VOX, EL GRAN BENEFICIARIO DEL PACTO DE GOBIERNO ANDALUZ*

enero 23, 2019

PP y Vox cierran un acuerdo para la investidura de Juanma Moreno en Andalucía. (EFE)

 

¿QUÉ VALORACIÓN PUEDE HACERSE DEL PACTO DE GOBIERNO DE VOX Y EL PP EN ANDALUCÍA? Tres consideraciones permiten afirmar que el partido ultraderechista resulta el más beneficiado de la operación.

1. El futuro gobierno anuncia tensiones en breve

El nuevo ejecutivo bipartito andaluz no habrá superado las tensiones precedentes entre PP, C’s y Vox. Lejos de amainar, estas probablemente aumentarán por dos razones.

Por una parte, porque este gobierno será un artefacto extraño que presagia inestabilidad, pues el PP ha firmado un acuerdo con Vox que C’s no reconoce. Pero los 12 escaños voxiteros pueden precipitar la caída del ejecutivo en cualquier momento si el PP no cumple los compromisos adquiridos. Como el futuro bipartito quiere fiscalizar los ejecutivos socialistas precedentes (con auditorías incluidas) no se vislumbra cómo podrá alcanzar acuerdos con el PSOE para evitar la espada de Damocles que supone el apoyo decisivo de Vox. El ejecutivo iniciará así su andadura desde la fragilidad.

Por otra parte, los comicios autonómicos, locales y europeos se hallan a la vuelta de la esquina: el 26 de mayo (a los que pueden añadirse otros legislativos y catalanes). Por tanto, la lógica partidista imperará desde el “minuto cero” y PP, C’s y Vox intentarán singularizar su perfil tras su tensa aproximación. Ello puede desembocar en un gobierno PP-C’s que conozca un desgaste temprano por desavenencias y filtraciones, sumadas a las críticas e impugnaciones de Vox, un paradójico “aliado-enemigo”.

2. PP y C’s salen con desventaja de la negociación de gobierno

El PP necesita urgentemente marcar distancias de su incómodo avalador, Vox. Ello no es fácil, en la medida que Pablo Casado ha modulado su discurso para atraer el potencial electorado del partido ultraderechista, “normalizando” y dando respetabilidad a su competidor más directo en las urnas (en Andalucía habría captado hasta el 35% del electorado popular).

Por su parte, C’s, como el PP, evitó durante la campaña identificar a Vox con la extrema derecha y luego ha adoptado una actitud errática, pasando de contemplarla como un futuro socio de gobierno a marcar distancias con ella. Pese a sus esfuerzos en tal dirección, el pacto andaluz deja plomo en las alas del partido naranja, pues no le será fácil pretender estar en el centro, pactar eventualmente con el PSOE y, a la vez, integrar un gobierno andaluz cuyo presidente ha suscrito un acuerdo con Vox.

3. Vox es el ganador incontestable del primer round político

Así la cosas, el vencedor incontestable del proceso de negociación es Vox. Lo argumentamos en función de los factores siguientes.

En primer lugar, este partido ha sido capaz de hacer valer sus 12 escaños de forma decisiva para desalojar a los socialistas de la Junta de Andalucía. Ello le consolida y estimula su voto en futuros comicios al plasmar que puede ser una fuerza determinante.

En segundo lugar, su acto de fuerza que obligó al PP a negociar un acuerdo permitió dar a conocer su ideario gratuitamente a través de todos los medios de comunicación, a la vez que firmó un aparente pacto entre iguales con el PP, pese a la desigualdad en escaños (26 del PP por 12 de Vox).

En tercer lugar, el proceso de negociación ha puesto a Vox en el candelero y ha facilitado su crecimiento en militancia (sus 5.000 integrantes de enero ascenderían al acabar el año a casi 24.000), parejo a su expansión territorial. De este modo, afronta los comicios venideros con la campaña ya hecha: su marca, líderes y propuestas posiblemente quizás hoy son más conocidas que las del PP y C’s, mientras Santiago Abascal y Javier Ortega ya forman parte de la galaxia televisiva.

Por último, subrayamos que Vox esté en la situación política más cómoda: puede jugar a ser partido de gobierno (con su acuerdo con el PP) y de oposición, ya que puede seguir repartiendo mandobles a diestra (PP y C’s) y siniestra (PSOE y Podemos). Además, la puja entre PP y C’s por aplicar una suerte de “artículo 155 premium” en Cataluña difícilmente podrá competir en severidad ante el secesionismo catalán con la acusación popular que Vox ejerce del proceso independentista.

Ateniéndonos a lo hasta aquí expuesto este partido afronta el próximo ciclo electoral con todos los triunfos en el bolsillo y hasta podría experimentar un salto cualitativo en las urnas. Pero se impone máxima prudencia ante estas observaciones, ya que el único pronóstico que hoy puede efectuarse es que es imposible realizar un pronóstico. Los escenarios son volátiles y mutan de forma súbita, un detalle en absoluto menor en los tiempos de la “política líquida” zygmuntbaumaniana.

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* Artículo publicado originalmente como Xavier Casals, “Vox, el gran beneficiario del pacto de gobierno andaluz”, Agenda Pública (19/I/2019).


¿ES POSIBLE FRENAR EL ASCENSO DE VOX? ANALIZAMOS LAS DISTINTAS ESTRATEGIAS DE CONTENCIÓN DE LA EXTREMA DERECHA

enero 16, 2019

Imagen de un acto de Vox (imagen de www.republica.com).

 

ANTE EL CRECIMIENTO DE VOX se han planteado las posibles estrategias a adoptar ante el ascenso de la derecha populista, como ya ha sucedido en numerosos países europeos. Por esta razón, reeditamos un post ya publicado en este blog en marzo de 2014 y reproducido por El Periódico (27/III/2014).

La más conocida de las estrategias de contención -y que ahora se debate en España- es crear “cordones sanitarios” (que en Francia se denominaron también “alianzas republicanas”) para evitar que los representantes de la ultraderecha accedan a responsabilidades políticas o cargos institucionales relevantes. Es decir, unirse todos los partidos para impedir el avance frentista. ¿Hasta qué punto puede ser efectiva tal estrategia?

En realidad, estamos ante un debate recurrente. Ya en los años ochenta del siglo pasado el ascenso del FN hizo que en Francia se ensayaran distintas estrategias para frenar su crecimiento que luego se han adoptado en otros países ante el ascenso de la nueva ultraderecha. El politólogo y pensador Pierre-André Taguieff sistematizó en “Antilepénisme: les erreurs à ne plus commettre”, en D. Martin-Castelarnau (dir.), Combattre le Front National (Editions Vinci, París, 1995), pp. 213-230.

Las estrategias ya exploradas

A continuación mostramos sus respectivos costes y beneficios políticos, con reflexiones de otros países que corroboran las tesis de este investigador francés.

De la relación de estrategias estudiadas por Taguieff, primero presentamos las cinc que ya fueron exploradas en la Francia de los años noventa con éxito desigual o fracasos.

1. Ilegalizar a la ultraderecha.

Esta medida es contraproducente por varios motivos: instala a sus partidos en el centro de la polémica ideológica y mediática; crea un debate moral y no político que impide abordar temas importantes (inseguridad ciudadana, corrupción política, patriotismo) y moviliza a sus votantes. Así, cuando en el 2004 el Vlaams Blok [VB] fue ilegalizado, continuó su actividad como Vlaams Belang [VB] y aumentó su popularidad.

2. Crear silencio mediático en torno a la ultraderecha.

Esta opción elimina a sus partidos del centro del debate, pero les permite emitir su discurso sin oposición. A la vez, sus líderes pueden presentarse como víctimas de un establishment que desea silenciarles. Además, la opinión pública carece de elementos de información para entender el eventual ascenso de estos partidos.

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Crear “cordones sanitarios” para frenar a la derecha populista tiene un impacto limitado y altos costes.

3. Efectuar una “imitación” calculada de su discurso por parte de los partidos tradicionales.

Esta opción puede disminuir el  atractivo de la ultraderecha a corto plazo, pero al asumir sus temas la derecha conservadora les confiere centralidad y legitimidad y contribuye a “normalizarlos”.

4. Integrar a la derecha populista en el gobierno.

Cuando los partidos populistas se integran en el gobierno pierden su carácter de protesta y manifiestan tensiones y contradicciones. Lo han testimoniado las escisiones de la Lega Nord [LN] en 1994 y el Freiheitliche Partei Österreichs [FPÖ] en el 2005 tras participar en sus respectivos gobiernos, así como el rápido declive de la Pim Fortuyn Lijst al formar parte del gobierno holandés en el 2002.

Sin embargo, esta estrategia no siempre funciona, ya que los partidos de la derecha populista han hallado fórmulas para proyectarse de modo simultáneo como partidos de gobierno y de oposición.

Por ejemplo, la LN, en el segundo mandato de Berlusconi, ha actuado como partido de gobierno apoyando a este mandatario y como partido de oposición al criticar a los otros socios de gobierno, la Alleanza Nazionale [AN] y la Unione dei Democratici Cristiani e di Centri [UDC].

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Integrar a la derecha populista en el gobierno no siempre garantiza su declive. Imagen de Silvio Berlusconi y Umberto Bossi.

Igualmente, el Schweizerische Volkspartei/Union Démocratique du Centre  [SVP/UDC] ha escenificado su carácter de partido de protesta promoviendo plebiscitos contra la política del gobierno federal de la que es también responsable.

En suma, los partidos populistas pueden formar parte de gobiernos sin  conocer un retroceso importante si mantienen su carácter de protesta. Finalmente, esta estrategia tiene otro efecto: el ingreso de la ultraderecha en el gobierno comporta un deslizamiento del escenario político hacia la derecha, a la vez que se popularizan sus temas centrales.

5. Establecer “cordones sanitarios” o alianzas multipartidistas para frenar el acceso al gobierno de estos partidos.

Estas alianzas aíslan a la ultraderecha del gobierno. En contrapartida, permite a sus líderes emitir un discurso victimista y denunciar que el resto de partidos “son iguales”. Igualmente, relega la división derecha/izquierda del sistema político a un segundo plano.

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Ilegalizar partidos tampoco supone frenar su ascenso: el Vlaams Blok fue ilegalizado y continuó su actividad como Vlaams Belang.

Dos estrategias por explorar: intervenir y argumentar

En definitiva, no existe ninguna estrategia de contención sin elevados costes para los rivales de la derecha populista y ésta suele beneficiarse de todas ellas en mayor o menor grado.

Ante esta situación, como ya señaló Taguieff en 1995, se dibujaban dos estrategias en las que profundizar:

6. Una intervención de los poderes públicos en las causas sociales del ascenso de la derecha populista.

Ello implica -por ejemplo- actuar de modo directo sobre el paro, la precariedad laboral, la inseguridad ciudadana o la degradación de suburbios, pese a la actual crisis económica.

7. La “lucha intelectual”: argumentar y no estigmatizar.

Ello supone poner de manifiesto las contradicciones y falsedades de su discurso. Esta última opción posiblemente tiene un impacto limitado, pero recupera la función pedagógica de la política, algo esencial en un momento de reinvención de los sistemas democráticos.


¿CUÁLES SON LAS EXPECTATIVAS DE CRECIMIENTO DE VOX? REPRODUCIMOS UN INTERESANTE ANÁLISIS DE GUTIÉRREZ-RUBÍ*

enero 7, 2019

Acto de Vox en Vistalegre (@vox_es).

LAS ÚLTIMAS ENCUESTAS PUBLICADAS MUESTRAN UNA TENDENCIA AL ALZA DEL VOTO A VOX. ¿Cuál sería su intención de voto actual? El asesor de comunicación y consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí ha publicado un interesante artículo al respecto, “¿Puede seguir creciendo Vox”, en La Vanguardia (3/I/2019) que reproducimos a continuación (la imagen de la entrada procede igualmente del mismo artículo). En él, a partir del análisis de la llamada “huella digital”, efectúa diversas reflexiones de interés para los lectores y lectoras de este blog.

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¿Puede seguir creciendo Vox?

La nueva demoscopia del comportamiento puede hacer análisis predictivo sin preguntar a las personas por sus opiniones, sino fijándonos en la huella digital de los ciudadanos.

La irrupción de Vox en el parlamento de Andalucía parece haber sacudido el panorama político español. Por el momento, muchas encuestas vaticinan la irrupción del partido de extrema derecha en el parlamento nacional. Como la del pasado miércoles de Sigma Dos para el El Mundo, que daba entre 43 y 45 escaños tras conseguir un 13% de la intención de voto. La tendencia europea del auge de la ultraderecha tiene sus primeros escaños en España, pero ¿puede seguir creciendo Vox?

Los datos demoscópicos acumulados y recientes apuntan que la formación política Vox vive lo que en términos técnicos de comunicación y análisis políticos se llama el moméntum. En política, eso dignifica llegar a tiempo, con la oferta y la disrupción adecuada. Según la media de sondeos efectuada por Electocracia, ahora mismo la formación liderada por Santiago Abascal rondaría el 9% de intención de voto con una estimación de unos 19-21 diputados.

Análisis

La nueva demoscopia del comportamiento puede hacer análisis predictivo sin preguntar a las personas por sus opiniones, sino fijándonos en sus comportamientos con huella digital, menos vulnerables a la ocultación de la opinión real de las personas.

Pero lo más relevante de estas cifras no es la presencia reiterada de Vox sino su tendencia al alza. Su proyección, que ha ido en aumento en los últimos meses, se ha disparado después de las elecciones andaluzas. Con una participación similar a la de 2016, el porcentaje que le otorga la encuesta de El Mundo al partido se convertiría en unos 3 millones de votos para la formación de extrema derecha.

Más allá de la relevante e indicativa demoscopia, hay otros indicadores que permiten intuir proyecciones de crecimiento que no son interpretadas por las encuestas tradicionales. Es el caso de la nueva demoscopia del comportamiento, por la cual se puede hacer análisis predictivo sin preguntar a las personas por sus opiniones, sino fijándonos en sus comportamientos con huella digital, menos vulnerables a la ocultación -deliberada o no- de la opinión real de las personas.

1. Búsquedas de Google

Haciendo un análisis de los últimos 12 meses a través de la herramienta gratuita Google Trends se ve claramente un primer pico de interés que se produce en el mitin de Vistalegre la semana del 7 al 13 de octubre. Fue el gran aparador. Esa misma semana, y en el contexto del mismo mitin, uno de los temas más buscados fueron la canción de Coque Malla (utilizada sin su consentimiento), la presencia de Ortega Lara o Morante de la Puebla, entre otros. Los sitios que más interés tuvieron en VOX esta semana de octubre fueron Melilla, Murcia, Madrid, Ceuta y Cantabria.

El segundo pico coincide con las elecciones en Andalucía, y temas como su programa electoral, el PSOE o el matrimonio entre personas del mismo sexo fueron los más buscados. En cuanto a la geografía, Andalucía, Melilla, Castilla-La Mancha, Murcia y Castilla y León fueron los territorios dónde hubo más interés. Justo unos días antes de la celebración de las elecciones andaluzas, Vox ya era el partido más buscado en Google dando pistas de su posible irrupción en el Parlamento andaluz.

2. Redes

En redes sociales, Vox es uno de los partidos que consigue mejor rendimiento a su presencia en estas plataformas. El tipo de contenido y la segmentación realizada con sus publicaciones provoca que sean los usuarios con un perfil de izquierdas los que más estén hablando en redes de esta formación política.

Otro factor importante es su reacción a los memes contra la formación, practicando contra esos usuarios judo digital. Ante ello, Vox contraataca. A nivel volumétrico, ya superan en número de seguidores a PP, CS y PSOE en sitios como Instagram. Precisamente el éxito en esta plataforma, la más utilizada entre los más jóvenes, es una de las claves que algunos consideran ha sido la causa de éxitos como el lleno del mitin de Vistalegre.

3. Presencia en medios

Según los últimos datos publicados por el CIS, el PACMA (Partido Animalista) supera en intención de voto a Vox. Sin embargo, no tienen la misma presencia que en los medios de comunicación. Es más, el interés de los usuarios en las noticias de Vox está muy por encima de las de los otros principales partidos clásicos. Si tenemos en cuenta los últimos 90 días y el nivel de búsquedas en Google Noticias sobre los cinco partidos políticos, observamos que en Vistalegre ya se superó el volumen de los otros partidos y a partir de su éxito en Andalucía están habitualmente por encima del resto. Vox es un imán para las audiencias. Y los medios, atrapados por la frenética lucha por la competencia, lo saben y lo utilizan, como pasó con Donald Trump.

Parte de su estrategia de victimización ha consistido en presentarse como una formación hostigada por grandes medios de comunicación, lo que ha provocado que sus afiliados y simpatizantes afiancen su lealtad. Así han conseguido un efecto rebote: cuanto más se ha hablado de ellos -y peor-, más ha sido su visibilidad y en consecuencia mayor el rédito político obtenido.

4. Incremento de afiliaciones

A principios de enero, VOX -según fuentes de esta formación- tenía 5.000 afiliados. Entre enero y el acto de Vistalegre, pasan nueve meses, y VOX consigue doblar esa cifra y llegar a los 10.800. Pero en solo tres meses más (octubre, noviembre y diciembre), la formación de Abascal llega a los casi 24.000 afiliados.

El equipo de atención e información se ha multiplicado para atender la enorme demanda que un incremento de estas características supone.

Cordones sanitarios, framing y estrategias

Todavía es pronto para saber si Vox está siguiendo el mismo comportamiento -y proyección- que en su moméntum significó la irrupción de Ciudadanos primero y Podemos después. Hay paralelismos, pero también diferencias. La más relevante es el debate político y mediático respeto al cordón sanitario para “frenar a Vox”. En términos políticos puede ser una opción, pero en términos comunicativos -la auténtica naturaleza de la política hoy- es claramente un error.

Los que quieran frenar a Vox deberán pensar mejor en competir con esta formación y ganar la confianza de los electores, entender su estado de ánimo y los motivos profundos que hacen de Vox una oferta posible ya para ¿millones de personas?. A esta formación no se la frena con cordones, sino con estrategias adecuadas.

Un ejemplo, y una pista. El pasado 16 de agosto, y por iniciativa del The Boston Globle, centenares de medios en Estados Unidos (de todo tipo, ámbito y formato) secundaron su convocatoria y publicaron editoriales propios y pronunciamientos contra Trump con la etiqueta #NotTheEnemy (#NoSomosElEnemigo, para defenderse de los ataques del Presidente a la prensa). Pero no todo fue unánime, ni mucho menos, a pesar del éxito masivo de la respuesta conjunta. The Washington Post, por ejemplo, no participó activamente en la convocatoria de The Boston Globe al dudar de si quizás tendría el efecto contrario al deseado. Y así fue. En este sentido, resulta muy interesante la lección de framing – cómo influye en la opinión pública la manera de transmitir conflictos y temáticas en los medios de comunicación- de George Lakoff (el autor del libro y del concepto No pienses en un elefante), publicada ya en 2017, y que proponía que en lugar de decir #NotTheEnemy, los periodistas y los medios deberían liderar el marco #ProtectTheTruth frente a los ataques desmedidos del Presidente.

Afirma Lakoff: «La lección clave es que cuando negamos un marco, evocamos el marco. Hay un principio estratégico del encuadre: evitar el lenguaje del atacante porque evoca su marco y ayuda a presentar su caso». Es decir, alimenta sus posibilidades al jugar en su campo (mental), con sus reglas (de confrontación) y con su pelota (el frame). Y perder. ¿Han caído algunos periodistas (y algunos rivales de Vox), otra vez, en esta trampa estratégica? El tiempo lo dirá.


VOX NO SOLO HA RECIBIDO VOTOS DE LA DERECHA, SINO TAMBIÉN DE LA IZQUIERDA

diciembre 13, 2018

Mitin de Vox en Sevilla (Gogo Lobato / AP)

CS Y VOX, LOS DOS PARTIDOS QUE MÁS HAN CRECIDO EN ANDALUCÍA, HABRÍAN RECIBIDO MÁS DE 200.000 VOTOS PROCEDENTES DE LA IZQUIERDA. Esta es una conclusión del interesante análisis sobre el ascenso de Vox que ha elaborado Carles Castro y reproducimos a continuación al considerarlo de interés quienes siguen este blog. Fue publicado con el título “España primero” en La Vanguardia (4/XII/2018) y tanto la imagen de esta entrada como su infografía también proceden de esta fuente.

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España primero

El sufragio a Vox reúne electores de la derecha clásica, pero también votos populares que apoyaban a la izquierda

Un fantasma recorre el mundo y el domingo hizo una parada a orillas del Guadalquivir. Algunos lo llaman Donald Trump pero tiene homólogos en todas partes. Su estrategia de rompe y rasga ha demostrado hasta qué punto los conflictos horizontales pueden redibujar las fronteras del mapa electoral. Choques territoriales, identitarios, migratorios… Sus efectos combinados han dinamitado ya buena parte del paisaje político europeo. Y en un contexto de crisis de las expectativas socioeconómicas de mucha gente, se convierten en el motor del cambio y fabrican líderes inverosímiles, como el propio Trump. Si en Catalunya el proceso independentista ha acabado por aupar a la primera posición y ha multiplicado por diez el capital electoral de un partido que sumaba 100.000 votos hasta hace seis años, ¿qué podía esperarse que ocurriera en el resto de España?

Andalucía ha sido el primer campo de pruebas para medir el impacto electoral de ese conflicto existencial de España tras los sucesos de octubre del 2017, pero también del acelerado incremento de la inmigración ilegal a través del Estrecho a lo largo del año en curso. Y a caballo de las incertidumbres silenciosas que provocaban esos temas, el punto de mira del electorado ha girado 180 grados. Como en un ejercicio de amnesia tan colectivo como selectivo, el PP ya no era el partido de la Gürtel; Ciudadanos nunca fue socio preferente de un PSOE andaluz manchado por la malversación de los ERE, y Vox no es una marca cuyo líder ha vivido de los cuantiosos fondos que le ha proporcionado el Partido Popular. El evangelio trumpiano lo resumiría así: “Explotad esos temas y todos vuestros pecados os serán perdonados”.

Es más: como en la peor distopía trumpiana, el antifeminismo, la homofobia o la xenofobia declaradas de los dirigentes de Vox no sólo no les ha restado votos, sino que se los ha proporcionado en abundancia. Casi 400.000. Y según los sondeos, el 40% podrían ser mujeres. Pero Vox no ha hecho más que surfear sobre la espuma generada por la explotación estereofónica que han llevado a cabo el PP y Cs del impacto de la crisis catalana o de los flujos migratorios. Y el efecto ha sido triple: movilizar de forma intensiva a los votantes potenciales del centro a la derecha, captar voto de izquierda y centroizquierda sensible a esas inquietudes y desmovilizar al tradicional voto sociológico de izquierdas (desconectado de las ofertas de ese signo por una gestión y un liderazgo socialistas valorados negativamente por más del 43% según el CIS, pero también por un discurso desde la izquierda alternativa que no responde a sus desasosiegos).

 

Elecciones andaluzas: correlación de fuerzas izquierda-derecha (La Vanguardia). 

Las cifras globales parecen confirmar este diagnóstico, con algún matiz. El PSOE ha perdido más de siete puntos de cuota electoral, pero Adelante Andalucía ha retrocedido casi seis con relación a la suma de Podemos e IU en el 2015. En total, más de 13 puntos. Una caída bastante homogénea si se observa por provincias, aunque algo más acentuada en demarcaciones como Huelva o Cádiz, donde el PSOE o Podemos obtuvieron buenos resultados en el 2015. Y por el flanco derecho, el crecimiento electoral de ese espacio se eleva justamente hasta 13 puntos.

Las cifras absolutas son aún más elocuentes. Las izquierdas han perdido casi 700.000 votos (400.000 el PSOE y 282.000 Adelante Andalucía). A su vez, la participación ha caído en algo más de 330.000 sufragios. Es decir, 350.000 electores de izquierdas podrían haber cambiado el signo de su papeleta. Pero para precisar esa cifra hay que ver qué ha ocurrido en el espacio del centro a la derecha. Ahí, el saldo es positivo frente al 2015 y supera los 200.000 votos agregados (pues Cs ha añadido casi 300.000 y Vox, 377.000, pero el PP ha perdido más de 300.000 papeletas, a las que hay que añadir en torno a 130.000 procedentes de otras formaciones de centro que prácticamente han desaparecido).

A partir de ahí, si se restan de los 350.000 votantes de izquierdas que teóricamente no se han sumergido en la abstención los más de 100.000 que suponen el alza del voto nulo (que se ha duplicado hasta rebasar las 80.000 papeletas) y el de otras formaciones minoritarias (como el Pacma), las cifras encajan mejor: Cs y Vox –las dos formaciones que más crecen– se habrían beneficiado de más de 200.000 votos procedentes de la izquierda. De ese modo, y a la luz de las encuestas preelectorales, los partidos de Rivera y Abascal se habrían nutrido de votos procedentes del PP y, en menor medida, de siglas ya desaparecidas. Y se habrían repartido, además, esos más de 200.000 sufragios de la izquierda.

En el caso de Vox, han convergido votantes de la derecha clásica, pero también sectores populares en contacto con la inmigración que hasta ahora votaban al PSOE o a Podemos (o que no votaban). Y esa hipótesis se apoya en el hecho de que los resultados de la izquierda en zonas con alta presencia migratoria suelen situarse por debajo de la media (y los de Vox, por encima). Y eso ha ocurrido incluso en históricos feudos socialistas o comunistas.

¿Por qué los sondeos no detectaron ese gigantesco maremoto? Seguramente porque gran parte de los sufragios de Vox son votos de la medianoche, que se deciden en los últimos compases de la campaña o el día de los comicios (igual que el dilema de votar). Pero estas cábalas encajan con otra hipótesis más desconcertante: la inversión electoral; es decir, electores que se quedan en casa y son relevados por otros que no suelen votar. La prueba: los votos del centro a la derecha en las andaluzas del 2018 suman la misma cifra que los del 2012, cuando la izquierda reunió medio millón más.


TRES APUNTES SOBRE VOX Y SU IMPORTANCIA EN LAS ELECCIONES ANDALUZAS

noviembre 30, 2018

Santiago Abascal, líder de Vox, en un acto en Córdoba (foto de EFE/Rafa Alcaide).

EN RELACIÓN A VOX EN LOS PRÓXIMOS COMICIOS ANDALUCES, antes de conocer los resultados de los mismos, consideramos importante efectuar tres apuntes, tenga o no representación parlamentaria este partido.

En primer lugar, consideramos que estas elecciones han constituido un formidable altavoz estatal para la formación que lidera Santiago Abascal. Precedidas por un barómetro del CIS que otorgaba a Vox una representación institucional potencial en octubre con un 1.4% y el acto masivo que protagonizó este partido en el palacio de Vistalegre ese mes, los medios de comunicación han estado muy pendientes de este rótulo. El resultado ha sido que esta formación extraparlamentaria ha gozado de un más que notable eco mediático.

En segundo lugar, Vox no ha contado con ningún discurso crítico o adverso desde el ámbito de la derecha y el centroderecha, lo que le ha otorgado normalización y respetabilidad política. El PP se ha esforzado en aproximar su discurso al de Vox radicalizando su mensaje, mientras C’s ha evitado aludir a la formación emergente como partido de ultraderecha. Así las cosas, Vox no podía contar con un escenario más favorable para su irrupción, pues C’s y PP no la han excluido como hipotético socio de un pacto futuro para desalojar al PSOE de la Junta de Andalucía. El PSOE, por su parte, ha recurrido a Vox para deslegitimar a sus rivales, PP y C’s. De este modo, la formación ultraderechista ha cobrado una inesperada centralidad durante la campaña electoral.

En tercer lugar, si Vox obtiene unos buenos resultados (aunque carezca de presencia institucional), puede obtener réditos estatales importantes de los mismos. Lo afirmamos en la medida que un éxito en las urnas andaluzas desbrozaría el camino que podría convertir a esta formación en el eje aglutinador de un espectro político e ideológico en el que coexistirían derecha radical y ultraderecha.

No obstante, a modo de conclusión queremos remarcar que -pese a lo expuesto- no puede descartarse un escenario de fracaso: si los resultados de Vox quedan muy lejos de las expectativas creadas, la formación podría perder fuelle ante la importancia que puede tener el voto útil en el futuro para combatir desde la derecha al PSOE y a Podemos. Nada, pues, está escrito.


ASÍ FUE EL ENTIERRO DE FRANCO: EL 23-N Y LA “OPERACIÓN LUCERO”*

noviembre 24, 2018

Entierro de Franco en el Valle de los Caídos, el 23 de noviembre de 1975 (imagen de EFE).

 

EL DOMINGO 23 DE NOVIEMBRE TUVO LUGAR EL ENTIERRO DE FRANCISCO FRANCO, que se desarrolló según un minucioso plan del Servicio Central de Documentación [SECED], dependiente del presidente Carlos Arias. Fue la “Operación Lucero”, que un exmiembro de ese ente, Juan Mª de Peñaranda, expuso en un ensayo homónimo (Operación Lucero, 2017). Este operativo quiso garantizar que el entierro de Franco transcurriera con normalidad y elaboró un protocolo que cubrió todos los aspectos de la muerte del dictador, desde su uniforme mortuorio hasta la jura del príncipe Juan Carlos como sucesor. Tal diseño tuvo su origen en el asesinato de Luis Carrero Blanco en diciembre de 2013, pues entonces el régimen improvisó las honras fúnebres, lo que se quiso evitar al fallecer el dictador.

Temor a alborotos y aislamiento internacional

Así, para evitar problemas de orden público se hizo un seguimiento de la oposición y se detuvo a los líderes del PCE del interior. A la vez, se observó las movilizaciones ultraderechistas al temer incidentes, pues circuló el rumor de que un núcleo de excombatientes quería presionar al Rey para que hiciera un juramento público de lealtad al régimen y al Movimiento.

En este marco, a las 7 de la mañana del día 23 se cerró la capilla ardiente de Franco en el Palacio de El Pardo y le velaron los miembros del Consejo de Regencia y del gobierno. A las 10 se celebró un multitudinario funeral de córpore insepulto en la plaza de Oriente que presidieron los flamantes monarcas. El cardenal primado de España, Marcelo González, hizo la elegía del dictador. Le asoció a la cruz y la espada, símbolos en los que “se encierra medio siglo de nuestra historia patria”, pero señaló que “recordar y agradecer no será nunca inmovilismo rechazable”. También se constató el aislamiento del país (en septiembre habían tenido lugar las últimas ejecuciones de la dictadura), pues la presencia de mandatarios extranjeros se limitó al rey Hussein de Jordania, el príncipe Rainiero de Mónaco, el vicepresidente norteamericano Nelson Rockefeller, la primera dama de Filipinas, Imelda Marcos, y el dictador chileno Augusto Pinochet (que quedó fascinado por el Valle de los Caídos y comentó que le gustaría uno similar).

Tras la ceremonia, un camión militar Pegaso modelo 3050 acogió el cuerpo de Franco y partió hacia el Valle de los Caídos, en cuya fachada se colocaron 400 coronas mortuorias. El convoy funerario llegó allí poco después de las 13 horas y el abad de la basílica, Luis Mª de Lojendio, quiso ver el cuerpo de Franco, pero el ataúd estaba soldado.

 

Gentío en Cuelgamuros que aguarda la llegada de los restos de Franco (imagen de EFE).

El Valle de los Caídos entra en escena

Paradójicamente, el entierro de Franco en Cuelgamuros no obedeció a una decisión previa de Franco, sino de Arias. Según Peñaranda, el cadáver se llevó allí porqué “no había un sitio permanente en Madrid donde poder enterrarle”. Y apuntó que la familia del dictador fue informada, más que consultada: “Al inicio del otoño [de 1975] quizá Arias se lo dice a la familia… Y Doña Carmen [Polo] debió decirle: ‘Haced lo que os parezca más oportuno'”. De hecho, la hija de Franco afirmó que “no tenía ni idea de dónde quería ser enterrado” su padre.

En el Valle de los Caídos el féretro fue transportado por ayudantes de Franco y miembros de la familia (Alfonso de Borbón, el marqués de Villaverde y nietos) hasta el umbral de la basílica. Mientras tanto, en la explanada, que reunía a miles de congregados (se estimó que hasta 100.000 personas), se oyeron gritos rituales de “¡Franco, Franco, Franco!”, así como cánticos del himno falangista “Cara al Sol”, del carlista “Oriamendi” y del de la Legión.

Luego el ataúd fue trasladado hasta el altar mayor, donde el abad lo bendijo e hizo jurar a los jefes de las Casa Civil y Militar del autócrata que el difunto estaba en su interior. Allí se había excavado una fosa de tres metros revestida de bronce con relieves de cuatro escudos: de jefe del Movimiento, de Capitán General de los Ejércitos, de su Casa y del Estado. Cubrir aquel gran vacío (2.25 metros de largo y 1 de ancho) requirió una lápida de 1.500 kilos de granito que solo tenía la lacónica inscripción “Francisco Franco” y una cruz. Hacia las 14.15 la pesada losa cubrió el sepulcro. Un Rey emocionado oró brevemente y partió.

Cuando dejó el lugar empezó a cerrarse la historia de la dictadura, a la vez que el mausoleo adquirió un profundo simbolismo político al acoger a Franco junto a José Antonio Primo de Rivera. Y es que enterrado el hombre, empezó a tejerse el mito que exaltarían hasta hoy sus devotos admiradores.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (23/XI/2018): Xavier Casals, “23-N: La operación Lucero”. La imagen del inicio de este post procede del mismo.


VOX SÍ, PACMA NO: UN GRAVE ERROR*

noviembre 17, 2018

 

Cartel del Pacma en las elecciones autonómicas y municipales de 2015.

VOX HA LOGRADO HACERSE MUY PRESENTE EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, a diferencia del Partido Animalista Contra el Maltrato Animal [PACMA], que lidera Silvia Barquero, ha merecido una atención informativa limitada. Y ello pese a que su estimación de voto según el CIS (1.6%) es mayor que la de Vox (1.4%).  ¿Por qué se ha produce esta situación? Desde nuestra óptica se explica por tres dinámicas que interactúan entre sí y que comentamos a continuación.

Infografía de El País (26/X/2018)

Las dinámicas que favorecen el influjo mediático de Vox

Por una parte, el hecho de constituir Vox la acusación particular del proceso secesionista catalán le ha brindado notable protagonismo informativo. Por otra parte, hay una marcada competencia entre PP, C’s y Vox por su potencial electorado. Desde esta óptica, también es lógico aludir a Vox en términos informativos, especialmente cuando sondeos como el del CIS le otorgan presencia institucional. Finalmente, una tercera dinámica actúa como trampolín mediático de Vox: el progreso de la ultraderecha europea. Cada vez que se produce un ascenso de partidos de este espectro ideológico en algún país se hace una referencia al caso español, en el que Vox es el aparente rótulo emergente.

Sin embargo, otro elemento estimula la información continuada sobre Vox: la asociación de la ultraderecha a la amenaza por excelencia de la democracia. Al proyectar este enfoque aquí, el “enemigo de la democracia” que tanto progresa en Europa parece hallarse ahora en ciernes de realizar el asalto a las instituciones en España. Y ello es novedoso después de los 36 años transcurridos desde que el partido neofranquista Fuerza Nueva [FN] se disolvió al perder su escaño en el Congreso en 1982. Este factor hace que Vox merezca una atención sobredimensionada y sea noticia sin generar novedad alguna. Logra así una cuota de visibilidad que puede estimular su apoyo en las urnas (al proyectarse como una marca de “voto útil”) y cumplir una autoprofecía: los medios de comunicación anunciaron que podía entrar en las instituciones y lograrlo finalmente.

El apagón informativo del Pacma

La proyección de Vox contrasta con el eclipse informativo del Pacma. Ciertamente, es un partido monotemático (centrado en defender los derechos de los animales) y su leitmotiv ya es conocido, por lo que suscita limitado interés. No obstante, hay dos elementos que deberían mover a la reflexión sobre su falta de visibilidad en contraste a la de Vox.

Por una parte, como hemos visto, el CIS le otorga mayor intención de voto que a Vox. Por otra parte, si bien es cierto que Vox logró mejores resultados en los comicios europeos de 2014 (244.929 votos, 1.5%) que el Pacma (176.237 votos, 1.1%), esta última formación obtuvo grandes apoyos en las urnas en los últimos comicios legislativos: 1.199.759 sufragios en el Senado (1.9%) y 284.848 en el Congreso (1.2%). Es más, en Cataluña, pese a la situación política de máxima polarización, sus apoyos no han cesado de crecer en los comicios autonómicos: 20.861 votos (0.5%) en 2012; 30.157 (0.7%) en 2015; y 38.743 (0.8%) en 2017. Pese a ello, el Pacma aparece poco en foros mediáticos y su liderazgo e ideario casi no se comenta, por lo que resulta prácticamente desconocido (¿alguien sabe algo de las políticas de empleo de su programa electoral?).

Pero, sobre todo, no se tiene en cuenta que Vox y el Pacma plasman un fenómeno importante y que pasa desapercibido: muestran la insatisfacción de la ciudadanía con la política tradicional no ha terminado con el tetrapartidismo actual (PP, PSOE, C’s y Podemos) y puede configurar un mapa político aún más fragmentado.

En este sentido, la comparación de sus supuestos apoyos ofrece datos de interés innegable, pues -según un artículo de El Confidencial (6/X/2018)– “los perfiles de sus votantes […] son prácticamente lo contrario. Si el votante medio de Vox es un varón de 55 años de derechas, el del Pacma es una mujer de 33 de izquierdas”.

Conclusión: un error importante

En suma, hoy se sobredimensiona la importancia de Vox y se infravalora la del Pacma. Ello no solo es una equivocación al calibrar su respectiva relevancia, sino también un error de calado. Ambos rótulos son el anverso y el reverso de un mismo fenómeno: la persistencia de la insatisfacción del electorado ante los partidos actuales, sean tradicionales o nuevos. Prestar atención a solo una de sus caras (Vox) deforma la realidad política emergente y amputa una de sus dinámicas, ya que solo parece crecer la ultraderecha cuando no sucede así, como testimonia el Pacma.

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Artículo publicado originalmente en El Periódico (15/XI/2018): Xavier Casals, “Vox, sí; PACMA, no: un grave error”.