¿CUÁNDO Y DÓNDE SURGIÓ EL ULTRANACIONALISMO ESPAÑOL? DE LA HABANA A BARCELONA

junio 26, 2017

Portada de la revista L’Esquella de la Torratxa de 1920 que hace alusión al pistolerismo con una pregunta: “¿A quién le toca, hoy?” (imagen de K-ntra-Kultura).

 

¿CUÁNDO Y DÓNDE SURGIÓ EL ULTRANACIONALISMO ESPAÑOL? Varios lectores y lectoras nos han planteado esta cuestión. Aunque pueda parecer paradójico, la respuesta radica en que el lugar dónde primero irrumpió fue en la Cuba colonial durante el siglo XIX, con un golpe de Estado en 1869, y llegó a España a través de Barcelona.

De La Habana a Barcelona

En Cuba se conformó el primer poder castrense autónomo de la metrópoli, ya que entre 1825 y 1878 Madrid concedió poderes extraordinarios al capitán general de La Habana. Estos comprendían “el gobierno discrecional de la colonia, con facultades ejecutivas para aplicar la legislación, adaptarla o suspenderla” para garantizar el statu quo de los peninsulares que dominaban la vida cubana.

El resultado fue que el capitán general devino allí un “virrey” de facto y su autonomía engendró un intervencionismo militar de nuevo cuño que –paradójicamente- se inició con un golpe de Estado contra la propia Capitanía en mayo de 1869, cuando la dirigía el general Domingo Dulce. Su política reformista le granjeó la oposición de los sectores reaccionarios que promovieron el golpe citado, acaudillado por el general Francisco A. Lersundi, su antecesor en el cargo.

Tras la pérdida de las colonias de Ultramar en 1898, los militares repatriados asistieron a la irrupción en Barcelona de una amenaza bifronte: lo que a sus ojos era un “separatismo” idéntico al de Cuba asociado a una amenaza revolucionaria, encarnada por el obrerismo organizado capaz de plantear huelgas generales. Cuajó entonces un ultraespañolismo cuyo polo aglutinador fue la capitanía general barcelonesa.

De este modo, durante el primer cuarto de siglo se configuró un poderoso “partido militar” que devino capaz de configurar un poderoso grupo de presión, capaz de hacer caer los gobiernos de Madrid. El resultado fue que entre 1917 y 1923, cuando se desarrolló el pistolerismo en Barcelona, los militares -Joaquín Milans del Bosch, Severiano Martínez Anido y Miguel Primo de Rivera- establecieron un poder autónomo en Cataluña (acabaron convertidos en una suerte de “virreyes”) que, finalmente, fue capaz de constituir la base de la dictadura militar primorriverista.

 

El general Miguel Primo de Rivera se convirtió en el primer dictador militar del siglo XX al protagonizar un golpe de Estado desde Barcelona.

La historia del “partido militar”

Hemos explicado este proceso con detalle en nuestro trabajo “Auge y declive del «partido militar» de Barcelona (1898-1936)”, Iberic@, Revue d’études ibériques et ibéro-américaines, editada electrónicamente por el CRIMIC (Centre de Recherches Interdisciplinaires sur les Mondes Ibériques Contemporains) de la Universidad de la Sorbona, nº 4 (otoño 2013), pp. 163-180. ISSN 2260-2534. Puede consultarse el texto en PDF aquí PartidoMilitar-Xavier Casals

A continuación reproducimos su abstract o resumen en francés e inglés, así como sus palabras claves y el enlace para consultar el texto.

Resumen

Historia del “partido militar” de Barcelona desde sus orígenes en 1898 hasta su crisis en 1930. La expresión “partido militar” alude al proyecto de la oficialidad de la Capitanía General de Barcelona de convertir a esta institución en una base de poder militar en Cataluña independiente del gobierno. Este proyecto surgió a inicios de siglo XX, cuando la Capitanía barcelonesa actuó de modo cada vez más autónomo de Madrid para combatir al movimiento catalanista y al pistolerismo anarcosindicalista. Así, entre 1917 y 1923 en ella se pusieron los fundamentos de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1930), instaurada con un golpe de Estado ejecutado en Barcelona. Al finalizar la dictadura el “partido militar” inició su declive.

Palabras clave

Barcelona, Cataluña, capitanía general de Cataluña, Dictadura, Golpe de Estado, Extrema derecha

Résumé

Histoire du « parti militaire » de Barcelone depuis sa création en 1898 jusqu’à à la crise en 1930. Le terme «parti militaire» désigne le projet des officiels de la capitainerie générale de Barcelone pour transformer cette institution en une base de pouvoir indépendante en Catalogne du gouvernement. Ce projet est né au début du XXe siècle, lorsque la capitainerie de Barcelone a agi de façon de plus en plus autonome de Madrid pour lutter contre le gangstérisme et le mouvement anarchosyndicaliste catalan. Ainsi, entre 1917 et 1923, elle a jeté les bases de la dictature du général Miguel Primo de Rivera (1923-1930), établie par un coup d’État exécuté à Barcelone. À la fin de la dictature le «parti militaire» a commencé son déclin.


LA MASACRE DE ATOCHA: LOS INTERROGANTES ABIERTOS*

enero 28, 2017

Breve reportaje sobre los hechos de Atocha.

LA NOCHE DEL 24 DE ENERO DE 1977 SE PRODUJO EN MADRID LA MASACRE DE LOS ABOGADOS comunistas del gabinete laboralista del número 55 de la calle Atocha, obra de un comando ultraderechista. La tragedia se enmarcó en una huelga de transporte convocada el día 17, liderada por Joaquín Navarro (de CC.OO.) y asesorado por el bufete mencionado. El conflicto le enfrentó al sindicato oficial franquista todavía vigente, hecho que aparentemente desencadenó el crimen. Pero 40 años después, varios aspectos del episodio permanecen en la oscuridad, como exponemos a continuación.

“Esferas de poder” ocultas y espiral criminal

Todo empezó a las 22.30 horas del día 24, cuando irrumpió en al bufete citado el terceto formado por José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada. El último  custodió la puerta y sus compañeros reunieron a los presentes al salón. Allí les encañonaron y les preguntaron sin éxito por Navarro (quien había marchado poco antes). Entonces les dispararon y huyeron dejando tres cadáveres -Enrique Valdevira, Luis Javier Benavides y Ángel Rodríguez- y seis heridos: Alejandro Ruiz-Huerta, Miguel Sarabia, Dolores González, Luis Ramos, Francisco Javier Sauquillo y Serafín Holgado (los dos últimos fallecieron el día siguiente).

Su entierro movilizó 200.000 personas en silencio en las calles de Madrid y, según el ministro Rodolfo Martín Villa, la demostración de dolor inclinó al gobierno a legalizar el Partido Comunista [PCE] el 9 de abril. Así, el atentado anticomunista paradójicamente facilitó la inserción de los comunistas a la nueva democracia.

atocha

Las investigaciones del crimen acreditaron vínculos de los verdugos con el secretario del Sindicato Provincial de Transportas, Francisco Albadalejo, quien manifestó que sólo quería dar “una lección” a Navarro. Fueron considerados cómplices Gloria Herguedas (compañera de Fernández) y el exlegionario Leocadio Jiménez.

El juicio se celebró en febrero de 1980 y la sentencia concluyó que los aludidos formaban un grupo autónomo con “abundantes armas”. Condenó a Albadalejo a 73 años como inductor; a 193 años a Fernández y García por los asesinatos; a Jiménez a más de 4 por tenencia de armas; Herguedas fue absuelta y Lerdo huyó en un permiso penitenciario. No osbtante, la Audiencia Nacional señaló que podía haber culpables sin juzgar y “grupos y esferas de poder” podían estar detrás el episodio.

El abogado de las víctimas, José Mª Mohedano, hizo esta reflexión: “todavía no he podido responderme […] a la pregunta de por qué les eligieron como víctimas. […] Pero sigo pensando que […] estas cosas no sucedieron al azar”, dadas las provocaciones que aquella semana se sucedieron “con una coincidencia tan concatenada”. Y es que Atocha fue el clímax de una espiral violenta iniciada el diciembre con epicentro en Madrid.

La “semana trágica” de 1977

El día 11 de aquel mes un comando del grupo maoísta GRAPO secuestró al presidente del Consejo de Estado, Antonio Mª de Oriol, y a cambio de su vida pidió liberar varios presos políticos. El gobierno no cedió y el GRAPO no mató a Oriol, pero le retuvo. La situación se complicó en la última semana de enero: el día 23 un ultraderechista mató de un disparo al estudiante Arturo Ruiz en una manifestación por la amnistía.

El día siguiente el GRAPO secuestró al teniente general Emilio Villaescusa, presidente del Consejo de Justicia Militar, que devino su segundo rehén. La misma jornada falleció la estudiante María Luz Nájera por el impacto a la cabeza de un bote de humo en una manifestación en protesta por la muerte de Ruíz y por la noche se produjo el crimen de Atocha. Esta tensión acabó el 11 de febrero, al ser liberados Oriol y Villaescusa. Pese a que sólo se puede trazar conjeturas, parece plausible pensar que existió algún vínculo entre los acontecimientos descritos por varias razones.

Cabos sin atar

Así, si bien el episodio criminalizó al conjunto de la ultradreta, desde este espectro se denunció una manipulación. Por ejemplo, Blas Piñar, líder de Fuerza Nueva, hacéis este apunte: “Si hay una cosa clara en la ‘matanza de Atocha’ son las personas que actuaron y las armas empleadas. Lo oculto está en otro aspecto: en los inductores y en los verdaderos móviles”. La afirmación, a pesar de ser exculpatoria, no se puede descartar al haber indicios de que el crimen podría no haber sido un acto aislado y espontáneo como pareció.

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Nuestro último estudio dedica tres capítulos a la “semana trágica” de enero de 1977.

En este aspecto, la noche de la matanza el despacho de Atocha no fue el único asaltado. La UGT afirmó que se quiso forzar un local suyo a las 22 horas y circularon otras informaciones parecidas en círculos feministas y laboralistas. También hubo incidentes: explotó un artefacto en la calle López de Hoyos y grupos ultraderechistas que recorrían calles obligaron a cantar el “Cara al sol” a clientes de establecimientos. El ambiente, según la periodista Victoria Ruego, fue “de una violencia y de una excitación aterradoras”.

Igualmente, según el sumario, uno de los asesinos, Fernández, llamó desde Almería poco antes de ser detenido a Muebles Laorga (o La Orga), un ente aparentemente comercial ubicado en un inmueble de Defensa que desapareció los meses posteriores al crimen. Además, en el juicio afloraron pasarelas entre ámbitos ultraderechistas y cuerpos de seguridad: algunos detenidos manifestaron tener “estrecha amistad” con los inspectores Antonio González Gay y Antonio González Pacheco (Billy el Niño), aunque luego se  desdijeron.

Llegados aquí, puede plantearse que la matanza tal vez pudo tener hitos ocultos desconocidos, que podrían ir desde crear un clima proclive a un golpe de estado o bien evitarlo al contrarrestar el efecto de los secuestros del GRAPO con violencia ultraderechista. Si bien estas conjeturas son indemostrables, José Miguel Ortí Bordás (entonces subsecretario de Gobernación) ha hecho esta valoración: “el indudable y poderoso impacto político” de Atocha “contrarrestó a efectos de opinión pública […] los secuestros de Oriol y de Villaescusa […]. Tampoco parece descabellado poder afirmar que este fenómeno permitió una especie de neutralización entre ambas actuaciones delictivas”.

En cualquier caso, hoy es difícil no coincidir con esta valoración de Ruiz-Huerta, superviviente de la masacre: “‘El caso Atocha’ se cerró. ¿Se cerró?: no sé. Tantas cosas quedan que será muy difícil que podamos cerrarlo entre todos”.

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* Artículo publicado originalmente en catalán conel título “La massacre d’Atocha: els interrogants oberts”, en el diario catalán Ara (22/I/2017).

 


LA “FACHOSFERA” O LA ULTRADERECHA EN LA RED*

enero 16, 2017

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Donald Trump caracterizado como Pepe the frog (imagen thedailybeast.com)

LA INFLUENCIA DE LA EXTREMA DERECHA Y LA DERECHA RADICAL EN INTERNET ES CADA VEZ MÁS IMPORTANTE, como han constatado los comicios presidenciales de Estados Unidos. Allí la red es un poderoso altavoz de los mensajes de Trump, así como de la mixtura de verdad y falsedad que marcó la contienda política y constituyó un campo decisivo de movilización de votantes.

De este modo, Steve Bannon, una suerte de asesor áulico de Donald Trump durante la campaña (recompensado tras la victoria con el relevante cargo de consejero principal y estratega jefe), cobró fama como dinamizador del amplio espectro ultraderechista designado con el término ‘alt-right’ (sinónimo de ‘alternative right’ o derecha alternativa) a través de la tribuna electrónica Breitbart News.

Los extremistas han hallado también una nueva plataforma en la flamante red social Gab.ai, similar a Twitter. Creada en agosto por el empresario Andrew Torba, hace bandera de libertad de expresión ante la censura ideológica que impera en las redes sociales y tendría más de 100.000 usuarios y 300.000 en lista de espera. También en internet ha emergido un nuevo icono extremista:’ Pepe the Frog’, una rana creada por el artista Matt Furie en el 2008. A su pesar, el citado movimiento ‘alt-right’ (término acuñado por el escritor y activista supremacista Richard Spencer) la popularizó como símbolo durante la campaña electoral norteamericana.

La galaxia ultraderechista virtual

Esta visibilidad cada vez más significativa y exitosa de la ultraderecha en la red no es un caso único. Un ensayo francés reciente codifica el término ‘fachosfera’ para aludir a este fenómeno: nos referimos a La Fachosphère. Comment l’extrême droite remporte la bataille du net, de los periodistas Dominique Albertini y David Doucet. Ambos autores examinan los elementos más destacados de la galaxia ultraderechista virtual, como www.fdesouche.com («français de souche», francés de cepa) y exponen su impacto.

Analizan –entre otros temas– la plasmación del lepenismo (el Frente Nacional fue el primer partido francés en disponer de web y Marine Le Pen supera hoy el millón de seguidores en Facebook) o el de los vídeos virales de Dieudonné M’Bala, un cómico denunciado por antisemitismo, algunos de ellos con más de tres millones de visionados y cuya popularidad habría inquietado a François Hollande.

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Cartel del Partido Antisionista [PAS], en el que Dieudonné, en primer plano, efectúa su saludo, el llamado ‘quenelle’.

Además, Dieudonné (cuyo tercer hijo tiene como padrino a Jean-Marie Le Pen) ha difundido un controvertido saludo con el brazo de su creación que ha devenido popular e incluso han efectuado conocidos deportistas: el llamado ‘quenelle’ (de ahí que haya creado un canal ficticio, el Quenel+).

En suma, ‘La Fachosphère’ es un libro recomendable para reflexionar sobre la presencia creciente de la extrema derecha en internet y su impacto. En este sentido, es importante destacar que –según publicó The Washington Post el 21 de octubre– los jóvenes de comunidades virtuales son los que se politizan más rápidamente.

La “robot-política”

En este marco, la campaña del ‘brexit’ demostró la importancia política de las redes, hasta el punto de que Damian Tambini –experto en comunicación política– haya planteado que podría suponer el triunfo de «la robot-política», una política mediatizada por una compleja interacción entre la prensa e internet y sus algoritmos, con un rol clave de la inteligencia artificial.

Con la victoria de Trump ha sucedido otro tanto y se ha aludido de nuevo al recurso a robots –’bots’– en Twitter y al manejo de ‘big data’ (por ejemplo, el equipo del magnate descubrió que a los seguidores de la serie The walking dead les preocupaba la inmigración y focalizó en ellos su mensaje).

No obstante, más allá de la eventual manipulación que permite internet, la ultraderecha se muestra especialmente hábil en este ámbito. En él incuba, articula y difunde sus mensajes y una innovadora simbología (como el’ quenelle’ o Pepe the Frog) que seducen a nuevos seguidores.

Es llamativo al respecto que en Austria un vídeo del 2013 de Heinz-Christian Strache, líder del FPÖ, cantando un rap político en Youtube («Steht auf, wenn ihr für HC seid!», ¡Ponte de pie si HC está presente!) haya superado 1.242.000 visualizaciones, cuando la población del país es de 8,3 millones de habitantes. Desde esta óptica, quizá no es tan sorprendente que su candidato en las últimas elecciones presidenciales captase casi la mitad de votos.

Y es que la red es hoy cada vez más un elemento determinante para comprender la expansión de este espectro político.

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* Artículo publicado originalmente con el título “La ‘fachosfera’ o los ultras en la red” en El Periódico (15/I/2017).


¿HAY ESPACIO PARA LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA? MÁS DE 13 MILLONES DE ELECTORES CONSIDERAN “EXCESIVA” LA INMIGRACIÓN

enero 7, 2017

 ultraderechaGráfico del diario ABC.

¿EXISTE ESPACIO POLÍTICO PARA UNA OPCIÓN DE ULTRADERECHA EN ESPAÑA? El analista Carles Castro lo ha estudiado en su artículo “El espacio electoral a la derecha del PP, demasiado incierto para Aznar”, publicado en La Vanguardia (7/I/2017) y al que puede accederse clicando aquí.

Según su estudio, los electores situados en el flanco derecho del PP “suponen menos del 10% del censo (casi tres millones sobre un total de algo más de 34 millones)”. Pero “el porcentaje de ciudadanos que consideran que el número de extranjeros es excesivo se acerca nada menos que al 40%; es decir, más de 13 millones de electores”. De ellos, dos millones y medio se sitúan “entre el centroderecha […] y la extrema derecha. Los otros tres millones y medio restantes se localizan en el grupo de los que no saben/no contestan”.

Su conclusión es interesante: existe un espacio político potencial para una opción que se sitúe a la derecha del PP, aunque su número de votantes reales es una incógnita en relación a estos 13 millones de electores es difícil de precisar y pueden descender a menos de dos (1.8 millones).

A continuación, reproducimos este interesante estudio electoral por considerarlo de interés para nuestr@s lector@s.

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El espacio electoral a la derecha del PP, demasiado incierto para Aznar

Existe una brecha, pero quizás sea demasiado exigua para el expresidente

Los frecuentes exabruptos ideológicos de José María Aznar contra la supuesta flaccidez programática del PP llevan a especular con la posibilidad de que el expresidente se sienta tentado de crear un partido a su imagen y semejanza. Y ese partido, en principio, debería situarse a la derecha del PP o, al menos, solaparse con su flanco derecho. Cualquier especulación, sin embargo, debe ubicar previamente al Partido Popular y a sus votantes en la escala ideológica, a fin de detectar el espacio potencial de una marca de nuevo cuño.

En este sentido, las cifras de los sondeos del CIS reflejan las profundas raíces del PP en el espacio del centro a la derecha y desvelan, por tanto, el secreto de su éxito. Para empezar, los electores sitúan al Partido Popular en torno al 8,3 en una escala ideológica en la que el 1 es la extrema izquierda y el diez la extrema derecha. Sin embargo, los votantes populares colocan al PP algo más al centro: en el 7,55. Y, finalmente, los propios electores de Rajoy se sitúan ellos mismos en una posición más templada: el punto 7.

A la derecha del PP
A la derecha del PP (Alan Jürgens)

La radiografía de esta última cifra es todavía más elocuente. Más del 60% de los votantes populares se encuentran en los puntos 6, 7 y 8 de la escala; es decir, claramente en el centroderecha. Otro 13% se sitúa en el punto 5 (centro puro), y más del 14%, en el 9 y el 10 (derecha extrema). Pero si la operación se realiza desde otra perspectiva, el resultado es más clarificador en un horizonte de competencia electoral. Por ejemplo, el conjunto de electores situados en el flanco derecho (del 8 al 10) suponen menos del 10% del censo (casi tres millones sobre un total de algo más de 34 millones).

Pero en ese tramo, el dominio actual del PP es abrumador: entre el 80% y el 90% de los electores que se sitúan en ese espacio votan al Partido Popular. Otra cosa es que voten más al PP de Aznar que al de Rajoy (o que se identifiquen más con su “déjame que beba tranquilamente” que con las campañas de tráfico del actual Gobierno). Por el contrario, la cifra de electores que no votan al PP en ese tramo de la escala supone sólo unos 600.000 (más del doble de los que apoyaron a la derecha radical de Vox en las últimas europeas).

Pero de nuevo hay que insistir en que ese mínimo podría perfectamente ampliarse con un candidato potente como Aznar, ya que es del todo verosímil que una porción sustancial de los tres millones de electores situados en el extremo derecho de la escala se identifiquen más con el conservadurismo duro del expresidente que con el pragmatismo actual del PP, forzado al diálogo y a la contención verbal por el desenlace de las urnas. Sin olvidar que el expresidente podría arañar votos en espacios más centrados (hasta el 5) o entre los seis millones de ciudadanos que no se definen políticamente (aunque la mayoría tampoco vota).

A partir de ahí, el crecimiento potencial de esa hipotética marca de derecha aznarista podría apuntalarse sobre tres ejes perfectamente complementarios y, en algún caso, transversales. El primero sería el espacio ideológico natural de un Aznar radicalizado (es decir, muy distinto y distante del que pactó con Pujol en 1996), que, como se ha indicado, tendría un techo de aproximadamente tres millones de votos.

A la derecha del PP
A la derecha del PP (Alan Jürgens)

Sin embargo, esa nueva derecha podría explotar el vector identitario (es decir, el sentimiento de españolidad), algo que ya permitió al PP mantener un sólido suelo electoral frente a Rodríguez Zapatero, a cuenta de la reforma del Estatut. Concretamente, casi seis millones de electores de todas las ideologías se sienten única y por encima de todo españoles. El grueso en cifras absolutas se sitúa en el punto 5 (alrededor de 1.300.000 electores) o en la franja del no sabe/no contesta (otro millón largo). Pero si se acota el sentimiento de españolidad radical al espacio de centroderecha y derecha (votantes que se ubican del 7 al 10 y que serían los que menos contradicciones ideológicas exhibirían con ese hipotético partido de Aznar), entonces la cifra se reduce a algo más de un millón de electores (o a casi dos millones si se incluyen aquellos situados en el punto seis).Eso sí, el desenlace del conflicto catalán puede modificar las lealtades partidistas de estos electores.

Ahora bien, un partido de derecha radical podría explotar un tercer vector para la captación de votos: la inmigración. Y aunque nadie se imagina en España a monsieur (ahora madame) Le Pen, el porcentaje de ciudadanos que consideran que el número de extranjeros es excesivo se acerca nada menos que al 40%; es decir, más de 13 millones de electores. De esa cifra, algo más de tres millones y medio se sitúan en la izquierda; otros tres millones y medio en el centro (el punto 5) y dos millones y medio entre el centroderecha (punto 6) y la extrema derecha. Los otros tres millones y medio restantes se localizan en el grupo de los que no saben/no contestan.

En definitiva, el voto potencial que anida en el rechazo a la inmigración supera el mejor registro electoral de PP y PSOE, aunque si esa actitud se expresa en sintonía con un proyecto ideológico de derecha sin centro, la cifra cae por debajo de los dos millones de electores posibles (o sea, de quienes creen que hay demasiados inmigrantes y, al mismo tiempo, se sitúan entre el 7 y el 10 de la escala ideológica). Por último, la cifra de votantes del PP, el PSOE, C’s o la nueva izquierda que podrían entrar en conflicto con sus respectivos partidos por la política de inmigración (al considerar excesivo el número de extranjeros), se eleva a casi ocho millones de electores (y la mitad corresponden al PP).

En definitiva, la horquilla de voto potencial es lo suficiente amplia como para animar a un inconformista a emprender una nueva aventura electoral, pero quizás demasiado incierta –y exigua en algún supuesto– para quien ha disfrutado ya de las mieles de la mayoría absoluta, como José María Aznar López.


HOFER Y LA NORMALIZACIÓN DE LA ULTRADERECHA. ¿POR QUÉ CRECE EL FPÖ?*

noviembre 30, 2016

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Cartel de la campaña electoral de los comicios de abril del candidao del FPÖ con el lema “En defensa de Austria. Tu patria te necesita ahora”.

Ante la repetición de los comicios presidenciales en Austria el próximo domingo, recuperamos el artículo que publicamos en relación a los mismos cuando se celebraron el pasado 24 de abril, ya que las tesis que sostenemos no han perdido vigencia.

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LOS COMICIOS PRESIDENCIALES DE AUSTRIA HAN CONMOCIONADO A EUROPA porque el candidato del ultraderechista Partido de la Libertad (FPÖ), Norbert Hofer, venció en la primera vuelta con el 35% de los votos y fue derrotado in extremis en la segunda (con un 49,7%) por su rival, el ecologista Alexander van der Bellen. ¿Cómo explicar este hecho?

El tema de los refugiados ha influido, pero no basta para justificarlo, ni tampoco la crisis económica: el país tiene un 5,8% de paro. De hecho, las formaciones de este espectro están ausentes en cuatro países rescatados (Irlanda, Portugal, España y Chipre) y su presencia es acotada en Grecia (7% de votos a Amanecer Dorado y 4,8% a Griego Independientes, ANEL). Se impone, pues, un análisis más complejo. Veámoslo.

De marginales a centrales

En primer lugar, debe tenerse en cuenta que la extrema derecha o derecha populista ya no es marginal. Lo reflejaron los comicios europeos del 2014: el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) captó el 26,7% de los votos, el Partido Popular Danés (DF), el 26,6%; el Frente Nacional (FN) lepenista el 24,8% y el FPÖ el 19,7%. Además, desde el 2015 gobierna Polonia el reaccionario partido Ley y Justicia (PiS), que lidera Jaroslaw Kaczynski (ese año obtuvo el 37,7% de votos). Asimismo, en Hungría lo hace desde el 2010 Víktor Orbán (Viktátor para sus detractores), cuya Unión Cívica Húngara (Fidesz) experimenta una radicalización derechista y captó el 45% de votos el 2014.

Esta cartografía indica una aceptación social creciente de formaciones de derecha populista, muchas de cuyas siglas gozan de arraigo. Así, en 1973 ya ingresaron en el parlamento el Partido del Progreso en Dinamarca (origen del actual DF) con el 16% de votos y el de Noruega (FrP), con el 5%. Ambos agitaron la protesta fiscal y contra el ‘establishment’ y al exigir que las prestaciones sociales fueran para autóctonos configuraron un “chauvinismo del bienestar”. Una década después, en los comicios europeos de 1984 el FN logró un 11% de sufragios y se integró en la escena gala. A la vez, el FPÖ (formación con una ala liberal y otra nacionalista) conoció un giro populista en 1986 con Jorg Haider y captó el 10% de votos ese año. Así, tras décadas de existencia, estos partidos gozan ya de electorado fidelizado.

Los móviles: protesta e identidad

En segundo lugar, la extrema derecha cuenta con dos pilares de movilización: la afirmación de la “identidad nacional” y elrechazo a las élites tradicionales, que también ilustra el ascenso del FPÖ. De este modo, el politólogo Gaël Brustier remarca que su ultranacionalismo se enmarca en un país de lenta toma de conciencia nacional, pues aunque la actual república se constituyó en 1918, su acta de nacimiento fue un tratado de 1955 que puso fin a su ocupación aliada tras la segunda guerra mundial. Así, el FPÖ une a su islamofobia, antieuropeísmo y rechazo a los refugiados, un nacionalismo exaltado que incluye la reivindicación del Tirol del Sur italiano. A la vez, denuncia a los partidos tradicionales, cuestionando el Proporzsystem (un reparto de cargos institucionales en función de los votos), cuyos beneficios han monopolizado largo tiempo socialdemócratas (SPÖ) y conservadores (ÖVP). Ambas fuerzas, que gobiernan coaligadas, conocen una erosión y la primera vuelta de los comicios presidenciales solo sumaron el 22,4% de votos.

Sin embargo, el discurso de la derecha populista es distinto al de la izquierda. ¿En qué sentido? Porque no solo se limita a denunciar a las élites ante el “pueblo llano” por secuestrar presuntamente sus derechos políticos y sociales, sino que –como señala el politólogo Pierre-André Taguieff– también las denuncia por favorecer la inmigración y el multiculturalismo, constituyendo un imaginario “partido del extranjero” traidor a la nación. Este antielitismo asociado a la xenofobia proyecta un nuevo enemigo: el extranjero-invasor.

¿Fascismo o reacción antiglobalización?

En tercer lugar, el éxito de la derecha populista radica en constituir un exitoso movimiento contra la globalización que no se define como tal, muy diferente de los fascismos. Estos últimos emergieron en los años de entreguerras, en un marco de industrialización y de clases sociales nítidas, manifestaron una vocación totalitaria y su eje aglutinador fue el anticomunismo.

En cambio, la nueva derecha populista irrumpe en la era postindustrial, de clases sociales desdibujadas y con el comunismo extinto. Rechaza oficialmente el racismo y asume un singular “elogio de la diferencia”: afirma querer preservar la diversidad cultural evitando mestizajes para que las comunidades foráneas regresen a sus países de origen. Asimismo, a diferencia del fascismo, no desea un individuo pasivo, sino que le exhorta a movilizarse en las urnas y exalta el referéndum para manifestar la voluntad popular. Tal apuesta puede legitimar la exclusión, como testimonió, un plebiscito que promovió la Unión Democrática de Centro [UDC/SVP] suiza el 2000 en Emmen: sus habitantes decidieron si naturalizaban a 52 residentes extranjeros, rechazando a 48.

En definitiva, este espectro ideológico quiere erigirse en defensora del “hombre de la calle” ante las amenazas de la mundialización: económicas (flujos migratorios, deslocalizaciones industriales, competencia comercial), políticas (cesiones de soberanía a entes supranacionales, notablemente la Unión Europea) y culturales (presencia del Islam, multiculturalismo). El resultado, como indica el politólogo Cass Mudde, es que son las fuerzas de oposición a la globalización de más éxito electoral.

Un voto transversal

En cuarto lugar, entre su electorado tiende a estar sobrerrepresentado el masculino, urbano, joven y de bajo nivel de estudios. Parte de sus votantes no se considera ni de derecha ni de izquierda, de ahí que la politóloga Nonna Mayer les designe como “ninistas”.

Paralelamente, la asunción de la islamofobia por la derecha populista ha atraído un apoyo femenino y de ámbitos homosexuales al temer que el Islam genere un retroceso en libertad sexual e igualdad de género. Pero el rasgo más llamativo de estos partidos es su gran voto obrero, que –por ejemplo– representó el 31% del cosechado por Marine Le Pen en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas del 2012.

En general, los apoyos de estas fuerzas, siguiendo al también politólogo Pascal Perrineau, proceden del impacto de cinco grandes fracturas. La económica, que opone a beneficiarios y perdedores de la mundialización. La nacionalista, que opone a quienes desean ampliar la obertura internacional de la sociedad con sus detractores. La cultural, que confronta a partidarios de valores antiautoritarios y defensores de los tradicionales. La geográfica, que configura zonas desindustrializadas y marginadas de las insertas en una economía dinámica y global. Y la política, ya citada, que opone a defensores de culturas de gobierno y a los desencantados con la política tradicional que apuestan por culturas antisistema.

Una realidad poliédrica

En suma, actualmente amplios sectores sociales apoyan a la derecha populista debido a dinámicas locales y globales, lo que favorece su normalización y respetabilidad. Esta realidad es igualmente visible en EEUU con Donald Trump: un gestor multimillonario de perfil antagónico al de un político profesional, antielitista y que ha alineado al Partido Republicano con un extremismo inquietante.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (29/V/2016) con el título “¡Heil Europa!” Es interesante el artículo de complemento “Los 12 rostros de la Europa ultra”, en el mismo diario.


LA MARGINALIDAD DE LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA*

noviembre 9, 2016
dibuix opinio de dilluns Leonard Beard

Ilustración de Leonard Beard de este artíulo en El Periódico (7/XI/2016).

ESPAÑA APARENTEMENTE CUMPLE TODOS LOS REQUISITOS asociados al ascenso de la ultraderecha: gran impacto de la crisis económica, numerosos casos de corrupción política, rechazo de las élites tradicionales, 4,4 millones de extranjeros, una tasa de paro del 19,6% (44% la juvenil) y un 28,6% de ciudadanos en riesgo de pobreza. Con tales indicadores sorprende que no irrumpa aquí un partido importante de este signo. ¿Cuáles son las razones?

La ultraderecha y el PP

La respuesta habitual es quela extrema derecha se halla «dentro del PP». Ciertamente este partido ‘sateliza’ el voto de este ámbito desde 1982 e incluso en algunos lugares centra su mensaje en la inmigración y la seguridad, como en Badalona (tercera urbe catalana en población). Pero, desde nuestra óptica, la ausencia de la ultraderecha en las instituciones se explica por la trayectoria que este ámbito experimentó desde 1975.

pinarY es que tras fallecer el dictador este espectro ideológico se articuló en torno a Fuerza Nueva (FN), el partido liderado por Blas Piñar. Su resultado en los comicios de 1977 fue irrelevante, pues compitió con la Alianza Popular (AP) de Manuel Fraga que buscaba el voto del llamado ‘franquismo sociológico’.

Pero en las elecciones de 1979 Piñar obtuvo casi 380.000 votos y un escaño, un inicio prometedor que truncó su debacle en las elecciones de 1982, cuando Fraga aglutinó el voto útil antisocialista y FN se disolvió, marcando la entrada de la ultraderecha española en la atonía y la marginalidad.

Guerra y dictadura

Así las cosas, el discurso que este universo político codificó durante la Transición lastró su modernización ideológica y -con ella- sus posibilidades de éxito. Nos referimos a su reivindicación de la dictadura (visible en la consigna “Franco resucita, España te necesita’), su invocación a volver a las trincheras de la guerra civil y su ultracatolicismo.

Además, este último (al sostener la igualdad de los hombres ante Dios) dificultó aquí el arraigo de mensajes xenófobos y antiinmigración que galvanizaban a la derecha populista europea. Tal cosa era ya de por sí difícil porque nuestro país experimentó una emigración masiva de población en los años 60: ¿cómo estigmatizar, pues, a los emigrantes si muchos españoles lo eran?

ruiz-mateoAl disolverse FN dejaron la política sus seguidores de mediana edad, de forma que este espacio ideológico quedó fracturado generacionalmente entre una masa juvenil y otra formada por ancianos, careciendo de activistas de edades intermedias que hicieran de puente entre ambas. Esta división se solapó a otra que oponía a los sectores que asumían el discurso ‘piñarista’ con los que deseaban arrinconar la nostalgia y adoptar fórmulas triunfantes en Europa, siendo Jean-Marie Le Pen su gran referente.

La marginalidad de este espectro se acentuó al hacer eclosión dos liderazgos populistas protestatarios: José María Ruiz Mateos en los comicios europeos de 1989 (captó más de 600.000 votos y dos escaños) y Jesús Gil en los locales de 1991 en Marbella. El resultado fue que desde 1982 la ultraderecha quedó atomizaday eclipsada en España y su ausencia de las instituciones obedece a causas históricas en buena medida.

El “fenómeno Anglada”

cartelEsta situación solo cambió con los comicios locales del 2003, cuando Plataforma per Catalunya (PxC) irrumpió en cuatro consistorios liderada por un expiñarista, Josep Anglada, y pareció que una derecha populista podía despuntar en España. Su discurso centrado en la inmigración (notablemente musulmana), orden público y denuncia de las élites cuajó y PxC penetró en el 2011 en el área metropolitana.

Pero en las elecciones locales del 2015 se colapsó al confluir una crisis interna con una agenda marcada por el secesionismo (que hizo perder protagonismo a la inmigración en la agenda) y la eclosión de nuevas siglas que canalizaron la protesta contra el ‘establishment’.

¿Puede cambiar esta situación a corto y medio plazo? La respuesta es un ‘no’ cauteloso. La política actual es muy fluida, conoce súbitos cambios de calado y el electorado se muestra poco fiel a nuevas y viejas siglas, lo que impide formular pronósticos duraderos.  Asimismo, la experiencia de PxC y el resultado de Vox (una escisión del PP que en los comicios europeos del 2014 captó casi 245.000 votos) indican que eventuales derechas diferentes a la que encarna el PP pueden tener apoyos electorales significativos. Ahora bien, otra cosa muy distinta es que tales opciones surjan y los consigan.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (7/XI/2016).


EL ÉXITO DE AFD O LAS TRES LECCIONES DE LA DERECHA POPULISTA ALEMANA*

octubre 6, 2016

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La cúpula del AfD entona el himno alemán en Hannóver en 2015 (foto de EFE/Julian Stratenschulte en El Periódico).

TRAS LA IRRUPCIÓN DE ALTERNATIVA PARA ALEMANIA [Alternative für Deutschland, AfD] en los parlamentos de Mecklemburgo-Pomerània Occidental (20.8% del voto total) y Berlín (14.2%) este septiembre el escenario político germano ha cambiado. En apenas tres años, este partido de derecha populista ya analizado en este blog y que lidera Frauke Petry ha logrado estar presente en 10 de los 16 parlamentos regionales y las encuestas le otorguen un 12% del voto estatal. ¿Pero por qué crece AfD?

Si bien la formación canaliza el rechazo a la acogida de refugiados de Angela Merkel, ello no basta para explicar su ascenso. Cómo veremos, el análisis de su caso ofrece tres lecciones sobre las dinámicas de crecimiento de la extrema derecha.

1. Primero son las conciencias, después las urnas

En primer lugar, debemos tener presente que Alemania ha conocido un debate sobre multiculturalismo e inmigración desde 2010. Aquel verano Thilo Sarrazin (socialdemócrata y exmembre de la junta directiva del Bundesbank) editó el polémico ensayo Alemania se disuelve. Sostenía que el alta natalidad de turcos e inmigrantes árabes podría hacer que en tres generaciones la cultura originaría del país fuera extraña a la mayoría de su población. En octubre Der Spiegel publicó que tribunales alemanes habían aplicado la ley islámica en asuntos de herencia y familiares (incluyendo un caso de poligamia) y Merkel anunció el fracaso del multiculturalismo: “permitir que personas de diferentes culturas vivan sin que se integren no ha funcionado”.

A su vez, desde 2004 el neonazi Partido NacionalDemòcrata [NPD] despuntó en las urnas en algunos länder y logró un escaño a los comicios europeos de 2014. Y en octubre de este año surgió a Dresde la plataforma islamòfoba Pegida (acrónimo de Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente).

Este marco explica el éxito de AfD al constituir un proceso que el politólogo Pascal Perrineau denominó “lepenització de los espíritus” en Francia: primero, afirma, se difunden las ideas ultraderechistas y después éstas se traducen en votos.

2. El rechazo a la UE, una vía de radicalización derechista

En segundo lugar, el ascenso de AfD ilustra cómo la derecha populista se articula por distintas vías. Así, en los años setenta ingresaron en el parlamento el Partido del Progreso danés [FrP] y noruego [FrP] haciendo bandera de la protesta fiscal y la oposición a la Establishment, pero para ensanchar su base electoral experimentaron una deriva xenófoba y exigieron que las prestaciones del Estado fueran por los autóctonos.

En los años ochenta irrumpió en Francia el Frente Nacional [FN] liderato por Jean-Marie Le Pen con la inmigración y la inseguridad como temas insignia, siendo emulado por numerosos partidos.

Después del atentado de las torres gemelas de 2001 de Nueva York, el rechazo al Islam y a la UE han ofrecido nuevos caminos para conformar ofertas ultraderechistas, como testimonian de diferente manera el Partido por la Libertad holandés [PVV], el Partido de la Independencia del Reino Unido [UKIP] y ahora AfD.

Y es que AfD se constituyó el 2013 como una formación euroescéptica que marcó distancias de la extrema derecha y logró buenos resultados a los comicios federales y europeos de 2014 al denunciar las políticas de rescate a la UE. Pero después su euroescepticismo confluyó con la oposición a la llegada de refugiados y el rechazo del Islam y adquirió un perfil extremista.

De forma significativa, en Estrasburgo este partido dejó el Grupo de los Conservadores y Reformistas (que incluye los tories británicos) y se unió al Grupo Europa de la Libertad y la Democracia Directa (con el UKIP).

3. Crisis económica no implica ascenso ultraderechista

En tercer lugar, el ascenso de AfD en un país saneado como Alemania refleja que el crecimiento de la ultraderecha no se puede vincular de forma mecánica a crisis económica. Tal hecho se pudo constatar ya en los comicios europeos de 2014, cuando los países “rescatados” (Portugal, España, Irlanda y Chipre) mostraron la ausencia de fuerzas de este signo y en Grecia sólo sumaron el 12.8%, con Amanecer Dorado (9.4%) y Griegos Independientes [ANEL] (3.4%). Unos datos que contrastaron con los grandes resultados del UKIP (26.7%), del Partido Popular Danés [DF] (26.6%), del FN (25%) y del Partido de la Libertad de Austria [FPÖ] (19.7%).

Esta panorama refleja que la derecha populista se nutre del apoyo de perdedores de la globalización, pero no de manera exclusiva: amalgama un voto socialmente amplio e ideológicamente transversal. En tal contexto, la lógica de su ascenso no obedece a ningún determinismo y puede ser cortocircuitada cuando otras opciones canalizan la protesta contra El Establishment, como plasman Podemos en España o Syriza en Grecia.

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* Esta es una versión actualizada del artículo publicado originalmente en catalán en el diario Ara titulada “Les tres lliçons de la ultradreta alemanya” (13/IX/2016)