ENTREVISTA A ANDREU JEREZ: “LA FINANCIÓN DE AFD ES UNA DE LAS GRANDES INCÓGNITAS POR DESPEJAR”

octubre 1, 2017

 

Andreu Jerez y Franco Delle Donne, autores de Factor AfD.

¿CUÁLES SON LAS CLAVES QUE EXPLICAN EL ASCENSO DE ALTERNATIVA PARA ALEMANIA [AfD, Alternative für Deutschland]?  Andreu Jerez y Franco Delle Donne lo explican de forma detallada y clara en su reciente ensayo Factor AfD.

La obra ofrece una amplia radiografía política y social de este partido de la ultraderecha germana que se ha convertido en  tercera fuerza del país (12.6% del voto). Ágil, bien documentada y de lectura fluida, Factor AfD traza una buena panorámica del crecimiento de la formación. En este sentido, es de lectura obligada para quién esté interesado en conocer -entre otros aspectos- su origen y evolución, los distintos sectores que la integran, su complejo liderazgo y las distintas claves de su éxito electoral.

Los autores conocen bien la realidad política germana. Jerez es un periodista de dilatada trayectoria y cuya formación incluye un máster de ciencias políticas. Residente en Berlín,  desde 2008 trabaja en el canal de televisión internacional Deutsche Welle y alimenta el blog Cielo bajo Berlín. Delle Donne, licenciado en Comunicación en Argentina y con un máster en Democracia y Gobierno, es consultor en comunicación en el Parlamento de Berlín y es autor del blog sobre política germana eleccionesenalemania.com.

Dado el interés de la obra para nuestros lectores y lectoras, hemos entrevistado a Jerez -a quien agradecemos su amabilidad al atendernos- y le hemos planteado las siguientes cuestiones, que reflejan algunos de los diversos temas que analiza Factor Afd.

¿Cuál es la presencia institucional actual de AfD?
 
AfD tiene actualmente fracciones propias en 13 parlamentos regionales, es la tercera fuerza en el Parlamento federal (Bundestag), obtuvo 7 eurodiputados en el Parlamento Europeo (de los que le quedan dos, porque perdió cinco tras la primera escisión protagonizada por el fundador de AfD, Bernd Lucke, en 2015). Cuenta con 151 diputados regionales y con 93 diputados federales (perdió uno por la decisión de Frauke Petry de abandonar la fracción y el partido aun día después de las últimas elecciones federales).
 
¿Cómo se explica su evolución desde el euroescepticismo hasta la ultraderecha?
 
Era una evolución relativamente previsible a partir de 2014, cuando el partido, todavía bajo la dirección de Lucke, comenzó a utilizar argumentos xenófobos en las primeras elecciones regionales en las que participó. A pesar de que AfD se autocalificó desde un principio con las etiquetas “nacional”, “liberal” y “conservador”, yo tenía bastante claro desde un comienzo que el partido sólo podría abrirse un hueco electoral a la derecha de la CDU-CSU endureciendo su discurso hasta llevarlo al ultraderechismo.

Ese caladero electoral ultra ya existía antes de la aparición de AfD, como llevaban apuntando hacía tiempo estudios sociológicos; lo que no existía era un partido operante que pudiera canalizarlo. Con AfD, esa fuerza ya existe. Lo que sí que es sorprendente es que su actual base electoral sea muy transversal; es decir, recibe muchos votos de exelectores de partido de izquierda (SPD y Die Linke) y también de abstencionistas y primeros votantes. Y eso es realmente lo preocupante, no que reciba un millón de votos de votantes ultraconservadores o el apoyo de las fuerzas neonazis tradicionalmente residuales en Alemania.

Espots electorales de AfD en las elecciones legislativas de 2013.

¿Quiénes son sus votantes? 

Como comento, el voto de AfD, como quedó plasmado en el resultado de las últimas elecciones federales, es profundamente transversal en lo ideológico, lo socioeconómico y lo territorial. Pese a ello, se podría decir que el votante predominante es un hombre asalariado de ingresos medios o medios-bajos. Si ese hombre es germanooriental, la posibilidad de votar es doblemente mayor. Hago una descripción bastante detallada del voto de AfD en las últimas elecciones en el siguiente artículo: https://www.elconfidencial.com/mundo/2017-09-27/afd_1450364/

¿Por qué no tiene un líder consolidado?

Sencillamente, porque no ha aparecido todavía. AfD es un partido profundamente dividido casi desde sus inicios. Como has leído en el libro, nosotros hacemos una división de tres familias. Esta característica ha sido utilizada inteligentemente por la presidencia federal del partido, con Alexander Gauland como principal ideólogo al frente, para dirigirse políticamente a diferentes caladeros electorales susceptibles de votar ultra: neonazis, nacionalconservadores, socialdemócratas desencantados, germanoorientales frustrados, desempleados, euroescépticos, etcétera. Sin embargo, opino que ese liderazgo coral, tras haber sido una ventaja para estas últimas elecciones federales, podría convertirse en el futuro en un lastre político para el partido. Antes o después, AfD necesitará de un liderazgo sólido y bien definido si se quiera asentar en el tablero político alemán e incluso ser un alternativa real de gobierno.

Tras las elecciones del 24 de septiembre AfD es la tercera fuerza alemana (gráfico de El País).

¿Cómo se financia?

 Como explicamos en el capítulo 7 de Factor AfD, la financiación del partido, sobre todo en sus inicios, es una de las grandes incógnitas por despejar. Hay indicios sólidos de que AfD recibió financiación indirecta de grandes empresas familiares alemanas que ya no apoyaban las políticas económicas en favor del euro del Gobierno de Merkel. Si no, es difícil de explicar como un partido de sólo unos pocos meses de edad estuviera a punto de entrar al Bundestag en las elecciones federales de 2013. Cómo se financió si no AfD? Es lo que nosotros llamamos “fraccionamiento del capital alemán” causado por la crisis de deuda europea y del euro. Grandes empresas familiares, muy enfocadas en el mercado interior y no a las exportaciones, que apoyan a un partido euroescéptico y nacionalista. Actualmente, el asunto de la financiación está resuelto gracias a las subvenciones que recibe el partido por su asentada presencia parlamentaria e institucional.
 
¿Qué importancia ha tenido Internet en su expansión?

Como explicamos en varios capítulos del libro, AfD es el primer partido nativo digital que consigue presencia en el Bundestag. Prácticamente todos sus actuales líderes tenían perfiles en redes sociales incluso antes de la fundación de la formación. La presencia en las redes sociales de AfD funciona como una especia de caja de resonancia en la que se repiten siempre los mismos argumentos antisistema y xenófobos: a ello contribuye la hiperactividad de buena parte de sus seguidores, y también que estos no tengan contacto con otras fuentes de información por una profunda desconfianza en los medios tradicionales. Además, buena parte de los seguidores y simpatizantes de AfD en las redes y en internet tampoco siguen a otros partidos políticos. Sin su exitosa estrategia comunicativa en internet y en las redes sociales (provocación estratégica), el partido ultra nunca habría llegado a entrar en los medios tradicionales (TV, prensa, radio).

Alexander Gauland y Alice Weidel, actuales líderes de AfD (foto de Tobias Schwarz/AFP).

¿Ha venido para quedarse?

Personalmente, creo que sí. Al menos para al menos una década o dos legislaturas. Pero esto es, claro, pura especulación. El contexto de incertidumbres que acecha a Alemania y a la UE parece reforzar la hipótesis de que AfD tiene buenas cartas para establecerse a medio-largo plazo en el tablero político alemán. Cada crisis institucional o económica alimentará sus posturas antiestablishment. Paradójicamente, el actual principal enemigo de AfD son las divisiones internas del propio partido.


RESISTENCIA SIN LIDERAZGO, EL NUEVO TERROR*

agosto 23, 2017

Cartel del Frente de Liberación Nacional Socialista de 1973/1974 llamando a la lucha armada.

LOS ACTUALES ATENTADOS YIHADISTAS EN OCCIDENTE LOS COMETEN INDIVIDUOS (LOS LLAMADOS LOBOS SOLITARIOS) O CÉLULAS REDUCIDAS que actúan de modo autónomo en nombre de una entidad, como podría ser el caso de Barcelona. Ello minimiza riesgos de detección policial (no hay cadenas claras de mando tras los autores que lleven a organizaciones), otorga gran margen de maniobra a los terroristas y permite perpetrar acciones mortíferas ‘low cost’ en cualquier lugar. Paradójicamente, esta estrategia conocida como “resistencia sin liderazgo” la desarrollaron originalmente ultraderechistas estadounidenses supremacistas u opuestos a un Estado denunciado como opresor.

Su embrión, según el historiador Jeffrey Kaplan, radicó en el minúsculo Frente de Liberación Nacional Socialista. Constituido en 1974, quiso contrarrestar el ascendente de la “nueva izquierda” y sus grupos armados en campus universitarios. Así, intentó imitar a las guerrillas urbanas de izquierda y consideró que las acciones contra el Estado debía promoverlas una reducida vanguardia activa. Sin embargo, solo 4 de sus 43 miembros perpetraron actos individuales violentos irrelevantes y el grupo acabó su andadura al ser asesinado en 1975 su líder, Joseph Tommasi. Pero para Kaplan plasmó por vez primera el concepto de “resistencia sin liderazgo” sin recibir tal nombre.

“Contribuyeron a popularizar esta estrategia novelas como ‘Hunter’, de William L. Pierce, que narra la actuación de un lobo solitario”

La amenaza más peligrosa

A inicios de los 80 otro colectivo supremacista y antisemita violento marcó un hito en la radicalización de la ultraderecha: La Hermandad Silenciosa, llamada también La Orden. Liderada por Robert J. Mathews, efectuó sus crímenes con individuos o células que -según un exmiembro- debían hacer los “esfuerzos de resistencia […] que se sientan capaces de instituir”. Para el FBI fue la amenaza terrorista interna más peligrosa, desarticulada al morir Mathews en 1984 en un enfrentamiento.

Los sectores extremistas impactados por su acción fueron galvanizados por lo que -a sus ojos- devinieron sucesivas afrentas de un Estado opresor: en 1989 se celebró un juicio por sedición en Arkansas contra figuras prominentes de la ultraderecha; en 1992 el FBI mató en un enfrentamiento a la mujer y al hijo de un radical, Randy Weaver; y en 1993 las tropas federales asaltaron un rancho de la secta de Adventistas del Séptimo Día en Waco (Texas) con 80 muertes. En este marco, advierte Kaplan, se difundió el concepto de “resistencia sin liderazgo”, que el supremacista Louis R. Beam ya había plasmado en 1983. Este adoptó las tesis que un coronel de inteligencia -Ulius Louis Amoss- concibió en 1962 para luchar con guerrillas ante una eventual invasión comunista de EE.UU. De este modo, arguyó que se debía combatir con iniciativas individuales o “células fantasma” ajenas a organizaciones, siempre infiltrables.

Apoyo literario

Contribuyeron a popularizar esta estrategia novelas como Hunter (Cazador, 1989), de William L. Pierce, que narra la actuación de un “lobo solitario”. Aparentemente la adoptaron activistas de este espectro político, aunque es difícil establecer hasta qué punto lo hicieron conscientemente. Lo reflejan casos como los de Timothy McVeigh al atentar en 1995 contra el edificio del Gobierno Federal en Oklahoma y matar a 168 personas (en respuesta “al ataque estadounidense contra un edificio gubernamental en Serbia, Irak u otras naciones”) o el del noruego Anders Behring Breivik, autor de la masacre de Utoya en 2011 con 69 muertes de jóvenes socialistas.

No obstante, el criminólogo Travis Morris remarca que también lo hicieron sendas organizaciones de extrema izquierda: el Frente de Liberación de la Tierra y el Frente de Liberación Animal. Finalmente, la habría incorporado el yihadismo posiblemente a través de Abu Musab al Suri en 2005, asumiéndola Al Qaeda primero y luego el ISIS.

En suma, la “resistencia sin liderazgo” surgida en la ultraderecha estadounidense ha sido ampliamente difundida y asumida por diversos antagonistas conformando un terrorismo difícil de prever y desarticular, con gran capacidad destructora.

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* Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “Resistencia sin liderazgo, el nuevo terror”, El Periódico (18/VIII/2017).


¿QUÉ IMPORTANCIA TUVO EL CONSUMO DE DROGAS EN EL NAZISMO? UNA HISTORIA DEL “NACIONALSOCIALISMO EN PASTILLAS”*

julio 27, 2017

Portada de la edición inglesa del ensayo de  Norman Ohler sobre el consumo de drogas en el III Reich, que muestra a un Hitler demacrado por el consumo de estupefacientes.

EL NAZISMO HA GENERADO UN ALUD DE ESTUDIOS Y SE ESTIMA QUE EN 2007 TENÍA YA 37.000 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS. En ellas Adolf Hitler ocupa un lugar relevante y su prestigiosa nómina de biógrafos (Alan Bullock, Joachim Fest o Ian Kershaw entre otros) parecía haber diseccionado al dictador hasta en detalles nimios. Sin embargo, El gran delirio. Hitler, drogas y III Reich (Crítica, Barcelona, 2016), ofrece una visión innovadora del personaje al centrarse en su ignorada adicción a las drogas, que compartieron amplios sectores del aparato nazi, hasta el extremo de aludir el libro a un “nacionalsocialismo en pastillas”.

Su autor, Norman Ohler, no es historiador, sino periodista y guionista. De hecho, quiso hacer un film sobre este tema, lo investigó en distintos archivos y finalmente no lo plasmó en un documental, sino en este ensayo ágil, cuyas 260 páginas se leen de un tirón sin necesitar grandes conocimientos previos del tema.

Hitler, un politoxicómano

Alemania contó con una potente industria química que en los años veinte la convirtió en el primer productor mundial de cocaína y morfina, a la vez que lideró la exportación de heroína. En este marco, cuando el nazismo llegó al poder en 1933 efectuó una política contra las drogas, pero no impidió que su máximo jerarca ni sus tropas recurrieran a ellas para mejorar su rendimiento.

La relación de Hitler con los psicótropos se inició en 1936. Entonces un médico berlinés célebre por sus hábiles pinchazos para inyectar vitaminas y otras substancias, Theodor Morell, se ganó su confianza al curarle problemas digestivos. Desde entonces doctor y paciente no volvieron a separarse y Morell fue la única persona que desde 1936 vio a Hitler casi diariamente hasta su muerte. El resultado fue que el dictador llegó a tomar 28 comprimidos distintos al día y consumió 90 substancias distintas durante la guerra.

Es más, entre 1941 y 1945, a lo largo de 1.349 días, Morell le recetó medicamentos en 1.100 ocasiones y le puso casi 800 inyecciones, lo que convirtió a Hitler en politoxicómano. Incluso le administró testosterona para crearle deseo sexual y a su amante, Eva Braun, la medicó para cortarle el período y así poder tener ambos relaciones afectivas. Según Ohler, este consumo desaforado de drogas (que incluyó Eukodal, una mezcla de cocaína y morfina) explica tanto la decrepitud progresiva del líder nazi (en su última etapa temblaba y tenía el cerebro dañado) como su incapacidad de dirigir la contienda.

Pero no solo fue el autócrata quién recurrió a psicotropos para estar hiperactivo. El espectacular avance de sus tropas al inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939 no se comprende sin una metanfetamina que gozó de consumo masivo: el pervitin. Descubierta en 1937 y comercializada en 1938, fue presentada como un poderoso estimulante al que recurrieron todos los estratos sociales hasta devenir un producto de primera necesidad. En este escenario, los Ejércitos hitlerianos recurrieron a 35 millones de unidades de pervitin, cuya ingesta permitía una actividad continuada cerca de 40 horas, sin que hicieran mella el cansancio y el sueño.

Portada de la edición española.

Una aportación relevante

El gran delirio es importante para comprender el nazismo. Como afirma en su epílogo el reputado historiador Hans Mommsen, la obra presenta “sin miramientos la otra cara de la estrategia militar alemana” y “cambia la visión de conjunto” del Tercer Reich. Estamos, pues, ante una lectura indispensable para adentrarse en este ámbito desconocido del hitlerismo y entender la desconexión de la realidad que experimentó su máximo dirigente durante la contienda y que -en buena medida- explicaría su suicidio.

Clicando aquí puede leerse un fragmento de la obra en PDF.

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* Esta reseña ha sido publicada originalmente en la revista Librújula correspondiente al mes de julio.


EL UNIVERSO LEPENISTA EN CINCO ARTÍCULOS*

abril 24, 2017

CUANDO MARINE LE PEN SE PREPARA PARA LA SEGUNDA VUELTA DE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES… ¿Podemos resumir el universo lepenista en unas pocas referencias documentales?

La bibliografía sobre el Front National [FN] lepenista es ingente y difícil de reducir a cinco aportaciones por muchas razones, de las que citamos a continuación las que consideramos más importantes y aconsejamos una lectura al respecto en cada una de ellas.

1. Partido, pero también empresa familiar

Es ilustrativa y gráfica la aproximación a la familia Le Pen en 37 imágenes que recientemente publicó L’Obs: “La saga familiale de l’entreprise Le Pen”.

En primer lugar, el FN es un partido creado en 1972 y cuenta, por consiguiente, con 45 años de historia con la particularidad de constituir una marca corporativa dinástica: “Le Pen”. Ambos rótulos son indisociables: sin conocer a la familia no es posible conocer al partido (incluyendo el portazo de una de las hijas, Marie-Caroline Le Pen, al sumarse a una escisión en 1998). De hecho, hoy en su liderazgo conviven ya tres generaciones: el padre, Jean-Marie; su hija Marine y una nieta, Marion.  

2. ¿Podemos hablar de “nuevo” y “viejo” lepenismo?

En segundo lugar, porque su evolución ha sido compleja, pasando de ser un partido “antisistema” en la etapa guiada por Jean-Marie Le Pen a un partido deseoso de reemplazar a la derecha conservadora bajo el liderazgo de su hija. Tal afán ha conducido a realizar una compleja evolución a Marine Le Pen con un afán “desdiabolizador”, que -según distintos expertos- no ha variado substancialmente los ejes ideológicos profundos del lepenismo. Es interesante al respecto este apunte periodístico de las tesis del politólogo Alexandre Dézé (uno de quienes subraya que no hay cambios esenciales en la ideología): “Cinq idées reçues sur le “nouveau” Front National”.

3. El gran logro: crear una ultraderecha ecuménica

En tercer lugar, porque el FN ha sido una formación que ha logrado devenir un “partido ecuménico” del ámbito de la extrema derecha, lo que ha permitido a la formación agrupar y convivir en ella a distintos sectores de este espectro, como “identitarios”, legitimistas y también seguidores de la Nouvelle Droite o gaullistas desencantados.

Es difícil hallar síntesis breves que expliquen este proceso, pero es sumamente interesante y bien elaborada la que publicó Jean-Yves Camus, uno de los más relevantes expertos en el FN, traducida al catalán en la revista L’Espill en 2011, accesible en PDF (pp. 92-101) en un dossier sobre la derecha populista europea: “El Front National: entre la normalització democràtica i la força antisistema”.

4. El apoyo obrero al lepenismo, un largo debate

En cuarto lugar, desde que el FN hizo su eclosión institucional en los comicios europeos de 1984, en los que obtuvo un 11% de los votos y un 10 escaños en Estrasburgo, se ha integrado en el paisaje político francés y se ha normalizado. De este modo, hoy ya no se alude tanto a “mutaciones” del electorado, pues numerosos votantes han crecido en un marco político en el que el FN era una opción más y se han alineado con sus líderes y discursos.

En este sentido, la procedencia de su importante voto obrero es objeto de un importante debate académico. Puede accederse a una aproximación reciente al tema en un opúsculo que recoge intervenciones de expertos que plantean si estos sufragios son resultado de un cambio de apoyo de la izquierda a la ultraderecha o el resultado de una larga tendencia: Le Front National et les ouvriers: longue histoire ou basculement?

5. La geopolítica frentista y el tema ruso

En quinto lugar, porque sus conexiones internacionales han variado con el tiempo y han sido complejas. De este modo, el FN ha tenido una ONG como SOS Enfants d’Irak o lazos con la Rusia de Putin. Igualmente, ha articulado liderazgos políticos en Estrasburgo y proyectos europeos como Euronat. ¿Cuál es, pues, la geopolítica del lepenismo? Aconsejamos al respecto leer las intervenciones de un debate al respecto recogido en el opúsculo La politique étrangère du Front National.

En él, por ejemplo, Jean-Yves Camus, destaca que en la relación entre lepenismo y “putinismo” se ha confundido la causa con el efecto: la financiación del partido por parte de bancos rusos no es la causa del apoyo lepenista a Putin, sino la consecuencia de que el lepenismo considere que el proyecto ideológico y social del gobierno de Putin sintoniza con el que eventualmente podría instaurar el FN en caso de llegar al pode

Un sitio web a tener en cuenta

Para concluir, aconsejamos al lector o lectora capaz de leer en francés las muy interesantes publicaciones y aportaciones on-line sobre el lepenismo del Observatoire des Radicalités Politiques de la Fondation Jean Jaurès: trabajos académicos solventes de carácter sintético y en su mayor parte asequibles en PDF de forma gratuita que ofrecen una información actualizada del universo lepenista.

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* Artículo publicado originalmente como “El universo lepenista en cinco artículos… según Xavier Casals” en www.agendapublica.es (23/IV/2017)


LA DERECHA POPULISTA Y LOS JUDÍOS: ACTITUDES AMBIVALENTES

abril 16, 2017

Redada del Velódromo de Invierno en París (imagen de www.lasegundaguerra.com).

TRAS LOS ATENTADOS DEL 11-S DEL 2001 LA DERECHA POPULISTA INICIÓ UN LENTO GIRO ISLAMÓFOBO. El reverso de este giro fue que su antisemitismo se diluyó en el discurso oficial por dos razones.

Una es la máxima “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”. En este sentido,  el giro islamófobo no solo ha otorgado renovado valor las “raíces cristianas” de Europa (criticadas en los años setenta y ochenta por discursos “neopaganos” surgidos de la llamada Nouvelle Droite), sino también al Estado de Israel. De ahí que una legación de líderes de este espacio político viajara a este país en diciembre de 2010 a entrevistarse en su parlamento con políticos ultraortodoxos. El dirigente de Interés Flamenco, Filip Dewinter, fue explícito sobre el sentido de aquel encuentro en Tel-Aviv: “El conflicto árabe-israelí ilustra la lucha entre la cultura occidental y el islam radical”, manifestó.

La otra razón es que la “desdiabolización” de este espectro ideológico para ampliar su electorado y normalizar su presencia política pasa por eliminar el antisemitismo de su discurso, pues le vincula a la tradición nazifascista.

Tres actitudes ambivalentes

En este marco, en los últimos días desde la órbita de la derecha populista se han efectuado declaraciones que han traslucido actitudes ambivalentes y complejas en relación al genocidio judío en EE.UU., Alemania y Francia.

Estados Unidos

El portavoz de Donald Trump en la Casablanca, Sean Spicer, tras un ataque con armas químicas efectuado en Siria el 7 de abril,  comparó al presidente Bachar el-Assad  con el líder del nazismo y dijo que era peor que Adolf Hitler, quien “ni siquiera se rebajó a usar armas químicas”. Pasó así por alto que el dictador alemán utilizó cámaras de gas para asesinar a millones de ciudadanos alemanes judíos. Posteriormente Spicer pidió disculpas:  “Francamente, por error hice una referencia inapropiada e insensible al Holocausto, con el que no cabe comparación”.

El caso sería anecdótico si no existiera un precedente llamativo sobre la cuestión que tuvo lugar el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto el 27 de enero. Entonces Donald Trump emitió un comunicado que no incluyó los términos “judíos” o “antisemitismo”, que sí utilizaron sus antecesores como Barack Obama o George W. Bush al participar en aquel homenaje.

Alemania

La líder de Alternativa para Alemania [AfD], Frauke Petry, afirmó el pasado 6 de abril que su partido era “uno de los pocos garantes políticos de la vida judía, también en tiempos de una migración antisemita ilegal hacia Alemania”.  Sus declaraciones eran una respuesta a las de Charlotte Knobloch, expresidenta del consejo central judío en Alemania y actual presidenta de la comunidad judía de Múnich, quien manifestó que “AfD es una desgracia para nuestro país y la comunidad judía no lo considera un partido al que poder votar”.

Para entender la polémica es importante tener presente que en enero un dirigente de AfD , Björn Höcke, calificó de “vergüenza” el monumento a las víctimas del Holocausto de Berlín y cuestionó también en una entrevista que Hitler hubiese sido un “malo absoluto”. Asimismo, en septiembre de 2016 la propia Petry sugirió volver a utilizar un término de claras connotaciones hitlerianas: Völkisch.

Francia

Marine Le Pen creó una controversia política en plena campaña presidencial el 11 de abril al manifestar que “Francia no fue responsable del Velódromo de Invierno”. “Si hubo responsables, fueron quienes estaban en el poder en la época, y no Francia”. Aludió así a la gran redada antisemita que tuvo lugar entre el 16 y 17 de julio de 1942 y que supuso la concentración en el parisino Velódromo de Invierno o Vel d’Hiv de 13.000 judíos, de los que solo unos cientos sobrevivieron. Le Pen hizo estas declaraciones amparándose en otras precedentes de –entre otros personajes- los expresidentes Charles De Gaulle y François Mitterrand.

Estas manifestaciones lepenistas generaron una polémica en la medida que –como ha señalado el corresponsal de La Vanguardia, Rafael Poch- hay un matiz entre la posición de De Gaulle y Mitterrand y la suya: ambos cancilleres afirmaron “que la República Francesa no fue responsable de aquello, porque se encontraba en el exilio o en la resistencia, no en el poder”. Sin embargo Le Pen “no habla de la República, como régimen, sino de ‘Francia’ como país, lo que se parece a un revisionismo históricamente defectuoso”.

Posiblemente Le Pen, al recurrir a estas declaraciones, ha pretendido animar su campaña con un discurso exculpatorio de la nación (en contraste a las declaraciones del presidente Jacques Chirac, quien en 1995 aludió a la “responsabilidad de Francia”). Con ellas quizá aspira a sintonizar con el orgulloso nacionalismo de sus seguidores, pero también pueden interpretarse como un guiño a su electorado más radical y de tradición ideológico neofascista, que es el área de procedencia del Frente Nacional.

Conclusión: el pasado aún pesa

De esta casuística se deduce que el genocidio judío, pese a los afanes de “desdiabolizar” la imagen de la derecha populista, aún continúa siendo una referencia de su discurso. El pasado todavía aflora en referencias erráticas, contradicciones, interpretaciones de la historia u omisiones y rehabilitaciones de vocablos significativos.


LA “FACHOSFERA” O LA ULTRADERECHA EN LA RED*

enero 16, 2017

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Donald Trump caracterizado como Pepe the frog (imagen thedailybeast.com)

LA INFLUENCIA DE LA EXTREMA DERECHA Y LA DERECHA RADICAL EN INTERNET ES CADA VEZ MÁS IMPORTANTE, como han constatado los comicios presidenciales de Estados Unidos. Allí la red es un poderoso altavoz de los mensajes de Trump, así como de la mixtura de verdad y falsedad que marcó la contienda política y constituyó un campo decisivo de movilización de votantes.

De este modo, Steve Bannon, una suerte de asesor áulico de Donald Trump durante la campaña (recompensado tras la victoria con el relevante cargo de consejero principal y estratega jefe), cobró fama como dinamizador del amplio espectro ultraderechista designado con el término ‘alt-right’ (sinónimo de ‘alternative right’ o derecha alternativa) a través de la tribuna electrónica Breitbart News.

Los extremistas han hallado también una nueva plataforma en la flamante red social Gab.ai, similar a Twitter. Creada en agosto por el empresario Andrew Torba, hace bandera de libertad de expresión ante la censura ideológica que impera en las redes sociales y tendría más de 100.000 usuarios y 300.000 en lista de espera. También en internet ha emergido un nuevo icono extremista:’ Pepe the Frog’, una rana creada por el artista Matt Furie en el 2008. A su pesar, el citado movimiento ‘alt-right’ (término acuñado por el escritor y activista supremacista Richard Spencer) la popularizó como símbolo durante la campaña electoral norteamericana.

La galaxia ultraderechista virtual

Esta visibilidad cada vez más significativa y exitosa de la ultraderecha en la red no es un caso único. Un ensayo francés reciente codifica el término ‘fachosfera’ para aludir a este fenómeno: nos referimos a La Fachosphère. Comment l’extrême droite remporte la bataille du net, de los periodistas Dominique Albertini y David Doucet. Ambos autores examinan los elementos más destacados de la galaxia ultraderechista virtual, como www.fdesouche.com («français de souche», francés de cepa) y exponen su impacto.

Analizan –entre otros temas– la plasmación del lepenismo (el Frente Nacional fue el primer partido francés en disponer de web y Marine Le Pen supera hoy el millón de seguidores en Facebook) o el de los vídeos virales de Dieudonné M’Bala, un cómico denunciado por antisemitismo, algunos de ellos con más de tres millones de visionados y cuya popularidad habría inquietado a François Hollande.

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Cartel del Partido Antisionista [PAS], en el que Dieudonné, en primer plano, efectúa su saludo, el llamado ‘quenelle’.

Además, Dieudonné (cuyo tercer hijo tiene como padrino a Jean-Marie Le Pen) ha difundido un controvertido saludo con el brazo de su creación que ha devenido popular e incluso han efectuado conocidos deportistas: el llamado ‘quenelle’ (de ahí que haya creado un canal ficticio, el Quenel+).

En suma, ‘La Fachosphère’ es un libro recomendable para reflexionar sobre la presencia creciente de la extrema derecha en internet y su impacto. En este sentido, es importante destacar que –según publicó The Washington Post el 21 de octubre– los jóvenes de comunidades virtuales son los que se politizan más rápidamente.

La “robot-política”

En este marco, la campaña del ‘brexit’ demostró la importancia política de las redes, hasta el punto de que Damian Tambini –experto en comunicación política– haya planteado que podría suponer el triunfo de «la robot-política», una política mediatizada por una compleja interacción entre la prensa e internet y sus algoritmos, con un rol clave de la inteligencia artificial.

Con la victoria de Trump ha sucedido otro tanto y se ha aludido de nuevo al recurso a robots –’bots’– en Twitter y al manejo de ‘big data’ (por ejemplo, el equipo del magnate descubrió que a los seguidores de la serie The walking dead les preocupaba la inmigración y focalizó en ellos su mensaje).

No obstante, más allá de la eventual manipulación que permite internet, la ultraderecha se muestra especialmente hábil en este ámbito. En él incuba, articula y difunde sus mensajes y una innovadora simbología (como el’ quenelle’ o Pepe the Frog) que seducen a nuevos seguidores.

Es llamativo al respecto que en Austria un vídeo del 2013 de Heinz-Christian Strache, líder del FPÖ, cantando un rap político en Youtube («Steht auf, wenn ihr für HC seid!», ¡Ponte de pie si HC está presente!) haya superado 1.242.000 visualizaciones, cuando la población del país es de 8,3 millones de habitantes. Desde esta óptica, quizá no es tan sorprendente que su candidato en las últimas elecciones presidenciales captase casi la mitad de votos.

Y es que la red es hoy cada vez más un elemento determinante para comprender la expansión de este espectro político.

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* Artículo publicado originalmente con el título “La ‘fachosfera’ o los ultras en la red” en El Periódico (15/I/2017).


TRUMP Y LOS POPULISTAS EUROPEOS: ¿VOLVEMOS A LOS AÑOS TREINTA?*

noviembre 16, 2016

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Marine Le Pen y Donald Trump: ¿Encarnan un regreso a la era de los fascismos?

EL TRIUNFO DE DONALD TRUMP EN LOS EE.UU. y el ascenso de la derecha populista en Europa y más allá del continente (el partido Una Nación ha logrado este año en Australia el 4.3% de los votos del Senado) indican un aparente regreso a los fascismos de entreguerras. ¿La razón?

Presentan liderazgos fuertes con un discurso político que pretende situarse al margen de la dicotomía derecha-izquierda y combina xenofobia y exaltación nacionalista con ataques al Establishment y a las élites. ¿Pero asistimos realmente a un regreso en treinta? Más allá de estos parecidos hay diferencias importantes que proyectan un fenómeno de rasgos nuevos.

Del anticomunismo a la antiglobalización

redEn primer lugar, los contextos son muy diferentes. El fascismo surgió en una sociedad que se industrializaba, con una inmigración masiva del campo a la ciudad y una polarización política y social extrema marcada por la eclosión del comunismo. En cambio, la nueva ultraderecha irrumpe en una sociedad que se desindustrialitza y las clases sociales, apunta el politólogo Piero Ignazi, no están “muy definidas en sus contornos, ni tampoco son centrales como en el pasado”. Y si antes la amenaza era la revolución marxista, ahora lo es el efecto devastador de la globalización, que destruye ocupación y genera una bolsa creciente de perdedores.

En este escenario, y a diferencia de los totalitarismos de los años treinta, la derecha populista no otorga un papel central al Estado. De hecho, es ambivalente sobre su rol: quiere que intervenga de forma limitada en la economía, pero que sea activo para garantizar prestaciones sociales por los autóctonos o proteger fronteras. En última instancia, percibe al Estado como el gran baluarte ante corrientes migratorias y culturas foráneas, las deslocalizaciones industriales y la competencia extranjera o las entidades y acuerdos internacionales que depreden la soberanía.

De la diferencia racial a la cultural

antismeitismEn segundo lugar, si los fascismos asumieron cosmovisiones racistas, la derecha populista las rechaza de forma oficial. En contrapartida, enfatiza las diferencias culturales y, simplificando, quiere evitar mestizajes para que en un futuro no lejano las comunidades foráneas vuelvan a sus países de origen. Y en el caso de los musulmanes manifiesta una oposición frontal: proclama que no se pueden integrar al tener una religión retrógrada y de conquista.

Este rechazo del multiculturalismo y de los flujos migratorios vertebra el discurso ultraderechista porque su diana no son tanto “los de arriba” (las élites), como “los de en frente” (los extranjeros). Ahora, advierte el sociólogo Pierre-André Taguieff, “las élites son rechazadas en la medida que son percibidas como ‘el partido del extranjero’”. Por tanto, defender la identidad nacional pasa para denunciar una pretendida “invasión” migratoria y, con ella, a las élites que lo favorecen.

De destruir la democracia a exigir hiperdemocracia

reichstagEn tercer lugar, los fascismos acabaron con los regímenes democráticos y querían una sociedad muda y pasiva, disciplinada y encuadrada en organizaciones de masas. En cambio, la ultraderecha actual hace un llamamiento constante a la movilización ciudadana para que vaya a las urnas.

Cómo señalan los politólogos Yves Mèny y Yves Surel, para la derecha populista “si el pueblo es la fuente de poder, nada puede contener su capacidad de decidir y de cuestionar”. Y ve la mejor forma de expresarla en los plebiscitos, dado que en ellos la ciudadanía no vota mediatizada por los partidos y sus intereses.

La nueva ultraderecha, pues, no rechaza en bloque el legado de la Ilustración, sino que  hace una lectura selectiva del mismo al dar protagonismo decisivo a la “voz del pueblo”. Pero no por ello deja de cuestionar los valores ilustrados que fundamentan las democracias actuales, como la igualdad, la tolerancia o el pluralismo.

Qué futuro político podemos esperar?

Los cambios descritos hacen que sea difícil prever los regímenes que pueden instaurar estas fuerzas populistas, pero se divisa un tipo de “neobonapartismo plebiscitario”. Con esta expresión queremos a aludir a regímenes de cariz presidencialista y nacionalista, dirigidos por líderes que limiten las libertades, rehúyan controles parlamentarios y aprueben decisiones polémicas mediante referéndums.

En cierta medida, un ejemplo de esta tendencia se puede apreciar en Hungría. Allí Viktor Orbán cada vez concentra más poder, ha hecho construir una valla de 175 km con Serbia para parar a los refugiados y en octubre convocó un plebiscito para oponerse a la política migratoria de la UE. En suma, como alerta el ensayista Anne Applebaum, en el futuro quizás “dejen de existir la democracia liberal y con ella Occidente, tal como los conocemos”.

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* Este artículo fue publicado originalmente en catalán. Véase “Trump i els altres: retorn als anys 30?”, Ara (12/XI/2016)