ESPAÑA: ULTRADERECHA NO ES IGUAL A FRANQUISMO*

febrero 1, 2018

Imágenes de concentraciones y actos neofranquistas de Fuerza Nueva durante la Transición.

EN LA ACTUALIDAD SE ALUDE A MENUDO A LA PERVIVENCIA DEL FRANQUISMO, pero ello no es relevante en el ámbito ultraderechista ni tampoco en el actual nacionalismo español, como exponemos a continuación a partir de tres preguntas.

1. ¿Cuál es el peso político del franquismo?

A pesar de las últimas manifestaciones ultraespañolistas en las que se han visto símbolos neofascistas y preconstitucionales, la realidad es que la extrema derecha ya no puede asociarse con el franquismo, como ocurrió hasta principios de los años noventa. Lo afirmamos por tres razones. Por una parte, porque el franquismo queda lejano para la población española, ya que más del 55% de la misma ha nacido después de 1975. Por otra parte, porque fue un régimen personal y ello imposibilita restaurarlo, como reflejó este lema ultraderechista durante la Transición:  “¡Franco resucita, España te necesita!” Y, finalmente, porque hoy las siglas más relevantes de este espectro ideológico tienen su referente en las de la Europa occidental. En consecuencia, quieren distanciarse del pasado e identificarse con una antiglobalización derechista: rechazo de poderes supraestatales, del multiculturalismo, de flujos migratorios…

2. ¿El actual nacionalismo español es una proyección del franquismo?

A menudo desde la izquierda o el nacionalismo catalán se asocian las manifestaciones de españolidad con el franquismo. Ello es debido, en gran medida, al hecho que esta dictadura -como señala el historiador Ismael Saz- se apropió de la idea de España y eliminó “el discurso patriótico liberal y sus sucesivos desarrollos en la izquierda democrática y obrera ”. El franquismo, pues, monopolizó el nacionalismo español y lo asoció a fascismo. Pero mantener esta percepción es un error porque desde comienzos de siglo se ha conformado un nacionalismo español constitucional, políticamente desacomplejado y transversal. De este modo, vincular Ciudadanos (Cs) con la extrema derecha es un grave equívoco, ya que este partido ha captado un voto antisecesionista amplio y se sienta al grupo liberal del Parlamento Europeo, como el PDECat.

3. ¿El voto neofranquista se halla dentro del PP?

Es frecuente afirmar que la ultraderecha “está dentro del Partido Popular [PP]” porque a partir de los comicios legislativos de 1982 este partido -entonces con el rótulo de Alianza Popular [AP]- satelizó el voto útil del franquismo político y sociológico. A pesar de ello, el peso electoral de este conglomerado se ha diluido con el tiempo y es poco significativo electoralmente. Así las cosas… ¿Dónde puede hallarse un eventual voto ultraderechista? Sus caladeros pueden ser diversos. El ámbito más derechista del PP es uno de ellos, como plasmó su escisión Vox a los comicios europeos del 2009 (logró 246.833 votos, un 1,5% del total). En cambio, sería diferente la procedencia del grueso de votantes de Plataforma por Cataluña (PxC). El politólogo Sergi Pardos-Prado lo estudió en los comicios locales del 2003 y del 2007 y concluyó que procedería de abstencionistas y exvotantes del Partit dels Socialistes de Catalunya [PSC], como en otros países europeos.

Para comprenderlo, es necesario que recordar que la derecha populista ascendente a Occidente no sólo se nutre de ultrapatriotismo, sino que lo combina con un antielitismo xenófobo capaz de atraer amplios apoyos, como ilustran el trumpismo o el lepenismo. Por todo ello, el éxito potencial de la ultraderecha en España no consiste en hacer bandera del neofranquismo, sino más bien en romper con él.

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* La versión original de este artículo ha sido publicada en catalán como Xavier Casals, “Ultradreta no es igual a franquisme”, Ara (28/I/2017).


ESPAÑA: LA TRANSICIÓN MÁS SANGRIENTA DE EUROPA

enero 11, 2018

Información de la llamada “masacre de Atocha” cometida en enero de 1977.

GENERALMENTE, SE CONSIDERA QUE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA FUE PACÍFICA y que ello contribuyó a conferirle un carácter modélico y ejemplar. Sin embargo, en nuestro último estudio La Transición española. El voto ignorado de las armas (2016), hemos analizado su impacto político y hemos constatado que este fue muy importante, hasta el extremo de conformar la Transición más violenta de Europa.

El tema no es menor porque este año se cumplen cuatro décadas de episodios como el caso Scala (la destrucción de esta sala de fiestas en Barcelona por un atentado ácrata), el fallido intento de asesinato del líder independentista canario Antonio Cubillo en Argel (en lo que se consideró un crimen de Estado) o el asesinato del matrimonio Viola en Barcelona por parte de un grupo separatista catalán (bautizado por la policía como EPOCA, Ejército Popular Catalán). Todos estos hechos y muchos otros, como el 23-F, son analizados y diseccionados en esta obra.

Portada de nuestro último estudio.

Nuestra tesis: ¿Una Transición pacífica?

[A continuación reproducimos literalmente un fragmento de la introducción]

Ante esta alabada y difundida “Transición pacífica” se alzan aportaciones recientes que demuestran que el terrorismo fue omnipresente en la época. De esta manera, un estudio minucioso del sociólogo Ignacio Sánchez-Cuenca y la citada politóloga Paloma Aguilar constató que entre el 1 de enero de 1975 y el 31 de diciembre de 1982 la violencia política causó 504 víctimas mortales: su gran mayoría (96.2%) falleció por la acción de grupos terroristas, siendo ETA autora de 361 asesinatos (un 71.6%), mientras un 3.8% lo hizo en incidentes diversos (manifestaciones, disturbios o enfrentamientos).[i] Este balance ofrece una perspectiva menos halagadora de la Transición, ya que “resultó mucho más sangrienta que la griega o la portuguesa, ambas iniciadas en 1974” (la primera se saldó con 29 víctimas y la segunda con menos) y “ha sido la más sangrienta en Europa”, exceptuando la de Rumanía.[ii] Asimismo, un detallado estudio del periodista Mariano Sánchez Soler contabilizó entre el 20 de noviembre de 1975 y el 30 de diciembre de 1983 un total de 2.663 víctimas (sumando muertes y heridos hospitalizados), de las que fallecieron 591.[iii] Ya en el 2012, la historiadora francesa Sophie Baby en un minucioso análisis de la violencia política durante la Transición computó entre 1975 y 1982 un mínimo de 3.200 acciones violentas y más de 700 víctimas mortales, 530 de las cuales fueron causadas por terroristas.[iv] Tal balance de víctimas dibuja una Transición menos modélica y, sobre todo, mucho menos “pacífica” en relación a la percepción imperante.

Es importante destacar que este nivel de violencia no fue excepcional, pues otros países de Europa occidental y América latina lo conocieron en los llamados “años del plomo” (los años sesenta y setenta del pasado siglo).[v] De hecho, como advierte el historiador Juan Avilés, la Transición “se produjo en el momento de mayor auge del terrorismo en la historia reciente de Europa. El período más sangriento fue el comprendido entre 1971 y 1976 en Irlanda del Norte y entre 1978 y 1982 en Italia. A partir de entonces comenzó el declive y a finales de los años ochenta sólo subsistían en Europa dos organizaciones terroristas de alguna entidad, las dos de carácter nacionalista, el IRA y ETA”.[vi] En este aspecto, Sophie Baby considera que el nivel de violencia política en España la sitúa a “la altura de la Italia de los años de plomo”.[vii]

Quienes lideraron el tránsito a la democracia en España han remarcado la importancia de esta violencia con posterioridad, pero evitando que confiriera una aura tenebrosa al fresco ejemplarizante de la Transición. Así, Martín Villa en 1984 manifestó que, junto a la crisis económica, el fenómeno terrorista “fue la principal dificultad con que tropezó la transición democrática”.[viii] Adolfo Suárez lo expuso así en 1988: “Teníamos serias dificultades interiores [durante la Transición]: desórdenes y pretensiones involucionistas y, sobre todo, sufríamos un fuerte acoso terrorista, que actuaba como excitación constante de los más implacables enemigos del cambio político”.[ix] En 1997 Felipe González fue más contundente y advirtió que “la democracia que vivimos […] ha estado condicionada por el terrorismo, el antiterrorismo y la involución en lo que a Seguridad del Estado se refiere”.[x]

En realidad, desde los años ochenta se denunció este importante impacto de la violencia desde ópticas ideológicas contrapuestas. La extrema derecha se hizo eco del mismo asociando democratización a desorden público, mientras la izquierda denunció la criminalidad de la extrema derecha y de ámbitos de los cuerpos de seguridad cómo una demostración de pervivencia de reductos franquistas.[xi] En todo caso, de lo expuesto hasta aquí emerge una certeza poco conocida: la Transición estuvo mucho más marcada por la violencia de lo que dan a entender sus visiones más difundidas. Baby lo ha subrayado en estos términos: “no cabe ninguna duda de que la fuerte presencia de la violencia política ha determinado el ritmo y el alcance del proceso de democratización español, mucho más allá del mito tan difundido de la ‘Inmaculada Transición'”.[xii] Por nuestra parte consideramos que constituyó su banda sonora más inquietante.

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* Puede descargarse gratuitamente el sumario y la introducción completa de la obra en PDF clicando aquí.

* Pueden verse los comentarios y reseñas publicados sobre la obra clicando aquí.

Notas

[i] Véase I Sánchez-Cuenca y P. Aguilar, “Violencia política y movilización social en la Transición española”, en S. Baby, O. Compagnon y E. González Calleja (eds)., “Violencia y transiciones políticas a finales del siglo XX”, Collection Casa de Velázquez (110), Madrid, 2009, p. 99. Véase la versión en inglés del trabajo en I Sánchez-Cuenca y P. Aguilar, “Terrorist Violence and Popular Mobilization: The Case of the Spanish Transition to Democracy”, Politics & Society, Vol. 37, nº 3 (septiembre 20099, pp. 435.

[ii] I Sánchez-Cuenca, “La violencia terrorista en la transición española a la democracia”, Historia del presente, 14 (2009/II), 2ª época, pp. 9-10.

[iii] M. Sánchez Soler, La transición sangrienta, p. 353.

[iv] S. Baby, Le mythe de la transition pacifique, p. 427.

[v] Véase su uso en I. San Sebastián, Los años del plomo: memoria en carne viva de las víctimas.

[vi] J. Avilés, El terrorismo en España: de ETA a Al Qaeda, p. 27.

[vii] S. Baby, Le mythe de la transition pacifique, p. 427.

[viii] R. Martín Villa, Al servicio del Estado, p. 158.

[ix] A. Suárez, “Consideraciones sobre la Transición española”, Cuenta y Razón, 41 (1988), p. 16.

[x] F. González, “Prólogo” a J. Barrionuevo, 2.001 días en Interior, p. II.

[xi] Véase al respecto la amplia panorámica de la violencia de EQUIPO ‘D’, 1973/1983 La década del terror (con el explícito subtítulo de “datos para una causa general”), publicada en 1984, y, por otra parte, la Crónica negra de la transición española 1976–1985 del ensayista libertario Eduardo Pons Prades (1920-2007), que vio la luz en 1987 y su versión actualizada del 2005 en Los años oscuros de la transición española.

[xii]  S. Baby, “Estado y violencia en la Transición española”, en S. Baby, O. Compagnon y E. González Calleja, Violencia y transiciones politicas a finales del siglo XX, p. 198.


AUSTRIA O LA NORMALIZACIÓN DE LA ULTRADERECHA

diciembre 24, 2017

El líder del Partido Popular de Austria (ÖVP) y el del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), Heinz-Christian Strache, que han formado un gobierno de coalición (foto de Roland Schlager-AFP).

LA FORMACIÓN DE UN GOBIERNO DE COALICIÓN ENTRE LA DERECHA Y LA ULTRADERECHA EN AUSTRIA ES UN HECHO RELEVANTE por tres razones que detallamos a continuación.

1. Indica que la derecha está dispuesta a modular un discurso cercano a la ultraderecha y a pactar con ella. El ÖVP que lidera Sebastian Kurz (conocido como el “Macron austriaco”) utilizó en la campaña electoral un discurso cercano al del ultraderechista FPÖ, que lidera Heinz-Christian Strache, hasta el extremo de que el último acusó al primero de haberle “robado” su programa. Tras los comicios ambas formaciones han constituido un gobierno de coalición. Tal decisión supone una normalización política de la derecha populista que encarna el FPÖ y de sus mensajes, dotados de “respetabilidad” al difundirse en el conjunto del espectro político de la derecha primero y al acceder al gobierno después.

2. La reacción de oposición ante la entrada del FPÖ en el gobierno ha tenido escaso impacto si la comparamos con la que suscitó su primer gobierno de coalición entre 1999 y 2002. Entonces la UE presionó a Austria y el nuevo ejecutivo, sujeto a tensiones externas e internas, acabó convocando comicios anticipados. Ahora la UE ha dado su beneplácito al gobierno, que se ha comprometido a no convocar ningún referéndum sobre una eventual abandono de la organización por parte de Austria.

Esta escasa oposición a la extrema derecha se advirtió también en las elecciones presidenciales francesas celebradas en mayo de 2017, cuando Marine Le Pen logró pasar a la segunda vuelta. Las reacciones de rechazo hacia la candidata fueron entonces un pálido reflejo en relación a las que produjo el acceso a la segunda vuelta de su padre, Jean-Marie Le Pen, en los comicios presidenciales de 2002. Y si este obtuvo entonces el 17.7% de los votos ahora su hija ha captado el 33.9%. Por consiguiente, el rechazo hacia la ultraderecha institucionalizada se diluye cada vez más.

3. El nuevo ejecutivo está dispuesto a batallar más allá del plano simbólico por la modificación de las fronteras. Lo ha demostrado la intención de Viena de conceder el pasaporte austríaco a la minoría germanófona del Alto Adigio, lo que ha supuesto un choque con Roma ante tal intrusión en sus fronteras. De este modo, el gobierno ÖVP-FPÖ parece no estar dispuesto a andarse con remilgos a la hora de proyectar un desacomplejado nacionalismo expansivo que supone un enfrentamiento con países vecinos, algo inusual en un gobierno de la UE.

En síntesis, el caso de Austria ilustra la progresiva normalización de la ultraderecha: su ingreso en el gobierno no suscita grandes reacciones de inquietud por parte de la UE, abre la puerta a la emulación de una alianza similar en otros países y, además, cuestiona las fronteras entre miembros de la misma organización. Será necesario, pues, seguir con atención su trayectoria.


ALTERNATIVA PARA ALEMANIA RENUEVA SU DIRECCIÓN Y AFIRMA LA “ALA DURA” DEL PARTIDO

diciembre 10, 2017

 

Alternativa para Alemania (AfD) ha elegido a su nueva dirección en un congreso celebrado en Hanóver. Reportaje de Euronews (3/XII/2017).

 

 ALTERNATIVA PARA ALEMANIA (ALTERNATIVE FÜR DEUTSCHLAND, AfD) ELIGIÓ A SU NUEVA DIRECCIÓN EN UN CONGRESO CELEBRADO EN HANÓVER LOS DÍAS 2 Y 3 DE DICIEMBRE. Los copresidentes que resultaron electos fueron Alexander Gauland y Jörg Meuthen.

Tal opción ha reforzado al ala dura del partido al imponerse el llamado sector etnonacionalista del partido, del que llama la atención su escasa feminización: únicamente cuenta con un 13% de mujeres entre sus votantes. A continuación reproducimos el extenso y muy completo reportaje al respecto de Elizabeth Schumacher publicado por Deutsche Welle (4/XII/2017), del que procede la información citada y también las imágenes empleadas.

Recomendamos a l@s lector@s interesados en la evolución de la derecha populista germana la entrevista en este blog a Andreu Jerez, coautor junto a Franco Delle Donne  de Factor AfD, un ensayo imprescindible para comprender la situación actual de este partido.

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Los nuevos viejos jefes derechistas de AfD

El sector etnonacionalista de AfD logró imponerse con la elección de Alexander Gauland y Jörg Meuthen como copresidentes. Elizabeth Schumacher informa desde Hanóver.

Los nuevos copresidentes de AfD, Jörg Meuthen, a la derecha, y Alexander Gauland, a la izquierda (imagen de picture-alliance-dpa).

“Somos un partido de libertad, de justicia y de democracia directa”, dijo Jörg Meuthen a DW durante la convención de Alternativa para Alemania (AfD) en Hanóver el domingo, un día después de ser reelegido copresidente del partido populista de derecha.

Meuthen respondía así a la crítica de que AfD, como otros partidos europeos de ideología similar, simplemente pretende perturbar la política, en lugar de perseguir cambios específicos.

“No queremos abandonar la Unión Europea, por ejemplo”, añadió Meuthen, trazando una línea diferenciadora respecto a la campaña del Brexit llevada a cabo por el Partido de la Independencia de Reuno Unido, antes liderado por Nigel Farage. “Queremos cambiarla”.

El futuro es el pasado

Los miembros de AfD se sienten cómodos convirtiendo sus posturas en ataques al statu quo, pero para todo ese discurso de estar “preparados para el futuro”, la convención de Hanóver mostró hasta qué punto el partido está anclado en el pasado.Quizás el mayor ejemplo de esta nostalgia fue cuando Beatrix von Storch, quien representa a AfD en el Parlamento Europeo, declaró: “queremos conservar la Alemania en la que crecimos” -ganándose el aplauso de muchos de los presentes.Y, a pesar de lo mucho que se habla de una “nueva dirección” del partido ahora que ha entrado en el Bundestag, AfD eligió el domingo a Alexander Gauland para liderar el partido, además de volver a nombrar copresidente a su firme aliado Meuthem. Antes de la votación del sábado, Gauland había declarado que no se presentaría al puesto, pero posteriormente insistió en que “el destino quería otra cosa”.

Beatrix von Storch (centro) y Alice Weidel en la convención de AfD en Hanóver  (imagen de picture-alliance-dpa).

Por otra parte, se prestó poca atención a los deseos de Alice Weidel, copresidenta junto a Gauland durante la campaña y ahora líder parlamentaria de la formación, de incrementar el número de mujeres que forman parte o apoyan al partido. Solo un 13% de los votantes de AfD en las elecciones generales de septiembre fueron mujeres. De las decenas de ponentes que se dirigieron a los 600 delegados a lo largo del fin de semana, solo dos eran mujeres.

La legisladora del estado federado de Schleswig-Holstein, Doris von Say-Wittgenstein, se vio obligada a dejar a un lado su candidatura, pues Gauland se negó a retirarse. Y solo unas pocas y dispersas mujeres se sentaban entre las filas y filas de participantes masculinos.

“Una rebelión conservadora”

Miembros del ala joven del partido, la Joven Alternativa (representada en el Parlamento solo por hombres), fue la nota disonante al sugerir que AfD es un partido para hombres mayores.

“Ofrecemos un futuro en el que vale la pena vivir”, dijo uno, “ciñéndonos a nuestra manera libre de vivir, a nuestra cultura y a nuestra lengua”.

Al ser preguntado por ejemplos concretos de cómo AfD pretende hacer realidad este “futuro”, otro respondió que hay en marcha una “rebelión conservadora contra la política izquierdista de vieja escuela que ha fracasado a la hora de ofrecer algo concreto a la gente joven”.

Todavía queda por ver si Gauland, de 76 años, y Meuthen, de 56, tienen algo que ofrecer a la juventud alemana en caso de lograr su objetivo de estar “listos para gobernar” el país en un período de cuatro años, cuando se convoquen los siguientes comicios para el Bundestag.

Junto a Höcke

Quizás lo más significativo de la elección de Gauland y Meuthen fue la señal de que el ala más radical de AfD marcará el curso del partido en el Bundestag. Ambos han apoyado los objetivos etnonacionalistas del partido, frente a miembros que pretendían volver a sus raíces euroescépticas y de ideología conservadora en la dimensión financiera.

Meuthen y Gauland han defendido al personaje más controvertido de AfD, Björn Höcke, quien realizó unas polémicas declaraciones sobre el monumento al Holocausto de Berlín, y estuvo en el origen de varios pequeños escándalos.

“Björn Höcke pertenece a nuestro partido”, dijo Meuthen a DW. “Ello no significa que esté de acuerdo con todas y cada una de sus posturas”, añadió.

De hecho, a medida que los candidatos a los escalafones de liderazgo más bajos fueron hablando, todos expresaron un apoyo inequívoco a Höcke.

Björn Höcke en una plenaria del Parlamento regional de Turingia el 2 de diciembre (imagen de imago).

Ataque al islam

Pese a que se habló poco de las políticas en una cita que básicamente consistió en decidir quién jugará qué rol a partir de ahora, la retórica de la convención del domingo puso de manifiesto cuán absoluta es la victoria del sector más derechista de AfD. Uno de los ponentes fue incluso más allá del lema del partido “El islam no forma parte de Alemania” y declaró: “El islam no es una religión”.

A esto se suma el comentario del vicepresidente de AfD, Kay Gottschalk, que señaló que los manifestantes de izquierda que intentaron ponerlo en un apuro el sábado “podrían haber dirigido un campo de concentración” hace 75 años.

“Es el crepúsculo de la era de Merkel”, dijo la colíder parlamentaria Weidel, felicitándose a sí misma y a sus compañeros por los resultados electorales de septiembre. “Estamos recuperando nuestro país de las manos de los políticos que lo han dejado de lado”, expresó.

A pesar de que aún queda por ver si los nacionalistas demuestran ser “hostiles a la democracia”, como argumentan los partidos convencionales, el encuentro de la formación en Hanóver fue una clara demostración del nivel de discurso que Alemania puede esperar de los 92 diputados de AfD que ahora se sientan en el Bundestag.


JAIR BOLSONARO, LA NUEVA ESTRELLA DE LA ULTRADERECHA EN BRASIL: COMPARADO A MENUDO CON TRUMP Y DUTERTE, ES RACISTA, SEXISTA Y MILITARISTA

diciembre 3, 2017

Jair Bolsonaro, el candidato de extrema derecha a la presidencia de Brasil (imagen de EFE en El País).

Jair Bolsonaro es un diputado y capitán del ejército en la reserva de 62 años que lidera el Partido Social Cristão [Partido Social Cristiano, PSC].  Según los sondeos acapara ya el 17% de los votos en vistas a las elecciones presidenciales de 2018.

Considerado el “Trump” o el “Duterte” brasileño, su mensaje es ultraconservador y provocador, sexista y racista. Exalta las bondades de una intervención militar y, como señala María Martín en su sugerente perfil de El País (2/XII/2017), su discurso “defiende la venta libre de armas, la tortura de delincuentes y las ejecuciones extrajudiciales por parte de la policía”.

Asimismo, Martín remarca que “su colección de frases estridentes es interminable: ‘los gais son producto del consumo de drogas’, ‘el error de la dictadura fue torturar y no matar’, ‘los policías que no matan no son policías’ o ‘las mujeres deben ganar menos porque se quedan embarazadas’. Bolsonaro —de segundo nombre Messias— interpreta su propia versión, aunque un tanto suavizada, del presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, conocido por defender la ejecución de consumidores y traficantes de drogas”.

En suma, en Bolsonaro confluyen dos vectores tradicionales de la derecha extremista brasileña -el mesianismo bíblico y una sólida tradición de intervencionismo militar- con un populismo autoritario en sintonía con los nuevos aires de EE.UU. (Trump) y Filipinas (Duterte).

A continuación reproducimos la interesante crónica “Con la bala y la Biblia”, de Andy Robinson, publicada en La Vanguardia (3/XII/2017). En ella se expone la coalición de intereses que apoya a Bolsonaro y sus sucesivas mutaciones para sintonizar con un amplio espectro del electorado (la imagen reproducida procede del mismo artículo).

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Con la bala y la Biblia

El militar ultra Jair Bolsonaro presenta batalla a Lula da Silva por la presidencia de Brasil

Manifestación en Sao Paulo a favor de un golpe militar, el pasado 15 de noviembre, día de la república (Andy Robinson).

Dos encuentros, hace un par de semanas, en la avenida Paulista de São Paulo durante la fiesta anual del día de la República dieron la medida de hasta qué punto la nueva derecha en Brasil está ganando espacio político.

Por un lado, un grupo de cristianos evangélicos levantaban las manos y cantaban con gestos de euforia “¡Brasil es la tierra de la Santa Cruz!” animados por un pastor que despotricaba contra la inmoralidad de las exposiciones en el museo de arte que está en frente. Eran integrantes de una comunidad de protestantes fundamentalistas, socialmente ultraconservadores que crecen como la espuma en Brasil. De los 13 millones que había en 1990, han pasado a 45 millones, más del 20% de la población.

La derecha católica sube también y queda ya muy lejos aquella teología de la liberación que ayudó a llegar al poder el Partido del Trabajo (PT) de Lula Inacio da Silva hace 14 años.

El mismo día, 15 de noviembre pasado, un poco más arriba en misma avenida Paulista, medio millar de personas se congregaban en torno a un enorme monigote hinchable de unos 10 metros de altura que representaba un soldado de uniforme.

Portaban pancartas que rezaban “El comunismo mata, la corrupción también. ¡Intervención militar, ya!”. “El pueblo brasileño esta siendo masacrado por los políticos y los medios de comunicación; si los militares no actúan este país pronto dejará de existir”, dijo Paulo Ferreira da Silva , un parado de 57 años, subido a un taburete y con un cartel en la mano que decía: “ Armed Forces, save Brasil” (“Fuerzas Armadas, salvad Brasil”).

Según un sondeo del instituto Pew, el 38% de los brasileño considera “positiva” una alternativa militar a la democracia. Muchos aún recuerdan con nostalgia los 21 años (1963-1984) de gobiernos militares.

“Bolsonaro, popular entre los jóvenes y los nostálgicos de la dictadura, sube gracias a las redes sociales”

Acercándose las elecciones presidenciales del 2018, el candidato en boca de todos es Jair Bolsonaro, capitán en la reserva del ejército. El año pasado, este diputado ultraconservador de 62 años hizo guiños a una intervención militar antes de la destitución de la presidenta de izquierdas Dilma Rousseff. Nostálgico de los tiempos de los generales, Bolsonaro abarca las dos corrientes de la nueva derecha brasileña: la bala y la Biblia.

Defiende la pena de muerte, el derecho a poseer armas de fuego, una guerra militarizada contra la delincuencia en las favelas y el encarcelamiento de delincuentes menores de edad a pesar del peligro que se vive en las prisiones. Tras la noticia de la muerte de une decena de residentes de una favela en Rio acribillados por la policía la semana pasada, Bolsonaro respondió: “Un policía que no mata no es un policía”. Con el apoyo de los principales líderes de la derecha cristiana, Bolsonaro ha librado una guerra cultural contra el Estado laico y la libertad artística. Arremete contra un supuesto sesgo de izquierdas en la educación. Sostiene que la homosexualidad es el precursor de la pederastia. Es abiertamente racista y agresivamente misógino.

“Ni mereces ser violada”, le espetó a una diputada del PT en el Congreso el año pasado tras dedicar su voto contra Rousseff al general Carlos Alberto Brillhante, el militar que torturó a la ex presidenta durante la dictadura.

Pese a todo esto, Bolsonaro es el número dos en los sondeos con el 18% de la intención de voto (después de Lula que registra el 32%, pero cuya candidatura se ve amenazada por un caso de corrupción).

“Brasil recuerda un poco a España; tuvimos una transición pactada desde arriba; mucho ha cambiado y mucho, no”, opina Jorge Chaloub , analista político de la Universidad Católica de Rio (PUC). Pero quizás lo más chocante es que el 60% los admiradores de Bolsonaro no habían nacido durante aquellos años de gobiernos militares. Tiene 4,5 millones de seguidores en Facebook, la mayoría jóvenes. “Acabo de regresar de Brasilia y en el aeropuerto todo el mundo se hacía selfies con Bolsonaro y gritaba ¡Presidente!”, dijo perplejo el rabino Nilton Bonder, del centro Midrash en Rio.

El ascenso de Bolsonaro, al que hace tres o cuatro años nadie tomaba muy en serio, es el resultado –quizás inesperado– de la gran operación política y mediática para acabar con el poder del PT.

Fue urdida por grupos conservadores como Movimiento Brasil Libre (MBL), Vemprarrua y Cruzada por la Libertad, con el apoyo de las grandes empresas y bancos cuyas sedes en gigantescos rascacielos ensombrecen la avenida Paulista.

Estos grupos, algunos financiados directamente desde los grandes think thanks conservadores de Washington como Atlas, fueron cruciales para la convocatoria de las manifestaciones contra Rousseff en el 2015. Al igual que sus homólogos en la derecha alternativa estadounidense ( alt-right)supieron movilizarse en internet. “Hay que crear foros en la red con posturas anárquicas, iconoclastas, con montajes toscos y groseros”, recomendaron los fundadores del MBL. Así se prendería la mecha para una autentica rebelión popular.

“Lula Da Silva lidera los sondeos pero tiene un proceso pendiente y a la élite económica en contra”

Lo interesante es que los grupos que ahora defienden a Dios y los valores de la familia tradicional hace dos años eran de corte liberal. Defendían las privatizaciones, las reformas laborales, el desmantelamiento del sistema de pensiones, la apertura comercial. No hablaban mucho de la moralidad cristiana. El líder de MBL, Kim Kataguiri, con su melena larga y camiseta, parecía un tertuliano libertario en un seminario patrocinado por The Economist.

Pero estas ideas no sirven para ganar elecciones en un pueblo que puede ser conservador en lo social pero es de izquierdas en lo económico, como sucede en muchas otras partes de América Latina. Sirven todavía menos cuando los estragos de la recesión y la subida del paro, aunque disminuyen, aún no se han superado. La valoración popular del presidente Michel Temer, por ejemplo, está en el 3%.

“MBL hizo un rebranding”, explica el bloguero Gabriel Barceló en la edición brasileña de Le Monde Diplomatique. “Empezaron a atacar escuelas y exposiciones de arte como beatos con antorchas en las manos”.

“¿Ganará las elecciones el ‘Trump brasileño’? Análisis del Club de Prensa El País (11/XI/2017).

Paradójicamente, Bolsonaro ha tenido que hacer justo lo contrario. Tras defender durante años el intervencionismo y el nacionalismo económico, ahora propone privatizaciones y una apertura liberal. La semana pasada hizo un viaje a Nueva York donde fue recibido por Shannon O’Neill del respetable Council on Foreign Relations. Los analistas bursátiles en Sao Paulo ahora dicen que la elección de Bolsonaro podría cotizar al alza.

Pero Bolsonaro será el último recurso para la poderosa elite brasileña, necesario solamente en caso de que los jueces o los otros candidatos no pueden parar los pies a Lula. Geraldo Alckmin, el moderado gobernador del Estado de São Paulo, es el candidato que más elogiado en los grandes medios. Joao Doria, el radical alcalde de la ciudad de São Paulo es otra posibilidad, aunque su popularidad ha caído desde que ganó las elecciones a finales del año pasado.

Una victoria de Lula causa tanto temor que hasta se ha tanteado convencer a Luciano Huck para que se presente. Huck protagoniza un reality show que bate los récords de audiencia con una formula infalible en Brasil: selecciona a un pobre y concédele su deseo; una visita al Vaticano, por ejemplo.

En estos tiempos de rabia y hartazgo con la clase política no se puede descartar que Bolsonaro dé la sorpresa y cambie para siempre la imagen del país de la tolerancia, el buen humor y el placer.


¿AVANZA LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA? CUATRO APUNTES Y UNA CONCLUSIÓN*

noviembre 12, 2017

Ultraderechistas revientan la manifestación catalanista del 9 de octubre en Valencia (foto de EFE en www.teinteresa.es).

 

LAS DISTINTAS CONCENTRACIONES Y MARCHAS QUE PROTAGONIZAN GRUPOS ULTRANACIONALISTAS ESPAÑOLES han llamado la atención de los medios de comunicación, que plantean hasta qué punto constituyen un síntoma de crecimiento de este espectro político. Por nuestra parte ya hemos publicado análisis al respecto, pero –dado el flujo de información sobre el tema- consideramos pertinente hacer cuatro apuntes sobre el tema.

1. ¿Hasta qué punto el independentismo moviliza a la ultraderecha? 

En efecto, como ya hemos analizado anteriormente, el secesionismo moviliza a la ultraderecha española ahora como ya lo ha hecho en el pasado, desde los inicios del siglo XX hasta hoy. Ello es así porque el ultranacionalismo español se configuró en nuestro país en torno a su oposición al “troceamiento” de España: surgió en la isla de Cuba, ante el separatismo autóctono, y al ser repatriadas las tropas derrotadas en 1898 el fantasma de una “segunda Cuba” se proyectó primero sobre el emergente regionalismo catalán.

Con el tiempo lo hizo también sobre el autonomismo, considerado como un paso previo hacia el independentismo. Ello fue visible con la eclosión de la Liga Patriota Española en la Barcelona de 1918, cuyos miembros se enfrentaban físicamente con los catalanistas y seguidores de Francesc Macià en las Ramblas.

Tal actitud se prolongó en el tiempo hasta llegar el presente y fue visible –por ejemplo- en colectivos políticos (como la Falange), deportivos (como la Peña Deportiva Ibérica formada por seguidores radicales del RCD Español) o, ya en los años ochenta, por colectivos de la cultura juvenil Skinhead. Estos –como ha estudiado el historiador Carles Viñas– se hallaron ubicados en una intersección de caminos ubicada en la periferia de la política y en la que confluían la música, la presencia en los estadios y la alineación laxa y compleja con formaciones de ultraderecha.

Por consiguiente, podemos concluir que, ciertamente, el independentismo agita al ultranacionalismo español, pero ello no constituye un cambio cualitativo en relación al pasado. Al contrario, es la reafirmación de una pauta de actuación política con un siglo de continuidad.

2. ¿Puede romperse el PP y ver emerger una opción a su derecha?

Si algo ha demostrado la crisis que ha estallado en Cataluña es que en el mapa político español nada se puede descartar. Ahora bien, como ya hemos advertido también en un análisis reciente, para que tal cosa suceda es necesario que confluyan dos elementos. Por una parte, que el PP fracase de modo evidente en la gestión de la crisis, lo que ahora no puede afirmarse. Por otra parte, debe existir una opción política capaz de canalizar este documento y este segundo factor tampoco parece muy visible en estos momentos.

Lo afirmamos en la medida que la extrema derecha y la derecha radical española no disponen de formaciones competitivas en las urnas. Hasta ahora solo dos siglas han sido capaces de recoger apoyos significativos en las urnas: Vox y la Federación Respeto.

Vox en los comicios europeos de junio de 2014 tuvo como candidato a Alejo Vidal-Quadras y obtuvo 244.929 votos (1.56% del total), faltándole cerca de 50.000 para alcanzar representación según unas fuentes y tan solo 3.000 según el partido. La Federación Respeto reúne a la Plataforma per Catalunya [PxC] (que entre los sucesivos comicios locales de 2003 y los de 2015 conoció un proceso de ascenso progresivo y colapso súbito), España 2000 (que ha logrado mantener un edil en Alcalá de Henares pese a haber retrocedido de forma sensible en la Comunidad Valenciana) y el Partido por la Libertad [PxL], sin presencia institucional remarcable. Por ahora no parece que Vox y Respeto estén capacitados para lograr efectuar un salto político cualitativo que les permita competir con éxito con el PP, pese a que existiría un espacio electoral potencial.

En suma, para que irrumpa institucionalmente la ultraderecha debe fracasar el PP en la crisis catalana (a ojos de una parte significativa de su electorado) y producirse un rápido conocimiento de líderes, siglas e idearios del espectro de la derecha populista y la ultraderecha, algo que difícilmente puede suceder en breve tiempo.

3. ¿El ultranacionalismo español es importante como partido o como grupo de presión?

En este sentido, consideramos que la importancia del ultranacionalismo español o el nacionalismo español más belicoso que ha adquirido visibilidad con la crisis catalana (plasmado en consignas como “¡A por ellos!” o “¡Puigdemont a prisión!”) posiblemente sea relevante como grupo de presión para exigir una política de mano dura a La Moncloa ante el secesionismo. Se pudo apreciar tal situación en la concentración celebrada en Madrid que fue convocada por DENAES el pasado 28 de octubre en Colón. Allí, el líder de Vox, Santiago Abascal, pidió “la ilegalización de los partidos que tienen como objetivo romper España”.

No obstante, esta presión de dureza no solo la representa la ultraderecha, sino que José María Aznar –desde la FAES que preside– también ha lanzado mensajes inequívocos al respecto. Asimismo, el expresidente no se ha recatado de mostrar sus simpatías hacia Ciutadans, un partido ajeno a la ultraderecha y que defiende la españolidad de Cataluña, que concibe como una Comunidad Autónoma más.  La ultraderecha, pues, tampoco logra tener el monopolio de las “posiciones duras” ante la política del Estado en Cataluña.

4. ¿Existe un único discurso ultraderechista sobre Cataluña?

Para finalizar el análisis queremos destacar que existen distintos discursos sobre Cataluña en el seno del ultranacionalismo español que se ubica a la derecha del PP.

De esta manera, el discurso españolista de carácter unitario y centralista coexiste con otro exaltador de un catalanismo neoforal. Por consiguiente, no hay un único discurso sobre Cataluña en el seno de la extrema derecha. Ello tiene consecuencias programáticas y, por ejemplo, mientras España 2000 ha apoyado el secesionismo lingüístico que representa el idioma valenciano distinto del catalán, la PxC ha rubricado la unidad de la lengua catalana. Es más, incluso existe una minúscula ultraderecha independentista, Som Catalans.

Conclusión: Agitación, pero no necesariamente progresión

En síntesis, la agitación actual de la extrema derecha refleja la del mainstream del nacionalismo español, inquieto por la magnitud del desafío secesionista. De ahí a concluir que asistimos a la emergencia de un partido de ultraderecha a corto plazo hay un buen trecho y hasta un eventual salto al vacío, como hemos intentado argumentar. Igualmente, hemos querido resaltar la complejidad y fragmentación de este espectro ideológico, lo que dificulta efectuar simplificaciones.

Ahora bien, no puede descartarse que la situación actual genere un desenlace que suponga un cambio cualitativo del escenario político actual (sin ir más lejos, la falta de apoyo del PNV a los presupuestos dibuja un horizonte electoral no solo en Cataluña sino también en España). De ahí que todo pronóstico tenga una vigencia harto limitada y deba tomarse con cautela, incluyendo el que hemos realizado. En última instancia, solo el paso del tiempo podrá aportar información substancial sobre cómo la crisis independentista ha modificado el espacio ideológico de la ultraderecha.

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Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “¿Avanza la ultraderecha en España? Cuatro apuntes y una conclusión”,  Agenda Pública (7/XI/2017).

LA EXTREMA DERECHA PROGRESA EN EUROPA: AUSTRIA COMO AVISO*

octubre 22, 2017

Heinz-Christian Strache, líder del FPÖ (foto de El Periódico).

EL 15 DE OCTUBRE EN LOS COMICIOS DE BAJA SAJONIA LA ULTRADERECHISTA ALTERNATIVA PARA ALEMANIA (AFD) HA ENTRADO EN SU PARLAMENTO y ya está en 14 de las 16 cámaras regionales, así como en la federal y la europea. A su vez, en las elecciones austriacas han ganado los conservadores del ÖVP (31.6%), seguidos del socialdemócrata SPÖ (26.9%) y el extremista Partido de la Libertad (FPÖ) (26%). ¿Cuál es la importancia de estos datos? Podemos resumirla en tres reflexiones.

En primer lugar, aunque el FPÖ ha quedado tercero, se perfila como un “perdedor-ganador”. Lo afirmamos en la medida que su discurso se ha normalizado porque el líder del ÖVP, Sebastian Kurz, lo ha adoptado en gran medida haciéndolo digerible a un electorado amplio. Así, los temas del FPÖ (como los refugiados o la islamofobia) han dominado la campaña. De hecho, este partido, que estuvo a punto de ganar los comicios presidenciales del 2016 (46,7%), se ha apuntalado como el vector antisistema más poderoso del país.

El FPÖ hizo una campaña innovadora con una miniserie sitcom The Hubers, sobre el “miedo al turismo de bienestar social y a la superpoblación”.

En segundo lugar, FPÖ y ÖVP pueden formar un Gobierno de coalición capaz de aproximar Austria al grupo de Visegrado. Este último reúne a los gobiernos de Polonia (liderado por el ultraderechista Partido Ley y Justicia), Hungría (cuyo presidente Viktor Orbán ha experimentado una deriva extremista cada vez más ostentosa), la República Checa y Eslovaquia. El colectivo ha rechazado la política de cuotas de refugiados de la UE (percibida como negativa y creadora de un “efecto llamada”) y quiere reformarla potenciando a los parlamentos estatales. De este modo, podría cobrar mayor consistencia un bloque receloso y contestatario del poder de Bruselas en la Mitteleuropa.

Finalmente, los resultados de Austria son un jarro de agua fría para quienes tras el ‘brexit’ y la victoria de Donald Trump vieron una contención del “tsunami populista” en el fracaso relativo en las elecciones neerlandesas del Partido por la Libertad de Geert Wilders (PVV), que quedó segundo (13,1%), y en el de Marine Le Pen en las presidenciales francesas (33,9%). Ambos líderes no ganaron, pero dejaron poco espacio para el alborozo europeísta. Lo plasmó la conversión de AfD en tercera fuerza (12,6%) en las elecciones germanas de septiembre.

Hoy Austria evidencia que los diques de contención a la derecha populista cada vez son más endebles y porosos. Parecen capaces de evitar que esta conquiste un Gobierno o presidencia clave de la UE, pero no de impedir su expansión en las urnas, que sus líderes ganen respetabilidad y su discurso contamine el de la derecha. Además, los recursos a los que se echa mano para evitarlo son cada vez más penosos. En Roma se ha aprobado un sistema electoral (el Rosatellum) para impedir un eventual triunfo del ‘antiestablishment’ Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo (M5S). Y en Viena la derecha conservadora ha cometido un craso error al urdir un remedo ‘light’ del ideario del FPÖ. ¿Cuál es el riesgo de tal estrategia? Lo explicitó Jean-Marie Le Pen al afirmar que, en estos casos, los electores “prefieren el original a la copia”. Cuidado, pues, con los plagios.

Resultados de los comicios de Austria (diario Ara).

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* Artículo publicado originalmente como X. Casals, “Austria como aviso“, El Periódico (17/X/2017).