NUEVAS APORTACIONES SOBRE LA “GUERRA SUCIA” CONTRA ETA, LA REPRESIÓN POLICIAL DEL FRANQUISMO, LA VIOLENCIA POLÍTICA EN LA TRANSICIÓN Y LAS VÍCTIMAS OLVIDADAS DEL TERRORISMO

junio 22, 2019

A CONTINUACIÓN, PRESENTAMOS CUATRO ENSAYOS SOBRE VIOLENCIA POLÍTICA cuya lectura recomendamos y que complementan o desarrollan temas de nuestro estudio La transición española. El voto ignorado de las armas (2016).

Javier Padilla, A finales de enero. La historia de amor más trágica de la Transición, Tusquets, Barcelona, 2019

Reconstrucción de los trágicos vínculos de tres amigos: Enrique Ruano, Dolores González y Francisco Javier Sauquillo, estudiantes de derecho. González y Ruano se convirtieron en pareja y la relación acabó truncada por la muerte de Ruano en enero de 1969 en el curso de un interrogatorio policial nunca aclarado. Entonces este estudiante de 21 años cayó desde un séptimo piso. Posteriormente, González se casó con Sauquillo y trabajaron como abogados en el bufete laboralista que fue asaltado en enero de 1977 por tres ultraderechistas, causando la muerte a Sauquillo. González quedó traumatizada por ambos episodios. Padilla realiza una más que interesante y cuidada reconstrucción de este drama personal y político, bien documentada y de prosa ágil que constituye una lectura obligada sobre los últimos años del franquismo y la Transición. Su trabajo ha merecido el XXXI premio Comillas.

Ana María Pascual y Teresa Rilo, Cherid. Un sicario en las cloacas del Estado, El Garaje ediciones, Madrid, 2019.

Reconstrucción de la peripecia vital de Jean Pierre Cherid (1940-1984). Este exmiembro de la Organización del Ejército Secreto [OAS] y mercenario en la guerra de Biafra. Cherid fue uno de los mercenarios más conocidos de la “guerra sucia” contra ETA y murió al explotarle una bomba en un coche que supuestamente habría colocado el mismo. Su biografía se reconstruye aquí mediante el testimonio de su esposa Teresa Rilo, recogido por la periodista Ana María Pascual. Esta, a su vez, ha llevado a cabo una investigación sobre el protagonista de la obra. El resultado es una obra imprescindible para aproximarse al contraterrorismo desplegado desde el aparato del Estado. Lo apuntamos porque, según Rilo y Pascual, la “guerra sucia” contra ETA comenzó muy pronto (sus inicios remitirían a los primeros meses de 1970) y Cherid y su entorno tuvieron una clara dependencia de jerarquías oficiales de la policía (habría sido amigo de Antonio González Pacheco, conocido como Billy el Niño) y la Guardia Civil. Asimismo, siguiendo el testimonio de Rilo, su acción se insertó en la de las redes ultraderechistas internacionales que actuaron en la Península durante la Transición. Aunque la visión que ofrece Rilo de los hechos no puede contrastarse en diversos extremos, parece muy verosímil, en la medida que encaja con numerosas informaciones publicadas sobre la “guerra sucia” y reproduce diversos documentos e imágenes en apoyo de su relato.

Lucas Marco. Simplemente es profesionalidad. Historias de la Brigada Político Social de Valencia, Institució Alfons el Magnànim, Valencia, 2018.

Disponemos de escasas fuentes sobre la Brigada Político Social [BPS], por lo que esta aproximación a la misma en Valencia del sociólogo Lucas Marco es de notable interés. El ensayo, que ha conocido una segunda edición, se centra en los componentes de la misma y reconstruye sus perfiles a partir de distintas fuentes (desde sumarios judiciales hasta testimonios de policías). Bien escrita, ágil y concisa, la obra muestra igualmente qué se hizo de los integrantes de este cuerpo represivo en democracia. En tal sentido, el caso que más destaca es el de Manuel Ballesteros, que dirigió el mando único antiterrorista. Cuando este fue interpelado sobre su pasado en 1981 respondió así: “Lo mío simplemente es profesionalidad” (de ahí el título de la obra). En suma, Marco presenta una sugerente visión de cómo actuó la BPS en la Valencia franquista y de cómo este aparato policial se adaptó a la democracia, mostrando cómo la Transición política fue muy distinta de la policial.

María Jiménez Ramos y Javier Marrodán Ciordia. Heridos y olvidados. Los supervivientes del terrorismo en España, La esfera de los libros, Madrid, 2019.

Aproximación a las víctimas que resultaron heridas del terrorismo con un prólogo de Florencio Domínguez. El estudio recoge datos actualizados, por lo que es de notable utilidad, y se estructura en tres partes: la primera se centra en los perfiles de organizaciones terroristas (terrorismo nacionalista radical, de ultraizquierda, de extrema derecha e internacional); la segunda analiza los datos disponibles sobre heridos en términos globales, según organizaciones terroristas y destaca los atentados que causaron más víctimas. Finalmente, la obra recoge distintas entrevistas a supervivientes. El tema del trabajo aquí abordado (promovido por el Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo) es sumamente importante, en la medida que los heridos en atentados, señala Domínguez, “son personas olvidadas por la sociedad”, que “no es consciente” de su drama, cuando estas personas “no han sufrido solo daños físicos, sino que también ha habido muchos afectados con dolencias psicológicas producto de los atentados o del acoso que han sufrido mediante la denominada violencia de persecución”.


ENTREVISTA A LOS AUTORES DE “VIAJEROS EN EL PAÍS DE LOS SÓVIETS”: “AQUELLO QUE MÁS REPELÍA A LOS VISITANTES DE LA RUSIA REVOLUCIONARIA ERA LA DINÁMICA DICTATORIAL QUE ADOPTABA”

junio 8, 2019

 

Los editores del libro Viajeros en el país de los soviets: Josep Pich (1), Josep Puigsech (2), David Martínez Fiol (3) y Andreu Navarra (4). Imágenes cedidas por los autores, salvo la 4 (de www.ariadna-web.org).

 

VIAJEROS EN EL PAÍS DE LOS SOVIETS es un libro reciente que recoge los testimonios y experiencias de una veintena de españoles que viajaron al país de los soviets y recoge sus impresiones y experiencias editado por los historiadores Josep Pich, David Martínez Fiol, Andreu Navarra y Josep Puigsech. La obra incluye sendos trabajos suyos y los de otros 14 investigadores e investigadoras. El resultado es un fresco histórico que refleja la atracción y rechazo que ofreció la Rusia soviética en sus años iniciales (puede descargarse la introducción en PDF Prólogo viajeros)

Dado que nos ha parecido un trabajo interesante para l@s lector@s de nuestro blog les hemos hecho una entrevista por correo electrónico y desde aquí les agradecemos que hayan aceptado contestarla.

¿Por qué en los años veinte se aludió en España a “romerías a Rusia” o a “peregrinos de la revolución”?

Debido fundamentalmente, por un lado, al componente de curiosidad que generaba en los círculos políticos y culturales del país la aplicación de un modelo como el comunista que pretendía crear una nueva sociedad desde la raíz, en una especie de nuevo comienzo de la humanidad; y por el otro, debido al efecto llamada que supuso para el obrerismo español la creación de la Internacional Comunista en marzo de 1919 y, con ello, la posibilidad de integrarse o desmarcarse formalmente del proyecto comunista encabezado desde la Rusia soviética y, posteriormente, desde la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

La expresión “romerías a Rusia”, originalmente sarcástica, empleada para identificar la pasión por viajar al país de los sóviets proviene de uno de los principales ideólogos del fascismo español: Ernesto Giménez Caballero (Gecé, 1899-1988), que definió con su habitual sarcasmo  aquella fiebre viajera. En una línea similar, el periodista Josep Escofet (1884-1945) aseguró que se publicaban tantos libros sobre la Rusia revolucionaria que si los juntaban “formarían un Himalaya”. En cuanto, a “peregrinos de la revolución” es el título del libro que en 2010 publicó el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Castilla-La Mancha Miguel Cortés Arrese. Éste argumenta que los viajeros españoles que viajaron a Rusia entre 1917 y 1931, período en que centra su estudio, quisieron comprobar in situ el desarrollo de la primera revolución proletaria y, posteriormente, nos legaron sus testimonios de lo que vieron en su “peregrinaje”.

¿Qué era lo que más les fascinaba¿ ¿Y lo que més les repelía?

Lo que atraía a los “viajeros” que estudiamos en nuestro libro (Sofía Casanova, Josip Broz (Tito), Ángel Pestaña, Fernando de los Ríos, Andreu Nin, Antonio Gramsci, Óscar Pérez Solís, Paul Marion, Julio Álvarez del Vayo, Eric Obst, Egon Erwin Kisch, Walter Benjamin, Julián Gorkin, Josep Pla, Eugeni Xammar, Joseph Roth, Manuel Chaves Nogales, Francesc Blasi, los hermanos Santiago/Jaume y Carles Pi i Sunyer, Ferran Valls i Taberner, Rodolfo Llopis, y Antoni Rovira i Virgili) era observar directamente el triunfo de una revolución republicana, que era al mismo tiempo la de la primera alternativa al sistema parlamentario liberal basado en la economía de mercado, es decir, a los sistemas capitalistas.

Al mismo tiempo, lo que más fascinaba a los que habían adoptado la nueva fe comunista era, precisamente, cómo se llevaba a cabo la aplicación práctica de un proyecto que pretendía generar una sociedad igualitaria, sin clases. Durante los años del estalinismo y especialmente en la época de la Guerra Civil Española, las transformaciones económicas de la URSS y su alianza con la República española comportó que se difundiese una imagen positiva en España del modelo soviético en base a su desarrollo industrial como alternativa a la crisis del mundo capitalista iniciada en 1929.

En cambio, aquello que más les repelía era la dinámica dictatorial que adoptaba el modelo político soviético, en contraste con la teórica democracia liberal que caracterizaba a Europa Occidental, aunque, precisamente, la España de 1923-30 no era precisamente un ejemplo de ello. A muchos de ellos les repelió, especialmente en el período inmediatamente posterior a la revolución, la inflexibilidad de las políticas comunistas que implicaban un gran sufrimiento para la población, la magnitud del mercado negro o la relevancia de la temible policía política, la checa que, posteriormente, fue identificada como OGPU para transformarse en el NKVD y, finalmente, en el KGB.

¿En qué viajeros del libro su viaje a la URSS reforzó su ideología comunista?

Los casos más evidentes son el de Andreu Nin, Josip Broz Tito y Antonio Gramsci, que se convirtieron en en figuras destacadas del movimiento comunista dirigido desde Moscú, aunque paradójicamente en el caso de Nin y de Tito acabaron convirtiéndose, posteriormente en fervientes críticos del comunismo estalinista, que no del comunismo. Chaves Nogales, aunque no en tanto que cuadro comunista destacado, representó otra vertiente de esta identificación, y con una cronología relativamente diferente a la de los anteriores protagonistas.

¿Y a qué viajeros les llevó a rechazar el comunismo?

Fueron numerosos, pero entre ellos el caso inicial de Sofía Casanova, que cronológicamente fue el primero en tanto que vivió en primera persona la evolución de Rusia tras Octubre de 1917, partiendo de una posición personal e ideológicamente profundamente conservadora. Ángel Pestaña, en la esfera del anarco-comunismo y Fernando de los Ríos en la socialista, ejemplificaron el rechazo frontal tanto de la CNT como del PSOE a la integración a la Internacional Comunista (IC) tras sus viajes. También son relevantes los casos de Óscar Pérez Solís o Paul Marion, que partiendo de una identificación con el modelo comunista, acabaron años después no solo denunciando el comunismo estalinista, sino también el comunismo en el sentido más amplio, para acabar evolucionando al fascismo. En cierta manera es el caso de Julián Gorkin que impulsó el POUM, una formación comunista pero anti estalinista.

Desde una óptica demoliberal podríamos encontrar a Rovira i Virgili, aunque su caso sería para reforzar su antibolchevismo de toda la vida. Rovira, ya en 1917, fue un caso patológico de dureza antibolchevique sin haber visitado aún la URSS. Un antibolcheviquismo que contrastaba con la de republicanos catalanes, como Màrius Aguilar, Marcelino Domingo y alguno que otro dirigente del Partit Republicà Català, que en 1917-1919 creyeron que debían otorgar una prórroga a un régimen que, finalizada la Gran Guerra, se definía como República.

Rovira, sin embargo, no haría su peregrinaje al país de los sóviets hasta unos veinte años después de 1917; en concreto, a finales de la Guerra Civil. Y sus impresiones le confirmaron la visión negativa que de la Rusia bolchevique se había construido en 1917-1918. La URSS no era un modelo de república democrática, por mucho que, en 1938, estuviese ayudando al gobierno del Frente Popular en la Guerra Civil. A lo sumo, Rovira planteó que la URSS podía ser un buen ejemplo de solución del problema de las nacionalidades. Pero ahí acabó su placet a los soviets.

Finalmente, encontramos en la dimensión cultural la figura de Eugeni Xammar, que representaría una línea similar a la de Sofía Casanova, aunque posteriormente. Xammar, desde el nacionalismo radical catalán, tenía -como Rovira- una visión idealizada de la democracia liberal en la que no tenía cabida la URSS. A esas alturas seguía siendo un nostálgico del wilsonismo y de lo que podía haber sido y no fue la Sociedad de Naciones.

¿Cuáles son los viajes más desconocido que el libro explica? 

Sin lugar a dudas, los casos de Erich Obst, Egon Kisch y Joseph Roth. Todos ellos estaban situados en la esfera lingüística alemana y eran unos desconocidos para la mayor parte del público de la Europa Occidental, en la medida que pertenecen a la esfera germana y, dentro de ella, a posiciones que no corresponden a destacados líderes revolucionarios alemanes.

¿Cuál fue el legado de las “romerías a Rusia”?

La identificación o animadversión hacia el comunismo en la vertiente política, y la curiosidad y la amplitud de miras desde la óptica cultural. Pero debe calibrarse también las “no romerías”. Es decir, la cantidad ingente de intelectuales (las más de las veces, pseudo intelectuales o enteradillos) que nunca fue a la URSS y hablaban de sus excelencias como si hubiesen vivido la experiencia soviética en primera persona. Es evidente que dirigentes de poco calado en partidos de ínfima relevancia deben situarse en este paradigma.

De igual modo, todos aquellos anticomunistas que lanzaban todo tipo de improperios contra la Patria de los Trabajadores sin conocer para nada el experimento soviético. Sin duda, estos “no viajes” no fueron exclusivos del ejemplo de la URSS. En la actualidad, el chavismo y el antichavismo en Venezuela es debatido por cualquiera que haya leído cualquier diario (digital o en papel), o haya escuchado o visto en radio o televisión cualquier noticia al respecto, como también sucedió en su día con la revolución cubana de 1959.

No obstante, la creación del primer Estado autocalificado como socialista de la historia, no dejó indiferente a nadie, ya que la génesis y la consolidación del país de los sóviets fue uno de los principales acontecimientos de la Historia Contemporánea.


VOX RECUPERA LA “ANTI-ESPAÑA” PARA DESIGNAR A LOS ENEMIGOS DE “LA ESPAÑA VIVA”

mayo 4, 2019

 

Imagen del tweet de Vox del 28 de abril comentado en esta entrada.

 

EL PASADO 28 DE ABRIL,  durante la jornada electoral, Vox publicó un tweet con esta imagen adaptada del film de El señor de los anillos y la leyenda “¡Que comience la batalla!”.

En el montaje puede verse la amalgama de enemigos que desea combatir Vox: independentistas, feministas, antifascistas, comunistas, colectivos LGTB, republicanos, “La Sexta”, el grupo Prisa, anarquistas… ¿Qué representa este cúmulo de enemigos? Consideramos que la respuesta estaba en una afirmación previa del dirigente del partido, Santiago Abascal, en su multitudinario acto de cierre de campaña, celebrado el viernes 26 en la plaza de Colón: “El domingo elegimos entre la anti España o la España viva”. La imagen del tweet, en suma, plasmaba de modo gráfico a esta “anti-España”.

La “España viva” ya tiene su reverso: la “anti-España”

Esta cuestión aparentemente menor reviste su importancia en dos sentidos. Por una parte, desarrolla el discurso de Vox, aún en construcción, y muestra parcialmente lo que sería el reverso de su “España viva”: la “España muerta” o “Anti-España”. Y es que -como apuntamos en nuestra entrada anterior– el lema  o idea-fuerza de “la España viva” de Vox requería un reverso o un antagonista:

[…] hay que subrayar que la idea-fuerza con la que se identifica el partido es “la España viva”. Esta metáfora afirma de forma implícita la existencia de “una España muerta” contra la que se debe luchar (es un trasunto de la Anti-España) y, sobre todo, proyecta una España que se afirma y renace de forma simultánea en el combate contra sus enemigos seculares.

El mensaje de Abascal en la plaza Colón unido a este tweet plasma la amalgama de entidades que, por ahora, incluye la “España muerta”. Como el mensaje se limita a un montaje gráfico, cabe pensar que esta conocerá nuevas incorporaciones, hasta incluir de forma sistemática al conjunto de supuestos “enemigos de España”. De este modo, es probable que la declinación de la “anti-España” solo haya empezado.

Viaje en el túnel del tiempo a los años treinta

Por otra parte, Vox recupera así un tópico del mensaje de la ultraderecha española de preguerra: la idea de “anti-España”. Esta última expresión cristalizó con el nacional-catolicismo, que asimila la identidad española con la religión católica, de modo que la España genuina solo puede ser católica. Tal idea se conformó durante el siglo XIX y el primer tercio del XX y quiso designar -entre otros elementos- a ilustrados y liberales, “nacionalistas periféricos” e izquierdistas, que conformaban la negación de la España genuina y actuaban en una suerte de complot larvado, aunque su composición varió.

Imagen de la contraportada del libro El enemigo (1935), del policia y publicista antimasónico Mauricio Carlavilla.

Merece destacarse que la oposición entre España y la Anti-España, según Juan Felipe García Santos (Léxico y política de la Segunda República), devino “especialmente frecuente en las elecciones generales de 1936”, de modo que fue “un claro indicio de la división política del país y como preludio de la guerra ya próxima”.

Conclusión: el pasado se hace más presente en Vox

El tema de la “anti-España” no es nuevo en nuestro blog. Ya lo habíamos abordado hace prácticamente una década, al comentar un cartel del extinto Movimiento Social Republicano [MSR]. ¿La razón? La idea de unos enemigos disolventes de España es constitutiva y esencial de todo ideario de extrema derecha, pero la diferencia entre el caso del MSR entonces analizado y el actual de Vox es que el primero evitó utilizar directamente el término de “anti-España”, de claras connotaciones guerracivilistas. De modo significativo, Vox no ha tenido inconveniente en recuperarlo para su lucha política.

En este aspecto, señalamos en otro artículo que Vox realizaba una síntesis ideológica de elementos del presente y del pasado:

Vox no refleja un retorno del neofranquismo. No ha asumido una filiación ideológica con la dictadura y se ubica en un cruce de temas tradicionales de la derecha radical o la extrema derecha española que combina con otros nuevos. Entre los primeros, como hemos visto, hallamos la oposición en la ley de “memoria histórica” y al independentismo, así como la defensa de la política familiar, la reivindicación de la españolidad de Gibraltar o el secesionismo lingüístico ante el idioma catalán.

 

Vox se identifica con el lema “la España viva”, que ha convertido en su sinónimo.

Ahora Vox ha añadido otro elemento de la cultura política de la extrema derecha española, en este caso muy presente en los años treinta del pasado siglo. Prosigue así su síntesis ideológica que refuerza el pretendido carácter épico de su discurso y prima las emociones: frente a la “verdadera” España -la “España viva” que encarna Vox- se alza la “anti-España”, que debe ser erradicada. Un discurso binario y simple, contundente y fácil de transmitir en las redes. Lo reflejaron als palabras de Abascal en el discurso citado de la plaza de Colón al cerrar su campaña:

“Decidimos lo más importante, o el pacto de la traición o una alternativa patriótica. O la disgregación o la continuidad histórica de nuestra patria. O la miseria socialista o la prosperidad de nuestros hijos y de nuestros nietos. O la dictadura progre o la libertad de los españoles. Y más claramente el 28 de abril elegimos o la anti España o la España viva”.

Ateniéndonos a lo expuesto, consideramos muy posible que la idea de la “anti-España” tenga recorrido en el mensaje de Vox, en la medida que es un complemento imprescindible de “la España Viva”, ya que este lema requiere un antagonista para afirmarse.


NOVEDADES EDITORIALES SOBRE VIOLENCIA POLÍTICA DURANTE FINALES DEL FRANQUISMO Y LA TRANSICIÓN

junio 23, 2018

 

Imagen del entierro de las víctimas de Atocha en 1977 (Foto de A.G-Reuters-Live!).

EN LOS ÚLTIMOS MESES SE HAN PUBLICADO VARIAS NOVEDADES SOBRE VIOLENCIA POLÍTICA relativa a la etapa final del franquismo y a la Transición (tema que abordamos en  La Transición española. El voto ignorado de las armas).  Ofrecemos aquí su relación.

El mito de la transición pacífica. Violencia y política en España (1975-1982), de la historiadora francesa Sophie Baby.

Se trata de la traducción de su tesis doctoral, publicada originalmente en francés en 2012. Es una obra detallada e imprescindible para analizar la violencia política, con una importante base de datos.

Aconsejamos su lectura a quienes estén interesados en el tema. En ella hallarán tanto una visión global de la violencia poilítica que cuestiona de modo solvente y  contundente la visión idealizada de una Transición pacífica.

 

Vides truncades. Repressió, víctimes i impunitat a Catalunya (1964-1980), de David Ballester.

El trabajo reconstruye una veintena de casos poco conocidos de muertes causadas por violencia institucional que han quedado relegadas a un segundo plano en las crónicas políticas y que, en algunos casos, nada tuvieron que ver con al política. Es una aportación de interés, ya que en el período que analiza su obra este tipo de violencia suele ser considerada poco relevante.

Aconsejamos al respecto la lectura de la entrevista con el autor publicada en este blog.

 

Pardines. Cuando ETA empezó a matar, obra colectiva coordinada por Gaizka Fernández Soldevilla y Florencio Domínguez.

El título de la obra alude a a primera víctima mortal de ETA en 1968, el agente de la Guardia Civil José Pardines. El libro presenta aportaciones tanto a aspectos generales de las víctimas de ETA como del asesinato de Pardines, del que muestra la falsedad de la versión del mismo que ETA difundió.

Aconsejamos al respecto la lectura de la entrevista con Gaizka Fernández publicada en este blog.

 

Verdugos impunes. El franquismo y la violación sistémica de los derechos humanos, de los historiadores Antonio Miguez, Gutmaro Gómez, José Babiano y Javier Tébar.

El ensayo ofrece una visión panorámica y actualizada de la cuestión con la bibliografía más destacada sobre el tema. El origen del libro es en un informe pericial  hecho a petición del equipo jurídico de la Coordinadora de Apoyo a la Querella Argentina contra los Crímenes del Franquismo (CEAQUA).

Aconsejamos al respecto la lectura de la entrevista con los autores publicada en este blog.

 

Caso Cipriano Martos, del periodista Roger Mateos.

Reconstrucción biográfica minuciosa y ágilmente narrada de la trayectoria de Cipriano Martos, un obrero vinculado a CC.OO. y a OSO, ente sindical del Partido Comunista de España (marxista-leninista) y del FRAP. Martos fue detenido en Reus, torturado y murió en circunstancias no aclaradas. Según la versión oficial, ingirió ácido sulfúrico para suicidarse. Sus familiares no pudieron ver el cadáver.

Aconsejamos al respecto la entrevista- reportaje publicada por por Javier Coria para la revista R@mbla y reproducida en este blog.

 

La Transición sangrienta, del periodista Mariano Sánchez Soler.

Reedición de esta obra publicada en 2010. Su interés radica en reconstruir distintos episodios violentos, destacando el empleo de fuentes judiciales. Aborda la represión de movilizaciones ciudadana, crímenes asociados a ámbitos involucionistas y diversos atentados.

El ensayo devino pionero en presentar a la Transición como un proceso muy alejado de su proyección como “pacífico”.

Clicando aquí puede accederse a la lectura del primer capítulo en PDF.

 


ENTREVISTA A GAIZKA FERNÁNDEZ: “ETA TARDÓ UNA DÉCADA EN MATAR POR FALTA DE DETERMINACIÓN HUMANA PARA ASESINAR”

mayo 26, 2018

Gaizka Fernández Soldevilla.

GAIZKA FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, DOCTOR EN HISTORIA CONTEMPORÁNEA, es autor de diversos trabajos sobre la violencia terrorista y la historia del nacionalismo vasco, como Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994). Actualmente es responsable del área de Archivo, Investigación y Documentación delCentro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo. Ahora acaba de coordinar con Florencio Domínguez la obra colectiva Pardines. Cuando ETA empezó a matar, en alusión a a primera víctima mortal de ETA en 1968, el agente de la Guardia Civil José Pardines. Hoy aquel asesinato es apenas recordado en España por el medio siglo transcurrido. Le agradecemos que haya aceptado contestar a nuestras preguntas.

¿Quién era José Antonio Pardines y por qué fue la primera víctima de ETA?

José Antonio Pardines Arcay era un joven guardia civil de Tráfico, natural de Malpica de Bergantiños (La Coruña). El 2 de junio de 1968 la dirección de ETA decidió empezar a matar. Cinco días después, el 7 de junio, Pardines estaba regulando el tráfico en una desviación de la carretera N-I, debido a unas obras en un puente. A las 17:30 paró el coche en el que iban dos miembros de ETA, Txabi Echebarrieta e Iñaki Sarasketa. Pardines les pidió el permiso de circulación. Con él en la mano derecha, pudo comprobar que los datos no coincidían con el número del bastidor. Expresó su extrañeza en voz alta. Fueron sus últimas palabras antes de ser asesinado. Recibió cinco tiros en el torso. Las pruebas indican que tres balas salieron de la pistola de Echebarrieta y dos de la de Sarasketa, pero este último jamás admitió haber disparado.

 

El agente José Pardines (imagen de El Mundo).

¿Por qué ETA tardó prácticamente una década en cometer asesinatos? ¿Qué cambió desde su creación en 1959?

El dirigente etarra Juan José Etxabe confesó que él había visto la “necesidad” de emplear la violencia “desde un principio”. No fue el único. Exceptuando alguna crisis pasajera y su inactividad desde 2011, la organización siempre ha apostado por la “lucha armada”. Apenas había pasado un año desde su nacimiento, acontecido a finales de 1958, cuando ETA puso artefactos explosivos en el Gobierno Civil de Vitoria, en un periódico de Santander y en una comisaría de Bilbao. Ahora bien, el asesinato era un paso que le costó dar a ETA. Hay que tener en cuenta la ausencia de una tradición insurreccional en el nacionalismo vasco, los escrúpulos religiosos y morales de parte de la militancia etarra, las dificultades de orden material (entrenamiento, información, dinero, armamento, etc.) y un elemento clave: la voluntad humana. En 1958 no existía la determinación de matar. En 1968, sí.

 

La escena del crimen.

¿Por qué es importante el homicidio de Pardines para comprender el terrorismo etarra?

Fue la primera víctima mortal de ETA. Y, en cierto sentido, las circunstancia de su muerte, un asesinato a sangre fría, sintetizan a las del resto. También es significativo el olvido que cayó sobre Pardines, similar al que han sufrido cientos de víctimas del terrorismo. Solo el 1,2% de la ciudadanía vasca sabe quién fue la primera víctima de ETA. Sin embargo, su asesino, Txabi Echebarrieta, es un personaje bien conocido, al que el nacionalismo vasco radical homenajea cada año.

¿Las víctimas iniciales de ETA fueron solo miembros de los cuerpos de seguridad?

No, por ejemplo, la tercera víctima mortal de la banda fue Fermín Monasterio, un taxista asesinado en abril de 1969.

¿La actuación de la dictadura ante los primeros asesinatos de ETA favoreció a este colectivo?

En su IV Asamblea, ETA  adoptó como estrategia la espiral de acción-reacción o, sencillamente, la provocación de la represión. Sus atentados iban a tratar de instigar unas represalias desproporcionadas por parte de la dictadura. No las sufrirían los militantes del grupo, sino los vascos en su conjunto, por lo que inevitablemente estos aplaudirían cualquier acto de venganza contra los opresores “españoles” que los maltrataban. Tarde o temprano la sojuzgada (y demasiado acomodaticia) población rompería sus cadenas para sumarse a la “guerra revolucionaria”. La dictadura cayó en la trampa y recrudeció la represión, que durante los años sesenta se había mitigado, al menos en sus aspectos más brutales. Y precisamente esa violencia institucional ayudó a que ETA ganase popularidad. No obstante, no hubo ninguna “guerra revolucionaria”. Al final, ETA se conformó con el sucedáneo del terrorismo.

 

Portada de Pardines.

¿Sabemos realmente el número de víctimas de ETA hasta su disolución?

Existen listas diferentes, pero solo contamos con una oficial, la del Ministerio del Interior, que reconoce a 853 víctimas mortales y casi 2.600 heridos a consecuencia de la actividad terrorista de ETA. No se trata de una cifra definitiva, porque hay trabajos de investigación en curso que probablemente nos permitan afinar más.

Este libro lo ha publicado el Memorial de las Víctimas del Terrorismo. ¿Cuál es su labor?

El libro lo ha publicado la editorial Tecnos, aunque con el impulso del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. Se trata de una fundación del sector público estatal, resultado del mandato contenido en el artículo 57 de la Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección Integral de las Víctimas del Terrorismo. Sus fines son preservar y difundir los valores democráticos y éticos que encarnan las víctimas del terrorismo, construir la memoria colectiva de las víctimas y concienciar al conjunto de la población para la defensa de la libertad y de los derechos humanos y contra el terrorismo. Para su consecución, organizamos exposiciones, actividades educativas  y proyectos de investigación y divulgación, como este libro.

 

 


FEROCIDADES DE LA TRANSICIÓN: CÓMO LA VIOLENCIA POLÍTICA ESTABILIZÓ DESESTABILIZANDO

agosto 13, 2016

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Cadáver de Yolanda González, cuyo asesinato en 1980 fue reivindicado en nombre del BVE.

¿CUÁL FUE LA IMPORTANCIA DE LA VIOLENCIA POLÍTICA DURANTE LA TRANSICIÓN? El periodista Carles Geli publicó al respecto en El País (6/VIII/1985) la siguiente reflexión sobre nuestro último libro, La transición española. El voto ignorado de las armas, que reproducimos a continuación por considerarla de interés para nuestros lectores.

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Ferocidades de la Transición

El historiador Xavier Casals disecciona la paradoja de la violencia que buscaba radicalizar la situación entre 1975 y 1982 y acabó alejando a los extremismos de uno y otro lado.

¿Qué es eso del Batallón Vasco Español?”, inquirió el rey Juan Carlos al líder de Fuerza Nueva, Blas Piñar. Podía haber sido una pregunta capciosa, pero más bien era así: la cúpula del Estado no tenía mucha información sobre la guerra sucia en plena Transición. En paralelo, el ministro de la Presidencia, José Manuel Otero Novas, alertaba a Adolfo Suárez de la resistencia de las organizaciones paramilitares contraterroristas a someterse al Gobierno y el temor a que se creara un Estado dentro del Estado. Suárez le decía que estaba en ello, intentando eliminar una que se conocía como Batallón Vasco Español.

PortadaHabía de todo: aparatos parapoliciales, paramilitares, el Ejército, la ultraderecha, la extrema izquierda anarquista y comunista, el independentismo vasco, catalán y canario… Silenciada la mayoría de las veces o usada como espantapájaros, la violencia política se cobró unos 700 muertos entre 1975 y 1982, en unas 3.200 acciones conflictivas. ¿No influyó todo ello en los resultados políticos? Esa es la pregunta que plantea en La Transición española: el voto ignorado de las armas(Pasado & Presente) el historiador Xavier Casals. Y una de las primeras respuestas es de las que solo se dan en España: sí, el temor a una involución rebajó las expectativas de la reforma política y moderó la oposición, pero la desestabilización que buscaba la violencia acabó, mutatis mutandis, estabilizando el país.

“La violencia generó una gran paradoja: buscaba radicalizar la situación pero acabo alejando a los extremismos de uno y otro bando, los dejó fuera del proceso, por lo que se apostó por los partidos que daban estabilidad; y, por otro lado, los partidarios de la reforma exageraron esa realidad violenta para jugar a su favor, lo que facilitó la consolidación de Suárez”, resume Casals. Su trayectoria (es autor, entre otros títulos, de La tentación neofascista en España) y la bibliografía empleada ahora (más de 500 referencias y 133 páginas de notas) le llevan a afirmar que “la Transición tuvo un punto de azarosa, pero no hubo una teoría conspirativa, un gran diseño de todo desde las alcantarillas del Estado: cada episodio tuvo su dinámica propia”.

La matanza de Atocha

Quizá no hubo conspiración, pero lo parece: cada acción violenta acabó beneficiando el proceso democrático. El paradigma quizá fue, en el caso de la ultraderecha, la matanza de Atocha (1977), que solo aceleró lo que se quería impedir: la legalización del Partido Comunista de España. El carlismo quedó tocado y hundido con el episodio sangriento de Montejurra (mayo de 1976): se les vetó concurrir a las primeras elecciones de 1977 y llegaron muy afectados y divididos a las de 1979. El atentado anarquista en la sala Scala de Barcelona en 1978 aceleró la implosión del movimiento. Aquel mismo año, el intento de asesinato (con visos de ser orquestado desde el aparato policial del Estado) del líder del movimiento independentista canario, Antonio Cubillo, evitó que el proceso de autodeterminación de las islas saltara al panorama internacional de la ONU. El Grapo quedó bajo sospecha como “grupo raro” con el secuestro del político Antonio María de Oriol y el militar Emilio Villaescusa, pero más criminalizado y residual acabó el independentismo catalán violento, con los sangrientos secuestros del empresario Josep Maria Bultó (1977) y del exalcalde de Barcelona Joaquim Viola y su esposa (1978). El golpe de Estado del 23-F resultó también una vacuna contra la deriva pretoriana del Ejército: tras él aguantó sin más sobresaltos un Gobierno tan débil de la UCD como el de Calvo Sotelo, cuando hasta entonces el ruido de sables permanente más el golpismo de papel de la ultraderecha hacían irrespirable la situación, según Casals. Para el historiador, eso pesaba más que la llamada “estrategia de la tensión” ultraderechista. Solo el terrorismo de ETA fue una excepción a todo ello.

“Mayormente, son casualidades: el Gobierno no controlaba todo esto porque los hechos así lo demuestran, pero sí revela que había una autonomía importante de determinados aparatos del Estado, difíciles de perfilar y con elementos oscuros que permitieron desde extorsiones a atentados fabricados desde las entrañas del poder”, resume Casals, que lo achaca a “querer hacerse una Transición democrática manteniendo todo el antiguo aparato policial del Estado franquista”. El paradigma de ello sería la figura del comisario Roberto Conesa, turbia estrella de la lucha antiterrorista de la época.

La traducción política de esa violencia puede incluso entreverse en la Constitución. Así, la actitud pretoriana del Ejército explicaría su presencia garante en los artículos 2 y 8.1 de la Ley Fundamental, mientras que ETA generó, en particular, el 55.2 (la suspensión de derechos fundamentales por temas de terrorismo). También parecen evidentes los réditos en lo económico: Canarias, Euskadi y Navarra, conflictiva cartografía durante la Transición, gozan hoy de un trato fiscal distinto, y se deja una puerta abierta a la unión entre Navarra y el País Vasco, que contrasta con el cerrojo para Cataluña, Valencia y Baleares, como constata el artículo 145.1. “No se puede documentar una causa-efecto, pero sin duda abre una reflexión sobre el peso del voto violento”, cree Casals.

Son muchos los aspectos a estudiar porque la violencia en la Transición ha quedado un poco en la cuneta historiográfica. “La Transición tiene su mito fundacional en la propia Transición, por lo que no puede darse protagonismo a la violencia: como tal mito, ha de ser ejemplar y exportable”. Hay hoy más documentación, pero aun así falta “poder acceder a archivos de los Servicios de Información del Estado o recuperar papeles como el sumario sobre Montejurra, perdido, o tener una buena biografía de Conesa”.

Acabadas las 800 páginas del libro, uno no sabe qué vertiente refuerza de la actual discusión sobre si la Transición fue la única posible o un lamentable pacto a la baja. “¿Cómo se podía hacer una ruptura democrática teniendo un Ejército que ya en 1971 tenía planes secretos para tomar el poder y frenar la subversión? Creo que el resultado fue francamente estimable; visto lo visto, la Transición salió bien de precio”.

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Dinero para un ejército independentista catalán

El independentismo armado catalán es uno de los episodios más chocantes de la Transición. El misterioso grupo EPOCA (Exèrcit Popular Català), nacido en 1969 en el entorno del Front Nacional de Cataluña, no afloró hasta mayo de 1977, cuando intentó extorsionar al empresario Josep Maria Bultó colocándole una bomba lapa en el pecho que acabó estallando. 10 meses después colocó sendas bombas al último alcalde franquista de Barcelona, Joaquim Viola, y a su esposa. También explotaron. En ambos casos, fueron atentados con poco sentido político, lo que acentuó el rechazo de una sociedad catalana ya escarmentada con el atentado ultra a la revista satírica El Papusy otro anarquista a la sala Scala. El grupo EPOCA fue desarticulado en 1980, coincidiendo con un supuesto plan para atentar contra Jordi Pujol. Quedan enigmas, como la aparición de un agente secreto del Mossad israelí muerto en casa de unos familiares de un miembro del grupo; o para qué pedir la friolera de 500 millones de 1977 como rescate a Bultó. Esa cifra solo engarza con la idea de crear “una fuerza armada a disposición de una futura autoridad catalana legítima”, como dijeron algunos componentes que era su función. Solo cuatro miembros fueron a Terra Lliure, que en 1981 tuvo su caso más mediático con el atentado al periodista Federico Jiménez Losantos. En 1992 se disolvió.


¿QUIÉN MATÓ A “PERTUR”? ¿UN GRUPO PARAPOLICIAL O LA PROPIA ETA?

julio 30, 2016

Pertur

Pertur (imagen de EFE, publicada por eitb.ews).

ESTE JULIO SE HAN CUMPLIDO 40 años de la desaparición del dirigente de ETA Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur. Como narra la crónica que reproducimos en esta entrada, de Luis R. Aizpolea y publicada en El País (23/VII/2016), existe una controversa imposible de dilucidar sobre la autoría de su muerte.

De este modo,  una hipótesis apunta que fue obra de los propios etarras por las posiciones ideológicas que Pertur sostenía, otra la atribuye a la actuación de un grupo de ultraderecha de carácter parapolicial.
PortadaPor nuestra parte, tras analizar el tema en nuestro último estudio La transición española. El voto ignorado de las armas, concluímos que la hipótesis más verosímil fue su asesinato por parte de miembros de la propia ETA.

Invitamos al lector interesado a consultar nuestros argumentos. Haciendo un extracto de los mismos, debe tenerse en cuenta que tras los llamados hechos de Montejurra de mayo de aquel año pareció haber un reflujo de episodios violentos en el país vascofrancés, aunque sin cesar por completo. Así las cosas, si nos atenemos a grupos que reivindicaron el asesinato de Pertur, constatamos que la Triple A era inexistente, mientras el BVE se limitó a afirmar que había “sido ejecutado y enterrado en un pueblo de Navarra”. Si fue así y quería vanagloriarse de ello, lo lógico era indicar dónde estaba el cuerpo. 

En este marco, es más verosímil atribuir su muerte a miembros de ETA, sin que pueda descartarse la acción de elementos parapoliciales.

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¿Qué fue de Pertur?

En el 40 aniversario de su desaparición, amigos y familia reclaman a “quienes saben, que hablen”

Han transcurrido 40 años desde la desaparición de Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, y seguimos sin conocer su paradero. El esclarecimiento de su secuestro y desaparición sigue siendo una tarea pendiente que no debe obviarse”, señala Martin Auzmendi, compañero de militancia de Pertur, hermano de su pareja, Lourdes, y representante de la familia en la causa. Auzmendi se une al llamamiento de la familia para que “los que sepan algo sobre su paradero lo hagan saber” en el aniversario de aquel 23 de julio de 1976 en que desapareció el que fue líder de ETA político-militar (pm) y promotor de su desdoblamiento en un partido, que derivó en Euskadiko Ezkerra y concurrió en las primeras elecciones democráticas de 1977.

Pertur tenía 25 años

Auzmendi —abogado, exconsejero del Gobierno vasco y expresidente del Consejo de Relaciones Laborales—, que ha seguido el caso ante la Audiencia Nacional, archivado provisionalmente en 2012 por el juez Andreu “por falta de fundados indicios sobre lo que pasó”, está convencido de que hay gentes que conocen lo sucedido y callan. “Todo hace indicar que, con la intervención de alguna persona de su confianza, Pertur fue víctima de una cita trampa, cuyo objetivo era conducirle a quienes tenían preparado su secuestro y desaparición”.

El caso Pertur es la desaparición política más emblemática tras la muerte de Franco por la personalidad de la víctima y el mantenimiento de la incógnita de su autoría. El juez Andreu, en el archivo provisional de la causa en 2012, no se definió ante las dos hipótesis investigadas: servicios policiales y el sector Bereziak de ETA pm, hostil a Pertur.

Auzmendi interpela a los poderes públicos ante la “total ausencia de investigación en la fecha de los hechos y a lo largo de estos años por parte de las autoridades policiales españolas” así como por ETA. El juez constató que ni el gobernador civil de Gipuzkoa, Emilio San Román; ni el comisario López Maturana ni el jefe de la Inteligencia Militar (Cesed), Ángel Ugarte, hicieron nada entonces por esclarecer el caso. ETA abrió una investigación, que cerró en un mes sin aclarar tampoco nada.La familia de Pertur atribuyó su desaparición, inicialmente, a servicios policiales españoles, directamente o a través de ultraderechistas, pues en aquella etapa ya proliferaban ataques contra etarras refugiados en el sur de Francia. La reivindicación de Antiterrorismo ETA (ATE), el 26 de julio, y del Batallón Vasco Español (BVE), el día 29, parecían avalarlo.

Sospechas de Beretziak

Año y medio después, en 1978, la familia afloró las sospechas de que podía haber sido asesinado por los Beretziak, el sector de ETA crítico con su política. Lo sustentaban en que Francisco Múgica, Pakito y Miguel Angel Apalategi, Apala, dirigentes de los Bereziak, fueron los últimos en ver a Pertur antes de su desaparición. Pakito, en su declaración ante la policía francesa, aseguró que mientras viajaban en su vehículo por el centro de San Juan de Luz vieron a Pertur y les pidió que le trasladaran a Behobia, junto a la frontera.

Pero si las sospechas recayeron en ellos fue, sobre todo, por sus fuertes discrepancias con Pertur por su intento por transformar ETA-pm en un partido político. Una carta enviada a su pareja poco antes de su desaparición acusaba a los Beretziak de crear en la organización un clima de “estado policial”, una de cuyas muestras fue un intento de retención por la fuerza para que no acudiera a una reunión de cuadros de ETA pm. Tres meses antes, habían discrepado, también, por el desenlace del secuestro del empresario Ángel Berazadi. Mientras Pertur defendió su liberación, tras el pago del secuestro, los Beretziak optaron por asesinarlo y lo ejecutaron.

Es un hecho que la víspera de su desaparición, la librería Mugalde de Hendaia recibió una llamada telefónica con un encargo: “Decidle a Pertur que vaya al bar Consolation de San Juan de Luz a las 9.30 horas. Le estará esperando uno que estuvo con él el mes pasado”. Pertur no llegó a entrar en el bar. Antes, se encontró con alguien que le pasó una nueva cita en Behobia. Posteriormente, Pertur se topó con Pakito y Apala, que le trasladaron a Behobia en coche. Un militante de ETA-pm, Eleuterio Jauregui, los vio y habló con Pertur, al que notó tan relajado que bromeó con él, lo que el juez destacó en sus conclusiones. El punto débil de esta hipótesis es que Pakito y Apala secuestraran a Pertur a plena luz del día y con testigos. Asimismo, el juez llamó a declarar a un ex miembro de ETA que había comentado a Lourdes Auzmendi que Apala le dijo, en Nicaragua, que ellos fueron los autores. Pero no lo ratificó ante el juez.

En mayo de 2008, los padres de Pertur presentaron una querella para que la Audiencia Nacional investigara su desaparición, que el juez Andreu admitió. Había nuevos datos. Angelo Izzo, un neofascista italiano, había declarado ante el Tribunal Penal y Civil de Roma que un camarada suyo, Pierluigi Concutelli, le había revelado que en el verano de 1976 habían secuestrado a un etarra en el sur de Francia y entregado a los servicios policiales españoles. Todo apuntaba a que era Pertur. El juez Andreu, desplazado a Italia, no logró la confirmación.

Canje por policías

Tampoco se avanzó en la hipótesis, apuntada en julio de 1976, de que Pertur pudo ser secuestrado para canjearlo por los inspectores de policía españoles José Luis Martínez y Jesús González, desaparecidos el 4 de abril de ese año. Sus restos aparecieron un año después en la playa de Anglet, tras ser asesinados por etarras. De esta hipótesis se hizo eco el diario gipuzkoano Unidad del 28 de julio de 1976 con este título: ‘¿Canje del etarra por los dos policías secuestrados?’.El día anterior a la desaparición de Pertur, otro compañero suyo, Sabin Achalandabaso, recibió el aviso de una cita con el veterano político abertzale, Telesforo Monzón, a la que no acudió por cuestión de agenda. Supo después que Monzón no le había citado. Probablemente salvó la vida pues, como señala Auzmendi, “todo hace indicar que, con intervención de alguna persona de su confianza, Pertur fue víctima de una cita trampa”.