¿RESURGE EN ESPAÑA LA ULTRADERECHA?*

octubre 15, 2017

Manifestantes de ultraderecha (foto de EFE en www.eldiario.es).

LAS AGRESIONES ULTRADERECHISTAS QUE TUVIERON LUGAR CONTRA MANIFESTANTES DE IZQUIERDA E INDEPENDENTISTAS EL 9 DE OCTUBRE EN VALENCIA han puesto sobre la mesa una pregunta recurrente: ¿Asistimos finalmente al ascenso de la extrema derecha en España? La cuestión es pertinente en la medida que el episodio citado fue precedido por otros dos llamativos. Uno fue que entre los asistentes a la concentración multitudinaria de Barcelona del 8 de octubre figuraban colectivos extremistas y se profirieron insultos a los Mossos y gritos de “Puigdemont a prisión” (que desautorizó Sociedad Civil Catalana, entidad convocante). Otro sucedió en Zaragoza el 24 de septiembre. Entonces hasta 600 ultraderechistas se agruparon en un pabellón donde se celebraba una asamblea de cargos electos de toda España convocada por Podemos y la presidenta de las Cortes de Aragón fue agredida por los concentrados con una botella de agua.

Aparentemente, pues, la extrema derecha parece rebrotar. Pero tal percepción no se ajusta necesariamente a la realidad, lo que argumentamos mediante las respuestas a tres cuestiones planteadas a continuación.

1. ¿El independentismo hace crecer las filas de la ultraderecha?

Debemos tener en cuenta que una cosa es que el separatismo catalán movilice y galvanice a este sector ideológico y otra muy distinta es que sus partidos logren presencia institucional significativa. En este aspecto es importante destacar que el separatismo ha sido un enemigo esencial de la extrema derecha española desde sus orígenes en el siglo XX. Y -por ejemplo- José Antonio Primo de Rivera en 1934 ya manifestó literalmente que un a “República independiente de Catalunya” no era “nada inverosímil”. Por tanto, no debe sorprender la vistosa combatividad ante el separatismo del ultranacionalismo español.

Ahora bien, que esta última se convierta en votos es harina de otro costal por dos razones. Una es que desconocemos la magnitud de sus seguidores: si bien los incidentes que estos protagonizan generan una cobertura mediática amplia, sus autores pueden reducirse a unos centenares. En este sentido, se da la paradoja de que la ultraderecha es una minoría institucionalmente irrelevante, pero de visibilidad desmedida. La segunda razón es que aunque sus seguidores aumenten no tiene porqué producirse de forma mecánica un salto cualitativo de sus siglas en votos.

2. ¿La crisis actual puede crear un espacio a la derecha del PP?

Es imposible ofrecer una respuesta clara a este interrogante porque ignoramos el desenlace del proceso político abierto en Catalunya. De este modo, ignoramos si el PP podrá presentarse como un gestor exitoso de la crisis ante los sectores ultranacionalistas más beligerantes (aquellos eventualmente identificados con la consigna “¡A por ellos!”). En este sentido, los ultrapatriotas pueden desempeñar un papel destacado en el conflicto al constituir un lobby de presión si el Gobierno, para satisfacer a este electorado más belicoso, opta por una política de dureza en relación al contencioso.

El tema no es baladí porque si el PNV no aprueba los presupuestos el año próximo se deberán convocar comicios y Mariano Rajoy podría presentarse entonces como el adalid de la unidad de España, lo que le podría beneficiar en las urnas. Pero si el problema de Catalunya se cronifica o el ejecutivo estatal es percibido como incapaz de atajarlo puede crearse un espacio de protesta a su derecha que podría ocupar una opción ultranacionalista española. Sin embargo, esta última posibilidad tampoco debe comportar per se la eclosión institucional de la extrema derecha.

3. ¿Quién puede ocupar hoy un espacio a la derecha del PP?

Para que se produzca un despuntar ultraderechista estatal no basta que exista un espacio político. Este es una condición imprescindible para su desarrollo, aunque insuficiente porque es necesario que también exista un partido capaz de ocuparlo, algo que por ahora no se vislumbra.

Por una parte, la Plataforma per Catalunya [PxC] y España 2000 en la Comunidad Valenciana experimentaron un severo varapalo en los comicios locales de 2015 que puso fin a su crecimiento en la esfera municipal. De este modo, España 2000 pasó de 8.066 sufragios (0.3%) y 4 ediles a 5.845 sufragios (0.2%) y 1 edil. El caso de PxC fue más dramático: pasó de 65.905 votos (2.3%) y 65 ediles (dos de ellos en L’Hospitalet, segunda urbe catalana en población) a 27.348 votos (0.8%) y 8 ediles. Así las cosas, la derecha populista española es un yermo en el que destacan la federación Respeto (que aglutina a PxC, España 2000 y el Partido por la Libertad [PxL]) y Vox, que en las elecciones europeas de 2014 cosechó 246.833 votos (1.5 %). Ninguno de ambos rótulos cuenta con presencia institucional relevante, liderazgos conocidos por amplios sectores sociales y capacidad inmediata de erigirse como una oferta competitiva.

En tal sentido, las elecciones europeas de 2014 aportan una enseñanza importante en relación a la extrema derecha y es que esta tuvo una presencia insignificante en los países más afectados por la crisis económica: Portugal, España, Irlanda, Chipre y Grecia. Se objetará que en este último caso se alumbró dos formaciones extremistas (Amanecer Dorado y Griegos Independientes), pero ambas suman el 12.8% de los votos, cifra muy alejada -por ejemplo- del 24.9% del lepenismo o del 26.7% del UKIP “brexiter”. La causa de esta diferencia en el voto es simple: la crisis económica y la de los refugiados beneficiaron a partidos de extrema derecha competitivos y presentes en las instituciones políticas, pero no los crearon donde estaban ausentes.

Conclusión: cualquier pronóstico es arriesgado

Pese a lo expuesto, se impone prudencia al hacer un balance. ¿El motivo? si algo enseña el contencioso de Catalunya es que la política estatal ha devenido una montaña rusa que genera nuevos escenarios con rapidez inusitada y el tablero político experimenta cambios inesperados . En esta situación convulsa es importante recordar que el analista Carles Castro apuntó en enero que una opción de “españolidad radical” tendría una bolsa potencial de un millón de votantes, que podría aumentar si confluía con un mensaje crítico sobre la inmigración ( La Vanguardia, 7/I/2017 ) . Por consiguiente, aunque es improbable una eclosión institucional de la ultraderecha, toda cautela es poca al trazar previsiones a corto y medio plazo.

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* Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “¿Resurge en España la ultraderecha?”, www.eldiario.es (14/X/2017).


EE.UU.: LA IMPORTANCIA DE LA ‘ALT-RIGHT’ Y DEL SUPREMACISMO EN LA ERA TRUMP*

septiembre 17, 2017

Supremacistas estadounidenses (imagen de AP/John Flavell en Salon).

LA CONCENTRACIÓN SUPREMACISTA DE CHARLOTTESVILLE  (Virginia, Estados Unidos) del 19 de agosto y sus secuelas han tenido hondas repercusiones. En ella falleció una contramanifestante antifascista embestida por el automóvil de un joven neonazi Donald Trump evitó condenar a los racistas por este acto y lo imputó por igual a los extremistas y sus oponentes. Un sondeo indicó que un 64% de sus votantes compartiría tal actitud, lo que plantea un tema importante: ¿se expande el supremacismo en EEUU?

Al responder la cuestión es necesario tener en cuenta que el rótulo supremacismo designa un mosaico político que ha conocido cambios importantes a lo largo del tiempo. De este modo, en los años 20 el Ku Klux Klan (KKK) creció en las grandes urbes, engrosando sus filas con los blancos anglosajones y protestantes (los ‘wasp’), inquietos por la competencia laboral de la población negra e inmigrante, y en 1925 sumó cinco millones de miembros. Pero en 1965 el fundador del Partido Nazi Americano, George Lincoln Rockwell, alteró este discurso. Ante el éxito de la consigna “Black power” del nacionalismo negro, optó por exaltar el “White power”.

“El movimiento combina mitos raciales autóctonos  y temores extendidos en varios países de la UE”

Al hacerlo, acabó con el dogma nazi de que la «raza» superior era la de alemanes, escandinavos y anglosajones, pues ahora latinoamericanos, mediterráneos y europeos del Este también pertenecían a ella en pie de igualdad. Según el historiador Frederick J. Simonelli, Rockwell atrajo así “a aquellos a los que Hitler habría rechazado” y “cambió la fisonomía del racismo en América”.

Legitimación teológica

A la vez, el supremacismo ha sido inseparable de una legitimación teológica que le aporta Identidad Cristiana. Esta conforma un movimiento heterogéneo que aglutina a grupos, organizaciones e iglesias. Sus orígenes remiten al Israelismo Británico, que se originó en el siglo XVII y se expandió en el XIX. Sostenía que los ingleses eran el pueblo escogido de Dios y que, por tanto, sus integrantes eran los verdaderos israelitas. Tales ideas se popularizaron en EEUU desde los años 20, exaltando aquí a los blancos anglosajones y protestantes como pueblo elegido. Este mesianismo se vincula a tesis que denuncian un complot antinacional. A sus ojos, regiría el Estado un Ejecutivo oculto, un pretendido Gobierno de Ocupación Sionista (designado como ZOG, su acrónimo en inglés). De ahí que de forma errática hayan actuado grupos terroristas contra este poder considerado ilegítimo, como La Orden o Hermandad Silenciosa en los años 80.

En este panorama, la Alternative Right o ‘alt-right’ (derecha alternativa) ha comportado otra redefinición del supremacismo. Sus seguidores apoyaron a Trump en las urnas, galvanizados por Steve Bannon, asesor áulico del magnate durante la campaña electoral y luego efímero estratega jefe de la Casa Blanca. La ‘alt-rigth’ (término que acuñó el académico derechista Paul Gottfried en el 2008) tiene sus orígenes en los años 60 y ha emergido en un contexto marcado por el fin de la guerra fría y la globalización.

Tres rasgos comunes

Los análisis de tres expertos recogidos por el magacín político Salon en junio destacan tres rasgos de la misma. Uno es la importancia de sus vínculos e intercambios ideológicos con la ultraderecha europea, pues la ‘alt-right’ combina mitos raciales autóctonos y temores extendidos en diversos países de la Unión Europea ante la inmigración o el islam. Otro es la aparición de nuevos liderazgos en la escena extremista –como el joven Matthew Heimbach (un promotor de la concentración de Charlottesville)– tras fallecer sus dirigentes históricos. El tercero es su relevancia. Según el politólogo Michael Barkun, con la ‘alt-right’ las ideas del nacionalismo blanco habrían superado la marginalidad y ganado una importante audiencia, hasta el punto de no descartar una posibilidad hasta poco inconcebible: “La potencial reaparición pública de una organización supremacista blanca”, algo no visto desde el KKK de los años 20.

“El experto Michael Barkun no descarta ‘la potencial reaparición pública de una organización supremacista blanca’ de amplio seguimiento”

Los incidentes de Charlottesville, en definitiva, pueden ser una anécdota, pero también un inquietante aviso sobre el potencial auge de un supremacismo renovado y desacomplejado en la era de Trump.

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* Este artículo lo hemos publicado originalmente en El Periódico: Xavier Casals, “La ‘alt-right’ y el supremacismo”, El Periódico (15/IX/2017).


EL AVISO DE POLONIA: CÓMO UN GOBIERNO DE ULTRADERECHA PUEDE TUTELAR LA DEMOCRACIA

agosto 3, 2017

Jaroslaw Kaczynski quemando la bandera de Europa en la portada de Newsweek.

POLONIA SE ESTÁ TRANSFORMANDO EN UN RÉGIMEN AUTORITARIO ANTE LA INDIFERENCIA DE EUROPA y las limitaciones para actuar de la UE. Gobernada por el ultraderechista partido Prawo i Sprawiedliwość [Ley y Justicia], que abandera Jaroslaw Kaczynski, sus libertades públicas están siendo limitadas cada vez más, sometidas al arbitrio del ejecutivo.

En este blog ya nos hemos hecho eco al respecto de la situación de Polonia. Su caso no es único o excepcional, pues se enmarca en una deriva similar a la que conocen la Rusia de Vladímir Putin, la Turquía de Recep Tayyip Erdoğan o la Hungría de Viktor Orbán. Están conformando regímenes que el reputado periodista Fareed Zakaria designó como “democracias iliberales” en 1997, luego plasmado en su ensayo El futuro de la libertad (2003).

Se da la circunstancia de que Ley y Justicia no está encuadrado en Estrasburgo con ninguno de los dos grupos parlamentarios de derecha populista (el grupo Europa de la Libertad y de la Democracia Directa, que co-presiden Nigel Farage y David Borrelli, y  Europa de las Naciones y de las libertades, que lidera Marcel de Graaff), sino en el de los Conservadores y Reformistas Europeos.  De hecho, la formación de Orbán, Fidesz, tampoco pertenece a un grupo ultraderechista, sino al Partido Popular Europeo. Ello refleja cómo la deriva autoritaria de estas formaciones transciende alineaciones partidistas.

A continuación reproducimos la interesante crónica al respecto de Gemma Saura, corresponsal de La Vanguardia en Polonia, publicada el 30 de julio en este diario.

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La contrarrevolución polaca

El populismo ultranacionalista tira de raza y religión en su pulso con la UE.


Logotipo del partido Ley y Justicia.

Para la televisión pública de Polonia, los que se manifiestan contra la reforma judicial del Gobierno son “defensores de pedófilos” y “no pagan la pensión conyugal”.

Eso decía un título que colocaron bajo las imágenes de las protestas ante el palacio presidencial en Varsovia. Entre los miles de manifestantes había una actriz que hace años opinó que Roman Polanski –el cineasta buscado en EE.UU. por la presunta violación de una niña de 13 años en 1977– no debía ir a la cárcel y un político que fue denunciado por no pagar la pensión a su exmujer.

Los ataques contra el adversario se disparan con cañón en la Polonia de Ley y Justicia, el partido en el poder desde el 2015 cuyo cóctel de nacionalismo polaco, ultraconservadurismo católico y autoritarismo a la húngara ha fracturado el país a un nivel inaudito desde el fin del comunismo en 1989.

Unos denuncian un asalto a las instituciones del Estado que amenaza la democracia y la permanencia en la Unión Europea. Otros proclaman que se trata de una regeneración para liberar al país de las élites corruptas heredadas del comunismo y regresar a los valores eternos de familia, patria y religión. “La contrarrevolución conservadora”, en palabras de Pawel Lisicki, director del semanario derechista Do Rzeczy.

Manifestaciones de protesta en Polonia contra las reformas del gobierno (foto de Reuters en OK diario).

La última trinchera es una reforma judicial que según los expertos constitucionales y la Comisión Europea atenta contra la independencia de los jueces. Tras una oleada de protestas, el presidente Andrzej Duda vetó dos de las tres leyes del paquete, entre ellas la que suponía la purga del Tribunal Supremo.

Fue del todo inesperado: Duda, casi un desconocido hasta que Ley y Justicia le presentó como candidato, siempre se había plegado a Jaroslaw Kaczynski, el líder del partido y hombre fuerte del país aunque sólo sea un diputado. Un popular show de parodia política se ha regodeado con la insignificancia de Duda: en los gags, la secretaria de Kaczynski no le deja entrar en el despacho y confunde su nombre, llamándole Adrian en lugar de Andrzej. Adrian Duda –así le llama media Polonia– ha dicho basta.

Para Adam Bodnar, defensor del pueblo, el veto presidencial es una muy buena noticia. “Ha visto que el Gobierno había ido demasiado lejos. Demuestra que hay voces discordantes en el partido y también que existe un elemento en el equilibrio de poderes con el que no contábamos: el presidente está dispuesto a ser un contrapeso al legislativo”.

Desde su llegada al poder, Ley y Justicia ha metido mano, una a una e ignorando las amenazas europeas, en las instituciones que se escapaban a su control. Primero fue el Tribunal Constitucional, luego la televisión pública, los funcionarios, los servicios secretos y la fiscalía general. “Nunca lo presentan como una venganza personal, la narrativa es que es una reforma para que la institución funcione mejor, aunque el objetivo final sea meter a su gente”, dice Bodnar.

Ahora están en el punto de mira los jueces, presentados como un nido de excomunistas pese a que su edad media es 38 años. El defensor, a quien el Gobierno le ha reducido el presupuesto, sabe que puede ser el siguiente. Los ombudsman europeos, bajo la batuta del catalán Rafael Ribó, han denunciado que su colega polaco está “bajo amenaza”.

Crónica de Euronews sobre la reforma judicial polaca y la actitud de la UE  (31/VII/2017).

El conservador Michal Sewerynski, vicepresidente del Senado y jurista, opina que Duda “sólo quiso calmar un poco el ambiente” y que al final no cambiará “nada sustancial”. La reforma, asegura, no ataca la independencia de los jueces: aunque el ministro de Justicia los pueda nombrar a su antojo, “nadie les llamará para pedirles un veredicto”, se trata tan sólo de meter en cintura a un colectivo que retrata como inepto, en el mejor de los casos, y corrupto, en el peor. “La gente pide una reforma profunda de la justicia, así que lo vamos a hacer. Más tarde o más temprano, pero lo haremos”.

El senador ventila las acusaciones de anticonstitucionalidad como manipulaciones de una oposición librada a una guerra sin cuartel para tumbar al Gobierno: “Sólo puede decirlo el Tribunal Constitucional”, dice, omitiendo el detalle de que Ley y Justicia cambió jueces para tener allí mayoría. Las condenas de la Unión Europea, a su juicio, también son partidistas: “Preferirían que Donald Tusk (el exjefe de Gobierno, hoy presidente del Consejo Europeo) fuera el primer ministro, porque piensan de la misma manera”.

Según Sewerynski, el telón de fondo del pulso político en Polonia es un “combate axiológico”, es decir, por los valores. De su discurso se desprende que unos son los autóctonos polacos y los otros, impuestos de fuera. “Ley y Justicia representa los valores cristianos que han regido nuestras convicciones desde hace más de mil años, el amor a la patria y a las tradiciones. Frente a nosotros está el izquierdismo liberal, cuyo origen es el comunismo, que defiende el aborto, la homosexualidad, la eutanasia”.

Desde esta perspectiva, la Europa del 2017, pese a la mayoría conservadora en el Parlamento Europeo, está muy escorada a la izquierda. El periodista Lisicki opina que “prevalece la permisividad y el abandono de los valores cristianos. Queremos seguir en la UE pero pedimos respeto, que no nos impongan valores que no son los nuestros”. Eso incluye, también, el recalcitrante rechazo a acoger a refugiados y cumplir con las cuotas de Bruselas, un nido de multiculturalistas fanáticos o simplemente ingenuos. “¿Por qué debe pagar Polonia por los errores de otros? No hemos participado en guerras, ni tenido colonias, ni invitado a nadie a venir. Frente a los que creen que el estado nación es una barrera que hay que derribar, que cualquier recién llegado puede ser un europeo, nosotros creemos que tenemos que proteger la identidad cultural que hemos heredado de nuestros abuelos y que está amenazada por oleadas de refugiados musulmanes, entre los cuales además hay extremistas”.

El nacionalismo siempre se aferra a la historia, a veces para reescribirla, y Ley y Justicia no es una excepción. Uno de los capítulos que insiste en reabrir es el de la transición democrática, tantas veces ensalzada como ejemplo desde el extranjero. Kaczynski, segundón de Lech Walesa en el sindicato Solidarnosc, acusa a sus antiguos compañeros de haber sellado un pacto secreto con el régimen y traicionar a la nación. Eso explica, en su razonamiento, que las élites comunistas sigan infiltradas en los estamentos de poder que ahora quiere purgar.

Ley y Justicia ha desenterrado papeles para probar que Walesa fue un informador del régimen comunista. En la televisión pública le suelen llamar Bolek, su supuesto nombre en clave. Otra bestia negra es Adam Michnik, legendario opositor que pasó por las cárceles comunistas y fundador en 1989 del diario Gazeta Wyborcza, hoy uno de los mayores azotes del Gobierno. “Esto debe responderlo un psiquiatra”, responde al ser preguntado de dónde emana la animadversión de Kaczynski. “Siempre hubo en su carácter un toque autoritario y manipulador. Tiene un odio fanático a los adversarios políticos, es revanchista y usa un lenguaje de paranoia, con enemigos invisibles. Anticomunista en un país sin comunistas e islamófobo en un país sin musulmanes. Su talento ha sido aglutinar las fuerzas católicas, nacionalistas y populistas con él en el centro. Ha despertado en el alma polaca lo peor que llevaba dentro”.

Michnik encuadra el triunfo de Ley y Justicia en el avance en el mundo del populismo como respuesta a la globalización, en el que engloba a Trump, el Brexit o hasta el independentismo catalán, pero cree que su verdadero modelo es Vladímir Putin. “Comparten el mismo objetivo de transformar el país y acumular el poder en manos de un solo hombre. La única diferencia es que Putin es el dictador de un gran imperio, mientras que Kaczynski es un pequeño dictador de un país mediano. Es un liliPutin”, se ríe.

Las emisoras de televisión polacas incluyeron el término “censura” en las pantallas en diciembre de 2016 ante los planes de restringir el trabajo de los periodistas en el edificio del parlamento (información de freedomhouse.org e imagen de NurPhoto / Getty).

Gazeta Wyborcza ha perdido toda la publicidad institucional por su línea editorial, pero Pawel Lisicki, el director del semanario progubernamental Do Rzeczy, se encoge de hombros. “Es lo mismo que nos ocurría a nosotros cuando los suyos estaban en el poder. Además, lo que hace Wyborcza ya no es periodismo. No explican la realidad sino que la crean. Ellos mismos organizan las manifestaciones, hasta han repartido pancartas con el diario”.

Polonia está en la trinchera. La retórica se recrudece y los dos bandos viven en realidades paralelas. Es significativo que los periodistas del lado opositor no tienen ni los números de teléfono de los miembros del Gobierno y viceversa. No debe haber demasiados países democráticos en que esto ocurra.

“Los dos lados se radicalizan cada vez más. Se está formando una brecha profunda en la sociedad que me temo que va a costar mucho reparar”, señala el periodista Michal Kokot. Lo sabe bien. Publicó un artículo en un diario alemán que no gustó al Gobierno y fue víctima de una campaña difamatoria por internet que lo presento como colaboracionista de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Otros periodistas polacos han tenido experiencias similares.

Kaczynski ya ha advertido que a la vuelta de las vacaciones se propone “descentralizar” los medios de comunicación, en lo que se perfila como la enésima ofensiva para acallar las voces disidentes aunque se disfrace como un mecanismo para limitar la propiedad extranjera. En Polonia, varios diarios y televisiones tienen capital alemán, suizo o estadounidense.

El senador Michal Sewerinsky acaba su entrevista con este diario con una frase inquietante: “Tenemos todos los medios privados en contra. No nos critican; nos bombardean. ¿Qué Gobierno puede funcionar así?”.


LOS ERRORES DE LA IZQUIERDA ANTE EL PROGRESO DE LA ULTRADERECHA EN EL ÁMBITO OBRERO

julio 3, 2017

 

EL CRECIMIENTO DE LA ULTRADERECHA EN EL MEDIO OBRERO SE HA BENEFICIADO DE LA DISOCIACIÓN ENTRE LOS PARTIDOS DE IZQUIERDA Y SUS ELECTORES.

Una izquierda que se aleja de su base obrera

En Francia, el PS se ha aburguesado: en sus filas están sobre-representados los titulados superiores, sus élites se reclutan entre las clases medias y la presencia de diputados obreros ha conocido un descenso constante: entre 1905 y 1914 representaban un 36%, del total, que disminuyó al 17% entre 1924 y 1936, hasta situarse  en un modesto 3.6% en 1981.[i] Igual sucedió con el número de militantes obreros: en 1985 eran un 10%, porcentaje que en 1998 se había reducido al 5%.[ii]

Tal situación crea la percepción de que la jerarquía interna de las formaciones de izquierda es calcada a la social.[iii] Paralelamente, la insistencia de la izquierda en los combates éticos (especialmente el antirracismo) hasta convertirlos en una prioridad ha alejado a sectores populares que no comulgan con estos discursos y tienen la sensación que este interés por el compromiso ético de las formaciones izquierdistas se atenúa en lo relativo a las cuestiones sociales.[iv]

El lepenista ha reivindicado a Jean Jaurès, una figura esencial del socialismo francés.

En general, el grueso de las élites de los partidos en Europa occidental muestra  escasas diferencias internas en relación a su procedencia social, lo que ha provocado una desafección de amplios sectores ciudadanos y ha facilitado el desarrollo de conceptos peyorativos como “casta”. Tal tendencia ya era constatable a inicios del presente siglo en Cataluña (y cabe pensar que en España)[v] y afectaría al conjunto de los partidos tradicionales.

Un estudio elaborado con datos del 2000 sobre el perfil de los delegados que asistían a los congresos de las formaciones catalanas llegó a tres conclusiones llamativas. La primera era que en todas las formaciones, exceptuando a Esquerra Unida i Alternativa [EUiA] (representante en Cataluña de Izquierda Unida), predominaban los universitarios, mientras que los porcentajes de delegados sin estudios o con estudios primarios eran muy bajos (en la mayoría de casos no alcanzaban el 10%). La segunda fue que “predominaban ocupaciones de elevada calificación, en detrimento de aquellas que exigen unos niveles inferiores de preparación”, y que la mayoría de formaciones presentaban altos porcentajes de delegados con cargos dirigentes y muy pocos obreros, salvo EUiA de nuevo (un 25% de sus delegados eran obreros). La tercera fue que buena parte de los incentivos para la participación política pasaban “por la distribución de cargos orgánicos dentro de los partidos: en todos los partidos los delegados con cargo interno supera a la mitad de los asistentes al congreso”.[vi] Obviamente, este reclutamiento de las élites difícilmente favorece la empatía con medios obreros.*

Una reflexión crítica nada frecuente

En este marco nos parece muy recomendable una autocrítica de una dirigente socialista, Sarah Proust: Apprendre de ses erreurs. La gauche face au Front National.

En este breve ensayo publicado en febrero de este año ofrece una interesante reflexión de los errores que ha cometido el PS francés, pero que son extrapolables a buena parte de la izquierda. La obra analiza lo que a los ojos de la autora son los principales desaciertos cometidos por los socialistas ante el ascenso lepenista. Su análisis parte de 1998, cuando empezó a militar en las filas del partido.

Entre las equivocaciones que examina nos parece interesante destacar la amalgama que a veces se efectúa entre derecha y ultraderecha, señalando que ambas “son lo mismo”; rechazar abordar determinados temas porque los capitaliza el lepenismo, como la identidad o la soberanía; o hacerlo de forma discreta en el caso de otros, como la inmigración. En suma, se trata de un texto interesante y que aporta una visión crítica “desde dentro” nada habitual por su sinceridad y contundencia.

Notas

[i] Crépon, Sylvain. 2012. Enquête au coeur du Nouveau Front National. París: Nouveau Monde éditions, p. 145.

[ii] Bonelli, Laurent. 2008. La France a peur. Une histoire sociale de l'”insecurité”. París: La Découverte, p. 382.

[iii] Crépon, Sylvain. 2012. Enquête au coeur du Nouveau Front National. París: Nouveau Monde éditions, p. 161.

[iv] Ibídem, p. 150.

[v] En Cataluña se ha advertido este fenómeno en un estudio de la Barcelona metropolitana: Subirats, Marina. 2012. Barcelona: de la necessitat a la llibertat. Barcelona: L’Avenç, pp. 392-393.

[vi] Baras, Montserrat. ed. 2004. Els militants dels partits polítics a Catalunya. Perfils socials i percepcions polítiques. Barcelona: Institut de Ciències Polítiques i Socials, pp. 189-190.

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* Este texto es un fragmento de nuestro estudio  ¿Por qué los obreros apoyan a la ultraderecha? Diez reflexiones para elaborar una respuesta, accesible en PDF clicando aquí.


¿CUÁNDO Y DÓNDE SURGIÓ EL ULTRANACIONALISMO ESPAÑOL? DE LA HABANA A BARCELONA

junio 26, 2017

Portada de la revista L’Esquella de la Torratxa de 1920 que hace alusión al pistolerismo con una pregunta: “¿A quién le toca, hoy?” (imagen de K-ntra-Kultura).

 

¿CUÁNDO Y DÓNDE SURGIÓ EL ULTRANACIONALISMO ESPAÑOL? Varios lectores y lectoras nos han planteado esta cuestión. Aunque pueda parecer paradójico, la respuesta radica en que el lugar dónde primero irrumpió fue en la Cuba colonial durante el siglo XIX, con un golpe de Estado en 1869, y llegó a España a través de Barcelona.

De La Habana a Barcelona

En Cuba se conformó el primer poder castrense autónomo de la metrópoli, ya que entre 1825 y 1878 Madrid concedió poderes extraordinarios al capitán general de La Habana. Estos comprendían “el gobierno discrecional de la colonia, con facultades ejecutivas para aplicar la legislación, adaptarla o suspenderla” para garantizar el statu quo de los peninsulares que dominaban la vida cubana.

El resultado fue que el capitán general devino allí un “virrey” de facto y su autonomía engendró un intervencionismo militar de nuevo cuño que –paradójicamente- se inició con un golpe de Estado contra la propia Capitanía en mayo de 1869, cuando la dirigía el general Domingo Dulce. Su política reformista le granjeó la oposición de los sectores reaccionarios que promovieron el golpe citado, acaudillado por el general Francisco A. Lersundi, su antecesor en el cargo.

Tras la pérdida de las colonias de Ultramar en 1898, los militares repatriados asistieron a la irrupción en Barcelona de una amenaza bifronte: lo que a sus ojos era un “separatismo” idéntico al de Cuba asociado a una amenaza revolucionaria, encarnada por el obrerismo organizado capaz de plantear huelgas generales. Cuajó entonces un ultraespañolismo cuyo polo aglutinador fue la capitanía general barcelonesa.

De este modo, durante el primer cuarto de siglo se configuró un poderoso “partido militar” que devino capaz de configurar un poderoso grupo de presión, capaz de hacer caer los gobiernos de Madrid. El resultado fue que entre 1917 y 1923, cuando se desarrolló el pistolerismo en Barcelona, los militares -Joaquín Milans del Bosch, Severiano Martínez Anido y Miguel Primo de Rivera- establecieron un poder autónomo en Cataluña (acabaron convertidos en una suerte de “virreyes”) que, finalmente, fue capaz de constituir la base de la dictadura militar primorriverista.

 

El general Miguel Primo de Rivera se convirtió en el primer dictador militar del siglo XX al protagonizar un golpe de Estado desde Barcelona.

La historia del “partido militar”

Hemos explicado este proceso con detalle en nuestro trabajo “Auge y declive del «partido militar» de Barcelona (1898-1936)”, Iberic@, Revue d’études ibériques et ibéro-américaines, editada electrónicamente por el CRIMIC (Centre de Recherches Interdisciplinaires sur les Mondes Ibériques Contemporains) de la Universidad de la Sorbona, nº 4 (otoño 2013), pp. 163-180. ISSN 2260-2534. Puede consultarse el texto en PDF aquí PartidoMilitar-Xavier Casals

A continuación reproducimos su abstract o resumen en francés e inglés, así como sus palabras claves y el enlace para consultar el texto.

Resumen

Historia del “partido militar” de Barcelona desde sus orígenes en 1898 hasta su crisis en 1930. La expresión “partido militar” alude al proyecto de la oficialidad de la Capitanía General de Barcelona de convertir a esta institución en una base de poder militar en Cataluña independiente del gobierno. Este proyecto surgió a inicios de siglo XX, cuando la Capitanía barcelonesa actuó de modo cada vez más autónomo de Madrid para combatir al movimiento catalanista y al pistolerismo anarcosindicalista. Así, entre 1917 y 1923 en ella se pusieron los fundamentos de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1930), instaurada con un golpe de Estado ejecutado en Barcelona. Al finalizar la dictadura el “partido militar” inició su declive.

Palabras clave

Barcelona, Cataluña, capitanía general de Cataluña, Dictadura, Golpe de Estado, Extrema derecha

Résumé

Histoire du « parti militaire » de Barcelone depuis sa création en 1898 jusqu’à à la crise en 1930. Le terme «parti militaire» désigne le projet des officiels de la capitainerie générale de Barcelone pour transformer cette institution en une base de pouvoir indépendante en Catalogne du gouvernement. Ce projet est né au début du XXe siècle, lorsque la capitainerie de Barcelone a agi de façon de plus en plus autonome de Madrid pour lutter contre le gangstérisme et le mouvement anarchosyndicaliste catalan. Ainsi, entre 1917 et 1923, elle a jeté les bases de la dictature du général Miguel Primo de Rivera (1923-1930), établie par un coup d’État exécuté à Barcelone. À la fin de la dictature le «parti militaire» a commencé son déclin.


LA MASACRE DE ATOCHA: LOS INTERROGANTES ABIERTOS*

enero 28, 2017

Breve reportaje sobre los hechos de Atocha.

LA NOCHE DEL 24 DE ENERO DE 1977 SE PRODUJO EN MADRID LA MASACRE DE LOS ABOGADOS comunistas del gabinete laboralista del número 55 de la calle Atocha, obra de un comando ultraderechista. La tragedia se enmarcó en una huelga de transporte convocada el día 17, liderada por Joaquín Navarro (de CC.OO.) y asesorado por el bufete mencionado. El conflicto le enfrentó al sindicato oficial franquista todavía vigente, hecho que aparentemente desencadenó el crimen. Pero 40 años después, varios aspectos del episodio permanecen en la oscuridad, como exponemos a continuación.

“Esferas de poder” ocultas y espiral criminal

Todo empezó a las 22.30 horas del día 24, cuando irrumpió en al bufete citado el terceto formado por José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada. El último  custodió la puerta y sus compañeros reunieron a los presentes al salón. Allí les encañonaron y les preguntaron sin éxito por Navarro (quien había marchado poco antes). Entonces les dispararon y huyeron dejando tres cadáveres -Enrique Valdevira, Luis Javier Benavides y Ángel Rodríguez- y seis heridos: Alejandro Ruiz-Huerta, Miguel Sarabia, Dolores González, Luis Ramos, Francisco Javier Sauquillo y Serafín Holgado (los dos últimos fallecieron el día siguiente).

Su entierro movilizó 200.000 personas en silencio en las calles de Madrid y, según el ministro Rodolfo Martín Villa, la demostración de dolor inclinó al gobierno a legalizar el Partido Comunista [PCE] el 9 de abril. Así, el atentado anticomunista paradójicamente facilitó la inserción de los comunistas a la nueva democracia.

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Las investigaciones del crimen acreditaron vínculos de los verdugos con el secretario del Sindicato Provincial de Transportas, Francisco Albadalejo, quien manifestó que sólo quería dar “una lección” a Navarro. Fueron considerados cómplices Gloria Herguedas (compañera de Fernández) y el exlegionario Leocadio Jiménez.

El juicio se celebró en febrero de 1980 y la sentencia concluyó que los aludidos formaban un grupo autónomo con “abundantes armas”. Condenó a Albadalejo a 73 años como inductor; a 193 años a Fernández y García por los asesinatos; a Jiménez a más de 4 por tenencia de armas; Herguedas fue absuelta y Lerdo huyó en un permiso penitenciario. No osbtante, la Audiencia Nacional señaló que podía haber culpables sin juzgar y “grupos y esferas de poder” podían estar detrás el episodio.

El abogado de las víctimas, José Mª Mohedano, hizo esta reflexión: “todavía no he podido responderme […] a la pregunta de por qué les eligieron como víctimas. […] Pero sigo pensando que […] estas cosas no sucedieron al azar”, dadas las provocaciones que aquella semana se sucedieron “con una coincidencia tan concatenada”. Y es que Atocha fue el clímax de una espiral violenta iniciada el diciembre con epicentro en Madrid.

La “semana trágica” de 1977

El día 11 de aquel mes un comando del grupo maoísta GRAPO secuestró al presidente del Consejo de Estado, Antonio Mª de Oriol, y a cambio de su vida pidió liberar varios presos políticos. El gobierno no cedió y el GRAPO no mató a Oriol, pero le retuvo. La situación se complicó en la última semana de enero: el día 23 un ultraderechista mató de un disparo al estudiante Arturo Ruiz en una manifestación por la amnistía.

El día siguiente el GRAPO secuestró al teniente general Emilio Villaescusa, presidente del Consejo de Justicia Militar, que devino su segundo rehén. La misma jornada falleció la estudiante María Luz Nájera por el impacto a la cabeza de un bote de humo en una manifestación en protesta por la muerte de Ruíz y por la noche se produjo el crimen de Atocha. Esta tensión acabó el 11 de febrero, al ser liberados Oriol y Villaescusa. Pese a que sólo se puede trazar conjeturas, parece plausible pensar que existió algún vínculo entre los acontecimientos descritos por varias razones.

Cabos sin atar

Así, si bien el episodio criminalizó al conjunto de la ultradreta, desde este espectro se denunció una manipulación. Por ejemplo, Blas Piñar, líder de Fuerza Nueva, hacéis este apunte: “Si hay una cosa clara en la ‘matanza de Atocha’ son las personas que actuaron y las armas empleadas. Lo oculto está en otro aspecto: en los inductores y en los verdaderos móviles”. La afirmación, a pesar de ser exculpatoria, no se puede descartar al haber indicios de que el crimen podría no haber sido un acto aislado y espontáneo como pareció.

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Nuestro último estudio dedica tres capítulos a la “semana trágica” de enero de 1977.

En este aspecto, la noche de la matanza el despacho de Atocha no fue el único asaltado. La UGT afirmó que se quiso forzar un local suyo a las 22 horas y circularon otras informaciones parecidas en círculos feministas y laboralistas. También hubo incidentes: explotó un artefacto en la calle López de Hoyos y grupos ultraderechistas que recorrían calles obligaron a cantar el “Cara al sol” a clientes de establecimientos. El ambiente, según la periodista Victoria Ruego, fue “de una violencia y de una excitación aterradoras”.

Igualmente, según el sumario, uno de los asesinos, Fernández, llamó desde Almería poco antes de ser detenido a Muebles Laorga (o La Orga), un ente aparentemente comercial ubicado en un inmueble de Defensa que desapareció los meses posteriores al crimen. Además, en el juicio afloraron pasarelas entre ámbitos ultraderechistas y cuerpos de seguridad: algunos detenidos manifestaron tener “estrecha amistad” con los inspectores Antonio González Gay y Antonio González Pacheco (Billy el Niño), aunque luego se  desdijeron.

Llegados aquí, puede plantearse que la matanza tal vez pudo tener hitos ocultos desconocidos, que podrían ir desde crear un clima proclive a un golpe de estado o bien evitarlo al contrarrestar el efecto de los secuestros del GRAPO con violencia ultraderechista. Si bien estas conjeturas son indemostrables, José Miguel Ortí Bordás (entonces subsecretario de Gobernación) ha hecho esta valoración: “el indudable y poderoso impacto político” de Atocha “contrarrestó a efectos de opinión pública […] los secuestros de Oriol y de Villaescusa […]. Tampoco parece descabellado poder afirmar que este fenómeno permitió una especie de neutralización entre ambas actuaciones delictivas”.

En cualquier caso, hoy es difícil no coincidir con esta valoración de Ruiz-Huerta, superviviente de la masacre: “‘El caso Atocha’ se cerró. ¿Se cerró?: no sé. Tantas cosas quedan que será muy difícil que podamos cerrarlo entre todos”.

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* Artículo publicado originalmente en catalán conel título “La massacre d’Atocha: els interrogants oberts”, en el diario catalán Ara (22/I/2017).

 


LA “FACHOSFERA” O LA ULTRADERECHA EN LA RED*

enero 16, 2017

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Donald Trump caracterizado como Pepe the frog (imagen thedailybeast.com)

LA INFLUENCIA DE LA EXTREMA DERECHA Y LA DERECHA RADICAL EN INTERNET ES CADA VEZ MÁS IMPORTANTE, como han constatado los comicios presidenciales de Estados Unidos. Allí la red es un poderoso altavoz de los mensajes de Trump, así como de la mixtura de verdad y falsedad que marcó la contienda política y constituyó un campo decisivo de movilización de votantes.

De este modo, Steve Bannon, una suerte de asesor áulico de Donald Trump durante la campaña (recompensado tras la victoria con el relevante cargo de consejero principal y estratega jefe), cobró fama como dinamizador del amplio espectro ultraderechista designado con el término ‘alt-right’ (sinónimo de ‘alternative right’ o derecha alternativa) a través de la tribuna electrónica Breitbart News.

Los extremistas han hallado también una nueva plataforma en la flamante red social Gab.ai, similar a Twitter. Creada en agosto por el empresario Andrew Torba, hace bandera de libertad de expresión ante la censura ideológica que impera en las redes sociales y tendría más de 100.000 usuarios y 300.000 en lista de espera. También en internet ha emergido un nuevo icono extremista:’ Pepe the Frog’, una rana creada por el artista Matt Furie en el 2008. A su pesar, el citado movimiento ‘alt-right’ (término acuñado por el escritor y activista supremacista Richard Spencer) la popularizó como símbolo durante la campaña electoral norteamericana.

La galaxia ultraderechista virtual

Esta visibilidad cada vez más significativa y exitosa de la ultraderecha en la red no es un caso único. Un ensayo francés reciente codifica el término ‘fachosfera’ para aludir a este fenómeno: nos referimos a La Fachosphère. Comment l’extrême droite remporte la bataille du net, de los periodistas Dominique Albertini y David Doucet. Ambos autores examinan los elementos más destacados de la galaxia ultraderechista virtual, como www.fdesouche.com («français de souche», francés de cepa) y exponen su impacto.

Analizan –entre otros temas– la plasmación del lepenismo (el Frente Nacional fue el primer partido francés en disponer de web y Marine Le Pen supera hoy el millón de seguidores en Facebook) o el de los vídeos virales de Dieudonné M’Bala, un cómico denunciado por antisemitismo, algunos de ellos con más de tres millones de visionados y cuya popularidad habría inquietado a François Hollande.

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Cartel del Partido Antisionista [PAS], en el que Dieudonné, en primer plano, efectúa su saludo, el llamado ‘quenelle’.

Además, Dieudonné (cuyo tercer hijo tiene como padrino a Jean-Marie Le Pen) ha difundido un controvertido saludo con el brazo de su creación que ha devenido popular e incluso han efectuado conocidos deportistas: el llamado ‘quenelle’ (de ahí que haya creado un canal ficticio, el Quenel+).

En suma, ‘La Fachosphère’ es un libro recomendable para reflexionar sobre la presencia creciente de la extrema derecha en internet y su impacto. En este sentido, es importante destacar que –según publicó The Washington Post el 21 de octubre– los jóvenes de comunidades virtuales son los que se politizan más rápidamente.

La “robot-política”

En este marco, la campaña del ‘brexit’ demostró la importancia política de las redes, hasta el punto de que Damian Tambini –experto en comunicación política– haya planteado que podría suponer el triunfo de «la robot-política», una política mediatizada por una compleja interacción entre la prensa e internet y sus algoritmos, con un rol clave de la inteligencia artificial.

Con la victoria de Trump ha sucedido otro tanto y se ha aludido de nuevo al recurso a robots –’bots’– en Twitter y al manejo de ‘big data’ (por ejemplo, el equipo del magnate descubrió que a los seguidores de la serie The walking dead les preocupaba la inmigración y focalizó en ellos su mensaje).

No obstante, más allá de la eventual manipulación que permite internet, la ultraderecha se muestra especialmente hábil en este ámbito. En él incuba, articula y difunde sus mensajes y una innovadora simbología (como el’ quenelle’ o Pepe the Frog) que seducen a nuevos seguidores.

Es llamativo al respecto que en Austria un vídeo del 2013 de Heinz-Christian Strache, líder del FPÖ, cantando un rap político en Youtube («Steht auf, wenn ihr für HC seid!», ¡Ponte de pie si HC está presente!) haya superado 1.242.000 visualizaciones, cuando la población del país es de 8,3 millones de habitantes. Desde esta óptica, quizá no es tan sorprendente que su candidato en las últimas elecciones presidenciales captase casi la mitad de votos.

Y es que la red es hoy cada vez más un elemento determinante para comprender la expansión de este espectro político.

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* Artículo publicado originalmente con el título “La ‘fachosfera’ o los ultras en la red” en El Periódico (15/I/2017).