EE.UU.: LA IMPORTANCIA DE LA ‘ALT-RIGHT’ Y DEL SUPREMACISMO EN LA ERA TRUMP*

septiembre 17, 2017

Supremacistas estadounidenses (imagen de AP/John Flavell en Salon).

LA CONCENTRACIÓN SUPREMACISTA DE CHARLOTTESVILLE  (Virginia, Estados Unidos) del 19 de agosto y sus secuelas han tenido hondas repercusiones. En ella falleció una contramanifestante antifascista embestida por el automóvil de un joven neonazi Donald Trump evitó condenar a los racistas por este acto y lo imputó por igual a los extremistas y sus oponentes. Un sondeo indicó que un 64% de sus votantes compartiría tal actitud, lo que plantea un tema importante: ¿se expande el supremacismo en EEUU?

Al responder la cuestión es necesario tener en cuenta que el rótulo supremacismo designa un mosaico político que ha conocido cambios importantes a lo largo del tiempo. De este modo, en los años 20 el Ku Klux Klan (KKK) creció en las grandes urbes, engrosando sus filas con los blancos anglosajones y protestantes (los ‘wasp’), inquietos por la competencia laboral de la población negra e inmigrante, y en 1925 sumó cinco millones de miembros. Pero en 1965 el fundador del Partido Nazi Americano, George Lincoln Rockwell, alteró este discurso. Ante el éxito de la consigna “Black power” del nacionalismo negro, optó por exaltar el “White power”.

“El movimiento combina mitos raciales autóctonos  y temores extendidos en varios países de la UE”

Al hacerlo, acabó con el dogma nazi de que la «raza» superior era la de alemanes, escandinavos y anglosajones, pues ahora latinoamericanos, mediterráneos y europeos del Este también pertenecían a ella en pie de igualdad. Según el historiador Frederick J. Simonelli, Rockwell atrajo así “a aquellos a los que Hitler habría rechazado” y “cambió la fisonomía del racismo en América”.

Legitimación teológica

A la vez, el supremacismo ha sido inseparable de una legitimación teológica que le aporta Identidad Cristiana. Esta conforma un movimiento heterogéneo que aglutina a grupos, organizaciones e iglesias. Sus orígenes remiten al Israelismo Británico, que se originó en el siglo XVII y se expandió en el XIX. Sostenía que los ingleses eran el pueblo escogido de Dios y que, por tanto, sus integrantes eran los verdaderos israelitas. Tales ideas se popularizaron en EEUU desde los años 20, exaltando aquí a los blancos anglosajones y protestantes como pueblo elegido. Este mesianismo se vincula a tesis que denuncian un complot antinacional. A sus ojos, regiría el Estado un Ejecutivo oculto, un pretendido Gobierno de Ocupación Sionista (designado como ZOG, su acrónimo en inglés). De ahí que de forma errática hayan actuado grupos terroristas contra este poder considerado ilegítimo, como La Orden o Hermandad Silenciosa en los años 80.

En este panorama, la Alternative Right o ‘alt-right’ (derecha alternativa) ha comportado otra redefinición del supremacismo. Sus seguidores apoyaron a Trump en las urnas, galvanizados por Steve Bannon, asesor áulico del magnate durante la campaña electoral y luego efímero estratega jefe de la Casa Blanca. La ‘alt-rigth’ (término que acuñó el académico derechista Paul Gottfried en el 2008) tiene sus orígenes en los años 60 y ha emergido en un contexto marcado por el fin de la guerra fría y la globalización.

Tres rasgos comunes

Los análisis de tres expertos recogidos por el magacín político Salon en junio destacan tres rasgos de la misma. Uno es la importancia de sus vínculos e intercambios ideológicos con la ultraderecha europea, pues la ‘alt-right’ combina mitos raciales autóctonos y temores extendidos en diversos países de la Unión Europea ante la inmigración o el islam. Otro es la aparición de nuevos liderazgos en la escena extremista –como el joven Matthew Heimbach (un promotor de la concentración de Charlottesville)– tras fallecer sus dirigentes históricos. El tercero es su relevancia. Según el politólogo Michael Barkun, con la ‘alt-right’ las ideas del nacionalismo blanco habrían superado la marginalidad y ganado una importante audiencia, hasta el punto de no descartar una posibilidad hasta poco inconcebible: “La potencial reaparición pública de una organización supremacista blanca”, algo no visto desde el KKK de los años 20.

“El experto Michael Barkun no descarta ‘la potencial reaparición pública de una organización supremacista blanca’ de amplio seguimiento”

Los incidentes de Charlottesville, en definitiva, pueden ser una anécdota, pero también un inquietante aviso sobre el potencial auge de un supremacismo renovado y desacomplejado en la era de Trump.

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* Este artículo lo hemos publicado originalmente en El Periódico: Xavier Casals, “La ‘alt-right’ y el supremacismo”, El Periódico (15/IX/2017).


¿CUÁNDO Y DÓNDE SURGIÓ EL ULTRANACIONALISMO ESPAÑOL? DE LA HABANA A BARCELONA

junio 26, 2017

Portada de la revista L’Esquella de la Torratxa de 1920 que hace alusión al pistolerismo con una pregunta: “¿A quién le toca, hoy?” (imagen de K-ntra-Kultura).

 

¿CUÁNDO Y DÓNDE SURGIÓ EL ULTRANACIONALISMO ESPAÑOL? Varios lectores y lectoras nos han planteado esta cuestión. Aunque pueda parecer paradójico, la respuesta radica en que el lugar dónde primero irrumpió fue en la Cuba colonial durante el siglo XIX, con un golpe de Estado en 1869, y llegó a España a través de Barcelona.

De La Habana a Barcelona

En Cuba se conformó el primer poder castrense autónomo de la metrópoli, ya que entre 1825 y 1878 Madrid concedió poderes extraordinarios al capitán general de La Habana. Estos comprendían “el gobierno discrecional de la colonia, con facultades ejecutivas para aplicar la legislación, adaptarla o suspenderla” para garantizar el statu quo de los peninsulares que dominaban la vida cubana.

El resultado fue que el capitán general devino allí un “virrey” de facto y su autonomía engendró un intervencionismo militar de nuevo cuño que –paradójicamente- se inició con un golpe de Estado contra la propia Capitanía en mayo de 1869, cuando la dirigía el general Domingo Dulce. Su política reformista le granjeó la oposición de los sectores reaccionarios que promovieron el golpe citado, acaudillado por el general Francisco A. Lersundi, su antecesor en el cargo.

Tras la pérdida de las colonias de Ultramar en 1898, los militares repatriados asistieron a la irrupción en Barcelona de una amenaza bifronte: lo que a sus ojos era un “separatismo” idéntico al de Cuba asociado a una amenaza revolucionaria, encarnada por el obrerismo organizado capaz de plantear huelgas generales. Cuajó entonces un ultraespañolismo cuyo polo aglutinador fue la capitanía general barcelonesa.

De este modo, durante el primer cuarto de siglo se configuró un poderoso “partido militar” que devino capaz de configurar un poderoso grupo de presión, capaz de hacer caer los gobiernos de Madrid. El resultado fue que entre 1917 y 1923, cuando se desarrolló el pistolerismo en Barcelona, los militares -Joaquín Milans del Bosch, Severiano Martínez Anido y Miguel Primo de Rivera- establecieron un poder autónomo en Cataluña (acabaron convertidos en una suerte de “virreyes”) que, finalmente, fue capaz de constituir la base de la dictadura militar primorriverista.

 

El general Miguel Primo de Rivera se convirtió en el primer dictador militar del siglo XX al protagonizar un golpe de Estado desde Barcelona.

La historia del “partido militar”

Hemos explicado este proceso con detalle en nuestro trabajo “Auge y declive del «partido militar» de Barcelona (1898-1936)”, Iberic@, Revue d’études ibériques et ibéro-américaines, editada electrónicamente por el CRIMIC (Centre de Recherches Interdisciplinaires sur les Mondes Ibériques Contemporains) de la Universidad de la Sorbona, nº 4 (otoño 2013), pp. 163-180. ISSN 2260-2534. Puede consultarse el texto en PDF aquí PartidoMilitar-Xavier Casals

A continuación reproducimos su abstract o resumen en francés e inglés, así como sus palabras claves y el enlace para consultar el texto.

Resumen

Historia del “partido militar” de Barcelona desde sus orígenes en 1898 hasta su crisis en 1930. La expresión “partido militar” alude al proyecto de la oficialidad de la Capitanía General de Barcelona de convertir a esta institución en una base de poder militar en Cataluña independiente del gobierno. Este proyecto surgió a inicios de siglo XX, cuando la Capitanía barcelonesa actuó de modo cada vez más autónomo de Madrid para combatir al movimiento catalanista y al pistolerismo anarcosindicalista. Así, entre 1917 y 1923 en ella se pusieron los fundamentos de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1930), instaurada con un golpe de Estado ejecutado en Barcelona. Al finalizar la dictadura el “partido militar” inició su declive.

Palabras clave

Barcelona, Cataluña, capitanía general de Cataluña, Dictadura, Golpe de Estado, Extrema derecha

Résumé

Histoire du « parti militaire » de Barcelone depuis sa création en 1898 jusqu’à à la crise en 1930. Le terme «parti militaire» désigne le projet des officiels de la capitainerie générale de Barcelone pour transformer cette institution en une base de pouvoir indépendante en Catalogne du gouvernement. Ce projet est né au début du XXe siècle, lorsque la capitainerie de Barcelone a agi de façon de plus en plus autonome de Madrid pour lutter contre le gangstérisme et le mouvement anarchosyndicaliste catalan. Ainsi, entre 1917 et 1923, elle a jeté les bases de la dictature du général Miguel Primo de Rivera (1923-1930), établie par un coup d’État exécuté à Barcelone. À la fin de la dictature le «parti militaire» a commencé son déclin.


HISTORIA DEL “OTRO” DURRUTI: MARCIANO PEDRO DURRUTI, UN FALANGISTA RADICAL*

junio 1, 2017

Carnet falangista de Pedro Marciano Durruti, hermano del dirigente libertario Buenaventura.

ES HARTO CONOCIDA LA HISTORIA DEL LÍDER ANARQUISTA BUENAVENTURA DURRUTI, pero lo es  mucho menos la de su hermano Marciano Pedro, que se sumó a la Falange y acabó fusilado durante la guerra.  Cuando se cumple un siglo de su nacimiento -vino al mundo en 1911- hemos considerado interesante rescatar su figura. Para ello es indispensable la obra del escritor José A. Martínez Reñones sobre esta familia leonesa: Los Durruti. Apuntes sobre una familia de vanguardia (Ediciones del Lobo Sapiens, León, 2009).

¿Es una mera anécdota la militancia antagónica de ambos hermanos? Quizá no lo fue en la medida que reflejó la ambivalencia falangista hacia el universo libertario español. Ya la bandera joseantoniana reflejó el afán de captar el ámbito obrero anarquista aglutinado por un sindicato no marxista y que pese a su carácter internacionalista llevaba la palabra “Nacional” en su rótulo: la Confederación Nacional del Trabajo [CNT]. De esta forma, la organización sindical y los fascistas españoles compartieron enseñas de colores rojinegros.

La Falange extrajo del cenetismo los colores de su bandera.

Marciano Durruti, fusilado por los militares

Marciano fue el séptimo hermano de Buenaventura (éste le llevaba 15 años) y abandonó las filas de la CNT en 1937 y se convirtió en un acérrimo falangista.  Se ha especulado al respecto que su giro ideológico pudo estar marcado por miembros de la falange leonesa que le indujeron a ello con el fin de tender un puente entre su hermano  Buenaventura y José Antonio.

Cierto o no este extremo, Marciano intentó mediar sin éxito ante Buenaventura para que éste accediera a entrevistarse con José Antonio. Al enterarse del propósito de su hermano, Durruti estuvo a punto de estrangularle. Asimismo, Marciano intervino para explorar un acuerdo con otro dirigente obrero leonés, Ángel Pestaña, cuando éste impulsaba en Barcelona el Partido Sindicalista.

Buenaventura Durruti estuvo a punto de estrangular a su hermano Marciano cuando éste intentó que se entrevistase con José Antonio.

Decretada en abril de 1937 la unificación de falangistas y carlistas, Marciano la criticó con dureza y no se recató en manifestar su pensamiento en voz alta. De este modo, manifestó la necesidad de subordinar el Ejército a la Falange, reclamó que se sumaran a ésta los izquierdistas o se pronunció por disolver la Guardia Civil. Tal actitud le valió un consejo de guerra que acabó con su fusilamiento en agosto del mismo 1937.

El mito de un socialismo nacional

La historia de Marciano Durruti refleja el sueño falangista fracasado de crear un “socialismo nacional” e incorporar a los obreros a su proyecto ultranacionalista. Quizá el hermano del líder anarquista fue el caso más vistoso de ella, pero no el único.

Aproximación a la familia Durruti de José A. Martínez Reñones.

En este aspecto cabe recordar, por ejemplo, que el  líder falangista Luys Santa Marina (en realidad, Luis Narciso Gregorio Gutiérrez Santa Marina, 1898-1980) reflejó otro tanto y declaró en favor del líder cenetista Joan Peiró durante su consejo de guerra en 1942.

La peripecia de Marciano Durruti, pues, plasmó los vanos intentos de quienes trataron de unir vanamente anarquismo y fascismo.
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* Recuperamos esta entrada publicada inicialmente el 4 de noviembre de 2011 a petición de varios lectores.


EUROPA: LA REINVENCIÓN CONSTANTE DE LA ULTRADERECHA*

abril 3, 2017

Propaganda lepenista del Frexit o abandono de Francia de la UE.

MARINE LE PEN, DIRIGENTE DEL FRENTE NACIONAL, QUIERE SER CONOCIDA COMO “MADAME FREXIT”, en alusión a su afán de que Francia rompa con la Unión Europea (UE). Posiblemente superará la primera vuelta de las presidenciales francesas del 23 de abril y sus tesis tendrán amplio eco.

Asimismo, en Italia gana protagonismo en el debate público el “italexit”, pues la Liga Norte desea que el país abandone la UE y, a su vez, el complejo Movimiento 5 Estrellas quiere convocar un plebiscito para dejar el euro. Sin embargo, es poco conocido que el actual mensaje antieuropeísta que emite la ultraderecha ha coexistido con una larga tradición de exaltación de una Europa unida desde este espectro político.

Los sueños europeos totalitarios

De este modo, señala el historiador Roger Griffin, sectores del fascismo italiano ya defendieron un “fascismo universal” de carácter cultural, especialmente a través de la revista Antieuropa. Así, en 1931 el periodista Asvero Gravelli preconizó la ruptura con la “vieja Europa” burguesa para edificar una “nueva Europa” fascista: “Somos la Herejía de la moderna Europa (…). Instauraremos la unidad religiosa de Europa para fundar el retorno a los ideales”, afirmó.

Pero diversos factores, especialmente la emergencia de movimientos fascistas tutelados por Adolf Hitler, hicieron que el “fascismo universal” fuese desplazado por el ideal hitleriano de un “Nuevo Orden Europeo”. Bajo tal rótulo, señala el también historiador Mark Mazower, durante la segunda guerra mundial (1939-1945) no hubo tanto un proyecto detallado de organización del continente como el afán de crear una Europa al servicio del Reich. No obstante, señala que ciertos ámbitos nazis reflexionaron sobre un espacio económico continental con metas similares a las de la Comunidad Económica Europea creada en 1957.

Los ideólogos de la guerra fría

Derrotado el Eje en 1945, excombatientes hitlerianos aprovecharon el temor a una agresión soviética para presentar a las Waffen SS (unidades multinacionales de las SS que combatieron en el frente del Este) como una suerte de ejército europeo que actuó como la vanguardia de la lucha anticomunista. Tales discursos fueron reelaborados de distinta forma en la posguerra. De este modo, los discursos raciales que identificaban a la “Europa blanca” con la civilización occidental (lo que podía incluir a Sudáfrica) coexistieron con los geopolíticos.

Así, en 1949 Francis Parker Yockey, un extremista estadounidense nacido en 1917, publicó Imperium. Su ensayo pretendía continuar La decadencia de Occidente, de Oswald Spengler, y reivindicaba la unión de Europa “desde Gibraltar al cabo Norte y desde los promontorios rocosos de Galway hasta los Urales”. Creía que el continente debía defenderse de lo que consideraba un nefasto influjo sionista y norteamericano. Con tal fin, vio a los soviéticos como un enemigo menor y tuvo contactos con servicios de información del bloque comunista. Fundó también un efímero e irrelevante Frente Europeo de Liberación. Yockey se suicidó en 1960, tras ser arrestado y encarcelado en su país.

Sin embargo, la mayor popularización del europeísmo neofascista se debe al excolaboracionista belga Jean Thiriart (1922-1992). En 1963 fundó Joven Europa, una organización con sede en Bruselas que preconizó que el continente debía conformar un bloque político y económico unido y alternativo tanto al comunismo como al capitalismo. Lo expuso en ¡Arriba Europa! Una Europa unida: un imperio de 400 millones de hombres (1964). Su entidad desterró la nostalgia por el nazismo y adoptó como emblema la cruz céltica, que pronto se popularizó en la ultraderecha. Tuvo secciones en 11 países y hasta se planteó crear Joven América en América Latina, de ideario próximo al peronismo. Las tesis paneuropeas de Thiriart le llevaron a contactar con el ultranacionalismo que emergió en Rusia al desintegrarse la URSS en 1991.

La UE como diana, un hecho reciente

En definitiva, los discursos unitarios sobre Europa cuentan con una dilatada trayectoria en el seno de la ultraderecha. Es más, el editor John B. Judis ha destacado que en 1985
Jean-Marie Le Pen no se oponía a la UE al considerarla un medio para facilitar el dominio galo del continente y un baluarte anticomunista. Fue el mencionado colapso de la URSS lo que hizo que el lepenismo viera en la UE una entidad con fines propios y contrarios a la soberanía nacional.

La ultraderecha, pues, ha proyectado diversos esbozos de unidad europea, aunque hoy sus formaciones exalten la “Europa de las patrias” contra el “superestado” que quieren imponer las élites de Bruselas. Tales cambios obedecen a una razón simple: Europa ha sido y es aún su mito movilizador transnacional más poderoso.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (2/IV/2017).


EL PRIMER FASCISMO ESPAÑOL: LOS “HIJOS DE MALASAÑA” Y LA LIGA PATRIÓTICA ESPAÑOLA*

agosto 19, 2016

Una de las escasas fotos de Ramón Sales Amenós en diciembre de 1919, en un acto de homenaje al general  Severiano Martínez Anido

HACE 90 AÑOS NACIÓ EN  BARCELONA EL PRIMER FASCISMO ESPAÑOL. Su promotor fue Ramón Sales Amenós, un carlista de acción leridano, nacido en La Fuliola, que pasó a la historia por fundar oficialmente en octubre de 1919 el Sindicato Llibre. Esta organización se enfrentó a tiros a la poderosa Confederación Nacional del Trabajo [CNT] en el marco de una “guerra social” que conmocionó Barcelona.

El Libre logró un importante protagonismo en los años veinte, pues bajo la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1930) se extendió por toda España como Confederación Nacional de Sindicatos Libres [CNSL] e igualó en afiliados a la Unión General de Trabajadores [UGT] socialista. Así, en 1929 la organización dirigida por Sales tenía 197.853 miembros y más de un 40% residía fuera de Cataluña (unos 81.000).

La Liga Patriótica, los primeros fascistas

Pues bien, en los meses previos a la creación del Sindicato Libre, Sales perteneció y promovió el primer colectivo ultrapatriota que surgió en el país: la Liga Patriótica Española [LPE]. Ésta configuró un ente ultraespañol de combate que surgió ante la campaña de demanda de autonomía promovida por la Lliga desde noviembre de 1918, secundada por republicanos y la mayoría del carlismo y radicalizada por los nacionalistas que lideraba Francesc Macià, oficial que dejó el Ejército tras el asalto al Cu-Cut! y fundó la ultracatalanista Federació Democràtica Nacionalista [FDN] el mismo 1918.

Según el primer y más minucioso estudioso de la LPE, Enric Ucelay-Da Cal, la agitación catalanista condujo a “tres meses de virtual rebelión nacionalista” entre noviembre de 1918 y febrero de 1919, al generar una espiral de manifestaciones espontáneas seguidas de represiones policiales. En diciembre de 1918 un oficial fue herido grave de bala y un sargento acabó con la cabeza abierta por un garrotazo. El diario El Imparcial retrató alarmista el clima barcelonés: “Para dar un ¡Viva a España! Hay que empuñar la browning, o hallarse dispuesto a ir a la casa de socorro”.

Esta situación generó la confluencia de elementos españolistas en la Liga que, con la complicidad de policías y militares, “limpió” de separatistas las Ramblas –donde tenía su sede- con bastones y pistolas. Cristalizó así un núcleo ultraespañol nutrido por oficiales de paisano, funcionarios de bajo rango, policías fuera de servicio, e “hinchas” del club de fútbol Español que constituyeron -según Ucelay-Da Cal- “la reducida clientela del fascismo español en Barcelona hasta 1936”.

“A todos los buenos españoles”

La nueva Liga editó un manifiesto fundacional (“¡Viva España!”) dirigido “A todos los buenos españoles” denunciando que en “este trozo de España que se llama Cataluña” unos malvados catalanes “pretenden intervenir en la conferencia de paz [de París] para que le sea concedida a Cataluña la independencia que los villanos sueñan les llegue impuesta por el mandato de Europa”, como Cuba al mediar EE.UU.. El texto exhortaba “un día y otro día a aclamar [¡Viva España!] para ahogar con él las vociferaciones de esos perros separatistas”.

El colectivo tuvo su sede sobre el teatro Petit Pelayo, en la Rambla (desde donde hostilizaba actos de signo catalanista), y su “grito de guerra” fue la canción “La hija de Malasaña” que cantaba en el teatro Goya la cupletista “Mary Focela” y concluía así:

“Lucho como una leona/ al grito de viva España!/ Y es que por mis venas corre/ la sangre de Malasaña”.

Finalmente, el desarrollo de una gran huelga entre febrero y abril de 1919 de la gran empresa suministradora de luz de Barcelona –llamada popularmente La Canadiense (la Barcelona Traction Light and Power)-  tuvo un impacto social que eclipsó súbitamente la agitación catalanista y la LPE.

La capital del fascismo: Barcelona, no Madrid

No obstante, como Sales hizo de puente en estos meses entre tres ámbitos distintos -la oficialidad, el carlismo radicalizado y los elementos ultraespañolistas- creó el sustrato que alumbró los Sindicatos Libres y su particular radicalismo blanco, que les ha hecho  ser considerados por su gran investigador Colin M. Winston como prefascistas o, según el historiador Manuel Pastor, como claramente fascistas (Los orígenes del fascismo en España, 1975).

Propaganda de los Sindicatos Libres: su encarnación persigue al anarquismo, el separatismo, la masonería, el comunismo y el judaísmo.

Cuando se cumplen 90 años de la creación del eclipse de la LPE y la creación del Libre por Sales (murió en noviembre de 1936 fusilado o descuartizado con vehículos que ataron a sus extremidades), éste ha sido borrado de la historia del fascismo español, cuyo protagonismo ha acaparado el tardío fascismo madrileño y vallisoletano, que han generado una abundante literatura y distorsionado su historia en España: al igual que en Italia surgió en el Norte -en una Barcelona muy similar a Milán- y no en la capital. Y lo hizo también con un carácter escuadrista y combativo.

Para concluir, apuntaremos que esta situación de “vanguardismo” ideológico catalán ha perdurado en la ultraderecha española todo el siglo XX: Barcelona ha sido el gran centro innovador y exportador ideológicamente y -salvando las distancias- el actual Movimiento Social Revolucionario [MSR] testimonia aún esta vitalidad. Si esta dinámica ha cambiado en la última década ha sido precisamente por los esfuerzos ideológicos importadores de los núcleos de Barcelona o la innovación autóctona que ha supuesto la irrupción de un populismo islamófobo como la Plataforma per Catalunya [PxC].

Bibliografía

Sobre la LPE, véase Enric Ucelay-Da Cal, El nacionalisme radical català i la resistencia a la dictadura de Primo de Rivera, 1923-1931, Tesis doctoral, Universidad Autónoma de Barcelona, 1983, s. n.. Véase asimismo la voz de la LPE en I. Molas (ed.),  Diccionari dels partits polítics de Catalunya segle XX, Institut de Ciències Polítiques i Socials / Enciclopèdia Catalana, Barcelona, 2000, pp. 150-151. Sobre el Sindicato Libre, véase Colin M. Winston, La clase trabajadora y la derecha en España (1900-1936), Cátedra, Madrid, 1989.

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* Reproducimos esta entrada debido a la consulta de un lector interesado en el tema, pues fue publicada originalmente en el blog en 2012.


EL BREXIT. ENTREVISTA A MARIA MUT (2): “EL EUROESCEPTICISMO BRITÁNICO ESTÁ EN EL ADN DEL REINO UNIDO”

julio 1, 2016

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[Hace dos años, el 21 de mayo de 2014, publicamos una extensa entrevista con Maria Mut en dos entradas sobre el euroescepticismo británico y la derecha populista y la ultraderecha. Tras la victoria del Brexit consideramos que la entrevista tiene un renovado interés al ofrecer una amplia panorámica de la cuestión y hemos decidido reproducirla de nuevo. Esta es la segunda parte].

Maria Mut Bosque es  profesora de Derecho Internacional  y Comunitario de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC) y Research Fellow ICS (Universidad de Londres). Incisiva analista del euroesceptiscismo británico, nos ha parecido pertinente entrevistarla sobre un tema importante: la situación de los partidos de extrema derecha y eurófobos de derecha radical.

Mut, al margen de realizar su tesis doctoral sobre las relaciones entre Europa y Gran Bretaña, colabora con los medios de comunicación (12). Por nuestra parte, le agradecemos su amabilidad y generosidad al responder ampliamente por email a nuestras cuestiones, que consideramos de gran interés para nuestros lectores y lectoras.

Esta es la segunda parte de la entrevista. En la primera, como vimos, analizó la situación previa a las elecciones. En esta segunda entrega, expone la evolución histórica de la ultraderecha británica y del euroescepticismo, que ha sido muy importante e  ideológicamente transversal en Gran Bretaña.

¿Históricamente cuáles fueron las primeras fuerzas de ultraderecha del Reino Unido?

Como antecedentes de grupos de ideología racista y antisemita en 1918 tenemos colectivos como la Britons Society o Sociedad de los británicos, pero habrá que esperar algunos años para que esta ideología cobrara vida política.

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Concentración de los British Fascisti en el Hyde Park de Londres, en 1923.

El primer intento fue en 1923 cuando una mujer, Rotha Lintorn-Orman, que sirvió en la Gran Guerra, fundó el grupo de los British Fascisti (Fascistas británicos), un grupo patriótico de inspiración italiana.

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Rotha Lintorn-Orman, fundadora de los British Fascisti.

No obstante, no tuvo gran trascendencia debido principalmente a su falta de liderazgo y a un programa poco elaborado. Este grupo desapareció en 1934, pero, por el camino, vivió algunas escisiones, que darían lugar al nacimiento de nuevas fuerzas extremistas, que radicalizarían su discurso racista y antisemita y aumentarían su apoyo a la Italia fascista; si bien, a nivel popular contaron con escaso respaldo

Es el caso del National Fascisti, que tuvo una vida breve, y la Imperial Fascist League(Liga Imperial  Fascista), que apenas contó con una década de vida.

OMosleyEn 1930, Sir Oswald Mosley, un diputado que había formado parte tanto del partido conservador como del laborista, fundó el New Party [Partido Nuevo], que radicalizó progresivamente su discurso y acabó abrazando una ideología claramente fascista. Así, dos años más tarde de su creación, Mosley fundó la British Union of Fascists [BUF,Unión Británica de Fascistas], que integró varias organizaciones británicas de este espectro. La Unión tampoco tuvo un gran arraigo y desapareció en 1940, dando lugar a nuevas formaciones.

¿Y en la postguerra cuáles habrían sido las organizaciones más significativas?

Conviene recordar que las siglas British People’s Party [BPP, Partido Popular Británico] han acogido diversas formaciones de ultraderecha, todas ellas consideradas de ideología nazi, pero con escaso apoyo popular.

La primera de ellas nació en 1939, fruto de una escisión de la Unión de Fascistas Británicos y se extinguió en 1954. Tuvo una actividad limitada, reducida a la celebración de mítings y la publicación de un diario. La utilización más reciente de este rótulo fue en 2005, por Kevin Watmough, Eddy Morrison, John Graeme Wood y Sid Williamson, que fundaron el BPP- Putting Britons First [Partido Popular Británico – Anteponiendo a los británicos sobre todos los demás]. De ideología fascista, neonazi y eurófoba.

Parece que esta formación no ha corrido mejor suerte que las anteriores. En el 2013 entró en una grave crisis, ya que nunca contó con apoyo popular significativo y sufrió el abandono de un gran número de militantes y hoy en día se encuentra gravemente debilitada.

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Propaganda del BBP en su web defendiendo la integridad del Reino Unido.

En la presentación de su web, el actual British Popular Party manifiesta el siguiente propósito: “Abogamos por una sociedad monoracial: Vivimos en una nación que es históricamente aria y nuestro propósito es estabilizar nuestra población mediante la prohibición de admitir más inmigración en nuestro país”.

¿Qué importancia ha tenido el National Front?

El National Front [NF, Frente Nacional] se constituyó en 1967 y está vigente actualmente, pero muy debilitado. De ideología racista y contraria a cualquier tipo de inmigración, la época en que contó con mayor apoyo popular fue la década de los setenta, bajo el liderazgo de John Tyndall.

De hecho, sin contar el Scottish National Party y el Ulster Unionist Party, en 1979 se convirtió en cuarto partido del Reino Unido (sexto si se tienen en cuenta estos dos), consiguiendo casi 200.000 votos, aunque no obtuvo representación parlamentaria estatal. Conoció un rápido declive, hasta llegar a su gran debilitamiento actual.

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Logotipo del National Front.

Tyndall  fundó el actual British National Party [BNP, Partido Nacional Británico]  en 1982, cuya ideología testimonia esta máxima: “El día que nuestros seguidores pierdan su capacidad de odio, será el día en que pierdan su poder y su voluntad de lograr algo que realmente merezca la pena”. Tyndall promovió el BNP al ser consciente de que el NF conocía una decadencia electoral y quiso crear una formación que pudiera controlar y ofreciera una nueva imageny estructura, aunque de ideología muy similar.

Así, los dos factores principales que contribuyeron al mencionado declive del NF fueron dos factores. Uno fue el endurecimiento del discurso de los conservadores, bajo el liderazgo de Margaret Thatcher, que lograron hacerse con parte del apoyo del electorado que tradicionalmente votaba a este tipo de formaciones. El segundo factor fue la mencionada creación del BNP,  cuyo liderazgo fue asumido desde 1999 por su controvertido dirigente Nick Griffin, acusado en numerosas ocasiones de incitación al odio racial y de difusión de propaganda racista.

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Imagen del actual líder del BNP, Nick Griffin, participando en una marcha del NF en 1983.

Sin embargo, Griffin se ha defendido constantemente, argumentando que ni él ni el BNP son racistas, y que lo único que hacen es abordar de una manera clara y directa la grave problemática de la inmigración y es eso, lo que les permite disfrutar de gran apoyo popular. También señala que una gran mayoría de ciudadanos británicos son racistas.

Si ahora nos centramos en el ascenso del UKIP, surge una pregunta importante: ¿En Reino Unido el euroescepticismo es patrimonio de la ultraderecha?

Todos los partidos políticos británicos han tenido momentos de euroescepticismo y algunos han ido un paso más allá defendiendo posturas eurorupturistas e incluso eurófobas. Por tanto, la idea de que el euroescepticismo británico es un fenómeno exclusivo de los partidos de derecha es falsa.

De hecho, fueron los laboristas los que se mostraron contrarios al proceso de adhesión del Reino Unido en las entonces Comunidades Europeas, proceso que negociaron precisamente los conservadores. Así, tanto los conservadores como los laboristas han mostrado sentimientos contradictorios respecto del proyecto de integración europea, a medida que éste ha ido avanzando.

A diferencia de los conservadores que basan su euroescepticismo en la erosión que comporta el proyecto de integración en los valores tradicionales británicos, el Partido de los Verdes lo basa, en gran medida, en el temor que la  política británica acabe dominada por intereses corporativistas y mercantilistas. Desde una perspectiva histórica, el partido que ha mostrado una posición más estable y proeuropea ha sido indudablemente los Liberales–Demócratas.

¿Cuáles han sido las tendencias más recientes en este ámbito?

En los últimos años, con el proyecto europeo estancado por la crisis, el euroescepticismo británico ha ido proliferando más si cabe entre la sociedad británica, e incluso se ha vuelto el foco central del ideario de diversas formaciones políticas, como el UKIP o el BNP.

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Concentración de NO2EU con el lema “No a la UE, sí a la democracia”.

Incluso, en 2009 apareció un nuevo partido político, NO2EU [No a la Unión Europea] que de manera expresa e inequívoca aboga por la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Es una alianza electoral euroescéptica que podríamos calificar de extrema izquierda, creada en el 2009 para hacer campaña en las elecciones al Parlamento Europeo de ese año utilizando el lema “No2EU (No a la Unión Europea) – Sí a la Democracia”.

¿El euroescepticismo es una realidad reciente su amplitud?

El euroescepticismo británico está en el ADN del Reino Unido, forma parte de él como algo crónico. Por tanto, no se trata de una cuestión que haya surgido recientemente ni de un hecho aislado, de duración breve y actualmente superada, tal como ha ocurrido en otros esrados, como en el caso de Malta.

Curiosamente, el euroescepticismo británico no tiene un carácter lineal, sino que es un euroescepticismo modulable y modulado, en el sentido que pasa por períodos en que es moderado, y aunque nunca ha logrado convertirse en un verdadero euroentusiasmo, ni siquiera en el momento de adhesión a la Unión Europea (ingresó en la CEE en 1973).

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El euroescepticismo está arraigo en la política británica. Esta caricatura de Rainer Hachfeld, publicada en The Guardian, muestra a David Cameron abandonando Europa llevándose literalmente al Reino Unido (fuente www.voxeurop.eu).

Recordemos que éste último fue complicado: sus países fundadores, especialmente Francia, no tenían muy claro que el Reino Unido tuviera el firme propósito de comprometerse con el proyecto europeo y su candidatura fue vetada, hasta en dos ocasiones (1963 y 1967) por el general Charles de Gaulle, presidente de Francia.

Los temores fueron fundados y corroborados tan sólo dos años después de su entrada, en 1975 el Reino Unido celebró un referéndum en que se replanteaba su permanencia en el mercado común, la opción favorable se impuso por mayoría amplia, con un 67% de los votos.

¿Ha habido en algún momento “euroentusiasmo” en la política británica?

La modulación del euroescepticismo británico nunca ha conducido al euroentusiasmo, pero si ha habido épocas de euroestabilidad o eurotranquilidad. Si bien ha sido una tranquilidad relativa, porque siempre han subsistido notas de eurocriticismo.

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Propaganda de la UE: “La Unión Europea no funciona”.

En otros períodos este euroescepticismo se ha modulado en la dirección opuesta, radicalizándose, es decir, convirtiéndose en eurorupturismo e incluso, en eurofobia. En los momentos de eurorupturismo, el Estado británico se caracteriza por adoptar una posición antieuropea, que contempla como única vía posible, la marcha de la Unión Europea. En definitiva, el euroescepticismo británico no es un fenómeno ni aislado ni pasajero.


¿QUÉ HACER CON LOS INTELECTUALES FASCISTAS?*

marzo 28, 2016

Knut_HamsunKnut Hamsun en 1914 (foto de Anders Beer Wilse procedente de Wikipedia).

LA CONMEMORACIÓN DEL 150º ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL ESCRITOR KNUT HAMSUN (1859-1952) en Noruega en el 2009 creó allí una incómoda situación, al reunir este autor la condición de galardonado con el Nobel en 1920 y admirador del nazismo. La efeméride dividió al país, y su presupuesto de 1.3 millones de euros contrastó con los 7.5 millones dedicados el 2006 al centenario de la muerte de Henrik Ibsen. Vino a ser, pues, una conmemoración con sordina: “hablemos de él, pero en voz baja”.

Con Louis Ferdinand-Céline (1894-1961) la cuestión no varía mucho: autor imprescindible en la literatura francesa, resulta incómodo al encarnar la “vanguardia” fascista con sus contradicciones, ahora visibles en buena medida en los comentarios publicados de su última esposa, Lucette Destouches, en Céline secreto.

¿Qué hacer con los autores fascistas?

Hoy su ideología sólo puede parecernos execrable, pero existen dos elementos de fondo a tener en cuenta al abordar sus figuras, al margen de reivindicaciones ideológicas. El primero es que no se puede disociar al autor de su época, y si rechazamos la cultura fascista de entreguerras nuestra nómina de autores “libres de toda sospecha” puede quedar muy limitada. En el caso francés, por ejemplo, incluiría a Marcel Jouhandeau (1888-1979), Henry de Montherlant (1895-1972) o Pierre Drieu La Rochelle (1893-1945), cuya biografía publica ahora Enrique López Viejo. La de Italia, por poner otro ejemplo, podría sumar a Gabriele D’Annunzio (1863-1938), Luigi Pirandello (1867-1936), Curzio Malaparte (1898-1957) y los hombres de letras que se asociaron al fascismo, flirtearon o se comprometieron con él y luego rompieron con esta ideología. Así la nómina de intelectuales “malditos” (o como se les quiera llamar) puede crecer de modo voluminoso.

La segunda cuestión que se debe plantear al valorar a estos autores es aún más relevante: el intelectual de fama que pone su nombre en letras de molde al servicio del enemigo deviene el “traidor” por antonomasia. En la Francia de posguerra el escritor Jean Paulhan (1884-1968) puso el dedo en esta llaga en 1947, cuando afirmó que “los ingenieros, empresarios y albañiles que construyeron el muro del Atlántico [una fortificación erigida en el norte de Francia entre 1941 y 1944 por los alemanes], pasean muy tranquilos entre nosotros” y “construyen los muros de las nuevas cárceles donde se encierra a los periodistas que cometieron el error de escribir que el muro del Atlántico estaba bien construido”. Y es que se sancionó con mayor severidad a quienes loaron el esfuerzo de guerra nazi, que a quienes participaron en él. Céline lo comentó con sorna ante su proceso: “Con tres o cuatro kilómetros de muro del Atlántico, yo me libraría. ¡Haría mucho que estaría ‘archivado’!”.

Finalmente, en España, al calibrar la relación entre intelectuales y fascismo tenemos un problema de perspectiva y es que ésta no ha sido necesario plantearla. Los cuarenta años de dictadura ofrecieron un generoso margen para que todo el mundo evolucionara políticamente y quedasen difuminados sus compromisos del pasado: ¿Qué decir, sino, del Camilo José Cela que se ofrecía como confidente policial en 1938? ¿O del Poema de la bestia y el ángel que José Mª Pemán escribió ese año al servicio de los sublevados? ¿O del Dionisio Ridruejo que en 1942 rompió con Franco porque éste no instauraba un régimen realmente falangista?

¿Podemos separar a los autores de la obra?

En definitiva, podemos continuar estigmatizando a los autores fascistas o manipularlos con pinzas por el rechazo que nos producen, pero si prescindimos de ellos perderemos de vista que no fueron individuos aislados, sino que formaron el mascarón de proa de una Europa en la que el fascismo sedujo a amplias masas, por lo que la visión de la literatura del Viejo Continente quedará amputada.

Con estas consideraciones no exhortamos a tirar cohetes ante el cumpleaños de Hamsun ni a erigir altares a Cèline; sólo a dejar patente que sus figuras se deben asumir con su brillantez literaria y su ideología condenable: forman un todo indisociable en términos personales y de la era que les tocó vivir.

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* Este artículo se publicó originalmente en Qué leer, 144 (junio 2009, p. 4) con el título “Escritores fascistas, autores ‘malditos’”. En esta entrada hemos actualizado los tiempos verbales para facilitar la lectura.