murió al explotarle una bomba en un coche que supuestamente habría colocado el mismo. Su biografía se reconstruye aquí mediante el testimonio de su esposa Teresa Rilo, recogido por la periodista Ana María Pascual. Esta, a su vez, ha llevado a cabo una investigación sobre el protagonista de la obra. El resultado es una obra imprescindible para aproximarse al contraterrorismo desplegado desde el aparato del Estado. Lo apuntamos porque, según Rilo y Pascual, la “guerra sucia” contra ETA comenzó muy pronto (sus inicios remitirían a los primeros meses de 1970) y Cherid y su entorno tuvieron una clara dependencia de jerarquías oficiales de la policía (habría sido amigo de Antonio González Pacheco, conocido como Billy el Niño) y la Guardia Civil. Asimismo, siguiendo el testimonio de Rilo, su acción se insertó en la de las redes ultraderechistas internacionales que actuaron en la Península durante la Transición. Aunque la visión que ofrece Rilo de los hechos no puede contrastarse en diversos extremos, parece muy verosímil, en la medida que encaja con numerosas informaciones publicadas sobre la “guerra sucia” y reproduce diversos documentos e imágenes en apoyo de su relato.

Lucas Marco. Simplemente es profesionalidad. Historias de la Brigada Político Social de Valencia, Institució Alfons el Magnànim, Valencia, 2018.

Disponemos de escasas fuentes sobre la Brigada Político Social [BPS], por lo que esta aproximación a la misma en Valencia del sociólogo Lucas Marco es de notable interés. El ensayo, que ha conocido una segunda edición, se centra en los componentes de la misma y reconstruye sus perfiles a partir de distintas fuentes (desde sumarios judiciales hasta testimonios de policías). Bien escrita, ágil y concisa, la obra muestra igualmente qué se hizo de los integrantes de este cuerpo represivo en democracia. En tal sentido, el caso que más destaca es el de Manuel Ballesteros, que dirigió el mando único antiterrorista. Cuando este fue interpelado sobre su pasado en 1981 respondió así: “Lo mío simplemente es profesionalidad” (de ahí el título de la obra). En suma, Marco presenta una sugerente visión de cómo actuó la BPS en la Valencia franquista y de cómo este aparato policial se adaptó a la democracia, mostrando cómo la Transición política fue muy distinta de la policial.

María Jiménez Ramos y Javier Marrodán Ciordia. Heridos y olvidados. Los supervivientes del terrorismo en España, La esfera de los libros, Madrid, 2019.

Aproximación a las víctimas que resultaron heridas del terrorismo con un prólogo de Florencio Domínguez. El estudio recoge datos actualizados, por lo que es de notable utilidad, y se estructura en tres partes: la primera se centra en los perfiles de organizaciones terroristas (terrorismo nacionalista radical, de ultraizquierda, de extrema derecha e internacional); la segunda analiza los datos disponibles sobre heridos en términos globales, según organizaciones terroristas y destaca los atentados que causaron más víctimas. Finalmente, la obra recoge distintas entrevistas a supervivientes. El tema del trabajo aquí abordado (promovido por el Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo) es sumamente importante, en la medida que los heridos en atentados, señala Domínguez, “son personas olvidadas por la sociedad”, que “no es consciente” de su drama, cuando estas personas “no han sufrido solo daños físicos, sino que también ha habido muchos afectados con dolencias psicológicas producto de los atentados o del acoso que han sufrido mediante la denominada violencia de persecución”.


EL ASESINATO DEL LÍDER SAHARUI BASIRI EN 1970: UN CRIMEN OLVIDADO

junio 15, 2019

Basiri, “desaparecido” en junio de 1970, tras su detención por promover un nacionalismo saharui. 

 

EN BREVE HABRÁ TRANSCURRIDO CASI MEDIO SIGLO DE LA “DESAPARICIÓN” DE MOHAMED SIDI BRAHIM BASIR, BASIRI, DETENIDO EN JUNIO DE 1970, sin que se conozca oficialmente su paradero. Por esta razón hemos reeditado esta entrevista publicada originalmente en febrero de 2011 al periodista Pablo-Ignacio Dalmases, autor de un interesante libro sobre el Sáhara que planteaba este tema.

ENTREVISTA A PABLO-IGNACIO DALMASES: “LA MUERTE DEL LÍDER SAHARUI BASIRI FUE UN CRIMEN DE ESTADO”

La “desaparición” del primer líder nacionalista saharaui -Basiri- tras su detención en 1970 es uno de los muchos episodios que recoge el interesante testimonio del veterano periodista Pablo-Ignacio Dalmases sobre los últimos años de la presencia española en el Sáhara en su último libro, Huracán sobre el Sáhara, pues estuvo allí como periodista

El autor -que ha sido Jefe del Gabinete de Prensa de RTVE y de los Servicios Informativos de Radiocadena en Cataluña y ha trabajado 33 años en RNE- explica en él su experiencia como director de Radio Sáhara y del diario La Realidad de El Aaiún; la contradictoria política española en el lugar; la oposición militar a abandonarlo o la emergencia del nacionalismo saharui. En este aspecto, vuelve sobre un tema apenas conocido: la “desaparición” del citado líder nacionalista. Todo ello hace que la lectura de la obra sea más que recomendable y le agradecemos que haya accedido a ser entrevistado para este blog.

Usted alude a un “crimen de Estado” cometido en el Sáhara español en 1970. ¿Cual fue este homicidio?

El 17 de junio de 1970 el Gobierno General del Sáhara convocó una manifestación de adhesión a la política del gobierno de Madrid en la Plaza de España de El Aaiún. Para entonces se había ido fraguando un incipiente movimiento nacionalista pacífico en torno a la figura de Basiri, un saharaui que había estudiado en Egipto y Marruecos y que residía desde hacía algún tiempo en la ciudad de Smara. Este grupo aprovechó la oportunidad para organizar una manifestación paralela en el barrio periférico de Casas de Piedra o Zemla. Cuando el Gobierno tuvo conocimiento de ello intentó convencer a los participantes en esta manifestación ilegal a que se sumaran a la oficial –el Gobernador José María Pérez de Lema fue incluso personalmente a dialogar con ellos- pero sin resultado. Entonces se ordenó su disolución por la fuerza con intervención de la Legión, a consecuencia de lo cual hubo varios muertos y numerosos heridos.

La represión fue amplia y muchos implicados resultaron detenidos, aunque a la mayoría de ellos se le fue poniendo en libertad con el tiempo. No fue éste el caso de Basiri quien, aún sin haber participado personalmente en tales hechos –a los que propongo, recordando su analogía los movimientos emancipadores hispanoamericanos, denominar el “grito de Zemla”-, fue considerado su responsable moral y “desaparecido” al poco tiempo. De ahí que su muerte merezca ser calificada como un “crimen de Estado” que nadie todavía ha considerado oportuno aclarar y que rompió la hasta entonces armónica convivencia entre españoles y saharauis. Dicho de otra manera y en las palabras que Talleyrand aplicó a la muerte del duque de Enghien ordenada por Napoleón en 1804, al decir que su asesinato “fue peor que un crimen, fue un error”.

“La muerte de Basiri rompió la armónica convivencia entre españoles y saharauis y todavía nadie la ha considerado oportuno aclarar”

Al exponer el importante papel de los militares allí, alude a un “búnquer de arena”. ¿Qué quiere decir con ello?

Situémonos en el contexto histórico del tardofraquismo, con un ejército muy concienciado por el régimen como garante de la unidad nacional y de la integridad territorial de España. Ello hacía que la mentalidad de la mayor parte de la oficialidad fuese muy reticente a la nueva política emprendida -tras el magnicidio del presidente Luís Carrero Blanco- por el gobierno de Carlos Arias Navarro, dispuesto a iniciar un proceso que condujese al Sáhara desde su ficticia consideración de “provincia” a entidad autónoma primero y a partir de ahí, a un proceso de autodeterminación e independencia.

Esta política inteligente y de futuro, que se encargó a un nuevo equipo en el Gobierno General, cuyo máximo exponente fue el Secretario General, Luis Rodríguez de Viguri, sufrió el sistemático torpedeamiento de los grupos locales de presión militar, que intentaron cortocuitarla influyendo sobre el propio Gobernador, el pusilánime y poco perspicaz Federico Gómez de Salazar. Es a ese grupo muy endogámico y ajeno a la sociedad saharaui, escasamente sensible a la realidad que le rodeaba y de cortas miras, pero muy influyente, al que denomino el “búnquer de arena”.

Señala que los centros falangistas eran viveros de nacionalismo saharui. ¿Por qué?

Es curioso comprobar que en la numerosa bibliografía surgida en torno al franquismo nadie haya estudiado aún la influencia que tuvieron algunas instituciones del Movimiento en la creación de una conciencia política y social que, partiendo de presupuestos formalmente falangistas, fructificó y evolucionó luego, según el talante de cada cual, en itinerarios ideológicos muy dispares, pero en los que subyacía siempre un talante social y progresista. Me refiero, muy principalmente, al Frente de Juventudes y a la Sección Femenina, que no fue en absoluto la organización anacrónica y regresiva que se ha querido pintar luego.

La actuación de ambas instituciones en el Sáhara fue un revulsivo que despertó la conciencia política de jóvenes de uno y otro sexo de tal modo que, cuando llegó el fermento nacionalista, lo recibieron con naturalidad y con la peculiaridad, eso sí, de que su naciente independentismo no era necesariamente antiespañol, sino de alguna forma heredero de la propia formación recibida. Como me dijo una alumna saharaui de la Sección Femenina en los momentos más álgidos de exaltación independentista “cuando el Sáhara sea independiente nadie gritará contra España, pero todos seguiremos hablando y pensando en español”.

Un dato sorprendente para el lector y que define aquella sociedad, era la presencia de esclavos. ¿Ésta era importante?

La esclavitud era una institución ancestral y tradicional no sólo en el Sáhara español, sino en toda esta zona del continente africano. Hay que decir que su expresión práctica tenía peculiaridades propias, que vinculaban al esclavo a la familia propietaria con un tipo de relación muy especial, acaso menos ofensiva que en otras latitudes y momentos históricos. La política española fue la del avestruz: formalmente estaba prohibida, pero en la práctica se ignoraba deliberadamente, acaso porque algunos de los mayores propietarios de esclavos eran ciertas personalidades autóctonas con cargos importantes en la “provincia”. Un dato curioso es que cuando se elaboró el famoso censo para el referéndum, que ha sido luego utilizado por la ONU, hubo que “inventar” una categoría censal para este colectivo y al final se le encuadró dentro de un grupo denominado “parientes pobres”. En 1974 creo recordar que se cuantificaron alrededor de 3.000.

“El Frente de Juventudes y a la Sección Femenina influyeron en el desarrollo del nacionalismo saharui” 

¿Qué falló en la descolonización española de aquella provincia española desde 1958 para desembocar en la situación actual?

Muchas cosas. En el período comprendido entre la provincialización de 1958 y el inicio del proceso de autonomía en 1973  hubo por de pronto una incomprensible dicotomía entre la política colonial realizada en el exterior y la interior. La primera, auspiciada por el Ministerio de Asuntos Exteriores, aceptaba en las Naciones Unidas la condición de nuestras provincias africanas como territorios no autónomos y la subsiguiente aplicación en ellos de la Declaración de 1960 sobre concesión de independencia a los países  pueblos coloniales. La segunda estaba en manos de Presidencia, responsable de la administración de dichas “provincias”, y apostaba por la continuidad indefinida de España, sobre todo en el Sáhara. Hubo que esperar a la muerte de Carrero para que esta absurda contradicción cambiase de signo y se unificase en la única política posible.

Tropas españolas en el Sáhara (foto de EFE). El Ejército configuró el verdadero poder allí, un “búnquer de arena” según el autor.

Pero entonces se movieron otros hilos y grupos de presión (Alto Estado Mayor, grupos de intereses económicos, etc) dispuestos a impedir a toda costa que la voluntad oficial de proceder a la descolonización del territorio como consecuencia de un proceso de autodeterminación abortase en favor de una solución favorable a los interese anexionistas manifestados reiteradamente por Marruecos. El apoyo de Estados Unidos y Francia a Rabat y la enfermedad terminal de Franco, que parece no era en absoluto partidario de ceder ante Marruecos –según el testimonio de Jaime de Piniés-, hicieron posible la “marcha verde” y el vergonzoso abandono español, con dejación de nuestras responsabilidades históricas, de nuestro compromiso jurídico con la ONU y de nuestra deuda moral con el pueblo saharaui.

Aquella “espantada” no sirvió para nada y el Sáhara sigue siendo, 35 años después, un problema inconcluso que está dolorosamente presente en la esfera internacional y continúa pesando como una losa en las relaciones entre España y Marruecos.


LOS ATENTADOS DE NUEVA ZELANDA: ¿UN NUEVO CASO DEL TERRORISMO DE “RESISTENCIA SIN LIDERAZGO”?

marzo 17, 2019

Vídeo elaborado por El País sobre el atentado de Nueva Zelanda.

LOS ATENTADOS ISLAMÓFOBOS COMETIDOS EN NUEVA ZELANDA ESTE VIERNES TIENEN APARENTEMENTE EL MISMO PATRÓN QUE OTROS QUE SON OBRA DE EXTREMISTAS DE DERECHA E ISLAMISTAS RADICALES. Los cometen individuos (los llamados “lobos solitarios”) o células reducidas que actúan de modo autónomo en nombre de una entidad, como sucedió en el múltiple atentado de Barcelona el 17 de agosto de 2017 [17-A].

Las ventajas de esta estrategia

Ello minimiza riesgos de detección policial (no hay cadenas claras de mando tras los autores que lleven a organizaciones), otorga gran margen de maniobra a los terroristas y permite perpetrar acciones mortíferas ‘low cost’ en cualquier lugar. Paradójicamente, esta estrategia conocida como “resistencia sin liderazgo” la desarrollaron originalmente ultraderechistas estadounidenses supremacistas u opuestos a un Estado denunciado como opresor.

El origen (1974): el Frente de Liberación Nacional Socialista

Su embrión, según el historiador Jeffrey Kaplan, radicó en el minúsculo Frente de Liberación Nacional Socialista. Constituido en 1974, quiso contrarrestar el ascendente de la “nueva izquierda” y sus grupos armados en campus universitarios. Así, intentó imitar a las guerrillas urbanas de izquierda y consideró que las acciones contra el Estado debía promoverlas una reducida vanguardia activa (el cartel de la izquierda se considera la plasmación plástica de tal intento).

Sin embargo, solo 4 de sus 43 miembros perpetraron actos individuales violentos irrelevantes y el grupo acabó su andadura al ser asesinado en 1975 su líder, Joseph Tommasi. Pero para Kaplan plasmó por vez primera el concepto de “resistencia sin liderazgo” sin recibir tal nombre.

Los años 80: la difusión de la “resistencia sin líderes”

A inicios de los 80 otro colectivo supremacista y antisemita violento marcó un hito en la radicalización de la ultraderecha: La Hermandad Silenciosa, llamada también La Orden. Liderada por Robert J. Mathews, efectuó sus crímenes con individuos o células que -según un exmiembro- debían hacer los “esfuerzos de resistencia […] que se sientan capaces de instituir”. Para el FBI fue la amenaza terrorista interna más peligrosa, desarticulada al morir Mathews en 1984 en un enfrentamiento.

Los sectores extremistas impactados por su acción fueron galvanizados por lo que -a sus ojos- devinieron sucesivas afrentas de un Estado opresor: en 1989 se celebró un juicio por sedición en Arkansas contra figuras prominentes de la ultraderecha; en 1992 el FBI mató en un enfrentamiento a la mujer y al hijo de un radical, Randy Weaver; y en 1993 las tropas federales asaltaron un rancho de la secta de Adventistas del Séptimo Día en Waco (Texas) con 80 muertes. En este marco, advierte Kaplan, se difundió el concepto de “resistencia sin liderazgo”, que el supremacista Louis R. Beam ya había plasmado en 1983. Este adoptó las tesis que un coronel de inteligencia -Ulius Louis Amoss- concibió en 1962 para luchar con guerrillas ante una eventual invasión comunista de EE.UU. De este modo, arguyó que se debía combatir con iniciativas individuales o “células fantasma” ajenas a organizaciones, siempre infiltrables.

“Hunter” (1989): la novela que la popularizó en las milicias

Contribuyeron a popularizar esta estrategia novelas como Hunter (Cazador, 1989), de William L. Pierce, que narra la actuación de un “lobo solitario”. Aparentemente la adoptaron activistas de este espectro político, aunque es difícil establecer hasta qué punto lo hicieron conscientemente.

Lo reflejan casos como los de Timothy McVeigh al atentar en 1995 contra el edificio del Gobierno Federal en Oklahoma y matar a 168 personas (en respuesta “al ataque estadounidense contra un edificio gubernamental en Serbia, Irak u otras naciones”) o el del noruego Anders Behring Breivik, autor de la masacre de Utoya en 2011 con 69 muertes de jóvenes socialistas.

El gran salto de 2005: de la extrema derecha al islamismo radical

1426882959_369084_1426885760_noticia_normalNo obstante, el criminólogo Travis Morris remarca que también lo hicieron sendas organizaciones de extrema izquierda: el Frente de Liberación de la Tierra y el Frente de Liberación Animal. Finalmente, la habría incorporado el yihadismo posiblemente a través de Abu Musab al Suri en 2005, asumiéndola Al Qaeda primero y luego el ISIS (en la foto, Abu Musab al Suri con Osama Ben Laden; imagen de US Attorney’s Office – Southern District of New York).

En suma, la “resistencia sin liderazgo” surgida en la ultraderecha estadounidense ha sido ampliamente difundida y asumida por diversos antagonistas conformando un terrorismo difícil de prever y desarticular, con gran capacidad destructora.

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* Esta entrada recupera el contenido esencial de nuestro artículo publicado originalmente en agosto de 2017: Xavier Casals, “Resistencia sin liderazgo, el nuevo terror”, El Periódico (18/VIII/2017).


ESPECIAL ANIVERSARIO DEL 23-F (4): ¿”17-F” o “23-F”? EL GOLPE, EL FRENTE DE LA JUVENTUD Y UN HOMICIDIO

febrero 23, 2019

El teniente coronel Antonio Tejero toma el Congreso el 23 de febrero de 1981

Especial 23-F: ante esta fecha, reeditamos las entradas publicadas en el blog sobre el fallido golpe de Estado. La información presentada en ellas, la hemos ampliado, matizado o revisado en nuestra obra La Transición española. El voto ignorado de las armas.

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EN LA TENTACIÓN NEOFASCISTA EN ESPAÑA (cuyas referencias figuran en el apartado de publicaciones del blog) dedicamos un capítulo al fallido golpe del 23-F donde apuntamos la eventual existencia de una trama civil protagonizada por el Frente de la Juventud [FJ] a partir del testimonio de uno de sus dirigentes, Ernesto Milá (pp. 223-253).

El FJ fue creado en Madrid en 1978 por una escisión de Fuerza Nueva. Esta organización fue presidida por José de las Heras, su vicepresidente fue Ernesto Milá y su secretario general Ignacio González. Constituyó sobre todo una formación de choque: se financió con atracos y ejercitó a sus militantes en las armas.

Desarrolló un activismo desbordante jalonado por diversos crímenes y actos de violencia. Tal actuación del FJ le situó en la frontera del terrorismo político y un exmilitante definió así la función del grupo: «el Frente siguió la tradición de la Falange de preguerra y se autoasignó el mismo papel que aquel partido había tenido cuarenta años antes. Como entonces, el Frente se veía como un elemento detonador que, al transformar cada acto funerario militar, cada reunión patriótica en una algarada, aproximaba un poco más a las fuerzas sanas que imaginábamos que existían aún en el ejército, a un alzamiento no del todo distinto al de 1936».

Los golpes policiales asestados al FJ acabaron desmantelándolo, primero en Barcelona, en junio de 1980, y luego en Madrid, entre diciembre de 1980 y enero de 1981.

Propaganda del Frente de la Juventud.

Sin embargo, el FJ podría haber sido la única formación de la ultraderecha que contribuyó a materializar un golpe de Estado. Según afirmó Milá, en septiembre de 1980 un suboficial del entorno del teniente coronel Antonio Tejero contactó con el FJ para que el grupo participara en su complot involucionista. Aceptada la propuesta, un miembro del FJ y un militar involucionista se reunieron periódicamente para planear el golpe, cuya ejecución se concretó el 17 de febrero de 1981.

Ese día entrarían en el Congreso 40 militantes del FJ encapuchados y vestidos con ropa paramilitar para encarnar a terroristas de filiación indefinida (¿ETA? ¿GRAPO?). Debían disparar al aire ráfagas de ametralladora para intimidar a los diputados y ofrecer un pretexto que allanara la intervención de unas Fuerzas Armadas que restaurarían el orden y rescatarían a los parlamentarios. Los miembros del FJ dejarían el lugar a cambio de que se les facilitara huir en avión a Santiago de Chile.

Pero la desarticulación de la cúpula frentista y la detención de numerosos integrantes del grupo entre diciembre de 1980 y enero de 1981 neutralizó el hipotético dispositivo golpista. Milá, su vicepresidente, estaba exiliado en Francia desde junio de 1980 acusado de participar en la manifestación de Barcelona que culminó con el citado ataque a la sede de la UCD. Mantuvo contactos con la dirección del FJ hasta el 3 de octubre, cuando un atentado mortífero en la sinagoga parisina de la calle Copérnico le obligó a huir del país al ser implicado en el atentado, lo que posteriormente se reveló falso.

A su ausencia, en diciembre se añadió el extraño asesinato del secretario general del FJ, González: la noche del 11 al 12 de diciembre del mismo 1980 fue acribillado en el portal de su domicilio. El homicidio no fue reivindicado ni se aclaró, circulando entre los exmilitantes del FJ el rumor de que fue un «crimen de Estado» para silenciar informaciones comprometidas que el difunto conocía.

Por último, a fines de enero de 1981 una redada policial comportó varias detenciones de frentistas y recuperó 30 armas y 200 kilos de munición. Exiliado el vicepresidente, asesinado el secretario general y detenido el presidente, el FJ quedó desarticulado. No obstante, conoció una segunda etapa de actividad hasta abril de 1982 que comportó multas y detenciones y llevó a sus seguidores a disolverlo.

¿Pudo ser real la trama civil golpista del FJ? La existencia de la misma sólo la defendió Milá, mientras miembros de la organización la consideran una fantasía y la bibliografía sobre el 23-F la soslaya con una solvente excepción, la obra de Francisco Medina: 23-F. La verdad (Plaza & Janés, Barcelona, 2006), p. 256.

Sin embargo, desde nuestra óptica dos hechos le confieren visos de realidad. Uno es la compra de autobuses de segunda mano y ropa militar en el Rastro por parte de Tejero, pues nunca ha quedado clara la necesidad que los golpistas tenían de ellos dado que el 23-F acudieron al Congreso con uniformes y vehículos de la Guardia Civil. El otro es el homicidio de Ignacio González no esclarecido.

Cierta o no esta versión de los hechos, cuando se acerca el 30 aniversario de los mismos la muerte de González no ha sido clarificada y desde ámbitos exfrentistas se ha apuntado una hipótesis de la misma que remite a un infiltrado en la organización y la considera un caso de “terrorismo de Estado”: véase José Luis Jerez Riesco, “Epílogo”, Colectivo Amanecer , Patria-Justicia-Revolución. La historia del frente de la Juventud en sus documentos y propaganda (Ediciones Nueva República, Molins de Rei, 2005), pp. 255-260.