EL PRÓXIMO GRAND ROUND POPULISTA: MACRON CONTRA LE PEN

marzo 19, 2017

Marine Le Pen y Emmanuel Macron, los grandes aspirantes a la presidencia francesa.

TRAS LAS ELECCIONES HOLANDESAS, el nuevo gran reto que planteará el populismo antieuropeísta tendrá lugar en las elecciones presidenciales francesas, cuya primera vuelta tendrá lugar el 23 de abril. Sus dos grandes contendientes son Marine Le Pen y Emmanuel Macron.

A continuación reproducimos un interesante artículo de Marc Bassets publicado por El País (19/III/2017) que ofrece una síntesis bien planteada de la contienda que se plantea entre lo que el autor considera “las fuerzas del repliegue y las del cosmopolitismo”.

*****

Macron contra Le Pen, el pulso del populismo global

Francia es el próximo escenario del choque entre las fuerzas del repliegue y las del cosmopolitismo

El banquero-filósofo y la rica heredera. El elitista y la populista. El liberal y la partidaria de un estado fuerte e intervencionista. El europeísta y la soberanista. El cosmopolita y la chovinista. Los puentes y los muros.

Pocas veces el contraste había sido tan nítido y políticamente explosivo. Emmanuel Macron —un banquero de inversiones con formación humanista, un exministro de Economía que hoy ocupa el centro del tablero en Francia— y Marine Le Pen —líder y transformadora del partido ultra que fundó su padre— serán los probables finalistas en las elecciones presidenciales en Francia de esta primavera. No es descartable que el candidato de la derecha hasta ahora hegemónica, François Fillon, se acabe colando en la ronda final, pero, si los sondeos aciertan, Macron y Le Pen encabezarán la primera vueltas, el 23 de abril, y se disputarán la victoria en la segunda, el 7 de mayo.

Espot oficial de Marine Le Pen.

Puede ser la batalla decisiva entre las fuerzas que llevan más de un año colisionando a ambas orillas del Atlántico. Los términos del combate —dos ideas de Francia, de Europa y del mundo frente a frente— están bien delineados, y son similares a los de los últimos meses en Reino Unido, Estados Unidos y, esta semana, Holanda.

En Francia los dos candidatos se parecen en algunos aspectos. Ni Macron ni Le Pen han pasado por primarias en sus partidos. Son partidos emergentes, como En Marche!, el de Macron. O, en el caso del Frente Nacional de Le Pen, marginales: no por su fuerza electoral, que es sólida y considerable, sino porque se coloca fuera del consenso republicano predominante en las últimas décadas, y porque su peso legislativo es escaso. Ambos candidatos se postulan como políticos antisistema, aunque Macron haya sido ministro, y Le Pen y antes su padre, Jean-Marie lleven en política desde hace más de medio siglo.

Es más: ambos rechazan las etiquetas de derecha e izquierda; quieren trascenderla. El primero, desde el campo de los progresistas de todo color frente a los conservadores de izquierda y derecha: un extremo centroque abarcaría el vasto espacio que han dejado abiertos los viejos partidos hegemónicos. La segunda, desde una extrema derecha que asume referentes de la izquierda tradicional, como las ideas del Nobel de Economía Joseph Stiglitz sobre la desigualdad, o la retórica patriótica de Jean Jaurès, el padre del socialismo francés, ambos citados en discursos recientes por Le Pen.

“Vivimos una desestructuración de las líneas divisorias. Es decir, la división derecha-izquierda sobre el que se estructuraba toda la vida política hace treinta años, poco a poco ha perdido su legibilidad y, para muchos franceses, su pertinencia”, dice Gilles Finchelstein, director general de la Fundación Jean Jaurès, próxima al Partido Socialista, y autor del ensayo ‘Trampa de identidad. Reflexiones (inquietas) sobre la izquierda, la derecha y la democracia’. El cambio se explica, primero, por la fatiga tras décadas de coexistencia y alternancia del PS y el actual partido de Los Republicanos. Además, nuevos asuntos han dividido transversalmente a la izquierda y a la derecha, como Europa: los europeístas y los euroescépticos están a ambos lados.

Presentarse con el programa de Macron, y más en un país reticente a toda reforma como es Francia, tiene algo de kamikaze. Defender el liberalismo económico en tiempos de desconfianza hacia el capitalismo; promover la sociedad abierta en tiempos de repliegue; ser europeísta sin complejos en un momento en que defender la integración europea suponer ir contracorriente: su empeño es temerario.

Espot oficial de Emmanuel Macron.

Una clave de su éxito es haber adoptado una actitud antiestablishment, lo que algunos han definido como un populismo liberal. Joven, con poca experiencia política, exbanquero: en apariencia son debilidades. Podrían convertirse en ventajas si los franceses ven, en un recién llegado, no un novato sino una esperanza de renovación, y en un banquero no un oligarca sino una garantía de autonomía financiera y profesional y de competencia económica.

Si Le Pen ganase, “sería el final, de facto, de la Unión Europea”, avisa Jeremy Shapiro del laboratorio de ideas Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. Pero si gana Macron, continúa, significará que el liberalismo entendido en el sentido amplio, no solo económico, sino como progresismo social, no está muerto, que “el problema no era el liberalismo en sí sino como había quedado atado a las viejas élites y figuras del establishment”.

Significará, también, que el relato del Brexit y de Donald Trump en EE UU, el de la rabia populista que hace temblar a los gobiernos occidentales, tiene sus límites. No hay un solo hilo: la realidad —y los sistemas políticos— son más sinuosos. Trump ganó siendo su rival demócrata, Hillary Clinton, la más votada; Le Pen puede perder tras ser la más votada en la primera vuelta.

“Que Francia elija a un presidente que no tiene ni 40 años, que es proeuropeo, que está abierto al mundo, teniendo en cuenta la imagen que puede haber del país y a la inquietud que existe sobre Marine Le Pen, sería una señal extraordinaria”, dice Finchelstein. “Pero aún no hemos llegado a este punto”.

ANTIGLOBALIZACIÓN O ‘ANTIESTABLISHMENT’

“Emmanuel Macron será una prueba sobre si lo que está ocurriendo es antiglobalización o antiestablishment”, dice Jeremy Shapiro, investigador en el laboratorio de ideas Consejo Europeo de Relaciones Exteriores y alto funcionario en el Departamento de Estado durante la Administración Obama. “Macron es un rostro nuevo, y en la política francesa los rostros nuevos son bastante raros. Y contrasta con Marine Le Pen: ella y su padre han sido una presencia en la política desde hace décadas. Ella es antiglobalización pero él, en cierto modo, es antiestablishment”.


TRES LECTURAS PARA COMPRENDER EL FRENTE NACIONAL Y EL LEPENISMO

marzo 12, 2017

Marine Le Pen con el lema y símbolo de su campaña presidencial.

LA BIBLIOGRAFÍA DISPONIBLE SOBRE EL LEPENISMO Y LA ULTRADERECHA FRANCESA ES MÁS QUE ABUNDANTE. En este blog ya apuntamos en 2012 una primera sugerencia bibliográfica sobre el Front National marinista. A continuación sugerimos al lector otros tres títulos para aproximarse a este espectro ideológico cuando Francia se halla a las puertas de las elecciones presidenciales.

Joël Gombin, Le Front National. Va-t-elle diviser la France? 

La obra constituye una síntesis histórica sobre el FN lepenista interesante, sólidamente documentada y bien escrita.

El ensayo muestra la evolución de este partido desde sus orígenes en 1972 hasta el presente. Publicado en octubre de 2016, ofrece una panorámica muy actualizada del partido, que permite comprender cómo el marinismo se ha convertido en una importante oferta electoral. Muestra sus tensiones internas, fortalezas y debilidades. Lo hace con una prosa ágil y mínimas referencias bibliográficas para facilitar la lectura. Debe destacarse que el autor es un politólogo que realiza estudios de sociología electoral y el lepenismo ha sido uno de sus temas de investigación.

Todo lo expuesto la convierte en una síntesis idónea para obtener una panorámica histórica actualizada de esta formación.

Valérie Igounet, Les français d’abord: slogans et viralité du discours Front National (1972-2017)

A diferencia de la aproximación anterior al FN, Igounet ofrece aquí un muy sugerente estudio de la historia de este partido a partir de su propaganda: una selección de lemas, temas y carteles de la formación que permiten comprender su evolución. El reciente ensayo (se publicó en enero), bien ilustrado, ágil y breve, es una aportación interesante para comprender el éxito del lepenismo y la evolución de su ideario a través del tiempo: valora sus innovaciones y, a la vez, señala aparentes novedades propagandísticas que reciclan viejas temáticas del partido. Es especialmente interesante su análisis de cómo la fraseología e ideas-fuerza del FN han sido asumidas por otras fuerzas de derecha.

Como en el caso anterior, la autora es una historiadora solvente y buena conocedora de este espectro político, pues destacó por su estudio sobre el negacionismo del genocidio judío en Francia y es autora también de una historia del FN lepenista.

Dominique Albertini y David Doucet, La Fachosphère. Comment l’extrême droite remporte la bataille du net.

Extenso reportaje periodístico sobre la relevante presencia de la extrema derecha francesa en Internet.

Los autores, ambos periodistas, han realizado un extenso trabajo de documentación que traza la historia de los sitios web más significativos e incluye entrevistas con la mayoría de sus administradores. Como ya hemos señalado en un artículo sobre la extrema derecha e Internet, Albertini y Doucet examinan –entre otros temas– la plasmación del lepenismo (el Frente Nacional fue el primer partido francés en disponer de web y Marine Le Pen supera hoy el millón de seguidores en Facebook) o  los vídeos virales de Dieudonné M’Bala, un cómico denunciado por antisemitismo, algunos de ellos con más de tres millones de visionados y cuya popularidad habría inquietado a François Hollande.


ENTREVISTA A JOSEP PICH: “LA REVOLUCIÓN DE JULIO DE 1909 EN BARCELONA FUE EL PRIMER GRAN AVISO DE LA GUERRA CIVIL”

febrero 25, 2017

pichJOSEP PICH MITJANA es profesor de Historia Contemporánea en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y miembro del Grup de Recerca en Estats Nacions i Sobiranies [GRENS]. Su tesis doctoral analizó la figura de Valentí Almirall y la génesis del catalanismo político. Ha ganado ex aequo el premio Joan Givanel i Mas del Institut d’Estudis Catalans (2001) y el XXI premio Ferran Soldevila (2004).

Ha participado en diversas obras colectivas y monografías, como El Centre Català (2002);   Almirall i el Diari Català (2003); Federalisme i catalanisme: Valentí Almirall i Llozer (1841-1904) (2004); Valentí Almirall i el federalisme intransigent (2006) y Francesc Pi y Margall y la crisis de Melilla de 1893-1894 (2008).   Asismimo es autor de tres e-books:  Les dues guerres mundials i el període d’entreguerres (1914-1945)La Setmana Tràgica 1909: Sagnant, roja, negra o gloriosa y La Guerra Freda i el món contemporani (1945-1989). Sus líneas de investigación son el federalismo, el catalanismo y el imperialismo español.

El motivo de esta entrevista es su interesante trabajo “La revolución de Julio de 1909”, publicado en la revista Hispania, Vol. LXXV, 249 (enero-abril 2015), accesible en PDF aquí. En este estudio ofrece una lectura muy diferente de la “Semana Trágica” de 1909 en Barcelona: no se trató de una revuelta anticlerical y antimilitarista sino de un estallido revolucionario mucho más importante que el de 1917 y que -por su magnitud- anticipó el conflicto que vislumbró la Guerra Civil. Por esta razón le hemos entrevistado y le agradecemos su amabilidad al responder a nuestras cuestiones.

*****

barricada-semana-tragicaLevantamiento de una barricada en Barcelona durante la “Semana Trágica” de 1909.

Usted considera que la “Semana trágica” de Barcelona de 1909 ofrece una interpretación muy distinta a la de una simple revuelta anticlerical. ¿Por qué?

Porque el impacto de los sucesos que afectaron a buena parte de Cataluña, entre el 26 de julio y el 1 de agosto de 1909, fue de tal magnitud que gran parte de la población que los vivió dividía su vida en el antes y el después de la “semana trágica”. Sin embargo, no todo el mundo recordaba aquellos hechos como una tragedia, negra, penosa o bárbara, ya que para los liberales y las diferentes tendencias republicanas y obreristas era una semana roja, es decir, revolucionaria, así como gloriosa, porque consideraban que era digna de alabanza.

Algunos, como los redactores del semanario humorístico Papitu, afirmaban que fueron unos días alegres, ya que ante la imposibilidad de salir de casa, especialmente en la ciudad de Barcelona, se habría incrementado la natalidad. Autores vinculados a opciones ideológicas muy dispares, como el anarquista Leopoldo Bonafulla -seudónimo que ocultaba a Joan Baptista Esteve-, el socialista Josep Comaposada, el periodista de tendencia liberal José Brissa, el reaccionario, antiguo rector de la Universidad de Oñate, Modesto H. Villaescusa calificaban aquellos acontecimientos de revolucionarios.

st-1

Que los conozcamos mayoritariamente como “semana trágica”, posiblemente, se debe al estudio de Josep Benet sobre el poeta Joan Maragall de 1963 titulado Maragall i la Setmana Tràgica, y la magnífica investigación de la profesora norteamericana Joan Connelly Ullman, The Tragic Week: a study of Anti-Clericalism in Spain de 1968. De hecho, la última semana de julio de 1909 es un referente de la historia política española del siglo XX, en el que se entrecruzan política colonial y movimiento antiimperialista, la pugna entre clericales y anticlericales, el fracaso del proyecto del líder conservador y presidente Antonio Maura de regenerar el sistema político de la Restauración, y el intento de revolución republicana más relevante, hasta la proclamación de la segunda República el 14 de abril de 1931; una revolución republicana que, en cierta manera, se ha visto minusvalorada por la historiografía.

¿Por qué la revolución quedó confinada a Barcelona?

El inicio del conflicto sorprendió al Gobierno, ya que el presidente, Maura, se encontraba de vacaciones, mientras que el ministro de gobernación, figura equivalente al actual ministerio del interior, Juan de la Cierva ejercía la jefatura del gobierno en funciones. Éste temía que la huelga general revolucionaria que afectaba a gran parte de Cataluña se expandiese al resto de España. Por tanto, explica en sus memorias que dejó que circulase el rumor de que se trataba de un movimiento separatista.

El bulo era totalmente infundado, tal como muestra el hecho que, el jueves 29 de julio, cuando un grupo de insurrectos, mayoritariamente libertarios, asaltaron en Barcelona el local del batallón de la libertad se apoderaron de una gran bandera española que pasearon por la ciudad. Sin embargo, la mayor parte de los españoles del período se lo creyeron por el apabullante éxito de la candidatura de Solidaritat Catalana, en las elecciones de 1907. Ésta era una plataforma electoral que unió desde republicanos federales a carlistas con el objetivo de derogar la ley de jurisdicciones, y aprobar un cierto autogobierno para Cataluña; unas reivindicaciones que eran presentadas como separatistas por los partidarios del sistema políticamente centralista y culturalmente uniformador del período de la Restauración.

“Para evitar que la revolución se extendiera al resto de España el entonces presidente en funciones -Juan de la Cierva- dejó circular el rumor de que se trataba de un movimiento separatista”

La posibilidad de que se tratase de un movimiento secesionista conllevó el inició de un boicot en contra de los productos catalanes que no finalizó hasta que el jefe del Gobierno, Maura, explicó que eran los catalanes los principales afectados por los hechos revolucionarios. En 1909, paradójicamente, habría generado más patriotismo la posibilidad de abortar una presunta rebelión separatista catalana que el tradicional espíritu bélico que surgía cuando las tropas españolas se enfrentaban a los marroquíes, que en aquel período eran identificados genéricamente como moros.

st-2

Los dirigentes políticos rechazan la posibilidad de proclamar la República en 1909.

¿Qué papel tuvo el anticlericalismo en la revuelta?

Una de las aportaciones de mi investigación ha sido un intento de “cartografiar” la huelga y el movimiento revolucionario, con mapas de las poblaciones que apoyaron la huelga general, de las que actuaron los republicanos y de las afectadas por actos anticlericales. La huelga general abarcó a la mayor parte de Cataluña. En cambio, el movimiento republicano y el anticlerical fueron más limitados. El primero tuvo como epicentro la ciudad de Sabadell y algunas poblaciones gerundenses, mientras que el segundo se centró en la capital catalana.

st-4La huelga se transformó en algunas poblaciones catalanas en un movimiento anticlerical más interesado en la destrucción de edificios y de símbolos católicos que en el asesinato de los religiosos/as. En cambio, durante la Guerra Civil, atacaron tanto a los edificios y los símbolos, como a las personas.

Los principales líderes republicanos barceloneses se negaron a encabezarlo. Su negativa a liderar el movimiento revolucionario ha generado diversas interpretaciones. Los republicanos lerrouxistas eran el principal partido entre el proletariado barcelonés y Connelly Ullman defiende la tesis que sus principales dirigentes habrían optado por transformar la huelga general en una rebelión anticlerical, para evitar el inicio de una verdadera revolución que podía resultar muy peligrosa para sus intereses, si no triunfaba.

En cambio, Josep Benet, Joaquín Romero-Maura o Joan Baptista Culla sostienen que los organizadores de la huelga general buscaron el apoyo de los lerrouxistas, pero éstos, de la misma manera que hicieron los republicanos catalanistas, no quisieron asumir la responsabilidad de dirigir el movimiento revolucionario, con lo que la huelga general se transformó en un movimiento acéfalo y caótico, en el que estalló el movimiento anticlerical.

“La revolución de 1909 fue más relevante que la huelga general revolucionaria de 1917″

¿Hasta qué punto fue un movimiento espontáneo u organizado?

No puedo afirmar si fue espontáneo o planificado, pero sí que puso de manifiesto que los dirigentes obreristas no estaban preparados para dirigirlo. A partir de estos sucesos, los republicanos catalanistas y especialmente los lerrouxistas perdieron gran parte de su capacidad de influencia en el obrerismo catalán. De hecho, tanto los coetáneos como la historiografía actual no se han puesto de acuerdo en si se trató de un movimiento espontáneo u organizado.

Posiblemente, porqué existió una organización para iniciar la huelga general, con un Comité integrado por Antonio Fabra Ribas de la Federación Socialista catalana del PSOE, por Miguel Villalobos Moreno, que en realidad se llamaba Miguel Sánchez González, y era el representante de Solidaridad Obrera, mientras que el tercero no sabemos si era Francisco Miranda o José Rodríguez Romero, pero uno de los dos sería el designado por los anarquistas para formar parte del Comité.

francesc_ferrer_guardia_detingut

Francisco Ferrer i Guardia detenido.

Miranda, Rodríguez Romero y Miguel Villalobos Moreno estaban muy vinculados a Francisco Ferrer y Guardia. No obstante, de lo que no hay duda es que cuando la huelga general en contra de la guerra se transformó en un movimiento revolucionario le faltó dirección.

st-3

¿Fue más importante este episodio que la huelga de 1917? ¿Por qué?

Es discutible, pero pienso que la revolución de 1909 fue más relevante que la huelga general revolucionaria de 1917. Ésta tuvo un impacto más amplio que la de 1909, ya que afectó a Madrid, Barcelona, Sabadell, Bilbao, Villena, Sax, Yecla, Riotinto, Nerva, Zaragoza, Asturias, entre otros territorios. Sin embargo, no hubo movimiento anticlerical, y tampoco proclamaciones republicanas. De hecho, el oficial de la Guardia Civil Modesto de Lara Molina que vivió ambos sucesos aseguraba que: «1909 fue más anárquico, más vergonzoso, más sangriento».

huelga-1917

Además, el contexto internacional de 1909 era muy distinto al de 1917. En 1910, la revolución republicana portuguesa triunfó con un movimiento revolucionario relativamente parecido al iniciado en Barcelona en julio de 1909, aunque menos sangriento. En cambio, en 1917, en plena Gran Guerra, los gobiernos de la Entente, y especialmente el francés, no eran partidarios de desestabilizar a la monarquía española.

Asimismo, más allá del interés común, tanto en el gobierno de París como en el de Madrid, de mantener pacificados y bajo control los correspondientes protectorados marroquíes. Por tanto, las autoridades españolas sabían que no habría protestas internacionales por la represión contra los huelguistas.

¿La podemos considerar el preludio de la Guerra Civil?

La revolución de julio de 1909 fue el primer gran aviso de la guerra que se inició al cabo de veintisiete años.

El rastro de las destrucciones, es decir, las heridas físicas de la revolución desaparecieron rápidamente, ya que los edificios incendiados fueron reparados y/o reconstruidos, así como las vías del ferrocarril, las líneas telegráficas, los pavimentos arrancados y la iluminación pública destruida. Los detenidos acabaron por ser indultados y los cinco ejecutados cayeron en el olvido, excepto el pedagogo y dirigente revolucionario Ferrer y Guardia.

Las heridas gangrenadas fueron las doctrinales, ya que el movimiento anticlerical y revolucionario, así como su posterior represión impulsaron, tanto entre las izquierdas revolucionarias como en las derechas reaccionarias, discursos excluyentes, maniqueos y autocomplacientes que únicamente eran realizables con la eliminación de sus respectivos rivales.


AMPLIAMOS CONTENIDO EN NUESTRA PÁGINA DE ACADEMIA.EDU CON NUESTROS TRABAJOS GRATUITOS EN PDF

febrero 18, 2017

academia.edu

En los últimos meses hemos ampliado los contenidos de nuestra página en Academia.edu. Puede accederse a ella y descargar diversos trabajos nuestros en PDF sin coste alguno clicando aquí y seleccionando a continuación el documento -o documentos- de interés.


LA LEGISLACIÓN DEL “DISCURSO DEL ODIO” Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN: EL CASO DE DINAMARCA

febrero 4, 2017

islamophobia

La UE tiene problemas para dominar un poderoso can -la islamofobia- en nombre de la libertad de expresión (caricatura de www.correomadrid.com)

¿PENALIZAR EL “DISCURSO DEL ODIO” PUEDE COARTAR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN? Este interrogante plantea un debate nada fácil.

Por nuestra parte, en términos generales, consideramos que la persecución penal no es efectiva para combatir el vance de la ultraderecha. De hecho, hemos reflexionado ya en este blog sobre el efecto que tienen las diversas estrategias empleadas en tal sentido y nos hemos pronunciado por aquellas que pasan por la argumentación y la actuación sobre las causas directas del ascenso del extremismo, no por las de su persecución legal.

En este marco, consideramos de especial interés el reportaje publicado por Óscar Gutiérrez en El País titulado  “El precio del odio en Dinamarca” (30/I/2017). En él analiza el efecto del artículo 266b del Código Penal vigente en este país, que -según sus detractores- es de difícil encaje con la libertad de expresión e  impacto limitado en Internet.

baixaMerece destacarse que la editorial Gota a Gota, de la Fundación FAES, ya en el 2008 editó un ensayo de Karen Jespersen y Ralf Pittelkow que incidía en el debate público que el Islam genera en Dinamarca: Islamistas y buenistas. Escrito de acusación.

La controversia al respecto es relevante en la medida que actualmente -como señala Gutiérrez- la UE promueve que sus integrantes impulsen legislaciones para combatir el “discurso del odio”. Por esta razón, reproducimos a continuación el citado reportaje de El País (también puede accederse al original clicando aquí).

*****

El precio del odio en Dinamarca

La criminalización de expresiones racistas o xenófobas, nacida durante el auge del nazismo, divide aún hoy al país nórdico. La UE quiere ahora que todos sus miembros cuenten con leyes para penalizar este tipo de discurso, estandarte hoy de islamófobos e incontrolable en las redes sociales

Llamada oculta. Al otro lado del teléfono suena una voz muy grave, fuerte, de un hombre con un inglés de ligero acento escandinavo. “Soy Lars Hedegaard, creo que querías hablar conmigo”. Verse no es posible. Ni se encuentra en Copenhague ni puede dar su paradero al estar bajo protección policial. Hedegaard, historiador y periodista danés de 74 años, es un reconocido y duro crítico del islam. Le grabaron en su casa, sin previo aviso según defiende, diciendo cosas como que en las familias musulmanas, las niñas eran violadas por padres, tíos y sobrinos. Por esto fue multado en 2011 con unos 700 euros. Recurrió y un año después fue absuelto por el Supremo danés, pero su imagen quedó ya como la del gran condenado en Dinamarca por las leyes contra el discurso de odio. Y una cosa más: el 5 de febrero de 2013 sufrió un intento de asesinato en su domicilio por un individuo miembro hoy del Estado Islámico.

El artículo 266b

El artículo 266b del Código Penal danés dice lo siguiente: “Cualquier persona que públicamente o con intención de una amplia divulgación,  haga declaraciones o divulgue otras informaciones por las que un grupo de personas se vea amenazado, insultado o degradado a propósito de su raza, color, origen étnico o nacional, religión o inclinación sexual se expondrá a una multa o cárcel por un periodo no superior a dos años”.

Hedegaard, según él mismo dice, no cambiaría nada de esa u otras críticas que ha hecho de la religión que practican alrededor de un 4% de los daneses. Ahí va otra: “El islam”, señala al teléfono, “no es una religión sino una ideología totalitaria”. El tipo que trató de matarle a punta de pistola en la puerta de su casa, tras hacerse pasar por un cartero, se llama Basil Hassan y según la investigación, no actuó solo. Logró huir y acabar entre Siria e Irak vía Turquía. El Departamento de Estado norteamericano le ha vinculado al aparato yihadista de operaciones externas.

Intento de asesinato al margen, lo que fastidia a Hedegaard es que un juez le pueda condenar por decir lo que dice atendiendo al ya viejo artículo 266b del Código Penal danés. Muchos lo llaman el “párrafo”, porque es famoso y lo conoce todo el mundo. Este penaliza con multa o cárcel de hasta dos años las expresiones que públicamente amenacen, ridiculicen o degraden a un grupo por su raza, etnia, color de piel, sexo o religión. Llegó al Código Penal danés en 1939 para evitar las vejaciones verbales contra los judíos. Hoy se aplica, sobre todo, en casos que salpican a musulmanes. Y es polémico porque, según sus críticos, casa mal con la libre expresión, cuya plataforma hoy más manoseada, visceral e ingobernable es la Red. Ahí, el 266b no puede más que matar moscas a cañonazos.

lars

El periodista danés Lars Hedegaard, en una foto tomada en febrero de 2010 (imagen de Henning Bagger/AFP, publicada por El País).
Pese ello, el Parlamento Europeo trabaja ahora para reforzar en su revisión de la directiva de medios audiovisuales la prohibición por ley del denominado discurso de odio. Dinamarca es el paradigma. El texto de la directiva europea, aún por cerrar, sería más concreto: la incitación pública a la violencia o el odio contra un grupo debe ser penalizada.

“El Islam no es un religión sino una ideología totalitaria”

Lars Hedegaard, periodista danés

Dinamarca es el país de la felicidad. Del Estado del bienestar, del pleno empleo, de la economía fuerte y del hygge, esa suerte de gusto por las pequeñas cosas, ya sea beberse unas cervezas con los amigos viendo el querido balonmano patrio o tomarse un chocolate con la familia, en casa y con una lamparita en la ventana. Es la vida, lo demás son complementos para un país pequeño (seis millones de habitantes) y rico. Pero Dinamarca es también mucho diálogo. Los gobiernos son de consenso, no hay mayorías -el actual Ejecutivo conservador de Lars Lokke Rasmussen está formado por tres partidos- y el debate es una tradición. Que cada uno suelte lo que quiera.

Una ley contra los imanes radicales

Cuando uno pregunta en Dinamarca sobre discursos radicales, el nombre de Abu Bilal Ismail sale con frecuencia. Una cámara oculta de la cadena danesa TV2 le filmó en febrero del pasado año durante un sermón en la mezquita Grimhoj, en la localidad de Aarhus. Entre otras cosas abogaba por lapidar a las mujeres adulteras. Dos años antes, Ismail había sido cazado por otra grabación pidiendo la destrucción de los judíos. Este tipo de discursos han llevado recientemente al Parlamento danés a aprobar una nueva ley (Ley 18) que prevé multas o penas de hasta tres años para aquellas “autoridades religiosas” -no menciona confesión alguna, aunque la norma ha sido pensada para frenar el discurso salafista violento- que defiendan la comisión de actos violentos.

El Parlamento danés, el Folketing, en la capital, Copenhague, es un buen sitio para verlo. Kenneth Kristensen Berth es diputado del Partido Popular Danés [Dansk Folkeparti, DF], la segunda fuerza en escaños (37) en la Cámara. Un juez tiró del artículo 266b en 2003 para condenarlo por racismo a 14 días de prisión, que no tuvo que cumplir. Su delito: difundió un póster en el que alertaba contra una sociedad multiétnica. El cartel, y aquí es donde recae la pena, mostraba a dos individuos cubiertos de sangre con un Corán en la mano.

poster

Cartel del Partido Popular Danés que generó una condena de racismo.

Lo que Kristensen quiso decir, según relata ahora, es que ese tipo de sociedades llevan a “más criminalidad”. Mantiene que así ha sido a la postre y añade otro caso que sacudió a su partido: “Uno de nuestros parlamentarios, Jesper Langballe, ya fallecido, dijo en un debate que era un problema que padres musulmanes violaran e incluso mataran a sus hijas. Fue llevado al tribunal y condenado, a pesar incluso de que es un hecho que entre los musulmanes existen crímenes de honor”. La idea se repite: ¿por qué condenar una expresión por fuerte que sea si hay “hechos” que la avalan? Otra cosa es comprobar esos “hechos”.

Sobra decir que tanto Kristensen como el veterano Hedegaard quieren abolir el 266b.

1485352139_460345_1485519283_sumario_normal_recorte1
Mujeres musulmanas tocadas con velo pasean por el centro de Copenhague, en octubre de 2011 (imagen de Francis Dean Getty, publicada por El País).
Los daneses están acostumbrados a la inmigración (un 10% de la población es de origen inmigrante), también a la que profesa el islam. Pero la sensación entre los ciudadanos es que la llegada de nuevos inmigrantes o refugiados se ha instalado en la clase política y en los medios como una amenaza para el país. Y de ahí a discursos degradantes hay un paso. Siguiendo la calle Stroget, una de las peatonales más largas de Europa, muy cerca del Folketing, hasta la plaza del Ayuntamiento, se eleva un bloque lleno de cabeceras de diarios daneses. La seguridad en las entradas a las redacciones es elevada, 11 años después de la ola de protestas y amenazas por las caricaturas de Mahoma publicadas en uno de esos diarios, el Jyllands Posten.

¿La ley contra el discurso de odio limita a los reporteros? “No, el mayor problema es la autocensura”, contesta Marcus Rubin, editor del respetado diario Politiken, “sobre todo a la hora de decir lo que uno quiera sobre islam, musulmanes o terrorismo, no por temor a que la policía venga y te arreste sino por temor a los terroristas”. El famoso artículo 266b no coarta a la prensa, como tampoco obsesiona a los ciudadanos. Como apunta la columnista y editora de Radio24syv Sofie Allarp, acostumbrada a los comentarios de radicales, sobre todo en la Red, la condena del discurso de odio es parte de la cultura y tradición danesas. Pero alerta del escenario retórico actual: “El mensaje de que la inmigración es solo un problema y no una solución para el futuro es demasiado fuerte”.

“El mayor problema es la autocensura, sobre todo a la hora de decir lo que uno quiera sobre islam, musulmanes o terrorismo”

Marcus Rubin, editor de Politiken

El 266b del Código Penal danés ha caído sobre un grupo variopinto de daneses. A los Hedegaard y Kristensen se podrían añadir el poeta superventas palestino-danés Yahyah Hassan, la artista danesa-iraní Firoozeh Bazrafkan, el imán de origen sirio Mohammed al Jaled Samha… O el joven, no identificado, condenado hace tres años a pagar 280 euros por comparar islam y nazismo en un comentario de un post de Facebook sobre la organización salafista Hizb ut Tahrir. Rebuscado, pero pasó. Hubo más sentencias en el pasado, pero si tomamos esta última, por ejemplo, y la de Kristensen han transcurrido más de una docena de años y las multas o penas no frenan ciertos discursos por mucha tradición que haya.

En la orilla oriental, no muy lejos de la sirenita, icono de Copenhague, en uno de esos edificios inteligentes, trabaja una de las voces más críticas contra el artículo 266b. El abogado Jacob Mchangama es director del think tank jurídico Justitia. Su oposición a criminalizar el discurso de odio es clara. Pero más interesante es su alternativa a la pena: “El contradiscurso, por supuesto”, dice. “Si estás en contra de limitar la libertad de expresión, como yo lo estoy, tienes una obligación moral de pronunciarte en contra del discurso de odio”. Es de los que cree que si penalizas, ganan los radicales y se engorda el mensaje. Pone un ejemplo: “La radicalización es un problema en la comunidad musulmana de Dinamarca, pero no en la hindú o budista; es un hecho y tenemos que poder hablar de ello para resolverlo”.

“Hay cosas que no puedes decir en cualquier sociedad porque son ilegales”

Rune Lund, diputado de la Alianza Roji-Verde

Si bien son muchos en Dinamarca los que aceptan la existencia del 266b, a los que no lo hacen se les oye más. De vuelta al Folketing, el diputado sirio-danés Naser Khader comparte la visión de Mchangama. Como este último, Khader, nacido en Damasco hace 53 años, cree que el debate abierto funciona mejor que el castigo. Y para muestra el botón de la vecina Suecia, con altos índices de violencia de ultraderecha que, según coinciden ambos, tiene mucho que ver con que hablan muy poco de inmigración. Khader, miembro del Partido Conservador, ha sufrido también la presión de los que condenan su visión del islam, pero él mantiene su postura. Y no es habitual: “Forma parte de la cultura danesa burlarse de las religiones, los dioses, los profetas sin ninguna discriminación, ya sea Jesús, Moisés, ¿por qué no Mahoma? ¿Por qué tienen los musulmanes que forzar los tabúes? Si no te gustan unas caricaturas no compres el periódico”.

El rechazo a la criminalización del discurso de odio no cuaja, sin embargo, ni en la calle ni en el Folketing, donde partidos como el Venstre, liberal y a las riendas de la jefatura de Gobierno, o la opositora Alianza Roji-Verde, conviven bien con el artículo. “Funciona como última estancia contra el racismo y el discurso de odio”, señala Rune Lund, portavoz de la alianza de centroizquierda. ¿Y la libre expresión? “Hay limitaciones, por supuesto”, continúa el diputado danés, “pero hay cosas que no puedes decir en cualquier sociedad porque son ilegales”.


LA MASACRE DE ATOCHA: LOS INTERROGANTES ABIERTOS*

enero 28, 2017

Breve reportaje sobre los hechos de Atocha.

LA NOCHE DEL 24 DE ENERO DE 1977 SE PRODUJO EN MADRID LA MASACRE DE LOS ABOGADOS comunistas del gabinete laboralista del número 55 de la calle Atocha, obra de un comando ultraderechista. La tragedia se enmarcó en una huelga de transporte convocada el día 17, liderada por Joaquín Navarro (de CC.OO.) y asesorado por el bufete mencionado. El conflicto le enfrentó al sindicato oficial franquista todavía vigente, hecho que aparentemente desencadenó el crimen. Pero 40 años después, varios aspectos del episodio permanecen en la oscuridad, como exponemos a continuación.

“Esferas de poder” ocultas y espiral criminal

Todo empezó a las 22.30 horas del día 24, cuando irrumpió en al bufete citado el terceto formado por José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada. El último  custodió la puerta y sus compañeros reunieron a los presentes al salón. Allí les encañonaron y les preguntaron sin éxito por Navarro (quien había marchado poco antes). Entonces les dispararon y huyeron dejando tres cadáveres -Enrique Valdevira, Luis Javier Benavides y Ángel Rodríguez- y seis heridos: Alejandro Ruiz-Huerta, Miguel Sarabia, Dolores González, Luis Ramos, Francisco Javier Sauquillo y Serafín Holgado (los dos últimos fallecieron el día siguiente).

Su entierro movilizó 200.000 personas en silencio en las calles de Madrid y, según el ministro Rodolfo Martín Villa, la demostración de dolor inclinó al gobierno a legalizar el Partido Comunista [PCE] el 9 de abril. Así, el atentado anticomunista paradójicamente facilitó la inserción de los comunistas a la nueva democracia.

atocha

Las investigaciones del crimen acreditaron vínculos de los verdugos con el secretario del Sindicato Provincial de Transportas, Francisco Albadalejo, quien manifestó que sólo quería dar “una lección” a Navarro. Fueron considerados cómplices Gloria Herguedas (compañera de Fernández) y el exlegionario Leocadio Jiménez.

El juicio se celebró en febrero de 1980 y la sentencia concluyó que los aludidos formaban un grupo autónomo con “abundantes armas”. Condenó a Albadalejo a 73 años como inductor; a 193 años a Fernández y García por los asesinatos; a Jiménez a más de 4 por tenencia de armas; Herguedas fue absuelta y Lerdo huyó en un permiso penitenciario. No osbtante, la Audiencia Nacional señaló que podía haber culpables sin juzgar y “grupos y esferas de poder” podían estar detrás el episodio.

El abogado de las víctimas, José Mª Mohedano, hizo esta reflexión: “todavía no he podido responderme […] a la pregunta de por qué les eligieron como víctimas. […] Pero sigo pensando que […] estas cosas no sucedieron al azar”, dadas las provocaciones que aquella semana se sucedieron “con una coincidencia tan concatenada”. Y es que Atocha fue el clímax de una espiral violenta iniciada el diciembre con epicentro en Madrid.

La “semana trágica” de 1977

El día 11 de aquel mes un comando del grupo maoísta GRAPO secuestró al presidente del Consejo de Estado, Antonio Mª de Oriol, y a cambio de su vida pidió liberar varios presos políticos. El gobierno no cedió y el GRAPO no mató a Oriol, pero le retuvo. La situación se complicó en la última semana de enero: el día 23 un ultraderechista mató de un disparo al estudiante Arturo Ruiz en una manifestación por la amnistía.

El día siguiente el GRAPO secuestró al teniente general Emilio Villaescusa, presidente del Consejo de Justicia Militar, que devino su segundo rehén. La misma jornada falleció la estudiante María Luz Nájera por el impacto a la cabeza de un bote de humo en una manifestación en protesta por la muerte de Ruíz y por la noche se produjo el crimen de Atocha. Esta tensión acabó el 11 de febrero, al ser liberados Oriol y Villaescusa. Pese a que sólo se puede trazar conjeturas, parece plausible pensar que existió algún vínculo entre los acontecimientos descritos por varias razones.

Cabos sin atar

Así, si bien el episodio criminalizó al conjunto de la ultradreta, desde este espectro se denunció una manipulación. Por ejemplo, Blas Piñar, líder de Fuerza Nueva, hacéis este apunte: “Si hay una cosa clara en la ‘matanza de Atocha’ son las personas que actuaron y las armas empleadas. Lo oculto está en otro aspecto: en los inductores y en los verdaderos móviles”. La afirmación, a pesar de ser exculpatoria, no se puede descartar al haber indicios de que el crimen podría no haber sido un acto aislado y espontáneo como pareció.

portada

Nuestro último estudio dedica tres capítulos a la “semana trágica” de enero de 1977.

En este aspecto, la noche de la matanza el despacho de Atocha no fue el único asaltado. La UGT afirmó que se quiso forzar un local suyo a las 22 horas y circularon otras informaciones parecidas en círculos feministas y laboralistas. También hubo incidentes: explotó un artefacto en la calle López de Hoyos y grupos ultraderechistas que recorrían calles obligaron a cantar el “Cara al sol” a clientes de establecimientos. El ambiente, según la periodista Victoria Ruego, fue “de una violencia y de una excitación aterradoras”.

Igualmente, según el sumario, uno de los asesinos, Fernández, llamó desde Almería poco antes de ser detenido a Muebles Laorga (o La Orga), un ente aparentemente comercial ubicado en un inmueble de Defensa que desapareció los meses posteriores al crimen. Además, en el juicio afloraron pasarelas entre ámbitos ultraderechistas y cuerpos de seguridad: algunos detenidos manifestaron tener “estrecha amistad” con los inspectores Antonio González Gay y Antonio González Pacheco (Billy el Niño), aunque luego se  desdijeron.

Llegados aquí, puede plantearse que la matanza tal vez pudo tener hitos ocultos desconocidos, que podrían ir desde crear un clima proclive a un golpe de estado o bien evitarlo al contrarrestar el efecto de los secuestros del GRAPO con violencia ultraderechista. Si bien estas conjeturas son indemostrables, José Miguel Ortí Bordás (entonces subsecretario de Gobernación) ha hecho esta valoración: “el indudable y poderoso impacto político” de Atocha “contrarrestó a efectos de opinión pública […] los secuestros de Oriol y de Villaescusa […]. Tampoco parece descabellado poder afirmar que este fenómeno permitió una especie de neutralización entre ambas actuaciones delictivas”.

En cualquier caso, hoy es difícil no coincidir con esta valoración de Ruiz-Huerta, superviviente de la masacre: “‘El caso Atocha’ se cerró. ¿Se cerró?: no sé. Tantas cosas quedan que será muy difícil que podamos cerrarlo entre todos”.

___

* Artículo publicado originalmente en catalán conel título “La massacre d’Atocha: els interrogants oberts”, en el diario catalán Ara (22/I/2017).

 


EL ESCRITOR JAVIER CERCAS RECOMIENDA NUESTRO LIBRO “LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA. EL VOTO IGNORADO DE LAS ARMAS”

enero 21, 2017

portada

EL ESCRITOR JAVIER CERCAS RECOMIENDA EN EL PAÍS SEMANAL (15/I/2017) nuestro reciente estudio La transición española. El voto ignorado de las armas. Lo hace en un artículo crítico con los posicionamientos políticos partidistas vigentes sobre la democratización española, tanto de aquellos que sostienen los detractores de aquel proceso político, como los de sus apologetas.

Reproducimos el texto a continuación por considerarlo de interés para nuestros lectores y lectoras. Puede accederse al artículo original clicando aquí.

***

El combate del siglo

En una esquina, los Grandes Odiadores de la Transición; en otra, los Grandes Apologetas de la Transición. Y en medio, los historiadores serios.

Hay gente que hace un uso personal de la Transición. O más bien un abuso. Los abusones se dividen en dos tipos: los Grandes Odiadores de la Transición (GOT) y los Grandes Apologetas de la Transición (GAT). En una esquina del ring están los primeros, que de un tiempo a esta parte arman bastante ruido. No son sólo jóvenes en teoría izquierdistas que no vivieron la Transición, sino también viejos en teoría izquierdistas que vivieron la Transición como jóvenes y creen que podrán seguir siendo jóvenes y de izquierdas gracias a su pertenencia a los GOT. Unos y otros sostienen que la Transición fue un tongo, una sucia treta urdida con el fin de que el franquismo pareciera cambiar cuando nada cambiaba (y aquí citan siempre, mal, a Lampedusa), de modo que la democracia española no es más que una democracia fraudulenta o una versión maquillada del franquismo, la culpa de todos nuestros males públicos la tiene la Transición y nosotros no somos responsables de ninguno, aunque no escasean los GOT con un elevado concepto de sí mismos que también le echan la culpa a la Transición de sus males privados, de la injusticia clamorosa de que este país no haya reconocido sus méritos excepcionales. Los GOT, en fin, son bastante inofensivos, algunos incluso entrañables; en cuanto a sus argumentos, no precisan refutación, de hecho ni siquiera son argumentos, sino desahogos de frustraciones personales o palancas de ambiciones políticas, y a menudo delatan un conocimiento de la Transición comparable al que un servidor posee de la cría de la oveja merina australiana.

En la otra esquina del ring están los GAT. Son más escasos que los anteriores, pero mucho más poderosos. Todos son suficientemente viejos para haber vivido la Transición en primer plano, o en un segundo o tercer o cuarto plano lo bastante próximo al primero para permitirles fingir que fue el primero y afirmar que nadie conoce la Transición como ellos, lo que viene a ser más o menos igual que si Fabrizio del Dongo, el protagonista de La Cartuja de Parma, afirmara que nadie conoce Waterloo como él, que vivió la batalla, pero no entendió una palabra de lo que ocurría a su alrededor. La razón de la existencia de los GAT es obvia: como sabe cualquiera un poco leído y en sus cabales, la Transición salió razonablemente bien, así que tiene mil padres. Los GAT sostienen en lo esencial que aquél fue un periodo histórico ejemplar en el que, guiados por la grandeza de miras de una clase dirigente ejemplar, los españoles crearon una democracia ejemplar y bla, bla, bla. En suma: otro timo. Pero es que, en cuanto te descuidas, los GAT te aseguran que le dictaban los discursos al Rey, le daban collejas al badulaque de Suárez y frenaban los ímpetus preseniles de Carrillo. Y, como algunos obtienen réditos notables de defender la Transición, venga a cuento o no la defienden, si es menester inventándole enemigos temibles, lo que explica que cualquier nadería de la inefable Pilar Urbano provoque respuestas tan estridentes como superfluas de notorios GAT. Aunque, claro, también entre ellos hay personas sinceras y bienintencionadas. Pero la mayoría de los GAT parecen convencidos de que les ha ido tan bien por sus propios méritos y no porque nunca se hayan beneficiado de las insuficiencias de la democracia que alumbró la Transición.

Y en esas estamos. ¿Hay alguien en medio del combate entre GOT y GAT? ¿Hay árbitro en el ring? Sí: los historiadores. Hablo de los historiadores serios, claro está. No es que ellos tengan la verdad (la verdad sólo la tiene Dios, que no existe), pero son los que con más ahínco la buscan. El último que he leído es Xavier Casals, autor de La transición española, un grueso volumen donde discute el papel de la violencia en aquellos años, según él mucho más relevante de lo que se suele decir porque contribuyó de manera involuntaria a estabilizar la democracia que pretendía desestabilizar. No es un libro inobjetable –si lo fuera, no sería bueno–, pero sí el tipo de libro capaz de coger de la oreja a los GOT y los GAT y mandarlos a sus respectivas esquinas del ring. Y desde allí a su casa, de donde nunca debieron salir.