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febrero 18, 2017

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LA MASACRE DE ATOCHA: LOS INTERROGANTES ABIERTOS*

enero 28, 2017

Breve reportaje sobre los hechos de Atocha.

LA NOCHE DEL 24 DE ENERO DE 1977 SE PRODUJO EN MADRID LA MASACRE DE LOS ABOGADOS comunistas del gabinete laboralista del número 55 de la calle Atocha, obra de un comando ultraderechista. La tragedia se enmarcó en una huelga de transporte convocada el día 17, liderada por Joaquín Navarro (de CC.OO.) y asesorado por el bufete mencionado. El conflicto le enfrentó al sindicato oficial franquista todavía vigente, hecho que aparentemente desencadenó el crimen. Pero 40 años después, varios aspectos del episodio permanecen en la oscuridad, como exponemos a continuación.

“Esferas de poder” ocultas y espiral criminal

Todo empezó a las 22.30 horas del día 24, cuando irrumpió en al bufete citado el terceto formado por José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada. El último  custodió la puerta y sus compañeros reunieron a los presentes al salón. Allí les encañonaron y les preguntaron sin éxito por Navarro (quien había marchado poco antes). Entonces les dispararon y huyeron dejando tres cadáveres -Enrique Valdevira, Luis Javier Benavides y Ángel Rodríguez- y seis heridos: Alejandro Ruiz-Huerta, Miguel Sarabia, Dolores González, Luis Ramos, Francisco Javier Sauquillo y Serafín Holgado (los dos últimos fallecieron el día siguiente).

Su entierro movilizó 200.000 personas en silencio en las calles de Madrid y, según el ministro Rodolfo Martín Villa, la demostración de dolor inclinó al gobierno a legalizar el Partido Comunista [PCE] el 9 de abril. Así, el atentado anticomunista paradójicamente facilitó la inserción de los comunistas a la nueva democracia.

atocha

Las investigaciones del crimen acreditaron vínculos de los verdugos con el secretario del Sindicato Provincial de Transportas, Francisco Albadalejo, quien manifestó que sólo quería dar “una lección” a Navarro. Fueron considerados cómplices Gloria Herguedas (compañera de Fernández) y el exlegionario Leocadio Jiménez.

El juicio se celebró en febrero de 1980 y la sentencia concluyó que los aludidos formaban un grupo autónomo con “abundantes armas”. Condenó a Albadalejo a 73 años como inductor; a 193 años a Fernández y García por los asesinatos; a Jiménez a más de 4 por tenencia de armas; Herguedas fue absuelta y Lerdo huyó en un permiso penitenciario. No osbtante, la Audiencia Nacional señaló que podía haber culpables sin juzgar y “grupos y esferas de poder” podían estar detrás el episodio.

El abogado de las víctimas, José Mª Mohedano, hizo esta reflexión: “todavía no he podido responderme […] a la pregunta de por qué les eligieron como víctimas. […] Pero sigo pensando que […] estas cosas no sucedieron al azar”, dadas las provocaciones que aquella semana se sucedieron “con una coincidencia tan concatenada”. Y es que Atocha fue el clímax de una espiral violenta iniciada el diciembre con epicentro en Madrid.

La “semana trágica” de 1977

El día 11 de aquel mes un comando del grupo maoísta GRAPO secuestró al presidente del Consejo de Estado, Antonio Mª de Oriol, y a cambio de su vida pidió liberar varios presos políticos. El gobierno no cedió y el GRAPO no mató a Oriol, pero le retuvo. La situación se complicó en la última semana de enero: el día 23 un ultraderechista mató de un disparo al estudiante Arturo Ruiz en una manifestación por la amnistía.

El día siguiente el GRAPO secuestró al teniente general Emilio Villaescusa, presidente del Consejo de Justicia Militar, que devino su segundo rehén. La misma jornada falleció la estudiante María Luz Nájera por el impacto a la cabeza de un bote de humo en una manifestación en protesta por la muerte de Ruíz y por la noche se produjo el crimen de Atocha. Esta tensión acabó el 11 de febrero, al ser liberados Oriol y Villaescusa. Pese a que sólo se puede trazar conjeturas, parece plausible pensar que existió algún vínculo entre los acontecimientos descritos por varias razones.

Cabos sin atar

Así, si bien el episodio criminalizó al conjunto de la ultradreta, desde este espectro se denunció una manipulación. Por ejemplo, Blas Piñar, líder de Fuerza Nueva, hacéis este apunte: “Si hay una cosa clara en la ‘matanza de Atocha’ son las personas que actuaron y las armas empleadas. Lo oculto está en otro aspecto: en los inductores y en los verdaderos móviles”. La afirmación, a pesar de ser exculpatoria, no se puede descartar al haber indicios de que el crimen podría no haber sido un acto aislado y espontáneo como pareció.

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Nuestro último estudio dedica tres capítulos a la “semana trágica” de enero de 1977.

En este aspecto, la noche de la matanza el despacho de Atocha no fue el único asaltado. La UGT afirmó que se quiso forzar un local suyo a las 22 horas y circularon otras informaciones parecidas en círculos feministas y laboralistas. También hubo incidentes: explotó un artefacto en la calle López de Hoyos y grupos ultraderechistas que recorrían calles obligaron a cantar el “Cara al sol” a clientes de establecimientos. El ambiente, según la periodista Victoria Ruego, fue “de una violencia y de una excitación aterradoras”.

Igualmente, según el sumario, uno de los asesinos, Fernández, llamó desde Almería poco antes de ser detenido a Muebles Laorga (o La Orga), un ente aparentemente comercial ubicado en un inmueble de Defensa que desapareció los meses posteriores al crimen. Además, en el juicio afloraron pasarelas entre ámbitos ultraderechistas y cuerpos de seguridad: algunos detenidos manifestaron tener “estrecha amistad” con los inspectores Antonio González Gay y Antonio González Pacheco (Billy el Niño), aunque luego se  desdijeron.

Llegados aquí, puede plantearse que la matanza tal vez pudo tener hitos ocultos desconocidos, que podrían ir desde crear un clima proclive a un golpe de estado o bien evitarlo al contrarrestar el efecto de los secuestros del GRAPO con violencia ultraderechista. Si bien estas conjeturas son indemostrables, José Miguel Ortí Bordás (entonces subsecretario de Gobernación) ha hecho esta valoración: “el indudable y poderoso impacto político” de Atocha “contrarrestó a efectos de opinión pública […] los secuestros de Oriol y de Villaescusa […]. Tampoco parece descabellado poder afirmar que este fenómeno permitió una especie de neutralización entre ambas actuaciones delictivas”.

En cualquier caso, hoy es difícil no coincidir con esta valoración de Ruiz-Huerta, superviviente de la masacre: “‘El caso Atocha’ se cerró. ¿Se cerró?: no sé. Tantas cosas quedan que será muy difícil que podamos cerrarlo entre todos”.

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* Artículo publicado originalmente en catalán conel título “La massacre d’Atocha: els interrogants oberts”, en el diario catalán Ara (22/I/2017).

 


EL ESCRITOR JAVIER CERCAS RECOMIENDA NUESTRO LIBRO “LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA. EL VOTO IGNORADO DE LAS ARMAS”

enero 21, 2017

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EL ESCRITOR JAVIER CERCAS RECOMIENDA EN EL PAÍS SEMANAL (15/I/2017) nuestro reciente estudio La transición española. El voto ignorado de las armas. Lo hace en un artículo crítico con los posicionamientos políticos partidistas vigentes sobre la democratización española, tanto de aquellos que sostienen los detractores de aquel proceso político, como los de sus apologetas.

Reproducimos el texto a continuación por considerarlo de interés para nuestros lectores y lectoras. Puede accederse al artículo original clicando aquí.

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El combate del siglo

En una esquina, los Grandes Odiadores de la Transición; en otra, los Grandes Apologetas de la Transición. Y en medio, los historiadores serios.

Hay gente que hace un uso personal de la Transición. O más bien un abuso. Los abusones se dividen en dos tipos: los Grandes Odiadores de la Transición (GOT) y los Grandes Apologetas de la Transición (GAT). En una esquina del ring están los primeros, que de un tiempo a esta parte arman bastante ruido. No son sólo jóvenes en teoría izquierdistas que no vivieron la Transición, sino también viejos en teoría izquierdistas que vivieron la Transición como jóvenes y creen que podrán seguir siendo jóvenes y de izquierdas gracias a su pertenencia a los GOT. Unos y otros sostienen que la Transición fue un tongo, una sucia treta urdida con el fin de que el franquismo pareciera cambiar cuando nada cambiaba (y aquí citan siempre, mal, a Lampedusa), de modo que la democracia española no es más que una democracia fraudulenta o una versión maquillada del franquismo, la culpa de todos nuestros males públicos la tiene la Transición y nosotros no somos responsables de ninguno, aunque no escasean los GOT con un elevado concepto de sí mismos que también le echan la culpa a la Transición de sus males privados, de la injusticia clamorosa de que este país no haya reconocido sus méritos excepcionales. Los GOT, en fin, son bastante inofensivos, algunos incluso entrañables; en cuanto a sus argumentos, no precisan refutación, de hecho ni siquiera son argumentos, sino desahogos de frustraciones personales o palancas de ambiciones políticas, y a menudo delatan un conocimiento de la Transición comparable al que un servidor posee de la cría de la oveja merina australiana.

En la otra esquina del ring están los GAT. Son más escasos que los anteriores, pero mucho más poderosos. Todos son suficientemente viejos para haber vivido la Transición en primer plano, o en un segundo o tercer o cuarto plano lo bastante próximo al primero para permitirles fingir que fue el primero y afirmar que nadie conoce la Transición como ellos, lo que viene a ser más o menos igual que si Fabrizio del Dongo, el protagonista de La Cartuja de Parma, afirmara que nadie conoce Waterloo como él, que vivió la batalla, pero no entendió una palabra de lo que ocurría a su alrededor. La razón de la existencia de los GAT es obvia: como sabe cualquiera un poco leído y en sus cabales, la Transición salió razonablemente bien, así que tiene mil padres. Los GAT sostienen en lo esencial que aquél fue un periodo histórico ejemplar en el que, guiados por la grandeza de miras de una clase dirigente ejemplar, los españoles crearon una democracia ejemplar y bla, bla, bla. En suma: otro timo. Pero es que, en cuanto te descuidas, los GAT te aseguran que le dictaban los discursos al Rey, le daban collejas al badulaque de Suárez y frenaban los ímpetus preseniles de Carrillo. Y, como algunos obtienen réditos notables de defender la Transición, venga a cuento o no la defienden, si es menester inventándole enemigos temibles, lo que explica que cualquier nadería de la inefable Pilar Urbano provoque respuestas tan estridentes como superfluas de notorios GAT. Aunque, claro, también entre ellos hay personas sinceras y bienintencionadas. Pero la mayoría de los GAT parecen convencidos de que les ha ido tan bien por sus propios méritos y no porque nunca se hayan beneficiado de las insuficiencias de la democracia que alumbró la Transición.

Y en esas estamos. ¿Hay alguien en medio del combate entre GOT y GAT? ¿Hay árbitro en el ring? Sí: los historiadores. Hablo de los historiadores serios, claro está. No es que ellos tengan la verdad (la verdad sólo la tiene Dios, que no existe), pero son los que con más ahínco la buscan. El último que he leído es Xavier Casals, autor de La transición española, un grueso volumen donde discute el papel de la violencia en aquellos años, según él mucho más relevante de lo que se suele decir porque contribuyó de manera involuntaria a estabilizar la democracia que pretendía desestabilizar. No es un libro inobjetable –si lo fuera, no sería bueno–, pero sí el tipo de libro capaz de coger de la oreja a los GOT y los GAT y mandarlos a sus respectivas esquinas del ring. Y desde allí a su casa, de donde nunca debieron salir.


HOFER Y LA NORMALIZACIÓN DE LA ULTRADERECHA. ¿POR QUÉ CRECE EL FPÖ?*

noviembre 30, 2016

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Cartel de la campaña electoral de los comicios de abril del candidao del FPÖ con el lema “En defensa de Austria. Tu patria te necesita ahora”.

Ante la repetición de los comicios presidenciales en Austria el próximo domingo, recuperamos el artículo que publicamos en relación a los mismos cuando se celebraron el pasado 24 de abril, ya que las tesis que sostenemos no han perdido vigencia.

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LOS COMICIOS PRESIDENCIALES DE AUSTRIA HAN CONMOCIONADO A EUROPA porque el candidato del ultraderechista Partido de la Libertad (FPÖ), Norbert Hofer, venció en la primera vuelta con el 35% de los votos y fue derrotado in extremis en la segunda (con un 49,7%) por su rival, el ecologista Alexander van der Bellen. ¿Cómo explicar este hecho?

El tema de los refugiados ha influido, pero no basta para justificarlo, ni tampoco la crisis económica: el país tiene un 5,8% de paro. De hecho, las formaciones de este espectro están ausentes en cuatro países rescatados (Irlanda, Portugal, España y Chipre) y su presencia es acotada en Grecia (7% de votos a Amanecer Dorado y 4,8% a Griego Independientes, ANEL). Se impone, pues, un análisis más complejo. Veámoslo.

De marginales a centrales

En primer lugar, debe tenerse en cuenta que la extrema derecha o derecha populista ya no es marginal. Lo reflejaron los comicios europeos del 2014: el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) captó el 26,7% de los votos, el Partido Popular Danés (DF), el 26,6%; el Frente Nacional (FN) lepenista el 24,8% y el FPÖ el 19,7%. Además, desde el 2015 gobierna Polonia el reaccionario partido Ley y Justicia (PiS), que lidera Jaroslaw Kaczynski (ese año obtuvo el 37,7% de votos). Asimismo, en Hungría lo hace desde el 2010 Víktor Orbán (Viktátor para sus detractores), cuya Unión Cívica Húngara (Fidesz) experimenta una radicalización derechista y captó el 45% de votos el 2014.

Esta cartografía indica una aceptación social creciente de formaciones de derecha populista, muchas de cuyas siglas gozan de arraigo. Así, en 1973 ya ingresaron en el parlamento el Partido del Progreso en Dinamarca (origen del actual DF) con el 16% de votos y el de Noruega (FrP), con el 5%. Ambos agitaron la protesta fiscal y contra el ‘establishment’ y al exigir que las prestaciones sociales fueran para autóctonos configuraron un “chauvinismo del bienestar”. Una década después, en los comicios europeos de 1984 el FN logró un 11% de sufragios y se integró en la escena gala. A la vez, el FPÖ (formación con una ala liberal y otra nacionalista) conoció un giro populista en 1986 con Jorg Haider y captó el 10% de votos ese año. Así, tras décadas de existencia, estos partidos gozan ya de electorado fidelizado.

Los móviles: protesta e identidad

En segundo lugar, la extrema derecha cuenta con dos pilares de movilización: la afirmación de la “identidad nacional” y elrechazo a las élites tradicionales, que también ilustra el ascenso del FPÖ. De este modo, el politólogo Gaël Brustier remarca que su ultranacionalismo se enmarca en un país de lenta toma de conciencia nacional, pues aunque la actual república se constituyó en 1918, su acta de nacimiento fue un tratado de 1955 que puso fin a su ocupación aliada tras la segunda guerra mundial. Así, el FPÖ une a su islamofobia, antieuropeísmo y rechazo a los refugiados, un nacionalismo exaltado que incluye la reivindicación del Tirol del Sur italiano. A la vez, denuncia a los partidos tradicionales, cuestionando el Proporzsystem (un reparto de cargos institucionales en función de los votos), cuyos beneficios han monopolizado largo tiempo socialdemócratas (SPÖ) y conservadores (ÖVP). Ambas fuerzas, que gobiernan coaligadas, conocen una erosión y la primera vuelta de los comicios presidenciales solo sumaron el 22,4% de votos.

Sin embargo, el discurso de la derecha populista es distinto al de la izquierda. ¿En qué sentido? Porque no solo se limita a denunciar a las élites ante el “pueblo llano” por secuestrar presuntamente sus derechos políticos y sociales, sino que –como señala el politólogo Pierre-André Taguieff– también las denuncia por favorecer la inmigración y el multiculturalismo, constituyendo un imaginario “partido del extranjero” traidor a la nación. Este antielitismo asociado a la xenofobia proyecta un nuevo enemigo: el extranjero-invasor.

¿Fascismo o reacción antiglobalización?

En tercer lugar, el éxito de la derecha populista radica en constituir un exitoso movimiento contra la globalización que no se define como tal, muy diferente de los fascismos. Estos últimos emergieron en los años de entreguerras, en un marco de industrialización y de clases sociales nítidas, manifestaron una vocación totalitaria y su eje aglutinador fue el anticomunismo.

En cambio, la nueva derecha populista irrumpe en la era postindustrial, de clases sociales desdibujadas y con el comunismo extinto. Rechaza oficialmente el racismo y asume un singular “elogio de la diferencia”: afirma querer preservar la diversidad cultural evitando mestizajes para que las comunidades foráneas regresen a sus países de origen. Asimismo, a diferencia del fascismo, no desea un individuo pasivo, sino que le exhorta a movilizarse en las urnas y exalta el referéndum para manifestar la voluntad popular. Tal apuesta puede legitimar la exclusión, como testimonió, un plebiscito que promovió la Unión Democrática de Centro [UDC/SVP] suiza el 2000 en Emmen: sus habitantes decidieron si naturalizaban a 52 residentes extranjeros, rechazando a 48.

En definitiva, este espectro ideológico quiere erigirse en defensora del “hombre de la calle” ante las amenazas de la mundialización: económicas (flujos migratorios, deslocalizaciones industriales, competencia comercial), políticas (cesiones de soberanía a entes supranacionales, notablemente la Unión Europea) y culturales (presencia del Islam, multiculturalismo). El resultado, como indica el politólogo Cass Mudde, es que son las fuerzas de oposición a la globalización de más éxito electoral.

Un voto transversal

En cuarto lugar, entre su electorado tiende a estar sobrerrepresentado el masculino, urbano, joven y de bajo nivel de estudios. Parte de sus votantes no se considera ni de derecha ni de izquierda, de ahí que la politóloga Nonna Mayer les designe como “ninistas”.

Paralelamente, la asunción de la islamofobia por la derecha populista ha atraído un apoyo femenino y de ámbitos homosexuales al temer que el Islam genere un retroceso en libertad sexual e igualdad de género. Pero el rasgo más llamativo de estos partidos es su gran voto obrero, que –por ejemplo– representó el 31% del cosechado por Marine Le Pen en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas del 2012.

En general, los apoyos de estas fuerzas, siguiendo al también politólogo Pascal Perrineau, proceden del impacto de cinco grandes fracturas. La económica, que opone a beneficiarios y perdedores de la mundialización. La nacionalista, que opone a quienes desean ampliar la obertura internacional de la sociedad con sus detractores. La cultural, que confronta a partidarios de valores antiautoritarios y defensores de los tradicionales. La geográfica, que configura zonas desindustrializadas y marginadas de las insertas en una economía dinámica y global. Y la política, ya citada, que opone a defensores de culturas de gobierno y a los desencantados con la política tradicional que apuestan por culturas antisistema.

Una realidad poliédrica

En suma, actualmente amplios sectores sociales apoyan a la derecha populista debido a dinámicas locales y globales, lo que favorece su normalización y respetabilidad. Esta realidad es igualmente visible en EEUU con Donald Trump: un gestor multimillonario de perfil antagónico al de un político profesional, antielitista y que ha alineado al Partido Republicano con un extremismo inquietante.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (29/V/2016) con el título “¡Heil Europa!” Es interesante el artículo de complemento “Los 12 rostros de la Europa ultra”, en el mismo diario.


TRUMP Y LOS POPULISTAS EUROPEOS: ¿VOLVEMOS A LOS AÑOS TREINTA?*

noviembre 16, 2016

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Marine Le Pen y Donald Trump: ¿Encarnan un regreso a la era de los fascismos?

EL TRIUNFO DE DONALD TRUMP EN LOS EE.UU. y el ascenso de la derecha populista en Europa y más allá del continente (el partido Una Nación ha logrado este año en Australia el 4.3% de los votos del Senado) indican un aparente regreso a los fascismos de entreguerras. ¿La razón?

Presentan liderazgos fuertes con un discurso político que pretende situarse al margen de la dicotomía derecha-izquierda y combina xenofobia y exaltación nacionalista con ataques al Establishment y a las élites. ¿Pero asistimos realmente a un regreso en treinta? Más allá de estos parecidos hay diferencias importantes que proyectan un fenómeno de rasgos nuevos.

Del anticomunismo a la antiglobalización

redEn primer lugar, los contextos son muy diferentes. El fascismo surgió en una sociedad que se industrializaba, con una inmigración masiva del campo a la ciudad y una polarización política y social extrema marcada por la eclosión del comunismo. En cambio, la nueva ultraderecha irrumpe en una sociedad que se desindustrialitza y las clases sociales, apunta el politólogo Piero Ignazi, no están “muy definidas en sus contornos, ni tampoco son centrales como en el pasado”. Y si antes la amenaza era la revolución marxista, ahora lo es el efecto devastador de la globalización, que destruye ocupación y genera una bolsa creciente de perdedores.

En este escenario, y a diferencia de los totalitarismos de los años treinta, la derecha populista no otorga un papel central al Estado. De hecho, es ambivalente sobre su rol: quiere que intervenga de forma limitada en la economía, pero que sea activo para garantizar prestaciones sociales por los autóctonos o proteger fronteras. En última instancia, percibe al Estado como el gran baluarte ante corrientes migratorias y culturas foráneas, las deslocalizaciones industriales y la competencia extranjera o las entidades y acuerdos internacionales que depreden la soberanía.

De la diferencia racial a la cultural

antismeitismEn segundo lugar, si los fascismos asumieron cosmovisiones racistas, la derecha populista las rechaza de forma oficial. En contrapartida, enfatiza las diferencias culturales y, simplificando, quiere evitar mestizajes para que en un futuro no lejano las comunidades foráneas vuelvan a sus países de origen. Y en el caso de los musulmanes manifiesta una oposición frontal: proclama que no se pueden integrar al tener una religión retrógrada y de conquista.

Este rechazo del multiculturalismo y de los flujos migratorios vertebra el discurso ultraderechista porque su diana no son tanto “los de arriba” (las élites), como “los de en frente” (los extranjeros). Ahora, advierte el sociólogo Pierre-André Taguieff, “las élites son rechazadas en la medida que son percibidas como ‘el partido del extranjero’”. Por tanto, defender la identidad nacional pasa para denunciar una pretendida “invasión” migratoria y, con ella, a las élites que lo favorecen.

De destruir la democracia a exigir hiperdemocracia

reichstagEn tercer lugar, los fascismos acabaron con los regímenes democráticos y querían una sociedad muda y pasiva, disciplinada y encuadrada en organizaciones de masas. En cambio, la ultraderecha actual hace un llamamiento constante a la movilización ciudadana para que vaya a las urnas.

Cómo señalan los politólogos Yves Mèny y Yves Surel, para la derecha populista “si el pueblo es la fuente de poder, nada puede contener su capacidad de decidir y de cuestionar”. Y ve la mejor forma de expresarla en los plebiscitos, dado que en ellos la ciudadanía no vota mediatizada por los partidos y sus intereses.

La nueva ultraderecha, pues, no rechaza en bloque el legado de la Ilustración, sino que  hace una lectura selectiva del mismo al dar protagonismo decisivo a la “voz del pueblo”. Pero no por ello deja de cuestionar los valores ilustrados que fundamentan las democracias actuales, como la igualdad, la tolerancia o el pluralismo.

Qué futuro político podemos esperar?

Los cambios descritos hacen que sea difícil prever los regímenes que pueden instaurar estas fuerzas populistas, pero se divisa un tipo de “neobonapartismo plebiscitario”. Con esta expresión queremos a aludir a regímenes de cariz presidencialista y nacionalista, dirigidos por líderes que limiten las libertades, rehúyan controles parlamentarios y aprueben decisiones polémicas mediante referéndums.

En cierta medida, un ejemplo de esta tendencia se puede apreciar en Hungría. Allí Viktor Orbán cada vez concentra más poder, ha hecho construir una valla de 175 km con Serbia para parar a los refugiados y en octubre convocó un plebiscito para oponerse a la política migratoria de la UE. En suma, como alerta el ensayista Anne Applebaum, en el futuro quizás “dejen de existir la democracia liberal y con ella Occidente, tal como los conocemos”.

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* Este artículo fue publicado originalmente en catalán. Véase “Trump i els altres: retorn als anys 30?”, Ara (12/XI/2016)


LA MARGINALIDAD DE LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA*

noviembre 9, 2016
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Ilustración de Leonard Beard de este artíulo en El Periódico (7/XI/2016).

ESPAÑA APARENTEMENTE CUMPLE TODOS LOS REQUISITOS asociados al ascenso de la ultraderecha: gran impacto de la crisis económica, numerosos casos de corrupción política, rechazo de las élites tradicionales, 4,4 millones de extranjeros, una tasa de paro del 19,6% (44% la juvenil) y un 28,6% de ciudadanos en riesgo de pobreza. Con tales indicadores sorprende que no irrumpa aquí un partido importante de este signo. ¿Cuáles son las razones?

La ultraderecha y el PP

La respuesta habitual es quela extrema derecha se halla «dentro del PP». Ciertamente este partido ‘sateliza’ el voto de este ámbito desde 1982 e incluso en algunos lugares centra su mensaje en la inmigración y la seguridad, como en Badalona (tercera urbe catalana en población). Pero, desde nuestra óptica, la ausencia de la ultraderecha en las instituciones se explica por la trayectoria que este ámbito experimentó desde 1975.

pinarY es que tras fallecer el dictador este espectro ideológico se articuló en torno a Fuerza Nueva (FN), el partido liderado por Blas Piñar. Su resultado en los comicios de 1977 fue irrelevante, pues compitió con la Alianza Popular (AP) de Manuel Fraga que buscaba el voto del llamado ‘franquismo sociológico’.

Pero en las elecciones de 1979 Piñar obtuvo casi 380.000 votos y un escaño, un inicio prometedor que truncó su debacle en las elecciones de 1982, cuando Fraga aglutinó el voto útil antisocialista y FN se disolvió, marcando la entrada de la ultraderecha española en la atonía y la marginalidad.

Guerra y dictadura

Así las cosas, el discurso que este universo político codificó durante la Transición lastró su modernización ideológica y -con ella- sus posibilidades de éxito. Nos referimos a su reivindicación de la dictadura (visible en la consigna “Franco resucita, España te necesita’), su invocación a volver a las trincheras de la guerra civil y su ultracatolicismo.

Además, este último (al sostener la igualdad de los hombres ante Dios) dificultó aquí el arraigo de mensajes xenófobos y antiinmigración que galvanizaban a la derecha populista europea. Tal cosa era ya de por sí difícil porque nuestro país experimentó una emigración masiva de población en los años 60: ¿cómo estigmatizar, pues, a los emigrantes si muchos españoles lo eran?

ruiz-mateoAl disolverse FN dejaron la política sus seguidores de mediana edad, de forma que este espacio ideológico quedó fracturado generacionalmente entre una masa juvenil y otra formada por ancianos, careciendo de activistas de edades intermedias que hicieran de puente entre ambas. Esta división se solapó a otra que oponía a los sectores que asumían el discurso ‘piñarista’ con los que deseaban arrinconar la nostalgia y adoptar fórmulas triunfantes en Europa, siendo Jean-Marie Le Pen su gran referente.

La marginalidad de este espectro se acentuó al hacer eclosión dos liderazgos populistas protestatarios: José María Ruiz Mateos en los comicios europeos de 1989 (captó más de 600.000 votos y dos escaños) y Jesús Gil en los locales de 1991 en Marbella. El resultado fue que desde 1982 la ultraderecha quedó atomizaday eclipsada en España y su ausencia de las instituciones obedece a causas históricas en buena medida.

El “fenómeno Anglada”

cartelEsta situación solo cambió con los comicios locales del 2003, cuando Plataforma per Catalunya (PxC) irrumpió en cuatro consistorios liderada por un expiñarista, Josep Anglada, y pareció que una derecha populista podía despuntar en España. Su discurso centrado en la inmigración (notablemente musulmana), orden público y denuncia de las élites cuajó y PxC penetró en el 2011 en el área metropolitana.

Pero en las elecciones locales del 2015 se colapsó al confluir una crisis interna con una agenda marcada por el secesionismo (que hizo perder protagonismo a la inmigración en la agenda) y la eclosión de nuevas siglas que canalizaron la protesta contra el ‘establishment’.

¿Puede cambiar esta situación a corto y medio plazo? La respuesta es un ‘no’ cauteloso. La política actual es muy fluida, conoce súbitos cambios de calado y el electorado se muestra poco fiel a nuevas y viejas siglas, lo que impide formular pronósticos duraderos.  Asimismo, la experiencia de PxC y el resultado de Vox (una escisión del PP que en los comicios europeos del 2014 captó casi 245.000 votos) indican que eventuales derechas diferentes a la que encarna el PP pueden tener apoyos electorales significativos. Ahora bien, otra cosa muy distinta es que tales opciones surjan y los consigan.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (7/XI/2016).


EL MOVIMIENTO REICHSBÜRGER, UNA “SECTA” GERMANA NEONAZI

octubre 27, 2016

 

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Concentración del movimiento Reichsbürger (foto publicada en Dialog International).

¿QUÉ ES EL MOVIMIENTO REICHSBÜRGER? Se trata de un fenómeno de cierta similitud con las milicias estadounidenses de extrema derecha.

Este mes ha cobrado notoriedad porque la madrugada del 19 de octubre uno de sus seguidores -un hombre de 49 años con licencia de caza y que poseía 30 armas- disparó a cuatro policias sin mediar palabra durante un registro policial en Georgensgmünd.

El agresor pertenece al movimiento Reichsbürger  [Ciudadanos del Reich o del Imperio], que -como señala la agencia Efe– “no reconoce la legalidad de la República Federal Alemana (RFA) y niega el holocausto judío en la II Guerra Mundial”.

Según el Ministerio de Interior de Brandemburgo es una “‘especie de secta de ultraderecha’ con un ‘núcleo de derecha radical no inofensivo’”. Por su parte, el ministro del Interior de Baviera, Joachim Herrmann, definió a sus miembros “como ‘extremistas’ y ‘peligrosos’, porque no reconocen la legalidad, por lo que están vigilados por los servicios de inteligencia”.

A continuación reproducimos la información y las imágenes sobre este movimiento de Wolfgang Dick, publicada por la corporación estatal Deutsche Welle sobre los “Ciudadanos del Reich” (19/X/2016) y que  define sus principales rasgos. Puede accederse al texto original clicando aquí.

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¿Quiénes son los “Ciudadanos del Reich”?

Son radicales y violentos, como demuestra el reciente ataque con arma de fuego contra cuatro policías en Baviera. ¿Quién está detrás del llamado movimiento de los “Ciudadanos del Reich” y cuán peligroso es?

Joachim Widera, miembro de los Ciudadanos del Reich, muestra orgulloso su pasaporte.

Joachim Widera, miembro de los “Ciudadanos del Reich”, muestra orgulloso su pasaporte.

Este miércoles (19.10.2016), un ultraderechista de los “Ciudadanos del Reich” abrió fuego contra la Policía durante un registro en Núremberg, en el sur de Alemania, hiriendo a cuatro agentes.

¿Quiénes son estos “ciudadanos”? Están convencidos de que Alemania sigue siendo un territorio ocupado por los aliados occidentales y que no es más que una entidad administrativa. Solo reconocen las fronteras del Imperio Alemán (Deutsches Reich) de 1937. Los llamados “Ciudadanos del Reich” agobian a las administraciones alemanas con demandas y también hacen uso de la violencia.

Se trata de grupos pequeños y de ciudadanos aislados, que viven sobre todo en Brandemburgo, Mecklemburgo-Antepomerania y Baviera. Rechazan la República Federal de Alemania y sus autoridades estatales. Se rehúsan a pagar impuestos y han creado pequeños “territorios estatales” propios con nombres como “Segundo Imperio Alemán”, “Estado Libre de Prusia” o “Principado Germano”.

Estos grupos incluso imprimen pasaportes y licencias de conducir para sus supuestos territorios estatales. También producen playeras y banderas con fines publicitarios. El hecho de que todo esto sea ilegal y que ninguna autoridad alemana lo reconozca es ignorado por los “Ciudadanos del Reich”. En sus páginas web exhortan a seguir luchando contra la República Federal de Alemania.

¿Un puñado de locos?

De acuerdo con informaciones de algunos servicios de inteligencia federales, existen en Alemania unos cuantos cientos de “Ciudadanos del Reich”. Se estima que en Brandemburgo viven entre 150 y 200 miembros. En la mayoría de los casos, se trata de hombres, en promedio mayores de 50 años, pertenecientes a estratos sociales bajos. Entre sus seguidores hay muchos populistas de derecha y defensores de ideologías antisemitas y nazis. Un juez en Sajonia-Anhalt los describió como “teóricos de la conspiración” y personas “permanentemente descontentas”.

Sobre todo la creciente radicalización de este movimiento se ha vuelto un problema. Generalmente, inundan a las autoridades locales con solicitudes y rechazos a órdenes y avisos de pago. Y es que, independientemente del contenido, las autoridades están obligadas por ley a tramitar todas las solicitudes formalmente correctas.

Los alcaldes de varios municipios se quejan de que, además, son atacados verbal y físicamente por los “Ciudadanos del Reich”. Muchas veces los agresores graban sus ataques y los suben a la red.

Miembros de los Ciudadanos del Reich protestan frente al Bundestag.Miembros de los “Ciudadanos del Reich” protestan frente al Bundestag.

En Baviera, los ultranacionalistas irrumpieron en una sala de audiencia, robando documentos de la mesa del juez. En la localidad de Wittenburg, en el estado federado de Mecklemburgo-Antepomerania, los empleados de un ayuntamiento recibieron capacitación en seguridad para hacer frente a los ataques. En Brandemburgo se están probando sistemas de alarma para las oficinas tributarias.

Violencia extrema

En tiempos recientes, los “Ciudadanos del Reich” han llamado la atención por su violencia. A principios de año, un policía fue amenazado con un cuchillo. En la localidad de Reuden, en Sajonia-Anhalt, un miembro del movimiento disparó contra agentes de seguridad de un comando especial.

En el marco de varios registros domiciliarios, la policía ha encontrado armas y municiones. Los seguidores de los “Ciudadanos del Reich” se siguen armando. En la localidad de Höxter, en Renania del Norte-Westfalia, un grupo del “Estado Libre de Prusia” intentó crear su propia policía comunitaria con armas conseguidas en el extranjero.

Tras el reciente caso de violencia en Baviera, el ministro del Interior de ese estado federado, Joachim Hermann, anunció que en el futuro se vigilará más a los “Ciudadanos del Reich”.