ENTREVISTA A JUAN HERNÁNDEZ: “LA ‘LIMPIEZA DE SANGRE’ COMENZÓ COMO UN MEDIO DE EXCLUSIÓN DE LOS DESCENDIENTES DE JUDÍOS CONVERSOS”

julio 26, 2018


El historiador Juan Hernández Franco.

LOS ESTATUTOS DE “LIMPIEZA DE SANGRE” EN LA ESPAÑA MODERNA garantizaban la ausencia de ascendencia  judía conversa en quienes debían ocupar cargos relevantes. Con el tiempo la idea de sangre “pura” se asimiló a sangre “española” y los “cristianos viejos” se opusieron a la erradicación de los estatutos para defender sus posiciones sociales evitando la competencia.

Juan Hernández Franco, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Murcia, ha publicado un excelente estudio sobre este tema: Sangre limpia, sangre española. El debate sobre los estatutos de limpieza (siglos XV-XVIII) (Cátedra, Madrid, 2011). En él expone la evolución de la “limpieza de sangre” desde sus orígenes en el siglo XV hasta su erradicación en el siglo XIX. Muestra así cómo surgieron sus estatutos  y el intenso debate que generaron en el siglo XVI y su larga continuidad en la España contemporánea, que ha pasado muy desapercibida pese a su importante impacto en el ámbito de las mentalidades.

Ello hace del libro un trabajo de referencia recomendable para todo aquel  que tenga curiosidad por el tema.  Dado su interés y las peticiones de diversos seguidores del blog sobre el tema, hemos reeditado la entrevista al autor (efectuada inicialmente el 8/IX/2011), que entonces accedió a contestar a nuestras preguntas por e-mail.

¿Qué era la llamada “limpieza de sangre” y cuándo se estableció?

No es fácil responder exactamente qué es la limpieza de sangre, pues el concepto evoluciona a lo largo de su existencia. Comienza siendo un medio para excluir de instituciones políticas, religiosas, universitarias, laborales… a los descendientes de judíos convertidos al cristianismo –los cristianos nuevos o conversos- y de los que se dudaba de su sincera conversión. Pero conforme avanza la edad moderna, especialmente a partir del siglo XVIII, los estatutos lo que hacen es establecer una barrera para diferenciar a los cristianos con más honor y distinción social, de los que no la tienen –es decir, aquellos que desempeñan oficios viles o bajos-.

El arzobispo de Toledo, Juan Martínez Siliceo, defensor de los estatutos.

Si sabemos cuándo se establece por vez primera.  Fue el año 1449 en Toledo. Pedro Sarmiento, alcaide de su alcázar,  y una parte mayoritaria del concejo, asesorados ideológicamente por el bachiller Marcos García de la Mora, promulgan una Sentencia-Estatuto, conforme a la cual “todos los dichos conversos descendientes del perverso linaje de los judíos, en cualquier guisa que sea…. sean habidos e tenidos como el derecho los ha e tiene por infames, inhábiles, incapaces e indignos para haber todo oficio e beneficio público y privado en la dicha cibdad de Toledo”.

Alcanzaron su momento cenital otra vez en la ciudad de Toledo, el año 1547, cuando el arzobispo de Toledo, Juan Martínez Siliceo y una parte de su cabildo catedralicio lo establecieron. Desde estas fechas, se puede decir que ésta es una de las cuestiones claves dentro de la historia de España y uno de los temas más vinculados a su “leyenda negra”.

¿Por qué se intentó erradicar en el siglo XVII y no se logró?

Por los reparos y críticas a los excesos que suponía la aplicación de los estatutos, pues un único y lejano pariente manchado impedía a quien se le descubría –sin tener para nada en cuenta su virtud o preparación profesional- acceder a instituciones que habían establecido estatuto, es anterior al siglo XVII.

“Los estatutos de limpieza de sangre alcanzan su momento de apogeo en 1547 y serán uno de los temas más vinculados a la “leyenda negra” de España”. 

Fue desde la segunda mitad del siglo anterior y especialmente en los cuarenta primeros años del seiscientos cuando con mas ahínco y esfuerzo intelectual se intentó minimizar los efectos negativos de los estatutos, reformándolos según una opinión extendida entre la intelectualidad y una parte importante de los gobernantes, especialmente los que servían durante el valimiento del Conde Duque de Olivares, o incluso suprimiéndolos.

Bautizo de judíos conversos.

Las razones para hacerlo de intelectuales y políticos eran que los estatutos, además de ser contrarios al derecho natural y al verdadero espíritu de la religión católica, eran una de las causas que venía agravando la crisis política, económica y de valores que afectaba especialmente a la sociedad castellana.

Si fracasó el impulso de religiosos, arbitristas, pensadores y políticos en este propósito  fue porque otra parte importante de  los mismos, como por ejemplo Francisco de Quevedo o el doctor y religioso Juan Espino, estuvieron en contra de la revisión de los estatutos y en su empeño se vieron favorecidos por un grupo social mayoritario, los cristianos viejos. Estos encontraron en el honor de su antigua limpieza, uno de los principales medios para poder situarse socialmente y hacer frente a un etapa de dificultades y crisis.

“Un único y lejano pariente manchado impedía a quien se le descubría –sin tener  en cuenta su virtud o preparación profesional- acceder a instituciones que habían establecido estatuto de limpieza de sangre”.

¿Por qué en las Cortes de Cádiz la “limpieza de sangre” aún tuvo defensores?

El antijudaismo, o antijudería (como la ha llamado José Jiménez Lozano), convertida tras la expulsión de los judíos que no recibieron las aguas bautismales en fobia y discriminación de una parte mayoritaria de la sociedad hacia el cristiano nuevo o converso, era una ideología tan arraigada que su disolución no era fácil.

No obstante escritos tan esclarecedores y divulgativos, como los del Padre Feijoo sobre la condición de auténtico cristiano del converso, o las medidas políticas tomadas por los gobiernos reformistas de Carlos III a favor de los descendientes de judíos, como es el caso de los chuetas mallorquines, fueron insuficientes para dar por concluido la discriminación de aquellos que remotamente procedían de judíos –la semilla u origen de su mala sangre siempre pervivía en opinión de sus detractores-, como para poder afirmar que a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, los estatutos de limpieza de sangre hubieran desaparecido.


Francisco de Quevedo se opuso a la revisión de los estatutos de limpieza de sangre.

Por el contrario, vemos como su auge crece en territorios en los que no habían tenido tanta influencia, como son los de la Corona de Aragón, aunque aplicados fundamentalmente en la exclusión de quienes ejercen oficios viles –relacionados con los trabajos que podían practicar los judíos o sus descendientes-.

“Las Cortes de Cádiz no pudieron acabar con los estatutos por la oposición de un conjunto de diputados que se identificaban con el Antiguo Régimen”.

Por todo ello no es extraño que aunque hubo una corriente “liberal” que en las Cortes de Cádiz intentó suprimir una de las “taras” del pasado, otros diputados participantes en ellas, integrados dentro del sector más tradicional y rigorista (como es el caso del padre Hermida, Iguanzo, Ostaloza, Terrero…) se mostraran contrarios a la “destrucción de los estatutos de limpieza de sangre”. Ello se debía a que aún en el seno de la sociedad  había quienes eran cristianos viejos, seguros y fieles a un programa próximo a valores de las elites del antiguo régimen, y en cambio, otros eran poco fiables – relacionados con la axiología burguesa-, como los “manchados con la sospecha de raza judaica”.

¿Cuándo se acabó jurídicamente con estos estatutos?

Los estatutos nunca fueron una norma en vigor para toda una Monarquía primero y el Estado después. Fueron adoptados por instituciones y en cada caso, dependiendo de su jurisdicción, pidieron y obtuvieron su aprobación definitiva por parte de la Monarquía o el Papado. En consecuencia, desde el Estado, ya en el siglo XIX, no se pudo dictar una ley que los suprimiera totalmente. Ello no fue un impedimento para que  en las instituciones que dependían del mismo, fuera imponiendo su supresión.

Por poner algunos ejemplos significativos, el año 1835 la reina gobernadora Maria Cristina  decretó la supresión de las pruebas de limpieza para acceder a seminarios de nobles, o bien -a propuesta de la Sociedad Económica Matritense- también los suprimió en diversas carreras y profesiones. Podríamos seguir citando otros ejemplos que afectan al propio Estado, que toma sus últimas medidas el año 1865, cuando los declara nulos para poder acceder a algunas carreras en las que aún se seguían exigiendo probar que se tenía sangre limpia.

Portada de Sangre limpia, sangre española, de Juan Hernández Franco.

Pero lo importante es la nueva ideología que comenzó a reinar a partir de 1840 aproximadamente, pues frente a la antijudería, ahora primó y venció que el origen, el pasado, la sangre y los ancestros no pueden ser un “castigo” para las generaciones presentes y que los estatutos eran un inútil obstáculo, que lo único que hacía era privar a la sociedad de hombres capacitados, relevantes, bien formados y necesarios para el desarrollo de la misma y que no se atrevían a acceder a una institución de estatuto por si en el proceso de averiguación de su limpieza apareciera un remoto antepasado que arruinase su honor, su prestigio y el de toda su familia.

“En 1865 el Estado toma sus últimas medidas sobre los estatutos, cuando los declara nulos para poder acceder a algunas carreras en las que aún seguían exigiendo probar que se tenía sangre limpia”.

Al final, tras cuatro siglos de ideología antijudía, se desvaneció el principio tan largamente arraigado de que la sangre manchada no se borraba y que bastaba una partícula o átomo para conducir a la anomia social –en una sociedad organizada y dirigida por quienes tenían su máximo honor en considerarse cristianos viejos-  a quien la portase.

 ¿Dejaron un legado que tuviera continuidad?

Venimos relacionando la antijudería con los estatutos de limpieza de sangre, aunque hay que decir que esa antijudería en Europa y en los Reinos Hispánicos es anterior al establecimiento de los estatutos. Pero la ideología antijudía y en concreto los estatutos lo que hicieron, indudablemente mal y negativo, fue la exclusión social del que fuera tenido o fuese por descendencia  judío dentro de una sociedad regulada por valores hidalgo-cristianos viejos. Hasta ahí la repercusión, volvemos a decir negativa, de los estatutos. Hechos posteriores, como el antisemitismo de naturaleza estrictamente racial y sus fatales consecuencias en el siglo XX, pueden tener algún lejano origen o influjo en las actitudes contrarias al judío, según algunos historiadores.

Ángel Pulido, que favoreció una campaña de aproximación a los sefardíes.

Sin embargo y paradójicamente, en esos momentos que la persecución contra el judío en su forma más cruel tomó cuerpo en Europa, en España, una parte de su sociedad, movilizada por personas como Ángel Pulido (anteriormente lo habían hecho Adolfo de Castro, Amador de los Rios, Pedro José Pidal, Juan de la Puerta…) desde comienzos del siglo XX y con respaldo de destacados intelectuales (como Cajal y Galdos), se mostró a favor del estrechamiento de relaciones entre España y los sefardíes dispersos por el mundo.

Las consecuencias más inminentes de esta campaña fueron, en 1924, la concesión de pasaportes a sefarditas que lo solicitaron –fundamentalmente por motivos culturales y económicos-; y en el momento más álgido del holocausto judío, la eficaz acción de la diplomacia española salvando la vida de bastantes sefardies –se calcula que sobre unos 15.000- en los Balcanes, Italia y Francia.


CÓMO LA ULTRADERECHA OBTIENE PROVECHO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: EL CASO DEL KU KLUX KLAN

marzo 31, 2018

Mujeres del KKK en Indiana en 1924 (imagen del blog agente provocador).

EL TRATAMIENTO INFORMATIVO DE LA EXTREMA DERECHA HA SIDO OBJETO DE ANÁLISIS ACADÉMICO LAS DOS ÚLTIMAS DÉCADAS. ¿La razón? El eco mediático de sus tesis y temas puede contribuir a darle proyección y normalizarla, lo que es objeto de controversia, como ya lo plasmamos en nuestra obra Ultrapatriotas (2003).

De este modo, por ejemplo, el politólogo Patrick Moreau señaló en 2001 que ésta no era una cuestión menor, pues estos “tienen una parte de responsabilidad” en su éxito “porque divulgan los temas populistas”: “las informaciones presentadas son, esencialmente, de contenido negativo, porque evidentemente, los contenidos negativos dan más que hablar. Los incontables talk-show que presentan las consecuencias sociales y morales de la crisis, la multiplicación de las revistas de información que sólo buscan imágenes de impacto, acaban por influir negativamente en una población a priori ya profundamente inquieta y desorientada”.

Asimismo, los también politólogos Yves Mény e Yves Surel en el 2000 señalaron en este sentido que los líderes de de los nuevos populismos de derechas “han sabido utilizar de maravilla el talón de Aquiles de la sociedad mediática; es decir, su interés casi patológico por el escándalo”.

En síntesis, el eco mediático que obtiene la ultraderecha no es un tema menor para comprender su ascenso. Por esta razón, nos ha parecido interesante reproducir una entrevista a Felix Harcourt (profesor asistente visitante de historia del Austin College), autor del ensayo histórico Ku Klux Kultureque analiza el caso del Ku-Klux-Klan en la década de los años veinte del pasado siglo. Realizada por Louis Beckeet para The Guardian, en España ha sido traducida por Emma Reverter y publicada por eldiario.es (9/III/2018), de donde la hemos reproducido al considerarla de interés para nuestr@s lector@s.

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En los años veinte, la cifra de miembros del Ku Klux Klan se disparó a lo largo y ancho de todo Estados Unidos, en parte gracias a la cobertura mediática. Una serie de reportajes de un diario pudo haber atraído a cientos de miles de nuevos miembros.

Felix Harcourt, profesor de Historia en Austin College y el autor del libro  Ku Klux Kulture, ha analizado la relación “de conveniencia” entre el Ku Klux Klan y los diarios, y las similitudes entre la discusión en torno a la atención mediática que recibió el Klan en los años veinte y algunos debates actuales.

Estamos observando el  debate en los medios de comunicación en estos momentos sobre cómo tratar con los movimientos racistas y neonazis blancos. Usted ha analizado el mismo debate que se producía hace casi 100 años. ¿Puede describirnos aquel momento?

En 1921, el periódico New York World publicó durante tres semanas una serie de reportajes en portada sobre el Klan: denunciaba a diario su ideología, sus actividades, su secretismo y su propensión a la violencia. Consiguió que todas las instituciones de la ciudad criticaran públicamente a la organización.

De hecho, al final consiguió que el Congreso de Estados Unidos celebrara una sesión sobre el creciente poder del Ku Klux Klan. Algunos calculan que The World ganó más de 100.000 lectores con esta cobertura. Sus reportajes se publicaron en otros 17 periódicos y propició que otros medios publicaran reportajes parecidos.

Según algunos cálculos, si por un lado The World ganó más de 100.000 lectores, por el otro, el Klan consiguió cientos de miles de nuevos miembros. Incluso pudo darse el caso de que se dieran de baja como suscriptores del periódico que los informaba sobre el Klan para darse de alta en la organización.

Portada de Ku Klux Kulture.

Así que pensaban: “Este es el formulario secreto de solicitud de entrada en el Klan. ¿No es horrible que se manifieste así el odio en Estados Unidos?”. Y recortaban el anuncio del periódico y decían: “Me voy a hacer miembro del Klan”.

Así era.

¿Por qué no pasó algo similar en etapas anteriores del Klan?

En cierto modo, tiene que ver un cambio de estilo de los periódicos. En los años veinte, se dio un giro de 180 grados hacia el periodismo sensacionalista y el formato tabloide. Y, sin lugar a dudas, la cobertura que dieron los periódicos sobre el Klan encaja con esta tendencia. Les permitía publicar fotos impactantes en portada y atraer mucha atención.

El Klan era perfectamente consciente de ello y añadía un aire teatral a sus actos para captar la máxima atención. Hizo un esfuerzo para invitar a periodistas, pero al mismo tiempo evitó que se acercaran demasiado ya que quería “proteger los secretos”, para proteger el mito. Era su táctica. Necesitaban la atención de los medios de comunicación y al mismo tiempo no perder su mística.

Imagen de Felix Harcourt de su cuenta de Twitter (@FelixHistory).

¿Entonces el Klan era consciente del contexto mediático en el que se movía?

Perfectamente consciente. Sabía que muchos periódicos querían fotos del Klan, nítidas y desde cerca. Así que contrató a un fotógrafo y vendía las imágenes a los periódicos locales. También sabía que un cierto tipo de actos conseguía atraer una mayor atención mediática y es por este motivo que cada vez se organizaban actos con cruces de fuego de mayor tamaño o hacían volar avionetas de las que colgaban cruces iluminadas. Hubo un esfuerzo por alimentar el espectáculo.

¿Cómo fueron en un inicio los debates en torno a la cobertura mediática y cómo cambiaron más tarde?

La tendencia inicial de los medios fue seguir el modelo de denuncia exagerada del New York World. Sin embargo, cada vez fueron más conscientes de que el Klan tenía sus estrategias para conseguir que se hablara de la organización. A veces a través de amenazas físicas. Los editores del Messenger [una revista afroamericana] recibieron un sobre con una mano amputada. Pero más a menudo, ya que crecieron en poder e influencia, vieron que el boicot era una herramienta muy efectiva, y cada vez más la publicidad, lo que les llevó a prometer ingresos por anuncios de propaganda a aquellos medios con una cobertura al menos neutral de la organización.

¿Centrarse en la publicidad les fue rentable?

Es muy probable. En los años veinte contrató a conocidas agencias de publicidad. Vemos anuncios con mucha difusión que afirman: “Esta es la verdad sobre el Klan. No escuches lo que dice la prensa”. Muchos de los principales diarios empiezan a ser conscientes de que si bien denunciar la actividad del Klan les puede proporcionar algunos nuevos lectores también pueden perder a otros.

Llegan a la conclusión de que lo que les conviene es dar una cobertura lo más neutral posible. El problema con eso, por supuesto, es que al tratar de ser imparcial lo que realmente estás haciendo es presentar al Klan como una organización normalizada y aséptica; polémica, eso sí, pero popular y ampliamente aceptada.

¿Qué organizaciones y grupos se mostraron críticos con la forma en la que el KKK era presentado en los medios de comunicación?

Los periódicos católicos, judíos y afroamericanos. Algunos periódicos afroamericanos creen que era mejor no conceder al Klan ningún tipo de publicidad en los medios, lo que en ese momento se llamó “silencio digno”. Otros, sin embargo, comparan al Klan con un incendio forestal. Cortar el oxígeno terminará por matarlo, pero mientras eso no ocurra hará muchísimo daño. Es por este motivo que algunos periódicos eran partidarios de dar una cobertura mucho más agresiva.

El Pittsburg Courier, por ejemplo, en vez de publicar un reportaje sobre una popular jornada sobre el Klan en la Feria Estatal de Texas, optó por hablar de actos que desembocaron en disturbios y violencia, con el objetivo de terminar con la percepción, alimentada por algunos de los grandes periódicos blancos, de que a la organización, a pesar de generar polémica, le iba bien.

¿Los periodistas se reían o burlaban de la organización?

Se publicaron muchas caricaturas políticas que se burlaban del Klan pero, como señaló un destacado crítico teatral de la época, la organización era capaz de seguir adelante si le tiraban pasteles a la cara. A los miembros del Klan no les afectaban este tipo de burlas. Pensaban que simplemente eran una buena muestra de que tenían los enemigos correctos y de que estaban en la dirección correcta. Así que al final estas críticas resultaron ser contraproducentes.

Usted comenta que al final el Klan optó por centrarse en sus propios medios en vez de esforzarse con los medios ajenos que hacían una cobertura que les beneficiaba.

La dirección nacional del Klan creó su propio periódico llamado el Kourier, con una K, que, a principios de 1925, afirmaba tener más de un millón y medio de lectores. Es muy probable que se trate de una cifra exagerada, como ocurre con muchas otras cifras que el Klan proporcionaba.

Sin embargo, en el supuesto de que llegáramos a la conclusión de que tenía medio millón de lectores seguiría siendo una de las publicaciones más leídas de esa época en Estados Unidos. Era una gran estrategia de propaganda y ocupaba el lugar de otros medios de comunicación, tanto a nivel local como nacional, y al mismo tiempo permitía presentar la información desde el punto de vista ideológico de la organización.

¿Qué tipo de noticias de repercusión nacional se publicaban en el periódico del Klan?

La relación entre Estados Unidos y México. Noticias sobre el presidente. Todo ello impregnado por la noción de que se trata de una publicación familiar, con lo cual podías encontrarte con una larga crítica sobre la influencia de la Iglesia católica en Estados Unidos en una página y en la siguiente una receta de tostada con pimientos o una página para los lectores más jóvenes con un chiste. También tenía crucigramas y puzles, que tenían el ridículo nombre “cruz-igrama en llamas”.

Usted ha descrito una organización cada vez más influyente que tenía su propio periódico y cada vez más socios. ¿Qué pasó? ¿Por qué no se mantuvo?

Predomina la versión de que la presión que recibía y especialmente un escándalo de uno de los líderes más importantes de la organización en Indiana, que agredió sexualmente una mujer que luego se suicidó, [desempeñaron un papel en su declive]. Estos escándalos le dieron mala imagen ante la opinión pública y propiciaron su caída. Por otra parte, hay otra versión que señala que tras la aprobación de la ley de inmigración de 1924, el Ku Klux Klan perdió en cierta medida su razón de ser y se disolvió.

Todas estas versiones plantean un problema; no tienen en cuenta el hecho de que si bien el Ku Klux Klan es una organización que desaparece, el movimiento sigue presente ya que las personas que integraban la organización, millones de miembros y millones de simpatizantes, mantienen su ideología. Así que más que decir que el Klan desaparece sería más preciso decir que evoluciona.

¿El debate en torno a la cobertura mediática que se dio en su momento sobre el Ku Klux Klan ha tenido algún impacto sobre los medios de comunicación? ¿La cobertura ha cambiado?

El impacto ha sido significativamente escaso. Es bastante triste. En los años veinte los periódicos llevaron a cabo una cruzada, con una cobertura inteligente contra el Klan, incluso cuando con este tipo de cobertura no consiguieron acabar con la organización. El hecho de que los medios que libraron esta batalla ganaran premios Pulitzer hizo que a partir de los años treinta miraran atrás y se felicitaran por haber terminado con la organización.

Entonces, los periódicos vieron que su periodismo de investigación había sido merecedor de un premio Pulitzer e ignoraron el hecho de que su cobertura había propiciado que aumentaran los miembros de la organización.

Así es. Hay muy poca conciencia histórica de la verdad sobre la relación entre el Klan y la prensa, que fue, ante todo, una relación de provecho mutuo.


ENTREVISTA A ANDREU JEREZ: “LA FINANCIÓN DE AFD ES UNA DE LAS GRANDES INCÓGNITAS POR DESPEJAR”

octubre 1, 2017

 

Andreu Jerez y Franco Delle Donne, autores de Factor AfD.

¿CUÁLES SON LAS CLAVES QUE EXPLICAN EL ASCENSO DE ALTERNATIVA PARA ALEMANIA [AfD, Alternative für Deutschland]?  Andreu Jerez y Franco Delle Donne lo explican de forma detallada y clara en su reciente ensayo Factor AfD.

La obra ofrece una amplia radiografía política y social de este partido de la ultraderecha germana que se ha convertido en  tercera fuerza del país (12.6% del voto). Ágil, bien documentada y de lectura fluida, Factor AfD traza una buena panorámica del crecimiento de la formación. En este sentido, es de lectura obligada para quién esté interesado en conocer -entre otros aspectos- su origen y evolución, los distintos sectores que la integran, su complejo liderazgo y las distintas claves de su éxito electoral.

Los autores conocen bien la realidad política germana. Jerez es un periodista de dilatada trayectoria y cuya formación incluye un máster de ciencias políticas. Residente en Berlín,  desde 2008 trabaja en el canal de televisión internacional Deutsche Welle y alimenta el blog Cielo bajo Berlín. Delle Donne, licenciado en Comunicación en Argentina y con un máster en Democracia y Gobierno, es consultor en comunicación en el Parlamento de Berlín y es autor del blog sobre política germana eleccionesenalemania.com.

Dado el interés de la obra para nuestros lectores y lectoras, hemos entrevistado a Jerez -a quien agradecemos su amabilidad al atendernos- y le hemos planteado las siguientes cuestiones, que reflejan algunos de los diversos temas que analiza Factor Afd.

¿Cuál es la presencia institucional actual de AfD?
 
AfD tiene actualmente fracciones propias en 13 parlamentos regionales, es la tercera fuerza en el Parlamento federal (Bundestag), obtuvo 7 eurodiputados en el Parlamento Europeo (de los que le quedan dos, porque perdió cinco tras la primera escisión protagonizada por el fundador de AfD, Bernd Lucke, en 2015). Cuenta con 151 diputados regionales y con 93 diputados federales (perdió uno por la decisión de Frauke Petry de abandonar la fracción y el partido aun día después de las últimas elecciones federales).
 
¿Cómo se explica su evolución desde el euroescepticismo hasta la ultraderecha?
 
Era una evolución relativamente previsible a partir de 2014, cuando el partido, todavía bajo la dirección de Lucke, comenzó a utilizar argumentos xenófobos en las primeras elecciones regionales en las que participó. A pesar de que AfD se autocalificó desde un principio con las etiquetas “nacional”, “liberal” y “conservador”, yo tenía bastante claro desde un comienzo que el partido sólo podría abrirse un hueco electoral a la derecha de la CDU-CSU endureciendo su discurso hasta llevarlo al ultraderechismo.

Ese caladero electoral ultra ya existía antes de la aparición de AfD, como llevaban apuntando hacía tiempo estudios sociológicos; lo que no existía era un partido operante que pudiera canalizarlo. Con AfD, esa fuerza ya existe. Lo que sí que es sorprendente es que su actual base electoral sea muy transversal; es decir, recibe muchos votos de exelectores de partido de izquierda (SPD y Die Linke) y también de abstencionistas y primeros votantes. Y eso es realmente lo preocupante, no que reciba un millón de votos de votantes ultraconservadores o el apoyo de las fuerzas neonazis tradicionalmente residuales en Alemania.

Espots electorales de AfD en las elecciones legislativas de 2013.

¿Quiénes son sus votantes? 

Como comento, el voto de AfD, como quedó plasmado en el resultado de las últimas elecciones federales, es profundamente transversal en lo ideológico, lo socioeconómico y lo territorial. Pese a ello, se podría decir que el votante predominante es un hombre asalariado de ingresos medios o medios-bajos. Si ese hombre es germanooriental, la posibilidad de votar es doblemente mayor. Hago una descripción bastante detallada del voto de AfD en las últimas elecciones en el siguiente artículo: https://www.elconfidencial.com/mundo/2017-09-27/afd_1450364/

¿Por qué no tiene un líder consolidado?

Sencillamente, porque no ha aparecido todavía. AfD es un partido profundamente dividido casi desde sus inicios. Como has leído en el libro, nosotros hacemos una división de tres familias. Esta característica ha sido utilizada inteligentemente por la presidencia federal del partido, con Alexander Gauland como principal ideólogo al frente, para dirigirse políticamente a diferentes caladeros electorales susceptibles de votar ultra: neonazis, nacionalconservadores, socialdemócratas desencantados, germanoorientales frustrados, desempleados, euroescépticos, etcétera. Sin embargo, opino que ese liderazgo coral, tras haber sido una ventaja para estas últimas elecciones federales, podría convertirse en el futuro en un lastre político para el partido. Antes o después, AfD necesitará de un liderazgo sólido y bien definido si se quiera asentar en el tablero político alemán e incluso ser un alternativa real de gobierno.

Tras las elecciones del 24 de septiembre AfD es la tercera fuerza alemana (gráfico de El País).

¿Cómo se financia?

 Como explicamos en el capítulo 7 de Factor AfD, la financiación del partido, sobre todo en sus inicios, es una de las grandes incógnitas por despejar. Hay indicios sólidos de que AfD recibió financiación indirecta de grandes empresas familiares alemanas que ya no apoyaban las políticas económicas en favor del euro del Gobierno de Merkel. Si no, es difícil de explicar como un partido de sólo unos pocos meses de edad estuviera a punto de entrar al Bundestag en las elecciones federales de 2013. Cómo se financió si no AfD? Es lo que nosotros llamamos “fraccionamiento del capital alemán” causado por la crisis de deuda europea y del euro. Grandes empresas familiares, muy enfocadas en el mercado interior y no a las exportaciones, que apoyan a un partido euroescéptico y nacionalista. Actualmente, el asunto de la financiación está resuelto gracias a las subvenciones que recibe el partido por su asentada presencia parlamentaria e institucional.
 
¿Qué importancia ha tenido Internet en su expansión?

Como explicamos en varios capítulos del libro, AfD es el primer partido nativo digital que consigue presencia en el Bundestag. Prácticamente todos sus actuales líderes tenían perfiles en redes sociales incluso antes de la fundación de la formación. La presencia en las redes sociales de AfD funciona como una especia de caja de resonancia en la que se repiten siempre los mismos argumentos antisistema y xenófobos: a ello contribuye la hiperactividad de buena parte de sus seguidores, y también que estos no tengan contacto con otras fuentes de información por una profunda desconfianza en los medios tradicionales. Además, buena parte de los seguidores y simpatizantes de AfD en las redes y en internet tampoco siguen a otros partidos políticos. Sin su exitosa estrategia comunicativa en internet y en las redes sociales (provocación estratégica), el partido ultra nunca habría llegado a entrar en los medios tradicionales (TV, prensa, radio).

Alexander Gauland y Alice Weidel, actuales líderes de AfD (foto de Tobias Schwarz/AFP).

¿Ha venido para quedarse?

Personalmente, creo que sí. Al menos para al menos una década o dos legislaturas. Pero esto es, claro, pura especulación. El contexto de incertidumbres que acecha a Alemania y a la UE parece reforzar la hipótesis de que AfD tiene buenas cartas para establecerse a medio-largo plazo en el tablero político alemán. Cada crisis institucional o económica alimentará sus posturas antiestablishment. Paradójicamente, el actual principal enemigo de AfD son las divisiones internas del propio partido.


RESISTENCIA SIN LIDERAZGO, EL NUEVO TERROR*

agosto 23, 2017

Cartel del Frente de Liberación Nacional Socialista de 1973/1974 llamando a la lucha armada.

LOS ACTUALES ATENTADOS YIHADISTAS EN OCCIDENTE LOS COMETEN INDIVIDUOS (LOS LLAMADOS LOBOS SOLITARIOS) O CÉLULAS REDUCIDAS que actúan de modo autónomo en nombre de una entidad, como podría ser el caso de Barcelona. Ello minimiza riesgos de detección policial (no hay cadenas claras de mando tras los autores que lleven a organizaciones), otorga gran margen de maniobra a los terroristas y permite perpetrar acciones mortíferas ‘low cost’ en cualquier lugar. Paradójicamente, esta estrategia conocida como “resistencia sin liderazgo” la desarrollaron originalmente ultraderechistas estadounidenses supremacistas u opuestos a un Estado denunciado como opresor.

Su embrión, según el historiador Jeffrey Kaplan, radicó en el minúsculo Frente de Liberación Nacional Socialista. Constituido en 1974, quiso contrarrestar el ascendente de la “nueva izquierda” y sus grupos armados en campus universitarios. Así, intentó imitar a las guerrillas urbanas de izquierda y consideró que las acciones contra el Estado debía promoverlas una reducida vanguardia activa. Sin embargo, solo 4 de sus 43 miembros perpetraron actos individuales violentos irrelevantes y el grupo acabó su andadura al ser asesinado en 1975 su líder, Joseph Tommasi. Pero para Kaplan plasmó por vez primera el concepto de “resistencia sin liderazgo” sin recibir tal nombre.

“Contribuyeron a popularizar esta estrategia novelas como ‘Hunter’, de William L. Pierce, que narra la actuación de un lobo solitario”

La amenaza más peligrosa

A inicios de los 80 otro colectivo supremacista y antisemita violento marcó un hito en la radicalización de la ultraderecha: La Hermandad Silenciosa, llamada también La Orden. Liderada por Robert J. Mathews, efectuó sus crímenes con individuos o células que -según un exmiembro- debían hacer los “esfuerzos de resistencia […] que se sientan capaces de instituir”. Para el FBI fue la amenaza terrorista interna más peligrosa, desarticulada al morir Mathews en 1984 en un enfrentamiento.

Los sectores extremistas impactados por su acción fueron galvanizados por lo que -a sus ojos- devinieron sucesivas afrentas de un Estado opresor: en 1989 se celebró un juicio por sedición en Arkansas contra figuras prominentes de la ultraderecha; en 1992 el FBI mató en un enfrentamiento a la mujer y al hijo de un radical, Randy Weaver; y en 1993 las tropas federales asaltaron un rancho de la secta de Adventistas del Séptimo Día en Waco (Texas) con 80 muertes. En este marco, advierte Kaplan, se difundió el concepto de “resistencia sin liderazgo”, que el supremacista Louis R. Beam ya había plasmado en 1983. Este adoptó las tesis que un coronel de inteligencia -Ulius Louis Amoss- concibió en 1962 para luchar con guerrillas ante una eventual invasión comunista de EE.UU. De este modo, arguyó que se debía combatir con iniciativas individuales o “células fantasma” ajenas a organizaciones, siempre infiltrables.

Apoyo literario

Contribuyeron a popularizar esta estrategia novelas como Hunter (Cazador, 1989), de William L. Pierce, que narra la actuación de un “lobo solitario”. Aparentemente la adoptaron activistas de este espectro político, aunque es difícil establecer hasta qué punto lo hicieron conscientemente. Lo reflejan casos como los de Timothy McVeigh al atentar en 1995 contra el edificio del Gobierno Federal en Oklahoma y matar a 168 personas (en respuesta “al ataque estadounidense contra un edificio gubernamental en Serbia, Irak u otras naciones”) o el del noruego Anders Behring Breivik, autor de la masacre de Utoya en 2011 con 69 muertes de jóvenes socialistas.

No obstante, el criminólogo Travis Morris remarca que también lo hicieron sendas organizaciones de extrema izquierda: el Frente de Liberación de la Tierra y el Frente de Liberación Animal. Finalmente, la habría incorporado el yihadismo posiblemente a través de Abu Musab al Suri en 2005, asumiéndola Al Qaeda primero y luego el ISIS.

En suma, la “resistencia sin liderazgo” surgida en la ultraderecha estadounidense ha sido ampliamente difundida y asumida por diversos antagonistas conformando un terrorismo difícil de prever y desarticular, con gran capacidad destructora.

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* Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “Resistencia sin liderazgo, el nuevo terror”, El Periódico (18/VIII/2017).


¿QUÉ IMPORTANCIA TUVO EL CONSUMO DE DROGAS EN EL NAZISMO? UNA HISTORIA DEL “NACIONALSOCIALISMO EN PASTILLAS”*

julio 27, 2017

Portada de la edición inglesa del ensayo de  Norman Ohler sobre el consumo de drogas en el III Reich, que muestra a un Hitler demacrado por el consumo de estupefacientes.

EL NAZISMO HA GENERADO UN ALUD DE ESTUDIOS Y SE ESTIMA QUE EN 2007 TENÍA YA 37.000 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS. En ellas Adolf Hitler ocupa un lugar relevante y su prestigiosa nómina de biógrafos (Alan Bullock, Joachim Fest o Ian Kershaw entre otros) parecía haber diseccionado al dictador hasta en detalles nimios. Sin embargo, El gran delirio. Hitler, drogas y III Reich (Crítica, Barcelona, 2016), ofrece una visión innovadora del personaje al centrarse en su ignorada adicción a las drogas, que compartieron amplios sectores del aparato nazi, hasta el extremo de aludir el libro a un “nacionalsocialismo en pastillas”.

Su autor, Norman Ohler, no es historiador, sino periodista y guionista. De hecho, quiso hacer un film sobre este tema, lo investigó en distintos archivos y finalmente no lo plasmó en un documental, sino en este ensayo ágil, cuyas 260 páginas se leen de un tirón sin necesitar grandes conocimientos previos del tema.

Hitler, un politoxicómano

Alemania contó con una potente industria química que en los años veinte la convirtió en el primer productor mundial de cocaína y morfina, a la vez que lideró la exportación de heroína. En este marco, cuando el nazismo llegó al poder en 1933 efectuó una política contra las drogas, pero no impidió que su máximo jerarca ni sus tropas recurrieran a ellas para mejorar su rendimiento.

La relación de Hitler con los psicótropos se inició en 1936. Entonces un médico berlinés célebre por sus hábiles pinchazos para inyectar vitaminas y otras substancias, Theodor Morell, se ganó su confianza al curarle problemas digestivos. Desde entonces doctor y paciente no volvieron a separarse y Morell fue la única persona que desde 1936 vio a Hitler casi diariamente hasta su muerte. El resultado fue que el dictador llegó a tomar 28 comprimidos distintos al día y consumió 90 substancias distintas durante la guerra.

Es más, entre 1941 y 1945, a lo largo de 1.349 días, Morell le recetó medicamentos en 1.100 ocasiones y le puso casi 800 inyecciones, lo que convirtió a Hitler en politoxicómano. Incluso le administró testosterona para crearle deseo sexual y a su amante, Eva Braun, la medicó para cortarle el período y así poder tener ambos relaciones afectivas. Según Ohler, este consumo desaforado de drogas (que incluyó Eukodal, una mezcla de cocaína y morfina) explica tanto la decrepitud progresiva del líder nazi (en su última etapa temblaba y tenía el cerebro dañado) como su incapacidad de dirigir la contienda.

Pero no solo fue el autócrata quién recurrió a psicotropos para estar hiperactivo. El espectacular avance de sus tropas al inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939 no se comprende sin una metanfetamina que gozó de consumo masivo: el pervitin. Descubierta en 1937 y comercializada en 1938, fue presentada como un poderoso estimulante al que recurrieron todos los estratos sociales hasta devenir un producto de primera necesidad. En este escenario, los Ejércitos hitlerianos recurrieron a 35 millones de unidades de pervitin, cuya ingesta permitía una actividad continuada cerca de 40 horas, sin que hicieran mella el cansancio y el sueño.

Portada de la edición española.

Una aportación relevante

El gran delirio es importante para comprender el nazismo. Como afirma en su epílogo el reputado historiador Hans Mommsen, la obra presenta “sin miramientos la otra cara de la estrategia militar alemana” y “cambia la visión de conjunto” del Tercer Reich. Estamos, pues, ante una lectura indispensable para adentrarse en este ámbito desconocido del hitlerismo y entender la desconexión de la realidad que experimentó su máximo dirigente durante la contienda y que -en buena medida- explicaría su suicidio.

Clicando aquí puede leerse un fragmento de la obra en PDF.

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* Esta reseña ha sido publicada originalmente en la revista Librújula correspondiente al mes de julio.


EL UNIVERSO LEPENISTA EN CINCO ARTÍCULOS*

abril 24, 2017

CUANDO MARINE LE PEN SE PREPARA PARA LA SEGUNDA VUELTA DE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES… ¿Podemos resumir el universo lepenista en unas pocas referencias documentales?

La bibliografía sobre el Front National [FN] lepenista es ingente y difícil de reducir a cinco aportaciones por muchas razones, de las que citamos a continuación las que consideramos más importantes y aconsejamos una lectura al respecto en cada una de ellas.

1. Partido, pero también empresa familiar

Es ilustrativa y gráfica la aproximación a la familia Le Pen en 37 imágenes que recientemente publicó L’Obs: “La saga familiale de l’entreprise Le Pen”.

En primer lugar, el FN es un partido creado en 1972 y cuenta, por consiguiente, con 45 años de historia con la particularidad de constituir una marca corporativa dinástica: “Le Pen”. Ambos rótulos son indisociables: sin conocer a la familia no es posible conocer al partido (incluyendo el portazo de una de las hijas, Marie-Caroline Le Pen, al sumarse a una escisión en 1998). De hecho, hoy en su liderazgo conviven ya tres generaciones: el padre, Jean-Marie; su hija Marine y una nieta, Marion.  

2. ¿Podemos hablar de “nuevo” y “viejo” lepenismo?

En segundo lugar, porque su evolución ha sido compleja, pasando de ser un partido “antisistema” en la etapa guiada por Jean-Marie Le Pen a un partido deseoso de reemplazar a la derecha conservadora bajo el liderazgo de su hija. Tal afán ha conducido a realizar una compleja evolución a Marine Le Pen con un afán “desdiabolizador”, que -según distintos expertos- no ha variado substancialmente los ejes ideológicos profundos del lepenismo. Es interesante al respecto este apunte periodístico de las tesis del politólogo Alexandre Dézé (uno de quienes subraya que no hay cambios esenciales en la ideología): “Cinq idées reçues sur le “nouveau” Front National”.

3. El gran logro: crear una ultraderecha ecuménica

En tercer lugar, porque el FN ha sido una formación que ha logrado devenir un “partido ecuménico” del ámbito de la extrema derecha, lo que ha permitido a la formación agrupar y convivir en ella a distintos sectores de este espectro, como “identitarios”, legitimistas y también seguidores de la Nouvelle Droite o gaullistas desencantados.

Es difícil hallar síntesis breves que expliquen este proceso, pero es sumamente interesante y bien elaborada la que publicó Jean-Yves Camus, uno de los más relevantes expertos en el FN, traducida al catalán en la revista L’Espill en 2011, accesible en PDF (pp. 92-101) en un dossier sobre la derecha populista europea: “El Front National: entre la normalització democràtica i la força antisistema”.

4. El apoyo obrero al lepenismo, un largo debate

En cuarto lugar, desde que el FN hizo su eclosión institucional en los comicios europeos de 1984, en los que obtuvo un 11% de los votos y un 10 escaños en Estrasburgo, se ha integrado en el paisaje político francés y se ha normalizado. De este modo, hoy ya no se alude tanto a “mutaciones” del electorado, pues numerosos votantes han crecido en un marco político en el que el FN era una opción más y se han alineado con sus líderes y discursos.

En este sentido, la procedencia de su importante voto obrero es objeto de un importante debate académico. Puede accederse a una aproximación reciente al tema en un opúsculo que recoge intervenciones de expertos que plantean si estos sufragios son resultado de un cambio de apoyo de la izquierda a la ultraderecha o el resultado de una larga tendencia: Le Front National et les ouvriers: longue histoire ou basculement?

5. La geopolítica frentista y el tema ruso

En quinto lugar, porque sus conexiones internacionales han variado con el tiempo y han sido complejas. De este modo, el FN ha tenido una ONG como SOS Enfants d’Irak o lazos con la Rusia de Putin. Igualmente, ha articulado liderazgos políticos en Estrasburgo y proyectos europeos como Euronat. ¿Cuál es, pues, la geopolítica del lepenismo? Aconsejamos al respecto leer las intervenciones de un debate al respecto recogido en el opúsculo La politique étrangère du Front National.

En él, por ejemplo, Jean-Yves Camus, destaca que en la relación entre lepenismo y “putinismo” se ha confundido la causa con el efecto: la financiación del partido por parte de bancos rusos no es la causa del apoyo lepenista a Putin, sino la consecuencia de que el lepenismo considere que el proyecto ideológico y social del gobierno de Putin sintoniza con el que eventualmente podría instaurar el FN en caso de llegar al pode

Un sitio web a tener en cuenta

Para concluir, aconsejamos al lector o lectora capaz de leer en francés las muy interesantes publicaciones y aportaciones on-line sobre el lepenismo del Observatoire des Radicalités Politiques de la Fondation Jean Jaurès: trabajos académicos solventes de carácter sintético y en su mayor parte asequibles en PDF de forma gratuita que ofrecen una información actualizada del universo lepenista.

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* Artículo publicado originalmente como “El universo lepenista en cinco artículos… según Xavier Casals” en www.agendapublica.es (23/IV/2017)


LA DERECHA POPULISTA Y LOS JUDÍOS: ACTITUDES AMBIVALENTES

abril 16, 2017

Redada del Velódromo de Invierno en París (imagen de www.lasegundaguerra.com).

TRAS LOS ATENTADOS DEL 11-S DEL 2001 LA DERECHA POPULISTA INICIÓ UN LENTO GIRO ISLAMÓFOBO. El reverso de este giro fue que su antisemitismo se diluyó en el discurso oficial por dos razones.

Una es la máxima “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”. En este sentido,  el giro islamófobo no solo ha otorgado renovado valor las “raíces cristianas” de Europa (criticadas en los años setenta y ochenta por discursos “neopaganos” surgidos de la llamada Nouvelle Droite), sino también al Estado de Israel. De ahí que una legación de líderes de este espacio político viajara a este país en diciembre de 2010 a entrevistarse en su parlamento con políticos ultraortodoxos. El dirigente de Interés Flamenco, Filip Dewinter, fue explícito sobre el sentido de aquel encuentro en Tel-Aviv: “El conflicto árabe-israelí ilustra la lucha entre la cultura occidental y el islam radical”, manifestó.

La otra razón es que la “desdiabolización” de este espectro ideológico para ampliar su electorado y normalizar su presencia política pasa por eliminar el antisemitismo de su discurso, pues le vincula a la tradición nazifascista.

Tres actitudes ambivalentes

En este marco, en los últimos días desde la órbita de la derecha populista se han efectuado declaraciones que han traslucido actitudes ambivalentes y complejas en relación al genocidio judío en EE.UU., Alemania y Francia.

Estados Unidos

El portavoz de Donald Trump en la Casablanca, Sean Spicer, tras un ataque con armas químicas efectuado en Siria el 7 de abril,  comparó al presidente Bachar el-Assad  con el líder del nazismo y dijo que era peor que Adolf Hitler, quien “ni siquiera se rebajó a usar armas químicas”. Pasó así por alto que el dictador alemán utilizó cámaras de gas para asesinar a millones de ciudadanos alemanes judíos. Posteriormente Spicer pidió disculpas:  “Francamente, por error hice una referencia inapropiada e insensible al Holocausto, con el que no cabe comparación”.

El caso sería anecdótico si no existiera un precedente llamativo sobre la cuestión que tuvo lugar el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto el 27 de enero. Entonces Donald Trump emitió un comunicado que no incluyó los términos “judíos” o “antisemitismo”, que sí utilizaron sus antecesores como Barack Obama o George W. Bush al participar en aquel homenaje.

Alemania

La líder de Alternativa para Alemania [AfD], Frauke Petry, afirmó el pasado 6 de abril que su partido era “uno de los pocos garantes políticos de la vida judía, también en tiempos de una migración antisemita ilegal hacia Alemania”.  Sus declaraciones eran una respuesta a las de Charlotte Knobloch, expresidenta del consejo central judío en Alemania y actual presidenta de la comunidad judía de Múnich, quien manifestó que “AfD es una desgracia para nuestro país y la comunidad judía no lo considera un partido al que poder votar”.

Para entender la polémica es importante tener presente que en enero un dirigente de AfD , Björn Höcke, calificó de “vergüenza” el monumento a las víctimas del Holocausto de Berlín y cuestionó también en una entrevista que Hitler hubiese sido un “malo absoluto”. Asimismo, en septiembre de 2016 la propia Petry sugirió volver a utilizar un término de claras connotaciones hitlerianas: Völkisch.

Francia

Marine Le Pen creó una controversia política en plena campaña presidencial el 11 de abril al manifestar que “Francia no fue responsable del Velódromo de Invierno”. “Si hubo responsables, fueron quienes estaban en el poder en la época, y no Francia”. Aludió así a la gran redada antisemita que tuvo lugar entre el 16 y 17 de julio de 1942 y que supuso la concentración en el parisino Velódromo de Invierno o Vel d’Hiv de 13.000 judíos, de los que solo unos cientos sobrevivieron. Le Pen hizo estas declaraciones amparándose en otras precedentes de –entre otros personajes- los expresidentes Charles De Gaulle y François Mitterrand.

Estas manifestaciones lepenistas generaron una polémica en la medida que –como ha señalado el corresponsal de La Vanguardia, Rafael Poch- hay un matiz entre la posición de De Gaulle y Mitterrand y la suya: ambos cancilleres afirmaron “que la República Francesa no fue responsable de aquello, porque se encontraba en el exilio o en la resistencia, no en el poder”. Sin embargo Le Pen “no habla de la República, como régimen, sino de ‘Francia’ como país, lo que se parece a un revisionismo históricamente defectuoso”.

Posiblemente Le Pen, al recurrir a estas declaraciones, ha pretendido animar su campaña con un discurso exculpatorio de la nación (en contraste a las declaraciones del presidente Jacques Chirac, quien en 1995 aludió a la “responsabilidad de Francia”). Con ellas quizá aspira a sintonizar con el orgulloso nacionalismo de sus seguidores, pero también pueden interpretarse como un guiño a su electorado más radical y de tradición ideológico neofascista, que es el área de procedencia del Frente Nacional.

Conclusión: el pasado aún pesa

De esta casuística se deduce que el genocidio judío, pese a los afanes de “desdiabolizar” la imagen de la derecha populista, aún continúa siendo una referencia de su discurso. El pasado todavía aflora en referencias erráticas, contradicciones, interpretaciones de la historia u omisiones y rehabilitaciones de vocablos significativos.