ALTERNATIVA PARA ALEMANIA RENUEVA SU DIRECCIÓN Y AFIRMA LA “ALA DURA” DEL PARTIDO

diciembre 10, 2017

 

Alternativa para Alemania (AfD) ha elegido a su nueva dirección en un congreso celebrado en Hanóver. Reportaje de Euronews (3/XII/2017).

 

 ALTERNATIVA PARA ALEMANIA (ALTERNATIVE FÜR DEUTSCHLAND, AfD) ELIGIÓ A SU NUEVA DIRECCIÓN EN UN CONGRESO CELEBRADO EN HANÓVER LOS DÍAS 2 Y 3 DE DICIEMBRE. Los copresidentes que resultaron electos fueron Alexander Gauland y Jörg Meuthen.

Tal opción ha reforzado al ala dura del partido al imponerse el llamado sector etnonacionalista del partido, del que llama la atención su escasa feminización: únicamente cuenta con un 13% de mujeres entre sus votantes. A continuación reproducimos el extenso y muy completo reportaje al respecto de Elizabeth Schumacher publicado por Deutsche Welle (4/XII/2017), del que procede la información citada y también las imágenes empleadas.

Recomendamos a l@s lector@s interesados en la evolución de la derecha populista germana la entrevista en este blog a Andreu Jerez, coautor junto a Franco Delle Donne  de Factor AfD, un ensayo imprescindible para comprender la situación actual de este partido.

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Los nuevos viejos jefes derechistas de AfD

El sector etnonacionalista de AfD logró imponerse con la elección de Alexander Gauland y Jörg Meuthen como copresidentes. Elizabeth Schumacher informa desde Hanóver.

Los nuevos copresidentes de AfD, Jörg Meuthen, a la derecha, y Alexander Gauland, a la izquierda (imagen de picture-alliance-dpa).

“Somos un partido de libertad, de justicia y de democracia directa”, dijo Jörg Meuthen a DW durante la convención de Alternativa para Alemania (AfD) en Hanóver el domingo, un día después de ser reelegido copresidente del partido populista de derecha.

Meuthen respondía así a la crítica de que AfD, como otros partidos europeos de ideología similar, simplemente pretende perturbar la política, en lugar de perseguir cambios específicos.

“No queremos abandonar la Unión Europea, por ejemplo”, añadió Meuthen, trazando una línea diferenciadora respecto a la campaña del Brexit llevada a cabo por el Partido de la Independencia de Reuno Unido, antes liderado por Nigel Farage. “Queremos cambiarla”.

El futuro es el pasado

Los miembros de AfD se sienten cómodos convirtiendo sus posturas en ataques al statu quo, pero para todo ese discurso de estar “preparados para el futuro”, la convención de Hanóver mostró hasta qué punto el partido está anclado en el pasado.Quizás el mayor ejemplo de esta nostalgia fue cuando Beatrix von Storch, quien representa a AfD en el Parlamento Europeo, declaró: “queremos conservar la Alemania en la que crecimos” -ganándose el aplauso de muchos de los presentes.Y, a pesar de lo mucho que se habla de una “nueva dirección” del partido ahora que ha entrado en el Bundestag, AfD eligió el domingo a Alexander Gauland para liderar el partido, además de volver a nombrar copresidente a su firme aliado Meuthem. Antes de la votación del sábado, Gauland había declarado que no se presentaría al puesto, pero posteriormente insistió en que “el destino quería otra cosa”.

Beatrix von Storch (centro) y Alice Weidel en la convención de AfD en Hanóver  (imagen de picture-alliance-dpa).

Por otra parte, se prestó poca atención a los deseos de Alice Weidel, copresidenta junto a Gauland durante la campaña y ahora líder parlamentaria de la formación, de incrementar el número de mujeres que forman parte o apoyan al partido. Solo un 13% de los votantes de AfD en las elecciones generales de septiembre fueron mujeres. De las decenas de ponentes que se dirigieron a los 600 delegados a lo largo del fin de semana, solo dos eran mujeres.

La legisladora del estado federado de Schleswig-Holstein, Doris von Say-Wittgenstein, se vio obligada a dejar a un lado su candidatura, pues Gauland se negó a retirarse. Y solo unas pocas y dispersas mujeres se sentaban entre las filas y filas de participantes masculinos.

“Una rebelión conservadora”

Miembros del ala joven del partido, la Joven Alternativa (representada en el Parlamento solo por hombres), fue la nota disonante al sugerir que AfD es un partido para hombres mayores.

“Ofrecemos un futuro en el que vale la pena vivir”, dijo uno, “ciñéndonos a nuestra manera libre de vivir, a nuestra cultura y a nuestra lengua”.

Al ser preguntado por ejemplos concretos de cómo AfD pretende hacer realidad este “futuro”, otro respondió que hay en marcha una “rebelión conservadora contra la política izquierdista de vieja escuela que ha fracasado a la hora de ofrecer algo concreto a la gente joven”.

Todavía queda por ver si Gauland, de 76 años, y Meuthen, de 56, tienen algo que ofrecer a la juventud alemana en caso de lograr su objetivo de estar “listos para gobernar” el país en un período de cuatro años, cuando se convoquen los siguientes comicios para el Bundestag.

Junto a Höcke

Quizás lo más significativo de la elección de Gauland y Meuthen fue la señal de que el ala más radical de AfD marcará el curso del partido en el Bundestag. Ambos han apoyado los objetivos etnonacionalistas del partido, frente a miembros que pretendían volver a sus raíces euroescépticas y de ideología conservadora en la dimensión financiera.

Meuthen y Gauland han defendido al personaje más controvertido de AfD, Björn Höcke, quien realizó unas polémicas declaraciones sobre el monumento al Holocausto de Berlín, y estuvo en el origen de varios pequeños escándalos.

“Björn Höcke pertenece a nuestro partido”, dijo Meuthen a DW. “Ello no significa que esté de acuerdo con todas y cada una de sus posturas”, añadió.

De hecho, a medida que los candidatos a los escalafones de liderazgo más bajos fueron hablando, todos expresaron un apoyo inequívoco a Höcke.

Björn Höcke en una plenaria del Parlamento regional de Turingia el 2 de diciembre (imagen de imago).

Ataque al islam

Pese a que se habló poco de las políticas en una cita que básicamente consistió en decidir quién jugará qué rol a partir de ahora, la retórica de la convención del domingo puso de manifiesto cuán absoluta es la victoria del sector más derechista de AfD. Uno de los ponentes fue incluso más allá del lema del partido “El islam no forma parte de Alemania” y declaró: “El islam no es una religión”.

A esto se suma el comentario del vicepresidente de AfD, Kay Gottschalk, que señaló que los manifestantes de izquierda que intentaron ponerlo en un apuro el sábado “podrían haber dirigido un campo de concentración” hace 75 años.

“Es el crepúsculo de la era de Merkel”, dijo la colíder parlamentaria Weidel, felicitándose a sí misma y a sus compañeros por los resultados electorales de septiembre. “Estamos recuperando nuestro país de las manos de los políticos que lo han dejado de lado”, expresó.

A pesar de que aún queda por ver si los nacionalistas demuestran ser “hostiles a la democracia”, como argumentan los partidos convencionales, el encuentro de la formación en Hanóver fue una clara demostración del nivel de discurso que Alemania puede esperar de los 92 diputados de AfD que ahora se sientan en el Bundestag.


JAIR BOLSONARO, LA NUEVA ESTRELLA DE LA ULTRADERECHA EN BRASIL: COMPARADO A MENUDO CON TRUMP Y DUTERTE, ES RACISTA, SEXISTA Y MILITARISTA

diciembre 3, 2017

Jair Bolsonaro, el candidato de extrema derecha a la presidencia de Brasil (imagen de EFE en El País).

Jair Bolsonaro es un diputado y capitán del ejército en la reserva de 62 años que lidera el Partido Social Cristão [Partido Social Cristiano, PSC].  Según los sondeos acapara ya el 17% de los votos en vistas a las elecciones presidenciales de 2018.

Considerado el “Trump” o el “Duterte” brasileño, su mensaje es ultraconservador y provocador, sexista y racista. Exalta las bondades de una intervención militar y, como señala María Martín en su sugerente perfil de El País (2/XII/2017), su discurso “defiende la venta libre de armas, la tortura de delincuentes y las ejecuciones extrajudiciales por parte de la policía”.

Asimismo, Martín remarca que “su colección de frases estridentes es interminable: ‘los gais son producto del consumo de drogas’, ‘el error de la dictadura fue torturar y no matar’, ‘los policías que no matan no son policías’ o ‘las mujeres deben ganar menos porque se quedan embarazadas’. Bolsonaro —de segundo nombre Messias— interpreta su propia versión, aunque un tanto suavizada, del presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, conocido por defender la ejecución de consumidores y traficantes de drogas”.

En suma, en Bolsonaro confluyen dos vectores tradicionales de la derecha extremista brasileña -el mesianismo bíblico y una sólida tradición de intervencionismo militar- con un populismo autoritario en sintonía con los nuevos aires de EE.UU. (Trump) y Filipinas (Duterte).

A continuación reproducimos la interesante crónica “Con la bala y la Biblia”, de Andy Robinson, publicada en La Vanguardia (3/XII/2017). En ella se expone la coalición de intereses que apoya a Bolsonaro y sus sucesivas mutaciones para sintonizar con un amplio espectro del electorado (la imagen reproducida procede del mismo artículo).

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Con la bala y la Biblia

El militar ultra Jair Bolsonaro presenta batalla a Lula da Silva por la presidencia de Brasil

Manifestación en Sao Paulo a favor de un golpe militar, el pasado 15 de noviembre, día de la república (Andy Robinson).

Dos encuentros, hace un par de semanas, en la avenida Paulista de São Paulo durante la fiesta anual del día de la República dieron la medida de hasta qué punto la nueva derecha en Brasil está ganando espacio político.

Por un lado, un grupo de cristianos evangélicos levantaban las manos y cantaban con gestos de euforia “¡Brasil es la tierra de la Santa Cruz!” animados por un pastor que despotricaba contra la inmoralidad de las exposiciones en el museo de arte que está en frente. Eran integrantes de una comunidad de protestantes fundamentalistas, socialmente ultraconservadores que crecen como la espuma en Brasil. De los 13 millones que había en 1990, han pasado a 45 millones, más del 20% de la población.

La derecha católica sube también y queda ya muy lejos aquella teología de la liberación que ayudó a llegar al poder el Partido del Trabajo (PT) de Lula Inacio da Silva hace 14 años.

El mismo día, 15 de noviembre pasado, un poco más arriba en misma avenida Paulista, medio millar de personas se congregaban en torno a un enorme monigote hinchable de unos 10 metros de altura que representaba un soldado de uniforme.

Portaban pancartas que rezaban “El comunismo mata, la corrupción también. ¡Intervención militar, ya!”. “El pueblo brasileño esta siendo masacrado por los políticos y los medios de comunicación; si los militares no actúan este país pronto dejará de existir”, dijo Paulo Ferreira da Silva , un parado de 57 años, subido a un taburete y con un cartel en la mano que decía: “ Armed Forces, save Brasil” (“Fuerzas Armadas, salvad Brasil”).

Según un sondeo del instituto Pew, el 38% de los brasileño considera “positiva” una alternativa militar a la democracia. Muchos aún recuerdan con nostalgia los 21 años (1963-1984) de gobiernos militares.

“Bolsonaro, popular entre los jóvenes y los nostálgicos de la dictadura, sube gracias a las redes sociales”

Acercándose las elecciones presidenciales del 2018, el candidato en boca de todos es Jair Bolsonaro, capitán en la reserva del ejército. El año pasado, este diputado ultraconservador de 62 años hizo guiños a una intervención militar antes de la destitución de la presidenta de izquierdas Dilma Rousseff. Nostálgico de los tiempos de los generales, Bolsonaro abarca las dos corrientes de la nueva derecha brasileña: la bala y la Biblia.

Defiende la pena de muerte, el derecho a poseer armas de fuego, una guerra militarizada contra la delincuencia en las favelas y el encarcelamiento de delincuentes menores de edad a pesar del peligro que se vive en las prisiones. Tras la noticia de la muerte de une decena de residentes de una favela en Rio acribillados por la policía la semana pasada, Bolsonaro respondió: “Un policía que no mata no es un policía”. Con el apoyo de los principales líderes de la derecha cristiana, Bolsonaro ha librado una guerra cultural contra el Estado laico y la libertad artística. Arremete contra un supuesto sesgo de izquierdas en la educación. Sostiene que la homosexualidad es el precursor de la pederastia. Es abiertamente racista y agresivamente misógino.

“Ni mereces ser violada”, le espetó a una diputada del PT en el Congreso el año pasado tras dedicar su voto contra Rousseff al general Carlos Alberto Brillhante, el militar que torturó a la ex presidenta durante la dictadura.

Pese a todo esto, Bolsonaro es el número dos en los sondeos con el 18% de la intención de voto (después de Lula que registra el 32%, pero cuya candidatura se ve amenazada por un caso de corrupción).

“Brasil recuerda un poco a España; tuvimos una transición pactada desde arriba; mucho ha cambiado y mucho, no”, opina Jorge Chaloub , analista político de la Universidad Católica de Rio (PUC). Pero quizás lo más chocante es que el 60% los admiradores de Bolsonaro no habían nacido durante aquellos años de gobiernos militares. Tiene 4,5 millones de seguidores en Facebook, la mayoría jóvenes. “Acabo de regresar de Brasilia y en el aeropuerto todo el mundo se hacía selfies con Bolsonaro y gritaba ¡Presidente!”, dijo perplejo el rabino Nilton Bonder, del centro Midrash en Rio.

El ascenso de Bolsonaro, al que hace tres o cuatro años nadie tomaba muy en serio, es el resultado –quizás inesperado– de la gran operación política y mediática para acabar con el poder del PT.

Fue urdida por grupos conservadores como Movimiento Brasil Libre (MBL), Vemprarrua y Cruzada por la Libertad, con el apoyo de las grandes empresas y bancos cuyas sedes en gigantescos rascacielos ensombrecen la avenida Paulista.

Estos grupos, algunos financiados directamente desde los grandes think thanks conservadores de Washington como Atlas, fueron cruciales para la convocatoria de las manifestaciones contra Rousseff en el 2015. Al igual que sus homólogos en la derecha alternativa estadounidense ( alt-right)supieron movilizarse en internet. “Hay que crear foros en la red con posturas anárquicas, iconoclastas, con montajes toscos y groseros”, recomendaron los fundadores del MBL. Así se prendería la mecha para una autentica rebelión popular.

“Lula Da Silva lidera los sondeos pero tiene un proceso pendiente y a la élite económica en contra”

Lo interesante es que los grupos que ahora defienden a Dios y los valores de la familia tradicional hace dos años eran de corte liberal. Defendían las privatizaciones, las reformas laborales, el desmantelamiento del sistema de pensiones, la apertura comercial. No hablaban mucho de la moralidad cristiana. El líder de MBL, Kim Kataguiri, con su melena larga y camiseta, parecía un tertuliano libertario en un seminario patrocinado por The Economist.

Pero estas ideas no sirven para ganar elecciones en un pueblo que puede ser conservador en lo social pero es de izquierdas en lo económico, como sucede en muchas otras partes de América Latina. Sirven todavía menos cuando los estragos de la recesión y la subida del paro, aunque disminuyen, aún no se han superado. La valoración popular del presidente Michel Temer, por ejemplo, está en el 3%.

“MBL hizo un rebranding”, explica el bloguero Gabriel Barceló en la edición brasileña de Le Monde Diplomatique. “Empezaron a atacar escuelas y exposiciones de arte como beatos con antorchas en las manos”.

“¿Ganará las elecciones el ‘Trump brasileño’? Análisis del Club de Prensa El País (11/XI/2017).

Paradójicamente, Bolsonaro ha tenido que hacer justo lo contrario. Tras defender durante años el intervencionismo y el nacionalismo económico, ahora propone privatizaciones y una apertura liberal. La semana pasada hizo un viaje a Nueva York donde fue recibido por Shannon O’Neill del respetable Council on Foreign Relations. Los analistas bursátiles en Sao Paulo ahora dicen que la elección de Bolsonaro podría cotizar al alza.

Pero Bolsonaro será el último recurso para la poderosa elite brasileña, necesario solamente en caso de que los jueces o los otros candidatos no pueden parar los pies a Lula. Geraldo Alckmin, el moderado gobernador del Estado de São Paulo, es el candidato que más elogiado en los grandes medios. Joao Doria, el radical alcalde de la ciudad de São Paulo es otra posibilidad, aunque su popularidad ha caído desde que ganó las elecciones a finales del año pasado.

Una victoria de Lula causa tanto temor que hasta se ha tanteado convencer a Luciano Huck para que se presente. Huck protagoniza un reality show que bate los récords de audiencia con una formula infalible en Brasil: selecciona a un pobre y concédele su deseo; una visita al Vaticano, por ejemplo.

En estos tiempos de rabia y hartazgo con la clase política no se puede descartar que Bolsonaro dé la sorpresa y cambie para siempre la imagen del país de la tolerancia, el buen humor y el placer.


¿AVANZA LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA? CUATRO APUNTES Y UNA CONCLUSIÓN*

noviembre 12, 2017

Ultraderechistas revientan la manifestación catalanista del 9 de octubre en Valencia (foto de EFE en www.teinteresa.es).

 

LAS DISTINTAS CONCENTRACIONES Y MARCHAS QUE PROTAGONIZAN GRUPOS ULTRANACIONALISTAS ESPAÑOLES han llamado la atención de los medios de comunicación, que plantean hasta qué punto constituyen un síntoma de crecimiento de este espectro político. Por nuestra parte ya hemos publicado análisis al respecto, pero –dado el flujo de información sobre el tema- consideramos pertinente hacer cuatro apuntes sobre el tema.

1. ¿Hasta qué punto el independentismo moviliza a la ultraderecha? 

En efecto, como ya hemos analizado anteriormente, el secesionismo moviliza a la ultraderecha española ahora como ya lo ha hecho en el pasado, desde los inicios del siglo XX hasta hoy. Ello es así porque el ultranacionalismo español se configuró en nuestro país en torno a su oposición al “troceamiento” de España: surgió en la isla de Cuba, ante el separatismo autóctono, y al ser repatriadas las tropas derrotadas en 1898 el fantasma de una “segunda Cuba” se proyectó primero sobre el emergente regionalismo catalán.

Con el tiempo lo hizo también sobre el autonomismo, considerado como un paso previo hacia el independentismo. Ello fue visible con la eclosión de la Liga Patriota Española en la Barcelona de 1918, cuyos miembros se enfrentaban físicamente con los catalanistas y seguidores de Francesc Macià en las Ramblas.

Tal actitud se prolongó en el tiempo hasta llegar el presente y fue visible –por ejemplo- en colectivos políticos (como la Falange), deportivos (como la Peña Deportiva Ibérica formada por seguidores radicales del RCD Español) o, ya en los años ochenta, por colectivos de la cultura juvenil Skinhead. Estos –como ha estudiado el historiador Carles Viñas– se hallaron ubicados en una intersección de caminos ubicada en la periferia de la política y en la que confluían la música, la presencia en los estadios y la alineación laxa y compleja con formaciones de ultraderecha.

Por consiguiente, podemos concluir que, ciertamente, el independentismo agita al ultranacionalismo español, pero ello no constituye un cambio cualitativo en relación al pasado. Al contrario, es la reafirmación de una pauta de actuación política con un siglo de continuidad.

2. ¿Puede romperse el PP y ver emerger una opción a su derecha?

Si algo ha demostrado la crisis que ha estallado en Cataluña es que en el mapa político español nada se puede descartar. Ahora bien, como ya hemos advertido también en un análisis reciente, para que tal cosa suceda es necesario que confluyan dos elementos. Por una parte, que el PP fracase de modo evidente en la gestión de la crisis, lo que ahora no puede afirmarse. Por otra parte, debe existir una opción política capaz de canalizar este documento y este segundo factor tampoco parece muy visible en estos momentos.

Lo afirmamos en la medida que la extrema derecha y la derecha radical española no disponen de formaciones competitivas en las urnas. Hasta ahora solo dos siglas han sido capaces de recoger apoyos significativos en las urnas: Vox y la Federación Respeto.

Vox en los comicios europeos de junio de 2014 tuvo como candidato a Alejo Vidal-Quadras y obtuvo 244.929 votos (1.56% del total), faltándole cerca de 50.000 para alcanzar representación según unas fuentes y tan solo 3.000 según el partido. La Federación Respeto reúne a la Plataforma per Catalunya [PxC] (que entre los sucesivos comicios locales de 2003 y los de 2015 conoció un proceso de ascenso progresivo y colapso súbito), España 2000 (que ha logrado mantener un edil en Alcalá de Henares pese a haber retrocedido de forma sensible en la Comunidad Valenciana) y el Partido por la Libertad [PxL], sin presencia institucional remarcable. Por ahora no parece que Vox y Respeto estén capacitados para lograr efectuar un salto político cualitativo que les permita competir con éxito con el PP, pese a que existiría un espacio electoral potencial.

En suma, para que irrumpa institucionalmente la ultraderecha debe fracasar el PP en la crisis catalana (a ojos de una parte significativa de su electorado) y producirse un rápido conocimiento de líderes, siglas e idearios del espectro de la derecha populista y la ultraderecha, algo que difícilmente puede suceder en breve tiempo.

3. ¿El ultranacionalismo español es importante como partido o como grupo de presión?

En este sentido, consideramos que la importancia del ultranacionalismo español o el nacionalismo español más belicoso que ha adquirido visibilidad con la crisis catalana (plasmado en consignas como “¡A por ellos!” o “¡Puigdemont a prisión!”) posiblemente sea relevante como grupo de presión para exigir una política de mano dura a La Moncloa ante el secesionismo. Se pudo apreciar tal situación en la concentración celebrada en Madrid que fue convocada por DENAES el pasado 28 de octubre en Colón. Allí, el líder de Vox, Santiago Abascal, pidió “la ilegalización de los partidos que tienen como objetivo romper España”.

No obstante, esta presión de dureza no solo la representa la ultraderecha, sino que José María Aznar –desde la FAES que preside– también ha lanzado mensajes inequívocos al respecto. Asimismo, el expresidente no se ha recatado de mostrar sus simpatías hacia Ciutadans, un partido ajeno a la ultraderecha y que defiende la españolidad de Cataluña, que concibe como una Comunidad Autónoma más.  La ultraderecha, pues, tampoco logra tener el monopolio de las “posiciones duras” ante la política del Estado en Cataluña.

4. ¿Existe un único discurso ultraderechista sobre Cataluña?

Para finalizar el análisis queremos destacar que existen distintos discursos sobre Cataluña en el seno del ultranacionalismo español que se ubica a la derecha del PP.

De esta manera, el discurso españolista de carácter unitario y centralista coexiste con otro exaltador de un catalanismo neoforal. Por consiguiente, no hay un único discurso sobre Cataluña en el seno de la extrema derecha. Ello tiene consecuencias programáticas y, por ejemplo, mientras España 2000 ha apoyado el secesionismo lingüístico que representa el idioma valenciano distinto del catalán, la PxC ha rubricado la unidad de la lengua catalana. Es más, incluso existe una minúscula ultraderecha independentista, Som Catalans.

Conclusión: Agitación, pero no necesariamente progresión

En síntesis, la agitación actual de la extrema derecha refleja la del mainstream del nacionalismo español, inquieto por la magnitud del desafío secesionista. De ahí a concluir que asistimos a la emergencia de un partido de ultraderecha a corto plazo hay un buen trecho y hasta un eventual salto al vacío, como hemos intentado argumentar. Igualmente, hemos querido resaltar la complejidad y fragmentación de este espectro ideológico, lo que dificulta efectuar simplificaciones.

Ahora bien, no puede descartarse que la situación actual genere un desenlace que suponga un cambio cualitativo del escenario político actual (sin ir más lejos, la falta de apoyo del PNV a los presupuestos dibuja un horizonte electoral no solo en Cataluña sino también en España). De ahí que todo pronóstico tenga una vigencia harto limitada y deba tomarse con cautela, incluyendo el que hemos realizado. En última instancia, solo el paso del tiempo podrá aportar información substancial sobre cómo la crisis independentista ha modificado el espacio ideológico de la ultraderecha.

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Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “¿Avanza la ultraderecha en España? Cuatro apuntes y una conclusión”,  Agenda Pública (7/XI/2017).

LA EXTREMA DERECHA PROGRESA EN EUROPA: AUSTRIA COMO AVISO*

octubre 22, 2017

Heinz-Christian Strache, líder del FPÖ (foto de El Periódico).

EL 15 DE OCTUBRE EN LOS COMICIOS DE BAJA SAJONIA LA ULTRADERECHISTA ALTERNATIVA PARA ALEMANIA (AFD) HA ENTRADO EN SU PARLAMENTO y ya está en 14 de las 16 cámaras regionales, así como en la federal y la europea. A su vez, en las elecciones austriacas han ganado los conservadores del ÖVP (31.6%), seguidos del socialdemócrata SPÖ (26.9%) y el extremista Partido de la Libertad (FPÖ) (26%). ¿Cuál es la importancia de estos datos? Podemos resumirla en tres reflexiones.

En primer lugar, aunque el FPÖ ha quedado tercero, se perfila como un “perdedor-ganador”. Lo afirmamos en la medida que su discurso se ha normalizado porque el líder del ÖVP, Sebastian Kurz, lo ha adoptado en gran medida haciéndolo digerible a un electorado amplio. Así, los temas del FPÖ (como los refugiados o la islamofobia) han dominado la campaña. De hecho, este partido, que estuvo a punto de ganar los comicios presidenciales del 2016 (46,7%), se ha apuntalado como el vector antisistema más poderoso del país.

El FPÖ hizo una campaña innovadora con una miniserie sitcom The Hubers, sobre el “miedo al turismo de bienestar social y a la superpoblación”.

En segundo lugar, FPÖ y ÖVP pueden formar un Gobierno de coalición capaz de aproximar Austria al grupo de Visegrado. Este último reúne a los gobiernos de Polonia (liderado por el ultraderechista Partido Ley y Justicia), Hungría (cuyo presidente Viktor Orbán ha experimentado una deriva extremista cada vez más ostentosa), la República Checa y Eslovaquia. El colectivo ha rechazado la política de cuotas de refugiados de la UE (percibida como negativa y creadora de un “efecto llamada”) y quiere reformarla potenciando a los parlamentos estatales. De este modo, podría cobrar mayor consistencia un bloque receloso y contestatario del poder de Bruselas en la Mitteleuropa.

Finalmente, los resultados de Austria son un jarro de agua fría para quienes tras el ‘brexit’ y la victoria de Donald Trump vieron una contención del “tsunami populista” en el fracaso relativo en las elecciones neerlandesas del Partido por la Libertad de Geert Wilders (PVV), que quedó segundo (13,1%), y en el de Marine Le Pen en las presidenciales francesas (33,9%). Ambos líderes no ganaron, pero dejaron poco espacio para el alborozo europeísta. Lo plasmó la conversión de AfD en tercera fuerza (12,6%) en las elecciones germanas de septiembre.

Hoy Austria evidencia que los diques de contención a la derecha populista cada vez son más endebles y porosos. Parecen capaces de evitar que esta conquiste un Gobierno o presidencia clave de la UE, pero no de impedir su expansión en las urnas, que sus líderes ganen respetabilidad y su discurso contamine el de la derecha. Además, los recursos a los que se echa mano para evitarlo son cada vez más penosos. En Roma se ha aprobado un sistema electoral (el Rosatellum) para impedir un eventual triunfo del ‘antiestablishment’ Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo (M5S). Y en Viena la derecha conservadora ha cometido un craso error al urdir un remedo ‘light’ del ideario del FPÖ. ¿Cuál es el riesgo de tal estrategia? Lo explicitó Jean-Marie Le Pen al afirmar que, en estos casos, los electores “prefieren el original a la copia”. Cuidado, pues, con los plagios.

Resultados de los comicios de Austria (diario Ara).

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* Artículo publicado originalmente como X. Casals, “Austria como aviso“, El Periódico (17/X/2017).


¿RESURGE EN ESPAÑA LA ULTRADERECHA?*

octubre 15, 2017

Manifestantes de ultraderecha (foto de EFE en www.eldiario.es).

LAS AGRESIONES ULTRADERECHISTAS QUE TUVIERON LUGAR CONTRA MANIFESTANTES DE IZQUIERDA E INDEPENDENTISTAS EL 9 DE OCTUBRE EN VALENCIA han puesto sobre la mesa una pregunta recurrente: ¿Asistimos finalmente al ascenso de la extrema derecha en España? La cuestión es pertinente en la medida que el episodio citado fue precedido por otros dos llamativos. Uno fue que entre los asistentes a la concentración multitudinaria de Barcelona del 8 de octubre figuraban colectivos extremistas y se profirieron insultos a los Mossos y gritos de “Puigdemont a prisión” (que desautorizó Sociedad Civil Catalana, entidad convocante). Otro sucedió en Zaragoza el 24 de septiembre. Entonces hasta 600 ultraderechistas se agruparon en un pabellón donde se celebraba una asamblea de cargos electos de toda España convocada por Podemos y la presidenta de las Cortes de Aragón fue agredida por los concentrados con una botella de agua.

Aparentemente, pues, la extrema derecha parece rebrotar. Pero tal percepción no se ajusta necesariamente a la realidad, lo que argumentamos mediante las respuestas a tres cuestiones planteadas a continuación.

1. ¿El independentismo hace crecer las filas de la ultraderecha?

Debemos tener en cuenta que una cosa es que el separatismo catalán movilice y galvanice a este sector ideológico y otra muy distinta es que sus partidos logren presencia institucional significativa. En este aspecto es importante destacar que el separatismo ha sido un enemigo esencial de la extrema derecha española desde sus orígenes en el siglo XX. Y -por ejemplo- José Antonio Primo de Rivera en 1934 ya manifestó literalmente que un a “República independiente de Catalunya” no era “nada inverosímil”. Por tanto, no debe sorprender la vistosa combatividad ante el separatismo del ultranacionalismo español.

Ahora bien, que esta última se convierta en votos es harina de otro costal por dos razones. Una es que desconocemos la magnitud de sus seguidores: si bien los incidentes que estos protagonizan generan una cobertura mediática amplia, sus autores pueden reducirse a unos centenares. En este sentido, se da la paradoja de que la ultraderecha es una minoría institucionalmente irrelevante, pero de visibilidad desmedida. La segunda razón es que aunque sus seguidores aumenten no tiene porqué producirse de forma mecánica un salto cualitativo de sus siglas en votos.

2. ¿La crisis actual puede crear un espacio a la derecha del PP?

Es imposible ofrecer una respuesta clara a este interrogante porque ignoramos el desenlace del proceso político abierto en Catalunya. De este modo, ignoramos si el PP podrá presentarse como un gestor exitoso de la crisis ante los sectores ultranacionalistas más beligerantes (aquellos eventualmente identificados con la consigna “¡A por ellos!”). En este sentido, los ultrapatriotas pueden desempeñar un papel destacado en el conflicto al constituir un lobby de presión si el Gobierno, para satisfacer a este electorado más belicoso, opta por una política de dureza en relación al contencioso.

El tema no es baladí porque si el PNV no aprueba los presupuestos el año próximo se deberán convocar comicios y Mariano Rajoy podría presentarse entonces como el adalid de la unidad de España, lo que le podría beneficiar en las urnas. Pero si el problema de Catalunya se cronifica o el ejecutivo estatal es percibido como incapaz de atajarlo puede crearse un espacio de protesta a su derecha que podría ocupar una opción ultranacionalista española. Sin embargo, esta última posibilidad tampoco debe comportar per se la eclosión institucional de la extrema derecha.

3. ¿Quién puede ocupar hoy un espacio a la derecha del PP?

Para que se produzca un despuntar ultraderechista estatal no basta que exista un espacio político. Este es una condición imprescindible para su desarrollo, aunque insuficiente porque es necesario que también exista un partido capaz de ocuparlo, algo que por ahora no se vislumbra.

Por una parte, la Plataforma per Catalunya [PxC] y España 2000 en la Comunidad Valenciana experimentaron un severo varapalo en los comicios locales de 2015 que puso fin a su crecimiento en la esfera municipal. De este modo, España 2000 pasó de 8.066 sufragios (0.3%) y 4 ediles a 5.845 sufragios (0.2%) y 1 edil. El caso de PxC fue más dramático: pasó de 65.905 votos (2.3%) y 65 ediles (dos de ellos en L’Hospitalet, segunda urbe catalana en población) a 27.348 votos (0.8%) y 8 ediles. Así las cosas, la derecha populista española es un yermo en el que destacan la federación Respeto (que aglutina a PxC, España 2000 y el Partido por la Libertad [PxL]) y Vox, que en las elecciones europeas de 2014 cosechó 246.833 votos (1.5 %). Ninguno de ambos rótulos cuenta con presencia institucional relevante, liderazgos conocidos por amplios sectores sociales y capacidad inmediata de erigirse como una oferta competitiva.

En tal sentido, las elecciones europeas de 2014 aportan una enseñanza importante en relación a la extrema derecha y es que esta tuvo una presencia insignificante en los países más afectados por la crisis económica: Portugal, España, Irlanda, Chipre y Grecia. Se objetará que en este último caso se alumbró dos formaciones extremistas (Amanecer Dorado y Griegos Independientes), pero ambas suman el 12.8% de los votos, cifra muy alejada -por ejemplo- del 24.9% del lepenismo o del 26.7% del UKIP “brexiter”. La causa de esta diferencia en el voto es simple: la crisis económica y la de los refugiados beneficiaron a partidos de extrema derecha competitivos y presentes en las instituciones políticas, pero no los crearon donde estaban ausentes.

Conclusión: cualquier pronóstico es arriesgado

Pese a lo expuesto, se impone prudencia al hacer un balance. ¿El motivo? si algo enseña el contencioso de Catalunya es que la política estatal ha devenido una montaña rusa que genera nuevos escenarios con rapidez inusitada y el tablero político experimenta cambios inesperados . En esta situación convulsa es importante recordar que el analista Carles Castro apuntó en enero que una opción de “españolidad radical” tendría una bolsa potencial de un millón de votantes, que podría aumentar si confluía con un mensaje crítico sobre la inmigración ( La Vanguardia, 7/I/2017 ) . Por consiguiente, aunque es improbable una eclosión institucional de la ultraderecha, toda cautela es poca al trazar previsiones a corto y medio plazo.

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* Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “¿Resurge en España la ultraderecha?”, www.eldiario.es (14/X/2017).


EE.UU.: LA IMPORTANCIA DE LA ‘ALT-RIGHT’ Y DEL SUPREMACISMO EN LA ERA TRUMP*

septiembre 17, 2017

Supremacistas estadounidenses (imagen de AP/John Flavell en Salon).

LA CONCENTRACIÓN SUPREMACISTA DE CHARLOTTESVILLE  (Virginia, Estados Unidos) del 19 de agosto y sus secuelas han tenido hondas repercusiones. En ella falleció una contramanifestante antifascista embestida por el automóvil de un joven neonazi Donald Trump evitó condenar a los racistas por este acto y lo imputó por igual a los extremistas y sus oponentes. Un sondeo indicó que un 64% de sus votantes compartiría tal actitud, lo que plantea un tema importante: ¿se expande el supremacismo en EEUU?

Al responder la cuestión es necesario tener en cuenta que el rótulo supremacismo designa un mosaico político que ha conocido cambios importantes a lo largo del tiempo. De este modo, en los años 20 el Ku Klux Klan (KKK) creció en las grandes urbes, engrosando sus filas con los blancos anglosajones y protestantes (los ‘wasp’), inquietos por la competencia laboral de la población negra e inmigrante, y en 1925 sumó cinco millones de miembros. Pero en 1965 el fundador del Partido Nazi Americano, George Lincoln Rockwell, alteró este discurso. Ante el éxito de la consigna “Black power” del nacionalismo negro, optó por exaltar el “White power”.

“El movimiento combina mitos raciales autóctonos  y temores extendidos en varios países de la UE”

Al hacerlo, acabó con el dogma nazi de que la «raza» superior era la de alemanes, escandinavos y anglosajones, pues ahora latinoamericanos, mediterráneos y europeos del Este también pertenecían a ella en pie de igualdad. Según el historiador Frederick J. Simonelli, Rockwell atrajo así “a aquellos a los que Hitler habría rechazado” y “cambió la fisonomía del racismo en América”.

Legitimación teológica

A la vez, el supremacismo ha sido inseparable de una legitimación teológica que le aporta Identidad Cristiana. Esta conforma un movimiento heterogéneo que aglutina a grupos, organizaciones e iglesias. Sus orígenes remiten al Israelismo Británico, que se originó en el siglo XVII y se expandió en el XIX. Sostenía que los ingleses eran el pueblo escogido de Dios y que, por tanto, sus integrantes eran los verdaderos israelitas. Tales ideas se popularizaron en EEUU desde los años 20, exaltando aquí a los blancos anglosajones y protestantes como pueblo elegido. Este mesianismo se vincula a tesis que denuncian un complot antinacional. A sus ojos, regiría el Estado un Ejecutivo oculto, un pretendido Gobierno de Ocupación Sionista (designado como ZOG, su acrónimo en inglés). De ahí que de forma errática hayan actuado grupos terroristas contra este poder considerado ilegítimo, como La Orden o Hermandad Silenciosa en los años 80.

En este panorama, la Alternative Right o ‘alt-right’ (derecha alternativa) ha comportado otra redefinición del supremacismo. Sus seguidores apoyaron a Trump en las urnas, galvanizados por Steve Bannon, asesor áulico del magnate durante la campaña electoral y luego efímero estratega jefe de la Casa Blanca. La ‘alt-rigth’ (término que acuñó el académico derechista Paul Gottfried en el 2008) tiene sus orígenes en los años 60 y ha emergido en un contexto marcado por el fin de la guerra fría y la globalización.

Tres rasgos comunes

Los análisis de tres expertos recogidos por el magacín político Salon en junio destacan tres rasgos de la misma. Uno es la importancia de sus vínculos e intercambios ideológicos con la ultraderecha europea, pues la ‘alt-right’ combina mitos raciales autóctonos y temores extendidos en diversos países de la Unión Europea ante la inmigración o el islam. Otro es la aparición de nuevos liderazgos en la escena extremista –como el joven Matthew Heimbach (un promotor de la concentración de Charlottesville)– tras fallecer sus dirigentes históricos. El tercero es su relevancia. Según el politólogo Michael Barkun, con la ‘alt-right’ las ideas del nacionalismo blanco habrían superado la marginalidad y ganado una importante audiencia, hasta el punto de no descartar una posibilidad hasta poco inconcebible: “La potencial reaparición pública de una organización supremacista blanca”, algo no visto desde el KKK de los años 20.

“El experto Michael Barkun no descarta ‘la potencial reaparición pública de una organización supremacista blanca’ de amplio seguimiento”

Los incidentes de Charlottesville, en definitiva, pueden ser una anécdota, pero también un inquietante aviso sobre el potencial auge de un supremacismo renovado y desacomplejado en la era de Trump.

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* Este artículo lo hemos publicado originalmente en El Periódico: Xavier Casals, “La ‘alt-right’ y el supremacismo”, El Periódico (15/IX/2017).


EL AVISO DE POLONIA: CÓMO UN GOBIERNO DE ULTRADERECHA PUEDE TUTELAR LA DEMOCRACIA

agosto 3, 2017

Jaroslaw Kaczynski quemando la bandera de Europa en la portada de Newsweek.

POLONIA SE ESTÁ TRANSFORMANDO EN UN RÉGIMEN AUTORITARIO ANTE LA INDIFERENCIA DE EUROPA y las limitaciones para actuar de la UE. Gobernada por el ultraderechista partido Prawo i Sprawiedliwość [Ley y Justicia], que abandera Jaroslaw Kaczynski, sus libertades públicas están siendo limitadas cada vez más, sometidas al arbitrio del ejecutivo.

En este blog ya nos hemos hecho eco al respecto de la situación de Polonia. Su caso no es único o excepcional, pues se enmarca en una deriva similar a la que conocen la Rusia de Vladímir Putin, la Turquía de Recep Tayyip Erdoğan o la Hungría de Viktor Orbán. Están conformando regímenes que el reputado periodista Fareed Zakaria designó como “democracias iliberales” en 1997, luego plasmado en su ensayo El futuro de la libertad (2003).

Se da la circunstancia de que Ley y Justicia no está encuadrado en Estrasburgo con ninguno de los dos grupos parlamentarios de derecha populista (el grupo Europa de la Libertad y de la Democracia Directa, que co-presiden Nigel Farage y David Borrelli, y  Europa de las Naciones y de las libertades, que lidera Marcel de Graaff), sino en el de los Conservadores y Reformistas Europeos.  De hecho, la formación de Orbán, Fidesz, tampoco pertenece a un grupo ultraderechista, sino al Partido Popular Europeo. Ello refleja cómo la deriva autoritaria de estas formaciones transciende alineaciones partidistas.

A continuación reproducimos la interesante crónica al respecto de Gemma Saura, corresponsal de La Vanguardia en Polonia, publicada el 30 de julio en este diario.

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La contrarrevolución polaca

El populismo ultranacionalista tira de raza y religión en su pulso con la UE.


Logotipo del partido Ley y Justicia.

Para la televisión pública de Polonia, los que se manifiestan contra la reforma judicial del Gobierno son “defensores de pedófilos” y “no pagan la pensión conyugal”.

Eso decía un título que colocaron bajo las imágenes de las protestas ante el palacio presidencial en Varsovia. Entre los miles de manifestantes había una actriz que hace años opinó que Roman Polanski –el cineasta buscado en EE.UU. por la presunta violación de una niña de 13 años en 1977– no debía ir a la cárcel y un político que fue denunciado por no pagar la pensión a su exmujer.

Los ataques contra el adversario se disparan con cañón en la Polonia de Ley y Justicia, el partido en el poder desde el 2015 cuyo cóctel de nacionalismo polaco, ultraconservadurismo católico y autoritarismo a la húngara ha fracturado el país a un nivel inaudito desde el fin del comunismo en 1989.

Unos denuncian un asalto a las instituciones del Estado que amenaza la democracia y la permanencia en la Unión Europea. Otros proclaman que se trata de una regeneración para liberar al país de las élites corruptas heredadas del comunismo y regresar a los valores eternos de familia, patria y religión. “La contrarrevolución conservadora”, en palabras de Pawel Lisicki, director del semanario derechista Do Rzeczy.

Manifestaciones de protesta en Polonia contra las reformas del gobierno (foto de Reuters en OK diario).

La última trinchera es una reforma judicial que según los expertos constitucionales y la Comisión Europea atenta contra la independencia de los jueces. Tras una oleada de protestas, el presidente Andrzej Duda vetó dos de las tres leyes del paquete, entre ellas la que suponía la purga del Tribunal Supremo.

Fue del todo inesperado: Duda, casi un desconocido hasta que Ley y Justicia le presentó como candidato, siempre se había plegado a Jaroslaw Kaczynski, el líder del partido y hombre fuerte del país aunque sólo sea un diputado. Un popular show de parodia política se ha regodeado con la insignificancia de Duda: en los gags, la secretaria de Kaczynski no le deja entrar en el despacho y confunde su nombre, llamándole Adrian en lugar de Andrzej. Adrian Duda –así le llama media Polonia– ha dicho basta.

Para Adam Bodnar, defensor del pueblo, el veto presidencial es una muy buena noticia. “Ha visto que el Gobierno había ido demasiado lejos. Demuestra que hay voces discordantes en el partido y también que existe un elemento en el equilibrio de poderes con el que no contábamos: el presidente está dispuesto a ser un contrapeso al legislativo”.

Desde su llegada al poder, Ley y Justicia ha metido mano, una a una e ignorando las amenazas europeas, en las instituciones que se escapaban a su control. Primero fue el Tribunal Constitucional, luego la televisión pública, los funcionarios, los servicios secretos y la fiscalía general. “Nunca lo presentan como una venganza personal, la narrativa es que es una reforma para que la institución funcione mejor, aunque el objetivo final sea meter a su gente”, dice Bodnar.

Ahora están en el punto de mira los jueces, presentados como un nido de excomunistas pese a que su edad media es 38 años. El defensor, a quien el Gobierno le ha reducido el presupuesto, sabe que puede ser el siguiente. Los ombudsman europeos, bajo la batuta del catalán Rafael Ribó, han denunciado que su colega polaco está “bajo amenaza”.

Crónica de Euronews sobre la reforma judicial polaca y la actitud de la UE  (31/VII/2017).

El conservador Michal Sewerynski, vicepresidente del Senado y jurista, opina que Duda “sólo quiso calmar un poco el ambiente” y que al final no cambiará “nada sustancial”. La reforma, asegura, no ataca la independencia de los jueces: aunque el ministro de Justicia los pueda nombrar a su antojo, “nadie les llamará para pedirles un veredicto”, se trata tan sólo de meter en cintura a un colectivo que retrata como inepto, en el mejor de los casos, y corrupto, en el peor. “La gente pide una reforma profunda de la justicia, así que lo vamos a hacer. Más tarde o más temprano, pero lo haremos”.

El senador ventila las acusaciones de anticonstitucionalidad como manipulaciones de una oposición librada a una guerra sin cuartel para tumbar al Gobierno: “Sólo puede decirlo el Tribunal Constitucional”, dice, omitiendo el detalle de que Ley y Justicia cambió jueces para tener allí mayoría. Las condenas de la Unión Europea, a su juicio, también son partidistas: “Preferirían que Donald Tusk (el exjefe de Gobierno, hoy presidente del Consejo Europeo) fuera el primer ministro, porque piensan de la misma manera”.

Según Sewerynski, el telón de fondo del pulso político en Polonia es un “combate axiológico”, es decir, por los valores. De su discurso se desprende que unos son los autóctonos polacos y los otros, impuestos de fuera. “Ley y Justicia representa los valores cristianos que han regido nuestras convicciones desde hace más de mil años, el amor a la patria y a las tradiciones. Frente a nosotros está el izquierdismo liberal, cuyo origen es el comunismo, que defiende el aborto, la homosexualidad, la eutanasia”.

Desde esta perspectiva, la Europa del 2017, pese a la mayoría conservadora en el Parlamento Europeo, está muy escorada a la izquierda. El periodista Lisicki opina que “prevalece la permisividad y el abandono de los valores cristianos. Queremos seguir en la UE pero pedimos respeto, que no nos impongan valores que no son los nuestros”. Eso incluye, también, el recalcitrante rechazo a acoger a refugiados y cumplir con las cuotas de Bruselas, un nido de multiculturalistas fanáticos o simplemente ingenuos. “¿Por qué debe pagar Polonia por los errores de otros? No hemos participado en guerras, ni tenido colonias, ni invitado a nadie a venir. Frente a los que creen que el estado nación es una barrera que hay que derribar, que cualquier recién llegado puede ser un europeo, nosotros creemos que tenemos que proteger la identidad cultural que hemos heredado de nuestros abuelos y que está amenazada por oleadas de refugiados musulmanes, entre los cuales además hay extremistas”.

El nacionalismo siempre se aferra a la historia, a veces para reescribirla, y Ley y Justicia no es una excepción. Uno de los capítulos que insiste en reabrir es el de la transición democrática, tantas veces ensalzada como ejemplo desde el extranjero. Kaczynski, segundón de Lech Walesa en el sindicato Solidarnosc, acusa a sus antiguos compañeros de haber sellado un pacto secreto con el régimen y traicionar a la nación. Eso explica, en su razonamiento, que las élites comunistas sigan infiltradas en los estamentos de poder que ahora quiere purgar.

Ley y Justicia ha desenterrado papeles para probar que Walesa fue un informador del régimen comunista. En la televisión pública le suelen llamar Bolek, su supuesto nombre en clave. Otra bestia negra es Adam Michnik, legendario opositor que pasó por las cárceles comunistas y fundador en 1989 del diario Gazeta Wyborcza, hoy uno de los mayores azotes del Gobierno. “Esto debe responderlo un psiquiatra”, responde al ser preguntado de dónde emana la animadversión de Kaczynski. “Siempre hubo en su carácter un toque autoritario y manipulador. Tiene un odio fanático a los adversarios políticos, es revanchista y usa un lenguaje de paranoia, con enemigos invisibles. Anticomunista en un país sin comunistas e islamófobo en un país sin musulmanes. Su talento ha sido aglutinar las fuerzas católicas, nacionalistas y populistas con él en el centro. Ha despertado en el alma polaca lo peor que llevaba dentro”.

Michnik encuadra el triunfo de Ley y Justicia en el avance en el mundo del populismo como respuesta a la globalización, en el que engloba a Trump, el Brexit o hasta el independentismo catalán, pero cree que su verdadero modelo es Vladímir Putin. “Comparten el mismo objetivo de transformar el país y acumular el poder en manos de un solo hombre. La única diferencia es que Putin es el dictador de un gran imperio, mientras que Kaczynski es un pequeño dictador de un país mediano. Es un liliPutin”, se ríe.

Las emisoras de televisión polacas incluyeron el término “censura” en las pantallas en diciembre de 2016 ante los planes de restringir el trabajo de los periodistas en el edificio del parlamento (información de freedomhouse.org e imagen de NurPhoto / Getty).

Gazeta Wyborcza ha perdido toda la publicidad institucional por su línea editorial, pero Pawel Lisicki, el director del semanario progubernamental Do Rzeczy, se encoge de hombros. “Es lo mismo que nos ocurría a nosotros cuando los suyos estaban en el poder. Además, lo que hace Wyborcza ya no es periodismo. No explican la realidad sino que la crean. Ellos mismos organizan las manifestaciones, hasta han repartido pancartas con el diario”.

Polonia está en la trinchera. La retórica se recrudece y los dos bandos viven en realidades paralelas. Es significativo que los periodistas del lado opositor no tienen ni los números de teléfono de los miembros del Gobierno y viceversa. No debe haber demasiados países democráticos en que esto ocurra.

“Los dos lados se radicalizan cada vez más. Se está formando una brecha profunda en la sociedad que me temo que va a costar mucho reparar”, señala el periodista Michal Kokot. Lo sabe bien. Publicó un artículo en un diario alemán que no gustó al Gobierno y fue víctima de una campaña difamatoria por internet que lo presento como colaboracionista de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Otros periodistas polacos han tenido experiencias similares.

Kaczynski ya ha advertido que a la vuelta de las vacaciones se propone “descentralizar” los medios de comunicación, en lo que se perfila como la enésima ofensiva para acallar las voces disidentes aunque se disfrace como un mecanismo para limitar la propiedad extranjera. En Polonia, varios diarios y televisiones tienen capital alemán, suizo o estadounidense.

El senador Michal Sewerinsky acaba su entrevista con este diario con una frase inquietante: “Tenemos todos los medios privados en contra. No nos critican; nos bombardean. ¿Qué Gobierno puede funcionar así?”.