VOX Y EL COVID-19: ¿CAMBIO DE PIEL?

mayo 12, 2020

Santiago Abascal, líder de Vox, durante un mitin (foto de El Periódico).

 

VOX HA CONOCIDO TRES CAMBIOS SIGNIFICATIVOS DURANTE LA PANDEMIA QUE HAN PASADO UN TANTO DESAPERCIBIDOS. Nos referimos al aumento del poder de su dirección, a la atenuación de su discurso económico neoliberal y a su afán de erigirse en el polo de oposición al gobierno, desbancando al PP. Veámoslo.

Todo el poder para la cúpula

En la asamblea general de militancia del partido celebrada el 7 de marzo se reformaron sus estatutos y Abascal fue reelegido presidente. No necesitó votación al no tener rival: el candidato alternativo, Carmelo González, no pudo reunir avales suficientes para concurrir a las elecciones y aludió a un “pucherazo” por haberse cometido supuestas irregularidades.

Así las cosas, Abascal acumula ahora un gran poder gracias a la citada modificación estatutaria. El Comité Ejecutivo Nacional [CEN] que preside puede decidir las listas electorales a las Cortes y Estrasburgo, “acordar instrucciones de obligado cumplimiento para todos los órganos del partido” y disolver a comités provinciales que las desoigan si así lo valoran dos tercios del mismo. A ello se suma la eliminación de primarias para elegir a sus candidatos a cargos públicos para evitar que se cuelen “infiltrados”. El resultado es que el CEN tiene un poder sin cortapisas y su última palabra es de Abascal. De forma paralela, Vox ha creadoun nuevo liderazgo femenino, el de Macarena Olona, su portavoz adjunta en el Congreso que lleva una mascarilla con la bandera española. Destacó profesionalmente entre 2013 y 2018 como abogada jefe del Estado en el País Vasco y su perfil jurídico ha facilitado se consolidación en un partido que emplea la vía judicial como un método de lucha usual.

El Covid-19 como arsenal ideológico

En este marco, la irrupción del coronavirus ha constituido un arsenal de munición para Vox. Olona ha acusado a China de traer “la peste del siglo XXI” (antes Ortega Smith ya aludió a sus “anticuerpos españoles” frente “los malditos virus chinos”), a TVE de ocultar la “gestión criminal” del gobierno y a este último de aplicar la eutanasia de “la manera más feroz” a ancianos de residencias. De ahí que Vox haya puesto una querella contra el ejecutivo en el Tribunal Supremo por “delitos de imprudencia grave con resultado de muerte”. El partido también ha denunciado una pretendida censura en WhatsApp con el coronavirus y ha llamado a sus seguidores a refugiarse en Telegram, lo que amplía su ya gran presencia en las redes: lidera Instagram y Youtube, y está presente en Twitter, TikTok y Gab.

Pero donde más transcendente podría ser el recurso a la pandemia es en la atenuación del neoliberalismo de Vox, ya que el décimo punto de su plan de choque contra el Covid-19 apuesta porque el Estado pague tres meses las nóminas de “todos los trabajadores” y a los autónomos la suma equivalente “al nivel medio de su facturación” de los tres meses previos al confinamiento. Este recurso a las arcas del Estado parece afianzar un “giro social” del partidopara ensanchar su base electoral. Tal tendencia se insinuó en los comicios del 10-N y la apuntaló en febrero su propuesta de que todas las familias reciban 100 euros mensuales por hijo hasta cumplir este los 18 años (como hace el ultraderechista gobierno polaco). Se estimó que implementarla costaría 9.600 millones de euros, lo que implicaría adoptar una política fiscal redistributiva de encaje más que difícil con la propuesta voxista de bajar los impuestos al mínimo.

El monopolio de la oposición

Finalmente, Vox parece buscar en su trifulca constante con el ejecutivo erigirse en una suerte de “oposición nacional” que monopolice la protesta contra él. Cuenta con un contexto favorable porque Cs está virando al centro y explora una entente con el ejecutivo, mientras el PP maniobra para que su crítica a Sánchez no erosione su imagen de “partido de Estado”. Por tanto, Vox tiene un margen de maniobra notable para acercarse a esta meta. Pero la gesticulación permanente que ello exige puede generar contradicciones importantes. Lo reflejó el hecho que el 10 de marzo Vox pidió suspender la actividad del Congreso por el confinamiento, pero el 6 de abril 16 de sus diputados lo rompieron para ir al hemiciclo tras denunciar su cierre indebido.

¿Tal proceder aumentará la audiencia de Vox? La respuesta no está clara. Algunos sondeos apuntan que su apoyo podría subir del 15.1% del voto que obtuvo el 10-N al 16.3%, pero otros señalan su caída al 11.9%. En todo caso, los cambios aquí analizados reflejan como la formación se halla “en construcción permanente”.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (11/V/2020): Xavier Casals, “Vox y el covid-19: ¿Cambio de piel?”. La imagen del inicio de este post procede del mismo.


TRES APUNTES SOBRE LA AFINIDAD DE VOX CON EL PARTIDO LEY Y JUSTICIA POLACO

marzo 2, 2020

Santiago Abascal, líder de Vox, y el presidente del partido Ley y Justicia, Jaroslaw Kaczynski (foto de La Razón).

 

LA PROPUESTA DE VOX DE PAGAR 100 EUROS MENSUALES POR CADA HIJO HASTA LOS 18 AÑOS supone adoptar una medida estelar del partido Ley y Justicia [PiS], que gobierna Polonia. Diversas decisiones tomadas por los ejecutivos del PiS han sido asociadas a la creación de “democracias iliberales”, como ejemplificaron sus reformas destinadas a controlar el poder judicial. Desde nuestra óptica, es interesante remarcar esta proximidad de Vox al PiS por tres razones.

1. Una ruptura en las tradicionales afinidades de la ultraderecha

La extrema derecha española tradicionalmente (por razones de proximidad geográfica y cultural) ha sido proclive a primar las relaciones de proximidad con formaciones italianas y francesas por encima de las de otros países. Eventualmente, hubo cierta conexión con la Guardia de Hierro rumana en los años treinta y en la posguerra que aún perduró en los setenta. Sin embargo, las afinidades con fuerzas ultracatólicas y antirusas del Este, como es el caso de Vox y el PiS, constituyen una novedad.

De hecho, Vox ya manifestó en su programa que compartía el euroescepticismo de los países del llamado grupo de Visegrado, que incluyen a Polonia: “Impulsar en Bruselas un nuevo tratado europeo, en la línea que defienden los países del grupo de Visegrado en cuanto a fronteras, soberanía nacional y respeto por los valores de la cultura europea”.

2. Una elección de aliados significativa

En este sentido, Vox no escogió como grupo parlamentario en Estrasburgo a Identidad y Democracia (que lidera la Liga italiana y al que pertenece el Reagrupamiento Nacional que dirige Marine Le Pen), sino al de los Conservadores y Reformistas Europeos, que pertenece el PiS.

Sin embargo, ello ha supuesto una contradicción significativa para el partido que lidera Santiago Abascal, ya que a este grupo, paradójicamente, también esta adscrito a él la formación valedora de Carles Puigdemont, la Nueva Alianza Flamenca [N-VA].

3. Un cambio silencioso de política económica

Al asumir la citada medida estelar del PiS para fomentar la natalidad, Vox no solo ha remarcado su vecindad ideológica con este partido, sino que también ha hecho una enmienda silente a su política económica neoliberal. Y es que instaurar este subsidio requeriría entre 9.600 y 8.000 millones anuales de euros. Ello choca con su afán de rebajar impuestos y reducir el Estado. Por esta vía, Vox puede haber iniciado una andadura para proyectarse como “derecha social” y buscar caladeros de voto en sectores sociales populares, aunque es pronto para formular conjeturas al respecto.

Conclusión: un partido “en construcción”

La afinidad entre Vox y el PiS aquí expuesta ilustra, por una parte, como Vox ha  cambiado tradiciones establecidas en la extrema derecha española, al priorizar por ahora como referente a un partido ultracatólico del Este. Por otra parte, refleja como Vox modifica algunos de sus pilares programáticos de forma implícita y según cada coyuntura. Ello representa una capacidad de rápida adaptación a escenarios cambiantes sin asumir contradicciones notorias.


2019: EL AÑO DE VOX Y CHEGA Y DEL FIN DE LA EXCEPCIONALIDAD IBÉRICA DE LA ULTRADERECHA

diciembre 23, 2019

André Ventura, líder de Chega, felicita a Vox por sus buenos resultados.

 

EL AÑO 2019 HA SIDO EL DE LA ECLOSIÓN DE VOX Y CHEGA, lo que ha marcado y redefinido la política española mientras está por ver su efecto en la portuguesa. En este sentido, nos parece interesante hacer tres precisiones.

1. Vox y Chega, el fin de la excepcionalidad ibérica

El año 2019 ha marcado el fin de la excepcionalidad ibérica en cuanto a la presencia de la extrema derecha en los parlamentos estatales con el ingreso de Vox en España y Chega en Portugal (sus rostros públicos son Santiago Abascal y André Ventura) y ahora el único país europeo sin una formación de este espectro político en su hemiciclo es Irlanda. Ello refleja la tendencia expansiva de este sector ideológico, aunque configura una familia continental con partidos que presentan divergencias programáticas importantes.

2. El techo de crecimiento de Vox y Chega aún se desconoce

Si la ultraderecha portugesa que representa Chega obtuvo un modesto 1.3% del voto total y un escaño para su líder, Ventura, los sondeos le auguran un crecimiento y ahora su intención de voto rondaría el 5%. Por su parte, Vox ha mostrado un crecimiento discontinúo, que hemos analizado en este blog. De este modo, en las elecciones europeas del 26-M perdió casi la mitad del apoyo logrado el 28-A (su porcentaje de voto pasó del 10,1% al 6,2%). Además, según el CIS, en julio cayó al 3,3% y en octubre, antes de conocerse la sentencia de los líderes independentistas, era el 7,9%. Pero el 10-N alcanzó el 15%. En suma, actualmente no se vislumbra un techo electoral claro en el crecimiento de la extrema derecha peninsular.

3. Una extrema derecha parecida

En los dos casos, Vox y Chega, sus líderes no son antiguos ultraderechistas que llegan a sus parlamentos después de una larga etapa política de marginalidad (Ventura perteneció al Partido Social Demócrata [PSD] y Abascal al PP) y sus programas comparten una visión económica neoliberal, por lo que pueden predominar más las  semejanzas que las diferencias a medio plazo.

¿Hacia una ultraderecha “ibérica”?

Lo expuesto indica que Vox y Chega parecen configurar una ultraderecha “ibérica” en la medida que podrían compartir diferentes temas y enfoques. No obstante, son partidos que aún experimentan una definición programática y es necesario esperar un tiempo prudencial antes de extraer conclusiones al respecto.


CUATRO OBRAS SOBRE VOX PUBLICADAS EN 2019

diciembre 6, 2019

Acto de Vox con su cúpula dirigente en el Palacio de Vistalegre en octubre de 2019 (foto de Álvaro García Atlas).

 

ACTUALIZAMOS AQUÍ LA ENTRADA PUBLICADA EL 25 DE NOVIEMBRE SOBRE LIBROS RELATIVOS A VOX. En diciembre de 2018 habíamos abordado ya la cuestión en  Vox habla sobre Vox. Tres libros para conocer el partido”. Al abordar de nuevo este aspecto hace dos semanas comentamos tres títulos aparecidos desde entonces y se nos pasó por alto un ensayo de Miguel Urbán que ahora añadimos a la información entonces proporcionada.

La sorpresa Vox

John Müller, (coordinador), La sorpresa Vox. Prólogo de Arcadi Espada (Deusto, Barcelona, 2019).

Esta obra es un Instant Book colectivo (reúne 10 colaboraciones) para explicar el crecimiento inesperado de Vox en los comicios andaluces del 2-D de 2018, cuando el partido hizo una eclosión espectacular al obtener 395.185 votos (10.9% del total) y 12 escaños.

Como sucede en obras realizadas con premura los textos son de calidad desigual, obra de académicos y periodistas mayoritariamente colaboradores de El Mundo (siete de los autores colaboran en este medio, uno en El Español y otro en Libertad Digital). El conjunto de trabajos, pese a sus limitaciones, ofrece una radiografía limitada del partido en el momento que es interesante para comprender su ascenso en los comicios autonómicos, proporcionando algunas claves que puede ignorar un lector desconocedor de la realidad andaluza. De esta forma, entre otros aspectos ofrece un perfil sociológico de su electorado o una aproximación a cómo Vox logró un apoyo substancial en el campo andaluz, incidiendo en aspectos como la caza y la tauromaquia.

Por cortesía de la editorial puede accederse aquí al sumario y a la contribución de Narciso Michavila (presidente de GAD3) sobre el electorado de Vox en PDF: La_sorpresa_Vox

España vertebrada

Fernando Sánchez Dragó. Santiago Abascal. España vertebrada (Barcelona: Planeta, 2019).

Libro entrevista del célebre y controvertido ensayista y escritor Sánchez Dragó con el líder de Vox, Santiago Abascal, a cuyos encuentros asiste el adlátere de este último, Kiko-Méndez Monasterio, que tercia de forma aleatoria en las conversaciones. El autor y entrevistador manifiesta de forma explícita sus simpatías hacia su entrevistado y el partido que lidera.

Aunque la obra es inevitablemente repetitiva en cuestiones ya planteadas en otro libro entrevista que hemos comentado en este blog (Hay un camino a la derecha), permite adentrarse más en las ideas de Abascal. De este modo, podemos constatar su concepción emocional y épica de la política, pues considera que esta última debe conectar “con los sentimientos y las convicciones: el honor, el patriotismo y cosas así”. Afirma así que “la política no es solo el plan de urbanismo, ni el horario escolar, ni el alumbrado de las calles. Todo eso a mí  nunca me ha interesado, aunque he sido concejal durante ocho años. Son debates en los que me da igual una cosa que su contraria. Y no me importa decirlo, aunque escandalice” (p. 43).

Entre otras cuestiones, Abascal muestra también sus dudas sobre el papel atribuido al magnate George Soros en la promoción de la inmigración desde ámbitos de ultraderecha (“¿Pero qué se le ha perdido a un señor como Soros en semejante barrizal?”, p. 57) o sobre una eventual alianza con Vladimir Putin (“sigo sin entender por qué Vox […] debería acercarse a Putin”, p. 95). También se constata su afán de prudencia en el ámbito de la economía (“no vaya a ser que nos la carguemos y el remedio sea peor que la enfermedad”, p. 130).

Vox. Entre el liberalismo conservador y la derecha identitaria

Pedro Carlos González Cuevas, Vox. Entre el liberalismo conservador y la derecha identitaria (La Tribuna del País Vasco, noviembre de 2019 [2ª ed.], San Sebastián).

El autor es un profesor universitario conocido experto en el estudio de la derecha española y sus distintas tradiciones. En este caso no nos hallamos ante un estudio académico sino ante un documentado ensayo partidista, pues González Cuevas manifiesta su empatía hacia lo que -desde su óptica- Vox y su ideario encarnan en el ámbito de la derecha española. Afirma en tal sentido  que “la aparición de un nuevo partido político como VOX debe ser celebrada” (p. 13) en la medida que encarna una respuesta y protesta “contra lo más caduco y cínico del conservadurismo español contemporáneo, una derecha permanentemente disfrazada de ‘centrismo’” (p. 279).

Desde tal perspectiva la obra se estructura en dos partes. La primera ocupa las primeras cien páginas y pretende trazar el contexto que explica el surgimiento de Vox. La segunda ocupa unas 170 páginas y se centra en el análisis de Vox: su eclosión y evolución hasta los comicios del 26-M. Esta es la más interesante, más allá de las consideraciones ideológicas presentes en el análisis. Lo apuntamos en la medida que su exposición se basa en el recurso a una abultada hemeroteca (el texto incorpora las referencias de las fuentes citadas) que permite seguir la evolución del partido desde sus orígenes hasta los pactos postelectorales del 26-M.

En las conclusiones el autor señala el dilema no resuelto que afrontaría Vox: su apuesta por un liberalismo económico asociado a un conservadurismo moral que “solo puede ser funcional en sociedades como Estados Unidos, pero no en Europa, y mucho menos en España” (p. 284), alejándo al partido de un eventual electorado obrero y de izquierdas.

La emergencia de Vox. Apuntes para combatir a la extrema derecha española

Miguel Urbán Crespo, La emergencia de Vox. Apuntes para combatir a la extrema derecha española, Sylone, Barcelona, 2019, 184 pp.

 

Como se indica en el título, este ensayo es una obra de combate, y su autor, Urbán, ha sido fundador de Izquierda Anticapitalista y de Podemos, siendo actualmente eurodiputado de Unidas Podemos.

Pese al planteamiento no académico de la obra y abiertamente beligerante con Vox, consideramos que es interesante por dos cuestiones. Por una parte, porque focaliza el interés del lector o lectora en cuestiones carentes de un abordaje substancial en relación a Vox que carecen aún de análisis de calado, como es el caso de la lucha de Vox contra lo que este partido denomina “ideología de género” o el universo digital que rodeó la eclosión de la formación. Por otra parte, el texto remite a una bibliografía que es un tanto opaca para el lector no avezado en la temática y que puede ser de su interés, como  Neofascismo. La bestia neoliberal (2019) o Spanish Neocon (2012). Ello hace que el libro, de pequeño formato, pueda ser útil a quien tenga interés por la nueva extrema derecha española que encarna Vox.


VOX DINAMITA A LA DERECHA

noviembre 17, 2019

Ilustración de Leonard Beard para este artículo publicada en El Periódico.

 

EL PROGRESO DE VOX EL 10-N, QUE PASA DEL 10.1% DEL VOTO (24 ESCAÑOS) AL 15% (52), afianza el liderazgo de Santiago Abascal y y fractura de forma profunda el bloque de la derecha. Su crecimiento noquea a Cs, cuyo voto cae del 15,8% (57) al 6,7% (10), resultado que ha provocado la dimisión de su presidente, Albert Rivera. A la vez, Vox cortocircuita la recuperación del PP que dirige Pablo Casado. Este pasa del 16,7% (66) al 20,8% (88), pero queda lejos de sus expectativas (100-110) y mantiene una competición reñida con Abascal en varias provincias, quien le supera en Murcia y Ceuta. Vox, pues, ha roto los equilibrios internos de la derecha española en su provecho y, como analizaremos, lo ha conseguido con su antisecesionismo catalán.

Vox es el gran vencedor en la derecha

Sin embargo, su voto es volátil. En las elecciones europeas del 26-M perdió casi la mitad del logrado el 28-A (pasó del 10,1% al 6,2%). Además, según el CIS, en julio cayó al 3,3% y en octubre, antes de conocerse la sentencia de los líderes independentistas, era el 7,9%. En la campaña electoral, Vox vendió sus temas (antisecesionismo, ‘invasión migratoria’, ‘guerra cultural’) con oposición escasa: la derecha orbitó en torno a su discurso y la izquierda lo usó para movilizar a sus votantes y alcanzó el 15%. Lo hizo posiblemente al capitalizar la oposición a exhumar el cadáver de Franco y, sobre todo, al secesionismo catalán. Y es que Vox fue el ‘partido del castigo’ del independentismo por excelencia: clamó por suprimir las autonomías, por declarar el estado de excepción en Catalunya y por encarcelar a su presidente. PP y Cs quisieron rivalizar aquí con Vox, lo que –como veremos- fue un grave error.

El PP tocado y Cs hundido

Cs ha perdido 2,5 millones de electores, de los que 1,5 habrían apoyado a PP y Vox, refugiándose el resto en la abstención. Tal resultado puede poner fin al cuarto intento de crear un partido bisagra entre PP y PSOE que facilite la gobernabilidad del país sin recurrir a nacionalistas vascos y catalanes. Ese eventual fracaso de Cs, que agrandaría el campo de juego de Vox, se sumaría a los precedentes del Centro Democrático y Social (CDS) que lideró Adolfo Suárez (1982-1991); del Partido Reformista Democrático (PRD) que apadrinaron Miquel Roca y Jordi Pujol (1986); y de Unión Progreso y Democracia (UPyD) que acaudilló Rosa Díez (2007-2015).

Por su parte, el PP queda seriamente afectado por el ascenso de Vox (que ahora puede recurrir leyes al Tribunal Constitucional al superar los 50 escaños y estará en la Mesa del Congreso). Le impide recuperarse para ser una clara alternativa de Gobierno y limita sus movimientos, pues Vox denunciará todo trato de Casado con Pedro Sánchez como una cesión vergonzosa (especialmente si es sobre Catalunya) para erosionar su voto. El PP, pues, deberá medir sus pasos.

Catalunya, la clave

En la creación de este escenario, Catalunya ha sido central. Para comprenderlo debemos tener presente que desde la derecha ha sido recurrente la denuncia de la amenaza secesionista y de diseños conjuntos del PSOE y nacionalistas periféricos para liquidar el Estado. En el 2005 Mariano Rajoy afirmó que con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se asistía “a un plan muy elaborado para el desmantelamiento del Estado según las directrices que imponen algunas minorías nacionalistas y muy particularmente el Gobierno tripartito de Catalunya”. Y este julio, Rivera alertó de la existencia de un “plan” de Sánchez para “liquidar el Estado constitucionalista” con una “banda” que incluía a los secesionistas que apoyaron su investidura.

Pero PP y Cs no pueden llevar tal argumento al extremo, como hace Vox, pues -al fin y al cabo- son partidos de Gobierno y deben contener su radicalismo verbal. En cambio, Vox obtiene el máximo rendimiento del tema, ya que la defensa de la nación española es su razón de ser y le quedan lejos las responsabilidades de Gobierno. De este modo, su belicoso antiseparatismo es su motor: justifica derogar las autonomías (eje de su programa) y su populismo punitivo contra el separatismo (que plasma el lema “Torra a la mazmorra”) galvaniza a sus seguidores. Así las cosas, Cs y PP se han lanzado a una competición suicida con Vox en este ámbito: incapaces de superarle en radicalidad (su demanda de aplicar el artículo 155 resulta mojigata ante el discurso de Abascal), han dado centralidad y respetabilidad al mensaje de Vox y le han transferido parte sustancial de sus votos. Esta torpeza explica en gran medida los resultados del 10-N y el batacazo de Cs debería ser aleccionador al respecto. Veremos si es así.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (14/XI/2019): Xavier Casals, “Vox dinamita a la derecha”. La imagen del inicio de este post procede del mismo.


EL ADOQUÍN DE RIVERA, MUNICIÓN PARA VOX

noviembre 8, 2019

Ilustración de María Titos para este artículo en El Periódico (6/XI/2019)

 

DURANTE EL DEBATE TELEVISADO ESTE LUNES Albert Rivera exhibió un adoquín que habrían lanzado manifestantes de la plaza de Urquinaona a la policía. La imagen de Rivera y su loseta se hizo viral, pero es probable que no le aporte un alud de votos, pues -según las encuestas- Santiago Abascal, líder de Vox, le estaría substituyendo como gran beneficiario del antisecesionismo. De confirmarlo las urnas, el 10-N asistiremos a la substitución del nacionalismo español desacomplejado de Cs, de marchamo liberal, por el esencialista de Vox. De este modo, como analizamos a continuación, podría empezar a concluir una etapa política iniciada en el 2006.

Cs y UPyD: la extraña pareja

Ese año se constituyó Cs en Catalunya liderado ya por Rivera y en los comicios catalanes celebrados entonces obtuvo tres escaños que revalidó en los del 2010. Hizo bandera de los derechos lingüísticos de los castellanohablantes y se declaró contrario al nacionalismo catalán desde un claro nacionalismo español (visible en su lema ‘Catalunya es España. Tú lo piensas, nosotros lo decimos’). Aunque se autodefinió de centro-izquierda y socialdemócrata, en las elecciones europeas del 2009 se coaligó con el partido conservador y euroescéptico Libertas.

A la vez, fue el referente de una formación similar surgida contra el nacionalismo vasco en el 2007, Unión, Progreso y Democracia (UPyD), que lideró la exsocialista Rosa Díez. Este partido y Cs, incapaces de pactar, protagonizaron una pugna surrealista que plasmaron sus lemas en los comicios europeos de 2014: ‘La unión hace la fuerza’ (UPyD) y ‘La fuerza de la unión’. Finalmente se impuso electoralmente Cs, con un Rivera jaleado como líder de la “resistencia constitucional” en Catalunya.

Rivera y la ‘operación Roca’ al revés

Ello le permitió protagonizar una suerte de ‘operación Roca’ a la inversa. Tal expresión designó en 1983 el apadrinamiento por CiU del Partido Reformista Democrático (PRD), que acaudilló Miquel Roca. Concebido como “una propuesta catalana para la modernización del Estado”, el PRD debía ser una bisagra centrista entre PSOE y PP. Pero fracasó en las elecciones de 1986 (0,9% del voto) y desapareció. Desde tal óptica, el 2015 fue el turno de una ‘operación Rivera’: ese año la reacción contra el proceso secesionista catalán catapultó a Cs al Congreso de los diputados (13,9%) como aparente partido bisagra de PP y PSOE.

En sintonía con este marco, en el 2017 Cs se definió como “constitucionalista, liberal, democrático y progresista”. Pero en los comicios de Andalucía del 2019, en los que Vox emergió institucionalmente (10,9%), Cs empezó a virar a la derecha al formar un gobierno allí con el PP con apoyo de Abascal. Y tras las elecciones del 28-A un Cs crecido (15,8%) se negó a pactar con el PSOE al apostar por substituir a un PP a la baja (16,6%) como gran partido del centroderecha.

Vox: ¿Llega y gana?

En tal escenario, el contundente antisecesionismo de Abascal ha superado al de Rivera y Pablo Casado. Pero mientras el PP ha sobrevivido como gran partido, Cs parece hundirse ante Vox. Su demanda de aplicar un ‘155 premium’ en Catalunya (compartida con Casado) palidece ante la supresión de las autonomías que reclama Vox y su petición de declarar el estado de excepción. También el liderazgo antisecesionista de Rivera parece sucumbir ante el de Abascal. Este, nacido en Amurrio, se forjó en los ámbitos más duros del PP vasco y porta pistola, un recuerdo de las amenazas que recibió de ETA. Además, Vox lideró el castigo al independentismo al representar a la acusación popular en el juicio a los líderes independentistas. Por consiguiente, Vox rentabiliza hoy la protesta antisecesionista en España al situarla los sondeos como tercera o cuarta fuerza. El adoquín de Rivera es, pues, munición para un Abascal a quien se ha aludido como eventual vicepresidente de un Gobierno que liderase el PP si las urnas lo permitieran.

De Cs a Vox: un cambio decisivo

Ahora bien, Vox defiende un patriotismo esencialista muy distinto al “patriotismo constitucional” de Cs. Abascal escribió en el 2008 -con el filósofo Gustavo Bueno- que la nación designa a los vivos y “a los muertos que la constituyeron y mantuvieron, y a los hijos que aún no han empezado a vivir”, por lo que “el Pueblo no puede decidir, y menos aún una parte suya, sobre la Nación española”. En suma, Vox quiere preservar una España cuyo origen se diluye en el tiempo contra el secesionismo y una supuesta “invasión migratoria”. Así las cosas, su más que probable ‘sorpasso’ de Cs este domingo transformará por completo la política española.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico 6/XI/2019): Xavier Casals, “El adoquín de Rivera, munición para Vox”. La imagen del inicio de este post procede del mismo.


CINCO INCÓGNITAS DE VOX QUE DESVELARÁ EL 10-N

noviembre 3, 2019

 

“España siempre”, el lema de la campaña de Vox.

 

LOS COMICIOS DEL 10-N COMPLETARÁN UNA SECUENCIA ELECTORAL que nos permitirá observar si Vox logra resolver algunas de sus asignaturas pendientes y le afectarán sus pactos de gobierno y también abandonos y el escándalo  mediático asociado a la actividad profesional de Rocío Monasterio e Iván Espinosa de los Monteros.

1. ¿Logrará mantener o ampliar su electorado del 28-A?

Vox ha tenido un apoyo muy volátil. Como ya señalamos en nuestro análisis del partido tras la triple cita electoral del 26-M, en los comicios europeos perdió casi la mitad de los votos (el 48.1%) que obtuvo el 28-A, al pasar estos de 2.677.173 (10.1%) a 1.388.681 el 26-M (6.2%).

Ahora es imposible hacer un proyección verosímil, pues el reciente sondeo del CIS (elaborado antes de conocerse la sentencia de los líderes independentistas) le otorga un descenso notable de apoyos y obtendría el 7.9% del voto (entre 14 y 21 escaños). Ello contrasta con la tendencia alcista que sondeos recientes atribuyen a Vox, que incluso podría superar a C’s de modo holgado. Esta última tendencia sería lógica, en la medida que la formación se habría beneficiado de las protestas que ha tenido la sentencia mencionada en Cataluña y de la oposición que ha generado la exhumación del cadáver de Franco en sectores sociales que podrían ser significativos. Así las cosas, solo la noche del 10-N será posible constatar la base electoral del partido.

2. ¿Persistirán sus “agujeros negros” territoriales?

Los resultados del 28-A plasmaron que Vox estaba ausente del País Vasco, Navarra, Galicia, las Islas Canarias y en Cataluña solo tuvo un escaño. Un mes después, las elecciones autonómicas del 26-M reflejaron que tampoco está presente en Extremadura, Castilla la Mancha, La Rioja y solo obtuvo un diputado en Castilla y León. A la vez, ingresó en 27 de las 50 capitales provinciales, poco más de la mitad.

Veremos ahora si esta cartografía del voto se mantiene o, por el contrario, si aumentan los “agujeros negros” o  estos retroceden. De este modo, veremos si se configuran bastiones voxistas, como podría ser el eventual caso de Murcia,  o si -por ejemplo- su apoyo en Cataluña se mantiene (pues el CIS advierte la posible pérdida de su escaño).

3. ¿Diversificará su base electoral captando voto obrero?

Vox no parece haber hecho un agujero entre el electorado obrero: Como apuntó un análisis de eldiario.es tras el 26-M, este  partido “no ha logrado entrar en los cinturones rojos de las ciudades y logra los mejores resultados en los barrios más adinerados de los grandes ayuntamientos”. Esta era el resumen de un análisis del voto que cosechó el partido “en las 16 ciudades españolas más pobladas”, constatando  que Vox captó “sus mejores registros en los barrios más ricos de las grandes ayuntamientos. En las áreas urbanas con rentas superiores a 50.000 euros el partido de extrema derecha obtuvo el 8,63% de los votos”. No es, pues, casualidad que Santiago Abascal haya iniciado su campaña en la segunda urbe catalana en población, L’Hospitalet, en busca del voto obrero: “Estamos aquí para tender la mano a la gente que con buena fe votó a los socialistas y hoy se sienten traicionados”, manifestó el líder de Vox.

4. ¿Le pasarán factura  sus pactos de gobierno con PP y C’s?

Pese a que Vox criticó al PP (que bautizó como la “derechita cobarde”) y a C’s (que designó como la “veleta naranja”), lo cierto es que el bloque formado por estos tres partidos ha actuado con una disciplina política más que notable y no se ha perdido ningún posible gobierno local o autonómico allí donde podían sumar. Por consiguiente, cabe pensar que el complejo equilibrio que mantiene Vox entre su carácter de partido de protesta y de gobierno puede pasarle factura en las urnas.

5. ¿Le afectarán de modo negativo deserciones y escándalos?

Vox ha conocido diversas deserciones, algunas muy sonadas, como la de la diputada Malena Contestí, que emitió duras críticas hacia la formación. Asimismo, han aparecido diversas informaciones sobre el desarrollo de las actividades profesionales de dos de sus líderes, Rocío Monasterio e Iván Espinosa de los Monteros que afectan a su transparencia, ética y cumplimiento de la legalidad. Cabe pensar que todo ello puede afectar a los resultados del partido.

Conclusión

En definitiva, la noche del 10-N empezaremos a tener una radiografía más clara de Vox en cuanto a sus bases electorales y territoriales.  Asimismo, podremos constatar si le pasan factura escándalos, deserciones y pactos de gobierno con el PP y C’s, sus paradójicos “aliados-enemigos”.